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Full text of "Diccionario enciclopedico hispano-americano de literatura, siencias y artes. Edicion profusamente ilustrada con miles de pequeños grabados intercalados en el texto y tirados aparte, que reproducen las las diferentes especies de los reinos animal, vegetal y mineral; los intrumentos y aparatos aplicados recientemente á las ciencias, agricultura, artes é industrias; planos de de ciudades; mapas geográficos; monedas y medallas de todos los tiempos, etc., etc., etc"


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/AOINTAJNEKtSIMOIS 
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PRESENTED TO 

THE LIBRARY 

BY 
PROFESSOR MILTON A. BUCHANAN 

OF THE 
DEPARTMENT OF ITALIAX AND SPANISH 
. 1906-1946 



Digitized by the Internet Archive 

in 2009 with funding from 

University of Toronto 



http://www.archive.org/details/diccionarioencic07vizu 



DICCIONARiO ENCICLOPEDiCO 



HISPANO-AMERICANO 



i< 



é: 





DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO 



HISPANO-AMERICANO 



DE 



LITERATURA, CIENCIAS Y ARTES 



EDICIÓN PROFUSAMENTE ILUSTRADA 

con miles de pequtños grahados intercalados en el texto y tirados aparte, que reproducen las diferentes especies 

de ¡os reinos animal, vegetal y mineral; los instrumentos y aparatos aplicados recientemente á las ciencias, agiiculliira, arles ¿industrias; 

planos de ciudades; mapas geogrijicts ¡ monedas y medallas de lodos los tiempos, etc., etc., etc 



TOMO SÉPTIMO 



.c.>1^-. 



A' 



^^ 



BARCELONA 



MONTANER Y SIMÓN, EDITORES 

CALLE DK ARAGÓN, NÚMEROS 309 Y 311 

1890 



lo I 

Ps- 



f-y 



■ / 



LISTA 

DE LOS AUTORES ENCARGADOS DE LA REDACCIÓN DE ESTE DICCIONARIO 



AsENJo liAiusiEiu, Francisco (Instrumentos de mú- 
nica x>o¡ndares en España). 

A/.cÁRATE, Gumersindo (Sociología, Polüica). 

Beltrán y RózPiDE, KiCARDO ( Geocjiufía, Historia, 
Arte Militar). 

Castellanos, Basilio Sebastian (Fiestas, costumbres 
y usos esjKiñoles). 

Castrobeza, Carlos (Numisniática). 

Clairao y Sáenz, Pelayo (Ingeniería, Geodesia). 

Cuenca, Carlos Luis (Derecho penal. Enjuiciamien- 
to criminal, Justicia, militar, Derecho canónico, 
Historia eclesiástica). 

Danvila Jaldero, Augusto (Monumentos arquitec- 
tónicos españoles). 

Doporto, .Sevekiano (Historia de América, Biografía 
española, Biografía contemjwránea de españoles y 
extranjeros). 

Ec:hegaray, Eduardo (Ciencias exactas, Mecánica). 

Echegaray, José (Magnetismo, Electricidad), 

Espejo y del Rosal, Rafael (Veterinaria). 

EscANDÓN Y' Pinero . Ramón (Astronomía, Meteoro- 
logía). 

Fernández y González, Francisco (Cultura orien- 
tal, con inclusión de la antigua egipKia y de la de 
hebreos y árabes, africanos y españoles). 

Fita, Fidel (Éuscaro). 

García Gómez, Juan J. (Derecho administrativo). 

González Serrano, V^baíío (Filosofía) 

Letamendi, José de (Principios de medicina). 



Madrazo, Pedro de (Pintura, Escultura, Grabado). 

MÉLiDA, José Ramón (Mitologías, Arqueología orien- 
tal y clásica. Indumentaria, Panoplia. Heráldica, 
Artes industriales extranjeras de las edades mediay 
moderna). 

Menéndez y Pelayo, Marcelino ('Obras maestras de 
la literatura esjíañola). 

MoNTALDO y Pero, Federico (Arte naval, Navegación). 

Muñoz y Rivero, Jesús (Paleografía, Archivos, Bi- 
bliotecas). 

Pagés de Puig, Aniceto de (Lexicografía, Autorida- 
des de la lengua española desde su formación hasta 
nuestros días). 

Pedregal, Manuel (Principios de la ciencia econó- 
mica). 

Pí Y Marg^vll, Francisco (Filosofía del derecho). 

Piernas y Hurtado, José Manuel (Hacienda pú- 
blica). 

Revenga y Alzamora, Ricardo (Estadística, Econo- 
mía política). 

Ríos, Rodrigo Amador de los (Arqueología hispa- 
no-^nahometana). 

Saavedra, Eduardo (Arquitectura). 

SuARBí, José María (Lexicografía, Gramática, Mú- 
sica). 

Valera, Juan (Estética). 

Vera y López, Jaime (Ciencias médicas). 

Vera y López, Vicente (Ciencias físicas y natu- 
rales). 




J 



<í: Fihl. y Palcog. Sexta letra y segunda de 
las vocales del abecoilaiio castellano. Ocupa 
también el sexto lugar en los alfabetos eslavos. 
En los de casi todas las lenjnias neolatinas figu- 
ra como quinta letra y segunda vocal. 

El nombre de esta letra es en castellano e, y 
sus figuras mayúscula y minúscula son estas: 
E e, ambas derivadas de la escritura latina. 

I De la £como sonido. - La pronunciación 
de la c es casi tau sencilla como la de la a, di- 
ferenciándose solamente en abrir menos la boca 
ó cerrarla un poco si está abierta. 

Para pronunciar la o se deja salir el sonido 
puro, producido por la vibración del aire en las 
cuerdas vocales, deprimiendo al mismo tiempo 
la mandíbula inferior y la lengua, á fin de qne 
aumente la cavidad de la boca. 

La c se pronuncia del mismo modo reduciendo 
un poco esta cavidad. La resonancia de la a re- 
sulta, por este procedimiento, en la parte libre 
del velo del paladar; la de la e eu el centro de 
la bóveda palatina. 

Es la c un sonido intermedio entre la a y laí, 
hasta el extremo de que no se pueden pronun- 
ciar con una sola y rápida emisión de voz ambas 
vocales, sin que necesariamente resulte pronun- 
ciada la c, circunstancia que explica los cambios 
que experimentan las palabras al pasar de un 
idioma á otro, y aun dentro de cada idioma, 
pernmtándose el diptongo ai en e. 

Los pueblos semíticos, que no tenían vocales 
on su escritura, y que necesariamente las habían 
de tener en su pronunciación (por la imposibili- 
dad de articular los sonidos consonantes sin vocal 
alguna), no las tenían definidas y perfectamente 
discintas. 

Sustituíanse entre si las vocales análogas, y 
en la mayor parte de los casos las consonantes 
aspiradas tomaban indiferentemente cualquier 
voi'al. 

Ku las lenguas indoeuropeas hay, por el con- 
trario, fijeza y perfecta distiución, en cuanto á 
Tomo Vil 



los sonidos vocales, y los cambios de lac, al jiasar 
de unos á otros idiomas, obedecen á reglas foné- 
ticas y se verifican con las vocales que le son 
más análogas. 

Así se explica la transformación que muchas 
veces sufre la a en e en palabrassánscritas que pa- 
san al griego y al latín, como asti, esti en griego, 
así en latín; saptan, c/ita en griego, sepícm en la- 
tín, y el cambio que frecuentemente se advierte 
entre la c y la i en los antiguos manuscritos 
latinos, donde frecuentemente se escribía Vcr- 
¡lilius, Dcana, lasclica, por Virgilms, Diana, 
basílica. 

La c latina, al pasar al idioma castellano, se 
permutó en muchas ocasiones en ic, como en 
tiempo, tierra, liebre, hierro, ciervo, Jiera (,úe 
tempiis, tenam, !cporem,,ferni}n, cervum,feram). 
Tanto en castellano como en leniosín cambióse 
otras veces en i, como en dinero, dincr, de 
denarinm. Eu gallego se transformó en ei, como 
en direito, de diTcctum. 

La e latina de los acusativos en em, que per- 
dieron la última consonante al pasar á los idio- 
mas neolatinos, so suprimió en francés, eu cas- 
tellano y en lemosín, conservándose eu italiano 
y en gallego. 

El antiguo idioma castellano conservaba, sin 
embargo, esta c, y es frecuente encontrar en los 
monumentos literarios déla Edad Media edade, 
verdade, amore, salude, ■por edad, verdad, amor, 
salud, así como también conservó el castellano 
antiguo la e final de los infinitivoí latinos, que 
hoy ha desaparecido. 

No siempre la e de las voces neolatinas pro- 
cede de existir igual vocal en laspalabras latinas 
que las originaron. Aveces, palabras latinas con 
a cambiaron esta letra en c, como caballmn (de 
baja latinidad), /acMm y traclum, de las cuales 
so han derivadi. respectivamente: en francés 
clieml;en castellano/cc/ia, y en lemosin Iret. Eu 
otras ocasiones la i se transformó en c, como en 
el acusativo liUcram, del cual se han derivado 



las voces letra eu castellano, llelra en lemosín y 
leltre en francés. 

II De LA J? COMO SIGNO GiiÁFico. - La figu- 
ra que presenta la E en los alfabetos europeos 
tiene origen en mi signo de aspiración que for- 
maba parte de la escritura jeroglífica egipcia. 
Coii)¡)oníase este signo de cinco lincas, tres de 
ellas de unalongitud aproximadamente igual, y 
dos de la mitad de longitud que las auteriores, 
unidas de manera que produjeran cuatro ángu- 
los rectos (rD). Como signo representativo de 
ideas, indicaba en la escritura egipcia el plano 
de una casa; como signo fonográfico alfabético, 
el valor de una h ligeramente aspirada. Simpli- 
ficóse su figura al pasar de la escritura jerogli- 
fica á la liierática, y los dos trazos últimos, de 
menores dimensiones que los tres primeros, se 
redujeron á una sola línea ligeramente ondu- 
lada por su extremidad inferior (}D)- 

En la esci-itura fenicia, y para indicar la mis- 
ma aspiración, se adopto este signo sin otras 
modificaciones que darle inclinación distinta, 
á fin de facilitarla rapidez de la escritura traza- 
da de derecha á izquierda, y que rectificar la 
línea ondulada uniéndola al trazo recto de la 
letra, (^). 

De este signo se derivan el he de la escritura 
hebrea, de la samaritana y de otras asiáticas, con 
el mismo valor fónico de consonante aspirada, 
y la E de las escrituras grecolatinas con valor 
de vocal. 

Irl ra 
„.,,.,,. ro m 

Escritura hieratica 

Be del alfabeto fenicio '' 

Origen del He fenicio 

El cambio de valor del signo fenicio se veri- 
ficó al pasar á la escritura griega. Los griegos 



Escritura jeroglífica egipcia . 



2 E 

tenían dos clanes de eonidoa representativos do 
la c, largo y breve, y adoptaron el ht fenicio 
para indicar el breve (:i;>.f//). 

En la eseritnra griega arcaica, donde ía direc- 
ción de las lincas era, ya de derecha á izquierda, 
ya de izquierda á derecha, se adoptó el he feni- 
cio con sus tres trazos paralelos hacia la izquier- 
da para el primor caso C-i), y k^ mismo inverti- 
do, ó con estos trazos hacia la derecha, para el 
segundo (^). 

Cuan<lo la escritura griega adoptó ol procedi- 
miento de izquierda á derecha quedó como sig- 
no definitivo de la épsiJon este último. 

Tal fué el origen déla E breve capital griega. 
La uncial se derivó de ésta redon(icándo.se sus ^ 
trazos para facilitar la rapidez do la escritura, y 
la minúscula se derivó á su vez de la uncial, 
reduciéndose su tamaño y produciéndose el trazo 1 
central do modo que no hubiese necesidad do 
levantar la ]ilnma al trazarla. 

Do estas varias formas do la épsilon griega so 
han derivado las c e de los alfalictos ulülano, 
copto, griego moderno, ruso y serbio. En el grie- | 
go moderno no han sufrido variación alguna; en i 
el ruso 80 ha modificado la forma minn.scula por 
influencias do la escritura latina, y en los alfa- 
betos nlfilano, copto y serbio, tomándose como 
tipo para esta letra la antigua épsilon de carác- 
ter uncial. 



Griego arcaico 

Griego capital 

Griego uncial ^ 



•5 /- E 

E 



Griego minúsculo ^ 

Griego moderno 

Ulfdano 

Copto 

Ruso 

Ruso manuscrito 

Serbio 



6 e 
E e 

5 £ 



La E en el alfabeto griego y en sus daieaeiones 

Poco después que en Grecia, introducida en 
Italia la escritura por aventureros fenicios, 
adoptóse el he en los primitivos alfabetos itáli- 
cos, que son fuente y origen del latino, cambian- 
do lo mismo que en Grecia de valor aquella 
letra y pasando á tener significación vocal. 

En el alfabeto latino adoptó cuatro formas: 
la eapital y la tmeial, iguales á las íjisHon grie- 
gas de los mismos nombres, y la minúscula y 
cursiva, derivadas de la uneiaj, y que adoptaron 
en Roma tipos bastante diferentes de los que 
tenían en Grecia. La forma capital en un prin- 
cipio fué la única empleada; la uncial debió 
empezar á usarse hacia el siglo viii antes de 
Jesucristo, y la antigüedad de la minúscula se 
remonta á los tiempos de la República ro- 
mana. 

Capitales L E f 

Uncial £ 

Minúsculas ■■ ^ e 

Cursivas í í r j 

La E en el alfabeto latino 

En la Edad Media se conservaron las mismas 
formas de la E hasta el siglo xi. En el xii se 
modificaron ligeramente, dándose mayor regula- 
ridad al trazado y rectificándose algosus lineas; 
en los siglos xill al xv se generalizaron las EE 
mayúsculas de trazos dobles y faltas de abertura: 
en el xvi y en el xvii se volvió al tipo primitivo 
capital para modificarlas, y porúltimo, en cuan- 
to á las minúsculas, la tendencia á las formas 
cursivas es progresiva y no interrumpida desde 
el siglo XIII hasta el xvii. 

Las pri>icipales formas que en España ha 
enido la E mayúscula desde la caída del Impe- 



rio Romano hasta finca del siglo xvii van indi- 
cadas en la siguiente tabla: 

Siglos V al XI . E I E e C- 

Siglo XII. . . . L e 

Siglo XIII. . . C (F G é 

Siglo XIV. . . . c t O af (í- 

Siglo XV. ... C te <í ^' Ct SL Jt 

Siglo XVI. . . . r O t é. 7~ 

Siglo xvii. . . £ _<c C 7 T 

La E mayúscula en los manuscritos espalíolcs 
desde el siglo v hasta el xvii 

Las transformaciones do las minúsculas du' 
rante el mismo período, son las siguientes: 

Siglos V al XI c a (S />■ . e- 

Siglo XII , «^ • 

Siglo XIII « t » 

Siglo XIV ^ e 

Siglo XV ^ «^ « 

Siglo XVI c -e efe '' c 

Siglo XVII £ -í ^ ■=•* 

La a minúscula en los manuscritos españoles 
desde el siglo v hasta el xvil 

La E de la escritura bastarda espariola so 
deriva de la A'de los calígrafos italianos de fines 
del siglo XV y principios del xvi, á quienes 
imitaron Iziar y Lucas, iniciadores de la reforma 
caligráfica en España. 

La e bastarda minúscula apenas ha sufrido 
variación alguna desde Iziar hasta el presente 
.siglo. En cuanto alas mayúsculas, todaspodrían 
reducirse á dos tipos prlnci]iales (^ y ¿y), el 
segundo de los cuales ha quedado predominando. 
Las principales diferencias que presentan entre 
sí consisten en los accidentes de arranque y ter- 
minación y en la inclinación caligráfica. 

Juan de Iziar (1550). . .. ^ t- (L C 

Francisco de Lucas (1675). . . ^ £. 

Juan de la Cuesta (15S9).. . ■^ 2- 

Ignacio Pérez (1599) ¿" C 

Pedio Díaz Morante (lt!16). . ¿ & ^ 

José de Casanova (1050). . . . ¿ Q. 

Juan Claudio Aznar de Polan- jO 

co(1719) '-^ e- 

Francisco Javier de Paloma' nr o ^ 

res (1776) -¡^ í- £ 

El P. José Sánchez de las Es- j-, 

cuelas Pías (1780) C ^ 

Toicuato Torio (1S02) S^ ¿ C 

La E en la escritura espaOola según nuestros calí- 
grafos desde el siglo svi hasta el presente 

En las escrituras usuales hoy se conocen cua- 
tro clases de EE: la esjiañola, la inglesa, la 
redonda y la gótica. Las tres primeras tienen un 
mismo origen, puesto que se derivan déla escri- 
tura de los maestros italianos de los siglos xv 
al XVI. Difieren principalmente entre sí en cuan- 
to á la inclinación y al grueso de los trazos de 
que se componen. 

La gótica se deriva de la ¿' uncial del si- 
glo xiii: 

Española ^ ; 

Inglesa {, ^ 

Redonda ^ ^ 

Gótica ^ ¡ 

La E manuscrita en las escrituras modernas 



E.\ 

III Uso GÜAMATICAL DE T.A J?Elf KrnsTno 
inioilA. - En el antiguo castellano se uso como 
conjunción copulativa, derivada de la latina et. 
Desde princiiiios de la Edad Moderna fué dis- 
minuyendo su uso y sustituyéndola la conjun- 
ción y. 

Hoy solamente se usa en lugar de y cuando 
la palabra que sigue empieza con i ó con hi, 
como en exterior É interior, Juan É Hilario. 

Esta regla tiene dos excepciones: 1.", cuando 
la conjunción precede á palabra que empieza 
con h seguida del diptongo ir, como en los ejem- 
plos piedra V hierro, miel Y hiél; y 2.", en prin- 
cipio de interrogación, donde sólo puedo em- 
plearse la conjunción y, diciéndose: ¿Y Isabel! 
jY Niginia? y nunca jÉ Isaliclí itlliyinia? 

Usase también como preposición inseparable 
y denota origen ó procedencia, como en EwinHar; 
extensión ó dilatación, como en vfundir. 

- E: Cronol, En el calendario pagano de los 
romanos era la quinta do las letras nundinalcs, 
y designaba el quinto día dentro de cada nove- 
nario. 

En el calendario eclesiástico es la quinta letra 
dominical y designa el Jueves. 

-E: Epigr. En las inscripciones latinas so 
encuentra la E empleada como sigla, ya sola ya 
combinada con otras. 

He aquí sus principales significaciones: 

E. Edilis (por ^dilisj, etas (por oclas), ea, 
cffcctor, effeclus, egregius, ejusdem, electas, emcre, 
Ennius, eorum, crgo, erigere, erit,erunl, esse,cst, 
esto, el, etiam, ex, exactor, cxaclus, excmplum, 
exercitus. exprimere, extimare, exícrus. 

E. 15. EJus bona. 

E. D. Ejiís domus. 

E. E. Ex edicto 6 ejas alas. 

E. H. Ejus hccres. 

E. H. T. N. N. S. Extirnm hmrcdcm titulvs 
nostcr non sequitur. 

E. I. M, C. V. Ex jure manium conscrlum 
voco. 

E. L. Edita Icx. 

E. S. ET. LIB. M. E. El sibietliberismonn- 
mentioii erexit. 

E. T. F. I. S. Ex testamento fieri jussit sibi. 

E. V. L. S. Eivolum libens solvit. 

-E: Gcog. En Geografía, así como en la Me- 
teorología y en la Náutica, desígnase el Este 
mediante una E. 

- E: Mus. En la Música antigua designaba el 
quinto grado de la escala musical, según la no- 
tación de Boecio y la gregoriaua. Encstaúltima 
una £ caracterizaba el mi grave, y una e la oc- 
tava superior de la misma nota. 

Usóse también en la música antigua como 
inicial de cqualis (por aqualis) para indicar 
igualdad en las voces ó cu el canto. 

En la música moderna indica el tono de 5)»'. 

-E: Matcm. En la Edad Media empleóse esta 
letra como numeral, cuyo valor era de doscien- 
tas cincuenta unidades. Si se escribía con un 
trazo superpuesto (£ ), indicaba doscientos cin- 
cuenta mil. 

lío es exacto, como afirman muchos, que la c 
tuviese valor de diez en los siglos xvi y xvii. 
Los numerales que equivocadamente se juzgan 
ce al hacerse esta afirmación son xx, trazadas 
sin levantar la pluma, muy arqueadas, y si bien 
algo parecidas a la e, iucsentan una figura que 
tiene carácter propio en nuestra Paleografía, y 
no cabe confundirlas con esta vocal. 

- E: Xumis7n. En las monedas francesas ante- 
riores al presente siglo una .Sindica la Casa de 
Moneda de Tours. 

- E: Lóg. En la Lógica escolástica la E era 
signo de las proposiciones generales y nega- 
tivas. 

- E: Qulm. En el alfabeto químico la E indica 
la eterina. 

- E: Tipogr. Cada uno de los tipos móviles 
con los cuales se imprime esta letra. , El punzón 
grabado cu hueco con que los fundidores produ- 
cen este tipo. I La signatura tipográfica corres- 
pondiente al pliego qninto de una obra cuando 
estas signaturas se expresan por letras y no por 
números. 

lEAI (del lat. cia ); interj. que se emplea par* 
penotar alguna resolución del ánimo; para in 



EACHA 

i'nudií- aliento ó meter prisa, ó para excitar la 
ateueiúu tlel que oye. ü. t. repetida. 

— Ea, vamos á almorzar, etc. 

TniSO DE MOLIKA. 

— ¿Está cerrado? 

— Cerrado está, di lo que quieres, EA. 

— ¿Y dóüde están dona Isabel y Audrea? 

Rojas. 

- Me hará invencible el amor. 
¡ÉA, en guardia! 

Bretón de los Hereeros. 

-Con otro ea, llegaremos á l.a alpea: 
rcf. con que se anima á continuar cualquier 
trabajo. 

- ¡EA, pues!: m. adv. de que se usa para con- 
cluir ó inferir, de lo que se ha dicho, alguna cosa, 
esforzando y animando a ella. 

Ea, pues, dijo Sancho, ponga vuestra mer- 
ced en esotra vuelta la cédula de los tres polli- 
nos, etc. 

Cervantes. 

¿Sabes, oh palomita. 
Sabes, di, lo que envidio? 
Ea, pues, si lo aciertas. 
Tienes un beso mío. 

Meléxdez. 

- ¡Ea, sus!: m. adv. ant. ¡Ea, pues! 

Ea, SMS, salgan mis caballeros, cuantos en 
mi corte están. 

Cervantes. 

- Ea: Gcog. Ayunt. formado, según ley de 28 
de mayo de 18S3, por las anteiglesias de Nachi- 
túa y Ea y de Bedarona, p. j. de Gucrniea, 
prov. de Vizcaya, dióc. de Vitoria; 1000 habi- 
tantes. Sit. en la costa del Cantábrico, al E. 
del Cabo Machichaco, en terreno arenoso que 
comprende varios montes, y por el que corre un 
riachuelo que nace en los de ííavaruiz. En la 
costa, entre las puntas de líachitiía y Apiquel, 
se forma la ensenada de Ea, con pequeña jilaya 
de arena, en donde está la boca de la ria de Ea, 
cuya barra queda en seco á bajamar. Solamente 
pueden entrar en la ria, en el momento de 
pleamar, los lanchones y las lanchas de pesca 
del país, los cuales se abrigan dentro del redu- 
cido muelle que hay por la parte interior de la 
barra. La entrada de ésta es muy angosta y 
peligrosa por poca mar que haya. El pueblo de 
Ea está dividido por la ría, en la que desagua el 
riachuelo citado. La punta de Apiquel, llamada 
también punta de Ea y Cabo de Montenegro, es 
escabrosa y saliente, y separa á la ensenada de 
Ea de la de Oguella. Las principales produccio- 
nes del término son trigo, maíz, castañas, pata- 
tas y habichuelas. A fines del pasado siglo se 
construían en el puerto de Ea pequeiios barcos 
de cabotaje. Hay Aduana marítima de cuarta 
clase. I; Lugar en el ayunt. de Ea, p. j. deGuer- 
nica, prov. de Vizcaya; 130 edifs. 

- Ea: Gcog. ant. V. Aea. 

EACEA: Gcog. ant. Nombre que se daba á la 
isla de Egiua, en honor de Eaco. 

EACO: mu. Semidiós hijo de Júpiter y de 
Egina, hija del dios fluvial Alopo. Nació en la 
islaEgina,llamadaasi del nombredesu madre. Sa 
hizo notable por su piedad y su clemencia, y 
llegó á ser el favorito de los dioses. Eii cierta 
ocasión le nombraron los dioses árlntro de una 
disputa y la resolvió á gusto de todos. Cuenta 
la fábula que cuando nació Eaco no estaba ha- 
bitada la isla Egina, y que Júpiter hizo que se 
transformasen en hombres las hormigas que se 
encontraban en una encina, y de aquí el nombre 
de mirmidones dado al pueblo de Egina. Fué 
célebre este prínciiie por su justicia, y mereció 
que después de su muerte se le colocara entre 
los tres jueces del Infierno, donde, segi'm Platón, 
juzgaba á los europeos. Se le representa con su 
cetro y una llave, como encargado de las llaves 
del Infierno. 

EACHARD (Juan): Bioa. Teólogo inglés. N. 
en Sullblk liacia el afio 1636. M. en 1697. Hizo 
sus estudios en la Universidad de Cambridge, y 
persiguió con su crítica satírica á los predicado- 
res de su época, q\u3 en honor do la verdad eran 
muy malos, pero que se vengaron á su vez de su 
detractor cuando e.ste quiso subir al pulpito. El 
irónico censor demostró, por propia experiencia, 
que es tan difícil ser un buen artista como fácil 



EAKI 

y cómodo ejercer la censura. Su principal tra- 
bajo se titulaba Invcsligacioncs sobre los vwtivos 
yias ocasiones del desprecio al clero y día religión. 
Encuéntrase en él una agradable confusión de 
burlas y de veras, con fragmentos de sermones 
notables por sus galimatías, tomados del padre 
del autor. Consérvase además un Examen del 
estado natural de líobbcs, en un diálogo entre 
Philantcsy Timoteo (I^IT), y Algunas opiniones 
de líobbcs consideradas en un segundo diálogo 
entre Pliilaities y Timoteo. Era una graciosa sá- 
tira de las doctrinas del célebre filósofo inglés. 
Cuéntase que cuando Eachard quería tratar 
cualquier asunto en serio era sumamente malo, 
confirmándolo el juicio que de él hizo Swift: 
«He conocido, dice, hombres bastante afortu- 
nados en el manejo del ridículo, que en los asun- 
tos graves demostraban palpablemente su falta 
de talento y de ingenio. Ejemplo notable que 
demuestra este aserto es el Doctor Eachard, de 
Cambridge, autor del Desprecio del clero. i Sus 
obras completas se publicaron enl774(3vol. en 
12.°), con una biografía del autor. 

- Eachard ó Echard (Lorenzo): Biog. Es- 
critor inglés. N. en 1660. M. en 1730. Estudió 
en la Universidad de Cambridge, y desjuiés de 
desempeñar varios cargos eclesiásticos fué nom- 
brado en 1712 archidiácono de Stowe y preben- 
dado de Lincoln. Escribió varias obras históii- 
cas, caídas hoy en el más profundo olvido; pero 
sobre todo se dio á conocer como traductor de 
Planto y de Terencio, cuyas traducciones son 
bastante medianas, tanto por su estilo como por 
la poca fidelidad con que están hechas, á pesar 
de lo cual sirven aún en la actualidad de te.\to 
en la mayoría de los colegios ingleses. 

EADMER ó EDMER: Biog. Monje inglés, amigo 
y biógrafo de San Anselmo. M. en 1137. Fué 
nombrado en 1120 obispo de San Andrés, en 
Escocia, pero el rey no quiso permitir que fuese 
consagrado por el arzobispo de Canterbury, en 
Inglaterra, y no queriendo tampoco Eadmer 
reconocer la supremacía de aquél, renunció la 
dignidad eclesiástica que le ofrecían y murió 
siendo simple monje de la abadía de Canterbury. 
Además de la biografía de San Anselmo, que se 
encuentra en la mayor parte de las obras de aquel 
bienaventurado, escribió Eadmer las biografías 
de AVilfredo, de Décaton y de otros santos in- 
gleses. Citase además como suya una obra sobre 
La excelencia de la Santa Virgen , y otra sobre las 
Cuatro virtudes que poseía Marta. Su obra más 
importante es la Historia de su tiempo (Historia 
novorum). Es una relación de los principales 
acontecimientos ocurridos en Inglaterra en la 
Iglesia inglesa desde 1066 hasta 1122; la mejor 
edición que de ella se hizo es la de Selden (1623). 

EAGLEHAWK: Geog. C. del condado de Ben- 
digo, Colonia de A'ictoria, Australia; 8 000 ha- 
bitantes. Situado al N. O. de Melbourue, en la 
vertiente septentrional del Dividing Kange. 
Minas de oro. 

EALING: Gcog. C. del condado de Míddlesex, 
Inglaterra; 10 000 habits. Sit. cerca y al N. de 
Brentford. Todo el municipio tiene 20 000 ha- 
bitantes, comprendiendo parte de Bientford. 

EANDl (José Antonio Francisco Jeróni- 
mo): Biog. Físico pianiontés. N. en Saluzzo en 
173.5. M. en Tnrín en 1799. Profesó el estado 
eclesiástico, obtuvo una beca vacante en el Cole- 
gio de las Provincias euTurín el año 1756, estu- 
dió bajo la dirección del Padre Beccaria, y al poco 
tiempo colaboró en los trabajos de este profesor. 
Nombrado con posterioridad catedrático de Fí- 
sica en el Colegio de Bellas Artes, se dedicó 
preferentemente al estudio de la electricidad, 
publicando sobre esta materia, y sobre Física en 
general, diversas obras que el progreso de la 
ciencia ha relegado al olvido. Publicó también 
una compilación de sermones, varias obras teo- 
lógicas y sobre todo un libro titulado Razón y 
religión. Dícese que murió de pesar al ver su 
país invadido por los austro-rusos, y legó todos 
sus bienes á su sobrino Vassali, imponiéndole la 
obligación de que trocase su apellido por el del 
testador. 

eAntidE: Gcog. ant. V. Ae.^ntide. 

EANTIUM: Geog. ant. V. Aeantiuu. 

EARAKONG: Gcog. V. EiL Malk. 

EARINA (del gr. £»c;vo:. primaveral): f. Bot. 
Género de Orquidáceas, tribu de las epidéudrcas, 



EARL 



3 



caracterizado por presentar piezas exteriores del 
periantio erectas, iguales, agudas, membranosas 
y aquilladas; piezas interiores carnosas y obtu- 
sas; labelo posterior continuo y subparalelo al 
ginostemo, carnoso, en forma de capucha, trilo- 
bulado y con el disco desnudo; ginostemo poco 
desarrollado y semicilíndrico; estigma oblicuo; 
el labio inferior ligeramente prominente, con 
clinaudro declive; antera bilocular; cuatro po- 
linios coherentes por pares y colaterales. Las 
especies de este género son hierbas caulescentes 
propias de Nueva Zelanda, con rizoma articula- 
do, rasti-ero, con hojas lineales disticas y envai- 
nadoras, de flores pequeñas articuladas con brác- 
teas cartilaginosas, estriadas y dispuestas for- 
mando capucha. 

EARL ó EARLE (Juan): Biog. Teólogo inglés. 
N. en York en 1601. M. en 1665. Estudió en 
Oxford, acompañó á Carlos II en el destierro y 
fué capellán de este principe. Eu Francia se 
afilió al partido de Jaime, duque de York, y 
cuando la Eestauración fué nombrado obispo 
de Wórcester y luego trasladado á Salisbury. 
Dejó una traducción latina del Eikon basiliké 
(imagen del rey), }' una obra original titulada 
Microcosmografia. 

EARLE (J.ACOBO): Biog. Cirujano notable de 
Jorge III. N. en Londres en 1755. M. en 1817. 
Era tan hábil teórico como diestro en la práctica. 
Débele la Cirugía, entre otros procedimientos, el 
de la inyección del vino en el tratamiento de la 
hidrocele, y el de la extracción de la catarata á 
través de la córnea. Enriqueció con notas eru- 
ditísimas varias ediciones de las Obras de Pott, 
su pariente y maestro. 

- Earle: Biog. Inventor americano. N. en 
Léicestcr, Estado de Massachusetts, el 17 de di- 
ciembre de 1762. M. en la misma ciudad el 19 
de noviembre de 1832. Asociado en 1785 con 
Edmundo Snow para la fabricación de máquinas 
para cardar el algodón y la lana, inventó en 
1790 la cardadora que aún se emplea actualmen- 
te, gracias á la cual puede hacerse eu quince 
minutos un trabajo en el que antes se empleaban 
quince horas. 

- E.irle (Tomís): Biog. Ilustrado juriscon- 
sulto americano , hijo del precedente. N. en 
Léicester el 21 de abril de 1791. M. en Filadel- 
fia el 14 de julio de 1849. Dedicado primera- 
mente á la carrera del comercio, estudió después 
el Derecho , iuscribiéndose en el Colegio de 
Abogados de Filadelfia, donde bien pronto se 
creó una envidiable reputación , no tan sólo por 
sus conocimientos jurídicos, sino también, y muy 
principalmente, por la abnegación con que con- 
sagró gi'an parte de su actividad en pro de los 
desgraciados, á los que ayudaba con sus conse- 
jos y su elocuencia. Atribuyesele fundadamente 
la redacción de la nueva Constitución adoptada 
por el Estado de Pensylvania en 1837. La po- 
pularidad que gozaba en aquella época le hu- 
biera permitido aspirar con esperanzas de triunfo 
á los más elevados cargos de elección popular; 
pero sus ideas radicales en pro de la concesión 
del derecho de sufragio á los negros libres le 
enemistaron con el partido democrático, arbitro 
entonces de las elecciones. Por la misma razón 
no triunfó su candidatura á la vicepresidencia 
de la República en 1840. Desde entonces aban- 
donó Earle por completo la política y se consa- 
gró exclusivamente á la Ciencia y á las Letras. 
Publicó sucesivamente: ÍHínyo sóbrela ley pe- 
nal; Ensayo sobre los derechos de los Estados á 
modificar sus Cartas y aun á anularlas, obra 
que mereció la aprobación de Thomas Jéfferson; 
Tratado sobre los caminos de hierro y las vias 
de comunicación interiores (1830); la Vida de 
Benjamín Laudy, célebre filántropo, y otras. En 
el momento de su muerte tenía casi terminada 
una historia de la Revolución francesa y una 
tiaducción de las Eepúblicas italianas de Sis- 
mondi. 

-Earle (Plint): Biog. Médico alienista 
americano, hermano del anterior. N. el 31 de 
Diciembre de 1809. Recibió el título de médico 
eu 1837, fué nombrado director del Hospital de 
dementes do Francfort (Estado de Pensylvania) 
en 1840, y del asilo de la misma clase de Bloo- 
mingdalo (Estado do Nueva York). Nueve años 
después vino á Europa y visitó los hospitales 
de demcutes de Inglaterra, Bélgica, Alemania, 
Austria, Polonia y Francia. En 1853 fué nom- 
brado médico del Luiiatic Asylum. de la ciudad 



4 EARN 

Jo Xueva York. Piilillcó nuniorosos artículos en 
el Joiirnn! nf Inamiilii, y en 181S La Historia, 
la descrifción y Jas estadísdms del nsilo de Bloo- 
mingdalc. Des|niÚ3(lo su viaje por Kiiropa(1849) 
(lió á luz un tomo soliru los nianieomios en 
Alemania y Austria; por lin, en 1854, publicó 
un tratado solire las Sangrías ai los casos de 
afeccionís mentales. Earle fué también aficionado 
á la Poesía, como lo demuestra Morathon y otros 
poemas, pero el temor de conipromctcr sii repu- 
tación do médico lo impulsó á retirar de la cir- 
culación esta obra al poco tiempo de haberla 
publicado. 

EARLOM (RirAlino): JSioy. Grabador y dibu- 
jante inglés. N. en el condado de Sommcrset 
liacia el año 1728. Desde muy joven mostró 
relices disposiciones para el dibujo. Se conservan 
suyas una porción do planchas al agua fuerte y 
al picado, siendo las más notables su Salan de 
Londres; La hechicera, de Tcniers; Sileno ebrio, 
de Rubens, y una Virgen, del Correggio, etc. 
Algunos autores lo han atrilmído las obras de 
otro grabador do su mismo nombre, pero mucho 
menos notable que él. 

EARLY: Gcog. Condado del est. de Georgia, 
Estados Unidos; 1300kms.= y 7 700 habitantes. 
Se[iarado del Alábanla por el río Chattahoocheo 
y regado por el Colainoka y el S]>ring. Terreno 
fértil, poblado en su mayor parto de pinos y 
encinas, y tan llano que un montecito artificial 
de 25 m. de alt. , que solevanta en la orilla del 
Colanioka coronado por mía terraza, se considera 
como una curiosidad del país. Su capital os 
Blakely. 

- Early {]vn\J.):l¡iog. General alsorviciode 
los Estados confederados del Norte de América. 
N. en Virginia hacia el año 1818. Subteniente 
del primer regimiento de artillería en 1837, fué 
tra-sladado al 2." de la misma arma en julio del 
siguiente aFio, dimitiendo al jioco tiempo su 
empleo para dedicarse al estudio del Dercclio. 
Se recibió do abogado, poro en la guerra con 
Méjico ingresó de Mayor en un regimiento de 
voluntarios de Virginia y sirvió en él desde enero 
lio 1847 hasta agosto de 1848. Cuando estalló 
la guoiTa do Secesión ingresó en el ejército con- 
federado con el grado tle coronel y mandó un 
regimiento en la batalla dcBuU'sRum. La opor- 
tunidad con que se presentó en el campo do 
batalla en losmomentos más críticos contribuyó 
grandemente á que lograsen la victoria los con- 
federados, mereciendo por ello grandes distin- 
ciones. Poco tiempo después, en 1S62, ascendió 
á brigailier general. En 18(33 dirigió temporal- 
mente las antiguas fuerzas do Jackson , mientras 
so restablecía el general Eweil, herido grave- 
mente en Gottysburg en 1." de julio de 1863. 
Al entrar de nuevo Ewell cu el ejercicio de sus 
funciones, Early, que ya había ascendido á Mayor 
general, se encargó del mando de las tropas con- 
feíleradas en el valle del Shonandoah. Allí se 
sostuvo por espacio de dos años, á posar de los 
esfuerzos que para desalojarle hicieron los fede- 
rados, batiendo rudamente á los generales Sigil 
y Hunter, y cuando se vio acometido por las 
fuerzas superiores que mandaba el general Shé- 
ridan, logró contrarrestar por algún tiempo los 
progresos de aquel esforzado caudillo; pero al 
cano tuvo que ceder, y perseguido sin tregua 
abandonó las posiciones que tan brillantemente 
había defendido. El general Early no ha vuelto 
á ocupar la atención piiblica desde que cesaron 
las hostilidades en los Estados unidos. 

EARN : Geog. Lago del condado de Perth, 
Escocia, sit. á poca distancia al O. do Comrie. 
Esto lago, cuyo nonilu'c signiliea Águila, en 
celta eritrn, se e.ttiende de O. á E, en una lon- 
gitud de 13 knis. y una anchura de 1600 metros, 
en medio de montañas cuyos picos culminantes, 
el Ben Voirlick al S. y el BenChouzioalN. E., 
tienen 978 y 890 m. de alt. respectivamente. 
Hay en él una isla con ruinas de un castillo. El 
rio Earn nace del extremo E. del lago y corre 
hacia el E., desaguando, después de un sinuoso 
curso de unos 70 kms. en el interior del estua- 
rio del Tay, 12 kms. más abajo de Perth. Las 
sinuosidades que forma el lago al S. de Perth 
están separadas del río por una costa roquiza de 
4 kms. de anchura media. 

EARNSLAW: Geog. Montaña do Kneva Zelan- 
da al N. O. de la prov. de Ot.igo, Lsla del Sur; es 
el punto más alto de la prov.; 2793 m. de altu- 
ra. Sin embargo, Pétermann da al monte Aspi- 



EAST 

ring, qno so levanta al N. E. del Earnslaw, 
3023 m. de alt. ; otros no le conceden masque 
2758 ni. 

EAST: Geog. Río del estado do Xew York, 
Estallos Uniilos. Con más propiedad debe con- 
siderársele como un canal marítimo, de 32 kiló- 
metros de long. por 1 200 in. de ancho, que pone 
en comunicación el Estrecho de Long Island 
con la bahía ilc New York. Hoy es ¡iracticable 
en todo tiempo por haber desaparecido los es- 
collos lie ílcll-Gate que se hallaban al N. E. do 
New York, paso estrocho en el que se arremoli- 
naba el ngna en la marea alta, y por lo cual so 
llamaba Hell ó Hurt Gato, corrupción del anti- 
guo nombre holandés Horll-Gatt (Paso del Re- 
molino). 

- Ea.st Baton Roure: Geog. Condado del 
est. do Luisiana, Estado.s Unidos; 1300 kms." y 
20 000 habits. Limitado al O. por el Missi.ssippí 
y al E. por el Amitc. Su cap. es Baton Rouge. 

- Ea.st London: Geog. Condado de la región 
oriental do la Colonia del Cabo, África, bañado 
al .S. E. por el Océano Indico; lo limitan al S. O. 
el Kc-iskammay el condado de Peddie, alN.O. el 
coiiilado de Williani's Town, y al Ñ. íl. el río 
Koi. Se formó en 1866 con parte do la Cafrería 
inglesa, agregada al Cabo desde 1847. Ocupa 
una snpcríicie do 3 173 kms.- y tiene 16 000 
habitantes entro blancos, cafres y hotentotes. 
El terreno es montuoso, está poblado de bosque 
y tiene abundantes aguas. Hay algunas aldeas 
pobladas do alemanes, como Berlín y Postdam, 
en el valle del BúlTalo. La c. principal es el 
puerto do East London. || C. cap. de condado, 
ColoniadelCabo, África; 3 000 habits. Sit. alE. 
del Cabo, al E. N. E. de Port Elizabeth, al S. O. 
do Durban ó Port-Natal, en la desembocadura 
del lii'iffalo en el Océano Indico; punto de par- 
tida lie un ferrocarril que va á Queenstown por 
King William's Town. Llamado primero Fort- 
Glámorgan, hoy es puerto de escala de los buques 
que van del Cabo ó do Port-Elizabethá Durban. 
Su rada, muy abierta, ha mejorado en condicio- 
nes, gracias á has obras realizadas. ,Su comercio 
ha adquirido más movimiento de día en día y 
hoy es muy importante. 

- East Lothiax: Gcog. Condado do Escocia. 
X. H.íddington-. 

EASTBOURNE: Gcog. C. del condado de Sus- 
sex, Inglaterra; 11 000 habits. Sit. al E.S.E. de 
Lewes, á Otilias del Canal de la Mancha, cerca 
y al N. E. del Cabo Bevezicr (Beachy Head), 
que forma el extremo oriental de la cordillera 
de los South Downs. Baños do mar. Aguas mi- 
nerales de Holywell. Antigüedades romanas. 

EASTER; Gcog. V. Pascua (Isla de). 

EASTLAKE (siR CARLOS Locke): Biog. Céle- 
bre poeta inglés. N. en Plymonth en 1793 .siendo 
su padre abogado del almirantazgo. M. en Pisa 
en diciembre do 1865. Educado en el colegio de 
su ciudad natal y en el de Plyínpton, estudió 
también algunos meses en Londres; pero ce- 
diendo á los impulsos que le arrastraban aban- 
donó bien pronto los estudios para consagrarse 
por completo al divino Arte de la Pintura, in- 
ducido por el ejemplo de su caniarada Hayden. 
Después de trabajar algún tiempo en la Acade- 
mia Real que dirigía Fusali, se trasladó á París 
para estudiar en el Louvro las obras do los gran- 
des maestros. El regreso de Napoleón de la isla 
de Elba le obligó á abandonar precipitadamente 
la capital de Francia, regresando á su ciudad 
natal, donde se dedicó á pintar retratos. Cuando 
el Be.lhi-o¡jhon ancló en Plymonth logró hacer 
un estudio de Napoleón, siendo ésto el último 
retrato del emperador hecho en Europa. En 
1817 visitó sir Eastlake la Italia; después de 
una residencia de dos años en Roma, se dirigió 
á Grecia, regresando á peco á Roma, donde per- 
maneció algunos años más. Estos viajes lo pro- 
porcionaron modelos para una serie de tipos 
griegos é italianos y para algunas de sus más 
poéticas composiciones. Dedicóse con preferencia 
en aquella época á copiar escenas de la vida de 
los bandidos italianos. En 1820 expuso por pri- 
mera vez en el Instituto Británico sus Vistas de 
Boma, que exhibió después en 1823 en la Aca- 
ilemia Real. El euadroque mayor sensación pro- 
ilnjo fué el Spartiate Isndas, que mereció los 
honores en la Exposición Universal de 1853. Su 
mejor cuadro, en opinión de reputados críticos, 
fué el que expuso en 1828: los Peregrinos, 6 la 



•EAST 

vistadeJa Ciudad Sania. Pintó en 1829 el Swíío 
de lord Byron, cuadro en (jne rebosa la poesía y 
; es digno del que lo inspiró. Desdo 1839 scdedicó 
á la pintura religiosa, pintando á Cristo bendi- 
ciendo d los niños; la Entrada de Jesucristo en 
Jerusalén, y Agar i Imxael. En 1841 se encargó 
del decorado del nuevo palacio de AVéstminster, 
dedicando sus ratos de ocio A trabajos literarios, 
y escribiendo un gran número do artículos para 
la Pemiy Cyclo¡>edia ; una traducción de la Teoría 
de los colores, de Grcthe; otra do las Escuelas 
italianas de Pintura, de Kuglcr, y la IIi.storia 
de la pintura al óleo, que dedicó á .sir Roberto 
Peel, en la que estudia profundamente los mé- 
todos de Pintnra,con espccialidaillos alemanes. 
A la muerte de Seguier, primer conservador de 
la Galería Nacional, fué nombrado ,sir Eastlake 
jiara el cargo, que desempeñó algunos años, en- 
riqueciendo la Galería con obras maestras do 
Holbein, Bellini, Rubens, Volázqnez y Rafael. 
Publicó además un catálogo histórico y descrip- 
tivo de la Galería Nacional, con noticias biográ- 
ficas de los pintores cuyas obras existen en aqncl 
Mu.seo. En 1850 fué nombrado presidente de la 
Academia Real, y cinco años después, cuando la 
reorganización de la administración de la Galería 
Nacional^ vióse obligado á aceptar el cargo de 
director, que desempeñó hasta su muerte. Se 
doctoró en Oxford en 1853, y fué individuo de 
varias Academias y corporaciones. 

EASTLAND: Gcog. Condado del est. do Tejas, 
Estados Unidos; 4 900 habits. Sit. hacia las 
fuentes del río León, afluente occidental del 
Brazos. 

E ASTON: Gcog. C. cap. del condado de Nórt- 
hain|itün, est. do Pensylvania, Estados Unidos; 
12 000 habit.s. Sit. al N. de Filadelfia, en la 
orilla derecha del Delawarc, inmediata á la con- 
fluencia de éste con el Lehigh. Terrenos fértiles 
en los alrededores; gran riqueza en min.as do 
hierro y do ¡domo. Las aguas del Lehigh propor- 
cionan la fuerza motriz necesaria á las muchas 
industrias de la ciudad. Fumbida en 1738, hoy 
es c. industrial y comercial muy próspera y el 
priucipal depósito de carbón de las minas' del 
vallo .superior de! Lehigh. Las principales in- 
dustrias son fnndiciones, tenerías, hilados de 
algodón, tejidos de punto y dostilería.s. El whishj 
que en ella se prepara os muy estimado y se 
exporta en gran cantidad. Por puentes tendidos 
sobre el Delaware y el Lehigh comunica con los 
arrabales de las orillas opuestas. 

EASTONIA {c\eEaston, n. pr.): f. Palcont. Gé- 
nero de moluscos lamelibranquios, sifoniados, 
sinipaliados , de la familia de los máctridos. 
Comprende especies actuales y fósiles en el ter- 
ciario. 

EASTPORT: G.r„g. C. del condado de Was- 
hington, est. del Mainc, Estados Unidos; 4 050 
habits. Sit. en la parte más oriental de la Unión, 
al N. E. de Augusta, en la isla llamada Moose- 
Island, cerca de la entrada S. de la gran bahía 
de Passamaquoddy. La isla, de una long. de 
7 kms., e.stá unida al Continente por un puente. 
El puerto es cómodo y espacioso y sostiene acti- 
vo comercio en maderas do construcción. La 
marea alcanza siete y medio m. sobre el nivel 
ordinario. Enfrente de la c. , en tierra firme, se 
encuentra la pequeña c. de Lubeck , muy comer- 
cial también. 

EASTWICK (Eduardo Backhoush): Biog. 
Orientalista inglé.s. N. en Warfield (Berkshire) 
en 1814. M. en Ventrior (Inglaterra) eu 16 de 
julio de 1883. Educóse en la Escuela de Charter- 
Houso y en Oxford, y desde su juventud secon- 
sagró al estudio do las lenguas de la India. In- 
gresó como cadete do infantería ,al servicio do la 
Compañía do las Indias; pasó á Bombay (1836), 
donde sufrió el examen, que hizo de un modo 
brillante, para el cargo de intérprete de indosta- 
ni, y sucesivamente sirvió de intérprete para el 
marata, persa, guyarate y kanareso. Por haber 
.servido do intérprete do cinco lenguas recibió 
una recompensa do 1000 rupia. Conocedor de 
las costumbres y dialectos do la India, Eastwick 
ocupó diversos puestos. En 1839 fué nombrado 
agente político adjunto en Kathawar, yon el Sind 
superior. En 1842 marchó á Nankin con sir En- 
rique Pottinger. En 1845 recibió el nombra- 
miento de profesor de indostani y de jelugu en el 
colegio que la Compañía inglesa de las Indias te- 
nía en Henleybury, y desdo 1850 fué biblioteca- 
rio del mismo establecimiento. Individuo de un 



EATO 

gian número de sociedades científicas de Ingla- 
terra y otras naciones de Europa, tradujo al in- 
glés la Gramática comparada de Bopp, y los 
siguientes escritos orientales: Historia de Zo- 
rmslro; la Rdigiiii de los parsis, por el doctor 
TVilson, etc. También imprimió varios textos 
orientales y escribió estas obras: Informe sobre 
la familia de los emires de Khairpur en el Sind 
superior, etc. ; Documentos ¡larlamentarios (julio 
de 1S40); Vocabulario del loiguaje sindhi (ISÍ3); 
Hotos sobre las ciudades de Alora y de üakri en el 
Sind superior [ISiS); Gramática indostana, etc. 

EASTWOOD: Geog. llunicip. del condado de 
Renfrew, Escocia; 13 áOüliabits. Sit. cerca y al 
S. de Glasgow, á orillas de un afl. del Clyde. 
Muselinas; canteras y minas. Se encuentra gran 
número de fósiles. 

EATE: Gcog. Una de las tres islitas del grupo 
Faraulep, Carolinas. V. Faeaulep. 

EATON: Geog. Condado del est. de Micliigan, 
Estados Unidos; 31300 habits. y 14 90 kms=. 
Sit. en la cuenca del Grand River, que le riega 
por el N. Su cap. es Charlotte. 

-Eaton (Guillermo): £%. Capitán en el 
ejército do los Estados Unidos de América. Na- 
ció en Woodstock, est. del Connecticut, el 23 de 
febrero de 1764. JI. en Brinfield, est. de Massa- 
chusetts, el 1." de junio de ISll. A los dieciséis 
años se escapó de la casa paterna para alistarse 
en el ejército revolucionario; pero licenciado 
cnando la paz de 1783, ingresó en una escuela 
militar. En 1792 era capitán, y cinco años des- 
pués fué nombrado cónsul americano en Túnez, 
cargo muy difícil en aquellas circunstancias, á 
cau.sa de las tirantes relaciones que existían entre 
los Estados Unidosy los países berberiscos. Eaton 
desempeñó su cometido con gran firmeza y ha- 
bilidad, librando al comercio de su país de los 
ataques de los corsarios tunecinos. La guerra de 
los Estados Unidos con Trípoli en ISOl le dio 
ocasión para satisfacer sus hábitos aventureros, 
y para entregarse á ellos con toda libertad pre- 
sentó la dimisión del consulado. Hamet Cara- 
melli, el bey legítimo de Trípoli, destronado por 
su hermano, después de infructuosos esfuerzos 
para recobrar el poder, se había refugiado en 
Egipto. Descubrió su paradero Eaton, ayudóle á 
reclutar un pequeño ejército de 500 hombres, en 
su mayoría árabes, griegos y armenios, se procu- 
ró la cooperación de la escuadra americana, y 
puesto á la cabeza de aquel puñado de hombres 
avanzó en dirección á Derneh, capital de una 
de las más ricas provincias de Trípoli. La em- 
presa no era nada fácil: había que atravesar el 
desierto de Libia en una extensión de mil kiló- 
metros, luchar con la mala voluntad de los jefes 
árabes y vencer la timidez del pretendiente Ha- 
met, al que materialmente arrastraba á la lucha 
contra su deseo. Eaton venció cuantos obstáculos 
se le oponían y llegó sin contratiempo á Bombo, 
en la costa del Mediterráneo, donde le esperaban 
los buques americanos Argus y Borael el 25 de 
abril de 1805. El mismo día estableció el cerco 
de Derneh , que tomó después de un reñido 
asalto en que quedó herido. Pocos días después 
el bey reinante envió un ejército para reconqnis- 
tar la ciudad, pero fué rechazado. Preparábase 
Eaton para marchar sobre Trípoli, para restau- 
rar á Hamet y librar de la prisión á los cautivos 
americanos, cuando se ajustó la paz y se vio for- 
zosamente obligado á interrumpir su epopeya. 
De regreso en los Estados Unidos obtuvo una 
inmensa ovación. El presidente Jéfferson descri- 
bió en términos lisonjeros las hazañas de Eaton, 
y el estado de Massachnsetts, en testimonio de 
su agradecimiento, le concedió 4 000 hectáreas de 
tierra. Diputado en la legislatura del Massachu- 
setts, hubiera llegado á envidiable posición si no 
le hubiera sorprendido la muerte prematura- 
mente, ocurrida á los treinta y ocho años de 
edad. 

_ -Eaton (Amos): Biog. Botánico americano. 
N. eu 1776. M. en Troy, estado de Nueva York, 
el 10 de mayo de 1842. Aprendiz en una herre- 
ría, dedicaba al estudio las horas que podía dis- 
traer del trabajo manual, y gracias á sus extra- 
ordinarias aptitudes pudo graduarse en el Cole- 
gio WiUiams. Estudió Derecho con Alejandro 
Hámilton y so hizo abogado. Nombrado ins- 
pector do Lívingston, estudió Química, Mine- 
ralogía y Botánica , y en 1817 explicó varios 
cursos do Ciencias naturales en el citado Co- 
legio ■Williams. En 1820 le fué confiado el 



EAUX 

estudio geológico del país qne más adelante 
atravesó el Canal Erié, y publicó el resultado de 
sus trabajos en 1824. Pocos años después fué 
nombrado profesor decano del Instituto Keusse- 
laer en Troy. Escribió Eaton, entre otras varias, 
las siguientes obras: Estudio sobre la geologíade 
los estados septentrionales (1816); Manual de 
í'£sica(1824); ¡lamialde Botánica de la América 
del Norte (Albany, 1833), cuya obra cambió de 
titulo á la octava edición, conociéndose desde 
entonces con el de Botánica de la América del 
Norte, y es la primera obra popular escrita sobre 
esta ciencia en los Estados Unidos. 

EATONIA (de Eaton, n. pr.): f. Paleont. Géne- 
ro de braquiópodos apigios ó testicardinos, de 
la familia de los rinconélidos. Se distingue por 
presentar cuatro apófisis crurales. Comprende 
especies fósiles en el silúrico superior. 

EAU-CLAIfíE, ó CLEARWATEReu inglés: ffcoj. 
Río del Territorio del Noroeste, Dominio del 
Canadá; sit. en el antiguo territorio de la Com- 
pañía de la Bahía de Hudson. Sus fueutes y todo 
su curso corresponden á la región de las mon- 
tañas Roquizas. En los alrededores del fuerte 
de la Montaña desagua en el Saskatchewan del 
Norte, cuenca del Nelson, vei-tiente déla Bahía 
de Hudson. No debe confundirse este río con 
otro del mismo país que también se llama Pe- 
queño Athabaska ó Rabaska, afluente, por la 
derecha, del Athaba.ska, brazo superior del Ma- 
ckenzic. El lago de las Islas, del cual nace, es 
también la fuente del Churchill, tributario de 
la Bahía de Hudson; el Eau-Claire sirve de lazo 
de unión entre la cuenca del Océano Glacial y la 
de la Bahía de Hudson; pero no es practicable 
para las grandes embarcaciones por los muchos 
saltos de agua que hay. Encerrado en un barran- 
co de 600 pies do profundidad, formado en el 
seno de arenosa meseta, se encuentra oculto por 
la vecetación de sus orillas. En toda la comarca 
no hay valle más hermoso, ni sitios más pinto- 
rescos, ni cascadas más turbulentas, ni aguas más 
cristalinas. I Condado del estado de Wísconsin, 
Estados Unidos; 1 650 kms.^ y 20 000 habitan- 
tes. Debe su nombre al del río que le atraviesa 
de E. á O. y desagua en el Chipewa, afluente 
oriental del Mississippí. Terreno en su mayor 
parte de prados. Su cap. es Eau-Claire. |] C. ca- 
pital del condado, estado de Wísconsin, Estados 
Unidos; 10200 habits. Sit. al N.O. de Mádison, 
al E. de Saint-Paul, en la orilla izquierda del 
Eau-Claire, afluente del Chippewa. Los vapores 
del Mississippí remontan por el Chippewa y el 
Eau-Claire hasta esta ciudad, que es muy indus- 
trial, y posee numerosos talleres para aserrar. 

EAULNE: Geog. Rio del dep. del Sena Inferior, 
Francia, de unos 50 kms. de curso. Serpentea 
por un valle muy poblado y profundamente 
encajonado en la meseta del país de Bray; corre 
en dirección al N. O. , pasa por Londinieres, y 
recibe las aguas del Bailly cerca de Snvermeu. 
Es uno de los tres grandes riachuelos que forman 
el Arques ó río de Diepipe; los otros dos son el 
Bethune y el Vareune. 

EAUQUICOURT(L'): Geog. Condado del es- 
tado de Nebraska, Estados Unidos; 2500 kiló- 
meti"os cuadrados y 3700 habits. Sit. en los 
confines del estado de Dakotah , del que le 
separan el río de Niobrara y el Missouri. Desde 
1873 su nombre oficial es Knox. Su capital es 
Niobrara. 

EAUX-BONNES: Geog. Aldea del cantón de 
Larúus, dist. de Olorón, dep. de los Bajos Piri- 
neos, Francia, sit. en un profundo valle de los 
Pirineos y á orillas del Valentín, afl. del Gave 
d'Ossán. Célebre por sus baños termales muy 
concurridos. Hay cinco manantiales; el viejo ó 
la Burette (33° 80); el Nuevo (SI» 30); el de 
abajo ó la Douche (32° 50'); el Frío (15') y el de 
Ortechy (24°50). Soles llama también Aigues- 
Bonnes y Eaux d'Arquebusade, porque los reyes 
de Navarra enviaban á ellos á sus soldados para 
que curasen de sus heridas. 

EAUX-CHAUOES: Geog. Aldea del cantón do 
Larúus, dist. de Olorón, dep. de los Bajos Piri- 
neos, Francia, sit. en una estrecha y pintoresca 
garganta del Gave d'Ossán. Grau establecimiento 
termal, uno de los mejores de los Pirineos, con 
aguas sulfurosas. Se halla esta estación en una 
garganta agreste que se extiende de Norte á Sur, 
a 676 metros sobre el nivel del mar. El clima 
está sometido á bruscas y frecuentes variacio- 



EBAL 5 

nes de temperatura; la media anual es de lO",»; 
la de los meses de la estación termal es 20", 8. 
Aguas-Calientes eran conocidas de los romanos 
probablemente y gozaron de gran celebridad en 
tiempo de los reyes de Navarra. A partir del 
siglo XVI decayeron lastimosamente. Hoy visi- 
tan esta estación termal unos dos mil bañistas 
y posee un establecimiento que es uno de los 
más hermosos monumentos de este género cons- 
truidos en los Pirineos. 

Los manantiales son siete, todos sulfurosos, 
sódicos, y se dividen en termales templados y 
fríos. La temperatura de ellos varia, en efecto, 
de 36° ,25, que es la del manantial llamado Le 
Clot (el agujero), hasta los 10°, 60, que es la del 
Minvielle. Los siete manantiales, exceptuando 
el del Minvielle, que se diferencia mucho de 
los otros por su baja temperatura y débil mi- 
neralización, presentan gran analogía en sus 
caracteres; sus aguas tienen olor y sabor hepá- 
ticos, y son límpidas, claras y transparentes; 
dejan depositar una cantidad variable de bare- 
jina; son francamente alcalinas, volviendo azul 
el papel enrojecido de tornasol, y contienen can- 
tidades diferentes de azufre y de sulfmo de so- 
dio. Los demás principios minerales de estas 
aguas son el ácido sulfúrico, el cloruro de sodio 
y de litio, el ioduro de sodio, el carbonato de 
sosa, los sulfates de sosa, amoníaco y cal, indi- 
cios de hierro, el borato de sosa, silicatos y 
ácido silíceo. Aguas-Calientes, situada á nueve 
kilómetros de Aguas-Buenas, constituye desde 
el punto de vista geológico una familia distinta 
de los demás manantiales sulfurosos del Medio- 
día de Francia. En efecto, la mayor parte de 
éstos surgen del seno mismo de las rocas gra- 
níticas, mientras que las fuentes de Aguas- 
Buenas y Aguas-Calientes atraviesan antes de 
su emergencia bancos calizos , cargándose de 
proporciones notables de sales de cal. Menos ex- 
citantes que las de Baréges y Aguas-Buenas, son 
reconstituyentes }' obran principalmente sobre 
las mucosas y sobre la piel, cuyas funciones esti- 
mulan; por su influencia se acelera la circulación 
general, y desde los primeros días de su empleo 
determinan generalmente una diuresis abun- 
dante ó sudores. La excitación ó sedación que 
producen sobre el sistema nervioso varía según 
las fuentes y la temperatura de las aguas. Están 
indicadas de una manera especial en el reuma- 
tismo en general, aun en el estado subagudo, y 
sobre todo en el reumatismo nervioso, en las 
afecciones herpéticas fácilmente excitables, en 
las neuropatías, en los accidentes atribuidos á 
la sífilis larvada, en las intoxicaciones metálicas, 
en los catarros crónicos de los órganos genito- 
urinarios, en la metritis crónica y en las afec- 
ciones crónicas, catarrales ó no, del aparato res- 
piratorio. La proximidad á la estación de las 
Aguas-Buenas permite combinar el uso interno 
de éstas con el tratamiento bálneoterápico de 
Aguas-Calientes; pero estas últimas se emplean 
también al interior. 

EAUX-VIVES: Geog. Municipio del cantón de 
Ginebra, Suiza; 6000 habits. Sit. en las már- 
genes del Leman. Es el arrabal E. de Ginebra. 

EAUZE: Geog. Cantón del dist. de Condom, 
dep. del Gers, Francia; 11 municipios y 10 000 
habits. Su cap., la pequeña c. de Eauze, es la 
antigua Elusa, cap. de los elusates, metrópoli 
de la Novempopulania y sede arzobispal hasta 
que los sarracenos destruyeron casi por completo 
la población en el siglo viii. 

EBAD (AbüL CA.SSÍN ISMAIL CAFÍ): Btog. 

Gran visir de los sultanes buidas Moviaeddulát 
y Facreddulat. Según Ben S.xohnah, nació en el 
año 336, falleciendo en el 383 de la Hégira 
(385 según otros escritores), en la ciudad de 
Rei, de donde su cuerpo fué trasladado á I.spa- 
han. La fama de que gozó este insigne muslim 
entre sus contemporáneos, así por su saber como 
por su generosidad, es inmensa. Autor do su 
tiempo hay que le supone el hombre más sabio 
y el más esplendido; mas apartándonos de tales 
exageraciones parece fué hombro erudito y de 
singular ingenio. Su biblioteca, famosa entre 
los árabes, componíase de 117 000 volúmenes 
curiosísimos. Poseemos do Ebad un libro titula- 
do Akhhar al Vuraca, quo os una historia do 
los visires. 

EBAL: Gcog. ant. Monte de la tierra de Ca- 
naán, al E. de Gilgal y en el territorio de la 
tribu do Efiaim. En este monte se debía pro- 



6 EBAN 

miDciar la maldición coutra los transfjrcsoresdo 
la ley, liio^'o rmo los isiaelitab (jasasen el Jor- 
dán, según mandato de Moisés; en él erigió 
Josué un altar después de la toma de Hai. 

EBALIA: f. Zool. Género do crustáceos mala- 
costráceos, toracostráceos, del orden do los jjo- 
düftulinos, suljordcn de los decápodos, grupo do 
los lirmiuiuros, tribu de los oxistomátidos, fa- 
milia de los k'ucósidos. Esto género presenta 
cél'iilotúrax rómbico ó exagonal, con la tiento 
saliente do un modo bien marcado. Las patas 
tienen pinzas de regular longitud. Son notables 
las especies E. cranchü y E. Eduasii, que so 
hallan en el Uediterráneo. 

EBANISTA: ni. El que tiene por oíicio traba- 
jar en ébano y otras maderas finas. 

Que venpa el ebanista, y haga estantes 
Capaces, pulidos 
. toda costa, 

Ijuarte. 

...; ¡y no los habrá (premios) para que ten- 
gamos buenos cerrajeros y buenos ebanistas? 
JOVELLANOS. 

EBANISTERÍA: f. Arte, obra, ó taller, de eba- 
nista. 

,,.; (la madera del tronco del olivo) y raíz 
es sobresaliente liara el trabajo de ebanis- 
lEliÍA. 

Ol.iv.iK. 

-EBANMSTF.ldA: Aii. y Of. Muy antiguo es 
el arte do Ebanistería. Créese que los primeros 
que la ejercieron fuesen los asiáticos, 3' que de 
allí pasó á Grecia cuando las conquistas de Ale- 
jandro. 

Hay que estudiar el detalle del mueblaje de 
los pueblos antiguos en los bajos relieves y pin- 
turas murales que so han conservado, pues do 
aquellas épocas sólo existe alguno que otro ejem- 
plar, sumamente raro. En el Museo egipcio del 
Louvrc se guarda una silla hecha de madera 
dura, con incrustaciones de marfil, bastante bien 
trabajada, y perteneciente á uno de los períodos 
de las dinastías tebanas ( 1600 años antes de 
Jesucristo), al cual corresponde también un 
ataúd de momia, de madera de encina, con en- 
sambladuras en cola de milajio. 

La China y el Japón, donde dicho arte debe 
alcanzar remotísima antigüedad, han producido 
y siguen produciendo tres géneros distintos: el 
mueble de madera dura adoruado de esculturas 
y calados, el de junco y el de laca; cate último 
es el m,ás conocido en Europa. El carácter del 
mueble chino ó japonés es uniforme, ostentoso y 
sin gusto artístico, no presentando interés des- 
de el punto de vista arqueológico, pues no ha 
hecho sino copiarse desde infinidad de siglos. 

Nada se conoce de los muebles de los primi- 
tivos pobladores de América, ni de los indios 
del Asia. Ni los asiiios, ni los judíos, ni los fe- 
nicios nos han dejado el menor vestigio de sus 
muebles; y si en parte se conoce el de los griegos 
y romanos es por los textos, por pinturas mu- 
rales y cerámicas ó bajos relieves, que demues- 
tran algunas sillas, mesas ó lechos, todos de 
estilo Uionótono y de uso incómodo. 

El mueblaje de la piimera parte de la Edad 
Media hay que estudiarlo en las miniaturas de 
la época: sólo á partir del siglo xni comienza 
áofiecer interés artístico y arqueológico, cuando 
el estilo ojival de la Arquitectura empezó á 
extenderse por las producciones de todas las 
Artes. Este gusto reinó durante tres siglos en 
Alemania, Suiza, Bélgica é Inglaterra, y algo 
menos en Francia y España, ailaptándose más 
especialmente á los muebles de las iglesias. 

El Renacimiento fué también período feliz 
para la Ebanistería. En el siglo xv Juan de 
Verona inventó los procedimientos para teñir 
las maderas do diversos colores, dándoles som- 
bras ]ior medio del fuego y de los ácidos, de 
manera que en lugar de presentar simples divi- 
siones de blanco y de negro, consiguió figurar 
con propiedad objetos significativos, y sobre 
todo construcciones en perspectiva. Todavía se 
miran con interés los trabajos que restan de 
este ingenioso artista, que nació en 1470 y mu- 
rió en 1537. 

El descubrimiento de las ludias enriqueció á 
las Artes con una multitud de maderas precio- 
sas, notables por la variedad de sus colores, por 
la finura de su grano y lo caprichoso de su ve- 
teado, y desde que empezaron á emplearse se 



EBAN 

observa el empeño en hacer resaltar dichas ve- 
tas y colores, oponiéndolas artísticamente para 
que contrastasen. Se hicieron los muebles, al 
principio, do madera maciza de las Indias; pero 
lo elevado de su precio ha obligado á ir intro- 
duciendo mejoras, que han cambiailo el aspec- 
to do la Ebanistería. I'iimcro el chapeado de 
maderas finas sobre otras bastas ó comunes, que 
data de principios del siglo actual, y luego el 
empleo de los barnices tran.sparentef, que no 
sólo embellecen, dando á los muebles un lustre 
agradable á la vista, sino que los preservan, 
aumentando su duración. 

En el siglo xvil tomó la Ebanistería gran 
desarrollo é importancia en todas las naciones. 
Los muebles franceses de esta época se distinguen 
por lo acabados y el buen gusto de las tallas y 
bajos relieves que adornan sus hojas; los alema- 
nes y holandeses por su carácter arquitectónico; 
en Italia, particularmente en Florencia, brilla- 
ron los adornados con embutidos de marfil, lle- 
nos de grabados, género que posteriormente ha 
vuelto a reanudar la misma nación. Por los fines 
del siglo XVI y ]iriucipios del xvn fué cuando 
se distinguieron los alemanes y holandeses por 
sus taraceas de colores. 

Al terminar el siglo xvii y comenzar el xviil 
empezó la decadencia. En Francia, en el reina- 
do do Luis XIV, el mueble perdió su forma 
artística, para ocultarse bajo brillantes bronces 
dorados y de formas retorcidas y difíciles du- 
rante Luis XV. El reinado siguiente devolvióla 
soliriedad en el dibujo y el buen gusto en la 
fabricación del mueblaje, que otra vez degeneró 
durante el Imperio, en que se copió el mueble 
griego ó romano con toda su incomodidad y 
falta de sentimiento de lo bello. 

En el presente siglo se ha tratado de volver 
á la buena senda, pero sin conseguirlo más que 
aisladamente y a]joyándose exclusivamente en 
las Helias Al tes. Así vemos (jue las líneas cur- 
vas que nos legó el siglo xviii predominan en 
la construcción de las sillas, á pesar de su fla- 
grante contradicción con las leyes de la Estática 
y las condiciones del material; verdad es que 
las butacas y sofaes hablan muy alto en favor 
de las lineas curvas, pero sus condiciones de co- 
modidad podrían satisfacerse de otra manera. 
Los adornos tallados son generalmente del mis- 
mo gusto. Para los comedores exige la moda, y 
no sin razón, sillas de respaldo vertical; pero no 
sabemos por qué han de ser altos dichos respal- 
dos; las mesas de sala y gabinetes, llamadas 
vulgarmente consolas y jardineras, las papele- 
ras y escritorios, no salen, por regla general, de 
este gusto, reminiscencia del último siglo. Úni- 
camente los bufetes, aparadores, armarios y 
cómodas presentan, felizmente, eu línea recta 
sus partes principales, y sólo en los detalles 
asoman con timidez vestigios del estilo de 
Luis XIV. 

En cuanto al gusto, sigue dominando en las 
salas el de Luis XIV, algo disfrazado, y deján- 
dose invadir por los primeros temas de la anti- 
güedad francesa, produciendo obras de una tí- 
mida elegancia y significación. Los comedores y 
bibliotecas se amueblan generalmente imitando 
al Renacimiento francés y demás estilos del si- 
glo XVI , inspirándose en los modelos de los 
tiempos de Enrique IV y LuisXIII. Únicamen- 
te Inglaterra se separa de esta regla, pues en 
las Exposiciones do París ha presentado una 
gran variedad de sillas y muebles que no trata- 
ban de imitar estilo alguno; antes al contrario, 
parecía que trataba de realizar de una manera 
libre una construcción proporcionada, un buen 
conjunto, y adornos más ó meuos ricos de talla 
y taracea. 

Bélgica y Suiza sigilen igual dirección, y, por 
consecuencia, 110 ofrecen nada de característico, 
salvóla especialidad suiza de escultura eu madera 
representando cuadros animados sobre un fondo 
de país , y que tienen casi el mismo asunto 
decorativo que los bronces franceses, aunque son 
mucho más toscos que éstos. 

Uuicamente como excepción se ven mue- 
bles góticos al lado de los del Renacimiento y 
Luis XIA'; pero tal estilo se ha conquistado un 
lugar muy importante eu el arte cristiano, donde 
ocupa el primor puesto. 

Aunque la situación artística sea casi igual 
en todas pr.rtes, Italia se distingue por la gracia 
con que trabaja la madera; ceñida estrictamen- 
te á sus tradiciones, presenta obras del primer 
Renacimiento y del período rafaclesco, imitadas 



EBAN 

con gran destreza en Turíu, Florencia, Siena, 
Roma y otros puntos. Estos muebles, que son 
en general arcónos, escritorios, marcos, etcétera, 
forman lo más escogido de la escultura contení- 
Ijoránea en maderas. 

ÉBANO (del lat. cbhius; del gr. sócvo;): m. 
Madera muy maciza, pesada, lisa, blanquecina 
hacia la cortezo y muy negra por el ceutro, de un 
árbol grande que so cría en Etiopía y en las sel- 
vas de Ceilán. 

..., arrimada (Altisidora) á un báculo de 
negro y finísimo íuano, entró en el aposento 
de D. Quijote, etc. 

Cervantes. 

— Venga ahora el bastón, Rufino, 

— ¡Cuál? ¿El de puño de boj! 

— No. Me gusta más el de ¿bano 
Con i)uño de filigrana. 

BltETÓN DE LOS HeRREEOB. 

A los arbustos de hoja forrajera hay que 
añadir el avellano y los cítisos, principalmen- 
te el de los Alpes, y el falso íbako, etc. 
OlivAn. 

-Ébano: Bol. Nombre común de varias es- 
pecios de árboles de las zonas calientes y tem- 
pladas, de madera generalmente negra y sus- 
ceptible de hermoso ]inlimento. Los ébanos más 
conocidos son los siguientes: 

Ébano real. - Es la especie Diospyros ehenum. 
Árbol originario de Ceilán, que se cría también 
en la isla de Cuba, donde abunda en los terre- 
nos bajos y húmedos, y en los rasos de la sierra. 
Se llama también ¿ba7io de Mauricio. 

Su crecimiento no es bien conocido, pero parece 
que de cuarenta á cincuenta años puede tener 
de 10 á 12 metros de alto con un tronco de 6 a 
8 metros de largo y de 1 á 1,50 de grueso. 
Tiene la corteza y las ramas agrisadas, las hojas 
de color verde oscuro y las flores reunidas. 

La madera es pesada, compacta, dura y fina; 
tiene el duramen negro, y la albura entre ama- 
rillenta y blanquecina; se distingue además )ior 
lo vidriosa; rompe oblicuamente en astilla sin 
fibras, y la viruta es corta, áspera y poco enros- 
cada. Sirve para puños de sable, taracea, y para 
obras delicadas de ebanistería. Su peso específico 
varía de 1,00 i 1,25. 

Lo apreciada que es esta madera hace que se 
la trate de imitar con otras: la de cerezo y peral 
teñidas la imitan bastante bien. Un procedimien- 
to de imitación consiste en dar dos ó tres manos 
de color á la madera calentada previamente, con 
una pintura que se obtiene haciendo hervir eu 
unos cuatro litros y medio de agua ocho onzas de 
palo campeche durante media hora, añadiéndole 
después media onza de caparrosa. Cuando se 
vaya á barnizar esta pintiua es necesario aña- 
dir alguuas gotas de color negro, pues de lo 
contrario haría éste adquirir á la madera un 
tinte pardusco de mal efecto. 

Otro procedimiento es el que sigue: se toman 
trozos de roble }• se introducen en un baño de 
ácido sulfúrico ;á la media hora se sacan cubiertos 
de una capa amarilla y grasicnta: se frotan con 
aguarrás durante algún tiempo, y cada vez se 
van cerrando más los poros, aumentando el tono 
oscuro y brillante que caracteñza á la madera 
que se pretende imitar. Se consiguen así piezas 
su.sceptibles de bello pulimento. 

Ébano mulato. - Constituye la especie iJíos/n/- 
rosmelanorilum. Se llama también ébano negro 
de Portugal. Árbol de bastante altura, corteza ro- 
jiza y madera compacta, negra, con vetas bron- 
ceadas. Su peso específico es 1,25. 

Ébano blanco. - La especie de este árbol no 
está bien determiuada. Se encuentra en Cuba. 
Su madera es toda de igual color, blanco amari- 
rillenta, dura y compacta. Su peso específico 
es 1,00. 

Ébano rojo. V. Geanadillo. 

Ébano de Oriente. -Árbol que constituye la 
especie Acacia Lebbcc, de la familia de las le- 
guminosas. Es originario del Alto Egipto y 
cultivado en la ludia oriental. Es planta iner- 
me, lampiña; hojuelas ovales obtusas en ambos 
extremos; pecíolos sin glándulas ; flores en cabe- 
zuelas; el árbol da goma arábiga y es además 
apreciable por su madera, que se conoce por el 
nombre de madera negra. La corteza de la raíz 
puede usarse en lugar de jabón. 

Ébano de Virgin ia. - Es la especie Diosp. vir- 
giniana. Hermoso árbol de la América del Nor- 
te, que florece eu junio y julio; tiene las hojas 



EBBE 

anchas, ovales, lanceoladas, bastante parecidas 
i las del peral, y las flores pequeñas y verdosas. 
El fruto es una baya bastante gruesa, redonda, 
amarillenta y comestible. 

Se cultiva en Madrid al aire libre y puede 
alcanzar cinco metros do altura; en su país natal 
llega hasta doce metros. Se multiplica por semi- 
llas en cama caliente. 

La madera se emplea mucho en tornería, man- 
gos de herramientas y varas de carruajes. Es 
compacta, pardusca y con vetas negras. Su den- 
sidad es de 0,71. 

Ébano carbonero. - Constituye la especie Dios- 
pyrosiiigra. Árbol do buenas dimensiones que so 
encuentra en Filipinas y tiene la corteza rojiza, la 
madera fuerte, compacta, casi toda corazón, muy 
negra, que pinta de negro las paredes. Se emplea 
en ebanistería y en la fabricación de la pólvora. 
Su elasticidad la representa un alargamiento de 
O"", 0022; su resistencia á la ruptura tiene el 
límite con 40 028 kilogramos, y su peso específico 
es 1,153. 

Ébano verde. - Corresponde á género y familia 
distintos de los anteriores, pues constituye la 
especie Teeoma leiicoxylon, de la familia de las 
bignouiáceas. Es un árbol de la América meri- 
dional que tiene la madera de color gris oscuro, 
que tira á verde oliva, sembrada de venas más 
claras, y más parecida al granadillo que al éba- 
no. Es sumamente dura, admite un pulimento 
brillantísimo, y es fácil de tornear. 

EBASSAH: Biog. Princesa hermana del califa 
Haarón ar Raxid. Esto príncipe amaba sobrema- 
nera á Ebassah, y temiendo, al casarse, separar- 
so de ella para siempre, habló á su ministro y 
valido Giafar el barmesida y le pidió contrajera 
matrimonio con ella, mas haciéndole jurar que 
jamás disfrutaría sus derechos de esposo, pues 
no quería de ningún modo, á pesar del amor que 
le tenía, mezclar la sangre de cien reyes con la 
del hijo de Barmec. Atento Giafar á complacer á 
su señor en todo consintió, y el matrimonio efec- 
tuóse con singular pompa, mas el marido siguió 
tratando á la princesa, á quien jamás podía ver 
sino en presencia del califa, más como hermana 
de su señor que como esposa. Esta conducta 
irritó á Ebassah al principio y acabó por ena- 
morarla de su marido; mas viendo que, á pesar 
de sus esfuerzos, Giafar cumplía fielmente sus 
jairamentos, avistóse con la madre de su esposo, 
y entre las dos convinieron hacer que el visir 
pasase una noche con su esposa sin que pudiera 
darse cuenta de ello. Al efecto, la madre de Gia- 
far anunció á su hijo que había comprado y 
pensaba regalarle una esclava de rara hermo- 
sura, diciéndole tales cosas de ella que llegó el 
valido á desear con afán el momento de que 
fuera suya. Así las cosas Ebassah recibió aviso 
una noche de que era ocasión de reunirse con su 
esposo, y habiendo embriagado á éste algo para 
que al principio no la conociese, efectuóse el ma- 
trimonio verdaderamente. Entonces Ebassah 
preguntó á su marido qué pensaba de la socie- 
dad de las princesas reales; y como él se asom- 
brase de esta pregunta, díjole quién era. La de- 
sesperación de Giafar entonces fué grande; mas 
al fin su esposa logró calmarle prometiéndole 
que tomaría las medidas convenientes para que 
nadie pudiese notar nada. Al cabo de nueve me- 
ses de esta aventura Ebassah parió un niño; 
pero aunque muchos en el palacio se enteraron, 
su hermano ignorólo todo hasta que, pasado 
mucho tiempo, á causa de un disgusto habido 
entre la favorita Zobeida y Yaya el harmesida, 
éste denunció el hecho á su esposa para vengar- 
so de los barmesidas. La cólera de Haarón fué 
grande al tener conocimiento de esto, y sabido 
es la venganza que tomó: Giafar fué muerto, y 
Ebassah fué por él tratada de tal manera que 
Mohamed ben Abderramáu el Haxemita cuenta 
qne, viéndola muy miserable, la socorrió con qui- 
nientos dineros, que ella recibió de una manera 
que parecía iba á morir de alegría (siglo ii de la 
Hégira, viii de nuestra era). 

EBBA: Etiiog. V. Egba. 

EBBAD; Siog. Padre de Amrú ben Moffa- 
dali. Fué, como éste, Ministro de Almamún, des- 
pués de la muerte del célebre favorito Fadhes 
Ben Sahal. 

EBBESEN (XiKLs): Biog. Señor dinamarqués. 
JI. en lato. Cuando el conde Gerardo, de la casa 
do Holstein, dueño de Jutlandia y Fionía, hizo 
prisionero al hijo mayor del infortunado rey 



EBED 

Cristóbal II, Ebbcsen, acusado como promove- 
dor de la liga de los nobles contra Gerardo, 
hubo de comparecer ante este usurpador para 
dar cuenta de su conducta. Lejos de intimidarse, 
Ebbesen declaró á Gerardo que le combatiría en 
todas partes. Quedó libre á pesar de esta ame- 
naza, y algunos días más tarde, en 1." de abril 
de 1340, sorprendió al conde, que dormía en su 
castillo, le atravesó con su espada é hirió de 
igual modo á cuantos se hallaban con Gerardo. 
Derrotó en seguida al hijo de esto usurpador 
cuando acudió al socorro del castillo de Skau- 
derberg, sitiado por Ebbesen. Este, sin embargo, 
alcanzó el triunfo á costa de su vida. La con- 
ducta de Ebbesen, juzgada como patriótica, fa- 
cilitó la restauración de la dinastía legítima, y 
mereció ser celebrada por la poesía danesa. 

EBBÓN: Biog. Prelado y político francés. N. 
hacia 775. M. en Hildesheim en 20 de marzo 
do 851. Hijo de una familia de siervos estable- 
cida en los dominios deCarlomagno, al otro lado 
del Rhin, ganó desdo niño la protección de los 
reyes, porque su madre fué nodriza de Luis ó 
Ludovico Pío, hijo y sucesor del famoso mo- 
narca citado. Educado con Luis en el palacio 
imperial, le acompañó más tarde al reino de 
Aquitania, y le sirvió como secretario. Colmado 
de distinciones por el joven rey, que, poco des- 
pués de haber recibido la corona imperial, le 
elevó á la silla episcopalde Reims(S16), Ebbóu, 
que en fecha muy anterior había entrado en las 
órdenes, pero que no había alcanzado ninguna 
dignidad eclesiástica, se mostró merecedor de 
las altas funciones que le coufiaron. Por encargo 
de Ludovico Pío desempañó varias misiones 
diplomáticas y, unido á Halitgario, marchó, en 
los comienzos del año 822, á predicar el Evan- 
gelio en Sajonia y hasta en Dinamarca. Figuró 
en varios concilios, particularmente en el cele- 
brado en París en 829; olvidándolos favores re- 
cibidos se puso á la cabeza de los obispos fac- 
ciosos qne apoj'aron á Lotario (hijo de Ludo- 
vico) cuando éste intentó destronar á su padre, 
y en el concilio de Compiégne y en la Asamblea 
de Soissóns inspiró las medidas más humillan- 
tes contra el emperador destronado. Lotario re- 
compensó su celo dándole la abadía de Saint- 
Vaast, pero Ludovico recobró el trono y relegó 
á Ebbón (834) en el monasterio de Fulda. Salió 
el prelado de su retiro en el año 835 para com- 
parecer ante el concilio de Thionville, y allí, 
previa la confesión de sus culpas, fué privado de 
la dignidad episcopal por cuarenta y tres obis- 
pos. Llevado otra vez al monasterio de Fulda y 
trasladado sucesivamente á los de Lisieu.\' y 
Fleuri ó Saint-Benoit-sur-Loire, recobró la li- 
bertad en 840, año en que murió Ludovico, y 
por voluntad del emperador Lotario fué reins- 
talado en su silla por veinte arzobispos ú obis- 
pos reunidos enlngelheim; masalañosiguiente, 
obligado por el Papa, que le negó uua nueva ins- 
titución canónica, dejó para siempre su diócesis 
de Reims. Para colmo de infortunio se enemistó 
con Lotario por haber rehusado la embajada de 
Constautinopla, y perdió las abadías que de este 
príncipe había recibido. Retirado á la corte de 
Luis el Germánico, que le dio el obispado de 
Hildesheim en Sajonia, acabó sus días en la os- 
curidad. Famoso en su época por su saber y su 
talento, dejó únicamente opúsculos sin interés. 

EBBS FLEET: Gcog. Caserío del municipio de 
Minster-in-Thanet, condado de Kcnt, Inglate- 
rra; sit. cerca y al S. O. de Ramsgate. En este 
caserío, llamado por los sajones Hypivines fiesta 
ó Ipyids-flete, hoy distante 2 kms. del mar, fué 
en donde Hengisto y Horsa, San Agustín y San 
Mildred, desembarcaron en diferentes épocas; 
desde aquí, por la costa meridional de la isla 
Thanet y por un canal hoy casi cegado, se llegaba 
fácilmente al Támesis. 

EBBW ó EBWY-VALE-FURNACE: Geog. Grupo 
de establecimientos metalúrgicos del condado de 
Mouniouth, Inglaterra, cerca y al N. O. de 
Poutypool, en el valle del Ebbw ó Ebwy, río que 
nace en los límites del condado de Brecon, y que 
después de un curso de 37 kms. desagua en el 
Usk y Canal de ISristol, al S. de Newport. 

EBED-JESU(AnDJESXU.4): Biog. Obispo ncs- 
toriano armenio. M. hacia el año 1318. Fué me- 
tropolitano de Armenia y escribió multitud do 
obras, entre las cuales son dignas do mención 
El Paraíso dd ICdín , poema más notable en 
verdad por su forma que por el fondo, y su catálo- 



EBEN 7 

go en verso siriaco de escritores sirios. Es con- 
fundido á menudo con otro Ebed-Jesn, patriarca 
caldeo, que florecía á mitad del siglo xvi, y que 
como él profesó la herejía de Nestorio. Este Ebed- 
Je.su, habiendo visitado al Papa en el año 1362, 
abjuró sus errores, motivo por el cual, y por ser 
hombre de raro mérito, el Pontífice le colmó da 
regalos y distinciones. Se asegura que Ebed po- 
seía cinco lenguas, en las cuales departía con 
extraordinaria perfección. Como escritor cíebé- 
mosle las obras intituladas Viaje á Boma; Un 
poema en alabanza de Pío IV, y Una profesión 
de fe. Murió en época incierta, eu un monasterio 
de la Mesopotamia al cual se había retirado. 

EBÉJICO: Geog. Pequeña c. de la prov. da 
Occidente, dep. de Antioquía, Colombia; sit. en 
una llanura y con clima malsano; 4 800 habi- 
tantes. 

EBEL (Ju.\N GODOFREDO): Biog. Estadístico y 
geólogo alemán. N. en Züllichau (Nueva Marca 
de Brandeburgo) en 6 de octubre de 1764. M. en 
Znrich en 8 de octubre do 1830. Estudió Me- 
dicina en Francfort del Oder y octuvo el grado 
de Doctor. Para completar sus estudios marchó 
en seguida á Viena, donde vivió hasta 1790, y 
en 1792 regresó á Francfort para ejercer la Me- 
dicina. Más tarde pasó á Francia, trabó amistad 
con Sieyes, cuyas obras procuró popularizar en 
Alemania, y el 1801 se trasladó á Suiza. Desde 
entonces vivió casi siempre en Zurich, donde 
murió. La República Helvética, reconociendo el 
mérito de Ebel, le concedió el derecho de ciu- 
dadanía. Recorriendo el territorio suizo en todas 
direcciones, Ebel recogió preciosas noticias sobro 
el suelo y la naturaleza de aquel país, y las dio 
al público en algunas obras muy estimadas, quo 
le han valido justamente la reputación de geó- 
logo profundo y juicioso. En el número de sus 
escritos más conocidos se encuentras los siguien- 
tes: Guia para viajar por Suiza de la manera 
más útil y agradable (Zurich, 1793, tercera edi- 
ción, 1810, 4 vol.);esta obra fué vertida al fran- 
cés y al inglés; Descripeión de los pueblos monta- 
ñeses de Suiza (Tulnugu, 1796-1802, 2 vol.):el 
autor presenta un cuadro fidelísimo de los habi- 
tantes de Appenzell y Glaris; Estructura de ¡a 
tierra en el seno de los Alpes (Zurich, 1808): este 
libro contiene, además de las nociones generales, 
observaciones muy curiosas sobre los Alpes, es- 
pecialmente en lo que se refiere á la Geognosia; 
Ideas sobre la organización del globo y sobre las re- 
voluciones que ha sufrido en su superficie (Viena, 
1811). 

EBELSBERG: Geog. Aldea del dist. de Lintz, 
Alta Austria, Austria-Hungría, sit. á orilla del 
Traun, cerca de su confluencia con el Danubio. 
Combate entre franceses y austríacos el 3 do 
mayo de 1809. 

EBELLINO: Geog. anl. C. de España, mansión 
en el camino de Zaragoza al Bearnés, entre las 
mansiones Foro Gallorum y Summo Pyreneo. 
Estuvo cerca de Llinás de Marcuello, por donde 
pasa el camino de Zaragoza á Jaca, no lejos de 
Ayerbe, donde hay una torre romana. 

EBENÁCEAS (del lat. ebemis, ébano): f. pl. 
Bot. Familia de plantas Dicotiledóneas ganiopé- 
talas é hipoginas; sus flores son regulares y más 
comúnmente dioicas ó polígamas que hermafro- 
ditas. El número de piezas de los diversos ver- 
ticilos varía de tres á ocho. Su cáliz es gamosé- 
paloy más ó menos dividido eu tres á ocho lóbulos 
valvares, imbricados ó contorneados en la yema 
cuando ésta no se abre por desgarraduras irregu- 
lares. Laceróla es ganiopétala, rotácea, globulo- 
sa, urceolada, campanulada, tubulosa ó hipocra- 
teriforme, con tres á ocho lóbulos contorneados 
y en algunos casos valvares ó imbricados. El 
andróceo de las flores masculinas y hermafrodi- 
tas, generalmente isostemonado ó diplostemona- 
do, es algunas veces poliandro. Los estambres 
tienen filamentos cortos y anteras alargadas, 
basifijas, biloculares, introrsas y dehiscentes por 
hendiduras longitudinales ó por poros espirales. 
Estas anteras son generalmente aterciopeladas 
y coronadas por una prolongación del conectivo. 
Sus flores masculinas carecen do estambres, quo 
se hallan reemplazados ]ior algunos estaminodios 
con anteras nulas ó rudimentarias. Del mismo 
modo en las flores masculinas el ovario queda 
generalmente rudimentario. El gineceo se com- 
pone de un ovario supero sentado ó reducido en 
la baso y coronado de estilos en número igual 
al de celdas. Estos estilos, cstigmatíferos cu su 



8 



EBEE 



cxtrcmiilac!, se hallan á veces reunidos en uno 
Bolo, dividido en varias piezas en el vértice. El 
ovario poseo de dos á ocho celdas, on cada una 
de las cuales existen dos óvulos colaterales, des- 
cendentes, anátropos, con el rafe hacia afuera y 
el micropilo superior y externo. A veces este ova- 
rio posee un lu'imcro do celdas uniovuladas, 
dolile del de estilos, á causa do la producción do 
un falso tnl)ii|ue que divido cada celda en dos 
celdillas. El fruto se presenta generalmente 
acompañailo del cáliz acrescentc, y es coriáceo ó 
carnoso, indcliisconte ó valvicida y unilocularó 
pauciloculur por aborto. Las seuiilla.s, solitarias 
ó poco numerosas, lobulosas ó coniprimiilas y 
marcadas por dos ó tres surcos loii;;itiuHnuIcs, 
contienen Imjo sus tef;umentos un allnimen car- 
noso, á veces .'.eminado, y un embrión axil rec- 
to ó curvo. Las ebenáceas son árboles ó arlnistos 
do madera muy dura, cuya coraza ó duramen 
adquieren couu'uimenle con la edad el liurmoso 
ncí;ro que caracteriza la madera de ébano. Esta 
madera es iirodiicida por diversas especies de 
est-a familia, por las correspondientes al género 
Diosjuiros. El ju<;o de esta planta nunca es lac- 
tescente. Sus luyas carecen de estípulas; son 
muy enteras, generalmente coriáceas, alternas 
y rara vez opuestas ó vertieiladas por tres. Sus 
¡lores, situadas en la axila de las hojas ó en los 
nudos do los años precedentes, son solitarias 
ó reunidas en cimas paucifloras. Las femeninas 
son generalmente solitarias y siempre menos nu- 
merosas que las masculinas. Esta familia com- 
prende unas250 especies distribuidas en seis géne- 
ros: lioycna, Euclca, Maba, Diosjn/ros, Tctradisy 
Brachimena. Casi todas las ebenáceas so hallan 
en las regiones intertropicales de ambos mundos, 
pero abundan especialmente en el África austral ; 
son poco numerosas en el Asia extratropical y 
eu la América boreal, y faltan completamente 
en los Añiles de la America boreal y extratropi- 
cal, en la Australia meridional y en Nueva Ze- 
landa. La mayor parte de las ebenáceas tienen 
importancia por su madera, iiotablepor su finu- 
meza y dureza, especialmente el ébano, y algu- 
nas tienen los frutos comestibles. 

EBENUZ DE LOS ALPES: ni. Bol. Arbusto 
do llares dispuestas en grandes racimos amarillos 
colgantes. Se llama también El'naíz ftdso, y 
constituye una especie del género Cilisns, de la 
familia de las leguminosas. 

EBERBACH: Geoíj. C. del di.st. de Mosbach, 
círculo de Manlieim, Gran Ducado de Badén, 
situado al N. O. de Mosbach, en la confluencia 
del Ittersbach con el Neckar, al pie del Burg- 
haldenberg; -IñOO habits. Grandes bosques, vi- 
ñedos y canteras. Fábs. dcprüductosy de perlas 
artiliciales. Puerto en el Neckar. 

EBEKHARD (JuAN AtTGUSTO): Siog. Filósofo 
y literato alemán. N. en Halborstadt en 31 de 
agosto de 1739. M. en 7 de enero do 1809. Fué 
lirimeramente preceptor y más tarde pastor de 
la Iglesia reformista, pero no alcanzó mayores 
dignidades eclesiásticas porque alarmó siempre 
á los teólogos influyentes de su país el atrevi- 
miento que Eberhard había mostrado en su 
apología de Sócrates, en la que se halla un sis- 
tema completo de Teología que a.spira á demos- 
trar que las virtudes de los paganos son única- 
mente sphndida peccata, á la vez que procura 
interpretar los dogmas cristianos de modo que 
puedan, sin escrúpulo, ser aceptados por la ra- 
zón más rebelde y escrupulosa. Eberhard es, 
por tanto, uno de los primeros y principales 
escritores alemanes que han introducido el ra- 
cionalismo en la Teología. Por esta causa se 
enajenó las simpatías de la mayor parte de los 
teólogos, si bien no falta quien reconozca que 
al llevar el racionalismo á la religión cristiana 
logró que Alemania no se apartara radicalmente 
del cristianismo más de lo que se apartaron mu- 
chos hombres de talento en Francia y Alema- 
nia, y alcanzó así una conciliación más ó menos 
afortunada. Eberhard no consiguió que le per- 
donaran la franqueza de sus ideas. En vano 
procuró en su Amyíitor, novela religiosa, que 
se olvidaran las afirmaciones temerarias de su 
apología. Conservó su curato de Charlotteu- 
burg hasta cjue por su mérito, reconocido por 
Federico II, obtuvo una cátedra en la Uuiversi- 
dad de Halle (1778), el ingreso en la Academia 
de Ciencias de Berlín y el título de consejero pri- 
vado en 1808, un año antes de su muerte. Parti- 
dario de las doctrinas filosóficas de Leibnitzy de 



EBBB 

■Wolf, sostuvo larga discusión con los defensores 
do Kant, y merced á su distinguido ¿ingenioso 
talento puso al alcance do todas las inteligencias 
las doctrinas más abstractas. Sin descuidar sus 
estudios filosóficos y teológicos adquirió profun- 
dos conocimientos filológicos y literarios, y es- 
cribió, en alemán, muchas obras que gozan toda- 
vía merecido aprecio. Las mejores llevan los 
siguientes títulos: Nueva Apoluíjia de Súcralcs.ó 
examen de la doclrinade Ui salvación de los paga- 
nos {\im\in y Stettin, 1772-73, 2vols. en 8.", y 
tercera edición, 1798); Teoría del pensamientoydc 
la sensibilidad (Berlín, 1776, en 8.°); Ve la idea 
de la Filosofía y de las partes de esta ciencia 
(Berlín, 1778, en i.'>)\ Moral racional; Introduc- 
ción ü la Teología natural;IIistoria bajo la forma 
de cartas ; Teoría de las Bellas Artes y de las 
Bellas Letras; Historia general de la Filosofía ; 
Recopilación filosófica (Berlín, 1788-91, en 8.°), 
obra periódica en la qvio el autor combatía la 
filosofía do Kant; Archivos filosóficos (Berlín, 
1792-95, en 8."), que sirven do continuación á 
la obra anterior; JJc las formas de gobierno y de 
su mejora (Berlín, 179Í5-94, en 8."); Bosquejo 
compendiado de Metafísica (Hallo, 1794, en 8.°); 
Ensayo de una sinonimia general de la lengua 
alemana, en forma de diccionario filosófico y cri- 
tico, etc. (Halle, 1795-98 y 3.»edición,'l828-30): 
la 8." edición, compendio de la obra, apareció 
con el título de Manual de sinónimos de la len- 
gua alemana (Berlín, 1837, en 8.°): Eberhard 
"defendía á Fiehte, calificado entonces de ateo; 
Manual de Estética (Halle, 1803-5, 4 vols. en 
8.", 2." edición, 1807 y siguientes); Esplritudel 
cristianismo jirímitiro, manual de la Idstoria de 
la cultura filosófica (Halle, 1807-8, en 8.»), etc. 

- EiiEiuiAiin (Ci!1.<stiAn Augusto): Biog. Li- 
terato alemán. Ñ. en Belzig (Prusia) en 11 de 
octubre de 1769. M. en Dresde en 13 do mayo 
de 1815. Estudió en nn jirincipio Teología y 
se consagró muy pronto al cultivo de las Cien- 
cias y de la Literatura. Habiendo ofrecido un 
periódico literario de aquella época pagar, á razón 
de un luis la hoja, los artículos bien escritos 
que so dirigieran á sus redactores, Eberhard 
escribió un cuentecillo titulado El canastillo de 
flores de Ida, y pudo con el producto de este 
'trabajo visitar (1793) la ciud.ail de Maguncia y 
las márgenes del Rhin. Más tarde, para consa- 
grarse á estudios más serios, compuso un cuento 
que so tituló Astucia ])or astucia, ó la influencia 
de un beso. Trabajos puramente científicos le 
dejaron luego escaso tiempo para escribir pro- 
ducciones de carácter literario. Eberhard tomó 
parte activa en las investigaciones patológicas 
de Meckcl el mayor, y en los estudios de Reil 
sobre los nervios y el cerebro. En 1796 marchó 
á la Suiza sajona, y no mucho más tarde publicó 
las Obras completas de Lafieur. En seguida re- 
dactó, con Bécker, el Almanaque y las Ilccrea- 
ciones. Encargado de la dirección de una librería, 
luchó enérgicamente contra los daños que las 
falsificaciones causaban á la propiedad literaria, 
y con Lafoutaine imprimió un revista mensual 
titulada Salina (Halle, 1812-1816, 8 yols,); 
varios de los escritos de esta publicación se 
debieron á Eberhard. Después de la muerte de 
Vater se encargó Eberhard de la redacción de 
los Anales ele la meditación doméstica, libro de 
educación muy conocido en Alemania, y en el 
que insertó plegarias que pueden ser citadas 
como otros tantos modelos de piedad y de sen- 
timiento. Eberhard dejó también estos escritos: 
Fernando Werner, el pobre flautista (RaXÍB, 1802, 
2 vols., y 1808); Doctrinas y actos de Iscariote 
Klirab (Halle, 1807); Flalterrosen (K&We, 1817); 
Jimnita y los polluelos (Halle, 1822), obra tra- 
ducido ai latín; El pirimer Jiombre y la Tierra 
(Halle, 1828), gran poema en hc.-íámetros, de 
estilo sencillo, noble y animado. Sus Obras i-oȒ- 
^íWns se publicaron eu 20 vols. en 8.° (Halle, 
1830), y sus Poesías en 2 vols. (Halle, 1823). 

- Eberhabd (Conrado): Biog. Escultor ale- 
mán. N. en Hindelang (Baviera) en 25 de no- 
viembre de 1768. M. en Munich en 13 do marzo 
de 1S59. Consagróse desde temprana edad á la 
Escultura, y ejecutó jirimeramente con su padre 
y un hermano obras de carácter religioso. Pro- 
tegido por el elector Clemente de Tréveris, pudo 
estudiar durante varios años en la Academia de 
JIunich, y amplió .sus conocimientos en el estu- 
dio de Román Boos. Su educación artística, sin 
embargo, no quedó terminada, hasta que en 1806 
pasó Conrado á Roma, donde contempló las 



EBEB 

obras clásicas. En sus últimos aBos cultivó 
Eberhard la Pintura, siu olvidar la Escultura, 
y asi pintó algunas comiosieioncs dignas de re- 
cuerdo, como fueron El desarrollo y el Triunfo 
del cristianismo. De sus trabajos de Escultura 
merecen recuerdo los siguientes: Una Musa y 
el Amor; un Fauno sentado y rodeado de niños 
coronados de pámpanos; Leda con el cisne; Diana 
conducida hacia Endimión por el Amor; el Mo- 
numento de laj/rinccsa Carolina, para los Teati- 
nos de Munich; los sepulcros de los obispos 
Sailcr y Witlman, en la catedral de Ratisbona; 
las estatuas de San Miguel y San Jorge, cu Mu- 
nich, donde se guardan varias producciones del 
mismo artista. Otras se conservan en Ninfcm- 
burgo. ] 

EBERMEYERA (de Evermcyer, n. pr.):f. Bol. 
Género de Acantáceas que se distingue por pre- 
sentar nn cáliz con cinco divisiones, la superior 
de las cuales es más ancha y las medias nu'is estre- 
chas; corola infundibuliformo con el limbo casi 
regular y con cinco divisiones, siendo las dos 
superiores las más cortas; estambres didínamos 
con las anteras de celdas divergentes de alto aba- 
jo. El ovario se halla coronado por un estilo con 
extremidad estigmatífera bilamelada; dicho ova- 
rio termina por ser una cápsula polisperma. So 
conocen 25 ó 30 especies de este género, que vi- 
ven en los pantanos y sitios húmedos do la 
América y del Asia. Son plantas herbáceas ó 
subfrutescentes, de tallos generalmente eriza- 
dos, tomentosos ó pubescentes, con hojas enteras 
y flores situadas en la axila de una bráctea y 
dispuestas en racimos espiciformes ó capituli- 
formes en el tallo principal ó en las ramifica- 
ciones de ésto. Es notable la especie Ebcrmc- 
ycra subpaniculata, que vive en Java, y cuyaa I 
hojas tiernas son comestibles. 

EBERSTEIN ó EBERSTEINBURG: Gcog. Aldea 
del círculo de Badén, sit. eu la divisoria entre 
el Murg y el Oos, célebre por sus vinos y por su 
rastillo del siglo xili, restaurado por el mar- 
grave Federico y el gran duque Leopoldo, de j 
1798 á 1829. ' 

EBERT (JuAN' Jacobo): Biog. Matemático y 
filósolb alemán. N. en Breslau en 1737. M. en 
AVittemberg en 1805. Comenzó dirigiendo la i 
educación dol hijo de Tejilof, Ministro de Estado ' 
ruso, y fué luego jirofcsor de Matemáticas y de 
Filosofía en AVitiembcrg. Escribió gran número 
de obras, entre ellas Lecciones de Filosofía y 
Matemáticas para las clases superiores (Francfort 
y Leipzig, 1783); Diario para la instrucción de 
las señoras jóvenes (1794-1801), y Fábulas para 
los jóvenes y los niños (Leipzig, 1798). 

EBERWEIN (Teaxoott MAXIMILIANO): Biog. 
Compositor alemán. N. en Weimar en 1775, M. 
en Kudolstadt en 1831. Desde los siete años 
formó parte, como violinista, de la capilla del 
príncipe. En 1791 fué á estudiar Música en 
Francfort bajo la dirección de Kunze, entrando 
luego, en 1796, al servicio del príncipe de Sch- 
watrzburgo-Rudolstadt como músico de su ca- 
pilla. Pocos años después, en 1803, hizo nn viaje 
á Italia, estudiando eu Ñapóles armonía con el 
profesor Fenaroli. Después de varias excursiones ' 
por Alemania, Bohemia y Hungría se estableció 
definitivamente en Rudolstadt, donde pasó el 
resto de sus días. Entusiasta por el arte musical 
y con cuanto con él se relaciona, consagró Eber- 
weiu su existencia á los progresos de la Música 
y al mejoramiento de la situación de los artis- 
tas. Contribuyó considerablemente á la instala- 
ción de fiestas musicales en Alemania, y fun- 
dó en Rudolstadt una capilla. Se distinguió 
como compositor por la multitud de sus pro- 
ducciones, más que por el mérito de ellas. Sus 
obras alcanzan el número de treinta, entre ellas 
diez óperas, varias overturas, cantatas, sinfo- 
nías, misas, salmos, canciones y trozos de músi- 
ca religiosa é instrumental. 

- Ebrrwein (Cáelos): Biog. Compositor 
alemán. N. en Weimar en 1784. M. en la mis- 
ma ciudad en 1868, Fué su maestro de armonía 
y composición su hermano Maximiliano, y hu- 
biera llegado á ser uno de los compositores más 
distinguidos de Alemania si su adnjiración exa- 
gerada hacia Mozart no le hubiera convertido, 
aun contra su voluntad, en servil imitador de 
las formas y el estilo del ilustre maestro. Que- 
daron suyas seis óperas, overturas, cantigas, 
oratorios, canciones y composiciones de música 
instrumental. 



EBLE 

EBGAL: Einog. Una de las tribus de los so- 
inalis isa, en la costa O. del Golfo de Aden, 
África. 

EBINGEN: Geog. C. del círculo de la Selva 
Negra, Wurtemberg, sit. elS. E. de Balilingen, 
ú orilla del Schraiecha; 6 000 habits. Curtidos, 
géneros de punto y paños. Comercio de ga- 
nados. 

EBIÓN: Biog. Judío de Samarla, fundador de 
la secta de los ebionitaí. Según Orígenes, este 
personaje jamás ha existido; pero si so cree á 
Tertuliano, á San Agustín, á San Jerónimo, 
á San Epifanio y á otros escritores, fué un dis- 
cípulo de Cerinthe, que propagó, aumentándolas, 
las herejías de su maestro por diversas comarcas 
de Asia y Europa. Orígenes y los escritores que 
con él opinan fundan sus creencias en que, 
significando Ebión en hebreo pobre, y siendo los 
ebionitas generalmente gentes miserables, tal 
nombre es probable c^ue no lo tomasen de su 
maestro,sino más bien que se lo aplicaran judíos 
y cristianos en son de burla. La religión que 
profesaban los ebionitas era, á juzgar por lo que 
dicen los escritores arriba mencionados y otros 
contemporáneos suyos, una mezcla extraña de 
las dos religiones israelita y cristiana. Los ebio- 
nitas negaban que Jesucristo fuese hijo de Dios, 
y sin embargo le respetaban y enaltecían, prac- 
ticaban la circuncisión y también el bautismo, 
aceptaban el Antiguo Testamento y, rechazando 
el Nuevo se hacían uno á su gusto, basado en el 
Evangelio de San Mateo, aunque con importan- 
tes variaciones. Para ellos Jesús no era otra cosa 
que un profeta como Moisés, nacido natural- 
mente de la unión de un hombre con una mujer 
(de José y María) é inspií-ado por Dios solamen- 
te desde el nioniento en que recibió el bautismo 
en el Jordán. Esperaban, por tanto, como los 
demás judios,la venida del Mesías, soberano del 
Universo, descrito por Isaías. Los judíos, en 
cierta época, llamaron con tal nombre, no sólo 
á los verdaderos ebionitas, sino también á todas 
las comunidades cristianas de Judea, olvidando 
que uno de los signos caracterí.sticos de los^oireí 
era el odio al celibato. 

EBIONITA (de Ebión, nombre de cierto here- 
siarca): adj. Hereje del siglo primero, ó del se- 
gundo, de la era cristiana, que creía ser Nuestro 
Señor Jesucristo hombre nacido naturalmente 
de José y de María, y adoptado por Dios. Usa- 
se t. c. s. V. Ebión. 

EBIROSIOS: Geog. ant. V. Aebieosi. 

EBISOCIOS: Geog. ant. V. Aebisocios. 

ÉBLÉ (Juan B-\utista, conde): Biog. General 
francés. N. en Saint-Jean de Rorbach (Mosela) 
en 2 de diciembre de 1758. M. en Ka;nigsborg 
en 31 de diciembre de 1812. Hijo de un oficial 
de regimiento, enti-ó á servir en el ejército en 
1767; marchó en los días de Luis XVI á Ñapó- 
les con otros oficiales para organizar la artille- 
ría napolitana, y cuando vio á su patria ame- 
nazada por la coalición extranjera regi'ésó á 
Francia, donde obtuvo el empleo de capitán en 
1792. Distinguióse sirviendo á las órdenes de 
Dumouriez, en la batalla de Hondschoote, y en 
los hechos do armas realizados pai'a levantar el 
bloqueo de Dunkerque. General de brigada en 
1733 (29 de septiembre), y de división un mes 
más tarde, organizó en 1794 la artillería de 
campaña y de sitio que sirvió á los franceses 
para conquistar rápidamente los Países Bajos; 
tomó gloriosa parte en los sitios de Iprés y Nieu- 
port, y decidió con sus baterías la rendición de 
las plazas de L' Ecluse, Bois-le-Duc, Crevecajur, 
Huninga y Graves. Jefe de la artillería del Rhin 
y Mosela, contribuyó poderosamente á los pro- 
digios de la campaña de 1796 y defendió (1797) 
á Kehl contra el príncipe Carlos. Formando 
parte del ejército enviado á la conquista de Ñá- 
peles organizó la artillería con los cañones 
ganados al enemigo, y logió (23 de enero do 
1799) que la capital del reino se rindiera á las 
armas francesas. Al año siguiente facilitó con 
hábiles disposiciones los pasos del Rhin, Inn y 
Salza. De 1804 á 1807 prestó servicio en Holan- 
da. A linos do 1808, por mandato de Napoleón, 
se puso á las órdenes del rey de Westfalia, á 

Suien sirvió como Ministro de la Guerra, sin 
ejár de figurar en el cuadro de los oficiales 
generales del ejército francés. En 1810 fué á 
Portuíjal para mandar la artillería á las órdenes 
del principe de Essiing. Dirigió los trabajos de 
Tomo VU 



EBLI 

los franceses en los sitios de Ciudad Rodrigo y 
Almeida, y habilitó casi sin recursos un puente 
de barcas para pasar el Tajo. En 1812 marchó á 
Rusia, y cuando los franceses se batían en reti- 
rada echó sobre el Beresina los puentes por 
donde pasaron los restos del ejército. Jefe de la 
artillería francesa que se reconstituía luego en 
la Prusia oriental, sucumbió víctima de la fatiga 
que había experimentado. Sucesivamente había 
recibido los títulos de barón y conde del Imperio. 
Fué uno de los mejores genurales de su época. 
Su nombre se halla inscripto, eu París, en el 
Arco de Triunfo de la Estrella. 

- Éblé (Cáelos): Biog. General francés, N. 
en 1799, ingresó en la Escuela de Aplicación en 
1820, y ascendió á teniente eu 1824 y á capitán 
en la primera campaña de Argel. Nombrado 
preceptor militar del duque de Montpensier, 
ascendió sucesivamente á jefe de escuadrón, á 
coronel y á director de artillería eu Metz;luego 
á general de brigada y por último á, comandante 
de la Escuela Politécnica en 1854. 

EBLÉS I: Biog. Conde de Poitú. Vivió á fines 
del siglo IX. Era hermano del conde Ranulfo II, 
y cuando éste falleció en 890 ú 892, Eblés tomó 
el título de conde dePoitii y duque de Guyena, 
aunque dichos títulos habían sido concedidos á 
Aymar por el rey Eudo. «Fué, dice Bcsly, un 
sabio y magnánimo señor ala vez, que hizo gr-an- 
des proezas combatiendo á los normandos, en el 
a.sedio de París, en el año 8S6 y los años siguien- 
tes. !> Era abad de Aymoin, de San Hilario el 
Grande en Poitiers, de Saint-Denís, según Regi- 
nón, y de Santa María de París al decir de Fau- 
het. Sucedió á su pariente Goslín en la abadía 
de SaintGermain-des-Prés. Habiendo sitiado el 
castillo de Brillac, en Poitú, fué herido UiOrtal- ' 
mente y murió en 893. 

- Eblés II: Biog. Conde de Poitiers y duque 
de Guyena, apellidado el Bastardo. Vivió afines 
del .siglo IX y principios del X. Era hijo único 
de Ranulfo II, y tenía pocos años cuando 
falleció su padre, en 890 ú 892. Confiado secre- 
tamente á Guillermo, conde de Auvernia, porque 
el rey Eudo había dado á Aymar la investidura 
del Poitú, y porque Eblés I había tomado el título 
de conde, reinó Eblés II, ó mejor, vivió primera- 
mente en la Guyena bajo la tutela de su primo 
Guillermo. Se opuso con energía á las empresas 
de los normandos, y en 909, cuando el rey Car- 
los el Simple quiso comprar la paz á los citados 
invasores, Eblés se unió á Roberto, conde de 
París, para evitar aquella vergüenza. Eu 911, 
cuando los normandos sitiaban á Chartres, dio 
Eblés grandes muestras de valor, y aun de teme- 
ridad. Eu 926, después de la muerte de Guiller- 
mo, alcanzó los títulos de duque de Guyena, 
convle de Auvernia, Velay y Limoges, pero no 
recobró el condado de Poitú hasta 931 , y murió 
en 935. Había casado con Adela, hija de Eduardo 
el Viejo, rey de Inglaterra. 

EBLI ó ABLI: Biog. Poeta español del siglo ix 
de nuestra era. Su verdadero nombre fué Abde- 
rramán beu Ahmed; mas como acontece de con- 
tinuo cutre los árabes, es mucho más conocido 
por su sobrenombre. Este escritor, de cuyas 
composiciones sólo poseemos por desgracia frag- 
mentos muy pequeños, nació eu un pueblo vecino 
de Guadíx y murió en Elvira por orden de Said. 
Cuentan los historiadores que cuando éste entró 
por finen Elvira, Eblise presentó ante él y recitó 
unos magníficos versos que había compuesto en 
su honor, después de haberse mostrado anterior- 
mente enemigo suyo; Said, que, como es sabida, 
era vano y orgulloso, sin recordar que aquel 
mismo hombre había compuesto sátiras contra 
él, hízole mil regalos y dióle mil parabienes por 
su talento, conducta que llenó de asombro á sus 
capitanes, menosolvidadizos queél. Uno de éstos, 
que gozaba gran favor con Said, no pudo menos 
de mostrar su extrañeza. «jCómo, Amir, cuentan 
que le dijo, das dinero aun hombre que ha sido 
siempre el primer agitador del pueblo y que ha 
excitado las gentes contra nosotros?» y jirosiguió: 
«¡cuánto tiempo hace que los muertos que hemos 
arrojado en los fosos aguardan en vano un ven- 
gador!» La cólera entonces cegó á Said, que 
comprendió que verdaderamente había sido ju- 
guete del astuto Ehli, é incontinenti dio orden 
lío cjue lo prendiesen y le dieran muerte, des- 
pués de efectuado lo cual mandó que su cuerpo 
fuese arrojado á un foso. 



EBOR 



9 



EBNEZER REYNIER (El CONDE JuAN Luis): 
Biog. General francés. Ñ. en Lausana en 1771. 
M. en París en 1814. Entró en el cuerpo de in- 
genieros, ascendió á ayudante general en 1793, y 
a general de brigada en 1794, durante la cam- 
paña de Holanda. Sirvió á las órdenes de 
Moreau en el ejército del Rhin (1796), acompañó 
á Bonaparte á Egipto (1798), se distinguió en la 
batalla de las Pirámides, hizo luego la campaña 
de Siria, batió sobre El-Arisch á veinte mil 
turcos, y decidióla ruidosa victoria de Heliópolis. 
Después del asesinato de Kleber tuvo acaloradas 
disputas con Meuou, y salió de Egipto (1802); á 
su regreso á Francia cayó en disfavor y fué des- 
terrado. Llamado en 1805 fué repuesto en el 
servicio, y tomó parte en la conquista de Ñapó- 
les; combatióen Wagram, en España y en Rusia, 
cayó prisionero en Leipzig en 1813 y murió en 
París al año siguiente, poco después de recobrar 
su libertad. Dejó algunos escritos sobre Egipto. 

ESO: Geog. Lugar cap. del ayuílt. de Valí de 
Ebo, p. j. de Pego, prov. de Alicante; 147 edifs. 

ÉBOLI: Geog. C. del dist. de Campagna, pro- 
vincia de Salerno ó Principado Citerior, Italia; 
8 000 habits. Sit. cerca y al S.O. de Campagna, 
eu una colina que domina la orilla derecha del 
Sele. Hay un viejo castillo desde el cual se abar- 
ca el magnífico panorama de Salerno y de las 
ruinas de Poestum. Se halla sit. cerca de la an- 
tigua Ebura del país de los piceutinos. 

r- Eboli(Pp.ínoipedb):í?¿c)3. Político español. 
V. GÓMEZ DE Silva (Ruy). 

- Eboli (Phincesa de): Biog. Célebre dama 
española. V. Mendoza de la Cerda (Ana de). 

EBONó BOSTOH-.Geog. Isla ó, mejor, grupode 
islotes rodeado de un arrecife coralífero , que 
forma el extremo S. del grupo Ralik del Archi- 
piélago Marshall (Micronesia, Oceanía). Tiene 
800 habits. V. Mar.shall. 

EBONITA(de¿¿ia)ioJ:f Técn. Preparación for- 
mada con cauclio endiu-ecido con azufre y aceite 
de linaza. Tiene aplicacióu en las Artes para la 
fabricación de cajas, peines, apoyos de instru- 
mentos, etc. 

Su composiciones: 

Goma elástica ó caucho.. 8 kilogramos. 

Azufre 4 » 

Aceite de linaza 900 gramos. 

Se funde el azufre y se introduce en el líquido 
la goma elástica para que lo absorba, agregando 
después el aceite. Manteniendo á la goma así 
preparada á una temperatura elevada, adquiere 
la dureza conveniente. Es una sustancia de color 
negro pardusco, bastante dura, aunque provista 
de una elasticidad análoga á la ballena ó al 
cuerno, puede contener hasta 60 por 100 de su 
peso de azufre pulverizado, y es tanto más dura 
cuanto más azufre contiene, pero su elasticidad 
disminuye en la misma proporción. Cuando la 
ebonita no se ha hecho con caucho nuevo es muy 
frágil. 

ÉBORA: Geog. ant. Nombre de varias ciudades 
de España y Portugal. Hubo Ebora ó Ebura 
Castellum.sit, hacia la desembocadura del Betis; 
otra en la Carpetania, que pudo estar donde hoy 
Talavera de la Reina; otra era la Ebura Cerealis, 
llamada también Bora (Véase); otra había en la 
Eiletania, y además el Portus Ebora, de Mela, 
euGalicia, el Eburo-briciuin ó Eburo-briga, entre 
el Tajo y el Duero, y la Ebora principal, en la 
Lusitania, hoy Evora, La Ebura Carpetana es 
notable porque junto á ella combatieron celtí- 
beros y romanos, mandados éstos por Quinto 
Fulvio Falco. La de la Edetania estaba cerca de 
Zaragoza y en la orilla derecha del Ebro, acaso 
donde se halla la Puebla de Albortón. Portus 
Ebora parece que estuvo en la desembocadura 
del Tamliie, donde hoy el pueblo de Obre. La 
Ebora Castellum la sitúan unos en el cortijo de 
Ebora, á la derecha del Guadahiuivir, y otros 
en Bonanza, ó en una punta de tierra, junto á 
Sanlúcar, llamada Salmedina. 

EBORACUM: Geog. ant. C. cap. de los brigan- 
tes y de la prov. Máxima Cesariensis, Gran Bre- 
taña, hoy York. En ella murieron les empera- 
dores Septimio Severo y Coustacio Cloro, y fué 
Constantino proclamado augusto. 



10 



RRUO 



EBORICO: /?('"(/. Kcy do los siicvos. Sucedió 
á su piiilio, Miro, pii el año fiSi. Hm, como el 
nutnr de sus díiis, nlindo y ''ii-i vnsallo de Leo- 
vi},'ildo, rey de los visigodos. Kii el año 683 fué 
nrrojmlo del trono ]>or su suecsor Andeca, 'lUc 
después lie cortarle id culiello, lo cual.seKÚn la 
cnstuuihre í;erinruilea , iulialiilitalm il Éijorlco 
para se<,'uir <,'olwruiind()| lo encerró en un con- 
vento, oldií!;iudu!e i'i trocar por la coyullii las 
iusiiínias nulos. Usto dii'> ocasión & Leovigildo 
para arralinr con el reino do los suevos. 

EBOSl ó YEBOSI: Ofor/. Islote del Estrecho do 
(lona, en la costa N.O. do la isla do Kiusiu, 
.lapon, en la entrada N. del canal ipio sepaia la 
isla Iki de Kiusiu, il los ;5:i" 41' 150" lat. N. y 
lliSoS!)' "ll" de Ion;;. K. liste islote r|Ue lornin 
piirte de la prov. de Ilizen, so encuentra corona- 
do por un taro de liieno, de forma oetofjonal, 
desde 1875, faro que tiene 13 m. dealtura solire 
el suelo y .I.') .solue el mar, y cuya luz so avista 
¡i Ii7 kms. do distancia. 

EBRANCADO, DA (del fr. élraiirli,: ; do A! y 
braiidir, rama): .'idj, Illas. Ui'cese del áibol (jue 
tiene cortadas las ramas. 

EBREMAR ó EVERMER ; Diorj. Patriarca do 
.Iiriisalén eu el sij,'lo XIJ, Fue do los ruli};iosos 
(|ue ui'oni|inñanui á los cruzados, y Godofredo de 
r.iHMll<in, en ]u-einio á sus servicios, después de 
halterio ci'cado canúnij;o del Santo .Se]>ulero, le 
uoniluó patriarca. Destituido á poco, ocuiuj la 
silla episcopal do Cesárea en 1107. Este príncijio 
iXo \i\ ¡íjlcsia fué mus uotalde por su valor y 
relii;iosidad que por sus talentos, eontiindose 
fpic, cuando la invasión de la Palestina por el 
califa do Eijipto, hizo tales proiligios do valor 
ipie bastaron á conquistarle fama entro los gue- 
rreros de su tiempo. 

ÉBREUIL: r,Vo7. Cantón del dist. do Oaunat, 
deiiartameuto del AUier, Francia; 11 municipios 
y 13 50ühabit3. 

EBRIE: Crn/j. LaL;una de la costa de la Guinea 
se)itcntrional, Aliica, Empieza unas ■! '/-.''"illas 
al íí. de la isla l'onet, toma dirección O. y corre 
paralela á la costa durante 6 '/._, millas, termi- 
nando cerca do Lahu. En sus costas hay muchas 
bahías, y en la (larto del N. do la laguna se 
liallael puerto de Oabn, perteneciente á Francia, 
como toda osta i)arto del litoral. 

EBRIEDAD (del lat. clril:tas):(. Emui.iAcuiíz. 

Teodoro Podromo nos declara do la Euiun- 
DAD, esta sentencia de David. 

1'. .IlI.\N EusKlilO NimtUMDKUO. 

EBRILLOS: (■'■•y. V. Enitos. 

EBRIO, BRIA (del lat. clrlus): adj. Emliriu- 
gado, borracho. U. t. c. s. 

Gran sed le oliligé) d mostrarla. 
Cuando en acerbos licuores, 
Kbki.v esjionja al seco labio 
Ministro vil lo socorre. 

Fu. H0UTEN.S(0 PAItAVlClNO. 

Kntre los gricpros,... estalla vedado al hom- 
bre Kmiio el ('ohabit;n' con su mujer. 

IhiNi.Air. 

EBRIOSIDAD: f. Costuniluc, hábito de embria- 
garse. 

EBRIOSO, SA (del lat. r.hriOsiis): adj. Muy 
dado al vino y que se emlu-iaga fácilmente. Usa- 
so t. c. s. 

EBRO: Ocon. Río de España, do la cuenca ó 
vertiente mediterránea. Nace eu los manantia- 
les de Fontibre ó Kontible ( Fvns Ibrri ), aunes 
() kms. de Keinosa, ¡irov. de Santander, eu las 
faldas meridionales de los Pirineos cantáliricos, 
al E. de los páramos en i|ue empieza el sistema 
ibérico. En esta gran divisoria de aguas que 
forma la continuación del Pirineo, se alza la 
Peña Labra, pinito orográlico muy notable eu 
España, puesto que vierte sus aguas á tres dis- 
tintos mares, llevándolas al Mediterráneo con 
el Ebi'o, con el Nansa al Cantábrico, y con el 
Pisuerga, que so une al Duero, al Atlántico; y 
ou la vertiente septentrional de dicho monte, 
que tiene 2002 m. de alt., s.ilen en Fontibre las 
aguas del Ebro á los íiy¿ ni. Pero á lij kilónie- 



EBRO 

tros del Ebro y á una altura muclio mayor qno 
la de éste, á 1 880 ni. , naco el río llamado Mijar, 
do manantiales más abundan tes que los de aquél, 
y algo más do O kms. después de Fontibro se 
encuentran otros manunliales menos caudalosos, 
casi en el mismo cerco ]iolila<lo de Reinosa, al 
N. O. ; brotan estos manantiales, llamados las 
Fuentes, á unos 817 m. do alt. Unos y otros 
pudieran disputar á los do Fontibre el luivilo- 
gio do sor el origen del Ebro. Si se lia de consi- 
(lerar como nacimiento de un río las fuentes que 
más disten del punto do desagüe, el río llijar 
es el quo debo llamarse Ebro; además, según el 
geólogo don Casiano de Prado, las aguas de las 
l'ucntes del Ebro jiareccn filtrocioncs do las del 
Híjar, puesto que la alt. do éste ca mayor, y 
entre Villacastin y Entrambnsaguns desaparece 
del Mijar una cantidad de agua próximamente 
igual á la que vierten los manantiales del Ebro; 
y las gentes del i)aís lian observodo quo en los 
días de tempestad y glandes lluvias, por encima 
do los manantiales do Fontibre, y antes de lle- 
gar á ellos, si llegan A enturbiarse las aguas del 
llijar, se ven turlúas también las del Ebro 
desde sus mismas fuentes. Pero, gcnoralmente, 
adniitense como verdaderas y únicas fuentes del 
Ebro los citados manantiales de Fontibre, tres 
pequeños lagos rodeados do piedras, do los que 
brotan aguas claras y serenas que, en cuanto 
nacen, toman color ligeramcnto verdoso y em- 
]iiczan á correr hacia el E. (Del nacimúnlo del 
Ebro, por don Demetrio Duque; liuldín de la 
Sociedad Geoí/rájica de Madrid, tomo XI). 

Entro los kuis. 6 y 7 de su curso pasa el río 
bajo el puente do Reinosa, y cerca recibe su pri- 
mer all., el arroyo do Las Fuentes, quo ámenos 
de un km, de su nacimiento entra on el Ebro 
por su orilla izquierda. Siguiendo el río se hallan 
las siguientes fuentes, alliientes, poblaciones, 
etcétera: puente del f. c. de Alar a Santander; 
ríos Mijar é Izarilla, all. por la orilla derecha; 
puentes de Requejo, que so halla on la orilla 
izquierda; Villafría, en la derecha (km. 12), y 
Orna, en la izquierda, con puente de madera 
cerca do esta última localidad; los dos pueblos 
de Arroyo y barrio de Medianedo á la derecha, 
y el río Virga eu la izc|uierda, donde el Ebro 
cambia al S. la dirección oriental quo hasta 
aipií traía; Bustasur y Aldea do Ebro (kms. 28 
á 33), en la izquierda, con dos puentes do ma- 
dera; barrio de Santiago, Aroco, Barcena do 
Ebro, arroyo Polla, Rasgada y Villanucva.en la 
derecha; Cubillo en la izquierda (km. -10), donde 
una .serie do colinas procedentes de la Ibérica 
obligan al Ebro a dirigirse de nuevo al E. ; arro- 
yos Mardancho y de la Berzosilla por la dere- 
cha límite de las provs. de Santander y Falen- 
cia, por algún trecho, siguiendo luego el río con 
varios recodos por la prov. do Santander; iias- 
cones y la Puente del Vallo á la izquierda; 
arroyos Meano, Molino de la Puente, Quintani- 
Ihi de An, arroyo Palanquín, arroyo Sobre Peña, 
barrio de Entreinierto (km, 60), arroyo Perijón 
y Rebollar á la derecha; Polientes, Kuijas, Are- 
nillas, arroyo Mijedo, Rubarrero y Cadahalso en 
la izquierda; Bellota, San Martin y Villanucva 
de libro, en la derecha; entra el rio en la pro- 
vincia de Bnrgos(km. 7C,C2,'i); Orbanejay Esca- 
lada en la izquierda;t¿nintanilla Escalada, ])ucn- 
te colgado eu la carretera de Burgos y río Ru- 
drón, primer all. considerable, á la derecha; 
puente do sillería con tres arcos, estrecho do 
Colina, Quiutauilla de Ebro, Tubilleja, Calle- 
jones y camino de Rituerta, á la dereclia; Coli- 
na, Villanueva de Rampalay, Tudanca do Ebro, 
Cidad, arroyo de Cueva, Remolinos y Ventado 
Afuera (km. 126) á la izquierda; grandes curvas 
del río que sube hacia el N. y corre en áspera 
angostura de rocas, entre el ostribo que fórmala 
cuenca del llndróu y la sierra de Tesla, angos- 
tura á que suelo darse el nombro do estrecho de 
Valdcuoccda: ¡lucnte de sillería do un arco de 
21 metros de luz en la carretera de Santan- 
der; otro puente de sillería para Puente-Aren.is; 
¡luente y pueblo de Poldación, Puente de la Hoz 
y Cerneda ala derecha; condado do Valdivielso 
y Panizares á la izquierda; río Oca y Venta do 
Oña (km. 150) á la derecha; nuevo desfiladero 
formado )ior el estremo meridional de la sierra de 
Teshi y el estribo de los montes de Burgos cutre 
Oña y Frías, hasta Tr:is]iadcrne, donde conlluye 
por la izquierda el río Nela, halláiidoso A la de- 
recha el arroyo Santole.*, el arroyo .Icrca ó de la 
Losa, Quintana Seca, Frías, con puente, arroyo 
Molinar, Montejo de Tobas, Cuerva, Santa Ma- 



EBllO 

ría, y á la izquierda Villa Porlata; Xlontejo di 
San Miguel, Congusión, Besana, el riachuelo d 
Sobróu y el de Espejo ó de la Losa; confines ib 
Álava; Puente Lana y río Omecillo por la iz 
quierda, ion dos puentes por los quo se uno U 
carretera do Bilbao con la general do Francia; 
eiisáiielioso el Ebroy corro mas lento conforme se 
alejo de los cumbres del Pirineo; Guinieio, Moii 
tafiaua, Suzana, Lanavo, arioyo de Arnioya \ 
río de Uroncillo en la deiceha; Í<"onteelia y ano 
yo del Lago en la izquierda; ))iienlesdel I', e. d. 
Madrid á Irún, de sillería el do Miranda do Ebro, 
y metálico parad f. c. deBilbao(kms. 215 á 217); 
isla de Miranda, río do Bayas y arroyo del prado 
do Miranda i, la derecha; rio Zadoria ¡i la iz- 
quierda, así como Ircio y arroyo de la Sierra en 
la parte en que el Ebro entra en las Conchas d' 
Muro; arroyos do Santa Cruz del Valle á la iz 
quierda; .salida do las Conchas do Maro que for 
mon estrecho y áspero desfiladero de rocas ele 
vadísimas; arroyos do l'escarón á la izquierda \ 
do Cubilla á la derecha; puentedc Biiñas, donó 
el río, ya en la prov. do Logroño, hace unagrai: 
revuelta primero al E. y luego al O. ,á cansa d 
la dirección de los estribos de la sierra do lo 
montes Obarenes quo acaba de .salvar; río Tirón 
y Villa de Maro (km. 2-10) á la doroeha; ancliu 
ro,so y ameno valle lleno de pueblos iin¡iortunte- 
por el quo, conservando elrio su dirección gene- 
ral al E. yS. E. , da mil revueltas, teniendo ala 
derecha la estación do San Asensio on el f. c. de 
Bilbao, el río Najerilla, el pueiito del Ciego, ol 
puente colgado de la Puebla, ol arroyo do la 
boca do Fnenmayor, el pueblo del Cortijo y la 
ciudad de Logroño con puente; á la izquierda 
San Vicente y algunos arroyos muy escasos de 
agua y muy cortos por la proximidad do la cor- 
dillera do Cantabria en que nacen; continuación 
del espacioso valle llamado la Rioja, río Fregua, 
río Leza, Arrugal y Alcanadro a la derecha: 
confines do Logroño con Navarra; puente de Lo 
dosa; río Cidacos y río Albania á la derecha; rí^ 
Ega y rio Aragón á la izquierda; puente del fe- 
rrocarril do Zarajjoza a Alsasua en Castejón á la 
derecha y prov. de Navarra; presa y puente di 
Tudela, ciudad que queda á la derecha; arroyo 
Mcdiavilla y río Queiles á la derecha también: 
presas del Canal de Tauste y del Canal Imperial 
do Aragón; Buñuel á la derecha; prov. do Zara- 
goza, Novillos, rio Huecha y Gallur lí la dore 
cha; río Arba y Pradilla á la izquierda; Alcahí 
de Ebro, Cabanas y río Jalón á la derecha; des- 
agüe del Canal de Tauste á la izquierda; puonti 
de hierro del f. c. de Zaragoza á Madrid, ¡nientr 
do piedra; c. de Zaragoza y rio Huerva á la de 
recha (kms. 6-45 á 5-18); rio Gallego á la izquier- 
da; desagüe del Canal Imperial, el Burgo, (,!uinto, 
laZaida, río Aguas, isla de Alforque, Cinco Oli- 
vas, isla do Alborge, Sástago, donde ol rioempie 
za á formar grandes curvas, Escatron y río Martin 
á la derecha; Osera, Agnilar, Pina, Alforque. 
Albergo á la izquierda; Cliiprana, Caspe, ri' 
Guadalope á la derecha; los Arcos á la izquierda ; 
Mcquineuza y rio Segro á la izquierda también 
confines con la prov. de Lérida; Fallón y rí'^ 
Matarraña á la derecha (km. 795); provincia 
de Tarragona; Ribarroya, isla do Mauricio, Flix, 
Aseó y Alora do Ebro á la derecha ; Fuente 
Chuana, García, río Ciuraua y Mora la Nucv:i 
ala izquierda; isla de Mora, Benisanet, Mirabete, 
Cherta y Roquetas á la derecha; Bcnifallet, Ti- 
bens y Tortosa á la izquierda; puente de hierro 
del f. c. do Valencia á Tarragona (km. 884); 
imento del barranco del Encanto; Amposta á la 
derecha; isla de Graci:i, isla do Buda, faro de 
Buda yMar Mediterráneo. 

La desembocadura del Ebro niercce párrafo 
aparte. En la c. do San Carlos do la Rápita co- 
mienzan por el S. los Alfaques do Tortosa, ó sea 
del Ebro, terreno bajo, anegadizo, nial.sano y 
expuesto á calenturas, cubierto en gran parte de 
juncales, pantanos, estanques ó albuferas, y cor- 
tado por esteros y canalizos que forman multitud 
de islas sumamente rasas. Dicho delta, en figura 
do arpóü irregular, abarca una extensión de 
quince millas do O. á E. , con un ancho próxi- 
mamente de doce millas entre la Ampolla al N. y 
San Carlos al S. Debo su existencia é incesant'- 
aumento á los continuos acarreos del río que, 
rechazados por impetuosos levantes y leveches, 
forman respectivamente al S. O. y N. O. islas y 
bancos quo, uniéndose á la costa, constituyen 
primero i)uertos y más adelante estanques y al- 
Iniferos. Con todo, el terreno que boy forma 1 1 
delta aún no existía on los días en que luchaban 



EBRO 

en España cartagineses y romanos. De las inme- 
diaciones de San Carlos arranca un canal que ter- 
mina en Anijiosta, construido con objeto do en- 
trar en el Ebro por el puerto de los Alfaques, 
«vitando asi las contingencias de efectuarlo por 
las golas; pero este canal tiene menos de medio 
metro de agua, que se utiliza para el riego de las 
tierras inmediatas. El puerto mejor y más capaz 
de los dos que existen en el delta es el puerto 
de los Alfaques (V. Alf.\ques). Más al N., y 
hacia fuera de la lengua de tierra y península 
que cierran por el E. el citado puerto, se ven 
unos llanos bajísimos en que se forman la lagu- 
na de Platxola y otras, y ,se llega luego á la gola 
meridional del Ebro que, con la sejitentrional, 
más al N. E. , comprende la isla Buda. La gola 
meridional rara vez tiene más de un metro de 
agua en su barra, por lo cual sólo admite em- 
barcaciones pequeñas, mientras que la del N. , 
aunque más hnndable, varía de profundidad con 
las avenidas del Ebro. Ambas barras son muda- 
bles y muy peligiosas. La del N. , principal des- 
embocadura del Ebro, es el conjunto de golas ó 
canales subalternos, formados entre una multi- 
tud de bajos que, ocupando un semicírculo de 
ocho cables de radio, varían y cambian ince- 
santemente merced á la acción combinada de 
la mayor ó menor corriente del río con la fuerza 
y dirección de la marejada. Sólo con mar llena y 
no habiendo riada, se puede pasar la barra de la 
gola del N. por una ó más de las golas subalter- 
nas, cuya profundidad no excede de 1 ,4 m. , y 
que el práctico valiza diariamente con estacas; 
pero aún así, los faluchos construidos á propó- 
sito para esta navegación tocan en el fondo, y 
a veces se ven obligados en invierno á esperar 
un mesen el puerto del Fangal, que es el del N. 
del delta, para poder entrar. 

El vértice y extremidad más saliente y orien- 
tal de la isla Buda es el Cabo Tortosa,que 
de año en año va avanzando más hacia el E. 
con relación á la torre del faro que en él hay. 
A una milla de éste se encuentra en la orilla 
septentrional del río el pueblo ó caserío de las 
Barracas , donde residen los prácticos y don- 
de hay una lancha de auxilio y mucha gente 
pescadora. El tramo del Ebro comprendido en- 
tre las Golas y Amposta presenta márgenes de 
risueño aspecto cubiertas de arrozales, arboledas 
y caseríos; está encajado en un tortuoso, y aun 
en sitios, angulo.so cauce de una á dos millas de 
ancho, entre riberas acantiladas unas veces y 
aplaceradas otras, según sean ó hayan sido las 
avenidas. Estas producen una corriente que 
suele adquirir la velocidad de sois á siete millas 
por hora, abriéndose a.sí paso luego entre las 
aguas del mar, manteniéndose dulce á bastante 
distancia entre ellas y tiñéndolas de rojo en 
gran trecho con los limos qiie a)-rastia, los cua- 
les, al depositarse, forman el ])lacer que se nota 
en las inmediaciones de los Alfaques, especial- 
mente entre las golas, en el cual predomina el 
fango suelto. Conviene tener en cuenta que la 
impetuosidad délas avenidas hace variar mucho 
el cauce del río. No hace muchos años desembo- 
caba por golas que ya no existen ; cerca de 
Tortosa estaba la isla Alberui, y eran norias, 
casas, etc., los que hoy son bajos ó escollos. Al 
N. de la gola septentrional so hallan la punta, 
faro y puerto de! Fangal ó Fangar (Véase), y el 
Golfo de la Ampolla. 

El curso total del río es de 927,905 kms. 

A continuación se da noticia de todos los 
nos de la cuenca del Ebro, según los itinerarios 
publicados por la Direción General de Obras 
Públicas en 1882. 

Itío Hijar, afluente del Ebro por la derecha, 
28,695 kms. decurso; Trisuerra, afl. del Híjar 
por la izquierda, 6,197 km.s. ; Reoyo, afluente 
ncl Trisuerra por la izquierda, 3,350 kilómetros; 
Crucco, afluente del Híjar por la izquierda, 
8,396 kms. 

Río Izarilla, afluente del Ebro por la dere- 
cha, 18,702 kms. ; Marlantes, afl. del Izarilla por 
la derecha, 5,íir>9 kms. 

Río Virga, alluente del Ebro por la izquierda, 
20,435 kms. 

Río llutl.rán, afluente del Ebro por la derecha, 
44 ,908 kms. 

Río Oi:a , afluente del Ebro por la derecha, 
79,798 kms. ; Villaescusa la Sombría, afluente 
del Oca ¡lor la izquierda, 18,911 kms. ; Santa 
Ca,silda, afl. del Oca por la izquierda, 17,485 
kilómetros; llino, afluente del Oca por la iz- 
quierda, 14,421 kms. 



EBRO 

Río NrAa, afluente del Ebro por la izquierda, 
74,528 kms. 

Rio Gerta, afluente del Ebro por la izquierda, 
43,615 kms. 

Río Omccillo, afluente del Ebro por la izquier- 
da, 29,053 kms. 

Río Oroncillo, afluente del Ebro por la dere- 
cha, 24,529 kms. 

Río Bayas, afluente del Ebro por la izquierda, 
61,757 kms. 

Río Zadorra, afluente del Ebro por la izquier- 
da, 95,291 kms, ; Ayuda, afl. del Zadorra por la 
izquierda, 47,556 kms. 

Rio Inglares, afluente del Ebro por la izquier- 
da, 29,821 kms. 

Río Tirón, afluente del Ebro por la derecha, 
64,954 kms. ; Tirador, afluente del Tirón por la 
izquierda, 13,297 kms.; Retorto, afluente del 
Tirón por la izquierda, 16,185 km.s. ; San Gar- 
cía, afluente del Tirón por la izquierda, 32,731 
kilómetros; Recuezo, afluente del Tirón por la 
derecha, 12,652 kms.; Relandrigo, afluente del 
Tirón por la derecha, 23,442 kms. ; Glera, afluen- 
te del Tirón por la derecha, 47 051 kms. 

Río Najerilla, afluente del Ebro por la dere- 
cha, 99,739 kms. ; Frío de Ncila, afluente del 
Najerilla por la derecha, 3,510 km.s,; Canales, 
afluente del Najerilla por la izquierda, 7 285 
kms,; Mansilla, afluente del Najerilla jior la iz- 
quierda, 5,356 kms, ; Urbión, afluente del Na- 
jerilla por la derecha, 13, 122 kms, ;Calamantio, 
afluente del Najerilla por la izquierda, 6,102 
kilómetros; Frío de Urbión, afluente del Naje- 
rilla por la derecha, 25,482 kms. ;Brieva, afluen- 
te del Najerilla por la derecha, 10,095 kilóme- 
tros; Valmanera, afluente del Najerilla por la 
izquierda, 7,267 kms, ; Tobía, afluente del Na- 
jerilla por la izquierda, 15,741 kms, ; Cárdenas, 
afluente del Najerilla jior la izquierda, 24,018 
kilómetros. 

Río Daroca, afluente del Ebro por la dere- 
cha, 21,051 kms. 

Rio Ircijna, afluente del Ebro por la derecha, 
62,477 kms.; Lumbreras, afluente del Fregua 
por la derecha, 10,723 kms.; Albercos, afluente 
del Fregua por la izquierda, 10, 136 kms. 

Río Lr.-a, afluente del Ebro por la derecha, 
44,790 kms. ; Ajaniil, afluente del Leza por la 
derecha, 9,876 kms. ; Badillo, afluente del Leza 
por la derecha, 4,924 kms. ; Santa María, afinen- 
tedel Leza por la izqiiierda, 4,162kms. ; Jube- 
ra, afluente del Leza por la derecha, 37,006 ki- 
lómetros. 

Río Odrún, afluente del Ebro ])or la izquier- 
da, 40,074 kms. ; Aguilar, afluente del Odrón 
por la derecha, 20,963 kms. 

Río Eija, afluente del Ebro por la izquierda, 
123,741 kms, ;Urederra, afluente del Ega por la 
izquierda, 20,847 km.s. 

Río Cidacos, afluente del Ebro por la derecha, 
83 898 kms. 

Río Aragón, afluente del Ebro por la izquier- 
da, 191,813 kms. ; Gas, afluente del Aragón por la 
izijuicrda, 20,184 kms. ; Estarrun, afluente del 
Aragón por la derecha, 23,974 kms. ; Javierre, 
afluente del Aragón por la derecha, 49,518 kiló- 
metros; Verol, ajiucntc del Aragón por la dere- 
cha, 42,597 kms. ; Esca, afluente del Aragón por 
la derecha, 42,460 kms. ; Irati, afluente del Ara- 
gón por la derecha, 88,335 kms.; Arraio.sín, 
afluente del Irati por la derecha, 26,719 kms,; 
Erro, afluente del Irati por la derecha, 44,500 
kilómetros; Salazar, afluente del Irati por la 
izquierda, 61,746 kms, ; Zatoya, afluente del 
Salazar por la derecha, 13,697 kms.; OrvicUa, 
afluente del Aragón por la izquierda, 50,942 ki- 
lómetros; Cidacos, afluente del Aragón por la 
derecha, 61,760 kms. ; Arga, afluente del Aragón 
por la derecha, 151,510 kms. ; üizama, afluente 
del Arga por la izquierda, 31,937 kms. ; Veíate, 
afluente del Ulzania por la izquierda, 17,645 ki- 
lómetros; Mediano, afluente del Ulzama por la 
izquierda, 17, 320kms, ;HuartcAraquil, afluente 
del Arga por bi derecha, 84,666 kms. ; Larrann, 
afluente del llnarte-Araquil por la izquierda, 
20,101 kms. ; Salado, afluente del Arga por la 
derecha, 29,242 kms. 

Río jílhama, afluente del Ebro por la dere- 
cha, 84,416 kms. ; Linares, afluente del Albania 
por la izquierda, 51,817 kms. 

Rio Qíwi'fcs, afluente del Ebro por la derecha. 
44,828 kms, 

Río Huecha, afluente del Ebro por la derecha, 
45,886 kms, ; Bordolcras, afluente del Huecha 
por la izquierda, 7,589 kms. 



EBRO 



11 



Río Arba, afluente del Ebro por la izquierda, 
124,517 kms. ;ArbadeLuesia, afluente del Arba 
por la derecha, 63,356 kms, ; Riguel, afluente 
del Arba por la derecha, 66,538 kms. 

Río Julón, afluente del Ebro por la derecha, 
234,018 kms,; Ambrona, afluente del .lalón por 
la izquierda, 11,481 kms,; Blanco, afluente del 
Jalón por la derecha, 15,713 kms,; Vadilla, 
afluente del Jalón por la derecha, 14,375 kms.; 
Najima, afluente del Jalón por la izquierda, 
34,096 kms, ; Deza ó Henar, afluente del Jalón 
por la izquierda, 33,098 kms,; Piedra, afluente 
del Jalón por la derecha, 32,582 km.s.; Ortiz, 
afluente del Piedra por la derecha, 16,780 kms. ; 
Mesa, afluente del Piedra por la izquierda, 
63,279 kms.; Manubles, alluente del Jalón por 
la izquierda, 69,011 kms,; Giloca, afluente del 
Jalón ¡lor la derecha, 127,380 kms,; Pancrudo, 
afluente del Giloca por la derecha, 46,156 km.s, ; 
Perejil, afluente del Jalón por la derecha, 
20,187 kms. ;Ribota, afluente del Jalón por la 
izquierda, 38,129 kms.; Aranda, afluente del 
Jalón por la izquierda, 46,957 kms.; Isuola, 
afluente del Aranda por la izquierda, 42,311 ki- 
lómetros; Grio, afluente del Jalón por la dere- 
clm, 41,281 kms. 

Río Ihwrva, afluente del Ebro por la derecha, 
143,398 kms. 

Río Gallego, afluente del Ebro por la derecha, 
215,208 kms. ; Asabón, afluente del Gallego por 
la derecha, 19,575 kms. ;Sotón, afluente del Ga- 
llego por la izquierda, 54,055 kms. 

Río Aguas, afluente del Ebro por la derecha, 
104,440 kms. ; Marínela, afluente del Aguas por 
la izquierda, 13,220 kms. ; Noguetas, afluente 
del Aguas por la izquierda, 31,753 kms.; Al- 
monacid, afluente del Aguas por la izquierda, 
34,649 kms. ; Cámaros, afluente del Al monacid 
por la derecha, 21,179 kms. 

Río tlartín, alluente del Ebro por la derecha, 
116,404 kms.; Segura, afluente del Martín por 
la izquierda, 11,803 kms.; Las Parras, afluente 
del Martín por la izquierda, 17,093 kms. ; Pa- 
lomar, afluente del Martín por la izquierda, 
7,889 kms.; Seco, afluente del Martín por la 
derecha, 24,701 kms.; Gargallo, afluente del 
Martín por la derecha, 36,911 kms. ; Cañizar, 
afluente del Gargallo por la izquierda, 17,655 ki- 
lómetros. 

Río Guadalupe, afluente del Ebro por la dere- 
cha, 194,126 kms. ; Val de Jarque, afluente del 
Guadalope ¡Mr la izquierda, 19,211 kms. ; Pitar- 
que, afluente del Guadalope por la derecha, 
43,549 kms. ; Villarlncngo, afluente del Pitaque 
por la derecha, 20,092 kms. ¡Tronchón, afluente 
del Guadalope por la derecha, 29, 097 kms. ; Can- 
tavieja, afluente del Guadalope por la derecha, 
72,725 kms. ; Sellumbrcs, afluente del Cantavie- 
ja por la derecha, 64, 500 kms. ; Morella, afluente 
del Cantavieja por la derecha, 22,585 kms. ; Gua- 
dalopillo, afluente del Guadalope por la izquier- 
da, 45,402 km.s. ; Mezquín, afluente del Guada- 
lope por la deieeha, 21 856 kms. 

Río Hegre, afluente del Ebro ¡lor la izquierda, 
257,409 kms.; Balira, afluente del Segre por la 
derecha, 12,553 kms. ; Noguera Pallarcsa, afluen- 
te del Segre jior la derecha, 146,578 kms.; No- 
guera Val-Cardós, afluente del Noguera Pallaro- 
resa por la izquierda, 19,491 kms. ; Capdella, 
afluente del Noguera Pallaresa por la derecha, 
30,218 kms. ; Noguera Ribagorzana, afluente del 
Segre ))or la derecha, 129,777 kms. ; Noguera de 
Tor, afluente del Noguera Ribagorzana por la 
izquierda, 25,111 kms. ; Benabarre, afluente del 
Ribagorzana por la derecha, 20,638 kms. ; Cinca, 
afluente del Segre por la derecha, 181,652 km.s. ; 
Cinqueta, afluente del Cinca por la izquierda, 
21,215 kms. ; Bellos, afluente del Cinca por la 
derecha, 28,731 kms. ; Ara, afluente del Cinca 
por la derecha, 65,483 kms. ; Esera, afluente del 
Cinca por la izquierda, 99,830 kms.; Ivábena, 
afluente del Esera por la iz(iuierda, 58,905 kms. ; 
Vero, afluente del Cinca por la derecha, 40,222 
kms, ; Alcanadre, afluente del Cinca )ior la de- 
recha, 142,344 kms,; Guatizalema, afluente del 
Alcaradre ]ior la derecha, 67,556 kms, ; Klumcn, 
afluente del Alcanadre i>or la derecha, 120,120 
kilómetros; Isuela, afluente del Flumen por la 
derecha, 42,906 kms, 

Río Maiarraña , afluente del Ebro por la de- 
recha, 97,474 kms. ; Algas, afluente del Matarra- 
fia por la derecha, 74,900 kms. 

Río Ciurana, afluente del Ebro por la izquier- 
da, 53,741 kms.; Montsant, afluente del Ciu- 
rana por la derecha, 65,781 kms. 



1-2 



EBKC 



Los ríos de la cueiiea del Eluo son, pues, los 
sigiiiciiius, por orduii aUuliiítiio y cla.sitioados 
on alluciitfS do 1.°, 2.", 3.°, d.' y 5." oiJuii: 

Ve primer onlai 



Afilias 


Izaiilla 


Alluinia 


.lalúli 


Ara^úii 


Lezo 


Ail>a 


Alartíu 


üayas 


Matarrañu 


Ciiiacos 


Najerilla 


Ciiiraiia 


Nclo 


Dai'oca 


Oca 


E^a 


Odrúii 


Gallego 


Oniecillo 


Gerta 


Oroncilln 


Guadalopí' 


Queiles 


Híjar 


Rndróu 


Hucclia 


Segru 


Huciva 


Tirón 


Inglarcs 


Virga 


Iregiia 


Zadona 




De segundo orden 


Aí;iiilar 


Manuldcs 


Ajairiil 


Marineto 


Alltai'fos 


JleZíjuín 


Al^'ás 


Mino 


Ahiiouaeid 


Mousant 


Ainlti'ona 


Moríanles 


Aratula 


Kájiína 


Ailia (le Luesio 


Kogueía I'allaresa 


Alga 


Noguera Ribagorzana 


Asalxiii 


Nogncta 


Ayuda 


Onsclla 


¡ladillo 


Palomar 


Haliía 


Parras 


ISlanco 


Perejil 


Hdiclülcras 


l'iedVa 


15 lleva 


l'¡tarc|>ie 


Calaiiiaiitio 


Keenezo 


Canales 


Kelanehigo 


Cantavieja 


Retinto 


Cái'denas 


Ri Ilota 


Cinca 


Riiincl 


Ciueeo 


San (¡areía 


Deza 


Santa Casilda 


Esca 


Santa María 


Es tarraza 


Seco 


Frío de Neila 


Seguro 


Frío cío Urbióu 


Sotón 


Gar"allo 


Tirador 


Gas 


Tobía 


Giloca 


Trisuena 


Glova 


Tronchón 


Crío 


Urbión 


Gnadalo|iillu 


U red erra 


Ira ti 


VadiUo 


Javierre 


Val de Jarque 


Julicra 


Valmanero 


Linares 


Vcral 


Lninbicras 


Villanueva la Sombría 


Mansilla 


Zidacos 




De tercer urdci. 


Alcanadre 


Mesa 


Aro 


Mol ella 


Arraiüsin 


Xogiieía de Tort 


liellos 


Noguera Val Canlús 


IJeníiliairc 


Ortiz 


C'ánianis 


Panerudo 


Cañizar 


Salado 


Capdella 


Salazar 


Ciuqueta 


Sellumbres 


Erro 


Ulzama 


Esuro 


Vero 


líuarto Araijui 


Villarluengo. 


Isucla 






De nmrlo orden 


Fliunen 


Mediano 


Guatizalema 


Veíate 


Lsaliena 


Zatoya 


Lariaun 






De quinto orden 


Isiiela (afl. del Flnnien). 



Desde su nacimiento hasta la desembocadura 
en el Mediterráneo, por Amiiosta.ú, mejor dicho, 
por los diferentes desagües que en el extenso 



EURO 

delta del mismo rio se han ido formando, su 
dirección es la de Noroeste á Sudeste, la misma 
ijue tiene el grujió ibérico, salvo las inilnitas 
ondulaciones que le obligan á hacer las estriba- 
ciones y contrafuertes de las siei'ras que le en- 
carcelan y que no alteran la orientaeión general 
indicada. Este río, emporio de licineza de las 
comarcas que atraviesa, ha sido dividido por el 
ingeniero (le caminos señor Mesa, para su estudio 
on tres regiones, alta, media y baja, ó cuencas 
superior, media é inferior, coiii]ii'endjendo en 
la primera desde su origen hasta Miranda de 
Ebio;en la segunda desde Miranda á Zaragoza, 
y en la tercera, desde Zaragoza hasta el mar. 
En la )ir¡mera porción de su cuenca corre el rio 
por entre angostos valles y profundas corta- 
duras, con bastante pendiente, y es su candal 
api'ü.\imado, según los aforos practicados por el 
citado ingeniero en jnlio de lüii'.i, de 1 287 me- 
tros cúbicos por segundo en Fontibre; 1 SOS 
en Reinosa; 5 010 en Uárcena, y 20 260 en Mi- 
randa. Pasado el Estrecho de He.santes, ya en el 
límite de Burgos con Álava, el valle del río se 
ensancha, cortando en lasConehas de llaro, como 
se ha dicho, á los montes Obarenes, y conti- 
nuando en su región media ¡lor terreno abierto 
y franco, hasta que pasa por la cap. de la Rio. ja. 
A medida que se baja, el valle del río va pre- 
sentándose más anchuroso y dilatado, y en más 
fácih s condiciones de aprovechamiento las aguas 
que |>or él di.scurren, así como las de sus afluen- 
tes, Ega, Aragón y otros, que los moradores 
ribereños sangran |iara el riego de sus terrenos, 
y mas abajo, pasada una angostura próxima li 
Tudela, parten del Ebro los ya citados canales 
Imperial y de Tauste, de navegación y riego el 
primero, que se extiende hasta Zaragoza, y más 
pequeño el segundo, que sólo sirve para i-cgar 
una parte de la orilla izquierda. Eu la región 
media la pendiente del río es de 0,008 metros. 
y s\i caudal durante el estiaje de 1 863 de 31 166 
metros cúbicos por segumio en Logroño ; de 
45 230 en Tudela, y de 28 315 en Zaragoza. Desde 
esta c. á Mequinenza sigue despejado el valle 
del río, ])ero, pasada esta población, los bordes 
de las mesetas que se extienden á una y otra 
orilla se acercan cada vez más á su cauce, el 
cual aumenta su profundidad ]iara salvar la 
distancia hasta la costa. La pendiente inedia 
del río, eu esta tercera región, apenas pasa de 
0,0000 metros, en tanto que su caudal asciende 
á 41 096 metros cúbicos por segundo en Mequi- 
nenza, autesde laconlliiencia (leí Segre, y, (Ics- 
pués de ella, á 135 694, según datos que se ha- 
llan en la obra del señor Vera, titulada Lluvias 
i inundaaoncs en Es/iaña. 

Precisando algo más el rumbo, diremos con 
el señor Uotella (j4¡ninlcí ruhuijeuyráficos ) que 
desde su nacimiento, junto á Reinosa, hasta que 
viniendo á chocar contra los montes Laletauos 
entra eu la ijuiebra (|ue ha de llevar sus aguas 
al Mcditcrr.ineo, corre en dirección sensible- 
mente al O. 29' N., y marcha luego al S. 7» O., 
I'ara tomar en su último trayecto, hasta los 
Alfaijues, el rumbo de E. .6» O. Desde Fontibre 
hasta su desembocadura marca los rumbos si- 
guientes: 

S. ir E., E. 6° S., E. 42° S., E. 10° S., 
E. 34° S., S. 9° O., E. 36° S., E. 44" S., 
E. 10°30' S., E. 40° N., S. 28° E., E. 1° S., 
S. 41° E., S. 40° O. , S. 5° E. , E. 6° S 

Estos dieciséis airumbamientos dan la direc- 
ción O. 40°50'37,"50 N. á E. 40°50'37,"50 S. 

Dícese que en otros tiempos el rio era navega- 
ble hasta la c. de Logroño; hoy con aguas altas 
puede navegarse aguas abajo de Gallur, en la 
prov. de Zaragoza, y desde esta c. es navegable 
casi siempre por barcos pequeños, á no ser en 
las temporadas de excesiva sequía; embarcacio- 
nes mayores remontan la corriente hasta Esca- 
trón. Los brazos del delta ofrecen multitud de 
inconvenientes para la nave.gacióu; asi es que 
sólo los faluchos planudos de Tortosa y otras 
liequeñas embarcaciones latinas son las que, or- 
dinariaitiente, salvando todos los tropiezos, con- 
sigueu llegar á la verdadera tierra firme; desde 
Tortosa remontan el rio hasta Zaragoza sortean- 
do las presas que hay antes de esta ciudad. De 
los 928 kins. que el río tiene, son navegables 
por .su cauce, ó por canales laterales, hasta Tude- 
la, 493. 

La cuenca del rio está limitada al N. por los 
PiriuecM centrales y occidentales; al E. por la 
sierra de Prades, que la separa del campo de 
Tarragona, y que se enlaza hacia el Montblaeh 



ERRO 

con las ([ue arrancan de los Pirineos en el Coll 
de Mayáns y Vermadell, á la derecha de Puig- 
cerdá;alSur por la costa mcditeriánca y por 
las sierras de Ulldecona, puertos Je IJeceitc y 
sierras de Moiella y Cantavieja, hasta la de 
Ciiidar, desde la que puede considerarse qne co- 
mienza el límite occidental de la cuenca, deter- 
minado por el grupo ibérico. Comprende aquélla 
una extensión aproximada de 83 500 kms.-, casi 
la .sexta parte del suelo de España, constituidos 
por parte do las prov. de Santander, Burgos, 
Soria, Teruel, Tarragona y Castellón de la Pla- 
na, y por latotalidail de Álava, Logroño, Nava- 
rra, Huesca, Lérida y Zaragoza. La superficie 
del territorio de cada una de las citadas provin- 
cias quo corresponden á la cuenca del Ebro es la 
siguiente: 



Provincias 

Santander. 
Burgos. . 
.\lava. 
Logroño.. 
Soria.. 
Navarra.. 
Huesca. . 
Zaragoza. 
Lérida. . 
Tarragona. 
Teruel. . 
Castellón. 



iCms. cuads. 


882 


4 577 


3121 


5 037 


2 907 


9 059 


12 224 


17112 


15 365 


3 240 


9 327 


672 



En cuanto á la constitución geológica de los 
terrenos (¿ue atraviesa, nace el Ebro en el trías 
acorta distancia del carbonífero de Peña Lalua, 
y atraviesa repetidas veces en la primera parte 
de su trayecto los diversos mieiubios de los te- 
rrenos secundarios, sin más interrupción qne la 
que le ofrecen las jicqneñas cuencas miocenas 
de Villarcayo y de Miranda, entrando en Uaro 
en el gran valle terciario que sigue sin dis- 
continuidad hasta la quiebra que romjie las 
formaciones triásica y jurásica de los montes 
Ilercaones, y venir á morir en el Mediterráneo, 
depositando á su paso la enorme masa de detri- 
tos roqueños que arrastran sus aguas. Este es 
el único de nuestros grandes ríos cuyo cauce 
marcha hacia-el E. ; su dirección media hubo de 
señalarse entre el di pósito del plioceno inferior 
y el depósito del plioceno superior, aprovechando 
para el desagüe de la cuenca la grieta preexis- 
tente en los montes Ilercaones. El arranque de 
algunos de sus tributarios se aproxima de tal 
manera al Océano Cantábrico, que la imaginación 
salva con facilidad el estrecho valladar que los 
separa, reconstituyendo la libre comunicación 
que antes del levantamiento de los terrenos cre- 
táceos debió existir eu el Mediterráneo, y que 
reiiroducía, en la parte septentrional de nuestra 
península, el enlace que existía asimismo al 
Mediodía entre ambos mares por el valle del 
Guadalquivir. 

Créese que dieron nombre al río que nos ocupa 
los ibero.s. Tal suposición es verosímil, admi- 
tiendo que fueran estas trihusjaféticas oriundas 
de la parte de Asia en que corre el río Kur, 
antes llamado Ibero. Al llegar á España dieron 
á montes, ríos y ciudades nombres de las ciuda- 
des, ríos y montes (jue eu su |)atria tenían, y el 
de Ibero ó Ebro al primer río importante que en 
la península hallaron. Todos los geogi'afos anti- 
guos citan el Ebro como uno de los principales 
ríos de España, y Pliuio lo califica de fuente de 
riíjueza por su comercio y navegación. En los 
primeros años de, la dominación romana sirvió 
el río de línea divisoria entre la España Citerior 
y la Ulterior hasta que, mejor conocida la pe- 
nínsula, se llevó la frontera más al S. , á fin de 
igualar aproximadamente el territorio de ambas 
provincias. 

Geografía militar. - Este río tiene gran im- 
portancia como línea defensiva, como barrera ó 
foso que detiene al invasor cuando éste ha ven- 
cido todos los obstáculos que hay al N., hacia 
la frontera francesa, ó sea en la zona pirenaica. 
Por su caudal de aguas, su anchura, su difícil 
paso á poco que se vigile, su fácil defensa y su 
dirección paralela á la frontera, es un obstáculo 
que puede hacerse insuperable y que cubre la 
capital y las provincias más ricas de España. 

En la primera parte de su curso, en las pro- 
vincias de Santander y Burgos, el Ebro no pre- 
senta grandes dificultades para su paso. Pero 
con la defensa de esta parte del Ebro se liga la 



EBRO 

importantísima plaza de San toña, situada sobre 
el flanco derecho del invasor que avance por las 
Vascongadas, protegida al E. por las rías de 
Asón y Oiñón, y los moutes que las separan, al 
S. por las peñas de Ubal y Mullir, y al O. por 
los montes de Cabuerga y Santoña. Bien guar- 
nicida, es seguro que el enemigo no habría de 
aventurai-sc por las escabrosas regiones de la 
cuenca superior del Ebro; la guarnición de San- 
toña amenazaría la linea de marcha del enemigo 
por Balmascda y Orduña y por el puerto de los 
Tornos , ó podría cortar su retirada por Du- 
rango y Bilbao. 

Desde Puentelarrá, en Álava, Burgos y Lo- 
■Toño, la anchura y el caudal del río aumentan, 
y tiene más importancia como línea de defensa, 
ya por la necesidad de material para verificar 
el paso del río, ya por la ventaja que da al de- 
fensor un foso tan respetable. Hay, sin em- 
bargo, numerosos vados que pueden aprove- 
charse. En la primera parte de esta sección del 
Ebro se halla la plaza de Miranda que, por su 
posición sobre el río, donde existen puentes para 
la carretcrra y f. c. del líorte y el de Zaratjoza 
á Bilbao, con carreteras además á este último 
punto y á la Rioja, á dos leguas del desfiladero 
de Paucorbo, que no puede atacarse impune- 
mente sin haberse apoderado de ella, tiene una 
importancia estratégica de primer orden. La 
estación, que se halla situada á unos 300 metros 
sobre la orilla izquierda, al pie de la loma de 
los Portillos, en el llano de Andaba, es común á 
las dos líneas de Zaragoza á Bilbao y del íCorte, 
y tiene almacenes y depósito de material, pu- 
diendo alojarse una brigada en sus edificios. 
Presenta el grave inconveniente de hallarse 
colocada á la izquierda del Ebro, lo que obliga- 
ría á abandonarla con las importantes vías que 
en ella se reúnen tan pronto como el invasor 
forzase el desfiladero de las Conchas de Argan- 
zón y hubiera que concentrar la defensa á reta- 
guardia del Ebro, no existiendo ya hasta Valla- 
dolid ninguna otra estación de depósito de ma- 
terial de línea. La construeeióu de un gran 
campo atrincherado en Miranda, que pusiera á 
cubierto la estación, evitaría estos inconvenien- 
tes, permitiendo una tenaz resistencia en dicho 
punto, de tanto interés estratégico. 

La plaza de Logroño queda cubierta por la 
posición de Estella y sierras de Urbasa y Andía, 
así como por la de Cantabria, y aun también por 
la plaza de Pamploua;por otra parte, son mejo- 
res caminos para dirigirse hacia Madrid ó hacia 
Zaragoza los de Miranda y Tndela, por lo que 
es de suponer que el enemigo caiga soljre estas 
viltimas plazas con preferencia á la de Logroño. 
Tudela se halla en el paso de todas las vías 
que desde los Pirineos occidentales se dirigen á 
Zaragoza; por esto ha sido importantísimo obje- 
tivo de operaciones )' teatro de varios combates. 
Los ataques á Zaragoza han sido dirigidos casi 
siempre desde Tudela, y así lo efectuó en ¡a 
guerra de la ludependencia el general francés 
Lannes, el cual, apoderándose de Tudela, tuvo 
que recomponer el puente y después marchar 
hacia la capital del reino de Aragón, teniendo 
de esta manera asegurada la retirada hacia Na- 
varra. 

Hoy el ferrocarril cruza el Ebro en Gaste jón 
por un magnífico -puente; por esto, si antes Tu- 
dela se consideraba como la llave de Zaragoza, 
ahora se puede decir que lo es Castejón, que ha 
venido á quitarle parte de su interés, compar- 
tiéndolo, y es el punto estratégico principal del 
Ebro en esta parte, por su situación y por la im- 
portancia de las comunicaciones que en él se 
reúnen, teniendo además condiciones defensivas 
muy superiores á Tudela, situada en un hondo 
y en malas condiciones de resistencia. Colocada 
en el centro y á muy corta distancia de Tudela 
y Rincón de Soto, las fuerzas concentradas en 
Castejón pueden acudir inmediatamente para 
impedir el paso por cualquiera de estos puntos. 
Igual acción eficaz é inmediata ejerce, por su po- 
sición también central y próxima sobre los 
puentes de Caparroso y Marcilla, en la línea de 
Aragón , y sobre el de Milagro cerca de su con- 
fluencia con el Ebro, y por donde el invasor, una 
vez forzado el Arga, pudiera cortar dicha línea. 
Además, para las operaciones á mayor distancia, 
como empalme do los ferrocarriles de Alsasua y 
Miranda, y por su posición intermedia entre 
Pamplona, Miranda y Zaragoza, puede servirde 
eje para obrar con rapidez sobre cualquiera de 
estos puntos, pudiéndose también reunir en su 



EBRO 

estación, que ha sido cabeza de linea y de de- 
pósito, el material móvil necesario al efecto. 
Todas estas ventajas reunidas dan á Castejón una 
importancia estratégica de primer orden, que 
aumentará aún si se construye el f. c. á Soria, y 
aconsejan, como en Miranda, la construcción de 
un campo atrincherado, aunque fnese con obras 
de fortificación pasajera. 

Entre Tudela y Zaragoza el Ebro ofrece, como 
indica el señor Gómez de Arteche en su Geogra- 
fía milüar, obstáculos muy poderosos para su 
paso, entre los qne no es el menor lo árido de 
la orilla izquierda y la falta de comunicaciones 
en ella; pero si á esto se agrega las mismas con- 
diciones del río, de suyo impetuoso en aquella 
parte, aunque frecuentemente obstruido por is- 
las, y la de hallarse construido el llamado Canal 
Imperial desde legua y media de Tudela agua 
abajo, y que pasando por Mallen y Gallur llega 
á Zaragoza por la orilla derecha, asi como por 
la izquierda el de Tauste, que tiene su origen 
frente al Imperial, esto es, un esi)acio de 94 ki- 
lómetros, cuando el Ebro recorre 113, y aquél 
en otro de 44, comprenderemos las inmensas di- 
ficultades que habría de vencer quien entre am- 
bas ciudades hubiese de pasar tan caudaloso río 
y tan anchurosos fosos. 

El ferrocarril de Zaragoza a Miranda, en el 
trozo de Zaragoza á Castejón, presenta trazado 
muy conveniente para la defensa del Ebi'o, á 
distancia oportuna para no ser observado desde 
la orilla izquierda y para desembarcar fuerzas en 
un punto cualquiera y hacerlas avanzar ordena- 
das á fin de oponerse al paso; pero en el trayecto 
de Castejón á Miranda sigue la misma margen 
del Ebro por un valle estrecho y abrupto, obli- 
gando á grandes y repetidas curvas y cambios 
constantes de pendiente, lo que no sólo perjudica 
á la magnitud y velocidad de los trenes, sino 
que exige también grandes precauciones en éstos 
para que no sean hostilizados por el enemigo 
una vez posesionado de la orilla izquierda. Así, 
forzada la cabeza del ferrocarril en Miranda, este 
trayecto se halla envuelto sin combatir y, aunque 
el invasor tuviera que seguir paso á paso por la 
orilla derecha del Ebro para marchar sobre Zara- 
goza, nunca lo baria por el ferrocairil utilizán- 
dolo como camino ordinario, sino por la carre- 
tera que lo flanquea y envuelve, apoderándose 
antes, como es de presumir, del desfiladero de 
Pancorbo para asegurar su marcha. 

Zaragoza, el punto objetivo, el más interesante 
para un invasor que trato de obtener la supre- 
macía en el Ebro, puede considerarse como ba- 
luarte de la península en la línea de este río, 
centro de su defensa y base de todas las opera- 
ciones militares que á ella conduzcan. Por eso un 
enemigo invasor tratará de apoderarse de dicha 
plaza, pues sin la posesión de ella no puede in- 
ternarse en la península, so pena de quedar cor- 
tado por el camino que recorre la orilla derecha 
del Ebro. 

Es Zaragoza el verdadero centro de resistencia 
contra Francia, y debía converrirse en fuerte 
campo atrincherado. Se halla próximamente en 
la parte media del río y casi á igual distancia 
de las costas mediterránea y cantábrica; en ella 
confluyen las carreteras de Dancharinea, de Can- 
franc, de Bellegarde y de Madrid y Daroca, el 
Canal Imperial y el río Huerva por la derecha y 
el río Gallego por la izquierda; tiene el Ebro en 
las inmediaciones más de 500 m. de anchura: á 
la derecha y á unos seis kms. de la ciudad se 
alza una estribación de la sierra de Alcubierre, 
cuya cumbre está unos 30 kms. más ala derecha, 
y al pie de ella se extienden los Monegios, árido 
territorio por donde pasa la carretera de Francia, 
sin vegetación casi, sin árboles, sin más agua que 
la llovediza ;á la izquierda, entre el Arba, el 
Gallego y el Ebro, están los altos del Castellar, 
que terminan en los montes de Pedresa y Caste- 
jón, de fácil defensa, teniendo más al O., entre 
el Aragón, el Arba, el Ebrpy la sierra de la Peña, 
el territorio de las Bárdenas, páramos sin pueblos, 
cultivos y caminos, y desde los que se puede im- 
pedir el avance del enemigo sobre Tudela y Cas- 
tejón, para impedirle qne pase el Ebro por estos 
puntos. 

Si Zaragoza no tuviese nna importancia mili- 
tar do primer orden, universalmente reconocida, 
como objetivo, centro y llave de la defensa de 
los Pirineos por su posición geográfica y topo- 
gráfica sobre la parte central del Ebro y por ser 
nudo de las principales líneas de invasión, bas- 
tarían para dársela las importantes vías férreas 



EBRO 



13 



que se crnzan en ella y la ponen en comunicación 
rápida con los pasos principales del Pirineo y con 
el ferrocarril del Litoral de Levante, permitiendo 
que un ejército de reserva concentrado en la mis- 
ma pueda ejercer una influencia enérgica y eficaz 
en la defensa de ambas fronteras, y tal vez deci 
siva para el éxito de la campaña. 

En la región inferior del Ebro, si bien la ciudad 
de Mora tiene alguna importancia por verificarse 
en ella la unión de los caminos que de Tarrago- 
na, Reus y Montblaneh se dirigen al Ebro, y de 
los que opuestamente van desde Alcañiz, Morella 
y Valencia, no la tiene tan grande como Tortosa, 
que puede considerarse como llave de aquel reino 
en la zona inferior del río. En efecto, la plaza de 
Tortosa cierra la entrada de A'alencia, y además 
su proximidad al puerto abrigado de los Alfaques 
y comunicaciones fáciles por el litoral con el 
fértil y rico reino de Valencia, le dan preferen- 
cia militar sobre Mora para las operaciones que 
se lleven á cabo sobre el Ebro en su región infe- 
rior. 

En ésta no hay vados en ningiín tiempo, y 
además aumenta sus condiciones defensivas lo 
escarpado de las orillas. Tortosa posee los dos 
únicos puentes que existen en esta parte, uno de 
hierro para el paso del ferrocarril, y otro de 
barcas para el do la carretera, habiendo además 
en Amposta y Mora barcas, la piimera para el 
ramal de carretera que se separa de la general 
en Ventanueva, volviéndose á unir en Vinaroz, 
y la segunda para la carretera de Alcañiz que 
irá acompañada por el ferrocarril directo á Bar- 
celona. Estas circunstancias dan áTortosa, como 
se ha dicho, nn interés grandísimo como llave 
del bajo Ebro y posición central entre Amposta 
y Mora, á cuyos puntos podrá aeudirse iumedia- 
tamente para oponerse al paso del río, por medio 
del ferrocarril de Val de Zafan á San Carlos de 
la Rápita. Aunque sus fortificaciones antiguas 
y medio derruidas no corresponden á la gran 
importancia militar de dicha plaza, ocupan, sin 
embargo, unasituación ventajosa sobrelasaltuias 
que la rodean, dominando bajo sus fuegos los 
puentes del ferrocarril y carretera, en los que 
existen también algunas obras débiles para su 
defensa, y permitiéndole como buena posición 
natural una tenaz resistencia. 

El ferrocarril de Miranda de Ebro á Zaragoza 
y su prolongación, aún no terminada, desde Za- 
ragoza á Puebla de Híjar y San Carlos de la 
Rápita, líneas que siguen por la derecha el curso 
del río desde donde empieza á ser considerable 
el caudal de sus aguas, cubierta toda ella por 
este importante río, principal línea defensiva de 
la frontera, y apoyadas sus cabezas en el Medi- 
terráneo y en Miranda, paso preciso en la línea 
de invasión más occidental para seguir á la ca- 
pital ó á Zaragoza, es de nn interés grandísimo 
para la defensa del Ebro qne, como línea muy 
extensa y fácil de atravesar por varios puntos, 
sería imposible de cubrir sin el auxilio de ia vía 
férrea, á menos de desatender muchos de ellos ó 
de tener que emplear fuerzas muy numerosas. 
El ferrocarril evita estos inconvenientes: merced 
á él, Jliranda y Tortosa se dan la mano con 
Zaragoza y un solo núcleo de fuerzas colocadas 
en Zaragoza basta para acudir en pocas horas al 
punto amenazado. (Los fcn-ocarrilcs de&dc el 
2>unto de vista miliíar, por D. J. Casaus). 

A otras muchas consideraciones se presta el 
estudio del Ebro como linea defensiva , jjero se 
relacionan con las líneas de invasión y las ope- 
raciones militares de la zona pirenaica, y han 
de apuntarse en el artículo Pirineos. 

EBRODUNUM: Geog. anl. O. de la Galia, capi- 
tal de los catúrigos y de la prov. de los Alpes 
Marítimos, hoy Embrún. || Otra c. do la Galia, 
hoy Iverdún. 

- Ebrodunum: Geog. ant. V. Aebrodfkum. 

EBROICUM: Geog. anl. C. de la Galia, hoy 

Evreux. 

EBROIN ó EBERWEIN: Biog. Célebre mayordo- 
mo de palacio en la Neustria. Vivía en la se- 
gunda mitad del siglo vil. Fué elegido para 
aquel alto empleo por los señores francos, des- 
pués de la muerte de Erkinoaldo. Reinaba enton- 
ces Clotario III, i. quién Ebroin quiso devolver 
toda su autoridad; pero Irs medidas del mayor- 
domo de palacio provocaron un alzamiento. 
Murió Clotario III, y Ebroin, en vez de convo- 
car solemnemente á los grandes para elegir nuevo 
rey, elevó al trono por su propia autoridad á 



14 



EHULL 



ElíULL 



EBULL 



TiiOílorico 111 (1)70), tercer hijo de Cloilovco II. 
Kiitonces los üfcmlidos iiol)les ile Nuustria y de 
líorgoña liicicroii alianza cuii los de la Austra- 
sia y reconoeieroii como re)' á Cliilderico II. 
Vencidos Hljroiii y su rey, fiicroii ciicerrado.s en 
dos distintos nioñastcrios. Asesinado Childeri- 
co II, Eliroin salió de su prisión y tuvo enton- 
ces comienzo un ].iri;o periodo de espantosa 
ananiuía y sanjírien tus luelias civiles. Loj.;ró,por 
último, Kliroinver reconocida la autoridad de 

T liiriiii III, y fíobcrnü con poder absoluto en 

la Neustiia y en liorfíoña. Considerando enemi- 
go á todo el que era rico y podero.so, dio muerte 
ú muchos nobles, despojo á otros, y desterró á 
cuantos le molestaban. Aplico al obispo Lofícró 
Leodigario inlinitos tormentos; le redujo á la 
esclavitud ; logró (¡ue fuera degradado en un 
concilio é liizo ([ue lo cortaran la calieza en el 
año de 67.'). Los austrasianos, en tanto, dieron 
muerte á su rey Uagoberto II, y aceptando por 
Jefes á Martin y á l'ei)iuo, resolvieron atacar á 
Ebroin, que .se liabía lieeho odioso á la Austrasia 
como restaurador de la nionarquia, y ijue ame- 
nazaba con jicrseguir hasta aipnlhi parte del 
territorio franco u los leudos de laNeustría. Los 
austrasianos fueron vencidos ; Martín pereció 
asesinado traidoraniente, y Ebroin so disponía á 
cou(|UÍstar la Austrasia, cuaiuio en C81 perdió 
la vida á manos do un noble franco, á quien 
había amenazado de muerte. Asi jiercció, dice 
un cronista, esto liombre notal)]e, que «ejerció en 
la Oalia un poder nuis brillante que el de ningún 
otro franco,» y que, como Eredegunda, defendió 
con fortuna la Francia del Oeste y retardó el 
triunfo de los grandes de la Austrasia. Su muerto 
fué la señal do la decadencia de la Neustiia. 

EBRÓN: Oem/. Río do laprov. de Teruel. Nace 
cerca ele la villa de Termón, del p. j. de Alba- 
rracíu, entra en el término do la villa del Cuer- 
vo, pasa al Rincón de Ailemuz, de la prov. de 
Valencia, por término de Castielf.ibib, donde 
también so le llama Casticd, y por Torre Baja se 
une al río (Uiadalaviar ó Turia. 

EBROGUITA (de Eliiiira): f. Mincr. Mineral 
de colm' verde manzana, que se encuentra en 
Ebroea (Costa de los Mosquitos) acompañando i 
la fosfociomita. Es un silicofosfatodc alúmina y 
hierro con bastante agua de constitución. Tiene 
dureza número 6 y densidad 2,25 á 2,40. 

EBROS ó EBRILLOS: Genrj. Río de la jirov. y 
p. j. do Soria. Nace en las vertientes meridiona- 
les de la .sierra de la Umbría, marcha de O. á E. 
por solitarios montes, y dirígese luego al N.O. 
para ir á desaguar en el Duero entre los térmi- 
nos de La Muedra y Vilvestre de los Nabos. 

EBUDAS: Gairj. itat. Antiguo nombre de las 
islas Hébridas. 

EBULICIÓN: f. El'.l'I.I.UIÓN. 

EBULLICIÓN (del lat. chuUilio): f. Hervor de 
un líquido que pasa sucesivamente al estado 
aerifurnie. 

... el agua es síilido en el estado de hielo, 
liquido en el de fluidez, y gas en el ile la Eiir- 
LI.U'IÓX. 

L.\r.KA. 

- l?BrLt.ifiÓN : F'is. Tránsito rápido de un 
líquido á vapor, mediante la formación de bur- 
bujas en la masa misma del liijuido. 

Las Ijmrbujas de vapor eni]iiezan á formarse 
junto al fondo y paredes calientes de la vasija 
(|Ue contiene el líquido, y estas burbujas van 
aumentando de volumen á medida que se elevan 
cu el interior de la masa líquida en virtud de su 
ligereza, para llegar, en íin, á estallar en la sn- 
pcrficie. Para que diclms burbujas ])uedan for- 
marse y elevarse por el medio de la masa líqui- 
da que las comprime por todas partes, es preciso 
con evidencia i^ue el vapor de ([ue se componen 
tenga una tensión igual á la presión que sufren 
alrededor; esta condieiiín es la que determina 
los pinitos de ehuUieiéin de los líquidos, así como 
los de un mismo lí([UÍdo sometido á presiones 
distintas. 

Todos los líf|UÍdos suscejitibles de entrar en 
ebullición están sujetos, pues, á lastres leyes si- 
guientes: 

1."- Un líquido rompe á hervir cuando la 
fuerza clástica de su va])or es capaz de vencer 
la suma de las presiones que sobre el Híjuido se 
ejerzan. 

2." La temperatura do ebullición aumenta 
con la presión. 



3." Para una presión dada no principia la 
ebullición hasta una temperatura determinada, 
que varía .según los líquidos, pero que es siem- 
pre la misma para cada uno, supuesto en igua- 
les condiciones de presión , pureza y contacto con 
otros cuerpos. 

4." Sea cual fuere la intensidad del origen 
del calor, la temperatura permanece estaciona- 
ria desde el mouieutu en que principia la ebulli- 
ción. 

Temperatura de chullición á laprcsiún de 0"',700 

Acido sulfuroso -lO' 

Éter eloihídrieo +11 

Acido sulfúrico anhidro 25 

Éter sulfúrico puro 35,5 

Sulfuro de carbono 48 

Cloroformo 63,5 

Alcohol 79,7 

l!euLÍna 80 

Acido nítrico nionoliidratado. . . 86 

Agua destilada 100 

Esencia de trementina 157 

Fósforo 2!)0 

Acido sulfúrico concentrado. . . . 325 

Mercurio (al termómetro de aire). 350 

Azufre 440 

Cadmio (Sainte Chaire Devillu y 

Troos) SCO 

Zinc (ídem, id.) 1040 

Varias son las causas qne puecen inlluir en la 
temperatura de ebullición de un líquido, á sa- 
ber: Las sustancias en disolución, la naturaleza 
de las vasijas, la falta de aire ó de cualquier 
otro gas disuelto en el liquido, y la presión. 

Influencia de his sustancias cu disolución. - 
Una sustancia disuelta en un líquiílo, cuando 
aquélla no es volátil ó lo es menos i|ue éste, 
retarda la ebullición tanto más cuanto mayor 
es la cantidad do sustancia disuelta; el agua, 
cpie hierve á 100° cu.ando es pura, lo verilica á 
las temperaturas siguientes cuando se halla sa- 
turada de diversas sales: 

Temperaturas de ebullición 
de diferentes disolncioncs salmas saturadas 



DISOLUCIONES 



Clorato de potasa 

Cloruro de bario 

Carbonato de sosa 

Fosfato de sosa 

Cloruro de potasio 

Cloruro de sodio 

(Clorhidrato de amoníaco. . 
Tartrato neutro de potasa. . 

Nitr.ato de potasa 

Clonu'o de estroncio 

Nitrato de sosa 

Acetato de sosa 

Carbonato de potasa . . . . 

Nitrato de cal 

Acetato de potasa 

Cloruro de calcio 



Propor- 




ción de la 


TenqxTa- 


sal 




disuelta 


tura de 


en 100 




parles de 


ebullicióu 


agua 




61,5 


104,2 


60,1 


104,4 


48,5 


104,6 


113,2 


106,5 


59,4 


108,3 


41,2 


108,4 


8S,9 


114.2 


296,2 


114.67 


335,1 


115,9 


117,5 


117,9 


224,8 


121,0 


209,0 


124,-37 


205,0 


135,0 


362,2 


151,0 


798,2 


169,0 


325, 6 


179,5 



Resultados análogos presentan las disolucio- 
nes acidas; pero las sustancias que se hallan 
lluramente en suspensión, como las materias 
terreas, el aserrín, etc., nada influyen en la tem- 
peratura de ebullición. 

Aun cuando la tem]ieratura de ebullición del 
agua sea superior á 100° por efecto de las sus- 
tancias que dicho líquido lleve en disolución, 
el v.apor que desprende se mantiene sin embargo 
á aquella temperatura, como en el agua pura, 
si la prf.sión es de O"', 76. 

Influencia de la natvrale~a de las vasijas. - 
Observó Gay-Lussac que en una vasija de vidrio 
hierve el agua á nna tempei-atnra más alta que 
en nna de metal, y atriliuyó el fenómeno á la ad- 
hesión entre el agua y el vidrio. Suponiendo 
qne el agua dilatada hierve á 100" en nna vasija 
de cobre á la presión de O"', 70, resulta que en 
igualdail de presión dicho líquido no entra en 
ebullición hasta 101° en un globo de vidrio; y si 



previamente se ha limpiado bien con ácido snl- 
iúrico concentrado ó con potasa, diclia tempera- 
tura puede llegar hasta 105 ó 100°. Sin embargo, 
basta poner un simple pedazo de metal en el 
fondo del f;lobo ])ara que se restablezca la ebu- 
llición ú 100° y desajiarezean al mismo tiempo 
los violentos saltos que acompañan á la ebiilii 
ción de las disoluciones salinas ó acidas en las 
vasijas de vidrio. 

La temperatura ilel vapor, en confoiniidad con 
lo qne se observa en las sustancias en disolución, 
no experimenta variación alguna por la qii^ 
adquiere la del agua en las vasijas de vidrio, 




FenSmcno de la etndliciCn 

pues á la presión de 0'",70 dicha temperatura 
es aún de 100°, lo mismo que en los vasos de 
cobre. 

Influencia de la carencia del aire. - Deluc fué 
el primero que observó que el agua falta deain: 
]ior la ebullición, y contenida en nn matraz dr 
cuello largo y estrecho, puede sufrir la teni¡ie- 
ratura de 112° sin volver á hervir. En 1846 es- 
tudió el Sr. Dony, en Gante, el mismo fenómeno 
]ior medio de un tubo de viilrio encorvado en un 
c.'ctremo y teiniinado el otro por nna anijiolla 
gruesa de igual materia y otra más pequeña 
prolongada en punta aiilada. Antes de cerrar 
esta última se introduce agua en el tubo por el 
misino procedimiento que se emplea piara llenar 
el termómetro de alcohol, y después se le hac!' 
hervir cierto tiempo para cx]iulsar todo el aii 
del tubo y de las bolas. Soldando entonces á li 
lámpara la punta afilada cpuda agua en la pan 
encorvada del tubo y solamente vapor á un i 
tensión muy débil en lo restante del tubo y cu 
las ampollas. Si se introduce entonces la parte 
ípie está llena de agua en un bafio concentrado 
de cloruro de calcio y se le calienta gradualmen- 
te, llega el baño á 130' sin que se nianilieste señal 
ninguna de ebullición en el tubo, lo cual sólo se 
verifica de pronto á los 138°, lanzando parte del 
agua á las bolas, qne se rompen si no son bastante 
resistentes. 

Galy-fíazaiat reprodujo el mismo fenómeno, 
para lo cual cubrió con nna capa de aceite cierta 
cantidad de agua |iurgada de aire por la ebulli- 
ción, y la calentó hasta 123° sin que el lí<iui<lo 
comenzase á hervir, pero desde este momento 
tardó muy poco en producirse una violenta ex- 
plosión de vapor que arroj(') fuera de la vasija 
parte del agua que contenía. 

Diifour, en Lausanne, ha estudiado el retraso 
de la ebullición de los hqiiidos colocándolos li- 
bres del contacto con el .aire, en suspensión en 
otros líquidos de la misma densidad, pero cuya 
temperatura de ebullición .sea más elevada. De 
esta manera halló que el agua puesta en suspen- 
sión en una mezcla convenientemente prepar.i<la 
de esencia de clavo y aceite de linaza, ijue ca- 
lentaba en el baño-niaría, se transforma de pronto 
en vapor á los 120° próximamente. El ácido 
sulfuroso liquido que hierve á - 10°, puesto en 
suspensión en una mezcla de agua y ácido sul- 
fúrico permanece liquido hasta +18°. 

El mismo físico observó además que tocando 
con un cuerpo sólido cualquiera los líquidos 



EBULL 

puestos así, según se acaba de decir, en suspen- 
sión eu otros, si están á una temperatura supe- 
rior A la de ebullición se vaporizan instantá- 
neamente de un modo violento; sin embargo, 
los cuerpos empleados como excitadores pierden 
poco á poco su propiedad activa. Dufour expli- 
ca este fenómeno por la influencia de la capa 
de aire adherida á estos cuerpos, puesto que 
desprendiéndose el aire condensado en su su- 
pertieie cuando la inmersión se prolonga, quedan 
completamente intactos. 

Estos diferentes experimentos patentizan la 
influencia de la presencia de los gases en el fe- 
nómeno de la ebullición desde el punto de vista 
de la temperatura á que se produce. PoT último, 
Dufour ha probado que cuanto más pequeña es la 
cantidad de gas disuelta en un líquido más baja 
es aquella temperatura. 

Injlucncia de la presión. - Por la ley enuncia- 
da al principio , de que todo líquido entra en 
ebullición en el momento en que la tensión de 
su vapor es igual á la presión que experimenta, 
se comprende que cuando aumenta ó disminuye 
esta presión debe aumentar ó disminuir la ten- 
sión del vapor, y, por consiguiente, la tempera- 
tura necesaria- para la ebullición. 

Demuéstrase la disminución de la tempera- 
tura de ebullición al disminuir la presión, colo- 
cando dentro del recinto de la máquina neu- 
mática una vasija que contenga agua á unos 30° 
y haciendo después el vacio. Desde luego se 
observa que el líquido entra en ebullición con 
gran rapidez, aunque la vasija esté tapada, lo 
cual es debido á que el vapor es aspirado por la 
máquina neumática á medida que se va for- 
mando. 

Puede hacerse el mismo experimento sin re- 
currir á la máquina neumática. Para esto se 
toma un globo de vidrio en el cual se hace her- 
vir agua durante algunos instantes. Cuando los 
vapores que so desprenden durante la ebullición 
hayan arrastrado consigo todo el aire existente 
en el globo, se tapa éste herméticamente y se le 
invierte. Si eu este estado se enfría la parte su- 
perior del globo con una esponja empapada en 
agua fría, se condensan los vapores haciéndose 
el vacío y produciéndose una ebullición intensa. 
En el vacío absoluto hervirá el agua á cero y 
aun á uua temperatura más baja, puesto que la 
tensión del vapor á cero es todavía 4'^'", 6. 



LOCALIDADES 



EBULL 

Por efecto de la disminución de la presión 
atmosférica hierve el agua en las altas montañas 
á menos de 100°. En el Monte Blanco, por ejem- 
plo, entra dicho líquido en ebullición á 84°. 

Si, por el contrario, aumenta la presión, se 
retarda la ebullición; de manera que en el agua, 
por ejemplo, no se efectúa hasta 120", 6, cuando 
aquélla llega á dos atmósferas. En este principio 
está fundada la marmita de Papín y la produc- 
ción de vapor á gran teusión en recipientes ce- 
rrados, etc. 

Medición de la alhira de las montañas por me- 
diada latemperatiira de ebullición. - La relación 
que existe entro la temperatura de ebullición y 
la presión sundnistra un medio de medir la al- 
tura de las montañas, y, en vez de efectuarlo 
con el barómetro, puede reemplazarse á este fin 
con el termómetro. En efecto, si se observa, por 
ejemplo, que el agua hierve en la cima de una 
montaña á 95", siendo así que lo efectúa á 98 
en la falda de la misma , y se busca en las 
tablas de las fuerzas elásticas las tensiones co- 
rrespondientes, se encontrarán en ellas números 
que representan, eu milímetros de mercurio, la 
fuerza elástica del vapor en el momento de des- 
prenderse éste, tanto en la cima como en la falda 
de la montaña, y por consecuencia la presión 
atmosférica que experimenta el agua al entrar 
en ebullición en los dos sitios que se consideran. 
Conociendo do esta suerte la altura barométrica 
en dichos puntos, se aplican sin dilicultad las 
fórmulas dadas para medir la altura de las mon- 
tañas por medio del barómetro. 

Para la aplicación de este método se emplean 
únicamente termómetros muy sensibles, cuya 
graduación sólo se extiende de 80 á 100° próxi- 
mamente, de suerte que cada grado ocupa una 
gran extensión en la escala, pudiendo así apre- 
ciarse las décimas y hasta las vigésimas de grado. 
Fundado en este principio construyó Regnault 
el termómetro hi psométrico ó hipsómctro (V. esta 
voz), cuyo tubo sólo está graduado de 85 á 100°, 
estando dividido cada uno de éstos en 10 partes 
iguales. 

Para servirse de este termómetro calculó su in- 
ventor unas tablas que dan la tensión del vapor 
de agua para cada décima de grado entre los li- 
mites referidos. 

A continuación se insertan algunos resultados 
obtenidos. 



EBULL 



15 



Alquería de Antisana 

Quito 

Méjico 

Hospicio de San Gotardo .... 

Brianzón 

Baños de Mont-Dore 

Madrid 

Plombieres 

Moscou 

Lyón 

Viena 

París (]n-imer piso de! Observatorio). 
Nivel del mar 



Altura sobre 


Altura media 


el mar 


del barómetro 


Mdrvs 


JÍUlmetrus 


4 101 


454 


2 908 


527 


2 277 


572 


2 075 


586 


1306 


645 


1040 


667 


608 


704 


421 


721 


300 


732 


162 


745 


133 


747 


65 


754 





760 



Grado de ebu- 
llición del agua 

Grados 



86,3 
90,1 
94, ;3 
92,9 
95,5 
96,5 
97,8 
98,4 
99,0 
99,4 
99,5 
99,7 
100,0 



El agna hirviendo, pues, no tiene el mismo 
grado de calor en todos los lugares de la tierra, 
y, por consiguiente, no es igualmente á propó- 
sito para los usos domésticos y para preparar 
los alimentos. En Quito, por ejemplo, en donde 
el agua hierve á 90", no .se cocerán muchas sus- 
tancias que pueden cocerse á 10ü°. 

EBULLÓMETRO (de ehullición, y del griego 
[AET.^ov, nnídida): m. Fis. , Quím. é Jnd. Aparato 
destinailo á medir la riqueza alcohólica de un 
líijuido fundándose en la temperatura de ebulli- 
ción del mismo. Son muchos los ebullómetros 
conocido.s, designándose muchos con nombres 
particulares, como el enómetro centesimal de 
Tabariey el termómetro de Conaty. Otros se lla- 
man cbitlhiscojios. 

Ebullómdro de Conalij. - Este instrumento se 
compone de un termómetro de mercurio, cuyas 
divisiones van disminuyendo do longitud des- 
de la temperatura de 100" á la de 5." Para pre- 
parar esta escala se hacen previamente mezclas 



de agua y alcohol en las relaciones de 95 á 5, 
de 90 á 10, etc. , hasta la de 40 á 80. HH cero de 
la escala, ó cero alcohol, es el j.unto correspon- 
diente á la ebullición del agua pura; 5° es el 
punto de ebullición de una mezcla que tenga 
5 por 100 de alcohol en volumen, y así sucesiva- 
mente. El punto inferior que correspondo á la 
ebullición del alcohol absoluto señala 100°. De 
este modo, sumergiendo este termómetro en el 
líquido que se quiere ensayar, hirviendo el lí- 
quido y viemlo que marca 20", por ejemplo, en 
el momento de iniciarse la ebullición, .se dirá 
que el líquido en cuestión contiene 20" de alco- 
hol, ó sea 20 partes de alcohol, por 100 de líquido 
en volumen. 

Es necesario, para que el ensayo sea preciso, 
observar el grado que dé el termómetro cuando 
el liquido produce la primera burbuja de vapor, 
porque las indicaciones siguientes ya no son 
exartas, puesto que á medida que el alcohol se 
va desprendiendo el ininto de ebullición del 
liquido se va retrasando. 



La escala del termómetro de Conaty es movi- 
ble, á fin de que se pueda siempre, por medio do 
un tornillo á propósito, ajusfar exactamente el 
O al punto eu que quede el nivel del mercurio 
cuando entre en la ebullición el agua pura bajo 
la presión atmosférica reinante en el momento 
de efectuar el ensayo. Esta prueba debe prece- 
der á la determinación del punto de ebullición 
del líquido que se quiere reconocer; resulta, pues, 
que con este aparato cada ensayo exige dos ope- 
raciones. 

La fuerza alcohólica obtenida por este insti'u- 
mento en un líquido suele exceder de medio á 
un grado á la que se obtiene por la destilación y 
aplicación de los termómetros en el líquido des- 
tilado. 

EbuUómclro de Tabaríe. - Es conocido con el 
nombre áe enómetro. 

Consta el aparato de un vaso metálico, do 
forma cilindrica, que lleva soldado en la parte 
superior un embudo en forma de cubierta. Al- 
rededor del embudo va otro cilindro que sirve 
para contener agua fría, y en el tallo del embu- 
do va un termómetro cuyo depósito llega hasta 
el líquido que se ensaya, que se coloca en el vaso 
cilindrico inferior. Por medio de una lámpara 
se calienta el liquido; los vapores se desprenden 
y calientan el termómetro, y la riqueza alcolió- 
lica del líquido queda indicada por el grado en 
que quede estacionaria la columna mercurial 
durante la ebullición del líi)UÍdo. Para esto hay 
que consultar la tabla siguiente, en la que se 
marca el tanto por ciento de alcohol en volumen 
que corresponde á cada punto de ebullición. 

Grados del termómetro. Riqueza alcohólica. 



96<',4 3 por 100 de alcohol. 

95»,3 4 » » 

94<',3 5 » » 

930,5 6 » » 

92", 7 7 » » 

91".9 8 » » 

91",1 9 » » 

90" .2 10 » » 

89»,7 11 » » 

85»,3 12 » » 

SS»,8 13 » » 

8S<',4 14 » » 

Esta tabla está calculada para localidades en 
que el agua pura hierva á 99", 4. 

Ebullómetro de Salieron. - Fúndase este apa- 
rato en el conocimiento de la temperatura á que 
hierve el líquido alcohólico sometido al ensayo. 
Sabido es, en efecto, que en las condiciones or- 
dinarias de presión atmosférica, el agua pura 
hierve á 100" centígrados, y el alcohol á 78,41. 
Por lo tanto, una mezcla de agua y alcohol 
hierve antes de los 100° y después de los 78,41, 
aproximándose auno ú otro límite, según con- 
tenga más ó menos alcohol. 

Ésto supuesto, la descripción y manejo del 
nuevo aparato, que el constructor ha llamado 
ebullómetro, es muy sencilla. 

Compóuese de una caldera cubierta por un 
vaso cilindrico, que impide la radiación del calor 
al exterior; de un refrigerante atornillado en la 
parte superior de la pieza, y que sirve para con- 
densar los vapores alcohólicos que suben ]ior el 
tubo, conservando uniforme la temperatura del 
líquido en ebullición; de un termómetro divi- 
dido en grados y décimas de grailo, colocado 
|)or medio de un tapón de caucho sobre la cal- 
dera, para medir la temperatura de ebullición 
del liquido, y de una lamparilla de alcohol para 
calentar. 

Acompañan, además, a! aparato un tubo ó 
campana graduada, que sirve para medir el vo- 
lumen de los líquidos i|ue se pongan en la cal- 
dera para someterlos al ensayo, y también para 
las determinaciones de las mezclas de los lícjui- 
dos alcohólicos distintos. 

Para operar en el ebullómetro debe empezar- 
se por hacer un ensayo para averiguar á qué 
temperatura hierve el agua en el sitio eu que se 
trabaje. Se coloca en la caldera un volumen ile 
agua igual á cincuenta divisiones de la campa- 
na; se atornilla el condensador y se calienta con 
la lámpara; el termómetro se eleva á medida que 
la temperatura del liquido asciende, y cuando 
rompe á hervir se queda estacionario; entonces 
se mira qué temperatura marca y se anota. 

La misma observación se hace para oiisoyav 
cualquier vino ó aguardiente. 



16 



EP.ULL 



Para saber dcspuús por la temiicraluradcebii- 
lliciún del líi|UÍdo á iniú ní|iii'za ulcoliólica co- 
rrespoinle, hai'oiisti'iuilocl mismo Salieron unas 
reglas ile madera, en domle está anotado al lado 
de cada grado de teni|íe!'atura el grado alcohólico 
correspondiente. 

Tiene tres graduaciones difcrontes. La del 
medio, que es una tablilla móvil cuya graduaeión 
corresponde ¡i los grados del termómetro; la de 
la izi|UÍorda indica la riqueza alcohólica del lí- 
cjnido sometido al análisis si es una simple mez- 
cla de agua y alcohol, como los aguardientes, y 
la do la derecha representa la fuerza alcohijlica 
de los vinos comunes. Estas dos últimas están, 
pues, divididas en grados alcohólicos, subdivi- 
diéndüse cada grado en décimas. 

El uso de la triple escala es muy sencillo. Se 
alloja el tornillo que tiene detiás y que sostiene 
la tablilla móvil; se hace correr, hasta ipic la 
divisi<in que marque la teniperaturade la ebu- 
llición del agua en el sitio en (|ue se opere co- 
rresponda con el cero de las dos escalas alcohóli- 
cas de los lados, so sujeta bien al tornillo, y 
queda ya en disposición de <lar inmediatamente 
las indicaciones que se necesitan. 

Cuando se ensaye un vino ordinario se verá 
eu el ebnilómetro á qué temperatura lompc á 
hervir, fijándose bien eu qué i)unto de la escala 
.se iletiene ol mercurio; .se buscadespuéscn la ta- 
blilla de en medio do la triple regíala tempera- 
tura anotada y se mira d cpié grado alcohólico 
corresponde en la graduación de la deiecha. Si 
el liquido ensayado fuera aguardiente, ,se mira- 
ría la correspondencia en la regla do la izquierda. 

Los vinos dulces muy espesos no pueden ser 
ensayados de esto modo, porque la ten)peratura 
de la ebullición está muy modificada porlas sus- 
tancias (pie tiene en disolución. 

Muy recientemente ha modificado Salieron 
este instrumento, de modo<pie quedan corregidas 
todas las causas de eiror que en estas clases de 
aparatos se pueden presentar, y permite efectuar 
la operación en unos cinco minutos solamente. El 
mismo Salieron ha observ.ado que, sumergiendo 
el termómetro eu el ¡¡(¡nido, .se olitienen resul- 
tados más exactos que e.xjioniéndolo á los vapo- 
res. 

(Uros dmHómcti-os. -Todos los aparatos lla- 
mados cbuUóscripos están fundados en el mismo 
principio que los ebullómetros, y deben consi- 
derarse, por lo tanto, como aparatos de la mis- 
ma clase. 

EBULLÓSCOPO (de chulHciún y ilel griego 
■j/.'i-i-,^, ver, e.xanjinar): m. Fis.,(¿uíin. ü ¡mi. 
Aparato destinado á determinar la riqueza al- 
cohólica do un liquido fundándo.se en la tem- 
peratura de ebullición del mismo líquido. Los 
ebidlóscojios son verdaderos cbullútnctros. Los 
prineipale." son los siguientes: 

Ebullúmyío Vidal. - Este aparato, llamado 
tand)ién ebullóscopo de cuadrante, se compone 
de un gran vaso de vidrio que termina en su 
parte superior en un tubo á manera de cuello 
largo y estrecho. Este tubo está lleno de mercu- 
rio hasta muy cerca de su extremidad superior. 
Sobre este mercurio descansa un flotador peíjue- 
üo, pendiente de un hilo que pasa por una polea 
y está tirante por la acción de un contrapeso 
que va á la otra extremidad. La polea lleva una 
aguja que recorre en sus movimientos un cua- 
dnmte graduado. Este cuadrante está fijo al 
vaso por medio de un tornillo de presión, y en 
el vaso es donde se coloca el líquido cuya rique- 
za alcoh(dica so (juiere averiguar. 

Como el punto deebullieiunes tanto más b.ijo 
cuanto mayor cantidad de alcohíd tenga el ÍÍ- 
quido, resulta que el mercurio colocado en la 
parte superior del tubo en que ternaua el vaso 
se dilatará en grado proporcional á la tenijicra- 
tura á que llegue el líquido; el mercurio dilata- 
do enqnijará más ó menos al flotador que sobre 
él descansa, y ésto mareará sobro el cuadrante 
la riqueza alcohólica del líquido, para lo cual el 
referido cuadrante ha siilo previamente gradua- 
do, operando con líquidos de fuerza alcohólica 
conocida. 

Ebullónrnpo MaUiganil. - Este aparato, lla- 
mado así del nombre del inventor, consta de un 
recipiente destinado á recibir el vino, y por ilondc 
éste circula; un termosifón, tubo metálico hueco 
de espiral, que recibe el calor de una lamparita 
de alcohol, colocada debajo de una chimenea; un 
termómetro doblado eu ángulo recto y sumergi- 
da su rama corta, eu la que se encuentra el de- 



EBUR 

pósito de mercurio, dentro de una calderita. En 
el momento de la ebullición la columna do mer- 
curio indica por una señal la riqueza alcohólica, 
que puede leerse directamente sobre la escala 
móvil dividida en grados alcohólicos centesima- 
les ó do Gay Lussae; en el termómetro hay nn 
indicador móvil que facilita la lectura, y por 
último, en la parte superior hay un lefrigerante 
en el que se condensan los vapores alcohólicos 
pala caer do nuevo en la caldera. 

\'easo ahora la manera do funcionar el apa- 
rato. 

Se echa agua en la caldera hasta el anillo 
del termosifón más próximo al fondo, de modo 
que la parte del termómetro que contieno el 
depósito de mercurio no toque al agua; se tapa 
con cuidado, en seguida se enciende la lampari- 
lla colocada debajo de la chimenea, y se va si- 
guiendo con la vista la columna mercurial 
hasta que queda completamente lija durante al- 
gunos minutos. En tal estado se coloca la es- 
cala alcohólica de manera que .su cero corres- 
ponda con el extremo de esta columna mercu- 
rial. 

De esto modo ipieda regulado el aparato, to- 
mando el punto de ebullición del agua en rela- 
ción á la presión baiométiiea del momento en 
que se va á operar el ensayo del vino ó líijuido al- 
cohólico. El aparato puede servir perfectamente 
para trabajar eu él durante dos ó tres horas; 
pero cuando se deseen resultados muy exactos 
será preciso rectificarlo con frecuencia, para lo 
cual se prescinde del refrigerante. 

Una vez regulado ó rectificado el aparato, se 
vacia el agua, se escurre bien y se lava cuidado- 
samente con un poco del líquido que se tratado 
ensayar, y se echa por fin este eu cantidad bas- 
tante para que el nivel llegue al anillo superior 
del termosifón ; se tapa el aparato, se llena de 
agua fría el refrigerante y se empieza la operación 
encendiendo al electo la lamparita, procurando 
que ésta esté siempre llena de espíritu do vino; 
sin mover la pequeña escala so hace caminar el 
indicador hasta la extremidad de la columna 
mercurial, a.sí que queda la misma fija, y so lee 
por último eu dicha escala el grado alcohomé- 
ti'ico que señala el indicador. Esta observación 
no debe prolongarse más allá de dos ó tres mi- 
nutos ]iara obtener un valor ligorosamente 
exacto. 

Todos los vinos cubiertos de color y ligera- 
mente licorosos deben diluir.se en un volumen 
igual de agua. Los vinos generosos deben di- 
luirse en tres partes de agua por una do vino. 
Para que estas mezclas sean lo más exactas po- 
sible es preciso que tanto el agua como el vino 
estén á la misma temperatura. Por lo demás, ]iara 
saber la verdadera riqueza alcohólica, habrá 
que multiplicar por 2 ó por 3 los resultados ob- 
tenidos, según sean 2 3 los volúmenes de agua 
en que se haya diluido el vino. 

ElivUósccqm Amagat. - Es un aparato que está 
fuutlado en observar la diferente teiniieratura 
á que hierve el agua y el líquido alcohólico 
cuya fuerza se trata de ensayar, principio se- 
gún el cual se han construido los aparatos de Ma- 
Iligand y de SaIlerón;pero el ebullóscopo Ama- 
gat tiene la ventaja de no exigir dos operacio- 
nes sucesivas, como eu los aparatos menciona- 
ilos, sino que está tan ingenio.samentc dis]Hiesto 
que solamente en una operación, y en siete ú 
ocho minutos, queda hecha la determinación 
alcohólica. 

EBURA: Gcoij. unt. V. EnoRA. 

EBURINA (del lat. ebur , marfil): f. Ind. 
Producto industrial fabricado con los restos ó 
desperdicios de hueso y de marfil. Como el hueso 
contiene 33 % de oseína y el marfil 28,50 %,esta 
oseina puede, sometiendo los fragmentos y ras- 
paduras de hueso y de marfil, reducido todo á 
polvo impalpable y en moldes cerrados, á una 
temperatura de 100 á 120', ablandarse y adqui- 
rir otra textura empastando la parte mineral 
de la materia, y dar por enfriamiento una sus- 
tancia muy compacta y de extremada solidez. 
Esta materia recibe los más variados colores y 
se presta á muchas aplicaciones artísticas, Por 
la mezcla y composición de varios colores se 
obtienen imitaciones de mármoles y de piedras 
[ireciosas. 

EBURNA (del lat. ibtir, marfil): f. Ximl. y Pa- 
leontolo'jki. Género de moluscos gasterópodos 
prosobranquios , tcuobrauquios, raquiglosos, de 



ECAR 

la familia de los bucínidos. Se distingue porpri ■ 
sentar concha ovoide, lisa, generalmente umbi- 
licada, con espira puntiaguda y con sutura pro- 
funda en forma do canal. Comprende especies 
vivientes y fósiles cu el terciario. 

EBÚRNEO, NEA (del lat. clurnhis): adj. Fi 
marfil, ó parecido á él. U. m. en estilo poet. 

Sola una poca de agua clara con un hkiiím; . 
peine basta para exceder á las uascidas en 
gentileza. 

La C'clcsHna. 

Boca de claveles rojos, 
Alto pecho que pidpita, 
Frente r:uC'IiNKA, que adornó 
Oro flamauto de Tiijar. 

N. F. 11 i; Mokatín. 

EBURNIFICACIÓN (del lat. cbur, niarlil, y> 
cerc, hacer): f. Jiíal. Iiiscrustación de un tumor 
)ior los fosfatos y carbonatos calcáreos. Paso á 
un estado compacto y consistente de una poi 
ción del tejido (íseo, y en particular de las s¡ 
perficies óseas articulares que han frotado nincl. 
tiempo una contra otra y después se. han viiclt 
muy lisas, ora por el desgaste de los cartílag.. 
en las artritis crónicas, ora más rara vez en pos 
de las fracturas ó las luxaciones. 

EBURNO (del lat. (■bur): m. ant. Maiífil. 

EBUROBRICIO: Ociii). ant. C. do la península 
española que cita Plinio al describir las de la 
Lusitania, desdo el Duero á Lisboa. Los anti- 
cuarios lusitanos la liau reducido á la modern 
Ebora de Alcobaza. 

EBURONES: Gcorj. ant. Pueblo de la Galia 
Hélgica, establecido, cuando los romanos inva- 
dieron las Gallas, en el valle del Koer, entre • ! 
.Mo.sa y el Khin. Era tribut.ario de los aduáticu 
y cliente do los tieverios, si bien en épocas an 
teriorcs había ])redominado sobre éstos otn 
pueblos. En el año 54 a. de J. C. se alzó en arní:; 
contra los romanos y pasó á cuchillo á una L 
gión mandada porSabinoy Cota, lugarteniente 
de César, que ijcrecicron. Los aduatucos, nervii 
y demás pueblos comarcanos, se unieron a lo 
eburones, y fué preciso que el mismo César .aci; 
die.se; en el año 53 amenazó el general román ■ 
la orilla derecha del Rhin, separó á los nerviua 
lie los eburones, y, aislados éstos, rodeó la selva 
de las Ardenas, donde se habían refugiado, y 
devastó su territorio. En el año 51 invadió de 
nuevo el país de los eburones y los exterminó. 

EBUROVICOS: Ocog. ant. Pueblo de la Galia 
céltica, cuya cap. era Mediolanum (Evreux). 
Alióse con los armoricanos contra Roma, y fin- 
derrotado y sometido por Titurio Sabino. 

EBUS: Gcoy. Lsla adyacente á la costa O, de 
la de Mindanao, Filipinas. 

EBUSO: Gcog. ant. Una de las islas Baleares, 
hoy Ibiza. 

E9A DE QUEIROZ (.JosÉ Maeía): Biog. No- 
velista jiortugués contemporáneo. V. EzA ni; 

QUEIKüZ. 

ECALA: Gcog. Lugar en el aynnt. de Amescoa 
Raja, p. j. de Estella, prov. de Navarra; 45 edi- 
ficios. 

ECALTHAI : Biog. Lugarteniente del jan de 
los tártaros. Este personaje, á dar crédito á 
Degnignes y otros escritores, fué el que envió 
una embajada al rey San Luis cuando la cruzada 
do este príncipe, asegurándole que él y todos los 
tártaros se habían convertido al cristianismo, 
que ya hacía tres años que ol jan profesaba en 
secreto. Según las mismas autoridades, el legado 
del Papa y el monarca francés agasajaron cuanto 
les fué posilde á los envhados, que se dejaban 
obsequiar haciendo votos ¡lor el triunfo de los 
cristianos. Otros escritores suponen que tal em- 
bajada no ])asó de ser una superchería de los 
monjes cristianos de Armenia que intentaron 
alentar á los cruzados, cuyas penalidades eran 
sin cuento, haciéndoles creer que no lejos de 
ellos existía una nación poderosa, de la cual, 
como hermana en religión, podían esj erar auxi- 
lio. 

ECARDINOS: m. pl. Zoo!. Orden de moluscoi- 
déos, braquiópodos, que se distingue por presen- 
tar cabeza sin granulos ni esqueleto braquial: 
tubo digestivo' con una sutura que desemboca 
en la cavidad visceral; borde de los lóbulos del 
manto enteramente separados. Comiirende este 



ECBA 

orileii, llamado también de los inarliculados, tres 
l'aiiiilias: lingúlidus, discínidos y cránidos. 

ECARTE (del fr. ecarte, descarte): m. Juego de 
naipes entre dos, cada uno de los cuales toma 
cinco cartas, quede común acuerdo pueden cam- 
biarse por otras. El jugador que en cada mano 
hace más bazas se apunta un tanto; otro el que 
saca un rey de muestra, y gana el primero que 
tiene cinco tantos. 

... fué preciso presentarme en varias casas 
donde haljía hablado muy bien de mi; pero 
casas de etiqueta, donde juega él sus ECARTES 
ou los señores mayores, etc. 

Larra. 

... qué tal hemos bailado? 
— La nina. Yo me he estado 
Jugando al EC.4BTÉ. 

Bretón de los Herreros. 

... la señora de la casa presidía una mesa de 
eoautí, etc. 

Mesonero Romanos. 

ECASTÓFILO (del gr. s'xaaTo;, cada uno, y 
ml'kQ'i, lioja): ni. Boí. Género de leguminosas 
áraariposadas, serie de las dalbergieas, que se 
distingue por tener legumbre suborbicular, pla- 
na y un poco gruesa, al fin suberosa, marginada 
por las suturas, superior é indehiscente. Las es- 
pecies de este género son arbustos de la America 
y del África tropicales. 

ECATZINGOt Geo(/. Pueblo cabecera de lamu- 
nicijialidad de su nombre, dist. de Chalco, esta- 
do de Méjico, Méjico; 280 liabits. Sit. en la 
vertiente austral que separa el dist. del plan de 
Amilpas, al S. de la ciudad de Ameca. La mu- 
nicipalidad tiene 1656 habits. y comprende los 
pueblos de Ecatringo, Tecomaxusco y Tlacotom- 
pa, y seis barrios. 

ECAUSSINES-D'ENGHIÉN: Geog. Municipio 
del dist. de Soignies, prov. de Haiuaut, Bél- 
gica; 5 500 habits. Sit. cerca y al E. de Soignies, 
á orillas del Sennete, afluente, por la derecha, 
del Senne, cuenca del Escalda. Importantes can- 
teras de piedra azul y gris, peiiueño granito ó 
granito de Flandes, caliza carbonífera de gran 
dureza. Ecaussines-Lalaing, sit. cerca del ante- 
rior, se encuentra en la orilla derecha del Sen- 
nette y es una aldea con 1 200 liabits. 

ECAY: Geoff. Lugaren el ayuut. de Louguida, 
¡lartido judicial de Aoiz, provincia de Navarra; 
12 edifs. II Lugar en el ayunt de Araquil, p. j. de 
Pamplona, prov. de Navarra; 28 edifs. 

ECBALIO (del gr. h.-^alXui . arrojar hacia 
afuera): m. Bot. Género de Cucurbitáceas de 
flores monoicas, que se distingue por tener flores 
masculinas en racimo; cáliz campanulado con 
tubo corto y limbo quinquéfulo, corola subrotá- 
cea ó anchamente campanulada y profundamente 
quiuquelobulada; cinco estambres, auníjue apa- 
rentemente sólo se distinguen tres, con filamen- 
tos cortos, libres y anteras anchas, una de ellas 
unilocular y las otras biloculares, con celdas 
Uexuosas; en dichas flores masculinas no se pre- 
senta ni el más ligero rudimento de ovario. Las 
flores femeninas son solitarias con el cáliz y la 
corola dispuestos sobre el ovario y semejantes á 
los mismos verticilos de las flores masculinas; 
cinco estambres rudimentarios; ovario oblongo, 
híspido, con tres placentas con estilo corto, coro- 
nado por dos ó tres lóbulos estigmatíferos bifur- 
cados; óvulos en número indefinido y horizonta- 
les; fruto oblongo erizado de pelos rígidos y 
lleno de líquido. Al llegar la madurez este 
fruto se desprende del pedúnculo, y las semi- 
llas y el jugo de que está lleno son lanzados al 
exterior por una contracción brusca de sus pa- 
redes y salen por el orificio basilar; semillas muy 
numero.sas, oblongas, pequeñas, comprimidas y 
con bordos delgados. Se conoce una especie, 
E. elaíeriiim , llamada también Momordica ela- 
lerium. Es una hierba tendida, carnosa, hís- 
pida, con hojas cordiformes, trilobuladas, obtu- 
sas, sin zarcillos y con flores am.arillas; las 
masculinas y las femeninas nacen generalmente 
en la axila de una misma hoja. Esta planta ha- 
liita especialmente en la región mediterránea y 
en el Oriente, y ha llamado la atención desde 
hace tiemiiü por la elasticidad de las paredes de 
sus frutos y por sus propiedades acres y drás- 
ticas. 

ECBATANA: Gíog. ant. Ciudad capital de la 
Tomo VI 1 



ECCE 

Media, sit. en el centro de este país, al N. E. 
de Babilonia y al N. de Susa , construida al 
pie del monte Oronfce. La cercaban, según He- 
rodoto, siete murallas de diferentes colores: la 
primera blanca y las demás, por su orden, ne- 
gro, púrpura, azul, anaranjado, plateado y do- 
rado. El recinto exterior de la ciudad medía 
250 estadios. En el centro se hallaban el templo 
del Sol ó Mitras y el palacio Eeal, edificado con 
maderas de cedro y ciprés, y cuyos tejados, así 
como los capiteles de las columnas, estaban 
cubiertos con placas de oro y plata. La Biblia 
atribuye la fundación de Ecbatana á Arfaxad, 
rey medo, que parece ser el mismo que Fraortes; 
pero los historiadores griegos, que merecen mu- 
cho más crédito que los autores de aquel libro, 
dicen que fué edificada por Deyoces, hacia el 
año 700 (antes de J. C. ). Destruido el Luperiode 
los medos, fué residencia de verano de los reyes 
de Persia. La hizo suya Alejandro Magno, y en 
ella mandó matar á Parmenión. Contenía tantas 
riquezas que, á pesar de haber sido saqueada 
muchas veces, todavía encontró en ella An- 
tíoco III de Siria 4 000 talentos. Fué después 
una de las capitales de los Partos. La antigua Ec- 
ha tana es la moderna Hamadán; aún se encuen- 
tran en ella medallas, piedras grabadas, trozos 
de columnas, inscripciones cuneiformes, un her- 
moso león de piedra, y varias tumbas. 

-Ecbatana de los Magos: Geog. ant. Ciu- 
dad de Persia, edificada por Ciro para residen- 
cia de los Magos quo formaban un gran colegio; 
hoy Guerdén. 

ECCARD (Juan): Biog. Compositor alemán. 
N. en Mulhausen, en Turingia, en 1563. M. en 
1611. Créese que fué primero discípulo de Joa- 
quín de Burgk y luego del célebre Orlando de 
Lasso, con el que se trasladó á París en 1571, 
])ero lo cierto es que no se poseen datos exactos 
de estos primeros años do su vida. En Krenigs- 
berg estuvo de segundo maestro de capilla, 
como adjunto del maestro de la corte Teodoro 
Riccius, á quien sucedió en 1599. En 1608 fué 
nombrado maestro de capilla del Elector de 
Brandeburgo, en Berlín. Dejó impresas ó ma- 
nuscritas un gran número de cauciones, algu- 
nas de ellas preciosas, sobre todo la que con 
el título de Canias de fiesta ¡irtisianos publicó 
con la cooperación de Stobeé. En las procesio- 
nes C|Ue actualmente ejecutan las sociedades 
corales alemanas en el coro de la catedral de 
Berlín, se cantan las composiciones de Eccard. 

ECCEHOMO (del lat. eccc, he aquí, y hojno, 
el hombre): m. Imagen de Jesucristo como le 
presentó Pilatos al pueblo. 

- Eccehomo: Bell. A) les. La escena de la pre- 
.sentación de Jesiis al pueblo judío, descrita por 
San Juan en el capítulo XIX de su Evangelio, 
es muy frecuente en la iconografía de la Edad 
Media, de cuya época abundan las tablas y las 
esculturas, representando al Divino Redentor 
con la caña en las manos, la corona de espinas 
en la cabeza, y el manto de púrpura sobre los 
hombros, ya como figura sola ya como protago- 
nista de composiciones en que aparece rodeado 
de Pilatos, y de sayones y soldados romanos. El 
carácter distintivo de estas obras suele ser un 
realismo exagerado, complaciéndose los autores 
en figurar á Cristo lívido, descarnado, cubierto 
de sangre y de heridas, y á sus verdugos como 
grotescas caricaturas que expresan el horror que 
en aquellos tiempos de piedad sincera producía 
la contemplación de los ultrajes prodigados al 
Hijo de Dios por los secuaces del Pretorio. El 
Renacimiento produjo multitud de obras nota- 
bles basadas en este asunto; mas para no hacer 
demasiado exteusa su enumeración, citaremos 
sólo aquellas que gozan de fama universal, á 
saber: las deXiciano, Guillo Reni y Lucas Kra- 
nacli, en el Belvedere de Viena; las del Tinto- 
retto, Aníbal Carracci, Gncrchino, Guido y Ru- 
bens.en Munich; la de Sebastián del l'iombi en 
Ñapóles; Alberto Durero en Venccia; Martín 
Schon en Bruselas; Mabuse en Amberes; Vero- 
nés y Vccellio en Dre.sdo, y en nuestio Museo 
del Prado las de Sebastián dcd l'iombi (.397); 
Tiziano (467); Juanes (759); Morales (847 y 852); 
Murillo (895);Franckel viejo (1359 y 1361); 
Correa (2 153), y un interesante tríptico do es- 
cuela gernulnica indeterminada del siglo xvi 
(1 8S8). 

Eccehomo. - Cuadro del Correggio. Galería Na- 
cional de Londres. Pilatos muestra á Cristo dcs- 



ECCE 



17 



pojado de sus vestiduras á las turbas, (pie piden 
la crucifixión del Justo. A su lado la Virgen 
Santísima, no pudiendo sufrir tanta amargura, 
cae desvanecida, mientras un sayón se prepara 
á letirar á Jesús, cuya dulce fisonomía expresa 
la resignación y la mansedumbre. Este cuadro, 
por el cual pagó el gobierno inglés la suma de 
treinta mil duros á su poseedor el marqués de 
Loudonderry, se considera por muchos críticos 
como una de las más bellas pinturas del mundo 
y como obra maestra del Correggio, mientras 
otros niegan lo uno y lo otro; pero es preciso 
reconocer que sus razones no parecen muy fun- 
dadas. La cabeza de la Virgen desvanecida es 
sumamente bella, expresa un profundo dolor, y 
está ejecutada con tal delicadeza que por sí sola 
justifica la celebridad del cuadro. Las figuras de 
Jesús y de Pilatos, aunque pintadas con menos 
detenimiento, son expresivas y bien modeladas, 
y la obra en general es superior bajo el punto 
de vista del colorido suave y armonioso, y el 
claroscuro sabiamente dispuesto. 

Eccehomo. - Cuadro de Juan de Juanes. Mu- 
seo del Prado, número 759. Jesús, con las 
manos atadas y cruzadas sobre el pecho, sostiene 
en ellas la caña con que los soldados romanos 
insultaron su poder divino. Su cabeza, corona- 
da de esiiinas y salpicada de sangre, contem- 
pla al espectador con melancólica expresión. 
El torso aparece medio cubierto por el manto de 
púrpura aniidado sobre el hombro y un paño 
blanco que envuelve la mitad inferior del cuer- 
po. Un nimbo de rayos de oro rodea la cabeza 
del Salvador, destacándose sobre el fondo casi 
negro. Analizando esta obra se comprende la 
afirmación del sabio crítico Stirling al asegurar 
que ni Rafael ni Leonardo de Vinci sobrepuja- 
ron al ilustre pintor valenciano en la ejecución 
de las figuras que representan al Redentor del 
mundo, pues es imposible expresar meior la no- 
bleza y la dignidad unidas al sufrimiento que 
como lo hace Joanes en esta preciosa tabla, que 
ofrece todas las cualidades que caracterizan su 
estilo noble y majestuoso, á saber: corrección y 
pureza del dibujo, delicadeza en los detalles, 
colorido rafaelesco, y un misticismo encantador 
que, influyendo en el ánimo del que admira la 
obra, atrae su devoción ó su simpatía. Se ignora 
do dónde procede esta tabla, que estaba en 1816 
en el oratorio privado del palacio de Aranjuez, 
pero indudablemente debió ser adquirida por 
Carlos IV en el año 1801, juntamente con otras 
obras del mismo autor que fueron enajenadas 
por la Junta de fábrica cíe la iglesia parroquial 
de San Esteban de Valencia, en cuya ciudad se 
conservan varias repeticiones del Eccehomo, de 
mérito no inferior al cuadro que se hadescrito; 
tales son, por ejemplo, las expuestas ala venera- 
ción de los fieles en los templos de San Martín 
y San Juan del Mercado. 

Eccehomo. - Cuadro de Rembrandt. Galería del 
príncipe Esterhazy, en Viena. Considérase esta 
obra como la másculminante déla colección abun- 
dantísima en cuadros de mérito de todos tiempos 
y como uno de los mejores lienzos pintados por 
el gran maestro holandés. Viardot, en su obra 
Les Musées d' AUcmagne, la describe y juzga en 
estos términos: «Es un cuadro en el que las figu- 
ras están de pie y son de tamaño natural. Jesús 
aparece en el centro, casi desnudo, con un paño 
en torno de losriñones, tal como se le representa 
sobre la cruz, la caña en la mano y la corona de 
espinas en la cabeza. A la izquierda un grupo de 
soldados le insulta con sus burlas; á la derecha 
Pilatos se lava las manos de la muerte del Justo; 
una mujer vierte agua de un jarro de oro mien- 
tras otra sostiene lajofaina. Pilatos viste turban- 
te de varios colores y una pelliza con pieles, 
precisamente como losjudíos de Amsterd.am re- 
tratados por Rembrandt, En cuanto á Cristo es 
evidente que elpintor selimitóácopiiaruumodelo 
quo había disfrazado con las insignias do la Pa- 
sión; ly qué modelo, buen Dios! se creería verla 
obrado uno do aquellos pintores del siglo IV á 
los quo San Cirilo reprochaba hacer de Cristo 
el más feo de los hombres. Y sin embargo, con este 
conjunto de seres comunes, casi innobles, Rem- 
brandt ha llegado, por el irresistible poder del 
color, ]ior la ciencia mágica del claroscuro, á 
hacer una obra tan prodigiosa y tan bella que 
las expresiones faltan para dar á entender el 
esplendor con que brilla ante los ojos ó la admi- 
ración que excita en el alma. Una sola reflexión 
nos persigue delante de esto incomparalde cua- 
dro: ípor qué, nos preguntamos, por qué no ro- 

3 



18 



KCIJ 



uno tanta nohlfza como brillantez yvonlaílt esto ¡ 
sería el triiinfu eoniiileto de la riiitura.» 

ECCLES: Omrj. C. del condado do Láneastcr, | 
Inglatciia; 20000 lialiits. Sit. cerca y al O. de 
lliinclicstcr, junto al Iiwell, afluente del Mcr- 
sey. Carbón de ]i¡iilra; fábs. de tejidos de seda 
y de alfíodún; satenes de nincha estima. 

ÉCCLESFIELD: Oforj, C. del condado de York, 
Iii<,'!at(.rra; l.l.'iOO habits. Sit. cerca y al N. do 
Slicllicld. Kn cierto modo es una sucursal de 
Slu-fliüM para los trabajos cu acero y do cuchi- 
Hería. Nuinero.sas aldeas del mismo dist. scagru- 
|iin eou el nombre de Eccleslield y cuentan on 
conjunto con "¿7000 habits. 

ÉCCLE8T0N: Qioij. C. del coud.ido do Lún- 
castcr, luíílaterra; 14000 habits. Sit. cerca y 
al N. N. E. de Prcscot. Hulla, yeso, cristalería 
y alfarería. 

ECDISANTERA (delgr. r/.OJO'.;, nceiún de des- 
nudar, y a)ifei'«J: f. }ioL Género de Apooináceas, 
tribu de las ccdisantércas, quo se distin;;«e por 
presentar cáliz ])Oco ó nada jilobuloso con su co- 
rola suburceolada, cuyos lóljulos se recubren de 
derecha áiz<iuierda y se hallan retorcidos de iz- 
([uiirda .-i derecha con el disco entero ó quinqué- 
lobulado, con folículos divaricadoB, grne.sosy con- 
tinuos. Se conocen cuatro ó cinco esiiccies pro- 
pias déla India oriental, del Archipiélago Malayo 
y (lela China austral. Sou arbustos trepadores, 
lisos, con hojas opuestas, acuminadas, y con flores 
reunidas en racimos compuestos de cimas tricó- 
tomas. 

ECDISANTÉREAS (de ccdisanlcra): f. pl. fíol, 
Subtriliude Kipiitídeas, de la familia de las apo- 
ciniicras, qiii; so caracteriza por ]>resentar llores 
liciliicñas, rara vez solitarias y a.\ilares, ó reuni- 
das cu racimos de cimas; una corola urceolada, 
snbglobulosa, sin apéndice en la garganta y con 
un ovario completamente supero. Esta subtribu 
compréndelos géneros ¿l/i'jrocÁzVf.s, Eccbísanlhcra, 
Pai-amcria, Pijcnohotriia, Motandra, Zijtjodia y 
Urceola. 

ECEPCIÓN: f. Excr.rcióN. 

ECEPTO: :idv. m. ant. ExCEITO. 

ECEPTUAR: a. ant. ExCEl'TUAK. 

ECGONINA (del gr. ex, de, y vovo;, genera- 
ción): f. Qiiím. Producto del desdoblamiento de 
la cocaína ]ior influencia del ácido clorhídrico. 
Tiene por fórmula C"^ll'=ls 0^. 

Tara obtener la de la cocaína se trata ésta por 
ácido clorhídrico concentrado; el producto de la 
reacción se trata por éter, para separar el ácido 
benzoico que también se l'orma; se decanta la 
capa etérea y la porción acuosa se evaj)ora á se- 
quedad, obteniéndose así un residuo do clorhi- 
dniti) de ecgonina. Esta sal se descompone por 
óxido de plata, y la ecgonina, que entonccs(iuc- 
da libre, se purifica por cristalización en el al- 
cohol. 

La ecgonina es .soluble en el agua é insoluble 
on el éter; se funde á 198°, descomponiéndose. 
Forma sales cristalizables uniéndose a los ácidos. 

éClJA: Ocog. C. con ayunt. en la provincia, 
arz. y cajiitanía general de Sevilla, con 2-3615 
habitantes. Cab. del part. j. de su nombre, ca- 
tegoría de térm., sujeto en lo civil á la Audien- 
cia del territorio y como Juzgado de instrucción, 
á la de lo criminal de Osuna, teniendo éste 
3S53'2 haliits. y lo forman los tres ayunts. de 
Ecija, Fuentes de Andalucía y la Luisiana al 
que están agregadas las aldeas de Campillo y 
Cañada-Rosal. Se halla situada en la orilla iz- 
quierda del río Gcnil, en una cañada formada 
por este río y las alturas de San Cristóbal y la 
Serreznola. La alegre posición de sus collados y 
la agradable vista de los montes Jlariauos y 
Sierra Morena que desde olla se divisan; el be- 
nigno cielo ((Ue la cubre; su saludable clima; las 
riberas de su río cubiertas de eterna venlura; lo 
feraz do su sucio; extensa campiña y dilatado 
aljarafe, la hacín ser una de las poblaciones más 
deliciosas de Andalucía. Es rica en productos 
agrícolas, pues se dan todos los cultivos, produ- 
ciendo en gran abundancia cereales, aceite, fru- 
tas y hortalizas, sin olvidar su riqueza jiecuaria 
y su siempre afamada raza caballar. Aunque 
decaída su industria fabril cuenta todavía con 
seis fábricas harineras, dos de curtidos y varias 
de almidón, con no pocas de alfarería. Confina al 
N. E. con la prov. de Córdoba; al S. con los 



ECIJ 

part. do Estepa y Osuna; al S. O. con el do Mar- 
clicna, y al O. con el de Carmena, l'asan por 
Ecija la carretera general de Andalucía, con un 
magnilieo puente sidire elGinil, y el ferrocarril 
de Córdoba á Marchona,en donde enlaza con las 
lineas de Málaga, Sevilla y Cádiz. Esta ciudad 
fué émula de Córdoba y Sevilla por sus riijuezas 
y monumentos artísticos, bajo la dominación 
romana, visigoda y sarracena: hoy, aun cuando 
ha perdido bastante de su antiguo esplendor, 
conserva restos de aquellas grandezas. Sus calles 
y plazas están bastante limpias y eni]>edradas, 
formando sois distritos con dos barrios cada uno. 
Sus edificios ofrecen regular aspecto, siendo los 
más notables la Casa Consistorial situada en la 
riaza Mayor, que forma un gran cuadrilongo 
con arbolado á su alrededor; las casas-palacios 
con portada, balconaje, adornos y revoques, en 
general degusto italiano, de más opulencia quo 
belleza; una buena plaza de abastos, bonito tea- 
tro, dos casinos, varios café.s, el bello paseo á 
orillas del Genil, titulado la Alameda; la gran 
l'laza de Toros en el sitio que ocui)ó el anfiteatro 
romano, reedificada el año 1SS9. Tiene también, 
además de muchos establecimientos couierciales, 
fondas}' posadas, un Hospital, Casa-Cuna, Asi- 
lo do Huérfanas y el de Ancianos; un colegio de 
primera y segunda enseñanza con otras escuelas 
particulares y doce municipales. 

Consta de sois parroquias: la mayor, que es 
Santa Cruz, convertida en mezquita cuando la 
invasión agarena, y donde se conserva un mag- 
nífico arco mudejar; Santa María de la Asunción; 
Santa lijíibara, que se reservaron los cristianos 
jiara catedral durante la dominación de la Me- 
dia Luna, habiendo ejercido en ella la cura do 
almas los santos mártires l'cdro y Wistribundo; 
San Juan Bautista; San Gil y Santiago el Ma- 
yor, cuyos templos pertenecen á la é|H)ca de la 
decadencia de la Arquitectura desde el final del 
jicríodo del Renaciniicnfo hasta nuestros días. 
Sus torres, adornadas de cartelas, balaustres y 
azulejos, ofrecen indicios de inusitada magnifi- 
cencia. Tuvo doce conventos de religiosos y ocho 
do religiosas, de los cuales .sólo se conservan 
cuatro, ocupando el do las Teresas un palacio 
árabe que, si bien algo deteriorado, es un ejem- 
plar notable, por la pureza de su estilo, digno de 
estudio. 

Historia. -Según Francisco Tarrasa, fué fuu- 
daila por Astín o Astur, capitán griego que vino 
á Es]iaña después de la destrucción de Troya 
(año 279i antes de J. C). Según Poza y otros, 
Gargoris, supuesto rey de España, fué quien le 
puso nombre en 2811 de la Creación, creyendo 
algunos que había sido poblada jior griegos almu- 
nides; pero lo más conforme es que Ecija fué 
fundada por los primeros poblailores de España, 
que la acrecentaron los griegos, luego los celtas, 
y últimamente los romanos. Sus armas son el 
Sol en escudo orlado con las palabras proféticas 
de Isaías (cap. 19, v. 18): Civilas solis vocabitiir 
una, con las que se publican sus grandezas y 
excelencias. Lo ostentó antes de la invasión de 
los moros; usó de él durante la douiinación ro- 
mana y lo conserva en el día. Grandes han 
sido los servicios que en todo tiempo hicieron 
los hijos de esta ciudad en defensa de sus sobe- 
ranos, ]ior lo cual fué reputada su plaza de ar- 
mas como la más fiel de la comarca. Durante 
nueve siglos, no obstante hallarse bajo la domi- 
nación de varias naciones, nunca decayó; luego, 
en el Imperio romano, permaneció al lado del 
invicto Julio César en sus guerras contra Pom- 
peyo;y cuando la dominación goda siguió su 
fidelidad con los nuevos monarcas, desde Atha- 
narico hasta Leovigildo, en cuyo tiempo mereció 
contar entre sus vecinos al glorioso San Fulgen- 
cio, cuarto obispo astigitano, y á la sereuisima 
infanta la esclarecida virgen Santa Florentina, 
hermana de éste y fumladora del monasterio 
Benedictino del Valle, primero de religio.sas en 
España, del que fué su abadesa. También estuvo 
San Hermenegildo en esta ciudad á cubierto de 
las iras de su padre; y desde el reinado de Ecca- 
redü hasta Roderico, último rey de los godos, 
no faltaron ocasiones de hacer Éeija á sus prín- 
cipes señalados servicios de ciega lealtad. Inun- 
dada Andalucía de moros por la parte do Tarifa, 
año 714 entregóse también Ecija, si bien capitu- 
lando su libertad y el ejercicio de la religión 
cristiana. Durante el reinado de Abenuth', su 
valido y confidente D. Lorenzo Suárez de Figue- 
roa, duque de Feria, facilitó la entrada en la 
ciudad desde Córdoba al santo rey don Feriian- 



ECIJ 

do III, día 3 demayo de 1240 ,y álos veintidós 
años después, extinguida la morisma, hizo repar- 
timiento do ella su hijo don Alfonso; siendo el 
primer gobernador don Xuño González de Laia. 

Esta población, como fronteriza de Granada, 
jugó un papel muy importante durante el poder 
musulmán, conteniendo, defendiendo y vencien- 
do, con tal valor que mereció gran atención de 
los Reyes Católicos. Fué Ia])rimera que asistió á 
la conquista de Tarifa y participó de la victoria 
obtenida por ol ejército cristiano contra el rey 
de Fez en las cercanías do Jerez de la Frontera, 
con otros hechos de armas ;)mes como dice laapre- 
ciable cláusula de una escritura, «siempre Ecija 
procodiódebiencumejoreii todosloslechos de la 
guerra é todas las otras cosas serviciales del rey 
cíe Castilla c proeedcráhasla la muerte,» cual lo 
comprueba, además, ol célebre hecho do armas 
contra Muley, rey de Granada, donde tanto se 
distinguió Matamoros, y que motivó haberse 
eligido en iglesia parroquial la ermita del señor 
Santiago. 

Cuando se dio piincipio á la conquista del 
reino de Granada, doña Isabel asentó en Ecija 
su real casa, hospedándose en el monasterio de 
Santa Inés, y los brio.sos astigitanos fueron los 
primeros que derramaron su sangre en las glo- 
riosas eni|iresas do Zara, Alhama y otros pue- 
blos. Entro las célebres hazañas de esta jornada, 
figura la llevada á cabo por el esforzado caballe- 
ro Garci Laso, en defensa del Ave María, yol va- 
lor de don Diego García de Castrillo, vecino fide- 
lísimo de esta ciudad, al fijar el real católico es- 
tandarte en la torre de la Alhanibra el día de su 
triunfo, año 1498. Habiendo cesado el motivo 
de sus fronteras, no dejaron sus valerosos hijos 
de repetir, con otros Iioclios, pruebas de cons- 
tante lealtad, como lo publican la oposición 
quo hicieron á los comuneros, asistiendo á la 
memorable Junta de la Rambla, y el terror que 
causaron entre los moriscos cuando la subleva- 
ción, por cuyos heroicos esfuerzos merecieron 
ser conocidos con el nombro do Manga de San 
Jorge, hechos glorio.sos i|UO mcieeieron do los 
reyes testimonios repetidos de aprecio por tan 
singularísimos servicios. Tuvo Ecija en la anti- 
güedad muchos privilegios, siendo, entre otros, 
el ser uno de los cuatro conventos jurídicos de 
Bética y el ostentar, por haber sido esta ciu- 
dad, para César, la más fuerte y fiel de la co- 
marca, el nombre de Colonia Jnlia Augusta 
Firme. Después de restaurada por los árabes, lo- 
gró, entre otros, el haberla hecho don Alfonso X 
ciudad libre é independiente de otra alguna, 
concediéndole los mismos fueros y privilegios 
que á Córdoba, y que tuviese feria franca; don 
Pedro I el que usase de los mismos fueros y 
exenciones que Sevilla; don Juan II el que 
tuviese voto cu Cortes; don Enrique III le res- 
tituyó ol nombro de C'iKrf«f¿ «agora y para siem- 
pre jamás;» don Felipe IV el tratamiento de 
Señoría y que pudiese tener dosel en la Sala de 
su cabildo con la imagen do la Concepción, por 
haber sido la primera ciudad de España que 
creyó, enseñó y defendió este misterio; don Fe- 
lipe V, en repetidas cartas, le dio los renombres 
de eonslantc, leal y fiddísima, haciendo de ella 
otros elevados encarecimientos; y, por último, 
en el reinado de ilou Alfonso XII, obtuvo el tra- 
tamiento de E.ecelcncia, que actualmente dis- 
fruta. 

Muchos mayorazgos y muy esclarecida nobleza 
ilustran á esta ciudad, pues además de los hijos- 
dalgos do sangre, contó con 40 títulos de Cas- 
tilla, de los cuales 13 gozaban del alto honor de 
la grandeza de España. Entre sus hijos ilustres, 
además de los apuntados y otros que se omiten 
por no permitirlo la índole de este trabajo, San 
Hieroteo, obispo de Atenas y Segovia, discípulo 
de San Pablo y maestro de San Dionisio Areo- 
pagita, San Crispín, discípulo de Santiago y 
primer obi.spo de Ecija, martirizado el 67, el ya 
citado San Fulgencio, Doctor insigne, Agencio, 
que asistió al cuarto concilio toledano, con otros 
que no se enumeran y algunos más cuyos nom- 
bres desconocemos por haberse perdido las Dís- 
ticas y el E])iscopolio do esta iglesia. Recobrada 
esta ciudad por los cristianos, citaremos á Pablo 
de Santa María (1538), aclamado «Padre de los 
pobres»; Cristóbal de Piada (1603), misionero 
en Guatemala, que murió aspado con otros san- 
tos mártires y -venerables sacerdotes. El 900 
figuró Ibrahim ben-Isa-el Moradí de Ecija, uno 
de los hombres más sabios de est? tiempo, á 
quien coiisultaba el rey Abdalá con mucha l're- 



ECKA 

cuencia. El Célebre escritor sagrado Andrés Sfl- 
vindo, autor de la adición á la Historia de Ecija 
y sus santos, por Martín de Roa; don Alonso de 
Grao-era, escritor de la historia y linajes de la 
misma ciudad: Luis Vélez de Guevara, célebre 
liu-isconsulto y literato eminente, favorito^ de 
Felipe IV, autor de cuatrocientas comedias. 
Entre los guerreros, don Alonso de Cárdenas, 
último Gran Maestre de Santiago, de quien el 
Gran Capitán aseguraba haber aprendido, sien- 
do su soldado, todo cuanto sabía. Don Tello 
González de Aguilar, alférez mayor de Ecija; 
Jerónimo de Aguilar, que naTegando en 1511 
de Darién á Santo Domingo, y apresado por los 
indios, .sufrió un penoso cautiverio; pero ha- 
llado después de algún tiempo por Hernán Cor- 
tés, fué su intérprete y le sirvió de mucho en 
la conquista de Méjico. Por último, en nuestros 
días, han figurado el excelentísimo señor don 
Francisco J. Pacheco, eminente jurisconsulto, cé- 
lebre literato y hombre de Estado, y el excelen- 
tísimo señor don Nicolás María Rivero, que, aun 
cnando sólo hijo adoptivo de esta ciudad, recibió 
de ella su primera representación en Cortes, y 
que fué comienzo de su gloriosa carrera política. 
No cerraremos este artículo sin reivindicar á Eci- 
ja de la ofensa que le infierelavulgar leyenda que 
la hace haber sido madre de los bandidos que 
se conocen con los nombres de los siete niños de 
Ecija, pues este nombre lo tomaron, no por el 
lugar de su nacimiento, sino por el sitio que fué 
teatro de sus fechorías. 

EClJ ANO, NA: adj. Natural de Ecija. U. t. c. s. 

- Eci.iAN'O: Pertecicnte á esta ciudad. 

ECK: Geog. Lago del condado de Argyle, Es- 
cocia; situado en la península de Cowal. Se ex- 
tiende de S. á N. en una longitud de 11 kiló- 
metros, con unos 400 ó 600 metros de anchura, y 
ocupa el centro déla penín.sula que bañan al E. 
el estnario del Clyde y al O. el fiordo de Coch 
Fyne. 

Derrama su sobrante por el S. por un río que 
desagua en el estuario del Clyde en la peque- 
ña bahía de Holy Loch, ó aldea de Kilman. Sus 
márgenes son accidentadas y pintorescas. 

ECKARD I: Biog. Margrave de Misnia. Murió 
ase.3Ínado en 1002. Sucedió á su tío Riedag en 
985, y atacó en seguida á Boleslao II, duque 
de Bohemia, para obligarle á restituir las con- 
quistas que había hecho en la Misnia. Vio sus 
esfuerzos coronados por el triunfo, y logró que 
sn enemigo se convirtiera en un amigo liel y en 
un aliado. Acompañó en seguida al emperador 
Otón III en su primera canjpaña, y le recibió 
en su capital cuando este monarca se disponía 
á llevar la guerra á Polonia: esta amistad le 
valió el ducado de Turingia. Muerto Otón III, 
Eckard pretendió la corona imperial, contra las 
aspiraciones de Enrique el Santo ó el Cojo, du- 
que de Baviera, que triunfó de su rival. Regre- 
saba Eckard desde Paderborn á Misnia cuando 
fué asesinado por Sigefredo, conde que había 
sido compañero de armas del margrave Gontiero, 
padre de Eckard. Este último fué enterrado en 
Naumburgo, punto donde había erigido un 
obispado. 

- EcKATtD II: Biog. Margrave de Misnia. Mu- 
rió en 1046. Era hijo del precedente, y prestó 
poderosa ayuda á su hermano mayor Hermán 
para rechazar la usurpación de Guncelino, su 
tío, el cual, ayudado por Boleslao, duque de Po- 
lonia, había invadido la Misnia. Muerto Hermán 
en 1032, Eckard se encargó del gobierno, y se 
distinguió por los servicios prestados al empe- 
rador Enrique III, que le dio el calificativo de 
FidcHssiimis fidelis. Eckard murió repentina- 
mente sin dejar hijos varones, y la Mi.snia, por 
derecho feudal, entró á formar parte del Imperio 
de Alemania. 

ECKARTSHAUSEN (Carlos de): /¡'íoj. Notable 
pnlilicista alemán. N. en el castillo de Haini- 
liausen en 1752. M. en Munich en 1803. Era 
liijo natural del conde de Hainihausen. Recibió 
en el colegio de Munich una educación brillante, 
y fm^ sucesivamente consejero áulico, censor de 
la bililioteca y conservador de los archivos de la 
casa electoral. Publicó unas setenta y nueve 
obras, entro las cuales son las más notables la 
comedia Bvfón de corte, Historia de los cahallcros, 
Noches místúas, y sobre todo IHos es el amor puro, 
obra do la que se han hecho en Alemania unas 
sesenta ediciones y que ha sido traducida ácasi 
todos los idiomas de Europa. 



ECKH 

ECKEBRECHT (Felipe): Biog. Astrónomo ale- 
mán. N. en Nuremberg en 1594. M. en 1667. 
Supo conciliar la práctica de los negocios comer- 
ciales con las especulaciones astronómicas. Ani- 
mado por Keplero estudió el cometa de 1618, es- 
cribió una llefidación de los ciclos de Tolcmeo, 
é hizo grabar sobre cobre un mapamundi que 
Keplero publicó más tarde en sus tablas astro- 
nómicas. 

ECKERMANN (JüAN Pedro): Biog. Distin- 
guido literato alemán, fué muy conocido por 
haber desempeñado el cargo de secretario parti- 
cular de Gcethe, con quien le unía estrecha 
amistid. N. en Winsen (Hannover) en 1792. 
M. en 1S54. Después de servir como voluntario 
durante la campaña de 1813 y 1814 en el Norte 
de Alemania, fué agregado en 1815 á la Canci- 
llería del Ministerio de la Guerra de Hannover. 
Publicó en 1S21 su primer tomo de poesías y 
envió á Grothe el manuscrito de sus Docimicn- 
tos para la Poesía (Stuttgart, 1823) con cuyo 
motivo empezó la amistad ya nunca entibiada 
que le unió con el inspirado poeta. Se doctoró 
en la Universidad de Jena en 1827, y dos años 
después fué nombrado profesor de inglés y de 
alemán del gran duque heredero. En 1830 hizo 
un viaje á Italia acompañando á los hijos de 
Goithe, de quien era secretario desde 1823, y á 
su regreso recibió el título de Consejero áulico 
en Weimar, desempeñando el cargo de biblio- 
tecario de la gran duquesa. Eokermann debe su 
celebridad principalmente á la obra que publicó 
con el titulo de Conversaciones con Gcellic {hei])- 
zig, 1836, tomos I y II; Magdeburgo, 1848, 
tomo III), que contiene preciosos documentos 
relativos á los últimos años de la vida del in- 
mortal autor del Fa.usto. 

ECKERNFÓRDE: Ocog. C. cap. de circulo, pre- 
sidencia de Schleswig, prov. de Schleswig-Hols- 
tein, Prusia; 5 500 habits. Sit. alE. S. E. de 
Schleswig, en una magnífica bahía del Mar B.ál- 
tico, de 20 kms. de profundidad. Navegación 
decadente después de la anexión á Prusia. Lu- 
gar de la batalla librada entre alemanes y diua- 
niarqiieses en 5 de abril de 1849. 

El círculo tiene 996 kilómetros cuadrados y 
45 000 habitantes. 

ECKERT (Carlos Antonio Flori.ín): Biog. 
Compositor. N. en Postdam en 1820. A los tres 
años fué adoptado por Mme. dcFarstein, esposa 
de un distinguido literato, y recibió una com- 
pleta educación musical. Discípulo de Zetter 
en 1830, y animado por los elogios de Spontini, 
compuso dos óperas para el teatro de Kcenigs- 
tadt, cuando contaba dieci.sietc años de edad. 
En 1840 recibió lecciones de Mendelssohn en 
Berlín, y partió luego á Italia, donde residió 
dos años. A su regreso compuso Guillermo de 
Orange, representada con éxito prodigioso. Los 
sucesos de 1848 le obligaron á expatriarse, visi- 
tando Bélgica, Holanda y París, donde .se vio 
forzado á aceptar una plaza en la orquesta del 
Teatro Italiano, por no poder lograr un poema 
de ópera para uno de los teatros líricos, y hubo 
de limitarse á componer trozos de canto que la 
Sontog intercalaba en la lección del Barbero de 
Sevilla. Dirigió las orquestas de aquel teatro y 
del de Viena, hasta 1860 en que desapareció de 
la escena musical. Además de sus óperas e.scribió 
una sinfonía; una overtura; un trío para piano, 
violín y violoncello, y otras. 

ECKERTSBERG: Gcog. Municipio del círculo 
de Johannisburg, presidencia de Gumbinnen, 
provincia de Prusia Oriental, Prus¡a;5000 habi- 
tantes. Sit. al N. de Johannisburg, en el extre- 
mo N.E. del lago Spirding. 

ECKHART ó ECKEHARD: Biog. Dominico ale- 
mán del siglo XIV, á quien se puede con.siderar 
como el verdadero padre de la Filosofía especu- 
lativa en Alemania. Se ignoran las fechas de su 
nacimiento y de su muerte, aunque .se cree que 
ésta debió ocurrir hacia el año 1.329. Era en 
1302 provincial de la Orden de Predicadores, y 
más adelante fué vicario general de Bohemia, 
donde mostró una notable actividad reformando 
los conventos de su Orden. Acusado de herejía 
por el obispo do Colonia, su más encarnizado 
enemigo, fué citado ante el Trilnnial de la Inqui- 
sición, perseguido y condenado por unabuladel 
Papa, fcchacía en 27 de marzo de 1329, habién- 
dose retractado de sus errores antes de morir. 
Dodota Eckhart de profundo talento, pensador 



ECKS 



19 



de primer orden, cuyas ideas eran incomprensi- 
bles para los espíritus vulgares de su época, se 
atrajo el odio y la animadversión de la mayor 
parto de los filósofos y los teólogos alemanes. 
Sin embargo, no faltaron hombres ilustres que 
comprendieron su verdadero mérito, como lo 
demuestra el gran número de sus discípulos, 
entre los que se cuentan á Tauler y á Suss. Fué 
además un notable escritor, de estilo castizo y 
brillante, pudiendo ser colocado entre los prosis- 
tas alemanes más notables. Su vida y sus doc- 
trinas han sido materia de empeñadas contro- 
versias, disertaciones y estudios críticos, de- 
biendo citarse entre ellos los de Sehmidt insertos 
en\os EstudioscrUicosyteológicosalemanes{lS39), 
y las llcmorias de la Academia de Ciencias Mo- 
rales y Políticas. 

ÉCKINGTON: Geog. Municipio del condado de 
Derby, Inglaterra; 8000 habits. Sit. al N.N.E. 
de Chesterfield, cerca del Rother. Explotación 
de hulla; fábrica de clavos, quincalla y alfa- 
rería. 

ECKIUS (Leonardo): Biog. Eminente juris- 
consulto alemán , consejero del margrave de 
Anspach, del duque de Baviera y del emperador 
Carlos V, que le consultaba con frecuencia. N. 
en 1480. M. en Munich enl550. Era tan graiule 
su reputación como hombre de ciencia y de ta- 
lento, que se consideraba como nula toda deci- 
sión tomada sin haberle consultado, tanto que 
después de su muerte se decía generalmente, al 
discutir cualquier asunto complicado: si Eckius 
estuviera aquí, resolvería la cuestión con cuatro 
palabras. 

ECKMUHLÓ EGGMÜHL: Gcog. Aldea del dis- 
trito de Straubing, círculo de ía Baja Baviera, 
Baviera, Alemania, sit. á orilla del Grosse-La- 
ber, afl. del Danubio, con estación en el f. c. de 
Ratisbona á Munich. Célebre por la batalla en 
que los franceses derrotaron á los austríacos, el 
día 24 de abril del año 1809, y que valió al 
mariscal Davout el título de príncipe de Eck- 
miihl. 

ECKSTEIN (Fernando, barón de): Biog. Fi- 
lósofo y escritor francés, de origen danés. N. en 
Copenhague en septiembre de 1790. M. en París 
en 25 de noviembre de 1809. A los diecisiete 
años de edad, hallándose en Roma, se convirtió 
al catolici.'mo, y después de haber terminado 
sus estudios en Gotinga y Heidelberg ingresó 
en el cuerpo franco de Lützow y concurrió á to- 
das las campañas de 1812 á 1814. Oficial al 
servicio del nuevo reino do AVestfalia, quedó 
poco después encargado de la policía civil y 
militar de Gante. Más tarde pasó á Francia, 
donde Luis XVIII le confirió varios empleos, el 
último de los cuales conservó hasta la revolu- 
ción de 1830. Colaboró en varias revistas lite- 
rarias, y de 1826 á 1829 publicó la titulada El 
Católico, en la que insertó trabajos propios sobre 
casi todos los ramos de los conocimientos huma- 
nos. Aspiraba á buscar en éstos la unidad de 
doctrina é identificar la doctrina con el catoli- 
cismo puro. Creía que la conciencia individual 
puede enseñarnos lo que es el yo, pero no loque 
es la humanidad. El yo, por tanto, no puede 
ser criterio do verdad, y para juzgar al hombre 
en general, es preciso acudir á la Historia y á la 
Tradición, de que la Iglesia es depositaría. Adán 
yCristo son tipoy modelo delhombre;con ellos 
juzga el filósofo á la humanidad entera: el uno 
representa nuestra naturaleza creada buena, 
pero luego caída, y el segundo nuestra natura- 
leza regenerada divinamente. Para estudiar y 
conocer á Adán y á Cristo es necesario consul- 
tar la tradición primitiva y cristiana, con lo que 
todo queda reducido á una cuestión erudita y 
de critica histórica. Luego, como el tipo humano 
se alteró con el transcurso de los siglos y .su 
establecimiento en las diversas regiones del glo- 
bo, debemos seguirle en sus variaciones, cambios 
y modificaciones, y asi habremos alcanzado el 
carácter católico. El sentido íntimo, pues, no 
significa nada para Eckstein, y, .sin embargo, 
como dice Damirón, al apreciar á este filósofo, 
no hay ciencia posible, y sobre todo ciencia del 
hombre, si se prescinde del .sentido íntimo ó 
conciencia. Con el mismo espíritu de El Católico, 
redactó Eckstein un libro titulado España, con- 
sideraciones sobre su pasado, sji presente y su 
porvenir, etc. (París, 1836, en 8.°). 

- EoK.STEiN (Ernbsto): Biog. Escritor satí- 



20 



ECLA 



rico alemán. N. en Giessen en 6 de febrero do 
1815. .Si^iii<i los cm-.so.-i de las Uiiivfi>i<lades de 
Giessen, líonn y lieilín de 1SG3 ú 1808. Luego 
marclió á l'aris, después visitó Es|iaña, Italia, 
Suiza, Austria y Holanda, noogieudo por todas 
partes observaciones i|ue publicó en una serie 
de ol)ras liiinion'stiras, escritas la mayor parte 
en l'aris: el Inihífiltl': Sevilla, epopeya cómica; 
lo.s S'-ditclorcs de Varzín, escena de noelie. Al 
mismo tiempo daba á las revistas literarias y 
satíric.ís una intinidad de artículos y bi)cetos, 
que fueron igualmente publicados en volúmenes 
con los títulos de //();Ví.s-TO/a»/íS, y Mcraiitcía li- 
gera. Después 90 estaltleeiü en Lei[)zig, donde 
continuó sus publicaciones. 

ECLAMPSIA (del griego ;'x>a¡i'J/'.;, brillo ó res- 
plandor súbito; de :/., de, y >.á¡ji::(o, brillar): f. 
Enfermedad de carácter convulsivo, ([Ue suelen 
padecer los niños y las mujeres embarazadas ó 
recién paridas. Acomete con accesos, y va acom- 
pañada ó .seguida ordinariamente de (lérdida ó 
abolieiuu mas ó menos completa de las faculta- 
des sensitivas é intelectuales. 

- Eclampsia: /'ato/, y Ol'St. En otro tiempo 
.se empleaba este nombre para designar toda 
exaltación de las |)ropiedades vitales, y así se [ 
confundía, bajo una misma denominación, los 
estados nerviosos nuis diversos, incluso la epi- 
Icjisia. 

Hoy .so llaman eclnmjisia los abscesos cpi- 
leptilormes que se ju'esentan tan sido una ó 
pocas veces y durante un tiempo limitado. Por 
lo demás , los accesos eelámpticos no difieren 
gi'an cosa de los epilépticos. Keíiéreusa á la 
eclampsia, en primer lugar, los accesos epilep- 
tiforuies aislados (pie se nianiiiestan en ciertas 
cnforniedades cerebrales (tumores y ab.scesos, 
hemorragia cerebral, meningitis, anemia, irri- 
tación del cerebro): eclampsia siiUumdliiu. Acle- 
más, los accesos eelámpticos constituyen los fe- 
ncimenos característicos de la uremia que sobre- 
viene en ciertas eufermodailcs renales: cclam¡>sia 
urémica. En tal caso pueden los accesos repe- 
tirse varias veces, acaso con intervalos mayores, 
en términos que tal estado se hace semejante á 
la epilepsia: en ocasiones se suceden tan rápi- 
damente, que antes de que el enfermo despierto 
del coma ]iostcclámptico se presenta un nuevo 
acceso. Algunos pacientes sucumben en el acceso 
eclámptieo ó en el coma consecutivo; otros pue- 
den reponerse, y, cuando las condiciones ilc la 
secreción urinaria llegan á ser más favoral)les 
(por cjeuiido, en algunos casos de enfermedad 
aguda de Bright) pueden curar por com|)leto. 

Por su gravedad y frecuencia merece descrip- 
ción detenida la eclampsia puerperal, cuyos sín- 
tomas son uniy parecidos á los de otras formas. 

Eri.AMi'SiA i'UEr.FEiiAL. - Ha recibido tam- 
bién los uondires do cmwuhioncs puerperales 
(Hoffmann), calamhres (jeneral izados y convul- 
siones graves (Wigand), disloeia convulsiva (.Ton- 
ny), distocia cpiléjtlica (Merrimann), epilepsia 
U'juda (Vogel). Es una de las más temibles dis- 
tocias, siendo frecuente la muerte de la madre 
como resultado inmediato, y más coun'ni quizás 
la del feto. Su invasión suele scrsúbita, muchas 
veces sin que ningún antecedente próximo ó 
remoto haya hecho prever su aparición, y lo 
mismo desarrolla sus síntomas durante la gesta- 
ciíjn que en medio del ti-abajo del parto, si bien 
es más común en el puerperio. 

üu frecuencia hsL sido calculada de un modo 
diverso ])or los tocólogos; según Cazcaux, h.ay 
i\n caso de eclampsia por cada doscientos partos, 
y según algunos autores ingleses uno por cada 
450 ó 500.' 

Lever, Devillier y Reynauld fueron los pri- 
meros que, ocupándose de la ctiolorjía y patoge- 
nia de la eclampsia, llamaron la atención sobre 
la coincidencia de la albuminuria con los acce- 
sos eelámpticos, deduciendo que las convulsio- 
nes, lo mismo que las uréuiicas en ¡a nefritis, 
eran producidas por la retención de la urea en 
la sangre. Frerichs, después de h.aber demos- 
trado que aun cuando la sangre se halla sobre- 
cargada de urea no se presentan ni coma ni 
convulsiones, modificó esa opinión, manifestando 
que la urea en el organismo se transforma en 
carbonato amónico, y que éste es el que produce 
efectos deletéreos. Tal idea fué confirmada por 
el bocho de que á veces se ha conseguido de- 
mostrar la presencia del carbonato amónico en 
la .sangre (C. Braun y Spiegelberg). Na;goledice 
(\\\a la eclampsia «depende de modificaciones 



ECLA 

patológicas particulares producidas por la ges- 
tación y el parto en la sangre y en el sistema 
nervio.so, modificaciones por las cuales la excita- 
bili<lad refleja del cerebro y de la medula se 
halla e.xtraoi'diuariamente aumentada, bastando 
entonces una excitación, á las veces insignifi- 
cante, para que estallen las convulsiones. »Trau- 
be indicó la idea de que los llamados fenónicnos 
urémicos en las enfermedades renales no eran 
producidos por la retención de sustancias excre- 
menticias en la sangre, sino debidos á que la 
pérdida do albúmina y la liidremia consiguiente, 
á consecuencia de una hipertrofia simultánea 
del ventrículo izquierdo, aumentan la tensión 
.sanguínea cu el sistema arterial, ocasionando un 
edema del cerebro, cuyas consecuencias son el 
coma ó las convulsiones, según que se afecten 
.sólo los hemisferios ó las partes medias. Ro- 
senstein exageró esta teoría do la cclamp.-ia, 
indicando que toda embarazada tiene la san- 
gre hidrémica, y que durante el parto, á conse- 
cuencia de la mayor ó menor participación del 
sistema muscular en el trabajo, aumenta la ten- 
siiín arterial, siendo posible, por lo tanto, aun 
estando sanos los ríñones, la aparición de acce- 
sos eelámpticos. 

El doctor Campa, catedrático de Barcelona, 
admite dos formas de eclampsia: 1.* Idiopática, 
independiente de una toxicoheniia, y debida al 
aumento extraonlinario de la potencia excito- 
motriz del encéfalo, por razón de las condiciones 
mismas en que coloca al organismo el hecho de 
la gestación. 2.''' Sintomática (albmninArica, 
•urémica ó urinémicct), dependiente de una alto- 
ración de la sangre.y constituyendo, por lo tanto, 
un síntoma de es» antointoxieación, por los ele- 
mentos excrementicios retenidos. 

Ocupémonos ahora en la sintomalolorjía. El 
piineipio es ora brusco, ora precedido de cefalal- 
gia, dolor epigástrico, vómitos, disnea y tras- 
tornos de la visión. El acceso, constituido por 
convulsiones sucesivamente tónicas y clónicas, 
que interesan sobre todo los músculos de la vida 
do relación (y quizás también los de la vida ve- 
getativa) y acompañado ó seguido de la aboli- 
ción más ó menos completa, más ó menos ]>ro- 
longada, de las facultailes .sensoriales é intelec- 
tuales, dura por término medio uno o cinco 
minutos, y en casos excepcionales cinco ó veinte. 
Rara vez es único; por lo general hay muchos, 
separados por algunos minutos de intervalo; se 
han contado hasta sesenta y más en cuarenta y 
ocho horas (Pajot). La presencia de albúmina en 
la orina es bastaute común para constituir >in 
importante elemento de diagnóstico. Esta albu- 
minuria, unida á un extenso edema y aun á la 
anasarca y síntomas precursores antes citados, 
en una mujer embarazada, debe hacer temer al 
tocólogo la explosión de la eclampsia; tal con- 
junto premonitorio, la abolición de la inteli- 
gencia y de los sentidos, las convulsiones suce- 
sivamente tónicas y clónicas, bastan p.ara dis- 
tinguir la eclampsia del histerismo, del téta- 
nos, de la apoplejía, etc. El acceso epiléptico se 
parece por completo al de la eclampsia, y la 
diferencia sólo puede fundarse en los anteceden- 
tes, en la existencia de convulsiones antes de 
ese estado, y en la albuminuria. 

La primera manifestación del acceso aparece 
en la cara; los músculos del ojo entran en con- 
tracción fuertemente tónica, lo cual les da el 
aspecto de ojos brillantes con la mirada fija 
hacia arriba, pupila contraída y párpados abier- 
tos. Eu este momento hay j'a pérdida completa 
de la inteligencia. A la contracción de los mús- 
culos de los ojos signe la de los músculos del 
ala de la nariz y de los labios; mientras en el 
ojo empieza ya la oscilación clónica por una vi- 
bración de los párpados, la cara toma un aspecto 
horrible, característico, fuertemente fruncida y 
presa de sacudidas violentas; está al propio 
tiempo violácea, cubierta de sudor halituoso y 
las conjuntivas inyectadas. Pronto entran en 
convulsión los músculos del cuello; la cabeza es 
movida por una especie de rotación irregular, 
al paso que las carótidas laten fuertemente y 
las yugulares se presentan hinchadas; la con- 
vulsión, tónica primero y en seguida clónica, se 
comunica rápidamente al tronco y á los miem- 
bros: uno y otros se mueven como excitados 
por fuertes sacudidas eléctricas. La respiracii'ni 
es desigual, ronca; la boca se cierra espasmódi- 
camente, magullando los dientes la lengua, y la 
saliva, rechazada por las sacudidas expiratorias, 
sale al través de la boca en forma de espuma 



ECLA 

sanguinolenta. La convulsión toma un carácter 
especial en los dedos de las manos, los cuales so 
cierran fuertemente sobre el pnlg.ir. El puLso, 
lento antes del acceso, llega a 120 ó 140 ]iulsa- 
ciones, tornándose [lequeño, desigual c intermi- 
tente. 

En pocos segundos todo el cuerpo sufre esas 
sacudidas convulsivas, violentas, que desarrollan 
una fuerza extraordinaria. La temperatuia se 
eleva, oscilando entre 37,8 y 40", y pudiendo 
llegar, según muchos autores, hasta 41 ü nuis; 
la jiersisteneia en la elevación de temperatura 
es un signo de pronóstico grave; por el contrario, 
su descenso permite pronosticar una terminación 
favorable. 

Después de algunos niiuntos do duración 
fijase otra vez la vista, escondiéndose debajo 
del párpado la pupila, y siguiendo algunos ins- 
tantes de contracción tónica de todos los mús- 
culos, precursora de la relajación completa, que 
no aparece brnsca, sino lentamente. En cuanto 
la convulsión cesa, desingurgítansc las venas y 
empieza el período de calma, más ó menos du- 
radero, para repetirse después la escena descrita. 

Terminado el acceso, queda la enferma dormi- 
da, pero no con un sueño normal sino soporoso, 
durante el cual la respiración se parece á la de 
los apopléticos y el pulso conserva su frecuen- 
cia) periodo comatoso de algunos autores). 

Es raro qne pase la borrasca en un solo acce- 
so; lo común es que se repitan, y así es que, 
después de un intervalo de calma, que puede ser 
de algunos minutos ó durar media ó una hora, 
so reproduce el acceso por la misma sucesión de 
fenómenos. Estos presentan una marcha cre- 
ciente, de modo que á cada crisis son más in- 
tensos, más exagerados los movimientos. La 
primera convulsión suelescr corta y poco fuerte, 
durando apenas un minuto, pero cada vez son 
más duraderas y se aproximan; de suerte que en 
la forma grave, y que no cede á ningiin trata- 
miento, acaba por producirse un estado casi 
continuo de convulsión, contándose hasta 30 ó 
40 accesos en el espacio de dos horas. Como dice 
muy gráficamente el citado Doctor Campa, «en 
presencia de un cuadro de esta índole, de esta 
verdadera tempestad de sacudidas y contraccio- 
nes, de lucha entre todas las fuerzas orgánicas 
confusamente desplegadas en el reducido espa- 
cio del cuerpo, no parece sino que el centro que 
preside á todo el funcionalismo haya sido hecho 
pedazos. La vida no es posible con tal desorden; 
á medida que las fuerzas se pierden las convul- 
siones son menos intensas, el coma se va hacien- 
do más profundo, y viene un momento en que, 
al terminar un acceso, la respiración se suspende, 
cesan los latidos cardíacos, y sucede al desorden 
de las convulsioues la calma de la muerte.» 

Por lo dicho se comprende que el pronóstico 
de la eclampsia es gravísimo. La mortalidad 
puede calcularse en un 21) por 100 (Clmrchill la 
aprecia en un 20 por 100; Reynauld en un 15, 
y Brummerstádt eleva esta cifra hasta 37,8 por 
100). Parece que la mortalidad es menor en 
Inglaterra que en Alemania y Francia. Un 
parto difícil ó una enfermedad simultánea del 
riñon agravan esencialmente el pronóstico. 

Cuanto á la influencia .sobre la vida del feto 
es también desastrosa, pnes mueren próxima- 
mente la mitad de los niños antes de que termi- 
ne el parto. 

El tratamiento tendrá por objeto combatir eu 
lo posible las convulsiones generales y evitar su 
reproducción: para ello se ha empleado las in- 
yecciones de morfina y las inhalaciones de clo- 
roformo. Asimismo se recomienda el hidrato 
de doral en enemas. El método diaforético sus- 
trae de la sangre elementos acuosos, descargán- 
dola en parte de las sustancias excrementicias 
que la impurifican; además obra directamente 
contra el edema cerebral. De algunos años á 
esta parte se ha administrado el jaborandi en 
infusión y la pilocarpina en inyección subcutá- 
nea; con estos medicamentos obtuvieron buenos 
resultados Fehling, Prochowiuck, Bidder, Stroj- 
nowsky, Schamm, Braun, Lañe y otros, mien- 
tras que Kleinwaechter, Scenger, Barker, Skene 
y Pasquali dicen que agravan el padecimiento y 
pueden producir la muerte, presentándose fenó- 
menos asfícticos graves á consecuencia de la ex- 
pectoración deficiente, y desarrollándose en oca- 
siones un edema pulmonar, favorecido por la 
debilidad de la li>ngua y por la retracción de la 
lengua, que cieiTa la entrada de la laringe. La 
indicación de los purgantes es muy limitada. 



ECLE 

So hallan formalmente contraindicados los 
epispásticos y la aplicación del frío d la cabeza, 
pues toda irritación exterior, por pecjueña qne 
sea, provoca la aparición de nnevas convulsio- 
nes y exacerba las existentes. 

Recientemente se ha preconizado como trata- 
miento preventivo de la dieta láctea. Fundado 
este plan en el conocimiento que se tiene de la 
función patológica que se presenta, y de la in- 
fluencia que tiene en la producción de los ata- 
ques eclámpticos la eliminación enorme do 
orina por los ríñones, ha sido considerado racio- 
nal en teoría, y la práctica ha conñrmado esa 
opinión, habiendo obtenido el método aludido la 
sanción de la mayoría de los tocólogos contempo- 
ráneos. Tarnier, que fué quien empezó á preco- 
nizarlo, establece un régimen para ir acostum- 
brando lentamente á las enfermas, basado en 
la progresión siguiente: primer día de trata- 
miento, nn litro de leche, dos raciones do ali- 
mentos; segundo día, 2 litros de leche, una 
ración de alimentos; tercer día, 3 litros de leche, 
media ración de alimentos; y cuarto día, 4 li- 
tros de lecho, sin otro alimento y seguidamente 
la leche sola á discreción. Otros autores, entre 
ellos Charpentier, empiezan desde el primer día 
con el uso exclusivo de la leche, acostumbrando 
á la enferma por dosis pequcfaas poco repetidas 
(medias tazas, cortadillos ) hasta que la tome 
á discreción. El tratamiento debe comenzar tan 
pronto como se observen los primeros síntomas 
de albuminuria, y suele ser tan eficaz que á 
á los ocho días decrece visibleujente la cantidad 
de albi'imina, desapareciendo por completo al- 
gunos días más tarde. El Doctor Campa acepta 
incondicionalmeute este tratamiento, con el que 
asegura haber obtenido buenos resultados, y el 
Doctor Alciua , catedrático de Cádiz, en una 
notable comunicación acerca de este tema, pre- 
sentada al Congreso ginecológico reimido en Ma- 
drid en 1888 (por iniciativa de los señores Gon- 
zález de Segovia, Carreras Sanchis y Gutiérrez), 
decía: «Es así que la leche es el alimento que 
se digiere mejor y más pronto, y que fatiga, por 
lo tanto, menos al aparato gastrointestinal, de- 
jando la menor cantidad de residuo ; habrá, 
pues, de constituir por sí sola el medio más 
seguro para modificar ventajosamente las noci- 
vas influencias de un retardo nutritivo anormal 
en el embarazo; siendo casi siempre eficaz, si se 
administra á tiempo y de una manera oportuna, 
para evitar á la embarazada una eclampsia, que, 
aunque es un accidente dominado hoy mejor 
que ayer, siempre constituye un grave riesgo de 
muerte para la madre y para el hijo.» 

No debe pensarse en provocar prematuramente 
el parto artificial. Si la enfermedad ha esta- 
llado ya, toda intervención para interrumpir el 
emljarazo la exacerba. Además, esta interven- 
ción dura tanto que, cuando concluye, ó ha 
terminado mortalmente la enfermedad ó ha ce- 
dido ya. 

ECLÉCTICAMENTE: adv. m. De Una manera 
ecléctica, según los principios del eclecticismo. 

ECLECTICISMO (de ecléctico): m. Escuela 
filosóliea que procura conciliar las doctrinas que 
parecen mejores ó más verosímiles, aunque pro- 
cedan de diversos sistemas. 

-EoLEOTloi.sMO: i^íí. Este sistema filo- 
sófico, que consiste en discernir la verdad del 
error en todas las escuelas, so denomina pre- 
suntuosamente la filosofía, la verdadera filoso- 
fía, la percnnis philvsophia de Leibniz. Ini- 
ciado el eclecticismo en la filosofía alejandri- 
na ó neoplatónica (V. Alej.índría, Escuela 
de), corrió suerte muy distinta á través de 
la historia del pensamiento esta singular ma- 
nera do razonar, que se supone dotada do piedra 
do contraste y criterio tan seguro cuanto nece- 
sita serlo el que determine regla inflexible para 
distinguir la verdad del error. Alcanzó nn éxito, 
si momentáneo algo ruiíloso, el eclecticismo, 
durante los últimos tiempos, con Cou.sín, inicia- 
dor en parte de la tendencia crítico-histórica 
para el estudio del pensamiento. Siempre que 
el eclecticismo ha obtenido el favor de las gen- 
tes, ha acusado una posicióu establo del pensa- 
miento más qno un impulso innovador para su 
progreso. El eclecticismo, á poco que exagere lo 
que llama sus método y criterio, degenera en la 
erudición y en el trabajo, relativamente difícil, 
do salier lo qno todos han pensado para concluir 
ignorando lo que propiamente (cada cual por sí) 
debo pensar. El eclecticismo en Filosofía es algo 



ECLE 

semejante ala Poesía erudita, culta y amanerada 
en Literatura, que aparecen a(]uél y ésta como 
reacción ó período de relativo descanso respecto 
á las épocas de renovación y critica del pensa- 
miento filosófico y del arte literario. La preten- 
sión de juzgar y contrapesar todos los criterios 
do la verdad, decidiendo qué parte de error 
existe en esa misma venlad, implica la previa 
exigencia de señalar cuál sea (y en qué razones 
está justificado) el criterio superior que haya 
do resolver en definitiva la legitimidad parcial 
de todos los demás. Como nunca se ha preocu- 
pado de esta exigencia fundamental el eclecti- 
cismo, jamás (en ninguna de sus nianifestacioncs) 
aparece como un verdadero sistema filosófico, 
con las condiciones al caso requeridas; siempre 
ha ofrecido la verdad (la elegida como tal, según 
el sentido etimológico de la palalira) como ver- 
dad desegnnda mano, y aún así, templada (cual 
si la verdad hirbiera de tener en cuenta las con- 
veniencias) por consideraciones extrañas por 
completo á su carácter libre é impersonal. 

El eclecticismo, especie de doetrinarisrao filo- 
sófico, filosofía de términos medios, que subor- 
dina el interés primordial de la verdad á un 
statu quo de conveniencias, que quieren expli- 
carse y aún justificarse con el éxito del momen- 
to, ha sido también denominado Filosofía oficial 
ó académica, en cuanto se pliega á las exigencias 
que en la hora de su aparición gozan el favor de 
los más. Contra esa filosofía oficial, quo cierra 
los libres caminos de la investigación de la ver- 
dad, ha escrito páginas, si apasionadas elocuen- 
tísimas, Schopcnhauer, protestando virilmente 
de la adhesión dogmática que necesita para 
vivir. Del eclecticismo no queda, para los pro- 
gresos definitivos del pensamiento, más que un 
cierto espíritu de tolerancia que facilita el estu- 
dio desapasionado de las distintas escuelas, y 
una tendencia crítica que han hecho fecunda, 
aunque con superior sentido, los discípulos de 
Kant con lo denominado neo-kantismo ó escuela 
crítica (V. ClUTloiSMO). La afirmación línica 
que so puedo tomar como objeto do serio exa- 
men del eclecticismo, es la de la existencia (por 
los eclécticos supuesta, pero no investigada ni 
justificada) de un criterio do verdad, superior 
al que han tomado parcialmente las distintas 
escuelas filosóficas, por ejemplo, la sensualista ó 
empírica (los sentidos), la idealista (las ideas), 
etcétera. Refiere el eclecticismo la existencia de 
este criterio á la del sentido común. Ajíarto la 
objeción bien respetable, á posar de su aspecto 
humorista, do que el sentido común es el menos 
común de todos, conviene tener presente que ol 
tenido por sentido común ó sana razón es un 
criterio, en su mayor parte espontáneo (y la pri- 
mera condición del pensamiento filosófico es la de 
ser reflexivo), y en no pequeña parte formado do 
aluvión (sin orden ni sistema). Además, el sen- 
tido común, lo mismo (¡ue todo en la vida, se 
halla sujeto á la ley del cambio y, en definitiva, 
al progreso. Qne no es el mismo el sentido co- 
mún de ahora quo el del siglo xiii, ni en el 
momento qne corre es igual el sentido común del 
liombie inculto, que juzga con su realismo in- 
genuo por las apariencias (creyendo, porque así 
lo ve, que el Sol se mueve alrededor do la Tie- 
rra) al del sabio que rectifica esta falsa aparien- 
cia (estudiando cuidadosamente los movimientos 
de la Tierra alrededor del Sol). Por otra parte, 
el sentido común, la sana razón, ó lo que se de- 
nomina el asentimiento general de los hombres, 
reduciría ol juicio definitivo acerca de la verdad 
ó del error del pensamiento á ima cuestión de 
votos, cuando á veces, ca.si siempre que una 
verdad nueva se descubre, un Colón tiene razón 
contra las preocupaciones y errores de todos los 
deuuis, y un Galileo dice la verdad frente á las 
imposiciones de lo falso, tenido por verdadero 
ante un pretendido sentido común. Como la 
verdad no es cuestión de niimcro, ni el pi'usa- 
micnto conquista ante todo á la generalidad, 
sino que, como la planta, germina y fructifica 
merced á una ruda labor, resulta el pretendido 
criterio ecléctico nulo y conti'a]irodnccnte. Re- 
presenta, por tanto, el eclecticismo en la histo- 
ria del pensamiento, más quo ]mso de avance, 
punto ó coni]iás de espera, que, .si acaso, ineiiara 
los progresos ulteriores de la verd.ad, pero nunca 
los provoca é impulsa. La historia de la Filoso- 
fía ofrece ejemplos á granel do lo quo dejamos 
indicado. Las reconstrucciones científicas y filo- 
•sóficas, síntesis parciales de la verdad, exceden 
on su tendencia ó impulso de las pretensiones 



ECLE 



21 



eclécticas. No equivale lo que decimos á procla- 
mar norma de libre investigación de la verdad 
contrariar abiertamente la sana razón ; antes 
Iiien, á ello se opone la Ux parcimonice ó de la 
circunspección científica; pero sí se ha de enteu- 
der qne ni el sabio ni el pensador han de hallar 
remora ó valladar para sus investigaciones en el 
sentido común ó en las afirmaeioncs de cla- 
roscuro del eclecticismo. La universalidad en 
la creencia, seguida de cierta necesidad como 
caracteres quo señalan algunos (Rey Heredia, 
Z. González y Jacobi) al sentido común, no jus- 
tifican que sirva de criterio á la verdad. Proceda 
el sentido comim de cierto innatismo de las leyes 
de la inteligencia; so derive de la herencia, como 
quieren los fisiólogos; ó sea efecto del lastre, en 
parte nativo, en parto adquirido, que la cultura 
general va depositando en todas las concien- 
cias, siempre resultan sus percepciones vagas y 
mezcladas con sen.saciones é imágenes que alte- 
ran su verdad; porque sus oscuras revelaciones 
(sin precisión ni fijeza en la complexión del pen- 
samiento) son insuficientes para la certeza quo 
la ciencia requiere, y porque, siendo el pensa- 
miento progresivo, necesita la rellexi<'ju del su- 
jeto. A lo más quo llega el sentido común es á 
ser criterio negativo -¡^lor ser inerte y pasivo pue- 
do mostrar dónde está el error; es impotente 
para enseñar en qué consiste la verdad. 

ECLÉCTICO, CA (del gr. Éx),EZTtzo;; de íyM- 
yw, escoger): adj. rcrteneoiento, ó relativo, al 
eclecticismo. 

- Ecléctico: Dícese de la persona ipie pro- 
fesa las doctrinas de esta escuela. U. t. c. s. 

ECLÉCTIDO(del gr. ezXe/.to;, elegido, distin- 
guido, precioso): m. Zool. Género de aves trepa- 
doras de la familia de las psitácidas, subfamilia 
do las psitaciuas. 

Las cs]>ccies de este grupo se distinguen por 
un pico muy fuerte, redondeado en la arista y 
con una ligera sesgadnra dentada; las alas son 
largas; entre las rémiges primarias la tercera es 
la de más longitud; la punta de las alas es muy 
.saliente; la cola es de nn largo regular y redon- 
deada; las plumas, duras y anchas, cubren tam- 
bién la región alrededor del ojo, las fosas nasa- 
les y la cera; tienen un magnífico color verde ó 
rojo brillante. 

Hasta los éiltimos tiempos se ha creído reco- 
nocer siete especies de este grupo, es decir, tres 
verdes y cuatro rojas, cuyos machos y hembras 
tenían el mismo plumaje ó por lo menos muy 
parecido. 

Los eeléctidos habitan en Nueva Guinea, las 
Molucas y Filipinas. 

Las especies principales son las siguientes: 

Ecléclido verde ( Eclectus polychlorus). - Esto 
loro es un ave magnífica, mucho más gramle que 
el jaco y de nn color verde muy vivo, más oscu- 
ro en la parte superior. En los lados del pecho 
hay una gran mancha rojo escarlata; del mismo 
tinte son las tectrices; á lo largo del antebrazo 
son de color azul claro; las rémiges de la mano 
presentan en su parte inferior un borde negro y 
son de un azul añil; las del brazo verdes hasta 
la mitad de la base y azul oscuro en el resto; las 
tres últimas rémiges verdes; las tres rectrices 
exteriores, de un azul oscuro de añil, están bor- 
deadas de negro en su parte interior; la cuarta 
y quinta sólo son azules en la extremidad y 
verdes en el resto de su extensión, como las dos 
del centro; la pupila es de color amarillo ana- 
ranjado; la mandíbula .superior rojo de coral y 
amarillo do cora en la punta la inferior, y los 
pies negros. 

Ecléctido rojo (Eclectus granáis) . - Este se- 
gundo tipo de los eeléctidos tiene el plumaje de 
un rojo escarlata más vivo en la parto superior 
do la cabeza y en la nuca; por el dorso se corro 
una faja transversal ; el vientre y el pecho son 
de color azul de ultramar oscuro; el borde de 
las alas del mismo tinte más claro; las rémiges 
de la mano están orilladas de negro interior- 
mente; las tectrices y la rémige angular son do 
un azul de añil, y del mismo tinto las puntas 
do las rémiges del brazo, que son rojas en el resto 
con un borde negro; las tres últimas rémiges 
tienen un matiz verde en las barbas interiores; 
las tectrices del brazo son azules cu la base do 
las barbas interiores y verdes en el resto; las 
extremidades de las rectrices superiores y las 
rectrices inferiores de nn color mny vivo de 
limón; la base de las primeras es negruzca. 



22 



ECLE 



No so poseen aún sulicientcs datos sobre el 
£(ónero do vida cu libertad de los ecltctidos en 
fíencral, pero su área de disi>frsi«Jn se ha podido 
circunscribir con liastaiito exactitud. Estas dos 
especies se Ii.m encontrado en Témate, Halnia- 
tera y Batján; el ccléctido verde habita ademáis 
en la Nueva Cuinca, (incbe, Waijíin y Mysoii. 

El brillo de sus Miaí;níficos colores sednce la 
vista, ]i('ro su carater grave, por no decir triste, 
no corrol.nra de nini;ún modo la primera im- 
presión. Estas aves se domestican lacilminte, 
y, así como otras muchas, llcf;an á Europa más 
ianiiliarizadas ya con el hombre, aumiuo con 
frecuencia so pierden también sus bueiins cuali- 
dades por el mal trato durante el viaje. Sin 
eniliargo, por lo recular muestran cariño á su 
amo cuando éste sabe infundirles conlianza, y á 
veces aprenden á liablar. Son más débiles, ó al 
menos no resisten tan bien la cautividad como 
otras especies de ¡{jual tamaño, y por esta cansa 
raras veces viven largo tiempo en tal estado; á 
menudo mueren súbitamente por causas des- 
conocidas, ll.ista ahora nunca se han reprodu- 
cido en la jaula. 

ECLECTO <i ELECTO: JHog. Tino de los asesi- 
nos de t'cimodo. Vivía en la segunda mitad del 
siglo 11 <le la era cristiana. Fué en un jirincipio 
liberto de Lucio Vero; más tardo, protegido por 
Marco Aurelio, sirvió á Ummidio Quadrato, y 
cuando éste nnnáó entró Eclccto á desempeñar 
las mismas funciones en el palacio de Cómodo. 
Para conocer la parte que tomó con Lctoy Jlar- 
cia en el asesinato del emperador y en el advc 
nimiento de Tertinax al trono, sucesos que oca- 
sionaron la muerte del mismo Electo, véase Ci'j- 
MOHO, LiíTi), Makcia y Pertinax. 

ECLESIARCA (del gr. iv:/'i.r¡^í%, iglesia, con- 
gregación, y :'.>/r], gobierno^: m. Di'O. can. ICra 
un cargo del clero en la Iglesia griega, que abra- 
zaba iliversos olicios, desde los más importantes 
hasta los más liumildes. A veces esto nombre so 
confundía con los antiguos cartofdacios, los cua- 
les son llamados en algunos documentos MrujnKs 
Ecdejiúirca: ya desempeñaban los olicios de ma- 
yordomo'sde fábrica, que entre nosotros se llama 
fabriquero, ya otras veces eran designados con 
este nombre otros clérigos inferiores, que ton'aii 
á su cargo la conservación y limpieza de las 
-iglesias, convocar al pueblo al templo, encender 
las velas para el oficio divino, cantar en el coro, 
y hacer entro los líeles las postulaciones que se 
acostumbran durante la misa; «de lo cual se in- 
tiere, dice M.-igdalena, que esta cnstundjre es 
ya bastante antigua, sin qvie por ella se deba 
acriminar al clero como ijue explota la piedad de 
los líeles.» 

ECLESIASTÉS (del griego 'EzüXíiaiao-íi;; de 
¿zzAiTJia, congregación): m. Libro canónico del 
Antiguo Testamento, escrito por Salomón. En 
él se habla contra la vanidad del mundo, lia- 
cienJo comprender que no hay felicidad verda- 
dera sino en la observ.ineia rigorosa de los man- 
damientos de la ley de Dios. 

Comparé) el Eclesiastés las palabras del 
vari'm sabio á las puntas sutiles, y á los clavos 
penetrantes. 

NÚÑEZ DE CErF.DA. 

H.abia dicho Salomón en el Eclesiastés que 
todo cuanto iiabía experimentado en el mundo 
«ra vanidad, etc. 

Malón de Chaide. 

- EcLF.siASTÉs: Ed. El autor de este libro, 
según ojánión muy generalizada entre los he- 
breos, griegos y latinos, fué Salomón, pues aun- 
que algunos lo sujionen obra de Ezequías ó Zo- 
robabcl, y aun de escritores más mo(lernos, las 
palabras con que prineipia, «palabras del Ecle- 
siastés, hijo de David, rey de Jerusalén,» sólo 
parecen poder aplicarse á Salomón. 

Sin embargo, escritores de la importancia de 
Jahn, Movéis, Hwverniek y Keil, niegan ó du- 
dan que el Eclesiastés pueda estar escrito por el 
rey sabio, asegurando ipie, según .so deduce de 
alguno de sus pasajes, no pudo ser redactado 
hasta la vuelta del cautiverio de Babilonia y la 
reedilicación del templo. Ewal opina que debió 
escribirse en los últimos años de la dominación 
persa, esto es, cuatro siglos antes de Jesucristo, 
y no es ciertamente do todos los escritores el 
que fija la fecha más cercana á nosotros. 

Dicen los que opinan que fué obra de Salo- 
mé)n, que estemotiarca lo escribió después de su 
caída, y como público testimonio del arrepenti- 



ECLI 

miento de su» faltas. El Eclesiastés os una especie 
de discurso contra la vanidad de los cosas hu- 
manas. 

ECLESIÁSTICAMENTE: adv, m. De un modo 
propio de mi eclesiástico. 

ECLESIÁSTICO, CA (del lat. (ccUsiasñeus; de 
r.rctcsia, iglesia!; adj. Perteneciente, ó relativo, á 
la Iglesia. 

...acostumbramos llamar era del Señor ó era 
de César, así en las historias,... y en los actos 
antiguos délos coucilio.s ECLESIÁSTICOS, etc. 
Mariana. 

... entre tanto el vicario eclesiXstico negó 
la Ucencia, dejando asi cortada la cuestión. 
N. F. DE MoitATÍ.S-. 

- EcLEsi.i.sTiro: ant. Docto, instruido. 

- Eclesiástico: m. Cliírigo, el que, en vir- 
tud de lassagiíidas órdenes que ha recibido, está 
dedicado al servicio del altar y culto divino. 

Las mujeres, los niños y los eclesiásticos, 
como no pueden defenderse aunque sean ofen- 
didos (dijo D. Quijote), no pueden ser afren- 
tados, etc. 

Ckrvastes. 

Vi en las antesalas una muchedumbre de 
eclksiástií-'OS y sejlares, la mayor parte fa- 
miliares de su Ilustrisinia, etc. 

Isla. 

- Eclesiástico: Título de uno do los libros 
del Antiguo Testamento. 

El eclesiástico iliee que es cosa muy alio- 
rrecible á Dios el pobre presuntuoso y mal su- 
frido. 

Fií. Alonso de Op.ozco. 

Kesponde (la Sabiiluría) en el libro del ECLE 
siÁsTico, y dice: etc. 

Malón de Chaide. 

-Eclesiástico: Rd. Este libro, declarado 
canónico por el concilio de Trento, es una co- 
lección de precejitos morales, de apotegmas é 
instrucciones piadosas para guía y regla de con- 
ducta de los hombres. Su nombre débelo <á 
haber sido leído en las asambleas religio.sas, y 
quizá también á los puntos de contacto (]ue 
tiene con el Eclesiasté.s. Los griegos le llamaron 
S.abiduría ó Panaretos de Jesús, hijo de Sirax, 
por ser sabios y saludables los consejos en él 
conteniílos, siendo efectivamente tal la opinión 
de sabiduría que mereció á los antiguos este 
libro ([uc, á pesar de rehusarlo al principio los 
cristianos,d¡ce San Jeninimo en su epístola CXV 
que estaba recomendada su lectura por la Iglesia 
para eilificación del pueblo. 

Jesús, hijo de Sirax, natural de Jerusalén, le 
escribió en Egipto, á donde pasó en tiempo de 
la persecución de sus hermanos por Antíoco 
Epit'anes, con objeto de reavivar la fe entre sus 
correligionarios, de los cuales, muchos por miedo 
al tirano, habían abandonado sus creencias. El 
objeto del Eclesiástico fué volverles al bien. 
Según valiosas autoridades, el libro fué escrito 
en tiempo de Onias III y antes de su muerte, á 
causa de que, citando el autor muchos ilustres 
personajes que le precedieron, indudablemente 
no habría omitido el nombre de aquél que ¡lor su 
celo y amor á la religión se hizo tan célebre. 
El texto hebreo ó siriaco del Eclesiástico, que 
San Jerónimo en la epístola antes citada afirma 
haber visto, no ha llegado hasta nosotros, po- 
seyendo sólo la traducción gi'iega hecha por un 
nieto del autor, llamado también Jesús, quien, 
habiendo vivido largo tiempo en Egipto.encon- 
tró uno de los ejemplares de! libro de su abuelo 
y lo tradujo al griego. La versión latina no se 
sabe á punto fijo en qué época pudo ser hecha, 
pero se supone que sería cu los primeros tiempos 
de la Iglesia. 

ECLESIASTIZAR (de cdexiásiico): a. Hablando 
de bienes temporales, EsniíiTUALlZAR, reducir 
algunos bienes por autoridad legitima á la con- 
dición de eclesiásticos, de suerte que el que los 
posee pueda ordenarse á título de ellos, sirvién- 
dole de congrua sustentación. 

eclímetro (del gr. ij/XviM. inclinar, y 
uítp'jv, medida): ni. Top. Instrumento destinado 
ala medida de las pendientes, por la relación en 
que se encuentra el desnivel que existe entre 
dos puntos con la proyección de la recta que los 
une. Esta relación es la tangente trigonométrica 
del ángulo que mide la pendiente de la recta de 
que se trata. 



líCLI 

Los hay do varios sistemas; los principales son 
los siguientes: 

EcHmHro de Chczy. - Se compone de una 
regla de cobre A B, firf. 1, unida por una bisa- 
gra y un tornillo á otra, que es laque se une al 
pie; sobre la primera regla va montado nn 
nivel de aire, y tn sus extremos tiene dos pínu- 
las, P y Q, de desigual altura. La mayor parte 
está formada por una placa movible que lleva 
el agujero qne hace de objetivo, y que desliza 
entre las guías do un bastidor rectangular gra- 





Edímctro de pínulas 



Ed'imetro de Chezy 

duado, de modo que se pueda apreciar la altura 
de dicha placa. Estas divisiones miden al mismo 
tiempo el ángulo de la visual con la plataforma 
del nivel. El <Íetalle E de la figura representa el 
tornillo y el vastago hueco, por medio de los 
cuales se maneja la placa por el intermedio de 
dos bridas unidas á ella. 

Edímdro de plnvlas. - Consiste en un nivel 
de aire montado sobre una regla de cobre, que 
lleva en sus extremos dos pínulas, A y E, de 
desigual longitud; la menor sirve para apuntar 
ó diiigir la visual, y la segunda e.stá formaila 
por una ventanilla rectangular graduada en los 
costados y provista de una cerda vertical, crn- 
zada por dos horizontales m y n. También lleva 
un cruzamiento de cerdas la primera pínula A, 
y la línea o n debe ser 
paralela al eje del nivel. 
La segunda cerda m es 
movible, y su situación 
al fijarla por la visual in- 
dica en la graduación del 
costado la pendiente por 
metro de aquélla. 
Edlindro de pínulas y anteojo. - Consiste tn 
una regla en que se apoyan dos pínulas desigua- 
les, como en el cdiinetro de pínulas, con correc- 
ciones ambas, y llev.an con.sigo un anteojo, cuyo 
eje óptico toma la misma dirección que la recta 
qne determina la visual cu los taladros y venti- 
nilbis de las pínulas. En su parte media tiene 
la regla un ensanche, donde hay una brújula, 
cnj'a caja forma cuerpo con un tronco de cono, 
en cuya .superficie latenal se hallan nonios, co- 
rrespondiendo con un limbo horizontal, y que 
tienen movimiento en sentido horizontal, rápido 
ó lento, por medio do sus correspondientes tor- 
nillos. 

ECLII>(USA (del gr. s-|-/.).!V(„, inclinar): f. Bol. 
Género ileSajtotáccas representado por dos csjie- 
cies del Brasil, que son árboles leñosos, con hojas 
lanceoladas y estípulas muy caducas, con flores 
pequeñas reunidas en glomérulos, en la axila de 
las hojas ó al nivel de los nudos de los años pre- 
cedentes. Sus flores, hermafroditas y tetráiueras 
ó pentámeras, tienen un cáliz imbricado, una 
corola subcampanulada y un andróceo qne care- 
ce de estaminodios, pero con anteras extrorsas. 
Su ovario, liso y coronado por un estilo corto, 
grueso y lampiño, presenta de dos á cinco celdas. 

ECLIPSABLE: adj. Lo que se puede eclipsar y 
oscurecer. 

Fuente de gracias, dador de riquezas, 
Sol no ECLIPSABLE que rayos envía. 

Alvar Gómez de Cicdad Real. 

ECLIPSAR (de eclipse): a. Astron. Cansar un 
astro el eclipse de otro. 

- Eclipsar: fig. Oscurecer, deslucir, empeñar 
el lustre de alguien, ó de algo. 

Llevada del interés 
De un galán favorecido 
De vuestro rey. eclipsó 
Las memorias en olvido. etc. 

Tirso de Molina. 

Escudo y defensa de unos estados (el Cid), 
azote terriljle de otros, eclipsó la majestad de 
los reyes de su tiempo, etc. 

Quintana. 

jQué te falta? ¿Quieres brillar en el mundo? 
¿Quieres eclipsab á los más ricos señores? 
Larra. 



ECLI 

-EOLIPSAKSE: r. Asíron. Ocurrir el eclipse 
de uu astro. 

El sol retrajo los rayos de su luz, y se eclip- 
só niilagrosaiiiente cou la interposición de la 
luna, contra toda la orden natural. 

RiVADENEIKA. 

... solían los antiguos sonar varios metálese 
instrumentos cuando SE ECLIPSABA la luna, le 
traen tUvertido con músicas y entretenimien- 
tos, etc. 

Saavedra Fajardo. 

- Eci.irSAP.SE: fig. Evadirse, airsentarse, des- 
aparecer inesperadamente una persona. 

ECLIPSE (del lat. eclipsis;de\ gr. h.Xíiiii. de 
v/j.z'.iz'jj, abandonar, estar ausente): m. Asíron. 
Ocultación transitoria y total ó parcial de un 
astro ó de su luz propia ó prestada á nuestra 
vista por iuterpo-sición de otro cuerpo celeste. 

No es defecto de la Luna el que padece en el 
ECLIPSE, sino de la Tierra, que interpone su 
sombra entre ella y el Sol, etc. 

Saavedka Fajaedo. 

Eclipse se llama, amigo, que no cris, el es- 
curecerse esos dos luminares mayores, dijo don 
Quijote. 

Cervantes. 

El mayor, el más horrendo 
Eclipse que ha padecido 
El Sol, después que con s.ingre 
Lloró la muerte de Cristo, etc. 

Calderón. 

- Eclipse lunar: Astron. El que ocurre por 
interi-io.slciún de la Tierra entre la Luna y el Sol. 

- Eclipse solar: Astron. El que ocurre por 
interposición de la Luna entre el Sol y la Tierra. 

Eclipse solar es eclipse hidalgo, promete 
oscuridad mientras durare. 

QUETEDO. 

-Eclipse: Astron. Los eclipses, y especial- 
mente los de Sol, según refieren las tradiciones 
é historias, fueron motivos de terror para los 
antiguos, y sólo la repetición del fenómeno y su 
exacta predicción desde los tiempos de Tales 
han podido ir disipando los temores que inspira- 
ban. Los astrónomos caldeos, que con tanta asi- 
duidad observaban el cielo, fueron los primeros 
que buscaron la causa y dieron la explicación del 
fenómeno. De esto á predecirlo no hay más que 
un paso. Sin embargo, la predicción de los eclip- 
ses de Sol salió muchas veces fallida, cosa que 
lio ocurría con los eclipses de Luna, diferencia 
esencial que era debida sencillamente <á un efecto 
de paralaje. Los astrónomos indios llegaron á 
calcular los eclipses con bastante precisión, va- 
liéndose de proceiimientos sencillos que con- 
servaban en la memoria, por composiciones mé- 
tricas que se transmitían cuidadosamente. Pri- 
mero hallaban la longitud verdadera de la 
Luna; el diámetro de la Luna lo hallaban divi- 
diendo por 25 el movimiento diurno del astro; 
el resto de la división multiplicado por 60 y di- 
vidido por 55 daba el diámetro. El del Sol lo 
calculaban multiplicando su movimiento diurno 
por 5, y el cociente de la división por 9 es el diá- 
metro del Sol. Claramente se ve que, unidos estos 
resultados al conocimiento de las variaciones de 
declinación de los astros, tenían los elementos 
suhcientes para predecir los eclipses. El empera- 
dor chino Yao, que floreció á mediados del si- 
glo XXIV antes de J. C. , y que protegiólos estu- 
dios y observaciones astronómicas, excitó el celo 
de los astrónomos para que lograsen predecir los 
eclipses, cosaque no es probableconsiguiesen, pues 
el no haber predicho el eclipse famoso ocurrido 
el año '2169 antes de J. C. , costóla vida á varios 
astrónomos condenados por un terrible decreto 
del emperador ChuKang. Por esto se colige la 
importancia supersticiosa que aquellos pueblos 
concedían á los eclipses, y que es poco menos que 
laque aún hoy atribuyen á las estrellas fugaces. 
Fontanellc, en sns ÉiUreíiens sur la pluralUé 
des Mondes, dice: «En todas las Indias oriénta- 
los se cree que cuando el Sol ó la Luna se eclip- 
san es porque un dragón extiende sus garras 
negras sobre estos astros para apoderarse de 
ellos; y mientras dura el eclipse se ven las ori- 
llas do los ríos cubiertas de cabezas de indios 
que se sumergen en el agua hasta el pescuezo, 
¡lorque esta es una posición muy devota, según 
ellos, y muy eficaz para alcanzar del Sol y de la 
Luna que se defiendan bien contra el dragón. Los 



ECLI 

habitantes de América están persuadidos de que 
el Sol y la Luna están enfadados cuando se 
eclipsan, y Dios sólo sabe lo que hacen para 
ponerse en bien con aquellos astros. ¿Pero los 
griegos, tan cultos, no creyeron que la Luna 
estaba hechizada y que los magos la hacían ba- 
jar del cielo para" arrojar sobre las hierbas una 
cierta espuma maléfica? ¿Y nosotros mismos, no 
tuvimos un terrible miedo cuando el eclipse de 
1654, que por cierto fué total ? ¿Una infinidad 
de personas no se encerraron en los sótanos? Ya 
en el año 413 antes de J. C. los atenienses em- 
pezaron á explicar los eclipses de Sol por la in- 
terposición de la Luna, pero no alcanzaban la 
razón de los eclipses de ésta. Cou el transcurso 
de los tiempos y el progreso de las Ciencias se 
han disipado las sombras de la superstición y 
del error, y en la actualidad los eclipses son, 
para la generalidad de las gentes, fenómenos 
naturales cuya contemplación excita y mueve 



ECLI 



23 



el animo á las más elevadas contemplaciones 
del poder y de la infinita sabiduría de Dios. » 

Cuando la Luna se interpone entre el Sol y la 
Tierra en las proximidades de los nodos de la 
órbita lunar, se dice que la conjunción es eclíp- 
tica, señalando con este calificativo la posibili- 
dad de un eclipse. Este sólo depende, en dicho 
caso, de la latitud de la Luna y de los diámetros 
aparentes de ambos astros. Si la Luna, en lo 
que se llama máxima fase del eclipse, no cubre 
todo el disco del Sol, el eclipse se llama parcial. 
Si la Luna llega á cubrir el disco del Sol, el 
eclipse es total. Y se llama anular cuando la 
Luna sólo llega á cubrir la región central del 
Sol y deja libres sus bordes que forman un ani- 
llo luminoso. Como que la Luna y el Sol no se 
hallan á igual distancia de la Tierra, todos los 
observadores no ven á los dos astros proyectados 
sobre los mismos puntos del cielo, y de esto 
proviene que un eclipse sea á la vez parcial para 




Fig. 1 



unos lugares déla Tierra, en tanto que para otros 
es total, ó que un eclipse de Sol sea total para 
unos observadores y anular para otros situados 
en otros lugares de la Tierra. Para que un eclip- 
so sea total es necesario que el ángulo subten- 
dido por el diámetro de la Luna en los momen- 
tos del eclipse sea mayor que el subtendido por 
el diámetro del Sol; de otro modo: el diámetro 
aparente de la Luna ha de ser mayor que el 
diámetro aparente del Sol. Como ya se ha di- 
cho, el eclipse de Luna proviene de la interpo- 
sición de la Tierra entre la Luna y el Sol, ó, más 
propiameflte, de la inmersión de la Luna en el 
cono de sombra que proyecta la Tierra. Así, 
pues, para jiredecir un eclipse de Luna es necesa- 
rio conocer las posiciones sucesivas de este cono 
de sombra y las posiciones y diámetros aparen- 
tes de la Luna. Sea el círculo O (fg. 1) el disco 
del Sol; T la Tierra. La porción C'SZ) compren- 
dida entre las tangentes comunes á los dos cír- 
culos y el semicírculo iluminado de la Tierra, 
será la sección diametral del cono de sombra 
proyectada. Ahora bien: si la longitud OA es 
11-2 veces el radio CT de la Tierra, y OTae con- 
sidera como 23 984 veces el mi.smo railio CT, se 
hallará que la longitud ST, esto es, la distancia 
del cono al centro de la Tierra, es 216 radios te- 
rrestres. Y como que la distancia de la Luna á 
la Tierra es siempre menor, debería haber eclip- 
se en todas las oposiciones. Pero como el plano 
de la órbita lunar forma un plano de 5° con el 
plano de la eclíptica, resulta que la mayor parte 



délas veces, cuando ocurre la oposición, la Luna 
se halla fuera del cono de sombra, bien por en- 
cima ó bien por debajo con relación al observa- 
dor, y sólo hay eclipse cuando la época del ple- 
nilunio coincide ó está muy próxima á la época 
del paso de la Luna por uno de los nodos de su 
órbita. Horas antes de la entrada de la Luna en 
el cono de sombra su luz se debilita gradual- 
mente, como se observa en noches claras y con 
atmósfera muy transparente. Este fenómenoes 
debido á la penumbra, que es un espacio cónico 
anular que se determina por las siguientes con- 
sideraciones: 

O (jifj. 2) representa el disco del Sol; OD, el 
de la Tierra; puede apreciarse por lo que repre- 
senta la figura determinada por las tangentes 
exteriores é interiores comunes á los dos círcu- 
los, que los puntos situados en el cono CSD no 
percibirán rayo alguno del disco solar, y que 
cualquier punto rsituadoen el espacio CcdDSO 
recibirán parte de los rayos solares y la oscuri- 
dad será mucho menor que en el espacio CSD. 

Explicadas ya ligeramente las circunstancias 
geométricas más elementales que dan razón de 
ios eclipses de Sol y de Luna, conviene exponer 
brevemente los procedimientos de cálculo para 
su completa predicción. 

Ecli2)sc de Sol. - La condición necesaria para 
que lo haya, es que la mínima distancia do la 
Luna al eje del cono de sombra sea menor que 
la suma dé los radios de la Luna y de la sección 
circular causada en el cono de sombra por un 




Fig. 2 



plano tirado por el pie de la perpendicular al 
eje. A causa del movimiento propio de la Luna, 
la sombra proyectada sobre la Tierra por su 
satélite se traslada de Occidente á Oriente. Y 
esto es así, porque si bien el movimiento de la 
sombra debería ser de Este á Oeste á causa de la 
rotación de la Tierra, como la velocidad de la 
Luna es mucho mayor quo la de rotación de la 
Tierra, de aquí que el movimiento de la sombra 
sea el que se ha explicado. 

Sean S, T y L los centros respectivos dol Sol, 
de la Tierra y do la Luna; ST, que os la distancia 
entre los centros del Sol y de la Tierra, desígue- 



so por D; por R el radio ecuatorial de la Tierra 
y por ~ la paralaje horizontal ecuatorial del Sol: 
se tiene 



D= 



R 



TL, distancia del centro de la Tierra al de la 
Luna, desígnese por rf, y por r.' la paralaje ho- 
rizontal ecuatorial de la Luna: se tiene 

d=-JL^. 

sen -' 

La distancia SL entre los centros del Sol y de 



21 



KCLI 



lu Luna, <]UC se (1l-.s¡;í!iu puri/' (fi(j. 4), se calcula 
[lor la cxjiresiuii muy coiioeiilu 

'l'sjd-.r:' 

rcprescntaiulo por x la poipeiidiculav bajada del 
centio de la Luna solue la recta tirada del centro 
dul 8ül al centro de la Tierra; la lonj;itiul 

.r = (l scu A, 

desij;naiiilü por A la diferencia entre las declina- 
ciones del 8ul y de la Luna, ú sea entre los ;'in- 
f;nIo3 A Til y A'T'B'. Desíjjneso ]ior i la longi- 
tud de la perpendicular UN ( luj. 3) bajuda á la 



ECLI 

recta tirada del centro del Sol al centro de la i 
Tierra desde el punto j1/eu ipic corta á la sn|ier- I 
licie de la Tierra la prolongación de la recta li- 
rada por los centros del Sol y de la Ltina, y na 

tiene 

.= »••(/> -1) 
d' 

Sea ahora © el diúnietio aparento del Sol y 1 
el diámetro aparente de la Luna en ol nionieuto 
de la conjunción. Si fuese ©=C ó ©<l(I,el 
eclipse cb total para el punto de la Tierra (juc 
esté en la prolonfíiición de la recta rpie pasa por 
loa centros del Sol y de la Luna. En el caso de 




Fi'-. .') 



.ser ©■> (! , el eelip.se puedo .'-er [larcialóanular. 
Sea G la magnitud del eclipse e.vprcsada en 
p.artes del diámetro solar, tomado pur unidad; 
se tiene 



G = 



©- 3 



líepieséiitcse por / la Imri de la eonjunrúín ó !a 
época del novilunio; /, y .,' la loigitudy la latitud 
j;cográfica del lugar en que el eeli|isees central; 
i ladeclinaciún del Sol; se tiene ), = ¿x 15", se- 
gún la regla jiara reducir la división sexagesimal 
de tiempo á división se.xagi-simal de arco. Esta 
longitud será oriental ú oeeidental, según cjtie 
cl tiempo de la conjunción, que también se llama 
tiempo de la conjunción cu ascensión recta, sea 
antes ó después del mediodía do Madrid. Si la 
conjunción osantes de mediodía se agregan doce 
lloras á la hora de la conjunción, para tener cl 
tiempo de la eonjunciiin en ascensión recta, y se 
resta una al día de la feclia; si ]ior cl contrario 
la conjunción es después do mediodía, la lu)ra 
á que so refiere la conjunción es también cl 
tiempo do la conjunción en ascensión recta y no 
se modifica la fecha. Así, si la conjunción es el 
día IS de junio á 2'', 30™ de la mañana, se tendrá 
para el tiempo do la conjunción en ascensión 



recta M'',39"' del día 17 de junio. Para deducirla 
lo?igitud geográlicaá(iue coriisponde este tiempo 
se reducirá á la expresión (21'' - 11'', .39'") xlfi, 
do donde resulta la longitud de ]10"ló'. Esta 
longitud es oriental, pues que cl tiempo do la 
conjunción es antes del mcdioilía de Madrid. 
Resulta do esto cjue so tendrá siemju'e longitud 
oriental si la conjunción es entre la media noche 
y el mediodía do Madrid. Lo ijue so acabado 
explicar .se aplica de la misma manera al tiempo 
de la oposición en ascensión recta en loseeli))sc3 
do Luna. Si hacemos ahora son -a = ;, su tiene 
). = a-o. Si a = ú la latitud a' = o y el lugar del 
eclipso central es en el Ecuador; si a<^?¡ la lati- 
tud es boreal ó A', y si al contrario a^ ola lati- 
tud es ausfr.al ó S. 

La condición necesaria i)ara que haya eclii'se 
de Sol, traducida en fórmula, es 

\'=p'-li + i@ + h1 

en quo A' os la diferencia entre la oblicuidad de 
la eclíptica y la declinación de la Luna cu cl 
momento de la conjunción. Determinada ya la 
longitud de lugar en que so ]iroduce el eclipse 
central del Sol, se procede á determinar los ele- 
mentos mediante lo.s cuales se deben calcular 
las longitudes á quo se reliercu las dilerentcs 



Fig 



fases del eclip.se; es decir, los puntos de la su- 
pertioio de la Tierra en quo se presentan estas 
fases. Ya se ha visto cómo se obtienen los valo- 
res de D, d y d'; con su auxilio se calculan los 
lados LlI y 77/ del triángulo rectángulo HTL, 
y el ángulo S'I'L que es el formado por las rectas 
tiradas del Sol y de la Luna al centro de la Tie- 
rra. Así- so tiene cl valor del ángulo .S'Í'Z -i- ©. 
Esta expresión, convertida en tiempo, es igual 
á la diferencia do las ascensiones rectas del Sol 
y de la Luna en el tiempo I' que corresponde al 
principio ó al ün del eclipse , y la expresión 
V,.S'y'¿ + i0 corresponde al tiempo de las fases 
intermedias que se, designará por t". Las fases 
de un eclipse de Sol .son en número de cinco. El 
eclipse entra en su iirimera fase cuando el se- 
gundo borde de la Luna es tangente al primer 
borde del Sol; entra en su segunda fase cuando 
el segundo borde de la Luna toca al punto cen- 
tral del disco del Sol; entra en la tercera fase 
cuando el centro do la Luna coincide con el 
centro del Sol; entra en la cuarta fase cuando el 
|)rimor borde de la Luna toca ol punto central 
del disco del Sol, y llega á la quinta tase cuando 
cl primer bordo de la Luna es tangente al segun- 
do borde del Sol. Sean ;í y l¡' los movimientos 




horarios cu ascensión recta do la Luna y del 
Sol; haciendo 



ST+C 

15 
a - p.' 



=«', y 



15 



y representando por t el tiempo de la conjun- 
ción en ascensión recta, se tiene para tiempo 
medio de Madrid. 

Al principio del eclipse (primera fase), (í'-í) 
si la conjunción es entre la media noche y el 
mediodía de Madrid, ó It + t') si la conjunción 
es entre el mediodía y la media noche de Ma- 
drid. Al principio del eclipso central (segunda 
laso), {t-f) si la conjunción es éntrela media 
noche y el medio día do Madrid, ó {t + t") si la 
conjunción es entro mediodía y media noche do 
Madrid. Instante d^d eclipse central (tercera 
fase); í, cuyo valor ya se ha explicado como se 
halla. Fin del eclipse central (cuarta fase);(¡4-í") 
si la conjunción es entre media noche y medio- 
día de Madrid, ó {l-f) si la conjunción es en- 
tro mediodía y media noche do Madrid. Fin del 
eclipse (quinta fase), [t + l') si la conjunción es 
entre media noche y mediodía de Madrid. Aho- 



ECLl 

I a se tendrá, para la hora del eclipse: para la 
primera, ó 24'' - (< -t- <') ó {l + t'), según los tér- 
minos de la disyuntiva emideada anteriormente; 
para la segunda fase 24''- (í -»-<") ó {t + (')\ I>ara 
la tercera fase 24 -í ó l'\ para la cuarta fase 
24''-(¿-í") ó (í-<"); para la quinta fase 24''- 
(l-l') ú (t-t'). Convirtiendo dos horas de las 
fases en arco á razón de 15" |ior hora, se ten- 
drán las longitudes terrestres ¿le los lugares (¡no 
ven primero cada fase, instas longitudes son 
orientales ii occidentales, según que estén situa- 
das al Este ó al Oeste del nieriilianode Madrid. 
I'ara determinar las latitudes de los lugares se 
designarán por m' y m" los inovindentos hora- 
rios en declinación del Sol y de la Luna, por \ 
la diferencia entre estos movimientos horarios, 

y 

_.,_ (rf son A') (-£>-!) 



Representando por "/.' la latitud geográfica del 
pnnto de la superficie de la Tierra en que so 
produce el eclipse central, se tendrá para el 
tiempo T corresi'ondiento á cada una de las 
fases X'+sT para valor de la latitud buscada, 
en cuya fórmula se toma el signo + si A' aumen- 
ta, y el signo - si A' disminuye, cosa que os 
fácil averiguar comparando los valores de »i' y 
m" en varios intervalos iguales y para horas 
que comprenden las horas de principio y fin 
del eelip.se. Calculadas ya las posiciones en lon- 
gitud y latitud de las fases de un eclipse de Sol, 
es miiy fácil determinar la figura sobre una car- 
ta geográfica. Esta manera de representar gráfi- 
camente la marcha do un eclip.se tiene la venta- 
ja de hacer más sensible la extensión del fenó- 
meno. La extensión de la zona de la sombra y 
de la penumbra proyecta<la sobre la suyierficio 
do la Tierra se calcula do esto modo. Sea r el 
radio del globo solar, que es igual á 112 veces 
el radio ecuatorial de la Tierra; '/ el radio del 
globo lunar, ([ue es 0,2725 del radio de la Tierra; 
- la jiorción de soiulira ó de penumbra intercep- 
tada por la Tierra. Sea la relación 



. = .( 



d' 



Si T. es positivo, la porción interceptada por 
la Tierra corresponde á la sombra; si r: es nega- 
tivo, la porción interce)itada ]ior la Tierra co- 
rrespondo á la penumbra. Resta que determinar 
la duración de la fase anular ó de la total según 
que el eclipse sea anular ó total. Sea - la dura- 
ción de la fase anular ó total; ® y (! los diá- 
metros del Sol y de la Luna en la hora I de la 
conjunción; \i- y ¡a' los movimientos horarios en 
ascensión recta del Sol y de la Luna. Se tendrá, 
si © os mayor que i , 



._ (®- 



: ) X 60": 



ix-|j.' 



y si © es menor que i , 



Eu estas ecuaciones las expresiones (® - í } 
( í - ©) y d-"-- H') se convierten en segundos de 
arco y se calculará á -. con más facilidad. La 
fase anular comienza cuando el primer borde de 
la Luna tangentea el primer borde del Sol; el 
eclipse está eu su fase media cuando coinciden 
los centros de los dos astros; y cl fin del eclipse 
es cuando el segundo borde de la Luna tangen- 
toa el segundo borde del Sol. La fase total em- 
pieza cuando el segundo borde de la Luna tan- 
gentea el segundo borde del Sol; está eu la fase 
media cuando coinciden los centros de los dos 
astros, y está on la última fase cuando el primer 
borde tangentea el primer borde del Sol. 

Eclipse de Luna. - Cuando se quiere calcular 
un eclipso de Luna se determina primero, me- 
diante las tablas del Sol y do la Luna, el ins- 
tante de la oposición y la latitud de la Luna en 
este instante. De seguida se calcula la magnitud 
aparente de la sección del cono do sombra; do- 
signando por p el radio de esta sección, se tiene 



(/,-./');■ 



en que I representa la longitud del cono de 
sombra, y d' la distancia del ceutro de la sec- 



transfonua 



ECLI 

cióii al COI] tro do la Tierra. Dividiendo por d' se 
tiüiio 

p _Jl_ ^ 

ir' d' I ' 

ciue, por cousideracioiies sencillas, se 
cu 

en que;; es la paralaje del Sol, p' la paralaje de 
la Luna, y © el diámetro aparente del Sol. De- 
signando por o la distancia del centro de la Lu- 
na al centro de la sombra, y por S' la perpendi- 
cular bajada desde este centro al plano de la 
órbita de la Luna, se tiene, para condición del 
eclipse, la formula 

o'<2>+p'-i@ -H- 

El medio del eclipse ocurre cuando el centro de 
la Luna coincide con el pie de la perpendicular 
citada, y el tin cuando el disco Innar es tangen- 
te al cono de sombra. Hay eclipse total cuando 
la longitud de la perpendicular es menor que la 
diferencia. entre el radio aparente de la sección 
del cono de sombra y el radio de la Luna; es 
decir, cuando ?¡<p+p' -i@ -Ü ■ Al tratar de 
los eclipses de Sol se ha establecida la fórmula 



D=- 



R 



sen^ 



l=- 



La distancia del centro del Sol al vértice del co- 
no de sombra es 

n-2D 
11 

La distancia del centro de la Tierra al de la 
Luna es 

d = ^^^— 
sen p' 

La distancia del vértice del cono de sombra al 
|iie de la perpendicular bajada del centro de la 
Luna al eje del cono es 

?¡ = l-id + D). 

El radio de la sección del cono de sombra es 



La distancia del vértice del cono de penumbra 
al centro de la Tierra es 



D 



113 



La distancia del vértice del cono de penumbra 
al )iie de la perpendicular rjue pasa por el centro 
de la Luna y bajada desde la extremidad Norte 
ó Sur de la envolvente de la penumbra sobre el 
eje del cono de sombra es = 0' + d. El radio de 
la sección del cono envolvente de penumbra es 

o' o ' + d 



Distancia del centro de la Luna á la eclíptica en 
el momento de la oposición, es decir, en el ins- 
tante del plenilunio, es h = d sen /., expresión 
en la cual }. es la latitud de la Luna en el mo- 
mento de la oposición. El radio de la Luna com- 
parado con el de la Tierra es r= 0,2725. La 
magnitud del eclip.se ó la parte eclipsada com- 
parada con el diámetro de la Luna es 



G = 



{f+r)- h 
2r 



ECLI 

la Tierra. Las fases de un eclipso do Luna son 
cinco: primera, entrada en la penumbra; segun- 
da, entrada en la sombra; tercera, medio del 
eclipse; cuarta, salida de la sombra; quinta, sa- 
lida de la penumbra. Sean p el radio de la sec- 
ción del cono de penumbra;/» radio de la sec- 
ción del cono de sombra ; d la distancia del 
centro de la Luna al centro de la Tierra; X el 
ángulo formado por la irayectoi ia de la Luna y 
la recta tirada del punto de contacto con el cono 
de sombra al centro de la Tierra; X' el ángulo 
formado por la trayectoria de la Luna y la recta 
tirada del punto de contacto del cono de pe- 
numbra al centro de la Tierra; P el ángulo for- 
mado por el eje del cono de sombra y la rec- 
ta tirada del centro de la Tierra al punto de 
contacto del borde de la Luna con la envol- 
vente del cono de sombra; Q el ángulo forma- 
do por las dos rectas tiradas del centio de la 
Tierra á los pimtos de contacto del borde de la 
Lima con las envolventes de los conos de som- 
bra y de penumbra; m' el movin]iento en lon- 
gitud de la Luna; nf el movimiento en longitud 
del Sol; Tía duración del eclipse; 2" el tiempo 
que corresponde al medio del eclipse ó sea el 
instante de la oposición; T^ el tiempo empleado 
por la Luna en recorrer el espacio comprendido 
entre la línea que forma uno de los lados del 
cono de penumbra y el eje del cono de sombra; 
t la hora de la entrada en la sombra; í' la hora 
de salida de la sombra; ■: la hora de la entrada 
en la penumbra; t' la hora de la salida de la 
penumbra. Se tienen las fórmulas 

tr d. , ■,', d 
tangA=_--; taugA =-— . 
/ P 

r=90 - X;Q = W' - {X' + r];T= 



ECLI 



25 



Si h es menor f\nQ f+r hay eclipse; pero cuando 
estiis dos cantidades son iguales, y cuando h es 
mayor que {f+r), no hay eclipse. La condición 
del eclipse puede también expresarse por la 
relación 

X=p-fp-iS-t-i5), 

relación en la que k es la latitud de la Luna en 
el momento de hi oposición, p' la paralaje de la 
Luna, © el diámetro aparente del Sol, y 3 el 
diámetro aparente de la Luna. Se entiende por 
fases de un eclipse de Luna las diversas ajia- 
nencias bajo qne so presenta el disco de este 
astro relativamente á las posiciones del Sol y de 
T(iM.> V)I 



•zr. 60'- 



j/i - in 



t=T'-iT;t'=T' + hT; 



Ti = 



(/'-(-e)x6o° 



m' - in 



x=T'-T^; 



--T'+T^. 



Estas fórmulas generales que se emplean para 
calcular las fases de un ecliiise de Luna no son 
de una exactitud rigurosa sino cuando la tra- 
yectoria se confunde con el diámetro de la sec- 
ción de los conos de sombra y de penumbra, lo 
que ociu-re cuando es nula la latitud de la Luna. 
En los demás casos, encontrándose la trayecto- 
ria por encima ó por debajo el diámetro, tiene 
por esto menos extensión, y, por consiguiente, 
empleará menos tiempo en recorrerle que em- 
plearía al describir por completo el diámetro. 
Se tiene la relación 

tang J/=sen J (í = üj) tang (A-1- A')- 

Designando por x el radio de la sección en el 
momento de la oposición, se hallarán los valores 
de S=x+lU ó H'=x+M, según qiie la Luna 
se encuentre por encima ó por debajo del cono 
de sombra. La distancia del camino de la Luna 
al punto de contacto de entrada es Á"= eos II 
+I1, y la distancia al punto de contacto de sá- 
llela es K" - eos H'+h', en que h y h' tienen la 
significación que luego se verá. Se procederá 
luego á calcular el valor de la perpendicular z 
por la relación 

íT'K 



Para obtener los valores de J y 6' se emplearán 
fórniulas aproximadas cuya obtención se explica 
en todos los tratados de Astronomía con la nece- 
saria extensión. Con todos los elementos obteni- 
dos será fácil predecir con bastante exactitud la 
duración del fenómeno y asignar á cada fase la 
hora correspondiente. 

Eclipse de los satélites de Júpiter. - Para cal- 
cular estos eclipses se hace uso de las tablas de 
los satélites calculadas y publicadas por el barón 
do Damoiseau. La olj.servación de estos eclip- 
ses presenta á los navegantes y viajeros medios 
frecuentes de determinar la longitud, particular- 
mente en Tierra. Un péndulo o un cronómetro, 
un anteojo acronuitico de mediana potencia óp- 
tica y un círculo, sextante ó ¡lequefio instru- 
mento do pasos para el arreglo del cronómetro, 
bastan para liacer observaciones provechosas. 
A II u do reconocer fácilmente el lugar de los 
.satélites cuya inmersión ó la emersión se quiera 



observar se siguen los preceptos siguientes: l.o 
Antes de la oposición del planeta, es decir, todo 
el tiempo en que Júpiter pasa por el meridiano 
en las horas de la mañana, la sombra está si- 
tuada al Occidente del planeta, y en este lado 
son las inmersiones y las emersiones. 2." Des- 
pués de la oposición de Júpiter, cuando pasa por 
el meridiano antes do la media noche, la sombra 
estará al Oriente del planeta, y en este lado son 
las inmersiones y las emersiones. 3.° Antes de 
la oposición uo son visibles sino las inmersiones 
del primer satélite, y después de la oposición 
sólo se pueden observar las emersiones; lo mismo 
sucede, en general, para el segundo satélite. A 
veces, sin embargo, sucede que se pueden obser- 
var la inmersión y la emersión. Damoiseau, en 
sus tablas, ha dado los medios para calcular las 
circunstancias en que se pueden observar las dos 
fases del eclipse de un satélite. 

El Almanaque Ndidico del Observatorio de 
San Fernando y el ^ijiíariü del Observatorio de 
Madrid, dan una lista de los eclipses de satéli- 
tes de Júpiter que ocurrirán en el año y los ele- 
mentos necesarios para el cálculo de las coorde- 
nadas de los satélites. 

- Eclipse: Geoy. Río del Perú; es tributario 
del Aíiuiri por la izquierda. 

ECLIPSIS: f. Gram. Elipsis. 

También la llaman en griego elipsis algu- 
nos, y E.CLIPSIS: y este nombre último aún es 
el más usado, porque decir falta ó trabajo. 
Baktolomé Jiménez Patón. 

ECLIPTA: f. Bot. Género de Compuestas he- 
lianteas, cuyas cabezuelas tienen flores dimor- 
fas; las del radio son fértiles ó estériles y ligu- 
ladas.y las del disco hermafroditas, regulares y 
siempre fértiles. Las anteras tienen la base ob- 
tusa ó finamente dentada, y las de la axila son 
ajúanadas con un apéndice corto, obtuso ó trian- 
gular. Las especies de este género son hierlias 
comunes en todas las regiones cálidas del globo; 
tienen hojas opuestas ¡cabezuelas pedunculadas, 
axilares ó terminales; frutos tríquetros ó com- 
primidos, terminados en dos puntas cortas ó 
en una jiequeña corona entera ó denticulada; 
el receptáculo lleva entre las flores escamas ó 
laminillas que las envuelven. Son notables las 
especies E. alba, que vive en las Jlolucas, donde 
se usa como hortaliza; E. erecta y E. ¡>roslrata, 
que son astringentes y se emplean contra las 
afecciones pulmonares y las enfermedades cró- 
nicas de la piel; sus hojas sirven para teñir de 
negro el cabello. 

ECLIPTEAS (de eclipta): f. pl. Bot. Subtribu 
de asteroideas. 

eclíptica (del gr. |-/.).3'.-t'./.o':): f. Astron. 
Círculo máximo de la esfera celeste, el cual corta 
oblicuamente al Ecuador, haciendo con él un 
ángulo de veintitrés grados y medio, y señala el 
curso aparente del Sol durante el año. 

... tú uo sabes (dijo D. Quijote á Sancho), 
qué cosa sean coluros,... ECLÍPTICAS, polos,... 
medidas de que se compone la esfera celeste y 
terrestre; etc. 

Ceuvastes. 

-Sé que sieudo el sol de Italia, 
Es Ñapóles vuestra esfera, 
Y ECLÍPTICA vuestra casa. 

Tieso de Molina. 

- Eclíptica: Astron. Los dos puntos en que 
la eclíptica corta ál ecuador se llaman equinoc- 
cios ó puntos equinocciales. El equinoccio de 
primavera es el punto en que el Sol corta al 
Ecuador para pasar del hemisferio austral al 
boreal. El equinoccio de otoño es el punto en que 
el Sol coita al Ecuador para pasar del hemisfe- 
rio boreal al austral. 

Si por el centro de la esfera celeste y en el 
plano de la eclíptica se tira una recta perpendi- 
cular á la línea de los equinoccios, corta á la 
eclíptica en dos puntos que se llaman solsticios 
ó puntos solsticiales. El situado en el hemisferio 
boreal se llama solsticio de verano; el que está 
en el hemisferio austral se llama solsticio de 
invierno. 

En la fig. siguiente el círculo QEQ'E repre- 
senta el Ecuador; el cí-culo SES'E' la eclíptica. 
El movimiento aparente del Sol sobro la eclíp; 
tica es cu el sentido S'ES. Los puntos E y A" 
en que la eclíptica corta al Ecuador son los 
equinoccios; el punto E es el equinoccio de pri- 

4 



26 



ECLU 



aiavcia, y el K' el ei|iiiiioccio do otoflo. La li- 
nca HH' iipipemlii'ular á la A'¿" de los cquiíioe- 
oios detennina los dos solsticios S y <S''; el |iimto 
S es el solsticio de verano y .S" el solsticio de 
invierno; la linea l'l" es el eje del mundo, /' el 
polo Norte y /'' el polo Snr. Varias maneras hay 
de hallar la oliliciiidad de la eclíptica, ó, lo (pie 
es lo mismo, el :iní;ido que forma el plano de la 
eclíptica con el del Ecuador. Este ángulo está 
medido por el arco HQ, 
declinación máxima del 
Sol en los momentos de 
los solsticios. La obser- 
vación da para esta de- 
clinación máxima próxi- 
mamente 23° 28', porijue 
está sujeta á las varia- 
ciones de la oblicuidad 
de la eclíptica que son 
función del tiempo. Sea 
F una posición cualquie- 
ra del Sol. Supóngase que 
se haya medido su decli- 
nación FD y su ascensión recta FD. Resol- 
vienilo el triángulo esférico FF/> rectángulo 
en /I, se calcula el ángulo E oblicuidad de la 
eclíptica por la analogía 




Fcliplica 



tan" (0 = 



jtang D_ 
sen A 



en la que D representa la declinación, A la as- 
censión recta del Sol y o) la oblicuidad de la 
eclíptica. La ohlictiidad media de la eclí]itica, es 
decir, el ángulo comprendido entre el Ecuador 
y la eclíptica verdadera (prescindiendo de la 
nutación), está dada para el 1." de enero de un 
año cualipiiera,», por una ecuación en que entra 
la oblicuidad el día \.'>ás enero de 1800 y en la 
que el tiempo t es igual á a -1800: la fórmula 
es 

w = 23'27'56",18 
- 0,48368 1 - 0,0000027229ó-í2. 

Besscl, por las comparaciones que hizo de sus 
propias observaciones con las de líradley, oli- 
tuvo 23°27'5-l'',S0 para la oblicuidad media 
de la eclíptica en 1800; y l'eters, comparando 
las ob.servaciones de Struve con las de Bradley, 
halló 0",464.5 para su variación anua. Adoptan- 
do estos valares, i[ue generalmente se consideran 
hoy como los nuis exactos, se tendrá para la 
oblicuidad media de la eclíptica en la época t la 
expresión 23"27'54",80 - O", 4645 i. 

ÉCLOGA: f. ant. Égloga. 

ECLÓGICO, CA: adj. ant. Petteuecicutc, ó re- 
lativo, á la égloga. 

ECLOGITA (del gi'. ;/.).o-f.a, extracto): f. Gcol. 
Roca primitiva constituida por un agregado, 
granudo ó aporfulado, de onfacita verde y de 
granate rojo, á los cuales se añaden accidental- 
mente cianita, mica, jacinto, olivino, magneti- 
ta, oligocl.asa, cuarzo, apatito, esmeraldita, horn- 
blunda, dislena, glaucofana, etc. La eclogita 
de l?iipenreuth, por ejemplo, contiene 70,5 por 
100 de onfacita, 25 por 100 de granate y 4,5 de 
cuarzo, distena y mica. Las variedades de eclo- 
gita de Eichtelgeljirge y de la Selva íTegra son 
ricas en aufibol; las de la isla de Siva en distoua 
y glaucofana. 

ECLU6E (L'): Gcoij. Aldea del cantón y dis- 
trito de Cérct, dep. de los Pirineos orientales, 
Fraucia, sit. en el camino de Perpignán á Es- 
paña; restos de antiguas fortalezas, llamadas 
castillo de los Moros y de los Romanos, y en la 
Edad Media Puertas de España, Clusae Spanim. 
II Fuerte en el municip. y cantón de Collongés, 
dist. de 6ex, dep. del Ain, Francia, sit. en 
el flanco del Gran Credo (1624 m.), á gran al- 
tura sobre el Ródano, fr'-'ute del monte Vuache. 
Defiende el desfüadero del mismo nombre, por 
donde el Ródano sale de las montañas. Pertenece 
al sistema defensivo de la frontera fraueo-suíza. 
V. Sluis. 

- EcLUSE (Julio Carlos DEL): Biog. Célebre 
botánico francés. N. en Arras en 1526. M. en 
Lej'den en 1609. Llamado Chisius en latín. Si- 
guió la carrera de Derecho, hizo después algunos 
viajes, y durante tres años estudió en Montpe- 
llier Medicina y Piotánica. Recorrió después toda 
Euroi>a, menos Italia, que no pudo visitar, estu- 
diando la flora de todos los países que recorría. 
Llamado á Vieua por el emperador Maximilia- 



ECNO 

uo II, que le confió la dirección de su Jardín do 
plantas, so retiró después á Francfort, de donde 
pasó á Leyden, encargándose en 1593 de la cáte- 
dra de iJotánica. Introdujo en los Países Bajos la 
patata, á la que llamaba uiacUnida 'J'/ic<jphrasli 
o J'apas Pcruvianorum, y envió ¡llantas ú Italia. 
Sus principales obras son: Anlidvtarium (Am- 
beres, \t>(i\); Mariurtim aliquol slirpiítm jxr ¡lis- 
panias obsotaíorttiii historia (Amberes, 1576), 
J¿<iriorum aliquvt síirpium per J'ttnuoniam- 
Auslriam ele., ohservaturum hisíoria (Amberes, 
1583); llariorum plantarum /nsloria (Andjcres, 
1601); Exolicorum libri dcccrn (Amberes, 1601); 
Gallice Bchjiae choroyrafica dcscriptio (Leyden, 
1619), etc. 

ECÍVIEA (del gr. «'./f"). punta, espina): f. Bot. 
Género de Bromeliáccas. V. Aech.mea. 

ECNOlVfO: Gcorj. ant. Monte y promontorio de 
Sicilia, en la costa S. , célebre por la victoria 
naval que en 256 a. de J. C. alcanzaron Régulo 
y Manlio Vulso contra los cartagineses. Hoyes 
el monte de Lieata ó Serrato. 

- EoNOMO (B.VTALLA NAVAL i)E): Uist. Des- 
de el momento en que Roma comenzó á estaren 
giuírra con Cartago, no tuvo más que un pensa- 
miento inspirado por una hábil política: el do 
llevar la guerra á África. Arrebatar á Cartago sus 
posesiones de Europa no constituía para Roma 
más que un pequeño resultado, incapaz de impe- 
dir que las naves y los ejércitos de su rival fueran 
á turbarla en sus conquistas. Cartago era una 
¡icrpetua amenaza para su ambición; a-'i (|ue la 
orgullosa República quiso lograr su objeto por el 
camino recto, con conocimiento de los peligros 
quo iba á correr, pero también con el conoci- 
miento de sus fuerzas y quizá con el secreto 
instinto que le permitía entrever el imperio del 
mundo. Como el poder princii)al de Cartago 
consistía en sus naves, comprendió Roma qUeno 
podría entablar la lucha con probabilidades de 
triunfo mientras no tuviera luia escuadra capaz 
de hacer frente ala de los cartagineses. Compró, 
á costa de varios fracasos, la experiencia que 
crea y da la superioridad marítima, y vio re- 
compensados sus esfuerzos tenaces. Un día supo 
con orgullo que su cónsul Duilio había vencido 
á los cartagineses en su propio elemento. Desde 
entonces el dominio del mar se escapaba á los 
cartagineses, y aquella República iba á verse 
l>erdida porque las terribles legiones romanas 
iliau á llegar al pie mismo de sus murallas. 

Ocho años hacia que duraba la primera guerra 
púnica, con alternativas de victorias y derrotas 
)iara ambos combatientes. Los romanos, dccidi- 
ilos á llevar la guerra al suelo africano, y coni- 
preiulieudo los peligros de su empresa, habían 
hecho preparativos formidables. Los cartagine- 
ses por su parte, advertidos del peligro que so- 
bre ellos se cernía, halnan preparado sus mejo- 
res naves, sus más hábiles tripulaciones y sus 
soldados más valientes. Por una y otra p.arte los 
preparativos eran espantables. La armada de los 
romanos la formaban trescientas treinta naves 
con 1 10 000 mil hombres, y la mandaban los cón- 
sules Régulo y Manlio Vulso. La de los carta- 
gineseí;, al mando de Amílcar y Hannón, la 
formaban un número algo maj-orde naves. Des- 
pués de haber fondeado en Jlesina los romanos, 
dejando á Sicilia á su dereclia, se dirigieron ha- 
cia Ecnomo, ciudad situada cu la costa meri- 
dional de Sicilia. Los cartagineses se hicieron á 
la vela hacia Lilibea y de allí á Heráclea de 
Minos. Como las dos escuadras avanzaban en 
sentido opuesto, no tardaron en hallarse frente 
á frente, y se hizo inminente el combate. 

Conociendo los romanos por experiencia que 
la fuerza de los cartagineses consistía en la li- 
gereza de sus naves, pensaron los cónsules en 
adoptar una disposicióu ó línea de combate que 
hiciera difícil fuese rota, y de este modo evitar 
el jicligro de verse envueltos. Para ello Régulo 
y Manlio colocaron al frente de su línea de ba- 
talla las dos naves mandadas por ellos, y que 
eran de seis filas de remos; después hicieron que 
sus dos naves fueran seguidas por una larga lí- 
nea de naves que iba sejiarándose de la otra lí- 
nea de manera que formaran los dos lados de un 
triángulo, cuya base la formara otra línea que 
uniera entre sí "las otras dos. El espacio entre 
estos tres lados quedaba vacío; la tercera linea 
remolcaba las naves de carga, y por fin una 
cuarta línea, sirviendo de retaguardia ó de reser- 
va, se extendui detrás de la base del triángulo. 



ECO 

Los almirantes cartagineses tomaron disposicio- 
nes para anular las tomadas por los romanos. 
Dividieron su escuadra en tres cuerpos forman- 
do un centro y dos alas y colocados en una sola 
línea. Extendieron por alta mar su ala derecha 
alejándose del centro como para envolver al 
enemigo, y reforzaron el ala iziinierda con una 
cuarta línea cu forma de seuiicircido. Hannór., 
que mandaba el ala derecha, llevaba á sus orde- 
nas las naves y galeras más aptas por su ligereza 
para ejecutar la maniobra favorita de los carta- 
gineses; Amílcar se había reservado el mando 
del centro y de la izquierda, compuestos de na- 
ves más sólidas y nuis capaces de soportar el 
choque de los pesados barcos romanos. 

La pericia y la experiencia de Amílcar le hicie- 
ron ver la fuerza de las dispo.sieiones adoptadas 
por los cónsules. Para romjier la línea de batalla, 
que debía Oponer una gran resistencia á todos 
sus ataque», dio orden al centro de replegarse y 
de simular la retirada, esperando que la escuadra 
romana se desuniría al perseguirle. En efecto, 
este ardid de guerra casi perdió á los romanos, 
que se dejaron airastrar por una ciega impetuo- 
sidad y ronqiieron la formidable masa de sus 
naves. De pronto hizo una señal Amílcar; los 
fugitivos arremetieron con furor sobre sus perse- 
guidores y so entabló una trememla lucha. Los 
cartagineses, más ligeros, nuis hábiles y más ex- 
perimentados, giraron alrededor de las naves do 
sus enemigos y los atacaron por todas partes. Los 
romanos, mas aguerridos y más calmosos en la 
pelea, opusieron una tenaz resistencia a la cien- 
cia y á los asaltos de sus adversarios. 

Mientras tanto Hannón, que mandaba el ala 
derecha, había atacado la línea de reserva délos 
romanos, llevando á ella la confusi n y el des- 
orden. Los cartagineses del ala izquierda, forma- 
dos en línea semicircular, cambiaban de posición 
y atacaban la línea <]ue formaba la ba.se del 
triángulo formado por la escuadra romana. Las 
dos armadas, dividiiias en tres partes, se atacaban 
respectivamente, sosteniendo tres combates dis- 
tintos y bastante alejadas las nnas de las otras. 
La victoria se mantuvo indecisa por algún tiem- 
po, hasta que el centro cartaginés, que mandaba 
Amílcar, fué vencido entrando en él la confusión 
y el espanto. Esta vez la fuga no fué un ardid 
de guerra, y un gran número de naves cartagi- 
nesas cayeron en poder de Manlio. Al mismo 
tiempo Régulo acudía con su línea en socorro de 
la línea de reserva romana, que iba á ceder ante 
el enemigo; mas con esta ajuda se rehizo y vol- 
vió con nuevos ánimos al combate. Rodeados 
por todas partes los cartagineses, buscaron su 
salvación en la fuga. Cincuenta y cinco naves 
con sus tripulaciones cayeron en poder de los 
vencedores; las otras se dirigieron hacia la costa 
á riesgo de estrellarse, pero lograron escapar 
merced á su ligereza. 

Quedaron vencedores los romanos; su energía 
y su tenacidad habían vencido á la pericia y al 
valor de los cartagineses. La batalla de Ecnomo 
fué un golpe terrible para Cartago, no solamente 
porque disminuyó el prestigio de su superioriilad 
marítima, sino porque abrió á los romanos el 
camino de África, hacia la cual se dirigieron los 
dos cónsules en cuanto pusieron la escuadra en 
estado de efectuar la travesía. 

ECO (del lat. echo; del gr. t,/iii): m. Repeti- 
ción de un sonido reflejado por un cuerpo duro. 

¡Ay Felipa! que somos Fernando y yocomo 
la voz y el eco: él canta, y yo repto los últi- 
mos acentos. 

Lope de Vega. 

Luego mi lira y voz al monte hueco 
Tu uondíre, Lísi esquiva, le enseñaron, 
Y fué piadoso en repetirle el eco. 

Quevedo. 

- Eco: Sonido, movimiento ó vibración del 
aire herido y agitado de un cuerpo ó del choque 
ó colisión de dos ó más cuerpos que se percibe 
por el oído. 

Los ECOS destas tristes voces jquién dud;i 
que uo causaron espanto en los mujeriles pe- 
chos...? etc. 

Cekyaktes. 

Los ECOS del tambor. 

DiccioTmri» de la Academia. 

- Eco: Composición poética en que se repite 
dentro ó fuera del verso, parte de un vocablo ó 
un vocablo entero, especialmente si es uiouosí- 



ECO 

labo, para formar una nuera palabra significa- 
tiva y que sea como eco de la anterior. Este 
vano artificio no se emplea ya sino muy rara 
vez. 

Otro.í ECOS se hacen en verso, ora suelto sin 
vinculo y trabazón de consonantes, ora atado. 
Juan Gakcí.v Rengifo. 

-Eco: Repetición ue las últimas sílabas ó 
palabras que se cantan á media voz por distinto 
coro de músicos, y en los órganos se hace por 
registro distinto hecho á propósito para este fin. 

- Eco: fig. El que, ó lo que, imita ó repite 
servilmente aquello que otro dice ó que se dice 
en otra parte. 

- Eco MÚLTIPLE: El que se repite varias ve- 
ces, reflejado recíproca y alternativamente por 
dos cuerpos duros. 

- Hacer eco una cosa: fr. fig. Tener propor- 
ción ó correspondencia con otra. 

- Hacek eco una cosa: fig. Hacerse notable 
y digna de atención y reflexión. 

Overon las voces de Judas los apóstoles, y 
hicieron ECO en la aprehensión con que estaban 
acusaudo de inadvertida á la Magdalena. 
Fk. Feünando de ValveIíde. 

- Ser uno el eco de otro: fr. fig. Imitar ó 
repetir servilmente lo que dice. 

-Tener eco una cosa: fr. fig. Propagarse 
con aceptación. 

- Eco: Fís. Para un sonido de poca duración, 
como, por ejemplo, un choque, puede haljer eco 
si la superficie reflejante dista más de 17 me- 
tros. Este es el limite admitido para todos los 
sonidos en general, pero para los articulados es 
preciso al menos una distancia doble, es decir, 
de 34 m. En efecto , fácil es convencerse de 
que no se puede pronunciar ú oír distintamente 
más de cinco sílabas jior segundo. Ahora bien: 
siendo la velocidad del sonido de 340 m. por se- 
gimdo, en un quinto de segundo recorrerá aquél 
6S m. Por lo tanto, si el obstáculo reflejante 
está á una di.stancia de 34 m. , el sonido tendrá 
que recorrer 68 m. para llegar y volver del mis- 
mo; el tiempo transcurrido entre el sonido arti- 
culado y el reflejado será en este caso un quinto 
de segundo; por consiguiente, no se confundirán 
los dos sonidos y se oirá distintamente el refle- 
jado. Vese, por lo que jirecede, que si se habla 
eu alta voz ante nn reflector que diste 34 me- 
tros, no puedo oirse más que la última sílaba re- 
flejada, y entonces se dice que el eco es monosí- 
labo; pero si distase aquél dos, tres... veces 34 
metros, el eco sería bisílabo, trisílabo, y así su- 
cesivamente. 

Cuando la distancia de la superficie reflectora 
no llega á 34 m. , los sonidos directo y reflejado 
tienden á confundirse, y no es posible oírlos se- 
paradamente; peroeu este caso se refuerza el so- 
nido, circunstancia que se expresa diciendo que 
hay resonancia. Tal es lo que se observa en las 
liabitaciones espaciosas. Las salas desamuebla- 
das resuenan mucho; mas, por el contrario, si 
hay eu ellas tapices y cortinajes, como é.stos re- 
flejan mal el sonido, pierden aquella propiedad, . 
transformándose en sordas. 

Denomínanse ecos vfúUiples los que repiten 
varias veces el mismo sonido, que es lo que su- 
cede cuando dos obstáculos situados uno frente al 
otro, dos paredes paralelas, j)or ejemplo, se de- 
vuelven sucesivamente el sonido. Ecos hay que 
repiten así hasta veinte ó treinta veces el mismo 
sonido, citándose siempre como uno de los ejem- 
plos más notables sobre este particular el del 
castillo de Sinionettc, cerca de Milán. 

Si se habla debajo del arco de un puente, con 
la cara vuelta hacia uno de los pilares, puede 
reproducirse la voz junto al otro pilar, con bas- 
tante intensidad para mantener así una conver- 
sación eu voz baja sin que puedan oiría las per- 
sonas que so hallen euel espacio intermedio. En 
el piso bajo del Conservatorio de Artes y Oficios 
de París hay nnasala cuadrada, de bóveda elíp- 
tica, que ofrece este fenómeno de un modo nota- 
ble, si los que hablan se sitúan en los dos focos 
de la elipse. 

Por lo demás, obsérvase que no solo se refleja 
el sonido en la su)>erficio de los cuerpos sólidos, 
como son las paredes de un edificio, las maderas 
y las roca.s, sino también en las nubes, al encon- 
trar una capa de aire de diferente densidad de 
la que acaban do atravesar, y por fin en las mis- 



ECO 

mas vesículas de las nieblas. Obsérvase, en efec- 
to, que cuando la atmósfera está nebulosa, su- 
fren los sonidos una multitud de reflexiones par- 
ciales, extinguiéndose cougrau rapidez. De noche, 
cuando hay calma y la densidad del aire es más 
uniforme, pueden oirse los sonidos á mayor dis- 
tancia. 

Los ecos que se encuentran en las ciudades y 
en todos los sitios algo accidentados ofrecen 
cualidades muj' diversas. Unas veces el eco es 
sordo y ronco, otras claro, vibrante y perfecta- 
mente acentuado. Estas diferencias, que depen- 
den, sin duda alguna, de la naturaleza de las su- 
perficies reflectantes, obligan á admitir que hay 
en el eco más que una simple repercusión. 

Los ecos de los bosques dependen mucho, tal 
vez, de la manera en que están agrupados los 
árboles. 

Gay-Vernón se había distraído con frecuencia 
evocando un eco formado por los diferentes cuer- 
pos de un molino. Después de haber pasado al- 
gunos años en París volvió á su aldea, y gi'ande 
fué su asombro al conocer que el eco no existía. 
Nada había cambiado el molino, y sólo habían 
arrancado un grupo de árboles que lo som- 
breaba. 

Las nubes representan también los ruidos te- 
rrestres. 

Las velas de los buques }' las olas elevadas for- 
man también eco. Las palabras que se pronuncian 
con una bocina son repercutidas, si encuentran 
las .superficies convexas de las velas de una es- 
cuadra. Brandes asegura que estando á orillas 
del mar en una noche serena se oye la voz que 
vuelve por el lado del agua. 

Los ecos se oyen particularmente en la noche 
con más claridad; los rumores del día impiden 
que se oigan tan bien. Jlervenne dice que el 
eco de Ormessón, en el valle de llontmorency, 
reproduce catorce sílabas por la noche, y de día 
siete nada más. 

Pueden observarse múltiples ecos bajo los arcos 
de los grandes puentes colgantes, cuyos pilares 
están bien espaciados. Las reflexiones sucesivas 
sobre los pilares opuestos multiplican el sonido 
hasta lo infinito si tienen cierta intensidad. En 
los valles profundos los ecos se forman con suma 
facilidad. Los ribazos excavados por las ondas 
de un río dan con frecuencia ecos notables. 

Un eco muy conocido es el que e.\iste entre 
Coblentza y Biuger, en el punto en que las aguas 
del Nahe se arrojan en el Khin. Repite diecisiete 
veces, y la voz parece alejarse y acercarse alter- 
nativamente. Lo evocan con disparos para dis- 
traer á los viajeros. 

Ebell cita un eco que existe en Derenbourg 
(cerca de Halberstadt), y que repite claramente 
las veintisiete sílabas de la siguiente frase : 

Coniurbabantnr Consíantinojíoliíani innume- 
rabilibus sollicitudinibus. 

Se dice que existe un eco en las cercanías de 
Bruselas que repite hasta quince veces. En 
Rosneath, cerca de Glasgow, las orillas deCly- 
de repiten una frase musical tres veces, y cada 
vez en un tono más grave, lo que parece in- 
creíble. 

El eco de Woodstock, en la provincia de Ox- 
ford, repite diecisiete veces durante el día y 
veintitrés durante la noche: hay que colocarse 
á una distancia de 700 metros. 

Eu Genetay, á dos leguas de Rúan, existe un 
eco notable en un gran patio semicircular. 
Cuando se atraviesa por él cantando, uno oye 
tan sólo su propia voz, y las personas colocadas 
en otros puntos no oyen más que el eco, que es 
simple ó múltiple, según su posición. 

A tres leguas de Verdún, dos torres separadas 
por una distancia do 50 m. aproximadamente, y 
aisladas del cuerpo principal del edificio, pro- 
ducen un eco que repite doce ó trece veces con- 
secutivas, con una intensidad decreciente, cual- 
quier sonido que se profiere en medio del espacio 
que las divide. Cuando uno se separa déla línea 
recta que une á las dos torres, el eco deja do 
manifestarse; pero entre una de las torres y el 
edificio se halla un eco sim]de. 

En las cercanías de Heidelhcrg hay un eco 
qne imita el ruido del trueno. PaVa evocarlo se 
dis]iara un pistoletazo en la baso del Heiligen- 
berg, y una garganta arbolada que so halla en- 
frento repercute de tal modo el sonido, quo las 
personas colocadas detrás y encima del tirador 
no oyen el tiro primitivo, y sí el eco en forma 
de redoble prolongado. 

En Bohemia se encuentra, co)oa de Aderbach, 



ECO 



27 



una especie de circo de seis leguas de diámetro, 
erizado de rocas peladas y puntiagudas, y en el 
centro de este caos existe un puente en q>ie el 
eco repite tres veces una frase de siete silabas 
sin la menor confusión. A algunos pasos de allí 
no se oye nada. 

Kircher halló que las murallas de Aviñón re- 
petían la voz hasta ocho veces. En la ciudad de 
Roma los ecos repiten un grito de dos á siete 
veces. Boissard, en su 7'o;;oi/ra_/ia7TOí¡a?iíi, publi- 
ca la descripción de la tumba de Cecilia Mételo, 
célebre por los ecos que produce. Es una torre 
redonda, cuyas paredes tienen 24 pies de espesor 
y están adornadas con doscientas cabezas de 
bney, de mármol, en memoria de dos hecatom- 
bes efectuadas en los funerales de la hija de 
Mételo Craso. Este monumento está situado 
cerca de San Sebastián, y el pueblo le llama 
Ca}yo di bote. Cuando se pronuncia en voz alta 
una frase cualquiera al pie de la colina que sos- 
tiene la torre, se produce un eco múltiple. Bois- 
sard dice que, habiendo recitado á este eco el 
primer verso de La Eneida, lo oyó repetir ocho 
veces con claridad y algnnas otras confusamente. 

L'no de los ecos más célebres es el que existe 
en la quinta Simonette, cerca de llilán. La 
longitud del cnerpo principal del edificio es de 
37 m., medidos en el interior del patio; las dos 
alas tienen 20 m. La altura del piso superior, 
medida entre la galería y el techo es de 10 me- 
tros; la galería tiene una anchura de cinco me- 
tros próximamente. Cuando se dispara un pisto- 
letazo desde la gran ventana abierta en la pared 
del piso superior del ala izquierda, el eco lo re- 
pite de cuarenta á cincuenta veces; el sonido de 
la voz se repite de veinticuatro á treinta. Addis- 
son y Monge han tenido ocasión de verificar el 
hecho. Bernouilli dice que una vez contó hasta 
60 repeticiones. 

En las bóvedas cerradas, los ecos múltiples 
producen algunas veces un aumento extraordi- 
nario del sonido. Sabido es que en uno de los 
sótanos del Panteón el guardián que guía álos 
visitantes no tiene más que dar un golpe sobre 
el paño de su gabán jiara que estalle sobre 
aquellas sonoras bóvedas un ruido comparable á 
un cañonazo. El mismo fenómeno se observa en 
la oreja de Dionisio y en la célebre gruía del 
Mammuth que está en el Kentucky al S. de 
Louiswille. 

Olaus Magnus cuenta que existe cerca de 
Tiborg, en Finlandia, una caverna milagrosa, en 
la cual basta echar un animal vivo para quo 
salga un inmenso y espantoso clamor. Es la ca- 
verna de Suselleu. Los habitantes del país han 
sacado algunas veces ventajas de este fenómeno 
para desembarazarse de sus enemigos. Cuando 
los veían acercarse se tapaban los oídos y so 
ocultaban en los sótanos, mientras que el más 
atrevido tomaba un animal cualquiera y lo pre- 
cipitaba en la caverna. Los mugidos que salían 
inmediatamente echaban por tierra á los ene- 
migos, como caen los bueyes en el matadero, y 
entonces los finlandeses abandonaban sus escon- 
dites para ir á despojar á los vencidos. Plinio 
refiere alguna cosa análoga de ima caverna de 
Dalmacia, y eu la que basta arrojar una piedra 
para promover un huracán. 

- Eco: Mil. Doncella criada y educada por 
las diosas é instruida por las Ninfas en el arte 
del canto, de la flauta y de la chirimía; amiga 
de la soledad, huyó de los dioses y de los hom- 
bres, y rehusó su amor. Su talento musical ex- 
citó celos cu el dios Pan, quien irritado además 
por no poderla conseguir, cierto día infundió 
fm-iosa locura en todos los pastores de la comar- 
ca, los cuales se precipitaron sobre la doncella, la 
descuartizaron, y esparcieron sus miembros por 
toda la Tierra. Gea recogió y embalsamó estos 
despojos. A partir de entonces. Eco no tuvo 
residencia fija, pues puede decirse que se hallaba 
eu todas partes. Aun en el seno de la muerto 
conservó su don musical, la facultad de imitar 
y do reproducir todos los sonidos que percibía. 
Ovidio nos da á conocer otra versión de la leyen- 
da, según la cual Júpiterperseguía á las Ninfas, 
y Eco hablaba inccsauteniente á Juno para rete- 
nerla alejada é ignorante de las infidelidades de 
su esposo; pero la reina de los dioses descubrió 
el engaño y castigó á la doncella transformán- 
dola en eco, es decir, en una persona quo no era 
dueña de su lengua, que no sabía hablar, que 
no podía guardar silencio mientras se le habla- 
ba, y que repetía los últimos sonidos de la voz 



28 



ECON 



que escuchaba. Más jiopular <jiie esta fábula 
es la de los amores de E<:oyde Narciso. Cuando 
la doncella vivía con liis Ninfas de las agnas, 
se enamoró del hernioso adulcscente; él la des- 
deñó, y entonces Kco Imyo á escoinler su ver- 
güenza en los antros solitarios, donde el dolor 
y el desliedlo la consiiniioron: su cuerpo se de- 
bilitó, su sanare se evaporó, y sólo le (jueduron 
la voz y los huesos, que tomaron la forma de una 
roca. Desde aquel día no so la volvió á ver en las 
montañas, pero desde el lugar escondido y pro- 
fundo en que se hallaba respondía á todos ií)s 
que la llamasen. Esta pasión desdichada de ICco 
parece extraña á la leyenda de Narciso, tal como 
la rellcre en Tespias. 

ECOBRIGA: Ocog. nnt. C. de la Galacia, Asia 
Menor, sit. cerca del Ilalis. En ella el cónsul 
MmuHo VuIso derrotó á los tecto.sagos en el año 
ISy antes de J. C. 

ECODOMA: ni. Xnol. Género de insectos lii- 
meiióptenis, aculeados ó porta-aguijones, de la 
familia dr los formícidos, subfamilia de los clo- 
rilinos. Se llama también ^lllii. V. esta voz. 

.\lgunas especies del género ¿Vhí/dwí», que se ha 
separado del género Jtla, so ilistinguen por te- 
ner más espinas en la cabeza, en el tórax y en 
el tallo. 

ECOICO, CA (del lat. cchOUus): adj. Pertene- 
ciente, o relativo, al eco. 

- Ecoico: Díccse de la poesía castellana lla- 
mada eco. 

- Ecoico: V. Vkrso ecoico. 

ECOLAMPADIO:./?iw/. Fué el discípulo más no- 
table de Zuinglio y el qiu) introdujo los errores 
de la Relbrnia en Basilea. Nació el año 1LS2 en 
Voeissemberg,ciudad de la Frauconia. M. en Ifi;!!. 
Tomó el hábito religioso en el convento de San 
Lorenzo, Orden do Santa Brígida, cerca de Augs- 
burgo, donde se distinguió al ]uincipio por su 
tierna piedad; pero seducitlo ]>or las doctrinas 
de los novailores abandonó el claustro y se refu- 
gió en Easilea. Allí fué nombrado ministro, y 
no tardó en imit,ar el ejemplo de Zuinglio y de 
Lulero, casándose, aumiue era .sacerdote, con 
una joven cuya hermosura lo había cautivado. 
Su amigo Erasnio se burlaba de él por esta boda 
y decía: «Ecolampadio acalia de casarse con una 
muchacha bastante linda; prolialdementc quiere 
niortiticar así la carne. Parece que la reformase 
reduce á que desenfrailen algunos religiosos y 
se casen algunos clérigos, y esa gran tragedia 
tiene \\\\ desenlace cómico, porque todo concluye 
por lina lioila como en las comedias. » Ecolam- 
padio publicó un tratailo con el título de Ej-po- 
sición natural de estas palabras del Señor: Éste 
es mi cuerpo. Los luteranos le respondieron en 
un libro titulado Siiiíjramma, es decir, escrito 
común, y Ecolampadio les replicó en el A7ili- 
sviíjrammo, y dio á luz otros tratados contra el 
libre albedrío, la invocación de los santos, etc. 
El talento ilc este sectario y su inteligencia cu 
las lenguas griega y hcbrea,coii tribuyeron mucho 
á pro|iagar los nuevos errores en Suiza. 

ECOLISMA: Geoí/. ant. Nombre antiguo de 
AnguKuui. 

ECOMMOY: Ocoef. Cantón del dist. del JLans, 
il.p. del Sartlie, Francia; 11 municips. y 17000 
habitantes. 

ECONOMATO: m. Cargo del ecónomo. 

ECONOMÍA (del lat. occonomia; del gr. oiV.ovo- 
U.I»): f. Administración recta y prudente de los 
bienes. 

Es una máxima de kconomía pública que 
tanto se cultiva cuanto se consume, etc, 

JOVELLANOS. 

,.. un amor á la economía que rayaba en 
miseria, le valió la confianza del amo en tér- 
minos de liacer á Cándida depositaría del nu- 
merario, 

Haktzenbu.sch. 

... don Gumersindo era un ser extraordina- 
rio: el genio de la economía, 

VAi.En.\. 

- Economía: Escasez 6 miseria. 

- Ec0N0.MÍ.\: Buena distribución del tiempo 
y de otras cosas inmateriales. 

-Economía: rint. Buena disposición y colo- 
cación de las figuras y demás objetos que entran 
en una composición. 



ECON 

La secunda parte iutej;r.il de la Pintura es 
la economía, 

1'ai.omino, 

-Economía animal: Zool. Conjunto armó- 
nico de los aparatos orgánicos y funciones fisio- 
lógicas de los cuerpos vivos. 

- Economía I'OLÍtica: Ciencia que trata de 
la riqueza <le las ii;icioncs, y de las causas de su 
aumento ó disminución. 

Al leerlas (reglas fundamentales) con aten- 
ción, es preciso decir que las ha dictado una 
razón ilustrada con las luces de la economía 
nol'Uiai y de la experiencia, etc, 

Jovki-i.anos, 

(Alfredo) sabe, en fin. Historia, Economía 
pohíka. Frenología, Pirotecnia, y hacer escc- 
Icnte charol de botas, etc, 

llAltTZENnUSClI. 

- Economía roi.íricA: La ciencia económica 
es una de las que mayores transformaciones ha 
sufrido, y que en virtud á los progresos de los 
conocimientos y á medida que sus ideas funda- 
mentales han adquirido mayor precisión, más .se 
ha separado del concepto cpie le dieron sus fun- 
dadores. El concepto de la economía, su natu- 
raleza, su objeto, quizá por esta razón, por estar 
perfectamente definidos y marcados , no son, 
sin embargo, conocidos por la generalidad; no 
todo el mundo, ni aun aquellos que suelen ha- 
blar de Economía política, tienen una idea clara 
y exacta de la verdadera naturaleza y de los 
lines de esta ciencia. 

Es hoy un principio admitido ¡lor todos que 
toda ciencia comprende una serie ó conjunto de 
]U'inc¡pios relacionados entre sí y dependientes 
lie un principio fijo, de una concepción i'inica y 
fundamental; asi la Mecánica trata <le la fuerza, 
las Matemáticas de la cantidad, la Óptica de la 
luz, etc. El ilustre liacón fué el primero que 
proclamó el gran principio de que la Ciencia 
forma una serie continua, y que deben aplicarse 
á las Ciencias morales y políticas los mismos 
procedimientos de investigación que .se aplican 
á las Ciencias físicas. Los economistas más dis- 
tinguidos han sostenidoqne la Economía política 
es una ciencia física, y que debe ser tratada exac- 
tamente de la misma manera que lasotraü cien- 
cias físicas. Aceptando como verdadera esta doc- 
trina, pieséntaseenscguidala cuestión siguiente: 
¿Cuál es ese gran conjunto de fenómenos, esa serie 
continua dehcclios, relacionados entre sí ydepen- 
dientes todos de un principio lijo, de una concep- 
ción única, al cual pueile aplicarse el nombre de 
Economía política, y que está sometido á leyes 
generales análogas á las que presiden ó rigen las 
ciencias físicas? Como esta cuestión no ha sido 
presentada en una forma clara y netamente de- 
finida, ó como todavía no se ha hallado la solu- 
ción que deba dársela, el método más aceptable 
para responder á ello consistirá en presentar 
una historia sucinta de las voces Economía poli- 
tka, y ponerde manifiesto los diversos conceptos 
que en distintos tiempos se han expresado con 
ella.s. Después se investigará si la analogía e.sta- 
blecida entre las Ciencias físicas y la Economía 
política sirve para descubrir la o]iinióii ó idea 
que preferentemente debe formarse de ella, y 
cuál es la que está más do acuerdo con la idea 
de ciencia considerada bajo la forma más ge- 
neral. 

Las palabras Economía politica se encuentran 
usadas por primera vez en el primer capítulo 
del primer libro de las Economías, obra que ha 
sido atribuida á Aristóteles, por más que todos 
los críticos están de acuerdo al afirmar que no 
es del gran filósofo, aunque sí puedo atribuirse 
á la escuela aristotélica, y considerarla, por con- 
siguiente, como expresión de la mi.sina. En este 
tratado las palabras á que se hace referencia 
significan el arte de adquirir y de administrar 
la propiedad. Establécese en la misma obra qne 
hay cuatro clases de economía: la real, la satrá- 
pica, la política y la doméstica. Estas cuatro 
clases de economía representan otras tantas ma- 
neras sin renta para un soberano, para un sá- 
trapa, para un estado libre, pues este es el sig- 
nificado que tiene en griego la palabra noX:;, 
y para un particular. La Economía política, en 
su significado primitivo . tenía por objeto enseñar 
el medio de percibir las rentas en nu Estado 
libre. No se tiene noticia de que ningún otro 
escritor de la antigüedad empleara estas mismas 
palabras. Montchietien (ItilS) pasa por ser el 



ECON 

primero de los autores modernos que se sirvieron 
de ellas, |icro dándolas el mismo siguifícadoquo 
se le da en la obra antes mencionada. Posterior- 
mente se publicaron varios tratados excelentes 
y sabias disertaciones sobre puntos especiales 
de la ciencia que hoy se llama Economía políti- 
ca, especialmente sobre las cuestiones relativas 
á los impuestos sobre los granos, pero todavía 
lio se había concebido por nadie la idea de una 
ciencia general, considerada como una rama im- 
portante delosconociniientoshumano.s, y seme- 
jante en cierto modo á las Ciencias físicas, excep- 
to por Bacón, cuya mirada profétiea supo entre- 
ver la formación de una gran ciencia moral, fun- 
dada segiín el modelo de las Ciencias físicas. 

La cuna de la Economía política considerada 
en este último coucc|ito, fue Francia. Hallába.so 
esta nación en un estado de miseria espantoso y 
de rebajamiento moral por efecto de lasruinos.is 
guerra.sso5tenidasdurantcelieinadodeLuisXIV, 
por las funestas consecuencias del sistema co- 
mercial dominan te, por laopresión de la noblezay 
por lo excesivo de los impuestos; cuando algunos 
liló.sofos, buscando las causas de aquel triste cs- 
t.ado, vinieron á dar en la conclusión de que debía 
existir alguna gran ciencia natural, algunos 
principios verdaderos que fijaran las relaciones 
sociales del género humano, y que á la violación 
de estos principios era preciso atribuir la situa- 
ción intolerable en que Francia se hallaba, Ques- 
nay, médico de Luis XV, á quien puede dai.seel 
nombre de padre de esta ciencia, la llamó íiere- 
cho natural, y se propuso descubrir y exponer 
una teoría de los derechos naturales del hombro 
en todas sus relaciones sociales, teoría fundada 
en pr¡nci])ios tan ciertos como aquellos en quo 
se basan las Ciencias físicas. Esta ciencia com- 
prendía las relaciones del hombre con el gobierno, 
con .sus semejantes y con la propiedad. El nombre 
de ciencia política ó de política solamente hu- 
biera sido muy propio; ¡lero Quesnay, teniendo 
en cuenta que esta palabra está exclusivamente 
consagrada para significar el arte de la goberna- 
ción de los pueblos, adoptó para esta nueva cien- 
cia el nombre de Economía política. Uno de sus 
discípulos, Dupont de Nemours, propusoel nom- 
bre de Eijiiocracia, para indicar que la regulación 
ó gobierno de estas relaciones debe ser abando- 
nado á la naturaleza de las cosas; pero después 
esta palabra se aplicó especialmense á una teoría 
que formó la escuela llamada de los fisíicratas, 
y que era errónea evidentemente, y cayó en des- 
uso, prevaleciendo la denominación de Econo- 
mía politica. Est,a ciencia, tal como había sido 
concebida por su fundador, comprendía el domi- 
nio entero do las relaciones sociales del género 
humano bajo todos los aspectos físicos y morales. 
Tenía por objeto descubrir las leyes del orden en 
sus relaciones con la libertad, la propiedad y la 
autoridad; los tres elementos esenciales de toda 
organización social, Quesnay, en su primera obra 
titulada iifi-rcAoíia/«ra;, investiga, colocándose 
desde un punto de vista general, la esencia de 
estos deiechosnaturales. Posteriormente, en otro 
libro que tituló Jlláximas iicnerales del gobierno 
económico de un reino agrícola, trató de deter- 
minar eu una .serie de treinta máximas ó prin- 
cipios generales, las bases de toda la ciencia eco- 
nómica. En la cuarta de estas máximas dice 
que la seguridad de la propiedad es en toda so- 
ciedad el fundamento esencial del orden econó- 
mico. En la veintitrés declara que las relaciones 
comerciales de una nación con las otras no .«on 
para ella una ocasión ó motivo de pérdida. En 
la siguiente examina la doctrina de la balanza 
de comercio y la califica de errónea. La máxinia 
veinticinco está concebida en los siguientes tér- 
minos: «Que se mantenga la entera libertad de 
comercio, porque la más segura policía del co- 
mercio exteriora interior, lamas exacta, consiste 
eu la plena libertad de la concurrencia.» Ques- 
nay establecía como principios fundamentales 
de su sistema la inviolabilidad de la propiedad 
privada y el derecho inherente á todo el mundo 
de cambiar lo suyo con quien le plazca. El dere- 
cho de librecambio entre las naciones, era, pues, 
una de las piedras angulares de su filosofía. Las 
máximas que acaban de citarse destruían com- 
pletamente el sistema económico de sn tiempo. 
Es evidente que Quesnay extendió demasiado el 
campo de la ciencia que quiso fundar, y que en 
realidad constituye un grupo de ciencias distin- 
tas. TJno de los amigos más eminentes de Ques- 
nay, Turgot, publicó una obra Sobre la for- 
madún y la distribución de las riquezas, en la 



ECON 

que estiitlió una parte de las materias que Ques- 
nay comprcniiia con el nombre de Economía po- 
lítica. Un profesor de Glasgow, que por su ta- 
lento se había hecho célebre en su patria, fué 
agregado á la persona del duque de Bucclengh 
paia'viajar con él en calidad de preceptor, y es- 
trechó en París relaciones de amistad con el cír- 
culo de hombres distinguidos de los cuales 
(Juesnay y Turgot eran el centro. Este profesor, 
que, como ya habrá adii'inado el lector, era Ádam 
Sniith, abrazó con giau entusiasmo la nueva 
ciencia, y cuando regresó á su patria, y después 
de diez años de incesantes trabajos, publicó cu 
1776 su célebre obra titulada lliqueza de las na- 
ciones; y aun cuando no le dio el título de Eco- 
nomía política, eñ la introducción al libro IV 
dice el sentido que concede á este liltimo término: 
«La Economía política, dice, considerada como 
rama de la ciencia del estadista y del legislador, 
se propone dos objetos distintos: primero procu- 
rar á la nación una renta abundante ó grandes 
medios de subsistencia, ó, más exactamente, po- 
ner á la nación en el estado de procurárselos por 
sí misma; y en segundo lugar proporcionar al 
Estado ó á la comunidad una renta suficiente 
])ara remunerar los servicios públicos. Tiene por 
objeto al misino tiempo enriquecer á la nación y 
al soberano. » 

La escuela de los fisiócratas, despiiés de haber 
contado en su seno muchos discípulos eminen- 
tes murió, y una nueva escuela vino á sustituir- 
la, escuela que reconoció como jefe á Smitli. El 
fundador de esta escuela J. B. Say, fué el pri- 
mero que distinguió y separó de una manera 
clara y precisa la discusión de las cuestiones de 
gobierno y de las investigaciones relativas á la 
ri(pieza, y dio á estas ultimas exclusivamente el 
nombre de Economía política. «Durante mucho 
tiempo, dice Say, se haconfundido la ciencia de 
la organización de las sociedades con la Econo- 
mía política, que euseña cómo se forman, se dis- 
tribuyen y se consumen las riquezas que satisfa- 
cen las necesidades de las sociedades. Sin embar- 
go , las riquezas son esencialmente independientes 
tle la organización política. Con todas las formas 
de gol>ierno puede prosperar un Estado si está 
bien administrado. Se han visto naciones que se 
enriquecieron con los monarcas absolutos, y se 
lian visto otras que se arruinaron con los conse- 
jeros populares. » La definición que J. B. Say pro- 
puso ha sido la admitida generalmente; a.sí que 
la Economía política ha sido definida diciendo 
que es la que trata de la producción, distribución 
y consumo de la riqueza. Esta manera de conce- 
bir la ciencia fué adoptada por un gran número 
de escritores eminentes, entre los cuales debe 
citarse á Ricardo Malthus, Mac Culloch, Jaime 
Mili, Sénior, Stuart Mili, en Inglaterra; Rossi, 
Courcelle Seneuil , Garnier , Braudrillart , en 
Francia; Rau y Roscher en Alemania, y Flórez 
Estrada y otros en España. 

Este concepto de la ciencia puede parecer á 
primera vista bastante claro y preciso, mas des- 
graciadamente no es así: riqueza, producción, 
disli-ibuciótiyconsumotienennn significado esen- 
cialmente técnico y quedan oscuras y sin un 
sentido preciso para aquellos que no hayan es- 
tudiado la ciencia económica. Tarea demasiado 
larga sería la de señalar todas las objeciones á 
que puede dar lugar la definición presentada; se 
indicarán únicamente las dos más importantes. 
Dice la definición que la ciencia trata de la pro- 
ducción de la riqueza; y como los trabajos agrí- 
colas, industriales y todas las Artes, en una pala- 
bra, tienen por objeto precisamente la produc- 
ción do la riqueza, dclic resultar que muchas per- 
sonas, cuando por esta definición quieran saber 
lo que es la ciencia de la Economía política, 
quoilai'ánse admiradas al ver que enseña las artes 
y los procedimientos especiales de la agricultura, 
de la industria y de todas las otras ramas del 
comercio. No hay, sin embargo, ni un solo eco- 
nomista que lio diga que la Economía política 
nada tiene que ver con el arte do la agricultura, 
sino que se limita á estudiar, á ocuparse del va- 
lor de sus productos, después que han sido pro- 
ducidos, de la misma manera que no se preocupa 
do los procedimientos de las industrias, de las 
Artes en general, ni del comercio, sino solamen- 
te del valor de los objetos producidos. Resulta, 
pues, que la palabra producción tiene en Eco- 
nomía política un significado particular y téc- 
nico. Un ejeiu]ilo bastará para hacer ver la poca 
exactitud do esta definición. J. B. Say, como 
todos los economistas, están de acuerdo en admi- 



ECON 

tir que una deuda, un título de crédito, es ri- 
queza. Un banquero compra una letra de cam- 
bio, es decir, una i\euda, con otro documento de 
crédito, ó, en otros términos, compra una deuda 
creando otra. Esta operación se hace por el gran 
sintema del crédito que, según confe.sión de todo 
el mundo, es una rama de la Economía política. 
Sin embargo, personas poco versadas en la cien- 
cia no comprenderán con facilidad cómo la ad- 
quisición de deudas cambiando otras deudas, 
pueda ser producción, distribución y consumo 
de la riqueza. 

Los economistas están todos conformes en 
que su ciencia trata exclusivamente de la rique- 
za; pero jqué es riqueza? Muchas gentes pueden 
sujioner que debe entenderse por riqueza todo 
objeto útil á los hombres; pero ésta no es la 
significación técnica de la palabra riqueza; así 
el abate Bandean, uno de los más eminentes 
fisiócratas, dice en su Introducción d la filoso/ia 
económica: «Los objetos propios para satisfacer 
nuestros goces útiles ó agradables son llamados 
bienes, porque procuran la conservación, la pro- 
pagación, el bienestar de la especie humana 
sobre la Tierra. Pero algunas veces estos bienes 
no son riquezas, porque no se los puede cambiar 
por otros bienes y servirse de ellos para procu- 
rarse otros goces. Un tiempo hermoso, una buena 
salud, un alma hermosa, son bienes sin ser ri- 
queza. Las producciones de la naturaleza, ó las 
obras del Arte, las más necesarias y las más 
agradables, cesan de ser riqueza cuando se pierde 
la posibilidad de cambiarLis y de procurarse 
por este cambio otros goces. El título de riqueza 
supone, por lo tanto, dos cosas: primeramente 
las cualidades usuales que hacen que los obje- 
tos puedan servir para nuestros goces útiles ó 
agradables, y que les dan el carácter de bienes; 
y en segundo lugar la posibilidad de que puedan 
ser cambiados, lo cual hace que estos bienes 
puedan procurar otros, que es lo que les da el 
carácter de riquezas.» Se ve, pues, que la con- 
dición esencial de la riqueza es la posibilidad 
en los objetos de ser cambiados, y de esto se 
deduce que todo lo que sea susceptible de cam- 
bio, cualquiera que sea su naturaleza, corporal ó 
incorporal, es riqueza, y parece natural suponer 
de esto que la ciencia, en los objetos de que 
trata, considera exclusivamente su condición de 
objetos cambiables. 

En el mismo año en que Smith publicaba su 
ohra Riqueza de ¡as naciones, esto es, en 1776, 
Condillac, el célebre metafísico francés, daba á 
las prensas otra obra titulada El comercio y el 
gobierno considerados relativamente el tino al 
otro, en la cual definía la ciencia económica 
diciendo que es «la filosofía del comercio,» ó «la 
ciencia de los cambios. » La obra se apoya en 
esta concepción fundamental, y el autor estudia 
en ella con una rara habilidad las leyes que pre- 
siden á las relaciones de los valores, en cuanto 
se les considera como objetos susceptibles de ser 
cambiados. Esta obra pasó inadvertida relativa- 
mente, y, no obstante, de esta manera es como 
hoy día conciben la Ciencia la mayor parte de 
los economistas más célebres de Europa. Condi- 
llac puede ser, por lo tanto, considerado como el 
fundador de la tercera escuela de Economía po- 
lítica. La Ciencia ha sido considerada desde este 
punto de vista en Inglaterra por el Doctor Whá- 
teley,y por un gran número de sabios como 
Bastiat, Chevalier y otros muchos. Esta defi- 
nición de la Ciencia, al mismo tiempo que satis- 
face á las condiciones de una ciencia fí,sica, 
comprende un orden distinto de cantidades, 
cuyas relaciones mutuas están regidas por una 
idea ó una concepción única, la posibilidad de 
ser cambiadas, y la Ciencia tiene así por objeto 
descubrir las leyes de sus relaciones recíprocas 
en cuanto sean cambiables ó variables. Obtiénese 
por lo tanto un nuevo orden de cantidades va- 
riables. 

La doctrina de Bacón sobre la continuidad do 
la Ciencia produce el convencimiento de que las 
leyes del valor deben estar en armonía con la 
gran teoría general de las cantidades variables 
en general. De esto se deduce la existencia ne- 
cesaria de alguna grau ley general del valor, 
que en todos los ca.sos imaginables gobierna el 
valor de las cosas. ¿Cuándo es esa gran ley ge- 
neral? No sería posible determinarlo, sino con la 
condición de someter todos los problemas que 
puedan presentarse á la pruelia de iuducción ló- 
gica, que ha fijado ya las grandes leyes genera- 
les de las ciencias físicas. 



ECON 



29 



- Economía rural: Agrie. La Economía 
rural, en su sentido más lato, es la parte de la 
ciencia agronómica, que trata de los elementos 
constitutivos de las empresas nirales, y los 
combinan cu ellas de suerte que sean lucrativas 
á los agricultores. 

En estos últimos tiempos una circunstancia 
de inmensa trascendencia ha contribuido á dar 
mayor valor á la ciencia de que se trata: la 
concurrencia. A cau.ía de ella no basta al agri- 
cultor ni á los pueblos producir mucho; es pre- 
ciso producir barato, y aun esto es poco, en 
muchos casos, para que no sea causa de ruina 
la abundancia; es indispensalde, para triunfar 
en la lucha, que el producto tenga cierto grado 
de perfección. 

Conviene precisar los extensos límites de la 
Economía rural, y para ello figurar en un cuadro 
sinóptico, debido á Molí, que se inserta en la 
página siguiente, las múltiples materias que 
comprende. 

Basta para apreciar su im)iortancia que su 
doctrina se apoye en principios de universal 
aplicación y exactitud indiscutible, que son los 
siguientes: 

l.o El desequilibrio de los elementos cons- 
titutivos de la cnijiresa agrícola, clima, tierra, 
capital, trabajo, dirección inteligente, acarrea 
indefectiblemente la ruina del empresario. 

2." Cuanto más suban en bondad y en can- 
tidad esos elementos, más se aproximarán al 
máximum de la producción. 

3.° La utilidad del agricultor consiste en el 
producto neto; la de la sociedad en el producto 
bruto. El poder público, por su deber de atender 
al bien social, está obligado á procurar que re- 
sulte de la profesión agrícola producto neto al 
cultivador. 

ECONÓMICAMENTE: adv. m. Con economía. 

Cuidará (el director del Instituto) de que su 
renta sea bien y económicameste adiniuis- 
trada, etc. 

JOVELLASCS. 

... la sala la encontramos ya ocupada tan 
ECONÓMICAMENTE, que uo podíamos pasar por 
entre las lilas de bancos. 

Me.sonei;o Romaxos. 

ECONÓMICO, CA (del lat. oeconümícus , del gr. 
oízovci;j.i/'.d;): adj. Perteneciente, ó relativo, ala 
economía. 

... sintiéndose (Gregorio Rodríguez) con ta- 
lento para el manejo económico, siguió su 
iuclinacióu, y se ha enriquecido arruinando 
dos casas cuyas rentas manejó. 

Lsi.A. 

... dio (Restituto)poc.'i importancia á la des- 
amortización de los bieues de los frailes y á 
las demás leyes económicas, etc. 

Antonio Flores. 

- Económico: Muy detenido en gastar. 

La proiligalidad del príncipe se corrige te- 
nieuiio en el manejo de la hacienda, uúni.'itros 
económicos, como la avaricia teniéndolos li- 
berales. 

Saavedra Fajardo. 

-Económico: Miserable, avariento, escaso 
y apocado. 

ECONOMISTA: adj. Dícese del escritor sobre 
materias de Economía política y del instruido 
en esta ciencia. U. t. c. s. 

... aquel Gobierno, teniendo al frente á uno 
de sus primeros economistas, monsieur Tur- 
got, las destruyó (las maestrías) cié un golpe, 
etcétera. 

Jovellanos. 

Natural es, por consiguiente, que los eco- 
nomistas se esfuercen en tratar esa cuestión 
y en encontrar soluciones más ó menos plau- 
sibles. 

MONLAU. 

ECONOMIZAR: a. AiioiíRAR, cercenar y re- 
servar alguna parte del gasto ordinario. 

¿Y sabes tú lo que es una mujer aproveclia- 
da, liacendosa, que sepa cuidar de la casa, 
economizar, estar en todo? 

L. F. DE Moratín. 

... á Madrid no se viene á economizah, sino 
á echarla de rumboso; etc. 

HARTZENBUSCn. 



30 



ExplotiU'iún. 



Doiiiinio. . 



Capitíll. 



I Elí'iiiC'iitos coiisti- , 
tiitivos (lo IttS emi>icsas, 
a'TÍuolas \ 



Trabajo. 



Estiéicol . 



ECON 

AKiónoino, aí^iiciiltoi-, cultivador, aptitudes morales, intelectuales y físicas; instrucción; medios de 

adijuirirla. 
Duefio de la casa. 

Extensión: {¡rande, mediana y pcqueHa labranza. 

Composición: importancia relativa de las diversas naturalezas del fundo; riíjneza del suelo. 

Fraccionamiento ó ueunmlación de la projiiedad. 

Edil¡(-ios: dimensiones, estado, situación relativa ú las tierras. 

Localidad: (raminos, pob1aei<>n, rentas, im[iuestos. 

Estimación: renta; clasilicacii'm económica de las tierras, prados, viiías, etc., etc. 

Títulos de uso: posesión, arriendo, asociación. 

Capitales agrícolas: Capital del fundo, dividido en capital de adquisición, capital do mejoras, crídito 

territorial. 
Cajiitaks af;ricolas: Capital de explotación, dividido en capital impuesto, muerto y vivo, y capital 

ciicnlaute. 
Caiiitales agrícolas: Cantidad de cada uno, consumo y reproducción. 

Su liarte en la producción: proporción entre el trabajo y las fuerzas naturales; cultivo intensivo y 
extensivo. 

Trabajo del hombre. . .| J ornaí'e'ros'' .■;.■:.■:::::' ^uma del trabajo: ventajas éincouve- 
I Destajistas * mentes; ajuste; precio del trabajo. 

í Ventajas é inconvenientes. . .. '*'""''■ 
Trabajos animales. . . . Elección, combinaciones, precio í;''""^- 

í ^'^"-'^"j» ■•■,^v":r 

Vapor, electricidad. 

Carácter é importancia; empobrecimiento producido por las cosechas. 

Producción del estiércol, i Por los animales productores, 
calculada J Pur los forrajes y canias. 

Precio á que resulta. 

Comillas. 

Valor comparado de diversos estiércoles. 

Cantidad necesaria para el cultivo dado; estática agrícola. 



PEIUODOS CULTURALES 



Su destino. 

Naturaleza de la tiena que le conviene. 
Plantas. Su clasificación^ Riqueza exigida en la tierra, 
según i Riqueza consiuiiida. 



Aplicaciiin de las 

fuerzas prodiicti-l 

vas de la explota- 1 

ción alo 5 iiroduc- . • , 
. , , , ' I Auiuialcs. 

tos de labranza. . 



1 iviqueza coi 

I Riqueza rejiroducida. 

i Trabajo que exige. 



, Caballo.s. 



Importancia de la elección dcPMnlas y asno.s. . / Especulación, 
ganado como carne y abonos. / Lanar y vacuno, i Precios de los productos. 
Cerda y cabrio. . / 



II Orgauizüción del 
la labranza { 



Análisis do los sis 
temas 



Productos industriales: azúcar, alcohol, fécula, etc. 

SISTEMAS DE CULTIVO 
Importancia é influencia comparada y combinación de esos diversos ramos. 

p, .p .. , , El hombro reducido á recoger los productos naturales. 
Clasincaciun basada so-, . , . p ' 

as 

■' '' suelo. 
I homb 
aumentarla. 



< do los SIS-' , , 1 •■ 1 1 Ül honilirc recogiendo los Irutos naturales V riue iiastan los ganados. 

„ 1 „, ,.. bre la relación de lasV ,,, , , i- • ■ i i i ■■ " : i- i ■ ° ,. i i i 

s lio cultivo. 1 ,. ,.,. . , 1 El hombre dirigiendo la producción para utilizar la nciueza natural del 

I fuerzas artificiales v^ i ° ' ' ^ 

I j- 1 1 1 J suelo. 

naturales de la iiro-l t:^, , i • i i i i i i ^ • 

' ... ' f El fiombre organizando los productos de manera de conservar la riqueza y 



ducción. 



Alternativa ó rota- 
ción de cosechas. 



Teoría de las alternativas. 
Condición de uua buena alternativa. 

I Alternativa con forrajes. 

Clasilicación ■ Alternativa con forrajes vivaces. 

' Alternativa con forrajes animales. 

Análisis comparado de De fertilidad consumida y reproducida: estática, 

las principales altor-' Del trabajo, 

nativas bajo el punto/ De los capitales, 

de vista Del producto neto. 

Paso á un nuevo método de alternativa. 



/ Toma de posesión. 

I Elección de los dependientes y trabajadores. 

I Elección del ganado. 

I Elección de los instrumentos. 

III Direciii'iii de las' Reglamento del servicio. 

eiii|irtsas agrícolas. . . .' Distiibueión y vigilancia de los trabajos, 

/ Compras y ventas. 

. En partida dolde. 
I Eu partida sencilla. 



Contabilidad. 



ECON 

ECÓNOMO (del lat. oecúnvinns, del gr. o'.xo- 
vo'|j.io:, de o\/.o;, casa, y vófio;, administración): 
m. El que se nombra para administrar y cobrar 
las rentas de las piezas eclesiásticas que están 
vacantes ó en depósito. 

Del despaebo de secuestrador ó ECÓNOMO 
para percebir y administrar los frutos y rentas 
de las abadías... treinta reales de vellón. 
Aranceles del año de 1722. 

... no todos los encargados en su adminis- 
tración (la de las fincas de las comuuidatles 
eclesiásticas) son siempre buenos y vigilantes 
EÜÓNOMÜS, etc. 

JOVELLANOS. 

- Ecónomo; El que administra los bienes del 
fatuo ó del pródigo. 

- Ecónomo: El que sirve un oficio eclesiástico 
en higar del propietario, cuando por razones 
legales no puede éste desempeñarle, ó cuando 
está vacante el cargo. 

- Ecónomo: Dro. can. Es el sacerdote encar- 
gado de desempeñar las funciones parroquiales 
eu vacantes ó ausencias. El ecónomo no es, por 
consiguiente, un mero auxiliar del párroco, sino 
un representante suyo, y que tiene los mismos 
derechos y atribuciones, sin otra limitación que 
las que el obispo quiere imponerle. Hace suyas 
todas las obvenciones parroquiales, si el pre- 
lado no le impone también alguna justa limita- 
ción. 

Consultada la Sagrada Congregación sobre si 
el ecónomo que rige una iglesia parroquial va- 
cante en virtud de disposición del prelado, á 
tenor de lo dispuesto en la ses. 24, cap. XVIII 
del concilio Tridentino, puede delegar á otro 
sacerdote para todas las funciones ó tan sólo 
para algunos actos, respondió eu 12 de septiem- 
bre de Í874 de la manera siguiente: afjirmaiivc 
ad primaví parteni nial obstet voluntas Ordina- 
rli. De lo cual se deduce que compete tan so- 
lamente al obispo de la diócesis en que está 
enclavada la parroquia nombrar ecónomo eu 
las vacantes de la iglesia, y que el ecónomo 
constituido por el obispo puede deleg.ar para 
todo en otro sacerdote, á no ser que lo impida 
la voluntad del Ordinario. 

La disposición del concilio á que se hace re- 
ferencia dice que inmediatamente que el obispo 
tenga noticia de la vacante de una iglesia, debe 
nombrar para ella, si fuere necesario, un vicario 
capaz, con congrua suficiente de frutos, a su 
arbitrio, el cual debe cumplir todas las obliga- 
ciones de la misma iglesia hasta que el curato se 
lirovea. Esta disposición alcanza á todas las 
iglesias parroquiales, sean de la clase que quie- 
ran, y el motivo por que vacaren. 

El articulo 93 del Concordato señala á los 
ecónomos la dotación de 2 000 á 4 000 reales. El 
articulo 20 de la Real cédula de 14 de lebrero 
de 1867 dispone que los ecónomos de curatos 
rurales de ambas clases y urbanos de entrada, 
disfruten el mínimum respectivo, y ¡os de as- 
censo y término lo que al tiempo de hacer su 
uond)rainiento .señale el diocesano, con tal que 
no cxeeda tle las dos terceras izarles del mínimo, 
ni baje tampoco de 3 300 reales señalado á los 
ecónomos en curato de entrada. 

El encargado de la administración y cuidado 
de los bienes de la Iglesia se llama Ecónomo de 
la Mitra. Este importante cargo creen algunos 
ijue es de origen apostólico, como lo prueban los 
siete diáconos encargados de la distribución de 
los bienes, mientras que otros lo suponen de 
época posterior á la paz de la Iglesia. Sea de 
ello lo que quiera, es lo cierto que antes del 
concilio de Calcedonia existían los ecónomos en 
Oriente como una institución regular con sus 
oficios, derechos y obligaciones. El citado con- 
cilio, en el can. 26, dice: Quoniam in quibusdam 
ccclcsiis, ut rumore compcrimus, propier cccoiio- 
mos episcopi facúltales ecclesiasticas iradant, 
placuit omnem ccclesiam hahcntcm episcopum ha- 
lierc ceconomum de clero jirojirio, qui dispenset 
res ecclesiasticas sccundum sententiam proprii 
cpiscmi ita ut ecclesiai dispcnsatio prcelcr testi- 
moniuin non sit: et ex hoc dispcnjantur cede- 
siastico; facúltales; el saccrdolio maledictionis 
derorjalio 2>roeurelur. Qiiod si hoc minime feeenl, 
divinü constilntionibus suhjaccbit. 

De esto .se deduce que el objeto do la creación 
de los ecónomos fué desembarazar á los obispos 
del cuidailo do los intereses materiales y dejar- 
los más libres para el ojorcicio del ministerio 



ECON 

pastoral; ponerlos á cubierto de maliciosas sos- 
pechas en la inversión de los bienes eclesiásti- 
cos, y facilitar por este medio su buena admi- 
nistración, teniendo al frente de ella una per- 
sona dedicada á este exclusivo cargo, con las 
condiciones necesarias de inteligencia, rectitud 
y probidad. Por eso tenían atribuciones inde- 
pendientes y facultades propias, y podían opo- 
nerse á las disposiciones anticanónicas de los 
jjrelados, si bien debían dar cuenta á éstos de .su 
gestión económica y procurar que las rentas de 
la iglesia viuda se conserva.sen íntegras. 

Los ecónomos debían ser elegidos entre el 
clero. Las actas del concilio de Efeso insertadas 
en el de Calcedonia, hacen mención de un tal 
Cacirio, á quien atribuyen la doble cualidad de 
presbítero y ecónomo déla Iglesia de Filadelfia; 
los escritores eclesiásticos refieren igualmente 
muchos casos de ecónomos sacerdotes, y el con- 
cilio I de Sevilla, en el canon 5.°, estableció 
que el obispo, según lo ordenado en el concilio 
de Calcedonia, nombrase un ecónomo del ]iropio 
clero, por ser indecoroso que un lego sea vicario 
del obispo, y que los seglares sean jueces en la 
Iglesia. Esta misma disposición fué renovada 
por el concilio IV de Toledo. 

Eu cuanto á la manera de elegirlos, parece se 
hacia por sufragio entre el clero interesado. 
Bingham, hablando de la elección del ecónomo 
Teófilo de Alejandría, dice: «que con acuerdo de 
todo el orden sacerdotal se constituya otro ecó- 
nomo, y que el obispo Apolo manifieste su con- 
sentimiento.» En la Iglesia latina sucedía lo 
contrario, pues el í:argo de ecónomo vino á vin- 
cularse por la costumbre en los arcedianos, cuyo 
nombramiento correspondía al obispo. 

El cambio introducido en la manera de ser 
los bienes eclesiásticos con la adjudicación á 
cada Iglesia de los suyos propios y la división 
de los respectivos beneficiados, hizo que decre- 
ciese la importancia de los ecónomos, y de aquí 
proviene, como dice Tomasino, la diferencia que 
hay eu cuanto á esto entre el decreto de Gra- 
ciano y las Decretales. El destino de los diezmos, 
que bajo el Papa Inocencio III pertenecía ya á 
los curas por derecho común, aunque los obispos 
reclamasen siempre su cuarta canónica, las pre- 
tensiones de los capítulos, la independencia y 
división que establecieron, limitaron la autori- 
dad de los obispos con respecto á los bienes 
temporales y á las rentas de la mesa episcopal; 
de modo que por este cambio los ecónomos, tan 
necesarios antes en la Iglesia, llegaron á ser casi 
inxitiles; sus funciones se limitaron solamente á 
cuidar las rentas del obispo durante la vacante 
de la Silla epi.scopal. 

El concilio de Trento confirmó esta disciplina 
mandando nombrar ecónomos á los cabildos. 
Dice en la ses. 24, cap. XVI, de Ilcfor. : «Nombre 
el cabildo, eu sede vacante, eu los lugares en 
que tiene el cargo de percibir los frutos, uno ó 
muchos adrainisti'adores fieles y diligentes, que 
cuiden de lo que concierna á la Iglesia y á sus 
rentas, de todo lo cual hubieren de dar cuenta 
á la persona á quien corresiionda. » Caso que así 
no lo hagan, establece el concilio el derecho de 
devolución, y en seguida añade; «el obispo que 
fuere promovido ala Iglesia vacante tome cuen- 
tas, por lo que á él corresponde, de los oficios, 
jurisdicción, administración ó de cualquier otro 
encargo de éstos, á los mismos ecónomo, vica- 
rio, etc. , pudicudo castigar á los que hayan de- 
linquido en el oficio ó administración de sus 
cargos, aun eu el caso de que hubiesen dado sus 
cuentas, y obtenido la remisión ó finiquito del 
cabildo ó do sus diputados. » 

El Concordato de 1851 restableció esta insti- 
tución que entre nosotros había caído en des- 
uso. «El importe, dice en el art. 37, de las reu- 
tas que se devenguen en la vacante de las sillas 
episcopales, deducidos los emolumentos del ecó- 
nomo, que se diputará por el cabildo eu el acto 
de elegir el vicario eajiitular, y los gastos para 
los reparos precisos del palacio episcopal, se 
aplicará por iguales partes en beneficio del Se- 
minario conciliar y del nuevo prelado.» Los 
ecónomos parroquiales son innecesarios, porque 
tomados por el gobierno los bienes de las igle- 
sias, y atenidos el culto y clero á las asigna- 
ciones consignadas en los presupuestos del Es- 
tado, no hay rentas que administrar mas que 
los fondos de Cruzada é indulto cuadragesimal, 
para los cuales se nombra un administrador. 
Las asignaciones las cobran los llamados habi- 
litados del clero. 



ECTA 



31 



Los ecónomos ó administradores deben em- 
plear la mayor diligencia y solicitud en el des- 
empeño de su cargo, procurando desenvolver 
por todos los medios posibles la riqueza de la 
Iglesia, aumentar sus rentas, distribuir equita- 
tivamente sus productos, y observar cuidadosa- 
mente las prescripciones canónicas. Así, pues, 
no pueden arrendar las fincas por más de tres 
años; y aunque la práctica admitió los arrenda- 
mientos hechos por los beneficiados durante su 
vida, el concilio de Trento declaró nulos aque- 
llos que se hiciesen por pagas anticipadas en 
perjuicio de los sucesores. No pueden tampoco 
dar los bienes en enfiteusis, excepto en el caso de 
nueva roturación, ó si se trata de tierras arren- 
dadas anteriormente en esta forma. Y tampoco 
les es permitido infeudar dichos bienes, á no 
ser en los casos que taxativamente determina 
el Derecho. Están obligados á sufrir la visita y 
cumplimentar las disposiciones que en ella to- 
masen los obispos usando de su legítimo derecho, 
y deben conocer la historia y antecedentes de 
los bienes que administran para distribuir los 
frutos ó reutas con arreglo á lo mandado en la 
fundación. 

ECOS: Geog. Cantón del dist. do los Andelys, 
dep. del Eure, Francia; 24 municips. y 9000 
liabitantes. 

ECOTADO, DA (del fr. écoté): adj. Blas. Apli- 
case á los troncos y ramas de los árboles, cuando 
parecen cortados de ramos menores, como en la 
cruz de Borgoña. 

ECOUCHÉ: Geofj. Cantón del dist. de Argen- 
tan, dep. del Orne, Francia; 19 mimicipios y 
11000 habits. 

ECOUÉN: Gcoy. Cantón del dist. de Pontoise, 
dep. del Sena y el Oise, Francia; 22 municipios 
y 13000 habits. 

ECREMOCARPO (del gr. ExxpEfxTJ;, suspendi- 
do, y -/.ap-o;, fruto): m. Bot. Género de iiiguo- 
niáceas, tribu de las jacarándeas, caracterizado 
por presentar cáliz campanulado, quinquéfido, 
corto ó alargado, membranoso y coloreado; co- 
rola con tubo alargado, casi regular ó dilatado 
en la parte superior, y estrecho al nivel de la 
garganta; limbo subbilabiado|, con cinco ló- 
bulos cortos y redondeados, extendidos y casi 
iguales; cuatro estambres didínamos, inclusos, 
con anteras lisas, de celdas ovales ii oblongas, 
paralelas ó divaricadas; disco anular; ovario casi 
sentado, unilocular, con dos placentas parieta- 
les prominentes y mnltiovuladas; estilo grueso 
en la parte superior del ovario; óvulos insertos 
en toda la extensión de las placentas; cápsula 
oval, ó bien abultada ó un poco comprimida y 
bivalva; semilla rodeada por un ala transparen- 
te, con embrión de cotiledones planos y casi 
enteros. Se conocen tres especies, propias de la 
Anunica meridional occidental; son arbustillos 
trepadores, lisos ó provistos de un vello muy 
fino, con hojas opuestas , bipinnatipartidas, de 
segmentos pequeños y membranosos, y cuyo pe- 
ciolo termina por un zarcillo sencillo ó ramifica- 
do; flores amarillas de color escarlata ó anaranja- 
do, dispuestas en racimos filiformes con pedículos 
alargados y acompañados de una bráctea peque- 
ña. Es notable la especie Eccremocarpus scabcr, 
que tiene flores anaranjadas y se cultiva como 
planta de adorno. 

ECRENA (del gr. :V.pr)-|'|jia, erupción): m. Mcd. 
Enfermedad cutánea caracterizada por vesículas 
llenas de un líquido claro y muy próximas unas 
á otras. 

ECRÓN, ECCRÓN ó EKRÓN; Gcog. ant. C. del 
país de los filisteos, tomada por las tribus do 
.luda y Simeón, unidas después de la muerte du 
.losué. Reconqui.stada luego por los filisteos, en- 
viaron á ella el Arca Santa después de haberla 
tenido cu Asdod y Gaza, causando su presencia 
los mismos males que en estas ciudades, lo cual 
les determinó á restituirla á Israel. 

EOSKA; Geor;. Municiiño del dist. de Gross- 
Becskerelc, prov. de Torontal, Hungría; 5000 
habitantes. Sit. en la antigua Voivodia serbia, 
cerca y al S. de Gross-13ecskerek. Tiene dos 
aldeasllaniadas Nemet y Roman-Seska. 

ECTADlO(dclgr. iXTaoto;, al.argado): m. Bol. 
Género de Asclepiadáceas, tribu do las peripló- 
ceas, caracterizaiio por tener corola subnrceolada 
con lóbulos oblongos que se recubren de derecha 



32 



líCTI 



ii izi|iiii'nlii; una corona con escamas siibnhulas; 
aiitci'us acuniinaila.s, subuladas y vellosas por el 
dorso. Se conoce nnu sola csijceie propia del 
Alrica austral, y es un arbusto velloso, blan- 
(|Ueciiio, con tallos dcreclius poco ramilieados, 
con hojas o])iicstas y con llores en cimas densas, 
axilares y piiUiiiculadas. 

ECTADIÓPSIDO (do ecladio, y el gr. w|. as- 
pecto): nj. Bul. Género do Asclopiadáceas, tribu 
de las iicriplóeeas, ijue so distingue por tener 
corola con tubo corto y lóbulos estrechos, que so 
lecnbreu do derecha li ¡/.'juierda, )■ una corona 
con escamas cu forma de nia:<a y anteras lisas. 
.Su conocen tres especies propias del África orien- 
tal, troincal y austral, y son arbustillos dere- 
chos y poco rauíilloudos, con hojas opuestas lan- 
ceoladas, muy agudas, y llores pequeñas reunidas 
cu cimas casi sentadas y paucilloras. 

ÉCTASIS (del gr. jV.Ticti;, extensión): f. Li- 
cencia poética ijuo so comete cuando la silaba 
breve se alarga para la recta medida del verso. 

ECTIMA (dclgr. i-'xOjaa; de c/.OÚ£iv, erupción): 
111. raluL Enfermedad pustulosa de la piel, de 
origen inílauuttoriü, caracterizada por pústulas 
i\\\v aparecen primero en forma de manchas or- 
jas, circunscriptas, ligeramente prurigiuosas, 
las cuales so transCorman, ol cabo do algunos 
días, primero en vesículas llenas de una serosi- 
dad límpida, transparente, y después en vesico- 
))ústulas y luego en pústulas redondeadas, rn- 
gulares, rodeadas de una aureola roja inllama- 
toria, que recuerda perfectamente las pústulas 
de la viruela, y que ha hecho que los más 
ilustres deriiiatólogiis con fundieran el ectiiiia 
simple con la viruela, el iui¡iétigo y el favus. 

Llegada ú su completo desarrollo, la pústula 
deectima no suelo .ser reabsorbida; con frecuen- 
cia la e|)idernus se rompe, y el pus se derrama 
al exterior en forma de costra que so hiende, so 
deseca, y al caer deja por debajo una superficie 
ulcerada, profunda, dolorosa en coutaeto del aire. 
Las pústulas ofrecen á meuudo el aspecto de 
licqucños forúnculos, si bien diliereu de éstos por 
la falta de clavo. 

Establecida la supuración, el vértice do las 
]nistulas presenta con frecuencia uu /jhiiIü iic- 
ijro, reemplazado más tarde por una costra parda, 
muy adherente á la piel, en la cual está como 
encajada. 

La dimensión de las pústuhas de ectima es f 
veces considerable, pero varia mucho, aun el. 
un mismo sujeto. Su desarrollo es doloroso, en 
ocasiones va acom])añado de liebre y de otros 
fenómenos intlauíatorios bastante intensos. Se 
han visto pústulas do ectima en todas las regio- 
nes del cuerpo, ]icro principalmente eu los miem- 
bros y en las nalgas. 

Ilause admitiilo diversas formas de ectima, 
ijue pueden reducirse á dos: 

1." El ectima utjudo, al cual se refiere casi 
en absoluto la descripción precedente , y que 
puede terminar, en los individuos caquécticos ó 
debilitados (por ejemplo eu los diabéticos), por 
gangrena de los tejidos. Es la forma más co- 
mún. 

2." El ectima crónico ü caquictico, que se ob- 
serva en los uiüos y (jue en ocasiones va acom- 
pañado de fenómenos graves (jue pueden prothi- 
(dr la juuerte. También se ha visto en los adultos, 
y entonces sólo se encuentra, particularmente 
en los miembros inferiores, un corto niimero de 
pústulas aplanadas, anchas, regulares, llenas de 
serosidad purulenta y de sangre. Es una enfer- 
inedad seria cuando se presenta en sujetos de- 
bilitados por otros procesos morbosos. 

Las causas del ectima son todas las que irri- 
tan la piel, y eu (larticnlar la aplicación de po- 
madasó emplastos irritantes, de vejigatorios, etc. 
lia sarna y la acción (jue diversos parásitos 
cjerceu sobre la piel pueden también determi- 
nar la formación de pústulas que, repetimos, 
únicamente son graves en los individuos caquéc- 
ticos. 

Para el tratamiento de la enfermedad, en 
estado agudo, se ha aconsejado la aplicación de 
lociones emolientes, las cataplasmas de polvo de 
raiz de malvavisco ó de fécula de patata, los 
baños de almidón, de salvado, etc., la aplica- 
ción sobre las partes de trozos de tela vulcani- 
zada (Hardy). En las formas gangrenosa y cró- 
nica, tan frecuentes en los individuos caquécti- 
cos, el tratamiento debe dirigirse sobre todo á 
combatir el estado general. Hay que guardarse 



ECTO 

de ruciar demasiado pronto las costras cctinia- 
tosas, porqne esto ofrecería graves peligros: las 
lociones nioináticas, antisé|>ticas y tónicas (lo- 
ciones alcoholizadas, fenicadas, quinadas, etc.), 
serán sienipro preferibles á las aplicaciones eiuo- 
lieiitcs. 
lidima febril. V. UiiTirAlilA. 

ECTINOCLADIO (del gr. v/.Xi'.ttií, extender, 
alargar, y /.Xáío:. raina):in. IM. Géneíode.'Vpo- 
cimiceas, tribu de las eqnitídeas, subtrilin de las 
cuc|uitídeas, cuyo cáliz presenta cinco glándulas 
interiores; el disco es nulo y la eo/ola tiene 
lóbulos estrechos mucho más largos que el tubo, 
torcidos y recubriéndose hacia la derecha. Se 
conoce una sola especio ipie vive en las orillas 
del Calabar.en el África Austral, y es un arbus- 
to trepador muy liso y con ramas muy ilivari- 
cadas; sus hojas son opuestas, oblongas y pen- 
ninervias, tienen sus nervios oblicuos y salien- 
tes en la cara inferior, lo que las distingue de 
casi todas las demás apocináceas conocidas. Las 
llores se hallan reunidas en cimas flojas, pauci- 
lloras y casi sentadas en la extremidad de las 
ramas. 

ECTINOSOMA (del gr. e/.teÍvoj, extender, 
alargar, y v-íiík, cuerpo): m. Zuol. Género do 
crustáceos eutoinostráecos, del orden de los co- 
pépodos, suborden do los cHco])épodos, grupo do 
los natostomátidos ó nadadores, familia do los 
liarpáctidos. 

ECTOBAsideS (del gr. sxtó;, luera y lási- 
de): m. [d. But. Grupo de hongos basidiosporeos, 
que comprende todos los géneros que tienen el 
receptáculo cubierto "por los biisides. 

ECTOCARDIA (del gr. ¿ztó;, fuera, y xaoS'.a, 
corazón): f. Tcrat. Denominación propuesta por 
Alvaronga para designar las anomalías en la 
situación del corazón, sinónimo, por lo tanto, de 
cclopia cardíaca, voz u.sada por lireschet y otros, 
si bien con ella se comi'renden principalmente 
las hernias de dicho órgano. 

Alvarenga distingue ectocardias iníralordcicas 
y r:iiralorácicas, correspoudieiulo estas ultimas 
á las hernias cardíacas ó cardiocchs. Según el 
citado autor, las ectocardias intratorácicas se 
subdividen en laterales y centrales; las primeras 
eu dc.eiocardias, aristocardias y trococardias, y 
las segundas en mesocardias, epicardias é hipo- 
cardias: los cardioceles, en torácicos, abdomi- 
nales y Cervicales. 

ECTOCARPÁCEAS (de ectocarpoj: f. pl. Boí. 
Orden ile algas marinas, mclauospérmeas, con 
la fronde de calor verde oliva, articulada y lili. 
foime. Los esporangios son geueraluiente exte- 
riores y so hallan fijos en la intersección de los 
artejos. La fronde es flotante en unos géneros 
( Ectocarpus , Myriotrichia) y rígiila en otros 
(Ciadoste/ih us, Sphacclaria). 

ECTOCÁRPEAS (de cctucarpo): f. pl. Bul. Or- 
den de algas, de la familia de las fucoideas, ca- 
racterizado por tener fronde articulada, monosi- 
fouiada, de color verde aceituna, filiforme, sen- 
cilla ó provista de ramos gruesos, ó rara vez dís- 
ticos, con el estigma hialino y no recubierto de 
inucus. La fructitícación es doble; unas veces se 
efectúa entre algas diferentes y otras en la misma 
planta. Los esporangios son globulosos, ovales ú 
obovales, sentados y pcdiculados. Estas algas 
son generalmente parásitas y comprenden tres 
géneros: Elackistca, Eclocarpxis y Myriotrichia. 

ECTOCARPO (del gr. \v.-q:, fuera, y zctp-o;, 
fruto): m. But. Género de Ectocarpáceas, que se 
distiiu'uen por tener fronde filiforme, ramosa, 
con las i'amas unas veces opuestas, otras verti- 
ciladas ó alternas y retiu-eidas por un solo lado 
en la parte superior. Se conocen unas treinta 
especies de este género, algunas de ellas muy 
semejantes á las del género Bíiacspora, y otras á 
las del género Haphlofpura. 

ECTOCÍSTEAS (del gr. i/.ió:, fuera, y •/.•J5-t:, 
vejiga): f. pl. Bot, Grupo de criptógamas colo- 
cado por unos autores entre las flecas y por 
otros entre las luucetliueas. 

ECTOCLINIO (del gr. iv.-ó;. fuera, y -/.Xívr], 
rece[itáLulo, tálamo): m. Bot. Género de algas, 
de la familia de las hipneáceas, que se caracte- 
riza por presentar fronde plana, lineal, dentada, 
membranosa, tricótoma en la base, dicótoma en 
la parte superior, y subdividida por varias esco- 
taduras en diferentes puntos. Está formada de 



ECTO 

tres capas diatiiitas por su forma y por la disjio- 
sieión de las células. Los ciscotar])Os, situados eu 
el interior de las ramas, se hallan debajo do lae.K- 
treniidad de la fronde y dan origen á varios 
núcleos. El pericarpio se presenta cerrado. Loa 
esferósporos forman manclias lineales en los so- 
ros, que se hallan situados en la superficie plana 
de la fronde. 

ECTOCLINOS (del gr. EZT-i;, luera, y y.V.-/r¡, 
tálamo, receptáculo): m. pl. L'ot. Grupo do hon- 
gos clinospóreos. 

ECTODERMO (del gr. i/.ro';, fuera, y 3sp|ia, 
piel): m. ./liiat. Hoja externa del blastodermo, 
en contraposición á la hoja ó ca|)a nudia que se 
llama mesodcrmo, y á la interna que .so llama 
cntodcrtiw. V. Ulastoduiimo y Emukujx. 

Todos los órganos que derivan del ectodernio, 
como son, por ejemplo, la retina, centros ner- 
viü.sOH, órganos de los sentidos, etc., se llaman 
producciones cctodérmicas. 

ECTÓGENO (del gr. eztÓ;. fuera, y Y='/aiv, 
engendrar): m. Bot. Receptáculo de ciertos hon- 
gos que lleva al exterior el conjunto de los ór- 
ganos reproductores. 

ECTOGIMNOSPÓREAS (del gr. SZTÓr, fuera, y 
ijimnospijrcas): f. pl. But. Grupo de algas giin- 
nospóreas. 

ECTÓPAGO(del gr. v/.-.'J:, por fuera, j' -.y:-¡v[i, 
fijo): adj. Dícese del monstruo compuesto de dos 
individuos que tienen un ombligo común y es- 
tán reunidos lateralmente en toda la extensión 
del pecho. U. t. c. s. 

-ECTÓPAGO: Terat. Los ccMym'/o.? sólo difieren 
de los cslernópagos ])0r la desigualdad de ambas 
paredes torácicas, ó, más exactamente, de las 
dos paredes costoestcruales del doble tóiax, de 
suerte que uno y otro sujeto no aparecen opues- 
tos cara a cara, .sino colocados casi en ángulo 
recto, teniendo ambos la cara vuelta hacia la 
mayor paretl torácica. 

De los cuatro brazos, los dos colocados junto 
á la gran pared torácica son los únicos normales, 
mientras que los otros dos pueden estar más ó 
menos atrofiados, ó soldados entre sí. 

Hay corazón doble, que un diafr.igma único, 
pero amplio, separado las visceras abdominales. 

Los ectópagos forman parte de los monstruos 
dobles monoiifalianos. 

ECTOPISTO (del gr. l/.-o';, fuera, y -'.5-ro;, 
fiel): m. Zool. Género de aves, del orden de las 
palomas, familia de las colúmbidas. Se caracte- 
riza por presentar estructura robusta; cuello 
laigo; cabeza pequeña; pico de longitud regular, 



K 
f- 



-iíTi 



:'':J^'^h 



Ectopislo 

bastante delgado y recto; tarsos cortos, pero ro 
bustos, más breves que el dedo medio sin uña; 
alas largas, puntiagudas, con la segunda réniige 
más prolongada, y cola compuesta de doce plu- 
mas, más corta que las alas y escalonada, ex- 
cepto las dos plumas del centro. Se halla reiue- 
scntado este género por la especie Ectopistes 
migratorius, llamado vulgarmente palomo emi- 
grante. El color general de esta famosa especie 
de palomas es un azul pizarra; las regiones in- 
feriores son de uu gris rojizo; los lados del cuello 
de un violeta purpúreo con lustre metálico; el 
vientre y las tectriees del ano blancos;las rémiges 
negruzcas, con borde blanco; las rectrices del 
centro negras; las del lado, de un gris claro, 
presentan" en las barbas exteriores una mancha 
de fondo rojo y otra negra. Los ojos son de un 



ECTR 

rojo brillante; el pico negro, y los pies de un rojo 
sangre. La hembra es un poco más pcquoña, 
preilominando en su plumaje el color ceniciento 
pardo, excepto el dorso y la rabadilla que son 
de un giis blanquizco; bs tectrices del centro 
de la cola son de un pardo rojo. El macho mide 
O"", 42 y la hembra O", 39 ; la anchura del primero 
es de O™, 65 y la de la segunda de O™, 60 de punta 
á punta de las alas ; éstas y la cola tienen 0"',21. 

Se encuentra el ectopisto en todos los estados 
de la América del Norte, desde la Bahía de 
Hudton al Golfo de Méjico, y desde las monta- 
ñas Pedregosas á la costa oriental; pero no en 
todas partes viven en igual número. Algunos 
individuos errantes se han presentado también 
en Inglaterra. 

La gran fuerza de .sus alas les permite reco- 
rrer y explorar volando en nuiy corto espacio de 
tiempo una inmensa extensión, Así es que se 
hau matado palomas en los alrededores de Nueva 
York, que tenían aún el buche lleno de arroz, 
que sólo podían haber comido en los campos de 
Georgia ó de la Carolina, lo más cerca. Ahora 
bien: como su digestión so efectúa con la sufi- 
ciente rapidez para descomponer del todo los 
alimentos en el término de doce horas, sígnese 
de aquí que debían haber recorrido en seis tres- 
cientas ó cuatrocientas millas, lo cual demuestra 
que franquean una por minuto, poco más ó me- 
nos. Con semejante rapidez, si una de estas aves 
quisiese, podría llegar á Europa en menos de tres 
días. 

A esta gran potencia de vuelo se agrega una 
extensión no menos notable en la visión, de 
modo que, viajando con la celeridad indicada, 
son capaces de explorar todo el país que se ex- 
tiende debajo de ellas, descubrir fácilmente si 
hay alimento, y llenar así el objeto de su excur- 
sión. 

La manera de anidar del ectopisto y los luga- 
res que eligen al efecto, es asunto de reconocido 
interés. El sitio que mejor les conviene es aquel 
donde encuentra con más facilidad el alimento á 
su alcance, con tal que no esté muy lejos del 
agua. Prefiere los más altos arbolados, en medio 
de los bosques, y se dirige allí en innumerables 
legiones, preparándose para la reproducción. El 
macho toma entonces cierto aire de vanidad, y' 
persigue ala hembra, ya por tierra, ya por el ra- 
maje, abierta la cola y colgantes las alas, con las 
que barre el suelo ó la parte del árbol donde se 
pavonea; lleva el cuerpo levantada, dilatado el 
buche, chi.speantes los ojos, continúa su arrullo, 
volando á iíitervalos á corta distancia, y vuelve 
junto á su tímida compañera, que parece huir. 
A semejanza de las palomas, acarícianse luego, 
picoteándose mutuamente; las mandíbulas del 
uno se introducen trausversalmente en ¡as de la 
otra, y con repetidos esfuerzos se dan el conte- 
nido de su buche. Sin embargo, estos prelimi- 
nares terminan muy pronto, y las palomas em- 
piezan á construir su nido en medio de una paz 
y armonía generales; éste consta de algunas 
briznas secas entrelazadas, sostenidas poi ramas 
en forma de horquilla; en el mismo árbol suelen 
encontrarse de cincuenta á setenta nidos. Cada 
uno contiene dos huevos de forma elipsoidal 
abultada y de color blanco ¡juro. Durante la in- 
cubación el macho atiende á las necesidades de 
la hembra, y en su ternura y afecto hacia ella 
nótase algo que admira. Otro hecho igualmente 
curioso es que de cada postura resulta por lo re- 
gular un individuo de cada sexo. 

Los ectopistos emigrantes soportan la cautivi- 
dad durante varios años y se reproducen fácil- 
mente en pajarera si se les cuida bien. 

ECTOPLEURA (del gr. ÉzTo.-, fuera, y -jtXtu- 
pi. lado, costado): f, Zool. Género de celenterios 
nidarios, de la clase do las hidromedusas, orden 
de los tuljularios, familia de los tubuláridos. Se 
halla formado por medusas nacidas so1>re colo- 
nias análogas á las de los tubularios y que pre- 
sentan un pedúnculo bucal corto, con una boca 
sencilla y manchas pigmentarias diseminadas en 
la base de cuatro tentáculos marginales. Es no- 
table la especie K Ditmorticri, denominada tam- 
bién Tubularia Dumoriieri. 

ECTOPÓGONOS (del gr. sxTo'r, fuera, y rew- 
Ytüv, barba): m. pl, Boi. Grupo de musgos. 

ECTOPRÓCTIDOS (del gr. £/.to;, fuera, y Kpo-/.- 
To-r, ano): m. pl. /íool. Grupo do nmluscoideos 
brlüzoarioM, que forman una subclase caracteri- 
zada por presentar una vaina tentacular y una 
Tomo VII 



ECTR 

hoja fibrointestinal. Los tentáculos son retrác- 
tiles y forman un círculo completo ó incompleto, 
según qne el lofóforo sea discoide ó en formado 
herradura. El ano está siempre situado fuera de 
la corona tentacular, á cuya circunstancia alude 
el nombre de éste grupo. Losectoiiróctidos com- 
prenden la mayor parte de los briozoarios y se 
dividen en dos órdenes: gimnolemálidos y lofó- 
podos 6 filactohmátidos. 

ECTOSPÉRMEAS (del gr. exto';, fuera, y 
(37:£3¡jtx, simiente): f. pl. Bot. Género de algas 
cuyas especies se incluyen por lo# autores mo- 
dernos en el género Vaucheria. 

ECTOSTROMA (del gr. IxTo';, fuera, y arpw- 
(ia , cubierta): f. Bot. Mancha y exantema de 
cierto género que aparece en las hojas de los 
vegetales, y que semeja, por su aspecto, una pro- 
ducción fungiforme ó que parece producida por 
el comienzo de una vegetación parasitaria. 

ECTRODACTILIA (del gr. óxtooCív. hacer abor- 
tar, y oáztuXo;, dedo): f. Tcral. Anomalía por 
falta de uno ó muchos dedos. Casi siempre es 
simétrica, es decir, que se manifiesta en ambas 
manos; en ocasiones se repite en el miembro 
torácico y en el abdominal del mismo lado. 

Por lo demás, esta anomalía suele coincidir 
con otros vicios de conformación; es casi cons- 
tante en los acéfalos; rara en los individuos no 
monstruosos, suele transmitirse entonces por 
herencia. 

ECTROPIÓN (del gr. iV.xpsTiw, invertir): m. 
Med. Inversión de uno ó ambos párpados, sobre 
todo del inferior, hacia fuera. Afecta forma di- 
ferente según las causas que lo producen. 

El edrojnón senil, que se manifiesta sobre 
todo en los párpados inferiores, es debido á la 
flacidcz de estos velos membranosos en los vie- 
jos, cuyo músculo orbicular ha perdido su toni- 
cidad. Va acompañado de engrosamiento sar- 
comatoso de la conjuntiva, expuesta sin cesar 
al aire, de rubicundez de esta membrana, y de 
lagrimeo causado por la desviación de los puntos 
lagrimales que el párpado produce en su caída. 

El edropión injlamatorio sobreviene en ciertas 
oftalmías agudas que causan una hinchazón 
considerable de la conjuntiva, ó como conse- 
cuencia de oftalmías crónicas que determinan un 
engrosamiento sarcomatoso de esta membrana. 
No cesan siempre con la afección que le ha dado 
origen, siendo á veces necesario intervenir qui- 
rúrgicamente para conseguir su reducción. 

El edropión paralítico se presenta como con- 
secuencia de la parálisis del músculo orbicular. 

El edropión cicatrizal se ve á consecuencia de 
lesiones traumáticas, quemaduras, gangrenas, 
que interesan la piel de los párpados ó de las 
regiones adyacentes, provocando una retracción 
cicatrizal. 

Tiene siempre el ectropión funestas conse- 
cuencias para la visión, por la imposibilidad en 
que se encuentra el enfermo de resguardar com- 
pletamente el globo ocular ó de lubrificarle su- 
ficientemente (por el pestañeo) con las lágrimas. 
Sin embargo, es muy raro que la córnea quede 
al descubierto durante el sueño como se ha 
dicho; está entonces tan dirigida hacia arriba 
que se aloja detrás del párpado, aun cuando se 
halle muy retraído, pero no es menos cierto que 
casi siempre se forman opacidades en el tejido 
querático. 

El aspecto del ectropión es repugnante; la de- 
formidad qne representa, más bien que los te- 
mores que inspira, obliga á las enfermos á recu 
rrir al cirnjaim: éste procurará volver los pár- 
pados á su sitio, ya que no pueda hacerles reco- 
brar su juego natural. 

Contra el ectropión senil hay pocos recursos 
fuera de una operación. 

El tratamiento del ectropión inflamatorio 
consiste cu volver á poner los párpados en su 
sitio invirtiéndolos hacia dentro, y mantenién- 
dolos después por un vendaje compresivo, ha- 
ciendo de vez en cuando lociones astringentes. 
Si la inversión persiste después de la oftalmía 
qne le ha dado origen, so podrá excindir una 
parte de la mucosa o tocarla durante algunos 
días, en varios puntos, con el nitrato de plata. 

Contra el ectropión paralítico se ensayarán 
primero los medios farmacológicos, con el lin do 
despertar y cstinnilar la energía del músculo or- 
bicular'. Se hanaconscjadolas fricciones alrededor 
de la órbita con una coniprcsita empapada cu un 



EOTK 



33 




y 



Procedimiento 

de Warton Jones 

Primer tiempo 



linimento excitante (alcoholato de espliego, 60 
gramos; amoníaco, 2 á 5 gramos), y especial- 
mente la electrización del nervio facial por las 
corrientes inducidas (Onimus). Si la enfermedad 
no se alivia y la parálisis puede considerarse 
como definitiva, se recurrirá á un medio quirúr- 
gico. 

El ectropión cicatrizal no admite más que la 
intervención quirúrgica. Para ello se han em- 
pleado diversos procedimientos, según que el 
cirujano se proponga: a, acortar la conjuntiva; 
b, alargar la piel; c, enderezar el cartílago tarso; 
d, acortar el cartílago tarso y el borde palpe- 
bral; c, excindir las adherencias cicatrizales. 

a Para acortar la conjuntiva, la excisión es 
preferible al empleo de los cáusticos, á causa de 
su proximidad al 
ojo. Se hace esta 
excisión con una 
pinza y tijeras cur- 
vas. 

b Para alargar el 
párpado, se corta un 
colgajo triangular ó 
ourvo que tenga por 
base el borde libre; 
se le diseca y se 
apioximan por pun- 
tos de sutura los 
párpados, en cuyo 
borde se produci- 
rá una superficie 
cruenta, para dejar- 
los así durante un año ó más, hasta que se ci- 
catrice la herida. Cuando el ectropión es muy 
pronunciado se debe recurrir d la blefaroplas- 
tia, ya por el método francés, ó por desliza- 
miento, ya por el método indiano, que consiste 
en transplantar piel de las partes vecinas. El 
procedimiento de Warton Jones pertenece al pri- 
mero de estos métodos: se practican dos incisio- 
nes que parten de 
cada comisura y 
se reúnen en for- 
ma de V, á un 
centímetro por 
debajo del párpa- 
do; se diseca y se 
eleva el colgajo 
que resulta de es- 
ta doble incisión 
y se constituye de 
esta suerte una 
herida en forma 
de Y. Se reúne, á 
beneficio de la su- 
tura ensortijada, la rama vertical de esta Y, y, 
por algunos puntos de sutura entrecortada, sus 
dos ramas oblicuas. Es uno de los mejores pro- 
cedimientos. El de Dieffeitbach consiste en ha- 
cer una incisión paralela al borde del párpado, 
y en excindir después, disecándole, un colgajo 
triangular de vértice inferior. Se hace en segui- 
da, á partir de los ángulos de la base, dos nue- 
vas incisiones oblicuas sobre el párpado, y des- 
pués de haber disecado los colgajos así obtenidos 
se les aproxima por 
deslizamiento y so 
les reúne por una 
sutura. Hay otros 
procedimientos, en- 
tre ellos el de Guc- 

V ^ ^ i# rin y el de Richet, 

j0 "^^^ür^í v"^ ' que no se citan por 
T|^^^ / \ la índole de este tra- 

^■H " / En el caso de ec- 

"H /é^^ / tro pión considera- 

ble aconsejan los 
tratadistas recurrir 
al método indiano. 
Consiste en cortar 
en la sien ó ea la 
región malar un col- 
gajo, quc.se invier- 
te do modo apropiado para llevarle entre los dos 
labios de una incisión practicada al nivel do la 
cicatriz, causa del ectropión. En ciertos casos 
en que el tejido cicatrizal es deforme y rugoso, 
se le excindirá (Dieffenbah). En otros, se pon- 
drá en práctica el procedimiento que indica el 
grabado anterior; el colgajo retenido en los pár- 
pados por los puntos de sutura ha sido tomado 
do la región Icñida de negro, 
c El procedimiento de enderezamiento del 




Procedimiento 
de Warton Jones 
Segundo tiempo 




Operacidn del ectropión 
por el tnétodo indiano 



34 



KCUA 




Prucedimienlo de AJams 



cartilaftci tarso, imaginado por Dioffiüihadi, no 
so empica. 

d Sí; lia quciidociiiai- el ectiopiún aceitando 
el cartiia^o t;iiso ó el borde pal|nl>ral. El pioce- 
diiiiicnto de Adiims está comprendido en eso 
giupo: se cxciiule por dos tijeretazos un colgajo 
triangular del pár- 
pado y so reúnen 
, i ambos bordos de la 

=; herida por la sutu- 

ff ■ rii ensortijada. Se 

eleva de esta mane- 
ra el párpado, iiuo 
viene á apoyarse 
bastante fuerte- 
mente contra el 
globo ocular. 

c La simple ex- 
cisión de bridas ci- 
catrizales ha basta- 
do algunas voces para reducir un ectropion. Es- 
tas bridas son l'recuentes como consecuencia de 
qucniaihiras. 

ECTROSIA (del gr. s/.TO'iTt;, aborto): f. Bol. 
ticucro de (iramíncas festnccas, con espigas re- 
unidas en panículos estrechos y paueilloros; las 
llores superiores, que son numerosas, masculinas 
V rudimentarias, son semejantes á las del género 
Melii'n; las glumas, por lo menos las suiieriores, 
.son ari.stadas; las aristas siempre numerosas en 
la inllorescencia. Se distinguen cuatro especies 
que son hierbas australianas. 

ECU ABLE (del lat. acquáhllis): adj. ant. Justo, 
igual y puesto en razón. 

- Ecuaule: Aíec. Díccse dol movimiento cnu 
que los cuerpo.s recorren espacios iguales en 
tiempos ¡guales. " 

Firniico y Cardano siguieron el método de 
los antiguos caldeos, qr.c.se llama ücu.hílk. 
Femóo. 

ECUACIÓN (del lat. acquCitlo): f. Mal. Igual- 
dad cu la c|ue entran una (j más cantidades des- 
conocidas llamadas incógnitas. 

En la dclliiición está la ECi".\('IÓN que pre- 
senta despejada la iucóguita, etc. 

IjALMli.s. 

- Ecuación: Mal. La ecuación , en su rigoroso 
sentido, no es, en general, idéntica, y se estable- 
ce la igualdad entro sus miembros para determi- 
nar la incógnita contenida cu ellos. Asi, la ecua- 
ción -I,!'-)- 3 = '2:3 no es idéntica, porque 4a; -1-3 es, 
en general, diferente Je 23. La indeterminación 
de .r> desaparece mediante la ecuación, idéntica 
en el solo caso de sor x igual Ti. 

Todo valor de la incógnita que satisface á la 
ecuación, ó que hace á la ecuación idéntica (que 
la veriiica), se llama raíz de la ccuaciOn. Cada 
uno do estos valores ó raices se llama también 
solución de la ecuación. 

También las raices de los números son raices 
de las ecuaciones. Así, 



^a 



ECUA 

U cambie el signo al pasarlo al otromiemiro. Sea 
la ecuación 

(1) a-b = c + x; 

y puesto que los dos miembros son actualmente, 
ó so suponen, iguales, permanecerán iguales si 
ú ambos se les suma la cantidad b, en cuyo caso 
se tendrá a-b + b = c + x + b; y siendo -b + b = 
resultará 

(2) a = c + .-c-fíi. 

Comparando esta ecuación con la dada , se 
ve que el término b, que eu la (1) está con el 
signo - en el primer miembro, so halla en el 
segundo miembro do la (2) con el signo +, «s 
decir, con el signo cambiado. 

Análogamente, si do los dos miembros do la 
ecuación (2) se resta x, permanecerán iguales, y 
se tendrá 



(3) 



es una raíz de la ecuación a;» = a, para la incóg- 
nita X., 

Resolver una ecuación respecto de la incógni- 
ta es hallar las raíces de dicha ecuación. 

Si debe verilicarsequeí'(,i:-l-6 = 0, seráfa.'= -b, 
y x= -b : a, esto es, la ecuación ax + h = 0, para 
la incógnita x, tiene la raíz -b : a. 

Se sabe que un producto sólo puede anularse 
cuando uno de sus factores sea cero. Por conse- 
cuencia, la ecuación 

{ax + b){c.'¡-d) = 

pai\a la incógnita x, puede ser satisfecha tanto 
]ior la epuación ax-hb = como por la ecuación 
cx~d=<), lo cual manifiesta que las raíces de la 
ecuación propuesta son -b : a y d -.c; y, por lo 
tanto, que la incógnita x es determinada de dos 
maneras mediante dicha ecuación. 

Do una ecuación dada, sea ó no idéntica, 
pueden deducirse otras ecuaciones equivalentes 
(congruentes) de la misma significacitin , ejecu- 
tando con sus dos nncmbros las mismas opera- 
ciones aritméticas. 

En toda ecuación se puede pasar nn t&rmino 
cmUqiiicra de un miembro á otro, con tal que sr 



a-x=c + b: 



y comparando ésta con la (2) so ve que x ha 
pasado del segundo miembro al primero cam- 
biando el signo -f en - , con Fo cual queda de- 
mostrado lo que so deseaba. 

De aquí se sigue que se¡>ucdcn cambiar todos 
los sújnos de una eaiacióu sin que se altere la 
igualdad entre stis dos miembros, porque esto 
eiiuivale á pasar todos los términos de un miem- 
bro á otro, y viceversa. 

Las operaciones hechas para pasar sucesiva- 
mente de la forma de la ecuación (1) á la (2), y 
después á la (3), no están .sujetas á ninguna 
restricción; su legitimidad depende de los dos 
axiomas de que hemos partido. Así es que aque- 
lla.'! ecuaciones pueden ser indistintamente susti- 
tu idas tina por otra. 

Si una ecuación contiene términos fracciona- 
rios, pueden siempre hacerse desaparecer, y obte- 
ner una ecuación en que todos los términos sean 
enteros. 

Eiual mente, en toda ecuación se puede reducir 
d un solo factor un término cualquiera que sea 
el producto de varios factores; y, por tanto, se 
puede hacer desaparecer el coeficiente de una letra 
eualqiiiera. Sea la ecuación 

(4) (a-f¿).'c=a!-i-62; 

esta igualdad no se alterará si se dividen ambo^ 
miembros por a-t-i; luego so tendrá 



«-(-/) 



ECUA 

mélicos ó literales; algunos pueden también ser 
nulos, menos el del primer término. Cuando 
ninguno de los coeficientes es cero se dice que 
la ecuación es completa, y en el caso contrario 
se dice que es incompUla. 

En las ecuaciones con mí'is de una incógnita 
el grado se determina por la mayor suma que se 
obtiene, sumando los exponentes de las incóg- 
nitas en cada término. 

Antes de decidir acerca del grado de una ecua- 
ción, conviene ¡loncrla bajo la forma (5), es de- 
cir, quo es necesario que la incógnita no se halle 
por denominador, ni Í>ajo el signo radical, ócon 
exponentes fraccionarios, ó bien, como suelo 
decirse, es preciso que el primer miembro de la 
ecuación (5) sea un polinomio entero y racional 
re.siiecto de la incógnita. 

Otra observación delje liacorse, y es que no se 
puede Jamás multiplicar ó dividir una ecuación 
dada por una expresión que contenga la incóg- 
nita. Con efecto, sea la ecuación 



en la cual se ve que la letra .); ha sido despojada 
de su coeficiente (a + h). 

En general, cuando so quiere desjjojar á una 
letra cualquiera, comprendida en un término 
(aunque esta letra esté elevada á potencia), de 
todos los demás factores de este término, los 
cuales constituyen el coeficiente do aquella le- 
tra, bastará dividir la ecuación por todo el coefi- 
ciente, que puede muy bien ser complejo. 

Cuando una ecuación se ha reducido, por las 
sucesivas transformaciones antes indicadas, á 
una forma tal que eu el primer miembro se en- 
cuentra una letra sola sin cocíicicntc alguno, se 
dice que esta letra eatA despejada. Así, por ejem- 
plo, supuesta la ecuación (4), se podrá deducir 
de ella otra ecuación en la cual se halle la x 
aislada cu el primer miembro. 

Siempre que una ecuación que no contiene 
más que una incógnita elevada á diversas po- 
tencias ha sido transformada en otra, cuyo pri- 
mer miembro es un polinomio ordenado seqún 
las potencias decrecientes de la incógnita, y el 
segundo es cero, se dice que está ordenada, y su 
grado es el exponente de la más alta potencia 
do la incógnita, os decir, de la que está ou el 
primer término. 

Una ecuación con una incógnita, ordenada, 
es A»\]jrimero, del segundo, etc., grado, cuando 
la más alta potencia que contiene de la incógni- 
ta, es la primera, la segunda, etc. Así, las ecua- 
ciones 

ax.= b-, ax--i-2bx = c : ax^-i-2bx=e 

son respectivamente del primero, segundo y 
tercero grado. 

La forma general de una ecuación del grado 
ji™", ordenada, es la siguiente: 

A,.3:^-^AiX '"-1 4- /},„(■»' -2-)-.... 
(5) +A„,.rx + Á„ = 0; 

Los coeficientes A„, Ai, ^n-li -^n , son 

cantidades indepeiidieutcs de x; pueden ser nu- 



(6) 



a; -1-2 = 10 -a, 



quo se verifica únicamente por el valor x = 4; si 
la multiplicamos jior .r- 3, por ejemplo, no se 
romperá la igualdad, y so tendrá 



7) 



(x-3)(ic^-2) = (10-a;){a;-3). 



Pero esta nueva ecuación no puede decirse ya 

que sustituye á la propuesta (6), porque ésta, á 
más do ser verificada por el valor x = i, se .satis- 
face también cuando se hacea; = 3, mientras que 
la (6) no admite la solución s:=3. Luego se ve 
que la introducción dol factor extraño x-Z ha 
introducido al mismo tiempo una solución ex- 
traña en la ecuación primitiva (6). 

Recíprocanionte, si la ecuación dada hubiera 
sido la (7), y se dividieran sus dos miembros 
(lor el factor a; - 3 que les es común, sin turbar- 
se la igualdad, se obtendría la (6); pero ésta no 
podrá en manera alguna sustituir ¡lor sí sola á 
la (7), porque la (6) no admite más que la solu- 
ción a; = 4, mientras que la (7) tiene esta solu- 
Ilición y además la a; = 3. 

Por lo tanto, con la multiplicación por un 
factor que contiene la incógnita, se aumenta el 
número de las soluciones de que es capaz una 
ecuación dada, y con la dii^sióií so disminuyo 
este número; luego en ambos casos la ecuación 
primitiva se ha alterado. 

En general, una ecuación no idéntica puede 
considerarse como la condición para que una 
función determinada de la incógnita sea nula. 
Una ecuación no idéntica se llama ahjcbraica 
ó trascendente, según que la función de la incóg- 
nita, quo es igual á cero, sea algebraica ó tras- 
cendente. Toda ecuación algebraica puedo con- 
siderarse como la coiidiciíjn ó la exigencia do 
(jue desaparezca una función entera y determi- 
nada do la incógnita. 

Por la exigencia de (pie varias indeterminadas 
deben satisfacer á una ecuación (no idéntica) 
queda en cierto modo limitada la infinita mul- 
titud de los valores de una de ellas, y las de las 
restantes sin límite ninguno. Cada una de las 
indeterminadas puede considerarse como incóg- 
nita que se determina mediante la ecuación. 
Una ecuación con varias incógnitas se dice inde- 
terminada porque sirve para determinar una de 
aquéllas de diferentes maneras, según los valo- 
res arbitrarios ([uc se atribuyen á las otras in- 
cógnitas. Un sistema do valores de todas las 

incógnitas (x = a, y = b ), que satisface la 

ecuación, se denomina una solución de la ecua- 
ción iuileterminada. 

Una ecuación indeterminada so denominará al- 
gebraica cuando lo es respecto do cada una de las 
incógnitas, y trascendente cuando es trascenden- 
te respecto de una incógnita. Toda ecuación al- 
' gebraica indeterminada puede considerarse como 
i la exigencia de que debe anularse una funciiín 
I entera de las incógnitas; sn grado está definido 
por el mayor número de factores incógnitos que 
contenga uno de sus términos. Las ecuaciones 
indeterminadas de 1.°, 2.0, 3."y4.° grado, llevan 
el nombre de lineales, cuadráticas, cúbicas, y 
bicuadráticas, respectivamente. 

Cuando las funciones .'/, J3... contienen las 
mismas incógnitas, una solución de la ecuación 
indeterminada ^ = no es, eu general, una so- 
lución también de B = 0. Toda solución común 
do las ecuacionesyí = Oy ¿; = 0, se\lB.ma, solución 
del sistema de las ecnacioucs A = y B=0. Dos 
sistemas son congruentes (equivalentes) siempre 



ECDA 

que toda solución del uno lo sea también del 
otro. 

Toda solución del sistema A = 0, J3=0, es 
también solución de la ecuación compuesta 

rA+sB=0 

sean cualesquiera los multiplicadores r y . 9. Toda 
solución del sistema, 

A = 0, rA+sB=0, 

lo es de B=0, sis no es 0. El sistema compuesto, 
rA+sB=0, r'A + s'B=0, es congraeiíte con el 
sistema simple A = 0, B=0, siempre que rs'-r's 
no sea cero; porque toda solución del sistema 
compuesto es solución también, tanto de la ecua- 
ción 

s'{rA + sB) - sir'A +s'B) = {rs' - r^s)A = O, 

como de {rs' - r's)B=0. 

Puede suceder que una ecuación, compuesta 
de las incó<;uitas, no contenga una de ellas, ó 
algunas; qiie no contenga ninguna, y que sea 
una cantidad. 

Un sistema general de n ecuaciones liiieales cmi 
n incógnitas, contiene n- coeficientes de las in- 
cógnitas y n términos conocidos. Designando por 
i, i- números cualesqtiiera de la serie 1,2,.../!; 

por .i>,, a^, Xxi las incógnitas, y por «¡jj y «¡el 

coeficiente de íC]¡, en la ecuación ¿^, y el término 
dado de esta misma ecuación respectivamente, 
el sistema propuesto jinede escribirse de este 
modo: 









Pava resolverlo en forma determinanto de 
grado i¿** de los coeficientes, á saber: 



i2 = 



y las determinantes del grado (?/, -1)°, ó adjun- 
tas respectivamente de los elementos de aquélla, 



«11- 



Si la determinante R no es cero, se multipli- 
can las ecuaciones dadas respectivamente por las 
adjuntas de los elementos de la columna í-^, y 
se suman después ordenadamente; la suma de 
los segundos miembros será evidentemente 

«1 «ik + «2 a2k+--- +K-U ^uk, 

y el coeficiente de una incógnita cualquiera, Xi, 
tendrá por expresión la suma 

<hi *lk + «2i a2k + "- +«ai «uk 

qnc será R, ó cero, según que los índices i y le 
sean iguales ó desiguales. Lo cual prueba que 
desaparecen de la suma en cuestión los coeficien- 
tes de todas las incógnitas, á excepción del coe- 
ficiente de la incógnita 3.'k, que es R\ resultando 
por liltimo la ecuación con una incógnita 

Iki\ = Wj ajk -I- «2 22k + • • • = Ku «uk. 

Y en esta ecuación se ve qne su segundo 
miembro, ó sea la expresión hallada para Rx^, 
es la determinante del sistema de los coeficientes 
de las ecuaciones dadas, sustituyendo en él por 
■u-i, jíj, jíu los correspondientes á la columna ¿^ 

El sistema lineal homogéneo 

Jíjz=0, «2 = 0,... ?ín = 0, 

al cual está subordinado un sistema lineal no 
homogéneo, tiene la solución 

11 = 0, 3:^=0,... x„ = 0, 
siempre que no sea cero la determinante 

.R = 2+aii ajo.-.auu- • 
Pues, según antes se dijo, al hallar el valor J?a;k, 
para la incógnita s,, y lo mismo puede decirse 
para todas, se halla la determinante del grado «: 

«1 a,2 (1,3. . o,, ¡e, a^„ a^^. . 

XI., a,„ a^. . = ít„, a:, ao¡ Ooj' • =R^i 

«3 «-32 «33- • Ojl *J «í 033- ■ 

después de agregadas á la primera las columnas 
siguientes. En la expresión hallada para la in- 
cógnita «, son nulos los elementos de la primera 



ECÜA 

columna, y, por consecuencia, ii.-c, = 0. Mas por 
hipótesis, no es ií = O ; luego deberá ser Xj = O, 
Y lo propio sucede con ax,, 'x¡... etc., etc. 

Cuando R es cero, y entre las subdeterminan- 
tes del grado (íí - 1) hay una que no es cero, el 
sistema propuesto es una vez indeterminado. 
Desarrollando, en efecto, la determinante, según 
los elementos de la primera columna, se hulla 
para x^ la expresión 

hu^ + h^ «2 + --- +^n «n=.ff^=0. 

Si b no es cero, al lado de las ecuaciones 

«2 = 0,... Mn = 0, 

es superfina la ecuación u^ = 0. 

Desarrollando la otra determinante, segi'm 
los elementos de la primera fila, se encuentra 
la expresión 

Jcíii Xi + % ai2... -l-p„ «1,1=0, 

y la solución entonces del sistema será para to- 
das las X 

l:x„: ... : Xa=h : ¡Ja : ••• Pu- 

Puesto qne 

5 («TI a^-l-ív, Ko-f ...) = &ceri Xi + %2 ar> + --- 

es cero, para r=l, 2,...k. Acerca de las adjun- 
tas 6, feo--- de una columna, y las adjuntase, 
'f„... de una fila. 

Cuando lassubdeterminan tes delgrado(M- 1)° 
sean todas nulas, y enti'e las subdeterrainantes 
del grado {u - 2)° haya una que sea nula, el 
sistema será dos veces indeterminado. Porque 
para todas las Xi, Xj--- 1* subdeterminante del 
gi'ado (tí- 1)°, á saber: 



l«i 


«¡3 


«i4- • 


«ü«l 


+ «¡2 


x« 


«¡3 


«U- - 


«3 


«33 


«34- • '_ 


«31 «I 


+ «32 


X„ 


«33 


«34- • 


Ui 


«43 


«44- • 


«41 Kl 


+ «42 


X^ 


«43 


«44- • 



= i?i Xi-t-iío Ki, es igual á cero, por ser nulas las 
subdeterrainantes, i¿i y i?,. 

Desarrollando la primera determinante, se- 
giín los elementos de la primera columna, se 
halla: 

cu\ + c-¿ ?<3-f ... Cii Mu = (¿=1, 2). 

Y esta ecuación prueba que cuando c no es 
cero, al lado de las ecuaciones ?í3 = 0, M4 = 0,. .. 
M„ = 0, las dos ecuaciones «¿ = y «3 = son su- 
perfluas. 

Mediante el desarrollo de la segunda deter- 
minante, según los elementos de la primera fila, 
se encuentra esta otra: 

c (flii a^l -1- Oja a^) -f "fs «¡3 + . • . + Ya «io = O, 

y la solución del sistema entonces, para todas 
las Ki y a\,, será: 



: Xn— c : Ys : .. : Yn- . 



Puesto que 



C [a-n Xi+«r2 X2+ar3 .'K3 + ----) 
= c («n Ki-fOrsKaJ + Ys Oi3 + .-. 

es igual á cero; no solamente para r=3, 4... u, 
sino también para )•=! , 2. 

Ecuación de peimer gkado. - Hay que dis- 
tinguir varios casos, según que sean ecuaciones 
de primer grado con una incógnita ó con varias 
incógnitas, ó sistemas de ecuaciones. 

Resolución de las ecuaciones de primer grado 
con una sola incógnita. - Después de ordenada 
una ecuación de primer grado, quedará reducida 
á la forma: 



(1) 



ax=b, 



en la cual « y i representan, en general, polino- 
mios algébricos compuestos de cantidades cono- 
cidas, ó bien números positivos ó negativos. 
Dividiendo ambos miembros por a, resulta: 



(2) 



y este es el valor que resuelve la ecuación dada; de 
donde se deduce la regla siguiente: Para rcsotec 
una ecuación de primer grado con una wicógnita, 
se hacen primero desaparecer las fracciones; des- 
pués sctransponcn al primer miemhrolodos los tér- 
minos que contengan la incógnita, y al segundo to- 
dos los términos conocidos; se reúnen en seguida en 
un solo coeficiente coynplcjo los diferentes coeficien- 
tes de la incógnita, y por último se divide el se- 



ECDA 35 

gundo miemhro por este coeficiente candilejo, con 
lo cual se obtiene el valor de la incógnita. 

No siempre es üecesario hacer todas estas 
operaciones, y á excepción de la última todas 
las demás pueden ejecutarse en el orden que se 
quiera. 

Resolución de las ecuacioties de primer greulo 
con varias incógnitas.-'SiesoXvet varias ecuaciones 
con varias incógnitas es determinar para cada 
una de éstas un valor tal, que sustituyendo en 
todas las ecuaciones dadas, por cada incógnita su 
correspondiente valor hallado, todas las ecuaciones 
se encuentren verificadas. Para tratar esta cues- 
tión es indispensable que las ecuaciones se 
deriven todas de un mismo problema, ó, como 
acostumbra á decirse, que las ecuaciones todas 
existan simultáneamente, ó bien coexistan: porque 
si unas ecuaciones se derivasen de un problema, 
y otras de otro distinto, en tal caso cada una de 
las incógnitas no representaría ya en todas las 
ecuaciones aquello mismo que debe representar, 
y por consiguiente no tendrá el mismo valor en 
todas las ecuaciones, lo cual no puede ser. El 
conjunto de tales ecuaciones simultáneas se de- 
signa de ordinario con el nombre de sistema de 
ecuaciones. 

Una ecuación de primer grado con dos incóg- 
nitas X é y, puede siempre reducirse á la forma 
ax-hby=c, haciendo desaparecer los denomina- 
dores, pasando todos los términos desconocidos 
al primer miembro y los conocidos al segundo, 
reuniendo en un solo coeficiente complejo todos 
los coeficientes de x, y en otro todos los coeficien- 
tes de y; a, b, c, son en general polinomios com- 
puestos de cantidades conocidas, pudiendo tam- 
bién ser números enteros positivos ó negativos. 
De la propia manera preparada una ecuación 
con tres incógnitas, x, y, z, se reduce á la forma 
ax-hby-{-cz=d, y, en general, una ecuación con 
n incógnitas es de la forma 

a^x-i-a^ x^-ha^ x¡-^... -f «n Xn=lc. 

Además, por medio de una sola ecuación con 
varias incógnitas, no se puede jamás determinar 
el valor de una incógnita, á no ser que sean 
conocidos los valores de todas las demás. 

Por lo tanto, cuando se quiere determinar los 
valores de las incógnitas en un sistema de ecita- 
ciones con varias, no podrá tratarse cada una de 
estas ecuaciones separadamente, siuo que será 
preciso considerarlas simultáneamente. 

Para resolver un sistema de ecuaciones es 
necesario hacer una operación preliminar-, que se 
llama eliminación, la cual consiste en sustituir 
al sistema dxido de ecuaciones, un nuevo sistema, 
equivalente de ecuaciones formado de una ecua- 
ción menos y una incógnita menos. V Elimi- 
nación. 

Puede establecerse en genei'al, para lograr todo 
esto, la siguiente regla. Dadas n ecuaciones con 
otras tantas incógnitas, se elimina una de éstas 
sucesivamente entre tina cualquiera de las ecua- 
ciones dadas y fLq^téllas de las restantes n-l que 
la contengan, se tendrán así n-1 ecuaciones con 
igual número de incógnitas; entre estas últimas 
ecuaciones se elimina igualníenle una segunda 
incógnita, y se obtendrá n-2 ecuaciones con otras 
tantas incógnitas, y continitando de este modo se 
llegará á las ecuaciones con dos incógnitas, las 
cuales podr/tn determinarse por medio de estas 
ecuaciones. Hallados los valores de estas dos in- 
cógnitas, se sustituyen en una de las ecuaciones 
que las contienen en unión de tma tercera incóg- 
nita, la cual quedará por tatito determinada; 
conocidas ya tres incógnitas se sustituyen los 
valores en una ecuación donde se hallan estas tres 
con otra cuarta incógnita, y así sucesivamente 
hasta determinarlas todas. 

Los valores así hallados para todas las incóg- 
nitas, sean los que fueren, satisfarán á las ecua- 
ciones dadas, En efecto, sean 

!ííi 3^ -fflj ai, -fiíjala -f c^Xa=Ki 
bi Xi-i-b¡.X2-^b<¡ Kj-l- baX,¡=S:¡ 
n¡x¡-i-n.,x.y-i-n a^-f n^Xn^Ka 

las n ecuaciones dadas, operando con ellas como 
queda dicho en la regla anterior, se hallará 

(4) Xi=a,;x<¡=a^;x3=a3 x„-a„, 

siendo a¡, a¡t 0% «u cantidades conocidas. 

Ahora bien: las igualdades (4) deducidas de la 
(3) por medio de operaciones legitimas, no son 
otra cosa que las mismas (3) puestas bajo otras 



SG 



KCUA 



formas distintas; pero las (•))'l"c<lni' verificadas 
poniíMido i'ti ellas, on vez de x, , a¡ ; en ve?, de Xa, 

Oj. y cji vczdc í-n. "n- luego también las (3) 

quedaran satisfechas ]ioniendo rcspectivameute 
O], «2, «ui *" Ingíir do X,, x^, Xn 

Resulta de todo esto que cuando se deti n 
ecu'uioui:': en otras (mitas iiKóynitas, jntfdc dí- 
tcnniíiarsr un sistema jÍjiiVo de valores jiropios 
para vcrifiear dichas camciones. No suei'de lo 
mismo cuando el número de incó;,'nitas es menor 
que el de ecuaciones, y viceversa. 

Re ha visto que una sola ecuación entre dos 
inciif,'iiitas no es suficiente para determinar los 
valores de éstas; pero os siempre posible deter- 
minar una, asignando primero un valor arliíra- 
rio á la otra. 

En general, si hay «i ccnaeioncs con n incóg- 
nitas, siendo 9í^7h, puede suponerse que n- vi 
de estas inci'>gnitas sean actualmente conocidas, 
de manera que las m ecuaciones pueden consi- 
derarse como si tuvieran m incógnitas, y, por 
lo tanto, podrán resolverse por la regla general, 
y se hallarun, para las in incógnitas, otras tan- 
tas expresiones que contendrán á las otras 11 — m 
incógnitas y cantiilades conocidas; dando á cada 
uni de éstas un valor arbitrario, se obtendrán 
en consecuencia los de las otras m incógnitas, 
y se obtendrán de esta suerte infinitos sistemas 
lie valores propios para satisfacer á las ecuacio- 
nes dallas. En esto ca.so se dice que las ecuacio- 
nes liadas, así como las incógnitas, son indeter- 
minadas , significando con esto que aquellas 
ecuaciones no son susceptibles de determinar un 
sistema único de valores para las incógnitas que 
contienen. Por lo tanto, cuando el número de 
ecuaciones es menor que el de las incógnitas, estas 
son indeterminadas. 

Considérese, por último, el caso en que el mí- 
onero de ecuaciones es mayor que el de las incóg- 
nitas; y para fijar las ideas supóngase que haya 
tres ecuaciones con dos incógnitas x n y. Eli- 
giendo dos cualesquiera de esias ecuaciones, b.as- 
tan ellas, en general, para determinar los valo- 



ECÜA 

res Ak X é y. Ahora bien: si estas ecuaciones 
proceden de un mismo ]>rolilen)a, y los valores 
hallados para x b y satisfacen á la tercera ecua- 
ción, esta circunstancia .será señal de que esta 
tercera ecuación es una consecuencia de las otras 
dos, que por sí solas son suficientes para de- 
terminar los valores de las incógnitas, propios 
para satisfacer á las tres ecuaciones dadas; por 
manera que en este caso no debe considerarse 
el sistema dado como formado por tres ecuacio- 
nes tse.neialmcnte distinta.i, sino como un sistema 
de dos ecuaciones con dos incógnita.s. l'ero si la 
tercera ecuación no se verifica por los valores de 
X é y sacados de las dos primeras, significa esto 
que no es posible satisfacer á las tros ecuaciones 
dadas con un sistema único y determinado de 
valores de las dos incógnita.s. Y como en este 
caso existe una ecuación más de las necesarias, 
suele decirse que la cuestión que ha dado margen 
á estas ccuai iones «s nxás que determinada. Es 
fácil comprender que lo mismo so verifica en 
cualquier otro caso en qnec? número de ecuacio- 
nes es mayor que el de incógnitas. 

En este caso, si todos los coeficientes de las 
ecuaciones dad.as no están dados numéricamen- 
te, se hallarán combinados en algunas de las 
ecuaciones, que toman el nombre de ecuaciones 
de condición, como puede verse por el siguiente 
ejemplo. Sean las cuatro ecuaciones con dos in- 
cógnitas 

(5) a¡a; + b¡y=Ci; a.p:-i-b.,y=c.,; a-¿x-^bii/=c¡; 
aiX + b.¡y = C4. 

Sacando de dos cualesquiera de ellas, l.as dos 
primeras, por ejemplo, los valores de x é y, por 
el método que se quiera de los tres antes expli- 
cados, .se encontrará 

,._ c¡b,,-b¡e2 _ a¡c.,-c,ao_ 



(6) 



"1*2 ~ ^1% 



y=- 



a¡b„ - i¡«2 ' 



y puestos estos valores en la tercera y cuarta 
ecuaciones dadas, se obtendrá, después de hechas 
todas las reducciones: 



,(7) 



\ a^ b¡c¡ d] Co b¡-\-b¡ c¡ ay-b¡ n.2 c.¿-i-c¡ a^ b^-Ci h„ a¡=0 
I Oj J2 Ci-a¡ C2 b.¡-i-b¡ ('2 «4-^1 «2 e^-\-c¡ «» tj-Ci b., et^=0; 



' Razonando ahora como en el caso anterior, se 
ve que si estas ecuaciones no se verifican por sí 
mismas, es decir, si los coeficientes o,, 6j, etc., 
no tienen valores tales que los primeros miem- 
bros de l.is ecu,acioncs (7) sean nulos, será im- 
posible con un sistema único satisfacer á nn 
tiempo al si.itema (5), y la cuestión que lo ha 
origiiKido será más que determinada. Pero si 
«,, ft, .etc. ,no tienen actu.ilniente valores de- 
terminados, se les podrá atribuir valores tales 
como los de las (7) queden satisfechas, y para 
estos valores las ((!) darán un sistema único. Es 
de notar que de las doce cantidades a¡, b¡, etc., 
diez pueden ser tomadas á arbitrio, y las dos 
restantes quedan determinadas por I.is (7). Vi- 
ceversa, si se quiere que la cuestión no sea vuis 
que determinada, es preciso que a¡, b¡, etc. , ten- 
gan valores propios para satisfacer las (7), por 
cuya razón se llaman ecuaciones de condición. 

Se conoce un método sencillísimo para hallar 
los valores de un número cualquiera de incóg- 
nitas, V, X, y, z, etc., cuando éstas se hallan li- 
g.ailas entre sí, por otras tant.as razones iguales, 
form.aila cada una por una incógnita y nna 
constante, y se conoce además la suma de todas 
las incógnitas. Supóngase, para fij.-.r las ideas, 
que las incógnitas sean cuatro y se tenga: 

11 r V z ... 

_=_- = -- = —-; u + x->ry + z = a. 
a b c d 

De la igualdad de las cuatro razones se de- 
duce 



En lugar de la última podría sentarse con 
más generalidad esta otra: 

«M 4- ?;>; -f- ("1/ -f ?j = A, 

siendo 1, ?, -¡-^ 5^ cantidades dada.s. Si multipli- 
camos los dos términos de la primera fracción 
por a, los de la segunda por ¡i, etc. , tendremos 



'J.a 



ix 
Ib 



'A 



y aplicando á ésta el mi.smo teorema de aritmé- 
tica antes citado se obtendrá 



(ZM 

'^a 



{■b 



"y 



e,d 



sta-f fí6-l--,'c-l-írf 



«-l-z-f i^-f ; 



n -f 6 + c -f íZ 



ó sea en virtud de la última do las ecuaciones 
dadas 



de donde 



c a4-íi-fc-K¿ 



la 



y= 



a-fJ + c-fd ' a-^b-^c-^d ' 

ca da 



a-i-b-i-e-^-d a-\-b-\-e-\-d 



de donde 



a/í 



bh 



ch 

.a + ';Lb-i--;c-\-id '" ara -f ¡"di -1- -;c -i- Jrf ' 

Hay casos en que los xalores de las incógnitas 
que satisfacen siempre á las eenaciones ele donde 
se han deducido, no satisfewen al problema d que 
aquellas ecuaciones corresponden. Porque aunque 
sea e.\-acto que toda ecuación es la expresión 
algébrica de una condición del problema pro- 
puesto, y que, por lo tanto, los valores de las 
incógnitas que satisfacen á las ecuaciones sa- 
tisfacen también á aquellas condiciones parti- 
culares, existen á veces además de éstas otras 
condiciones, que no se han podido expresar 
algébricamente, y entonces puede acontecer, y 
puede no aeontecer, que los valores de las incóg- 
nitas cumplan también estas condiciones incx- 
2>resab!cs-, en el primer caso, quedando verificadas 
todas las condiciones del ¡iroblema, los valores 
hallados satisfacen también á este problema; 
jtero en el segundo caso, en general, no sucede 
esto, y ann pudiera darse el caso de que la ecua- 
ción, ó las ecuaciones, expresen todas las con- 
diciones del ])roblema, y, .sin embargo, den valo- 
res singulares, que indiquen una contradicción 
}• sean indicio de un absurdo verdadero, ó de un 
absurdo aparente. 



ECDA 

Para que los valores de las incógnitas obte- 
nidos por la resolución de las ecuaciones que 
algébricamente expresan las condiciones del jiro- 
bkma puedan considerarse como verdadera con- 
testación á este problema, es preci.so exami- 
nar si satisfacen tamldén á todas las denu'is 
condiciones que no han podido expresarse al- 
gébricamente. 

Un valor negativo, que es incompatible con 
la naturaleza de la cantidad que rejiresenta la 
incógnita, os generalmente, solución de otro 
problema, en el cual 1 iertas condiciones del 
propuesto se hallan cand./iadas por otras con- 
trarias. 

Si la cantidad que en el problema se liusca 
es susceptible de subsistir de modos contrarios, 
el valor negativo que se halla para aquella can- 
tidad no es incompatible, )iero modifica la pri- 
mitiva idea de existencia, que se din á aquella 
cantidad al iioner el problema en ecnación. 

Un resultado absurdo, como el de un número 
igual á cero, indica una incompatibilidad en el 
enunciado del jirolilema. 

Un resultado de la forma a;=0, x=so es ab- 
surdo cuando el valor de la incógnita no puedo 
ser cero ni infinito, pero 110 lo es si sucede lo 
contrario. 

Los resultados de la forma = 0, y x= -2_ 

son indicios de indeterminación. 

Al resolver nn proldema, .sin asignar valor 
alguno particular á los datos, se ubtienen para 
la inci'ignita fórmulas algébricas que compren- 
den todos los diferentes casos que puede presen- 
tar la cuestión por variar los valores de los da- 
to.s, y, en general, por los cambios que resulten 
est.ddeeiendo nuevas hipótesis, en algunas de 
las relaciones que primitivamente se establecie- 
ron sobre ¡os mismos datos. 

Ecuación de skííitxdo grado. -Una ecua- 
ción de segundo grado con una innignita orde- 
nada y completa, puede siempre reducirse á la 
forma 



(1) 



a,;>:--^a¡x-^a..=0; 



cuando «i = 0, la ecuación se llama piíra y esdc 
la forma: 

(2) a^x--i-a.,=0. 

Si se pasa el término conocido a . al segundo 
miembro, y se divide toda la ecuación por el 
coeficiente a„, representando por o el coeficiente 
o,, : «o, se convierte 



(3) 



x-=g, 



lo cnal dice que el eu,adrado de la incógnita es 
igual á 7, y, por tanto, dicha incógnita será la 
raíz cuadrada do }, esto es: 



(i) 



X=+\/ 



9 • 



Este es, por lo tanto, el valor de x, que re- 
suche la ecuación de segundo grado (2), porque 
sustituido en ésta la satisface, y, de consiguien- 
te, podemos establecer la siguiente regla: jxira 
resolver la ecmición pura de segundo greulo: se 
reluce la ecuación á lafomia x-=q; se extrae la 
raíz cuculrada del segundo miembro, exacfaincntc 
ó por ajrroximación; esta, raíz, tomada con el sig- 
no -i- ?/ con el signo - , fiará dos valores para ¡a 
incógnita de la ecuación propuesta. 

Importa notar el caso en que el término co- 
nocido de la ecuación (.3) resulta negativo; re- 
presentando entonces por jj el valor numérico 
de este término, de modo que sea q= -q„ la 
cctiación será x"= -jj, ó bien .t- -I- ji = O, y los 
valores de x que la resuelven son, según la fór- 
mula (4), 

x=±\/-g¡, 

es decir, que son imaginarios. Este resoltado, 
que indica la imposibilidad de que exista un 
valor real en el caso en cuestión, expresa al 
propio tiempo la imposibilidad de que pueda 
su Insistir la ecuación dada ;>:- -f jj = O con valores 
reales de x; y, en efecto, cualquiera que sea este 
valor real, positivo ó negativo, su cna<lrado ha 
do ser siempre positivo, y como también g¡ es 
una cantidad positiva, la suma no puede, por 
tanto, ser nula por valores reales de x. 

En conclusión, la ecuación x"-i-qi = admite 
para la incógnita dos valores iguales y de signo 
contrario, que serán reales ó imaginarios, segiín 
que q sea negativo ó positivo; cuando son reales 



ECUA 

serán racionales ó irracionales, scgiín que q sea 
ó no cuadrado. En todos los casos satisfacen á 
la ecuación, y por eso se llaman raices de ¡a 
ecuación. 

Troccde ahora tratar de la resolución de la 
ecuación completa 



(1) 



oSoS- + «!»: + «2 =0> 



y obsérvese ante todo que nada ¡lici-de en gene- 
ralidad esta ecuación porque se la divida por 
n„; hagamos la división y sentemos para mayor 
sencillez 

«o «o 

con lo que la (1) tomará la siguiente forma: 

(5) a:?+}>x + q = 0, 

á la cual se supone siempre reducida á la ecua- 
cii'm completa de segundo grado, para deducir 
la solución cpie se busca. Al efecto, si se pasa q 
al segundo miembro, se tendrá 



(6) 



x-+px= -q. 



Obsérvese ahora que si el primer miembro 
fuese cuadrado perfecto, extrayendo la raíz cua- 
drada de ambos miembros, se rebajaría al pri- 
mero el grado de la ecuación, y entonces se re- 
solvería por los métodos ya expuestos; pero el 
piimer miembro, como binomio, no puede ser 
cuadrado exacto, porque el cuadrado de uu mo- 
nomio es otro monomio, y el de un binomio es 
un trinomio; pero puede, sin embargo, llegar á 
ser un cuadrado; con efecto, si se le compara con 
el cuadrado del binomio x + Ji, que es 

X- + Ihx -t- h?, 

se advierte que se convertirá en un cuadrado, 
si se agrega el cuadrado de la mitad de ;;, ó sea 
J/j-, con lo cual se tiene x-+iix + \p, ó bien 
{x+ J;i)-; luego si á los dos miembros de la ecua- 
ción (6) se añade J;j-, no se alterará ésta, y se 
tendrá 

extrayendo la raíz cuadrada de ambos miembros 
se obtiene 



x + hp= + "■^ip'-q, 



y, por tanto, 

(') x=-Ip±\/ lp--q. 

Estos valores de x son los que satisfacen á la 
propuesta (6), es decir, son las raíces de aquella 
ecuación. Sustituyendo, con efecto, en el primer 
miembro de la (6) la expresión (7) en lugar de 
se, se obtiene 



[-hp±'^ÍP«.-q\- + p 

[-Jp+\/i;;2-?]-f?=0, 

cuya expresión se reduce á cero después de eje- 
cutadas las operaciones indicadas en ella; y 
puesto que, sustituyendo en la (6) en vez de x 
el valor (7) resulta = 0, es cierto lo que se 
quería demostrar. 

Comparando la fórmula (7) con la ecuación 
(fi), se deduce la regla siguiente para resolución 
de una ecuación completa de segundo grado de 
la forma o? + px + q — f¡: 

La incór/íiita de esta ecuación es ignal á la mi- 
tad del coeficiente del segundo término co7i el sig- 
no cambiado más ó menos la raíz cuadrada de la 
suma del cuadrado de dicha mitad y del término 
conocido tomado con signo contrario al que tiene 
en el primer miembro. 

Téngase presente que siempre que la ecuación 
dada pueda reducirse á la forma 

(x-a)-=b, 

no habrá necesidad de transformar el primer 
uiiiMulu'o para reducirlo á la forma (7) y apli- 
carle la regla anterior, pues basta extraer la 
raíz cuadrada de ambos miembros, lo cual da 

x-a = ±\íb, y x=a±\/br 

Antes de pasar adelante observaremos que, si 
a es i'aíz de la ecuación propuesta (6), debe te- 
ne!'sc 



ECUA 
igualmente, si a es raíz de la ecuación 

¡B'-t-jt/íS-f í'=0, 

se tendrá 

a--\-p'a-^-q' = (¡. 
Restando la n de la w. se tiene 



ECUA 



37 



1-9 

p-p 



(i) 

y este valor será el de la raíz comi'in á las dos 
ecuaciones 



(s) 



x^-^px-\-q = ^, x" + p'x-\-q' = 0, 



porque sustituido en una y otra quedarán ambas 
satisfechas. Hecha esta sustitución, las dos ecua- 
ciones dan el mismo resultado siguiente: 



{d) 



{q - q')- + (p - q) (pq - qp') = O- 



Si los valores de p, p', q, q verifican á esta 
ecuación [d), el valor (b) será raíz común de las 
(c); pero si no, no lo será, por cuya razón la (d) 
se llama ecuación de condición para que las (c) 
admitan una razón común; establece dicha ecua- 
ción (d) la relación que debe existir entre los 
coeficientes de las ecuaciones (c) para que puedan 
tener una raíz común. 

Designando por x' y x" las dos raíces de la 
ecuación 

{A) x"-¥px-\-q = 0, 

se tendrá 

(T¡)x'=-Íp-¥\/i]fl^g, x"=-hp-\/ip--q. 

De estas fórmulas generales se deduce que, si 
q es una cantidail esencialmente positiva, dichas 
raices serán reales ó imaginarias, según que 
i?'°>?> ° ií""<?; es decir, que el cuadrado de 
la mitad del coejSeiente del segundo término sea 
mayor ó menor que el término conocido, y, sien- 
do reales, son racionales ó irracionales, según 
que \p'^-q a&ó no cuadrado perfecto, bien sea 
q>Qóq<Q. 

Cualesquiera que sean estas raíces, sumando 
sus valores dan x -^x"= -p. 

Y, por tanto, en toda ecuación de segundo 
grado reducida á la forma (A) la suma de las 
raíces es igual al coeficiente del segundo término 
con signo contrario. 

Además, si se hace 



^ip--q = m, 
j}" - q, las fórní 

x' = ip-i-m, x" — -\p-iin; 



de donde m"=\p!^-q, las fórmulas (/.') .se con- 
vierten en 



luego 



(a) 



a2-l-p«-f (/ = 0; 



a:'.r" = (i;) -t- m) {\v- m) = ip-- m-, 

ó bien, poniendo por m- el valor precedente y 
reduciendo 

(C) x'x" = q. 

Luego en toda ecuación de segundo grado el 
producto de las raíces es igual al término conoci- 
do tomado con su propio signo. 

Finalmente, multiplicando los valores (i?) y 
(C) de p y j en la (1), resulta 

x'^ - {x' -\-x")x + xV =0 ó{x-x')(x-x") = 0. 

De suerte que 

x--i-¡)x-\-q={x-x') {x-x"), 

y, por lo tanto, el primer miembro de la ecua- 
ción {A) es el producto de dos factores de primer 
grado, cada uno de los cuales es la suma incóg- 
nita y de una raíz tomada con .ligno contrario. 
Más generalmente, observando que 

í¡í„E- -I- a.K-f-ce., = rt„ ( Ko + -"^ ^ + -^— I 
- V a„ «d / 

= «o {x' -Vjix -(- (7) = «o (» - í"') (a; - x"), 

puede decirse que el primer miembro de toda 
ecuación de segundo grado es el ¡.roducto del 
coeficiente del primer término por los dos fac- 
tores de primer grado. De aquí se deduce el 
procedimiento para descomponer un trinomio 
a,^- -f íüií: -t- «2 en factores de primer grado. 

Sentadas estas proinedades de las raíces, pue- 
de verso cómo, dada una ecuación de segundo 
grado, se puede deducir del valor y signo do sus 



coeficientes, la naturaleza y signo de sus raices. 
Los diferentes casos que pueden presentarse, 
respecto de los signos, son los siguientes: 



(5) 


, K^-hiJX-f g = 0; 


(6) 


x--px-¥q = Q; 


(7) 


x--\-px-q=ü; 


(8) 


x--px-q = 0. 



en las cuales p y q representan cantidades esen- 
cialmente po.sitivas. Las (5) y (6) se refieren al 
caso en que el término conocido es positivo; las 
otras dos al caso en que es negativo. 

Esto sentado, observaremos ante todo que, sL 
en la (6) se pone x= -s, aquella ecuación toma 
la forma z--\-pz-\-q=:0, que es precisamente la 
de (5); de suerte que si designamos por x' y x" 
las raíces de la (6j; las de la ecuación cu s: serán 
/=x', z" =x"; pero mediante la relación o:= —z 
entre los valores de la incógnita x de la (6) y 
los de z de la ecuación en z, los valores de x son 
iguales y de signo contrario á los de s; luego 
representando ¡lor x^, x^ las raíces de la (6), se 
tendrá Xi= -x', x^= -x" , de donde las raices 
de la ecuación (6) son iguales y de signo contra- 
rio á las de la ecuación (5). Otro tanto puede 
demostrarse respecto á las ecuaciones (7) y (8); 
luego basta ocuparse únicamente de las (.5) y (6). 

Las raíces de la ecuación (5) están formadas 
por 

(9) a:'.= -4p+\/(i/'=-9). 

^"= - hv - \J{h>- - 1); 

estas raíces son reales si Jp->?, é imaginarias 
en el caso contrario, y lo mismo sucederá (nú- 
mero anterior) con las raíces de la ecuación (6). 
Supongamos que sean reales, y observemos que 
i?';>íi'^-?. y^ por lo tanto, hp^sjiilf-q); 
así es que en la primera (9) la parte racional que 
tiene el signo - es mayor que la parte irracio- 
nal que lleva el signo -J- , de modo que, después 
de hechas las operaciones, se hallará que el valor 
de x' es negativo. Por lo tanto, la ecuación (5), 
en que los coeficientes p y q son cantidades esen- 
cialmente positivas, tiene sus dos raíces (cuando 
son reales) negativas. De consiguiente, en la (6), 
en la cual el coeficiente del .segundo término es 
negativo y el término conocido positivo, las dos 
raices son positivas, cuando son reales (número 
anterior). 

Las raices de la ecuación (7) están expresadas 
por 

(10) x'=-ip+s/{lp^-¥q), 
x°=-ip-^{ÍP' + q), 

las cuales no pueden nunca ser im.aginarias, 
porque la cantidad subradical es la suma de las 
cantidades positivas, y, por tanto, no puede ser 
negativa. Además, siendo i p- <^i p" -i- q , será 
4?'>v'(ií^^ + 2)i y ^e ^e 1""' 1* primera de las 
(10) que a;'<0, y como el segundo miembro de 
la segunda es la suma de dos cantidades nega- 
tivas, será a;"<0. Observando que la segunda 
(10) es una suma, y la primera una diferencia, sn 
valor absoluto será «">•»'. Luego las ralees de la 
ecuación (7) son siempre reales y de signos con- 
trarios, siendo el valor numérico de la negativa 
mayor que el de la positiva. Y, por consiguien- 
te, las raíces de la ecuación (S) son reales y de 
signos contrarios, y el valor absoluto de la po- 
sitiva es mayor que el de la negativa. 

Si en la ecuación (5) se tuviera \p-=q, .sns 
raíces, según la fórmula (9), serían iguales entre 
sí, y cada una de ellas igual á -hp. En tal 
caso, poniendo en la {A), en lugar de q, su 
valor \p'^, se convierte en x--^-px-\-^p-=Q, ó 
bien (x-l- J7!)= = 0;luego, si las raices de laecua- 
ción de segundo grado so)i iguales, su primer 
miembro es un cuadrado perfecto; y recíproca- 
mente, si el primer miembro es un cuadrado 
perfecto, las raíces son iguales; ocurre esto cuando 
el término conocido es positivo, y además es el 
cuadrado de la mitad del coeficiente del segundo 
término. El valor g=ip- determina el ¡¡aso del 
valor de x del estado real al imaginario. 

Si p=0, la ecuación propuesta (A) se reduce 
á la forma incompleta x"-i-q = 0, y las raíces son 
iguales y de .signo contrario. 

Si} = 0, la propuesta tiene la^ormaa,•'-^;)ar=0, 
que puede escribirse así: .r(a;-f ;)) = 0, la cual se 
verifica sentando ,r=Oó x= -p; luego si el tér- 
mino conocido es cero, una raíz es nula y la otra 
es igual al coeficiente del segundo término can 



w 



ECUA 



KCOA 



KCÜA 



sit/no contrario. Esto misino [iiicdo obtenerse 
haciendo q-Q en las l'óiniulas generales (B). 

Recopilando todo lo dicho, se pueden esta- 
blecer las siguientes reglas para conocer la na- 
turaleza y signo de lus raíces de una ecuación de 
segundo grado, por los valores y signos de sus 
coelicientes: 

].° Cuando í/>'-?>0 las raíces son reales, 
y cuando \i>--q<S> son imaginarias. 

2.° Si y>-0, y ip.¿=tl, lus raíces son iguales 
y del mismo signo, y cada una igual á la mitad 
ilol coeliciente del segundo término con el signo 
caiubiado. 

3." Si 7<0, los dos raíces (si son iguales) 
son ambas positivas cuando el coeficiente del 
segundo término es negativo, y amlias negativas 
si el coeficiente del segundo es positivo. 

4.° Si q<CS> las raices son una positiva y otra 
negativa, y la primera será m.iyor ú menor, en 
valor absoluto, que la segunda, según (pie el 
coeliciente del .segundo término es negativo o 
positivo. 

.5." Si ? = 0, una raíz es nulay la otra igu.al 
al coeficiente del segundo término tomado con 
signo contrario. 

C." Sií) = 0, las raíces son iguales y de signo 
contrario. 

Ei^uAciÓN i)HTKi!CURfii!Aiio. - Toda ccuación 
de teíocr grado con una incé>gnita puede redu- 
ciré á la forma 

(1) x'^ + Z¡>x + 2r¡^Q. 

Tara resolver esta ecuación se tratará de liallar 
otra que tenga la misma forma, y de la cual 
pueila deducirse el valor de la incógnita en fun- 
ción de los coeficientes. 

Elévese con esto objeto al cubo los dos miem- 
lu'os do la ecuacii'ui a'=>/ + í, siendo ij , z dos 
iiiileterminadas, de las que se dispondrá según 
convenga, y .se tendrá 

x^=if+^iflz + 3¡/z- + z-', 

ó x''-3;jz.«-{if + s^)-0, (2) 

esta ecuación tiene la forma de la ecuación (1), 
y en ella es x = y + z. 

Esto .supuesto, determínense las cantidades 
?/, z por la condición de que sean idénticas las 
ecuaciones (1) y (2), para lo cual se hará 



(3) 



y 



y~- -p\ . 



y deduciendo de estas dos ecuaciones oi valor 
de ?/ y el de s, su suma será el valor de la incóg- 
nita X. 

Para esto se eleva al cubo la primera, y so 
tendrá )/'í'= -;>■''. 

Se conoce, ])Uos, la suma y ol producto de las 
cantidades y" y z^, y, por lo tanto, estas canti- 
dades son raíces de la ecuación u- = 2qii-p'' = 0, 
que so llama la reducida de la ecuación pro- 
puesta. 

Como w' y z'^ entran en las ecuaciones (.5) si- 
métricamente (es decir, que las dos ecuaciones 
no se alteran ]iorniutaudo x é y), es indiferente 
llamar i/^ al primer valor de M, y s' al segundo, 
ó al contrario. Por consiguiente, 

?/'= -']+ \^q" + p^ 1 
Z''= -q- \/q-+p-' ; 

luego.!/ y z .son las raíces cúbicas de estos segun- 
dos miembros. Representando los valores prin- 
cipales de estas raices cúbicas por 



\y- 



■ V: 



í-+r, 



los tres valores ile ;/ (llamando a y a- á las dos 
raices cúbicas imaginarias de la unidad 



-l-fV-3 



-1-N/-3 



que se sabe es la una el cuadrado de la otra, como 
es fácil comprobar) serán 



y=\/ -?+ ^/2^+í^ 

i/ = a|y -2-1- VjS+í^^ 
2, = a=|y -q+'J^P+W, 



y los tres de : serán 






l = 0('2l^ -q- ^q^+p<. 

Habiendo hallado los valores de »/ y los de::, 
su suma nos dará los <le a?; pero si se suman cada 
uno ele los valores de y con cada uno de los de z, 
resultarán nuevo valores diferentes para x en 
vez de los tres que debo tener. Esto consiste en 
que, para resolver las dos ecuaciones 

?/!= -p, i/3 + í'= -2q, 

se ha elevado la primera al cubo, y reemplazan- 
do, por lo tanto, la ]irimera por la »/■':■'= -/P, 
ecuación que resulta también elevando al cubo 
las dos 

yz= -x,yz=-aip; 
luego laa soluciones de las dos ecuaciones 

yV= -¡r', y^ + ff'— -2q 
deben comprender las de las ecuaciones 
)/;= -;;, y' + z^= -2q: 
rj.yz= -p, »/»-(-:3=_2í; 
'x-yz= -p, ;/3-fs3= -2?. 

Como sólo se quieren l.as soluciones de las dos 
primeras, deberán desecliar.se tod.as aquellas en 
que el producto yz no sea -p. 

Jlultiplicando, imes.el primer valor de y por 
el primero de z, su producto es 



\^q'--{q- + p-'] = -P' 



luego 



s;= V/ -q+ 'síf+r^ 

Multiplicando el luiíiier v.alor de y por el .se- 
gundo do z, el proilucto es --/;); luego dicha 
ecuación debe desecharse. Igualmente se verá 
que las combinaciones del primer valor do y con 
el tercero de z, del segundo <le y con el ¡u-imero 
do z, y del segundo de ;/ con el segundo de z, son 
inadmisibles. 

Multiplicando el segundo de y por el tercero 
de ;, ol producto es - í''¡)= -;i, por .ser a-''=l; 
luego 



35 = al/ -q+ \'q-+}i^ 



-V" 



\/q- + p^ 



Las combinaciones del tercer valor de ;/ en el 
])rimero y tercero de : son malas, y es buena la 
del tercer valor de y con el segundo de z; luego 

x= 1- p/ -q+ \/q-+jf< 



+ =< 



\í¡f + ^. 



Disevsián de las ra'tcex de ecuación de tercer 
grado. - Llamando, para abreviar, ly i' k las can- 
tidades radicales 



p/-í + Vs--f;;" y \^ -1- '-Jq''+p\ 



X = 2« 

x=a + hsjrrr\/^Z' = 

x = a + hsJ^Y \J'^J = 



y poniendo en lugar <le a y a^ g^g valores, los 
tres valores de x serán 



U) 



--t+t' 



t ( -1 -4-V-3) í' (- Ij V - 3 )^ 
2 "*■ 2 

-í-fV-3 -í'-í'V^s' 



í + t' 



2 



{r>) 



<(-l-V-3) <'(-l + V_3) , 
2 2 



Í.O 



i+t' 



t f 



Esto expuesto, pueden suceder los tres casos 
siguientes: 

].° Las raices de la reducida son reales y 
desiguales, ó (7'H-?)^>0; 

2." Las raíces de la reducida son iguales, ó 

3.° Las raices de la reducida son imaginarias, 
ó q"-+r^<<i. 

rdmer caso. Si 9--4-;/'>0, los valores de ¿ 
y í'.son reale.s, y por tanto la ecuación propuesta 
tiene una raíz real y dos imaginarias. 

Segundo caso. Si q-+p^=0, será l = t', y por 
consiguiente los valores de x son 

3 s 

x = 2 i=2 '^ -g^ x= -t= - \/ -q 

3 

x= -t- -\/ -,j. 

es decir, quo en este caso la ecuación tiene sus 
tres raices reales, dos de ellas iguales, y por 
tanto la ecuación tendrá sus tres raíces conmeii- 
.surables, .si los coeficientes '¿p y 2q de la ecua- 
ción son conmensurables. 

Tercer caso. Sea q'-+p-<S>, 1° T'e exige que 
p sea negativa, y el valor absoluto de/)'' mayor 
que q". En este caso las tres raíces están com- 
plicadas de imaginarias; pero es fácil demostrar 
que las tres son reales. 

En efecto, saa.q-+j:^= -o-, y por consiguiente 






Mas 



y por consiguiente 

[5/ - ? - W^i =" - *V^ 

t + f = 2a; 

luego sustituyendo estos valores en las fórmulas 
{A) {B) y (C), se tendrá 



-a+hs/zj:\/s v-i =-«-*\/3r 

-a- iV^. \/3^ V^n" = - a + *\/3r~ 



cantidades reales. 



En este tercer caso, llamado caso irreducible, 
las rórmidas que .se han h.allado no son de uti- 
lidad inmediata para halhar los valores de la 
incé)guita de una ecuación particular que se 
halle en dicho caso. Es menester entonces valerse 
de los métodos explicados en la resolución de las 
ecuaciones numéricas , ó bien transformar por 
medio de la/tín)iií?« de Moivrc dichas fórmulas 
en otras equivalentes. 

Para resolver una ecuación de tercer grado, 
de coeficientes conmensurables, se verá en primer 



lugar si tiene alguna raíz conmen.surable, y .si 
esto .sucede, hallada esta raíz a, .se dividirá el 
primer miembro de la ecuación por .7: -a, y el 
cociente igualado á cero será una ecuación de 
segundo grado, cuyas dos raices son las dos que 
faltan conocer de la ecuación propuesta. 

Supóngase que la ecuación no tenga ninguna 
raíz conmensurable teniendo sus coeficientes 
conmensurables. 

Si tiene segundo término se transformará en 
otra que no lo tenga, y ésta transformada no 



ECUA 

podrá hallarse en el caso on que q^+p^ = 0, pues 
se ha visto que cuando esta relación se veritica 
la ecuación tiene raíces conmensurables. Por 
consiguiente en la ecuación propuesta será 

En este último caso, que es el caso irreducible, 
las fórmulas halladas no dan directamente los 
valores de la incógnita; luego únicamente deben 
emplearse dichas fórmulas en el caso en que 

teniendo la ecuación, como se supone, los coe- 
ficientes conmensurables. 
Ecuación de cuarto grado. - Toda ecuación 



ECUA 

de cuarto grado puede ponerse bajo la forma 
(1) x^ + Í2Xc" + Sqx + ir=0. 

Para resolver esta ecuación, se procura hallar 
otra que tenga la misma forma, y de la cual 
puede deducirse el valor de la incógnita en fun- 
ción de los coeficientes. 

Elévese con esto objeto al cuadrado la ecua- 
ción ■ 

x = y + z i-u; 
siendo ?/, s, u, tres indeterminadas, se tendrá 

a;-=y- + z- + u- + 2 {yz + yu + zu), 
ó X-- (7/2 + z^ + !(-) = '¿{yz+yu + zu). 

Elevando al cuadrado esta última ecuación 
se tendrá 



ECUA 



39 



ar> - 2(t/- + z'' + ifi)x^ + (y- + z- + «-)- = i{y-z^ + y-u- + zhi?) -I- 8(?/%M -1- %jz'^u -f yzu"), 
a,-»- 2()/2=£2-m'-)a.= - iyzu. x^^y-^z^^u")- - ^[v''-z"■^y"lP\z^ífi=^. 



(2) 



Esta ecuación tiene la forraa de la ecuación 
(1) y en ella es 

x=y-^z\u. 

Esto expuesto, para determinar las cantidades 
y, z, u, identifiquemos las ecuaciones (1) y (2), 
para lo cual estableceremos las ecuaciones 

y'^ + z- + ií- = 2p, 
yzu= -q, 
{y^ + z- + M-P - i{y'z' + y^-ifi + zHi?) = 4 r ; 

y deduciendo de estas ecuaciones los valores 
y, z, a, la suma de los mismos será el valor de x. 
Para esto se simplifica en primer lugar la 
tercera, poniendo en vez de y- + z- + \fi su valor 
2p, y entonces esta ecuación será 

7/-Z- + y-u- -f z-ifi =p- - r. 

Si además se eleva la segunda al cuadrado, se 
tiene 

ifz^ii^=q-. 

De modo que se conoce la suma de las canti- 
dades i/'-í, z- y u-, la suma de los productos bina- 
rios, y el producto de dichas cantidades; luego 
y-, z^ y !t- son las raíces de la ecuación 

P + 22)t- + {i)--r)t-q- = 0, 

que se llama la reducida de la ecuación pro- 
puesta. 

Sean t', t", t'" las tres raíces de esta ecuación, 
se tendrá 

y- = t', z" = f, M- = t"', 

ó y = ±\/í\' ^=+\/i^ ^ = ±'y/l"~. 

Habiendo hallado los valores de y, zy u, su 
suma será el valor de a.'; pero si se suman de 
todos los modos posibles tres á tres los seis va- 
loi-es de y, z y n, resultarán para x ocho valores 
diferentes. Mas si se observa que el producto 
yzu debe ser - í, esto es, que este producto debe 
ser de signo contrario al de q, se verá que, si q 
es positiva, dos de dichos valores serán positi- 
vos y el otro negativo, ó bien los tres han de 
ser negativos; y si j es negativa, en cuyo caso 
el producto yzu es positivo, los tres valores han 
de ser positivos ó dos negativos. Se tendrá, pues, 
si q es positiva, 



W 



, x= \/tr + \/ir -sjw, 

\ x= Ví^ - ^tT + VPT 

1 x=-\/T +sj¡r -[-s/F^ 
\ x= - \/ir - Ví^ -I- Ví^, 



Si q es negativa 

\ x= sJT - ■slr' - VP 

) x=-'^T + '^tr -\Jr 

x=-\/F~ -\/r~-i-'^r 

Discusión de las raices de la eeuadón de alar- 
io grado. - Obsérvese en primer lugar que tenien- 
do la reducida 

su último término negativo tendrá un número 
impar do raices positivas, ó una positiva y dos 
negativas, ó una positiva y dos imaginarias. 



1. ° Si las raíces í', ¿", í" de la reducida son 
positivas, es evidente que la ecuación de cuarto 
grado tendrá sus cuatro raíces reales. 

2.° Si í' es positiva, y t" y V" negativas y 
desiguales. Vi' es cantidad real, Vf" y slt"' 
son imaginarias; y como la suma y diferencia de 
estas dos cantidades imaginarias es evidente- 
mente una cantidad imaginaria, se infiere que 
las cuatro raíces de la propuesta son imagina- 
rias. 

Si en el caso actual las dos raices negativas 
t" y V" son iguales, los valores de x se reducirán 
á los siguientes: 



q positiva 



q negativa 



1 x= \ll' , 

j a;=-Vr^-F2V¿^ 

\ x=-\Ji' -2^/í^ 

\ x= \/l¿_-2sJt", 
I x=- \/t^ 

' x= - \U' 



es decir, que en este caso particular la ecuación 
propuesta tiene dos raíces reales é iguales y dos 
imaginarias. Por consiguiente, su primer miem- 
bro tendrá la forma (x-a)- (x-b) (x-c); y, 
por tanto, la raíz a será conmensurable; si la 
ecuación tiene sus coeficientes conmensurables 
las dos raíces iguales son, pues, conmensura- 
bles, por lo que la resolución de toda ecuación 
numérica de coeficientes conmensurables que se 
halle en este caso es muy fácil. 

Si la raíz t' es positiva y las otras dos í" y i"' 
son imaginarias, se pueden representar las dos 
raíces por 

í" =a-\-h\/^T, 
t"'=a-W^r, 
y, por consiguiente, 

s/F" =7«-fí/V-l, 
Ví^ = m - u V-l ; 
luego 

\''F~ + \/r'=2m, 
•sjt^ - \Jir'='2.usJ -\. 

Sustituyendo estos valores en la fórmula {A), 
(B), se tendrá 

x= \/í~-(-2W-l, 
x= -s/lT -2u-J^T, 
x= - s/f -\-2lH, 
x= -\/¥~ -2m; 
x= \/T~ + 2m, 
x= s/'f -2m, 
x= - VF" -t- 2m\/^T7 
,•);= -V?^- 2)4 V-l. 

Luego en el caso de que dos raíces do la re- 
ducida sean imaginarias, la ecuación de cuarto 
gi'ado tiene dos raíces iguales y dos imaginarias. 



Ecuación bicuadrada. - Se llama ecuación 
bicuadrada una ecuación de cuarto grado que 
tiene la forma 

a3^-irhx- + c = Q. 

Esta ecuación se reduce, como la de segundo 
grado, á la forma .-r' -F ma;" -i- ?í = O , dividiendo 
todos sus términos por «, y llamando m y ii á 

los cocientes — y — . Para resolverlo hága- 
a a ° 

se x- = y, y sustituyendo en la ecuación 

ar* -H mx- -1- !i = O, 
se tendrá 

y- -hviy + u = 0. 
Resolviendo esta ecuación se hallará 



y=~2-±|/ -T- 



poniendo en vez de y su valor x-, y separando 
las dos raíces 






~4^ 



y extrayendo la raíz cuadrada de ambos miem- 
bros para hallar ,r, se tendrá, por fin, 



x = + 



V 



■\/4- 



(.=±y/-^v^- 



que son las cuatro raíces de la ecuación pro- 
puesta. 

Luego, para resolver la ecuación bicuadrada, 
se hace x-=y, se resuelve la ecuación de segun- 
do grado que resulta, y se extrae la raíz cua- 
draila de sus raices. 

Si se designan las raíces de la ecuación 



j/2 + iny -m = O 



por 



se tendrá 



\y=h]' 



\ a;=+Va_ \ 
I x=±s/h I 

valores que serán reales cuando a y b sean rea- 
les y positivos, y serán imaginarios cuando a y 
b sean negativos ó imaginarios. 

Luego la ecuación bicuadrada tiene sus cuatro 
raíces reales cuando los valores de y son reales 
y positivos; sus cuatro raíces imaginarias cuan- 
do los valores de y son negativos ó imaginarios, 
y dos raíces reales y dos imaginarias cuando uno 
de los valores de y es positivo y otro negativo, 
siendo ambos reales. 

Ecuación exponencial. - La ecuación ex- 
ponencial tiene, en general, la forma A^=B, 
en la cual, tomando logaritmos, se tiene 



de donde 



a;xlog. ^ = log. B, 



los. 5 



log. A 



Luego, para resolver la ecuación exponencial 
do la forma A'^ = B, se divido el logaritmo del 
segundo miembro por el de la baso del primero, 
y el cociente es el valor de la incógnita. 

Eguaciún KEcii'UOCA. - Se llama ecuación re- 



40 



ECUA 



cipruea la ociKiciúii iiuc no se altera inmlaiiilo 
en ella a; en — . 

X 

Sea la eeuaeión 

■2.i-3-7.';- + 7re-2 = 0; 
1 



iniidaii'lo .foii 



la nueva ecnaeión sciá 



-V--1 + 



■2 = 0, 



bien 



2-7a: + 7.i---2.7p = 0, 
2a;^- 7/- + ";)•- 2 = 0, 



ecuación idéntica á la proimosta; luego esta es 
nna ccuaciiin iccíprofa. 

Según ladi-liuií'iün Je la ecuación lecípioca, 
las dos ecuaciones 



^/(^}- 



/i = Oy 



son una misma; luego si a es una raíz de esta 
ecnaeión, se tendrá, sustituyendo a en vez de .r, 



/«=0,/(-^) 
decir, que taml>i('n 



ECUA 

la ecuación cjueda la misma, mudando en olla ' 

1 

X en - — ■. 
;*; 
Asi, la ecuación 

5ir'-3a?' + 10a;=-3i- + 5 = 0, 

en qne los coclicientes de los téiminos cquidis- 
tiuitcs de loa extremos son iguales y del mismo 
signo, es reciproca. 
La ecuación 

2:'-«+3x*-33;'-2=0 
ix« + Ox!* + 3k' + Oi-'' - 3/- - Oj; - 2 = O 

es recíproca, puesto que los coelicientes de los 
términos ciiuidistautcs de los extremos son igua- 
les y de signo contrario, y ijue además lalta el 
término medio. 

Toda ecuación recíproca de grado impar tiene 
iguales y del mismo signo los coeficientes de los 
términos ei|uidi.staiites de los extremos, ó igua- 
les y de signo contrario. 

Sea la ecuación recíproca de grado impar 

rra' -h 6x* -)- C.1? + do:- + ex +/= . 
Siendo recíproca esta ecnaeión, no sufrirá al- 
teración mudando en ella x en . — ; luego la 



1 



es raíz de dicha ecua- 
ción; luer'o partiendo la unidad por cada una 
de las raíces de una ecuación recíproca, resultan 
las mismas raices aunque en otro orden. 

De donde se infiere que las raíces diferentes 
do 1 ó - 1 , de una ecuación recíproca, son recí- 
procas de dos en dos. 

En cuanto á la raíz 1 ó - 1 puedo estar sola, 
pues partiendo 1 por 1 ó por -1, resulta tam- 
bién i ó - 1. 

Esto se ve confirmado en la ecuación reciproca 

2x^-7x- + 7x-'¡ = 0, 

cuyas raíces son 1 , 2 y i, y partiendo 1 por cada 
una de ellas, los cocientes son 1 , .^ y 2, es decir, 
las mismas raíces. 

Toda ecuaciíJu recíproca de grado par tiene 
iguales y del mismo signo los coeficientes de los 
términos equidistantes do los extremos, ó igua- 
les ó de signo contrario, fallando sucesivamente 
en este último caso el término medio de la ecua- 
ción. 

Sea la ecnaeión recíproca de grado par 

ajfi + bx' + »;■• + clí,^ + c j;'- +fx + tj=0. 
Siendo recíproca esta ecuación, no se alterará 
mudando en ella x en 

X 

formada es 

b , c . d j. ^ . f 



la ecuación trans- 



■ -t- 



■ +- 



+ - 



+ U = 



'' + cx- + bx + a = 0. 



ú !/.'* +fx^ + ex' + i'.v 

Debiendo .ser esta ecuación equivalente á la 
|:iropucsta, se tendrá 

~ír "" / c d c b a. 



Como el primero y último términos de la 
ecuación no pueden faltar, serán 



Si a igual á ;/, será 



--r, a = ±9- 



que es lo primero que se ijucria demostrar. 
Si «= - I/, será - 



-./■- 



ECUA 

3.° y 4.° Cuando es de grado impar y los 
coefieientes do los términos equidistantes de los 
extremos son iguales y del mismo signo, ó de 
signo contrario. 

Una ecuación recíproca de grado par que se 
halla en el segundo caso; por ejemplo, la si- 
guiente: 



d 

X- 



X 



ola 



fi-' + «í" -f d:'-' + ex- + bx + a = 0, 
la propuesta, y 



debe ser equivalente 
tanto 



po, 



lo 



/ 

luego 

Si « = 



/ 



a-=f- 



i = ±f. 

c=d, que es la primera 



:/, resul ta b 
parte del teorema. 

Si a= -/, resulta b= -e, c= -d, que es la 
segunda parte del teorema, 

Si en nna ecuación de grado imiiar los coefi- 
cientes de los términos equidistantes de los ex- 
tremos son iguales y del mismo signo, ó iguales 
y de signo contrario, dicha ecuación será recí- 
proca. 

Se demuestra fácilmente este recíproco ha- 
ciendo ver ijue en cuahiuiera de estos dos casos 
la ecuación no se altera mudando en ella 



Antes de entrar en la resolución de las ecua- 
ciones recíprocas, hallaremos una fórmula que 
sirve para deducir la suma de las potencias del 
mismo grado de dos cantidades reciprocas de las 
potencias inferiores de diclias cantidades. 

Se tiene, efectuando la multiplicación de 



1 



por X + — , 



(---¿r){-i: 



tn + l 



Hl + 1 j 

X +- 



r.m + \ 



d= -d, ó 2(?= -O, f¿=0, 
do la segunda parte del 



que es la conclusión 
teorema. 

Si en una ecuación de grado par los coeficien- 
tes de los términos equidistantes de los extremos 
.son iguales y del mismo signo, ó son iguales y 
de signo contrario, faltando en este caso el tér- 
mino"nicdio, dicha ecuación será recíproca. 

Se demuestra táciliiieiite este recíproco ha- 
ciendo ver que en cualquieía de estos dos casos 



i»^y(' 



-1 



a3fi + h}fi + cx^-cx"-bx-a = 



O, 



tiene evidentemente las raíces .S' y 

Una ecuación recíproca de grado par, tendrá 
nna ó varias raices iguales a .S' ó á -.S', pues 
si no sus raíces serían recíprocas de dos en dos, 
y por lo tanto la ecuación .SL-ría de grado impar. 

Esto supuesto, si se nos da una ecuación re- 
cíproca que se halle en uno de los tres últimos 
casos, suprimiremos todas sus raíces iguales ala 
unidad positiva ó negativa, para lo cual dividi- 
remos su primer término por el producto de los 
factores binomios correspondientes, y la ecuación 
/x = (pie resulta, igualando el cociente/'' á O, 
tendrá ])or raíces todas las restantes de la ecua- 
ción recíproca propuesta; y pues estas raíces son 
diferentes de la unidad positiva ó negativa, se- 
rán reciprocas de dos en dos. Sea a una cual- 
quiera do estas raíces, — será otra de las niis- 
a 

mas raíces; luego/' — ) = 0, es decir, que a es 

luego las dos 



ecuaciones 



la raíz de la ecuación f{ — 1 = 0; 
/>; = 0,/(2-) = 



tienen las mismas raíces y por tanto es recíproca 
la ecuaciém/c = 0. Esta ecnaeión se hallará en 
el caso primero; pues si se hallase en alguno de 
los otros tres casos, tendría por lo menos una 
raíz igual á la unidad positiva ó negativa. 

No tenemos, pues, que ocuparnos más. de las 
ecuaciones recíprocas de grado parque se hallan 
en el primer caso, esto es, de las ecuaeioues en 
que los coeficientes de los términos eiiuidistantes 
de los extremos son respectivamente iguales y 
del mismo signo. 

Demostremos que estas ecuaciones recíprocas 
pueden, |)or una transformación, reducirse á nu 
grado mitad, y veamos de paso cómo se ejecuta 
esta reducción. 

Sea la ecuación recíproca 

2;rt-2. 



i,.2wi-l 



■-t-.... 



a;-'» +Px^"<--^ +i 

+ Qx'' + Px + l = Q 

Dividiendo esta ecuación por a-", se tendrá 
-1 +Qx'"^-^ +•••• 



-f - 



Q 



— „- -1- - 



1 



-=o. 



ó bien, juntando las potencias de un mismo gra- 
do de las dos cantidades reciprocas xy , 



( 



M — 1 



1 ] 



+ Q 



.m-2 



\+...+0. 



Hat'amos x+ ^=y; será por consiguiente 

° X 



-^--f)( 



x + - 



qne es la fórmula que se trataba hallar. 

Pasemos ahora á ver cómo puede rebajarse el 
grado de una ecuación recíproca. 

Obsérvese en primer lugar que una ecuación 
es recíproca: 

1. " Cuando es de grado par y los coeficientes 
de los términos equidistantes délos extremos 
son iguales y del mismo signo. 

2."' Cuando es de grado par y los coeficientes 
de los términos equidistantes de los extremos 
son iguales y de diferente signo, faltando además 
el término medio. 



-( x^-i 



x'+- 



1 



ó 3? + 



1 



-= X^ + - 



■(-^> 



i:- / \ X / 

= {y"--2)y 



ó .T^-f- 



V 
1 

x^ 



-y=y' 



= i/--iif--y- + 2 = y'-iy- + 2; 



eti étera 
Se ve. 



pues, que la ecuación proimesta sera. 



EOUA 

después de la eliniiuación de x, del gi'ado m con 
lesiiecto á y. 

Resuelta esta ecuación, y poniendo los m va- 
lores de y en la ecuación 



x + - 



■=y, 



ó, mejor, en la 



y¿Vy2 - i 



qxie resulta de la anterior, se tendrá los 2m va- 
lores de íc. 

Ecuación binomia. -Se llama ecuación do 
dos términos, 6 ecuación hinomia, la ecuación cjue 
después de las operaciones ordinarias tiene la 
forma 



a£^^ = ±h, 



ó, partiendo por a, 



y haciendo 



■ =p, x^ = +p. 



Antes de entrar en la resolución de estas ecua- 
ciones deben hacerse las observaciones siguien- 
tes. 

I." Pasando +p al primer miembro, dicha 
ecuación será 

x^+p = f}; 

la derivada del primer miembro es 'm.x^^~'-> l!! 
cual no tiene ningún factor común, fiuición de 
X, con x'^+p; luego las ecuaciones binomias no 
tienen raíces iguales. 

2." Según la ecuación x^ = +p, x es una 
cantidad que, elevada A la potencia cuyo grado 
es m, da +p; luego x es la raíz del grado m de 
+p\ y como en esta ecuación x tiene ?ft valores, 
todos desig\;ales, según la anterior observación, 
se infiere que toda cantidad tiene tantas raíces, 
todas desiguales, como unidades tiene el grado de 
la raíz. 

S."' Sea a una raíz cualquiera, por ejemplo, 
la raíz aritmética del grado m Aep; será o.^=p, 
y por consiguiente a;™ = +5'-""; y si ahora se hace 
x = -j.y, sera !/™ = +l; luego, cuando se hayan 
resuelto estas últimas ecuaciones se tendrán los 
m valores de x, multiplicando por a los m valores 
de í/; y pues los valores de y son las raíces del 
grado m de +1, se infiere que «las raíces del 
grado in de una cantidad positiva p pueden ha- 
llarse multiplicando su raíz aritmética por las 
raíces del mismo grado de 1, y las raíces del 
grado ))i de una cantidad negativa -;) pueden 
hallarse multiplicando la raíz aritmética de su 
valor absoluto p por las raíces del grado m 
de -1.» 

Como m puede ser par ó impar, hay que con- 
siderar los cuatro casos siguientes; 



y 



2»i _ 



1, 
2)»-f 1_ _-y 



Piimer caso: 



y 



2m 



= 102/ 



2írt _ 1 _ 



1 = 0. 



Esta ecuación recíproca tiene evidentemente 
las raíces S y - S, y no puedo admitir ninguna 
otra raíz real, pues cualquier otra cantidad real 
diferente de 1 y do - 1 , elevada á una potencia 
de grado par da un resultado positivo diferente 
de 1. 

Dividiendo su primer niiemln-o por 

{y + \{y~\) = y"---í, 

se reducirá al primer caso do las ecuaciones re- 
cíiprocas. 

La ecuación y-'^-\z=0 puede también resol- 
verse tranformándola en 

(2/"' + l)to"'-l) = 0. 

Es evidente que todo valor de y que anuli; á 
uno de estos dos factores será raíz de la ecuación 
Tomo VII 



ECÜA 

propuesta; luego esta ecuación quedará resuelta 
resolviendo las dos ecuaciones 



ECUA 



41 



-1 = 0, 
-1 = 0. 



Segundo caso: 

2/=""= -1, ó !/="'-l-l = 0. 

Esta ecuación no puede tener ninguna raíz 
real, pues toda cantidad real elov.ada á una po- 
tencia de grado par da un resultado positivo. 

Tercer caso: 

y2m+\ =1 (,y2m+l _i = o. 

Siendo esta ecuación recíproca de grado impar, 
tiene una ó más raíces iguales á 1 ó - 1 ; y, en 
efecto, esta ecuación tiene evidentemente la raíz 
1, y no puede tener ninguna otra raíz real, pues 
en primer lugar una cantidad real negativa ele- 
vada á una potencia de grafio impar da un re- 
sultado negativo, el cual no puede scrigual á 1; 
en segundo lugar una cantidad positiva diferente 
de 1 elevada á una potencia cualquiera da tam- 
bién un resultado diferente de 1. 

Dividiendo su primer término y - 1 se reduci- 
rá al primer caso de las ecuaciones recíprocas. 

Cuarto caso: 



y- 



-i_ 



-1, ó ?r'«+ 1-1-1=0. 



Esta ecuación recíproca es de grado impar, y 
por tanto tendrá una ó varias raíces iguales á 1 
ó — l;y efectivamente, dicha ecuación tiene la 
raíz real - 1. Dividiemlo su primer miembro por 
?/-f 1, se reducirá al primer caso de las ecuacio- 
nes recíprocas. 

- Ecuación de la luz: Astron. La velocidad 
de la luz puede ser calculada por medio de los 
eclipses de los satélites de Júpiter, como lo hizo 
Rocmer. Sea E el tiempo en segundos necesario 
para que la luz recorra el diámetro de la órbita 
de la Tierra; o la distancia del satélite de Júpi- 
ter á la Tierra, expresada en función del semieje 
mayor de la órbita de la Tierra tomado por uni- 
dad; T la época del principio ó del fin del eclip- 
se dada por las tablas. Para hacer que estas dos 
épocas ó tiempos sean iguales, es preciso corregir 
el resultado de las tablas poruña cantidad, A'o, 
que se llama ecuación de la luz. 

- Ecuación del centko: Astron. Imagínese 
un sol ficticio, que con movimiento uuiforine 
describa un círculo alrededor de la Tierra en el 
plano de la eclíptica, y que pase por el eje mayor 
al mismo tiempo que el Sol verdadero; la longi- 
tud de este Sol ficticio crecerá proporeionalmen- 
te al tiempo, y ha recibido el nombre de longi- 
tud media. La longitud del Sol verdadero será 
igual á la longitud media más una pequeña can- 
tidad periódica, ya positiva, ya negativa. Esta 
cantidad periódica .se llama ecuación del centro. 
En general, se llama ecuación, en Astronomía, 
la diferencia entre el valor de una cantidad 
variable y el valor que tendría esta cantidad si 
variase uniformemente. 

-Ecuación de TiEJiro: Astron. Se llama 
ecuación del tiempo la diferencia entre el tiempo 
verdadero y el tiempo medio. El tiempo solar 
verdadero , que es siempre el ángulo horario 
del Sol, no puede servir de medida del tiempo 
á causa do sus desigualdades. Por esto se ha 
adoptado un tiempo uniforme llamado tiempo 
solar medio; este tiempo viene determinado por 
el movimiento de un segundo sol ficticio, sol 
medio, que se mueve sobre el Ecuador con un 
movimiento uniforme. La ascen.sión recta do 
este Sol medio es igual á la longitud del otro 
Sol ficticio que con movimiento uniforme recorre 
la eclíptica. Es mediodía medio en un lugar 
cualquiera cuando el Sol medio pasa por el me- 
ridiano del lugar, esto es, cuando el tiempo 
■sidéreo es igual á la longitud media del Sol, y 
el tiempo medio es á cada instante igual al 
ángulo horario del Sol medio; según los .signos 
astronómicos, se lo cuenta de O á 24 h. en el 
intervalo de dos medios días consecutivos. 

Sea <S' la posición del Sol verdadero en un 
instante cualquiera; ,S" la posición del Sol ficticio 
de la eclíptica en el mismo instante. Tómese 
sobre el Ecuador el arco A',S'" = /i\S"; .9" será la 
posición correspondiente del Sol medio. 

La ascensión i'ccta EA del Sol verdadero se 
compone do dos partes. Una ES', proporcional 



al tiempo, es la ascensión recta media igual ala 
longitud media ES. Otra parte AS" periódica, 
que, dividida por 15, da la ecuación de tiempo. 
Kcpresentando por - la duración de un año tró- 
pico en días .solares medios; por T el número do 
días transcurridos desde el equinoccio de pri- 
mavera; por L la longitud media del Sol; por yí 
su ascensión recta verdadera, y por e la ecuación 




de tiempo representada por el arco^í.S"', se tiene 

T 360" T , T- 

h = ; y c = A - L. 

ta ecuación de tiempo hallada se .aplica al 
tiempo verdadero con el signo conveniente para 
tener tiempo medio. 

- Ecuación personal: Top. La diferencia en 
el modo de observar con los instrumentos geodé- 
sicos y astronómicos por distintas personas, que 
influye en la exactitud de los resultados obto- 
nido.s. 

Los diferentes hábitos do observar, la mayor 
ó menor brillantez de las estrellas, su velocidad, 
la dirección de su movimiento y otras cansas 
que producen á veces sorpresa ó inducen á re- 
trasar el momento en que realmente se verifica 
el paso por los hilos del retículo, se deben medir 
ó eliminar. Esto último so consigue cambiando 
recíprocamente de lugar los observadores des- 
pués de hecha la operación, y repitiéndola luego 
de hecho el cambio. 

Para la medición directa de la ecuación per- 
sonal hacen los dos observadores reunidos repe- 
tidas observaciones astronómicas, de las cuales 
deducen su diferente manera de apreciar, ó bien 
se valen de uno de los diversos aparatos que se 
han ideado y construido con este objeto, siendo 
muy apreciable entre ellos el que, presentando 
una estrella artificial moviiia por un péndulo, 
marca eléctricamente el momento del paso, que 
por su parte aprecian y marcan en un cronógrafo 
cada uno de los dos ob.servadores, cuya ecuación 
personal quieren determinar; la comparación de 
las dos diferencias obtenidas por caila uno de 
ellos entre el instante preciso del paso y el de 
su apreciación, constituye la ecuación buscada. 

ECUADOR (del lat. acquálor): m. Astron. Cír- 
culo máximo que se considera cu la esfera, y 
tiene por eje el del mundo. 

... delineada la figura á la latitud de Jeru- 
salén, que dista del ecuador treinta y seis 
p.irtes. 

Fr. Horten.sio Paravicino. 

Los climas en Geografía indican la tempe- 
ratura por fajas ó zonas en la superficie del 
globo terrestre, partiendo del ecuador ó de 
los mayores calores, etc. 

OlivXn. 

- Ecuador magnético terrestre. Meíeor. 
Sobre la superficie de la Tierra se halla una 
curva muy complicada en su forma. En los 
diversos puntos de esta curva la aguja de una 
brújula de inclinación acusa inclinación nula; 
esta línea se llama línea sin inclinación ¿ecua- 
dor magnético. Esta curva corta al Ecuador geo- 
gráfico en cuatro puntos y serpentea irregular- 
mente en los dos hemisferios. Su máximo desvío 
austral se encuentra en el Océano Atlántico, y 
tiene el valor de 13 á 14°; luego se aproxima al 
Ecuador que corta hacia los Sü" de longitud al 
Oriento do Madrid; pasa al hemisferio boreal de 
la Tierra, alejándose del Ecuador, donde alcanza 
un máximo de latitud de 12" en el Mar de la 
Arabia; á partir de e.ste punto se aproxima al 
Ecuador; vuelve á alejarse y desciende rápida- 
mente hacia el Ecuador para volver á ingresar 
en el hemisferio austral. En general , la posición 
de esta curva parece que no es invariable sobre 
el globo, y quizás está .sometida á oscilaciones 
diurnas bastante extensas que dependen del mo- 
vimiento diario del Sol, y por otras circunstan- 
cias que están ligadas á la declinación de esto 
astro. A partir del Ecuador magnético la inclina- 
ción es austral ó boreal. 



42 



KCTJA 



- EfiTADOR: Ocoj. Estndo rppiil)l!cano do la 
América del Sur. 

Siluacifin y limitci. - Hállase en la costa oc- 
cidental del' Continente americano, entro los 
1" 45' de latitud N. y los 4" 40' de latitud S., 
corresiiondiendo, j'ncs, á su territorio, hacia el 
N., la línea ecuatorial, circunstancia á la fine 
debe su nombre. Su lon<;itud está comprcndnla 
entre los "1° 3r/ y 77" 20' O. Madrid; mas res- 
pecto á su loiig. extrema al E. ténj^ase en cuen- 
ta lo (|ue más adelante se dice respecto á la 
inscíjiiridad de fronteras interiores. 

Confina al N. y N. E. con Colombia, al S. 
con el Perú y al O. con el Océano ra'ílico. Su 
frontera al N. y N. E. está detorminailn jioruna 
línea (|ue va de.sde el S. de la jiunta Mandilares 
al río iMira y por parte del cur.so de éste; cruza 
luego la cordillera occidental, baja hacia el S. 
siguiendo el eje de la cordillera oriental andina 
hasta el Cayambc, donde vuelve en ángulo recto 
hacia el E. , .sigue el cur.so del río Coca y des- 
pués el del Ñapo. Agu.as abajo de la conlluen- 
cia del l'.ayaguas con el Ñapo cni]>ieza la fronte- 
ra con el Perú, línea recta en su dirección y 
olilicua á los meridianos, que corta los ríos 
Cliambiri, Tigre, Hnarama, Pastaza y Marona, 
hasta llegar a la región do los Andes, donde, 
cruzando el río Santiago, baja un poco hacia el 
S. formando un ángulo cuyo vértice toca en el 
rio Chincliipe; remonta luego un jiequeño 
alíñente de é.ste, por el S. de Zumba se dirige 
hacia el rio Macara, allucnte del Chira, al que 
también sigue en parte, y formando otro ángu- 
lo vuelve hacia el N., al E. del monte Amato- 
pe, y describiendo otro ángulo y una curva muy 
pronunciada sigue en la misma dirección del 
N. , cruza el río 'rúmbez y vá á terminar en la 
costa S. del Canal de .Tambeli, en el Golfo de 
Guayaquil. Estas fronteras .se precisan con más 
detalles en los artículos Colombia y Pina;, y 
aun aca-TO se verán rectificadas en una y otra, 
puesto que el límite entre todas estas liei>úblicas 
de la América meridional, haeia el interior, y 
sobre todo en la vasta cuenca del Amazonas, no 
.se halla aún bien definido, lo que ha dado ori- 
gen á frecuentes litigios y arbitrajes, algunos 
todavía no resueltos. A España incumbe deter- 
minar la frontera entre el Ecuador y el Perú. 

Respecto al litoral, la costa, bastante sinuo.sa, 
jircscnta tres cabos principales: San Francisco, 
San Lorenzo y Punta Santa Elena. Al N. del 
primero .so halla la punta Galera, y la costa qne 
va desdo c.sta á la frontera de Colombia corres- 
ponde al Golfo Ancón de Sardinas. Entre los 
Cabos San Francisco y San Lorenzo se hallan 
la punta .Tama y San Mateo. Hay tres bahías: 
la del Pailón, cerca de la desembocadura del 
río Santiafjo; la de Momgichc, al S. del C:ibo 
San Franci^co, y la de Caraquez, al S. del Calió 
Pa.sado. Entre el Cabo San Lorenzo y la punta 
Santa Elena, la isla Plata, la ]ninta Callo, la 
isla Salango, la punta .Jampa, el islote Peladoy 
la ¡luuta Ayangui. 

Al S. E. de punta Santa Elena se eiicnentran 
la punta {'aniero, el estero de Jlanduy y el 
(ioll'o de Guayaquil con la isla Puna, les cana- 
les del Morro y de .Tambeli, y las islas Santa 
Clara, Amortajada ó El Muerto. Toda la costa 
del Ecuador mide unos 1900 kms. , contando 
las siiniosidades, y forma un gran arco algo 
más.temlido al N. que al S. sobre una cuerda 
imaginaria tirada desde la Boca de Ancón á la 
de Túmbcz, y cuyos puntos m.is occidentales 
son el Caljo San Lorenzo y la punta Santa Ele- 
na. Además de las islas ya citadas, liállan.se en 
aguas ecuatoriales la del Morro y las de Agua 
Clara, Tumacc, Corrales, Jurón y Manglares, en 
la desembocadura del río Mira; las de Limones, 
Tola, Zapotal y Cogiuiícs, en la bahía de Pailón 
y desembocadura del Santiago; la de San An- 
drés, en el estero Salado; las de Motorrillosy 
A'erde en la desembocadura del río Guayas; al 
O. de éstas la de Escalante y Moqniñana; cu el 
mismo río, hacia adentro, las de Mará, S.intoy, 
Santa Rosa, Guare y Silva, y al S. de la des- 
embocadura del Canal de Jambelí, la de este 
nombre y las de Pungal, Chupador y Payana. 
A gran distancia, en alta mar, se encuentra el 
Archipiélago de los Galápagos, que pertenece á 
esta República. V. Gai.Ú'Agos. 

Superficie y población. - La ]>rimera suele eva- 
luarse cu unos 850 000 kms.-, aunque con mucha 
duda, por la inseguridad de los limites con las 
vecinas Repúblicas. Según cálculo jilanimétrico 
hecho en el Instituto Geográlico de Gotha, es 



ECUA 

de 643 205 kms.', y contando las islas Galápa- 
gos 6.'i0 938; este cálculo considera el país cir- 
cunscripto por los límites anteriormente citados, 
qne dejan para Colombia y el Perú parte de los 
territorios orientales que otras ¡lublicaciones 
asignan al Ecuador. Ateniéndonos á los límites 
astronómicos también a]nnitados, la distancia 
nnixitna entre ¡luntos extremos de la República, 
de N. á S., es de nnos 700 kms., y de E. á O. do 
Ciitf). El desarrollo de costa, siguiendo todas sus 
inflexiones, es de 850 kms. aproximadamente. 
Según el censo de 1SS5, la población, sin 
comjirender los indios de las provincias orien- 
tales, es de 1004 6.11 habitantes. Los censos 
anteriores acusaban mucha menos población: el 
de lS2fi dio 5:-0 700 almas; el de 1839, 612 795; 
el de 1854, 7!'5 965. Una Monioria publicada cu 
1.S75 por el Ministerio del Interior consignó la 
cifra do 866137 habitantes, y otra publicación 
oficial de 1877 la elevó á 946 000. El número 
de indios salvajes se estima entre 100 000 y 
200 000. 

Ororjrafía. — Los yindcs. - La gran cordillera 
de los Andes se alza en la parto occidental de 
¡a República, á unos 1600200 km.s. de la costa; 
forma dos cadenas paralelas, que distan nna de 
otra de 00 á 65 kms por término medio, cons- 
tituyendo el terreno que entre ambas queda nna 
meseta de perfil cóncavo cortada ]ior dos mon- 
tañas transversales, las de Arnay y de Chisin- 
che, tino forman asi tres cuencas. La altura me- 
dia de esta meseta es de 2 900 á 3 000 metros; 
la capital de la República, tjuito, situada en el 
borde occidental de ella, está á 2 850 metros. La 
media de la cordillera oriental es do nnos 4 100 
metros; la de la occidental 4 040. Aquélla se 
llama cordillera Real, ])orque á lo largo de su 
falda O. se ven los restos del camino real que 
on los tiempos de los incas enlazaba á (Juito con 
la capital del Perú. Ambas cadenas se extienden 
inclinándose insensiblemente hacia el S. O. y 
conservando nn paralelismo bastante regular 
intcrrnm])ido de trecho en trecho por medio de 
brazos que, tendidos de Oriente á Occidente, 
las enlazan formando nudos. Los principales 
do é.stos son ocho y los siguientes, á partir de 
la frontera colombiana: Hu,aca, cerca de la linea 
divisoria; Cajo.s, en el límite de las provincias 
Imbabura y Pichincha; Tiopullo, donde co- 
mienza la de León; Pum.achaca, al S. de Río- 
bamba; Arnay, que da nombre á esta provincia; 
Pórtete, al S. de ella; Saraguro ó Avacoua, en 
Loja, y Sabanillas al S. de la capital de Loja. 
Los ramales más importantes ()ue se desprenden 
lie la cadena orient.al y que van gradualmente 
disminnvendo en altura hasta confundirse con 
las llanuras que baña el Amazonas, son: dcN. á 
S. . Putumayo, Las Galeras, Guacamayos, Mar- 
garitas, Llanganata, Úpanos, Logroño, Yahuar- 
zongo. Cóndor y Nauballc. Los que arrancan de 
la cadena occidental y van á perderse en las 
playas del Pacífico, son la cordillera de Ostiona- 
les que separa al Ecuador de Colombia por el 
N. O., y los de Lacha, Cayapas, Intog, Las 
Tórtolas, Puracé, Las Cruces, Toachc, Jlompi- 
chc, Altos de Jama, Tosahua y Colonche. 

En cuanto al aspecto general de los Andes en 
el Ecuador, véase cómo los describe el geógrafo 
ecuatoriano León Mira: «Esta cordillera, así en 
sus dos cadenas madres como en sus ramifica- 
ciones, presenta por donde se la contemple un 
aspecto bello, majestuoso y sublime: ora mues- 
tra el perfil de una sierra de dientes desígnales 
que se dibujan en el azul de la atmósfera; ora 
se deprime suavemente; ora levanta á sorpren- 
dente altura picachos agudos cubiertos de nieve; 
aquí espanta con un profundo abismo que siglos 
antes ha sido, á no dudar, entraña en qne her- 
vía el fuego volcánico; allá sostiene sobre su 
cima un monte cuyo blanco vértice parece tocar 
la región de las estrellas; más allá se la admira 
vestida de verdes y floridas selvas, ó cruzada de 
cristalinos arroyos, ó estremecida por caudalo- 
sos ríos que se despeñan en magnificas y atrona- 
doras cataratas. Solire sns cumbres se ve con 
frecuencia descargar terribles tempestades, en 
tanto qne los valles tendidos á sus pies gozan 
de los rayos de un sol espléndido y vivificante, 
ó que dos, tres ó más arcos iris, levantados de la 
una á la otra cadena, abrazan en su inmenso 
radio ciudades y campiñas hermosas y risueñas. 
El viajero que recorre esta maravilla de la Crea- 
ción va de sorpresa en sorpresa y agitado de 
variadas emociones, aunque á veces no le falten 
incomodidades y peligros; los vientos que bra- 



ECTJA 

man furiosos, la nievo que cae repentiuamento 
y todo lo abruma con su peso y frío letal, las 
tempestades, los rayos, los torrentes, los preci- 
picios, amenazan su vida con frecuencia. Con 
todo, el amor á las Ciencias ó el simple deseo do 
nuevas y fuertes impresiones (pío sacudan el 
ánimo, hacen que no falten audaces visitadores 
de esas regiones. > 

En una y otra cordillera se alzan picos siem- 
pre cubiertos de nieve; otro.s, de menos altitud, 
la conservan durante gran parte del año, y los 
hay también de gran elevación, pero que no al- 
canzan á la región de las nieves, que en estas 
tierras ecuatoriales no empieza hasta los 4 000 
a 5000 metros de altura. Fórmanse también altas 
mesetas áridas y desiertas, llamadas páramos. 
Casi todas estas cumbres son volcanes extingui- 
dos ó en actividad. Las principales son, yendo 
de N. á S., las siguientes: cordillera occidental: 
Chiles, (4 818), Cotocachi (4 966), YanaUícu 
(4 550), Pichincha (4 787), Atacaro (4 539), Co- 
razón (4 787), Iliniza (5 305), Casahuala (5 000), 
Carhuairazo (4595) y Chimborazo (6254, ó 
6310, ó 6414, ó 6530, .según otras medidas). Eu 
la cordillera oriental: Cayambo (5840), Sara- 
Urcn (5215), Antisana (5756), Sinchalagua 
(4 988), Cotopaxi (5 994), QuilindaHa (4 919), 
Llanganate ó Cerro Hermoso (4 570), Tnngura 
gua (5 087), el Altar (5 404) y Sangay (5 323). 
Aún pudieran citarse otros montes de gran 
altura; pasan de 4000 metros los montes Imba- 
bura (4582), Fnyafuya (4 294) y Cusín ó San 
Pablo Surco, en la |irov. de Imbabura; Pasuchoa 
(4255),Rumiñahui(4192)y Pambamarca(4129), 
en la prov. de Pichincha; Guayana (4382), (Jui- 
rotoa (4292) y Pupnntío (4 074) en la prov. de 
León; Igualata (4 452) y Mulmul (•!275)en la de 
Tunguragua; Tiuloma(4183), en la del Chimbo- 
razo; Vil!onaco(4291), en la de Arnay. Como so 
ve, la cima culminante de los Andes ecuatorianos 
es el Chimborazo, pico volcánico, lo mismo qne 
el Pichincha, el Corazón, el (Juilotoa y el Car- 
huairazo, en la cordillera occidental. En la 
oriental todas las cumbres citadas, menos el 
Caj'ambe, el Qnilindaña y el Altar, son volca- 
nes. En realidad, todo este grupo de dieciséis á 
dieciocho volcanes, ])ues además de los mencio- 
nados existen los de Imbabura, Margajitas, Mu- 
lato, Sietebocas, Jorobado, Topo, Zuncho, Yan- 
ganate, Arnay, etc., todos en la cordillera orien- 
tal, [lucdcn estimarse como un solo volcán con 
varios conos de erupción, unos extinguidos, 
otros siempre humeantes. Son volcanes en acti- 
vidad el Cotopaxi, el Pichincha, el Satánico, 
Cotocachi, Tunguragua y Sangay. El Chiles, el 
Imbabura, el Tunguragua, el Quirotoa y algún 
otro han hecho erupción en los últimos siglos, 
después del descubrimiento y conquista del 
país por los españoles. Estos volcanes rara vez 
han vomitado lava líquida; lanzan principal- 
mente agua, fango, cenizas y fragmcutos de 
traqnita y p(Jrfido. El Imbaburaj el Cotopaxi, 
el Carhuairazo y otros muchos volcanes traqui- 
ticos de los Andes ecuatorianos, vomitan sus- 
tancias fangosas, en las que se encuentran seres 
organizados, plantas acuáticas, peces, etc. Eu 
1691 el volcán de Imbabura arrojó con los ba- 
rros y las nieves gran cantidad de residuos 
orgánicos que infestaron la atmósfera de mias- 
mas, ocasionando una epidemia de paludismo. 
En el gran terremoto que en 1868 se sintió en 
la América del Sur, los flancos del Perihuela j- 
del Chachimbiro, ambos volcanes ecuatorianos, 
arrojaron faugo eu gran cantidad, y la corriente 
que salió del último tenia una longitud de ocho 
kilómetros y unos 400 metros en su mayor an- 
chura. Una de las colinas que i'odean el Coto- 
cachi se abrió y dio salida á una corriente de 
cenizas volcánicas. El Sangay es, quizás, el vol- 
can más destructor y de más actividad del mun- 
do. Desde 1728 sus erupciones no han cesado y 
de sus laderas descienden continuamente corrien- 
tes de fuego, agua y fango. Las cenizas, que re- 
cubren las llanuras próximas con una capa de 
más de 120 ni. de espesor, llegan frecuentemento 
hasta Guayaquil, á 160 kms. de distancia, y 
muchas voces en ol espacio de una hora se oyen 
centenares do explosiones. Este volcán no puede 
visitarse; los viajeros le ven iiuieamente de lejos. 
Las erupciones del Pichincha más notables lle- 
van las fechas de 1534, 1539, 1566, 1575, 15SS 
y 1660. Exceptuando la erupción de 1534, que 
la tradición probablemente ha confundido con 
la del Pichincha, el Cotopaxi estuvo en calma 
hasta el año 1742. Luego siguieron las erupcio 



ECUA 

ues de 1743, 1744, 1746, 1766,1768, 1802, 1851 
y 1855. Se puso nuevamente eu actividad el 26 
de junio de 1877. Cayó una lluvia de cenizas 
por espacio de muchos días sobre las mesetas de 
Quito T Riobauíba y en el litoral desde Manta 
hasta Guayaquil, asolando los ricos valles de 
Chile y de Tumbaco. El Cotopaxi y el Pichin- 
cha tienen, á pesar de su proximidad, depósitos 
distintos de lava, pues no coinciden sus erupcio- 
nes, mientras que, según los indígenas, el Coto- 
paxi y el Tunguragua son las chimeneas de un 
mismo foco volcánico. Se dice que el Cotopaxi 
ha lanzado á más de 14 kms. rocas de 200 tone- 
ladas. En los volcanes del Ecuador, en donde 
soplan los vientos alisios, las cenizas se acumu- 
lan invariablemente en la vertiente occidental. 
En cambio las laderas opuestas, en donde se de- 
positan los vapore» atmosféricos, están cubiertas 
de nieve; un notable ejemplo de esto ofrecen los 
flancos del Cotopaxi, pero con frecuencia se 
presentan los volcanes cubiertos de nieve por 
todos lados. 

En cuanto á las planicies interandinas, ó sea 
los espacios de tierra más ó menos extensos que 
dejan entre sí las dos cadenas de los Andes y 
los nudos y páramos que las juntan de trecho 
en trecho, el citado señor ilira distingue ocho, 
á saber: la que va de Huaca á Cajas y compren- 
de la mayor parte de la prov. Imbabura; la que 
se extiende de Cajas á Tiopullo y abraza la 
prov. de Pichincha; la comprendida entre Tio- 
pullo y el páramo de Sananeaja, encerrando las 
provs, de León j- Tunguragua ¡laque sigue hasta 
Pumachaco, que comprende más de las dos terce- 
ras partes de la prov. Chimborazo ; la que termina 
en el Azuay cerrando el territorio de dicha pro- 
vincia; la que á continuación ocupa la provincia 
Azuay hasta el nudo del Pórtete; la 'que desde 
este punto, y todavía en dicha provincia, va á 
limitarse en Avacano, y, por fin, la que va hasta 
el nudo de Sabonilla y en la cual se halla la 
prov. de Loja. En todas estas planicies hay co- 
linas y montecillos más ó menos altos, y están 
cruzadas de ríos, barrancos, hondonadas y va- 
lles. En ellas las llanuras propiamente dichas 
son: en el N. la Tulcán, antes del nudo de Ca- 
jas; la que de aquí baja suavemente hasta el 
Puntal; la de este nombre; la de Mira; la que 
forma el valle del Chota; las de Yahuareocha, 
Ibarra, Salinas, Otavalo y San Pablo, y ]ior 
último, el valle de Huaillabamba. En la provin- 
cia Pichincha las llanura.s de Pomasqui, San 
Antonio, CotocoUao é Iñaquito; en seguida el 
plano que ocupa la capital, y luego, al S. ,Turu- 
bamba y las llanuras de Machache y Chisinche; 
al E. los valles de Puembo y Chillo, y al O. los 
de Chillogallo. Pasando el nudo de Tiopullo, en 
la prov. León, las de Callo y Muíalo, Latacun- 
ga, Pujili, San Miguel, Salachi y Cunehibamba. 
En la prov. Tunguragua continúa esta llanura 
y luego sigue la de Samanga, dejando al Oriente 
la de Pillaro y el valle de Patate; siguiendo al 
S. se halla el estrecho vallecito de Ambato, y á 
continuación las llanuras de Huachi, dejando 
las de Pelileo al S. E. y las de Santa Rosa al 
S.O. En la prov. Chimborazo, pasadas las altu- 
ras de Sanancajas, se encuentran los planos de 
Ríobamba, Tapi, Chambo, Gatazo, Tunshi, Cu- 
bijíes, Huamote y Tiocajas. En el espacio que 
va de Pumachaca al Azuay, que es uno de los 
más cortos que hay entre nudo y nudo, apenas 
cabe citarse la llanura de Achupallas. Mas, pa- 
sado el Azuay, se hallan las llanuras de Biblián, 
Azogue y Cañar, y luego las más notables de 
Cuenca, Jauuncay, Hualaceo, Paute y el valle 
de Yunguilla. El terreno de la prov. Loja es 
mucho mas quebrado é irregular, aunque más 
extenso que el comprendido entre Pumachaca y 
Azuay, y tampoco cabe mencionarse como lla- 
nuras sino la que está ocupada por la ciudad de 
Loja y los valles de Malacates y Gatamayo, Ca- 
sanga y Huancacolla. 

Las mesas más notables que se hallan en los 
Andes, y sobre cada uno do los nudos, son: Ca- 
jas, Huinzha y Tiopullo, Sanancajas, sobre el 
páramo de este noiubre; Pumachaca, Azuay y 
Pórtete ó Tarqui. Las mesas de las cimas'de 
las cadenas andinas son: en la oriental, Pi- 
mampiro, Angas, Pisaml)illa; páramos de Ca- 
yainbe, Pambamarca, Huamani; páramos de 
Antisana, Limpiopongo, Vallcvicioso, Cimarro- 
nes, Langoa, Galpón,"Mulatos; páramos de Pi- 
llaro ó Llanganate, Condorasto y Cubillín, Qui- 
símala, Mactallán Tubal, Tambo y Jacarín, 
Matahua y Criaderos, y, por último, las cimas 



ECÜA 

aplanadas de la cordillera de Zamora. En la 
cadena occidental se extienden las mesas de 
Chiltazón, el Ángel, Yauaurco, Cuicocha, Mo- 
janda. Frutillas, Atacazho, Pacas, Milín, Pro- 
vincia, el Arenal, el Puyal, Cajas, Mollepongo, 
Huairaurco y Chuquirihamba. 

Las planices transandinas, ó sea las que se 
extienden tras los Andes á Oriente y Occidente, 
no son bien conocidas; puede decirse, sin em- 
bargo, que de las faldas orientales de los An- 
des nacen inmensas planicies, que son primero 
desniveladas y desiguales, y que á medida que 
se alejan de su origen van perdiendo su incli- 
nación y convirtiéndose en planos horizontales 
hasta confundirse con las orillas del Amazo- 
nas. De estas planicies las principales son: 
Aguarico, Ñapo, Canelos, Barrancas, Macas, 
Hualaquiza, Zamora, Chinchipe, Santiago, Mo- 
rona, Uchuca, Pinches, Raumina, Simbaya, 
Yquitos, Mazan, Santa María, Orejones y Fe- 
vas. 

Las planicies de Occidente, muy semejantes á 
las de Oriente, van á terminar en las orillas del 
Pacífico. Las más conocidas son: Paitón, Santia- 
go, Esmeraldas, Manabí, Guayaquil y Máchala. 
Hacia el interior se hallan las de Huanujo, Pun- 
ta-playa, Sabaneta, Patolargo, Garzal y Baba- 
hoyo. 

En cuauto á la geología, no hay estudio es- 
pecial, detallado y completo, del territorio ecua- 
toriano. Las rocas características son las de la 
zona andina; granitos, gneis y esquistos. En 
las cimas granitos y pórfidos; en las laderas 
capas de areniscas y detritos volcánicos. Hay 
fuentes termales en muchas localidades, como 
en Belermos y San Pedro del Quito, al N. E. de 
Quito; en Cachillacta, del dist. de Ñanegal; en 
los bordes del Eumiñagui; en Timbugpoyo, cer- 
ca de Tacunga; en las faldas del Chimborazo, y 
en Baños, al pie del Tunguragua; en el Cangrejo 
y Bateuu al S. de T"unguragua, y en las ver- 
tientes de Pichilata, cerca de Ambato. Son tam- 
bién notables los manantiales de Lisco en Pinta 
y los de Papallacta; pero sobre todo los de Te- 
salia, al S. de Quito, de los que se dice que tie- 
nen las virtudes del agua de Vichy. Las fuentes 
qne hay en las faldas del Chimborazo tienen las 
misma-s condiciones que las de Tesalia, y en la 
misma prov. de Chimborazo se hallan las de 
Achupollas que, según la tradición, eran muy 
apreciadas por los incas. 

Hidrografía. - El territorio del Ecuador se 
divide en dos vertientes muy desiguales, separa- 
das por la cordillera de los Andes. La vertiente 
occidental envía al Océano siete ríos principales: 
el Mira, que forma en su desembocadura un 
delta pequeño, cuya rama N. determina, en el 
1° 50' de lat. lí., el límite común del Ecuador 
y Colombia; el Santiago, que corre como el an- 
terior de S.S. E. á N.ÍT.O. y entra en el mar 
por tres bocas, que forma el Esmeraldas ó Peru- 
cho, que tiene su fuente principal en lo alto de 
la meseta, al pie del Cotopaxi, y que desemboca 
en el Pacifico con la violencia de un torrente; 
el Chones, que desemboca en la pequeña bahía 
de Caracas; el Charapoto; el Guayas ó río de 
Guayaquil, ancho estuario formado por la unión 
del Daule, del Babahoyo, del Yaguachi, del Pa- 
lenque y de otros varios más pequeños; el Ju- 
bones y, en fin, el Tumbes, que desaguan eu el 
Golfo de Guayaquil, estando su desembocadura 
en los 3° 37' de lat. S., determinando en la costa 
el límite del Ecuador por la parte del Perú. 
Aunque inferiores á éstos por su caudal, mere- 
cen citarse también los nos Hataje, entre el 
Mira y el Santiago; Verde y Colopo, entre el 
Santiago y el EsmeraMas;Muisne y Jama, entre 
el Esmeraldas y el Chones; Portoviejo, Salango, 
Colonche y Valdivia, entre el Chones y el Sua- 
yas; Naranjal y Rompido, entre el Guayos y el 
Jubones, y al S. del "Tumbes el Catamayo que, 
engrosado con el Macará y el Alamor, toma el 
nombro de Zapotillo y va á desaguar en la 
costa peruana. 

En el callejón central de los Andes no hay 
ríos navegables ni de jirimer orden por su cau- 
dal; sin embargo, pueden citarse como de alguna 
importancia el río Chota, que atraviesa la pro- 
vincia Imbabura de E. á O. ; el Huaillabamba 
y el San Pedro, en la prov. Pichincha; el Cutu- 
che cu la de León, el cual en la parte oriental 
de la prov. Tunguragua toma el nombre de 
Patate; el Chambo en la de Chimborazo, que 
después corre por el N. E. de la de Tunguragua 
y penetra en las regiones orientales; el Mata- 



ECUA 



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dero y el Hualaceo, que con otros menores for- 
man el Paute en la prov. Azuay, y los ríos Sa- 
raguro, Zamora y Catamayo en la prov. de Loja. 
Las aguas de estos ríos se dirigen á los que, 
bajando de la gran cordillera por el E. ó por el 
O., van á terminar en el Amazonas ó en el Pací- 
fico. Algunos son origen de los muy caudalosos 
y navegables que recorren las inmensas llanuras 
del Oriente de los Andes. La vertiente oriental 
pertenece por entero á la cuenca de Amazonas, 
cuyo curso superior lleva el nombre indígena de 
Marañón. En su eui-so, de cerca 1200 kms., por 
cerca déla frontera ecuatoriana, afluyen al gran 
río por su orilla izquierda ocho ríos caudalosos: 
el Santiago, formado por el Paute y el Zamora; 
el Morona ó río de Macas; el Pastasa, formado 
en la alta meseta por la reunión del Patate y del 
Chambo; el Chambira; el Tigre, el Nanay, el 
Ñapo, que es uno de los grandes afluentes del 
Amazonas y que cuenta como afluentes princi- 
pales á los Curaray Grande, Aguarico y Coca; 
en fin, el Putumayo, cuyo curso inferior perte- 
nece al Brasil, si bien nace en la parte E. de 
la Cordillera, cerca de Pasto, al pie del Patas- 
coy, y que acaso pudiera ser el limite entre Co- 
lombia y el Ecuador por la parte superior de su 
curso. Por millares podrían contarse los ríos de 
tercero y cuarto orden y riachuelos que forman, 
junto con las principales arterias ya mencio- 
nadas, la red hidrográfica del Ecuador. 

Hay algunos lagos, ya formados en cráteres 
extinguidos de los Andes, ya en las tierras ba- 
jas ]>or el sobrante de aguas de los ríos. A la 
primera clase pertenecen el de San Pablo, al 
pie del Imbabura, de cinco millas de circunfe- 
rencia; el Cuy-Cocha, en la ladera S. E. del 
Cotocachi, á 10 200 pies sobre nivel del mar; el 
Jaguar-Cocha ó Lago de Sangre y algunos otros. 
Lagos de segunda clase se encuentran á lo 
largo del Ñapo y otros ríos. Unos y otros me- 
recen más bien el nombre de lagunas. Además 
de las citadas, pueden mencionarse la laguna de 
Mojanda, sobre el nudo de Cajas; las de Papa- 
llacta y Fontillas, en la prov. Pichincha; la de 
Quirotoa, eu la prov. León; las de Llanganate 
y Salayambo, en la prov. Tunguragua; la de 
Colta al S. O. de Riobamba, y las de Jacarín, 
Culebrillas y Cajas, en la prov. Azuay. En las 
planicies transandinas se encuentran las lagu- 
nas relacionadas con los ríos Ñapo, Pastaza, 
Morona y Aguarico, y en la prov. Guayas se 
forman en la estación de las lluvias lagunas que 
se convierten en pantanos ó se secan del todo; 
las llaman UirMadcro-s. La mayor de las lagu- 
nas que dan sus aguas al río Pastaza es la lla- 
mada Rumachuna, en la que cazan aves acuáti- 
cas y pescan los indígenas, también suelen co- 
ger en ella y otras tortugas. 

Clima. -Dividido el Ecuador por la gran cor- 
dillera de los Andes, que tiene una anchura eu 
la parte superior de 50 á 60 kms., presenta el 
país tres grandes regiones de diferente natura- 
leza: la vertiente occidental ó zona marítima, la 
meseta ó región de las tierras altas, y la parte 
oriental ó vertiente del Amazonas. La región 
del litoral en su parte N. está formada por te- 
rrenos cubiertos de bosque, cruzada por muchos 
ríos, y por estribaciones montañosas de mediana 
altura. Al S. hay regiones intermedias, acuosas 
y secas como el desierto de Santa Elena y las 
partes situadas hacia la frontera peruana. A 
excepción de algunos puntos de muy antiguo 
conocidos y habitados, sólo de poco tiempo acá 
ha empezado á poblarse esta comarca. Aunque 
el país no es muy saludable por su clima tropi- 
cal, como es susceptible de saneamiento perfecto, 
cuando la población sea más uumero.sa puede 
considerársele como de gran porvenir. Hay en 
él dos estaciones: la de las lluvias (invierno) y 
la seca ó verano. Esta se llama verano, aunque 
asti'ouómicamentc sea el invierno, y dura de 
junio á noviembre. Los grandes aguaceros caen 
hacia Navidad; marzo es el mes en que cae más 
lluvia y julio el mes más frío. El principal puerto 
es Guayaquil, c. populosa, rica y activa que si- 
gue en importancia comercial á Lima y Valpa- 
raíso. La región central del Ecuador, ó región 
de las altas mesetas, no presenta las desiertas 
llanuras ni la heladas jiampas de Bolivia. El 
espacio comprendido entre los dos cordones pa- 
ralelos le ocupan valles arenosos, fértiles y cul- 
tivables, cuya altura i.o excede de 3 000 m., y 
en donde la tempetatura á la sombra es de 14 á 
20° centígrados, mientras que las mesetas sit. al 
S. tienen hasta 4200 m. de alt v son terreno 



41 



ECÜA 



<le,siiIa(lo y frío, por fl i\uc .-ólo se cniniíia en 
caso lie absoluta iifcohi.iarl. Kii esta fiarte alta 
del Ecuador, llamada cu el país tierra fresca, 
sin que «leba conluiidirsc con la llamada tierra 
frta, (\wt es la de las altas inontafias nevadas, 
es en donde se ha lecouecntrado la jiolilacion y 
se lian cdilicaiio las e. in-incipales, la ca|). la 
primera. Las altas mesetius fueron lialiitadas 
ya en época remota por un pueblo que tenía 
rudinunlos de civilización, como lo prueban los 
restos de monumentos inilíneuas que allí se en- 
cuentran; esta primitiva población es el (roneo 
de ijue deriva la indígena actual. La rc;,'ión si- 
tuada al E. do lo» Andes ca más extensa que 
todo el resto del territorio. Cubierta de fron- 
dosos y dilatados busipics y fertilizada por co- 
J1Í0.S0S a<;uaceros , vierte cantidad enorme do 
agua al Amazona.s, por el cjue pueilen nave¿;ar 
los mayores biiques desde el paso estrecho ó 
ponijo do Mansericliü, sit. no lejos de la con- 
fluencia con id río Santia},'o, hasta el Atlántico. 
En general, el Ecuador tiene dos estaciones: el 
verano ó estación seca, «lue llura de mayo ;i oc- 
tubre, y el invierno o estación lluviosa, que e.s 
la i\w reina de octubre á nniyo. No son estos 
limites tan rigorosos que no haya interrupciones 
é inteimitcncias, y debe observarse cpie, cuando 
menos en la costa, hace nicno.s calor en verano 
que en invierno, efecto de las brisas «pie so[ilan 
del S, , es decir, do los nuircs australes, que re- 
frescan mucho el ambiento. 

I'riiduccioncs imlurahs. - Encuéutrausc en 
esta Uepública esiiecies arbóreas tan numerosas 
como varias. En las faldas délas cadenas andi- 
nas (|uo dan liacia las planicies centrales hay 
bosques de poca extensión y de árboles pt-que- 
fios, e.xceptuando lasciva del llano de Hu.ica, 
si bien aún es niezcpiiua coui|iarada con los in- 
mensos, ricos y magnílicQS bosques que cubn)n 
las tierras transandinas. Allí en las coliua.s, en 
los llanos, en las orillas do los ríos, aparecen gi- 
gantescos y seculares árboles do iniinidad de 
especies; los bejucos, lianas ó enredaderas y 
otras mil plantas trepadoras, forman verdadero 
lalierinto de bóvedas, pasadizo.s y galerías de 
vallado y caprichoso aspecto. Los boscjues trans- 
andinos y do Occidente son monos extensos, yera 
tan bellos y magníficos como los de Oriente. En 
algunas ]iartes llegan hasta las orillas del Océa- 
no y, como además los cruzan ríos navcgalilcs, 
sus riíjuezas pueden explotarse con más facilidad 
que las de los bosques del otro lado do los An- 
des. Los árboles de estos bosipies dan entre otras 
maderas de constiucción el huayacán, palo ne- 
gro, huasango, nliirín, platuquero, algarrobo, 
seiba, canelo, coica, palo amarillo, nogal, capulí 
y moral. La ebanistería dispone del cedro, cao- 
ba , granadino, palo de rosa y otros muchos más. 
Entre los árboles cuya corteza ó resina .se apli- 
can á la Medicina ó á las Artos, figuran la quina, 
eauclio, gutapercha, dragonoro, copalero, canela 
y palma de cera. Entre los arbustos y plantas de 
utilidad ó aplicación ala Farmacia ó ala indus- 
tria, están la zarzaparrilla, chui|uirahua, achi- 
coria, cabuya, rubia, y no]ial. 

El Ecuador, dada su configuración, pavtici|ia 
do los climas de las zonas más diversas, desde 
los calores tropicales de la cuenca del Amazonas 
y de las costas, hasta la glacial temperatura de 
las cúspides de los Andes, ]iasando por las zonas 
tenijdadas de las laderas medias y ¡lor ol clima 
fresco de las mesetas; así, las jnoducciones natu- 
rales son muy variailas. El principal producto es 
el cacao; siguen luego el algodón, el tabaco (el 
mejor es el de la provincia do Esmeraldas), ol 
azúcar y la caña dulce , la vainilla, la orchilla, 
planta tintórea; el arroz, la zarzaparrilla, el ta- 
marindo, el coco, el ananas, las naranjas; cueros, 
bambúes, madera de construcción y jiara ebanis- 
tería, cafe, mótales preciosos, etc., á los que la 
industria local agrega las hamacas y los sombre- 
ros do Montocristo y de Ji|iijapa (llamados im- 
propiamente de Panamá), tejidos con las hojas 
del Carludovica succiruhra, do la familia do las 
Ciclanteas. El árbol de la quinina, llamado en 
el país quina, es una do las producciones más 
preciosas de los bosques del Ecuador; se le en- 
cuentra eu la ladera oriental de los Andes y 
hasta en los flancos occidentales del Cliimbora- 
zo, en donde crece la especie más apreciada, el 
Cinckona succiruhra. Desgraciailamente están 
casi sin explotar ol caucho, gomas y gran varie- 
dad de resinas, que eu gran cantidad hay en los 
bo.sques. Eu la costa se encuentra tina concha 
llamada caracolillo, que da un hermoso tinte 



ECUA 

color púrpura. En las provincias de Cliiniborazo 
y de Loja se cultiva cochinilla de buena clase. 
Recientemente, y en particular en las provincias 
de Iniliarura, Pichincha y León, se ha en.sayado 
el cultivo de la morera y la cria del gusano de 
sella. En cereales ocujian el primer lugar la ce- 
bada, el maíz y muchas vaiiedaiiesde trigo. I'ero 
en conjunto la exportación no alcanza a la íni- 
|)ortaeiiin, que hace necesaria la falta de serias 
industrias en el ]iais. Los proceilimientos de 
cultivo son del todo primitivo.s. Las labores se 
reducen á la siembra, y apenas después trabajan 
el terreno. Algunos propietarios mas amigos del 
jirogreso que la masa general, lian adquirido 
arados y otros instrumentos para la corta y dcs- 
coríezaniiento de los árboles. 

El buey, ol caballo, el asno y el mulo son los 
principales animales domésticos; en los valles 
altos se crían la vicuña, la llama y la aljiaca, 
que son los rumiantes indígenas. La llama es el 
iinico animal propio de America que ha sido 
domesticado. La provincia de Loja es la que 
más .se dedica á la crianza de ganados, origen 
de un importauto comercio con el Perú. En las 
selvas hay tigres, osos, el leopardo, puercos, 
dantas , y muchas especies de cuadrumanos 
y gran núm.ro de reptiles. En las orillas del 
Amazonas y sus ti ilíutarios se encuentra el ama- 
riiii, ol monstruo do los reiitiles, más grande que 
el boa. El gigantesco cóndor so mece en los aires 
por encima de las cúspides de la cordillera. El 
gallinazo se eleva también á grandes alturas, 
y hay, entre otras aves, buharros, buhos, curi- 
quinquís, ave sagrada de los Jucas, bandurrias, 
liglis, tórtolas, patos, mirlos, jilgueros, coli- 
bríes, etc., etc. En las i.slas Galápagos se verifi- 
can graniles cacerías de bueyí's salvajes y do 
ánades, importados y naturalizados después. 

La mayor parte dolos ríos tienen arenas aurí- 
feras; poro las minas ó se explotan imperfecta- 
mente ó están abandonadas. El abandono es casi 
completo desde mediados del siglo último, fin el 
país hay oro, plata, cobre, azufre, cinabrio, sal- 
muera, y muchas clases de mármol. En Ta rama, 
provincia de Loja, desde há tiempo se extrae 
oro, lo mismo que en el territorio del Ñapo y de 
Canelos. La ¡data .se encuentra en las cercanías 
de Azogues, provincia de Cuenca y en el cerro 
de Condorosto, provincia de Chimborazo. 

liaza, idioma y rcliyión. - La ])oblaoión del 
Ecuador so compone de blancos, descendientes 
de los conquistadores y colonos españoles; indí- 
genas ó indios civilizados y salvajes, y mestizos 
tle blanco y cobrizo, y aiin de negro, os decir, 
cholos, mulatos y zambos. Hay también algunos 
negros. Se cuentan á lo máis unos 50 000 indivi- 
duos de raza pura española; unos .'iOOOOO, ó sea 
casi la mitad de la población, son cholos, esto es, 
mestizos de español y americano; unos 400 000 
son indios civilizados, y pueden contarse 40000 
zambos y mulatos y 10 000 negros. Los indios 
salvajes ya se ha dicho que son de 100 000 á 
200 000. Los indígenas del Ecuador pertenecen 
á dos familias distintas. En las altas mesetas y 
en la vertiente occidental habitan imlios de raza 
quichua, ya puros en los valles de la vertiente 
marítima, ya mezclados con la raza española en 
la meseta. En la vertiente orienta! de los An- 
des se encuentran también algunas tribus de 
lengua quichtia, conocidas con el nombre ge- 
nérico de yumbos. Pero en dicha vertiente la 
raza (|Uo predomina es la conociiía con la deno- 
minación indígena de ((ntisana, cuyas princi]ia- 
les tribus son: los jiimampiíos y cofaues, en las 
orillas del alto Agnarico, al pie de los Andes; 
los cuyacus y eucabellados, entro el Agnarico y 
el Ñapo; los Uiquinos, michinos, chiripunos, 
tipntines, yamníes, enrayes y simigayes, entro 
el Ñapo y el Curaray ; los anguteros, oritos, cho- 
tos y orejones en la izquierda del Ñapo hasta el 
Amazonas; los nautas, abijías, mazaues, ardas, 
mayzamaes é iquitos, entreoí Ñapo y elNanay; 
los avales, simbayos y \'ameos, entre el Nanay 
y el Tigre; los mininas, entro el Tigre y ol Cham- 
bira; los couambos, androas, pinches, zaparlos, 
uchucas y tácales, entre el Tigre Superior, el 
Chanibira y el Pastaza; los chapas, moronas, 
boamaiuas y úpanos, entre el Pastaza y el llo- 
rona; los logrónos, cutre el Morona y el Santia- 
go; los santiagos y zainoras, entre el Santiago y 
el Chiuchipe, y otras muchísimas tribus cuyos 
nombres es probable que huy se hayan olvidado 
ó modificado, y que citan en sus obras Villavi- 
ceneio, Velasco, Ulloa y otros muchos autores, 
sobre todo los españoles que escribieron durante 



ECUA 

la época de nuestra doniinaciÓH, y que fué, como 
es sabido, la más fecunda en trabajos cientíücos 
sobre la América. 

Recientemente, en 1877, publicó el P. Pozzi 
notables estudios acerca de los indígenas del 
Ecuador. 

Hay muy pocos individuos de nacionalidad 
europea; la inmigración es muy reducida, y segu- 
mente no pasarán aipiéllos de 5o0 individuos; 
m.is hay de nacionalidad hispanoamericana, 
especialmente peruanos y colombianos. En ge- 
neral puede afirmarse que la ¡mblación extran- 
jera no representa el 1 por 100 de la pobla- 
ción total. Hay algunos chinos, pero la iumi- 
graeión fué prohibida en 1889. 

El idioma oficial es ol esparml. El vulgo usa 
bastantes vocablos de origen americano, y mu- 
chas tribus indígenas conservan dialectos qui- 
chuas. La religión es la católica. El clero ejerce 
gran influencia y la superstición es mucha. Hay 
varios conventos de Franciscanos y Sandieganos, 
Dominicos, Mercenarios, Agustinos, Jesuítas, Ca- 
puchinos, Redentoristas, hermanos cristianos, 
Carmelitas, Conceptas, Clarisas, etc., etc. 

Es el Ecuador el estado americano en que mi'is 
profundas raíces conserva el catolicismo; hay un 
día de fiesta, consagrado al Corazón de Jesús, 
en que todo el Cuerpo Legislativo comulga en 
grupo, y el actual presidente, Flores, ])idiü que 
se instituyera otra tiesta religiosa especialmente 
destinada á dar gracias á la Providencia por los 
beneficios con que favorece al país. Hay, sin 
embargo, muchos salvajes de las tierras orien- 
tales que profesan una especio de fetiqnismo, y 
aun se dice que existen tribus sin ideas reli- 
giosas. 

Gobierno y administracián. - El gobierno es 
republicano unitario. El poder Ejecutivo está 
confiado á un presidente elegido por cuatro anos, 
con un Consejo de Estado que preside el vice- 
presidente de la Ke]iúblicay un Jlinisterio for- 
mado por cuatro Ministros, que .son: el del In- 
terior, Asuntos extranjeros y Obras Públicas; el 
de Instruoeión Pública, el do Hacienda, y el do 
Guerra y Marina. Los ciudadanos eligen directa 
y libremente al presidente; el Congreso califica 
y declara la elección, y ante él presta ol jura- 
mento acostumbrado. Cuando el presidente 
falta lo reemplaza el vicc])residente; en su de- 
fecto el último presidente del Senado, y á falta 
de ésto ol de la Cámara de Diputados. El vice- 
presidente es elegido de la misma manera que 
el presidente y también dura cuatro años. Ni 
uno ni otro pueden ser reelegidos durante los 
ocho años que siguen á la terniinacióu de su 
período. Los Ministros son de libre elección y 
remoción del Presidente. Este y aquéllos son 
responsables; cualquier ciudadano puede acu- 
sarlos ante las Cámaras. Constituyen ol Consejo 
de Estado el vicepresidente, los Ministros, el 
Fiscal do la Corto Suprema, dos senadores, un 
diputado, un clérigo y tres ciudadanos. Al fren- 
te de las ])rov. hay un gobernador, y para el 
ramo de Hacienda tres aduanas marítimas: Gua- 
yaquil, llanta y E.smeraldas, y dos terrestres 
en las fronteras N. y S. ; una Tesorería en cada 
capital de prov. ; varias colecturías y 62 admi- 
nistraciones de Correos. Para el ramo de Guerra 
y Marina tres comandancias generales cu los 
distritos militares de Guayas, QuitoyAzuay; 
dos comandancias de armas, una en los Ríos y 
otra en Manabi, una capitanía de puerto cu 
Guayaquil y otra en Manta. 

Constituyen el poder Legislativo dos Cáma- 
niaras: el Senado, con dos individuos por cada 
provincia, y la Cámara de los Diputados, con 
un diputado por cada 30000 habits. Senadores 
y diputados son elegidos directamente por los 
ciudadanos; los primeros duran cuatro años y 
los segundos dos. Se reúnen en la capital do la 
República el 10 de junio de cada año. El poder 
Judicial está representado por el Tribunal ó 
Corte Suprema, en la cap. de la República; las 
Cortes superiores de Quito, Ríobamba, Cuenca, 
Loja, Guayaquil y Portoviejo; las Cortes mar- 
ciales de Quito, Guayaquil y Cuenca; los Juz- 
gados municipales en todos los cantones; dos 
Juzgados parroquiales en cada parroquia; los 
Juzgados do Comercio de Quito, Guayaquil y 
Cuenca; Juzgados de Letras, encargados de sus- 
tanciar y fallar las causas criminales y las civiles 
del Fisco eu todas las capitales de provincia, 
habiendo dos en Guayaquil y Quito; Jurados del 
crimen, de acusación y de decisión, en Quito, 
Ibarra, Latacunga, Ambato, Ríobamba, Guaya- 



ECUA 

quil, Cuenca y Loja. Los Jueces parroquiales son 
nümbrados por los Consejos municipales, eu- 
canjailos de la aJniinistracióu del cantón ó mu- 
uicrpio; en los cantones pequeños los concejales 
son siete y en los populosos nueve. Quito es 
sede arzobispal, y son dióc. sufragáneas Cuen- 
ca, Guayaquil, Ibarra, Loja, Portoviejo y Rio- 
bamba. 

Divídese hoy la Eep. en quince prov. , que 
son: Carchi, Inibabura, Pichincha, León, Tun- 
euraBua, Chiniborazo, Bolivaí-, Ríos, Guayas, 
llanabi, Esmeraldas, Oro, AzogueóCañar, Azuay 
y Loja; aparte figuran la región del Oriente 
y el Archip de los Galápagos; las más pobladas 
son las de Pichincha y Azuay que cuentan res- 
pectivamente 1S7844 y 104369 habits. ; las me- 
nos Galápagos y Esmeraldas, que tienen 204 y 
11146 habits. Corresponden á la costa las pro- 
vincias de Esmeraldas, Manabi y Guayas. La 
ret'iónde Oriente es, como su nombre lo indica, 
la situada más al E., y también la que tiene 
mayor territorio, si bien sus limites no están 
bien definidos. Para la instrucción publica, 
además de unas 435 escuelas de I.'' enseñanza, 
hay ocho colegios, sin contar los Seminarios; 
Universidad con Facultades de Medicina, Cien- 
cias y Jurisprudencia; Escuela Politécnica y de 
Artes y Oficios; Escuela Naval en Guayaquil, y 
varios colegios de frailes y monjas. En términos 
generales, puede decirse que el Ecuador es uno 
de los países más atrasados desde el punto de 
vista de la instrucción. En 1SS7 el presupuesto 
general de ingresos se fijó en 9774177 sucres ó 
pesos; el de gastos en 200000 pesos menos. La 
partida mayor de ingresos (3385411) correspon- 
de á las aduanas; el mayor gasto (4436147) es 
el de la Deuda pública. Esta ascendía en 1.° de 
enero de 1888 á 14217 202 pesos. El ejército 
consta de 4730 hombres, de los que 3320 son 
de infantería, 350 de caballería y 1060 de arti- 
llería. Hay además guardia nacional, que com- 
prende 6S batallones de infautería,nuevedecaba- 
llcría y dos de artillería. La marina de Guerra 
consta de un transporte, un cañonero de tercera 
clase y un crucero de tercera clase con seis ca- 
ñones y 100 tripulantes. 

En el pabellón nacional figuran los colores del 
iris en tres cuarteles longitudinales, el escudo de 
armas en el centro, y sobre él tantas estrellas 
cuantas son las provincias de la República. En 
el escudo de armas se halla en la parte superior 
de una elipse la imagen del Sol, cortando en 
partes iguales un segmento del zodíaco en que 
están los signos Aries, Tauro, Géminisy Cáncer, 
correspondientes á los meses de marzo, abril, 
mayo y junio; al pie un río con un vapor, y á 
la izquierda un monte; sobre el escudo un cón- 
dor con las alas abiertas, y todo asentado sobre 
un haz de armas, de cuyos extremos se despren- 
den dos banderas á cada lado y ramas de laurel 
y olivo que abrazan el conjunto. 

Industria, comercio y comunicaciones. — Muy 
poca importancia tiene la industria fabril. En 
<Jnito, que es la capital de la República, y en 
algunas de las principales poblaciones, hay algu- 
nas fábricas de hilados y tejidos de algodón, y 
se tejen también ponchos, bayetas y otras telas 
de lana de pelo largo. Hay tiutorerí.asen Ibarra; 
se construye mucho calzado en la prov. de Tun- 
guragua, se curten ¡deles en Ambato y se fabri- 
can hamacas, sombreros y petacas de paja en las 
provincias de Azuay, Guayaquil y Manabi. 

Hay también algunas fábricas de aguardiente 
de caña y de azúcar y panela. El porteo en bes- 
tias ó á espaldas es una industria muy lucrativa 
¡lara algunos pueblos de las cercanías, como los 
d.! Cliimborazo, Tunguragua, León y el Sur de 
Pichincha. 

Hay bastante tráfico entro los pueblos de la 
niisnia República. Imbahnra vende sus azúcares 
y raspaduras á Pichincha, León y Tungnragua; 
Pichincha envía al litoral ganado mayor, pieles, 
encajes, bordados y otros objetos, y á León y 
Tunguragua jabón ordinario, velas y quesos; 
León vende en Quito y Ambato y envía á los 
pueblos costaneros jerga, bayetas, papas, etc. ; 
Tunguragua lleva también á la costa y demás 
provincias limítrofes papas, manteca, frutas 
variadas, cuero, calzado, sacos, hamacas y cuer- 
das de cabuya, cucharas do madera, etc.; Chim- 
boiazo, Bolívar, Azuay y Loja se cambian sus 
liroductos agrícolas ó los transportan al litoral; 
do aquí se introducen á los pueblos de la sierra 
artículos importantes como sal, cacao, arroz, 
pescado, tabaco, sombreros de paja, potros, etc. 



ECUA 

Con la provincia poco frecuentada del Orieute 
se hace corto comercio; se llevan á ella algunas 
telas ordinarias, herramientas y armas, y los 
salvajes dan en candno oro lavado, cera de pal- 
ma, ¡lita, canela, vainilla y algún otro objeto ó 
producto natural de las selvas. El comercio ex- 
terior es escaso. En 1887 el valor de los artícu- 
los importados ascendió á 11472523 pesos y el 
de los exportados á 10119478. El centro del 
movimiento comercial es Guayaquil, por cuyo 
puerto salieron mercancías por valor de 6347 073 
pesos. También hay algún tráfico por los peque- 
ños puertos de Monte Baya y Esmeraldas y por 
los puertos secos y íle montana de Loja, en la 
frontera peruana, y Tulcán en la de Colombia. 
Los principales artículos exportados por Guaya- 
quil son cacao, café, caucho, metales preciosos, 
pieles, sombreros de paja, marfil vegetal y quina. 
Gran parte del cacao se exporta para España. 
Duraute el año de 1889 se importó en España 
cacao proceden tedel Ecuador porvalorde7200 000 
pesetas. En el año de 1887 entraron en todos los 
puertos de la República 550 buques (527 vapo- 
res) con 253942 toneladas. 

Circulan monedas de varias naciones, pero la 
unidad monetaria de la República es el peso ó 
sivsre de 90 milésimas de fino, que se divide en 
medio sucre, peseta ó quinta parte de sucre, real 
ó décima parte; también se divide en cien cen- 
tavos. 

Desde fin de 1856 rige oficialmente el sistema 
métrico de pesos y medidas, pero aiín se conser- 
va el antiguo sistema. La legua es de 8 000 va- 
ras ó sea de 16 '/j al grado; la vara tiene O"" ,8 475. 
Los caminos en el interior son pocos y malos. 
Sin embargo, existe una carretera que, viniendo 
de la frontera colombiana , atraviesa toda la 
República de N. á S. Hasta Quito es de herra- 
dura; de aquí arranca la magnífica carretera que, 
con su 101 puentes de mamiiostería, 400 acue- 
ductos y numerosos teiTapleues, sigue por el 
centro de las provincias de León, Tungnragua y 
Chimborazo hasta el descenso de Sibambe, des- 
pués de cortar en Dañas la cadena occidental de 
los Andes; de Sibambe parte el f. c. hasta el 
Milagro en un trayecto de 149 kms. La carre- 
tera tiene 273 kms., y de ancho 10 m. por tér- 
mino medio. Al S. de la prov. Tunguragua se 
bifurca la carretera, y el camino que corre á la 
derecha atraviesa la prov. Bolívar y termina en 
Bahahoyo, cap. de la de Los Ríos. Pocas leguas 
antes de los rieles de fierro vuelve á bifurcarse, 
y la vía que sigue al S. pasa por las provincias 
Cañar, Azuay y Loja, hasta el Macará, que es 
el linde con el Perú. De Ibarra parten los cami- 
nos de Pimampiro y Pailón , á Oriente aquél 
y éste á Occidente; ambos son pésimos. De Ota- 
valo arranca otro mal camino á Esmeraldas. De 
Quito sale para esta misma prov. el camino de 
Mindo, igualmente malo, y otro que va al Ñapo, 
pasando por las alturas de Papallacta. Hoy, 
además, parte de los suburbios de la capital el 
camino nuevo con ilirccción al puerto de Cara- 
quez, en la prov. Manabi. La de León tiene su 
mal camino á la misma, llamado de Qncvedo; la 
de Tunguragua tiene un camino á Oriente, pa- 
sando por el pueblo de Baños, y otro á Occi- 
dente, por Pasa y Angamarca. Chimborazo se 
comunica con el litoral por dos caminos que se 
juntan con el principal, que va de Quito á Ba- 
bahoyo, y por el que, atravesando por l'allatan- 
ga, termina en este mismo punto. De Riobamba 
se va á Oriente por el camino de Masas. Parala 
provincia de Bolívar es común el camino que 
pone en comunicación las provincias del N. con 
la do Los Ríos. La de Cañar tiene su salida á la 
costa. Los pueblos del Azuay cuentan con los 
caminos del Naranjal y de Máchala. Esta misma 
provincia se conuiniea con Oriente porcl camino 
de Gualaquizn, y la de Loja por el de Zaruma. 
De Loja se salo al litoral por el camino de Santa 
Rosa. 

Se ha construido f. o. de Yaguachi al río de 
Chimbo, de Chimbo á Sibambe, de Duran i. 
Yaguachi, de Machóla á Cuenca y do bahía de 
Caraquez á Quito. 

Están aprobados los contratos ¡)ara la cons- 
trnccióu tle otras líneas; la prolongación del fe- 
rrocarril del S. hasta enfrente de Guayaquil ; el 
f. c. del Paylón, que enlazará este punto cou 
Ibarra, al Ñ. de Quito; el de Chono, (pie pon- 
drá en comunicación la rica prov. litoral de Ma- 
nabi cou la cap. , y el de Máchalo á Cuenca. Ko- 
cientcmcnte .se ha constituido en Londres una 
sociedad con objeto de construir el f. c. que eu- 



ECUA 



45 



lace á Quito con la bahía de Caracas en el 
Pacífico. 

Hay en el Ecuador muchas vías fluviales, pues 
casi todos los ríos que descienden de los Andes 
á Oriente y Occidente son navegables en cuanto 
desaparecen los desniveles de su curso ó se apro- 
ximan unos al Amazonas y otros al Mar Pacifico. 

Lineas telegráficas, que suman 1 COO kms. , en- 
lazan entre sí las capitales de prov. La Rep. está 
en comunicación telegráfica con los demás países 
del mundo por la linea que va de Guayaquil á 
Ballenita por tierra, y desde aquí, por cable, al 
istmo de Tehnantcpec y á Nueva York. 

El número de cartas, tarjetas ¡lostales, etc. , que 
circularon por correo durante el año 1887 fué de 
3 024 034. 

Hist. -Los territorios que hoy forman la Re- 
pública del Ecuador pertenecían antes de la 
conquista española al pueblo quichua, cuyos 
jefes usaban el titulo de quitus y tenían por 
cap. á Quito. La tribu prcdoniinante era la de 
los caras, oriunda de la costa, que unos 500 años 
antes de la conquista es}iañola había remontado 
el Esmeraldas é invadido la alta meseta de Quito. 
Parece que hacia el siglo vin vivían en lo que 
es hoy prov. de Manabi, y creen algunos que eran 
gentes de la América central vencidas y expul- 
sadas por los conquistadores del N. Sus régulos 
se llamaban A'íV¿, es decir, señor de todos, y al 
xiri Caían se atribuye la fundación de la ciudad 
de Caraquez. A fines del siglo X debieron con- 
quistar lo que es hoy territorio del Ecuador, y 
hubo once xiris hasta principios del siglo xiv. 
En esta época se estinguió la dinastía de Caían 
y la reemplazó la de Duchicela, oriunda de Pu- 
riihá, en lo que es hoy prov. de Chimborazo. Por 
alianzas y pactos este reino y el de los cañaris 
(hoy prov. Azuay), se incorporaron al de Quito. 
A mediados del siglo XV, )' reinando el décimo- 
cuarto xiri, Hualeopo, el Inca Tupac-Yupanqui 
se apoderó por conquista de las provs. delS. has- 
ta Puruliá. El xiri Cacha, sucesor de Hualeopo, 
recuperó á viva fuerza el territorio perdido; pero 
Huaina-Capac, liijoy heredero de Tupao-Yupau- 
qui, tras larga y sangrienta guerra contra Cacha, 
derrotó y mató á éste en la batalla de Hatuuta- 
qui, hacia el año 1487, y conquistó todo el reino 
(le Quito. Para afirmar su derecho casó con 
Paccha,hija única y heredera de Cacha. Cuando 
los españoles llegaron á la meseta de Quito ha- 
cía unos cincuenta años que el reino de Quito 
había sido conquistado por el Inca del Perú, 
Huaina-Capac. Bajo la dominación de los quitus 
y los incas, los antiguos pueblos del Ecuador 
habían alcanzado cierto grado de cultura , como 
lo demuestran restos de construcciones, tales 
como los iolas ó montículos funerarios de Cuenca, 
el Jnaa-prica ó fortaleza oval, y el Intilniaicu ó 
templo del Sol, cerca de Cañar, vestigios de 
calzadas ó caminos, y el Inga-c/iuagana, piedra 
en forma de silla desde la que el inca contem- 
plaba el magnífico paisaje del valle de Guian. 
Todo lo que se sabe de estos pueblos en la época 
anterior al descubrimiento y en los primeros 
dias de la conquista, se debe á los misioneros é 
historiadores españoles, que consignan los estu- 
dios y exploraciones realizados en el interior de 
las tierras americanas. 

Los primeros europeos que pisaron estas tierras 
fueron Pizarro y su gente, que tocaron en Ata- 
carnes, hoy de la prov. de Esmeraldas, en 1525. 
El capitán que hizo la conquista del reino de 
Quito, en nombre de Pizarro, fué D. Sebastián 
de Benalcázar. Después de la muerte del inca 
Atahualpa, su general Runiiñahuí marchó á 
Quito con parte del ejército y se hizo proclamar 
xiri. Pero le persiguió Benalcázar, que le venció 
en Cañar y en Tiocajas. Rnmiñaliui, en su reti- 
rada, incendió á Quito y otros ])ueblos, y se re- 
fugie) en las serranías de Oriente. Aprehendido 
¡loco después en Píllaro, fué conducido á Quito 
y pereció en la horca. Habían acudido también 
á la conquista del reino D. Diego de Almagro y 
D. Pedro de Alvarado, quienes disputaron á Be- 
nalcázar las tierras porél y a sojuzgadas' y cuando 
ya éste había tomado en 1534 solemne posesión 
do la villa de Quito en nombre do Carlos I. 
Aviniéronse los tres conquistadores: Almagro 
quedó como gobernador de la nueva prov. y Be- 
nalcázar continuó sus conquistas hacia el N. En 
1540 se encargil del gobierno Gonzalo Pizarro, 
que dirigió con poca fortuna expediciones á las 
selvas de Oriente. En 1542 se estableció ol obis- 
pado de Quito. En ¡546, Gonzalo Pizarro, rebe- 
lado coutra el virrey del Perú, Blasco Núñez da 



46 



KCUA 



Vüla, venoiú á este en Iñuiiuitu, llaiuuapi'ú.vima 
á la cap., y haliiéiulole coiíJclc piisionero mandó 
coitaile la cabeza. Al atiosigiiiunte Quito, Gna- 
yaijiiil y otros |inolilos, se levantaron contra 
l'izarro, (|iiien acaljú por percor en el patíbulo 
en lf)4S. lili ir>;i7 IhiIjo en Cañar sublevación de 
indígenas fácilimiitc apacifjuada. La nueva pro- 
vincia lie (luitii fué {{oberuación sujeta á la Au- 
diencia ilc Los Keycs_liasta l;"(i3 tuque se niamlú 
fundar la Audiencia, dividiila en siete corre},'i- 
niientos, correspondientes á las siete ciiuiadcs do 
Cuenca, Zamora, Loja, Jaén, San Mijjuel do 
riura, Santiaíjo do Guayai|uil y Puerto Viejo. 
De[iendía la gobernación do la dióe. de t>uito, 
(jue ademá.s de esta prov. ti'UÍa las gobernacio- 
nes de lostjuixos y Juan de .Salinas. Su litoral 
casi so correspondía con el de la actual Repú- 
blica, puesto que empezaba en la baliía de San- 
tiago, a unas<iuinee leguas de punta iManglares, 
y seguía hacia el S. hasta punta Aguja, coin- 
preniliendo asi parte de lo ipie hoy es costa del 
l'en'i. Kn el interior, 'hacia el Oriente y N. , so 
fundó la gobernación de los Quixosy la Canela, 
que empezaba unas dieciocho leguas al K. de la 
ciudad de San Francisco del Quito, yemlo á con- 
linar por el S. con la gobernación do Juan <lo 
Salinas, llamada do Iguabsongo y l'acanioros, 
una y otra agregadas á la Audiencia de Quito, 
m descubridor de la gobernación de los Quixos 
fué Gonzalo Pizarro, que avanzó iiorellaen busi'a 
di'l río iMarañón; á lines del siglo xvi se habían 
fundado ya las tres ciudades de Baoza, Archi- 
doua y Avila. En la gobernaciém de l'aoamoros 
é Igualsongo, que comi)rendía el S. déla actual 
Ilep. y parte del l'i;ní, fundó cuatro ciudades el 
gobernador Juan ile Salinas; fueron dichas ciu- 
iladcs Vallailolid, Loyola ó Cumbiuama, Santia- 
go de las Montañas y Santa liaría de Nieva. 

En l.lü'i! estalló eu Quito un motín con oca- 
sión del establecimiento de las alcabalas, y se 
intentó coronar rey á D. Diego Carrera, que re- 
husó la o.'erta, por lo que el pueblo lo maltrató 
bárbaramente; eu 151'!) se levantaron los indios 
moronas y quedaron arruin.adas las colonias do 
Logroño, Sevilla de Oro y Iluamboya; á princi- 
pios del siglo XVIII la Audiencia fué segregada 
del virreinato del Peréi i ini'orporadaalde Nueva 
Granada; en 1709, 1741 y 17i)8 los jiiratas inva- 
dieron -á Guayaquil, l'orto Viejo y Esmeraldas; 
eu 1717 se suprimió la Real .'\udieneia, restaldc- 
cida sois anos después; en 1761 se sublevaron los 
indios de San Miguel de Latacunga, y eu 17li! 
los de Riobamba;en 1770y 1771 los de Imbaliu- 
ra; en 1780 se levantaron casi todos los pueblos 
que hoy eoui|ionen la prov. Tunguragua, y en 
17S-1 los imitó el pueblo deCalpi, en la provin- 
cia Chimborazo, sigucndo su ejeniido después 
otros de la misma provincia. 

Eu 1808 reuniéronse varios quiteños en una 
hacienda del valle de Chillo, cerca de la ciudad, 
para preparar la insurrección contra Es]iaña, y 
en 10 de agosto de 1S09 se proclamó en Quito la 
independencia. Los patriotas levantaron trojias, 
pero fueron vencidos por las tropas leales que 
vinieron de Lima y Cuenca. Rehechos los revo- 
lucionarios se impusieron de nuevo en C^Uiito y 
asesinaron á varios realistas, entre ellos al pre- 
sidente conde Ruiz de Castilla. El sucesor de 
éste, D. Toribio Montes, venció á los rebeldes; 
la revolución quedó dominada y se juró en 1813 
la 'Constitución es])añola. En 1820 estallaron 
nuevos movimientos revolucionarios en Guaya- 
quil, Ambatoy Latacunga. Los rebeldes volvie- 
ron á ser vencidos en Huaehi y en Tanizahua,y 
en 1821 el presidente Aimerich derrotó en las 
mi.smas llanuras de Huaehi al general venezo- 
lano Sucre que había acudido en auxilio de los 
quiteiios. Al año siguiente Sucre reorganizó su 
ejército eu C.uayaciuil y abrió nueva campaña, 
con más fortuna, pues ahora venció; Aimerich 
tuvo que capitular y quedó sellada la indepen- 
dencia, Los pueblos de la antigua Audiencia de 
Quito aceptaron -la Constitución de Colombia y 
se incorporaron á esta República. En 1S"26 Guaya- 
quil pretendió declararse estado independiente; 
pero el general Flores la tomó y devolvió la uni- 
dad á la Repiililica colombiana. En 1S28 estalló 
la guerra entre peruanosy colombianos; en 1829 
los primeros toniaron á Gua_yaquil é invadieron 
la provincia de Loja, una y otras recuperadas á 
poco por Sucre. 

Eu 1830, separada ya Venezuela de Colombia, 
los deps. al S. , esto es, Quito, Guayacjuil y Azuay, 
siguieron el ejemplo de aquéllas y formaron un 
nuevo estado con el nombre de Ecuador. La 



ECUA 

Convención do Kíobamha eligió presidente de 
la República al general Juan José Flores y pro- 
niidgo la primera Constitución. En 1833 estalló 
la revolución en (Guayaquil y nombró jefe su- 
premo á U. Vicente Rocafnerte; Flores tomó ú 
Guayacjuil, y Rocafuerte se letiró y estableció su 
gobierno en la l'una, teniendo al año siguiente 
ijue subscribir la paz y avenirse con su rival 
para hacer frente á la nueva revolución que pro- 
clamalja jefe á Ü. José Félix Valdivieso. Roca- 
fuei te, nombrado general en jefe por Flores, se 
puso al fíente del llamado ejercito convencional 
y en los llanos de Miñerica, cerca de Aiubato, 
obtuvo completo triunfo el general de los revo- 
lucionarios 1). Isidoro I'airiga. Reunidala Con- 
vención en Ambato dio en 1835 la segunda 
Constitución y noml)ró presidente de la Repú- 
blica á Rocafuerte. En 1839 el Congreso eligió 
presidente por segunda vez al general Flores y 
en el mismo año se abrieron las relaciones mer- 
cantiles entre España y el Ecuador, celebrándo- 
se un tratado de ]iaz y amistad en 1841. En 1840 
el gobierno ecuatoriano auxilió al de Nueva 
{¡ranada contra los revolucionarios del Canea. En 
1S1:3 se reunió nueva Convención y d la Cons- 
titución de 1835, algo reformada ya en 1838, 
sustituyó lade 1843. Esta reforma, la reelección 
de Flores por un período de ocho años y la ca- 
pitación de 3 pesos y 4 reales decretada por la 
misma Convenciiln, provocaron los movimientos 
revolucionarios do 1844, constituyéndose en 
Guayaquil un gobierno provisional. Libráronse 
encarnizados combates en la Elvira, junto á Ba- 
bahoyoy el Tablón de Maehángara, y aliados casi 
todos los pueldos contra Flores, éste tuvo que 
pedir capitulaciones, abandonar el Ecuador y 
salir para Euro)>a. Congregóse una Convención 
en Cuenca que dio la cuarta Constitución y eligió 
presidente á D. Vicente Roca. El nuevo go- 
bierno tuvo que sofocar varias conspiraciones 
]iromovidas por los partidarios de Flores. El 
Congreso de 18 19 no pudo elegir presidente por 
haberse dividido en dos bandos: uno partidario 
de Noboa y otro del general Elizalde, y se confi- 
rió el poder Ejecutivo al vicepresidente D. Ma- 
nuel Azcá.subi. En 1850 Guayaquil se subleva y 
proclama jefe supremo á D. Diego Noboa, en 
tanto que Manabi y Azuay se declaraban á favor 
del general Elizalde. Ambos partidos, mediante 
un convenio, convocaron Convención en Quito, y 
eu 1851 la Cámara eligió á Noboa, que era el 
candidato del partido clerical, Pero en el mismo 
año el general José María Urbina se apoderó del 
mando supremo, se reunió nueva Convención en 
Guayaquil y reformó la Constitución, decretóla 
abolición de la esclavitud, lade pena capital por 
delitos políticos, el establecimiento de escuelas 
primarias gratuitas y la expulsión de los Jesuí- 
tas. Fué electo presidente el general Urbina bajo 
cuyo gobierno las ideas liberales y la instrucción 
comenzaron á difundirse entre el pueblo. En 16 
de octubre de 1856 terminó .su período presiden- 
cial Urbina y le sustituyó el general Francisco 
Robles. 

Eu 1858 las pretensiones del Perú sobre Gua- 
yaquil y las nuevas contribuciones necesarias 
para sostener la guerra contra esta República, 
provocaron una revolución, y Franco, comandan- 
te general en Guayaquil, se hizo proclamar jefe 
supremo, poniéndose enfrente del presidente 
Robles y del gobierno provisional que la revo- 
lución había organizado en Quito, formado por 
conservadores y presidido por don Gabriel Gar- 
cía Moreno. Casi todos los pueblos se levantaron 
contra Franco, que se apoyaba en los peruanos, 
fué vencido en varios combates, perdió su última 
defensa y la plaza de Guayaquil. En esta cam- 
paña figuró el célebre Flores, que había vuelto 
del extranjero, y puesto al frente del ejército 
combatió contra Franco y recobró su antigua 
influencia. La Convención dio nueva Constitu- 
ción y eligió presidente á García Moreno (1860). 
Volvió á imperar el partido clerical; la instruc- 
ción pública corrió á cargo de los Jesuítas, de 
los Hermanos de las Escuelas cristianas y de 
las Hermanas de los Sagrados Corazones; se ce- 
lebró un concordato tan favorable a los intere- 
ses de la Iglesia como perjudicial á los derechos 
del Estado, con lo que los liberales y demócra- 
tas hallaron armas para promover insurreccio- 
nes y motines. Por otra parte, la guerra civil 
de Nueva Granada ocasionó la necesaria inter- 
vención del Ecuador por haber sido violado el 
territorio de esta República, y en Tulcán fueron 
derrotadas las tropas del Ecuador, sufriendo 



ECUA 

poco después la misma suerte en Cuaspud. El 
general Mosquera, dictailor de Nueva Granada, 
apoyaba á los enemigos de García Moreno, con- 
tinuaban las revoluciones dirigidas por el gene- 
ral ilaldonado, Urbina y otros, á quienes logra- 
ron rechazar las fuerzas del gobierno mandadas 
por el anciano general Flores, que en aquellos 
días murió de enfermedad. La anarquía y la 
guerra civil desolaban el país, y Moreno se mos- 
traba siempre duro y cruel con sus enemigos. 
Las elecciones de 1805 dieron la presidencia á 
otro conservador, Jerónimo Carrión. En 1866 el 
Ecuador so alió con Chile, I'crú y ISolivia con- 
tra España, y después del temerario y afortu- 
nado atai|ue de la escuadra española contra el 
Callao, so temió en el líeuador que rompiera 
también el fuego sobre Guayaquil. El Congreso 
se indis|)Uso con el presidente, que so vio obliga- 
do á renunciar su cargo, y en 1868 le sustituyó 
don Javier Espinosa. Continuó la agitación de 
los paitidos, se previo una revolución general y 
el |)artiilo conservador se adelantó á hacerla el 
16 de enero de 1869. Espinosa renunció. García 
Moreno fué elegido jefe su]ircnio, y la Conven- 
ción reunida en (¿uito lo eligió presidente y dio 
una Constitución excesivamente eon.servadora. 
García Moreno perseveró en su piolítica ultra- 
montana y hubo nuevas protestas y rebeliones 
que el presidente ahogó en sangre. En mayo de 
1875 fué reelegido, pero el 6 de agosto pereció 
asesinado. En nuevas elecciones resultó electo 
el candidato liberal don Antonio IJorrero; sus 
reformas no satislicieron á la opinión, y el ge- 
neral don Ignacio Veinteniilla se sublevó en 
Guayacjuil el 8 de septiembre de 1876 y venció 
á las tropas del gobierno en Galte y la Loma de 
los Molinos. El triunfo de Veinteniilla repre- 
sentaba la reacción contra el partido clerical; los 
liberales extremaron sus odios contra los con- 
servadores, apresando á muchos de éstos y ma- 
tando á algunos. Imperó el mayor desorden 
durante el año 1877, hasta que Veintemilla 
convocó una Convención que se reunió en Am- 
bato á principios de 1878 y dio nueva Constitu- 
ción, eligiendo á aquél presidente de la Reiu'i- 
blica con facultades extraordinarias. Bajo el 
nuevo gobierno aumentaron las rentas del Esta- 
do y se procuró secularizar la enseñanza. En 2 de 
marzo de 1882 Veintiniilla se hizo proclamar 
jefe supremo, esto es, dictador. Entonces se 
unieron contra él conservadores y liberales, ardió 
la guerra civil hasta el verano de 1883, y vencido 
aquél, los tres gobiernos provisionales que se 
habían constituido en (^'uito, en Esmeraldas y 
eu Guayaquil, se pusieron de acuerdo y convo- 
caron una Convención que se reunió en Quito 
en octubre, expidió la Constitución vigente y 
eligió presidente á don José María Plácido Caa- 
maño. La Convención Nacional conlirinó sus po- 
deres en 17 de febrero de 1884. Durante tres 
años hubo tranquilidad; pero á principios de 
1887 se renovó la guerra civil, que pudo domi- 
nar el presidente por poco tiempo, pucstauddén 
se pronunció parte de la guarnición de Ambato, 
proclamando á Larrea jefe del Estado. Tropas 
á las órdenes del coronel Veteri ocu])aron la 
plaza, y muchos de los jefes insurrectos cjuedaron 
prisioneros. Los llamados montoneros, que man- 
daba Ruiz Sandoval, fueron completamente ba- 
tidos en Colonche por una pequeña columua 
que dirigía Bolívar; otro revolucionario, Otoya, 
fué también derrotado. El Congreso, que ter- 
minó sus tareas en agosto, sancionó varias re- 
formas eu la Constitución, necesarias para con- 
servar el orden. En 1888 (30 junio) fué elegido 
presidente don Antonio Flores. El alto clero le 
ha suscitado algunas dificultades y han surgido 
violentas polémicas entre ultramontanos y ra- 
dicales. 

- Ecu,4D0r.: Gcog. Caserío agregado al ayun- 
tamiento de Santa Cruz del Sur, p. j. y prov. de 
Puerto Priucipe, Cuba. 

ECUAMENTE: adv. m. aut. Con igualdad ó 
equidad. 

ECUANDUREO: Geog. Municip. del dist. de 
la Piedad, est. de Michoacán, Méjico; 7 700 
habits. distribuidos en el pueblo de Ecuaudureo, 
las haciendas de Quirinquicharo, Colecio y las 
Fuentes y 14 ranchos. || Pueblo cabecera de la 
municip. de .su nombre, dist. de la Piedad, es- 
tado de Michoacán, Méjico, sit. á siete leguas 
al N. de Zamora; 330 habits. Fué fundado 
en 1562. 



ECUA 

ECUANIMIDAD (fiel lat. acquanimUas ): f. 
Igualdad y constancia do ánimo. 

... porque pueda con buena ecuanimidad 
y paciencia, tolerar la tristeza jue el corazón 
recibe. 

Doctrinal de Caballeros. 

Si quiero conferir de la ecuanimidad, ocu- 
rre Licurgo, que se dejó morir de hambre. 
Fk. Pedro Mañero. 

-Ecuanimidad: FU. La ecuanimidad, pre- 
sencia de ánimo ó valor moral, indica la línea 
media que ha de tomar el sujeto sensible, ante 
la diversidad de emociones que más ó menos 
fuertemente le impresionan. La ecuanimidad es 
la ratio regendoRanwii; es lo que algunos deno- 
minan santidad y beatitud de la vida afectiva. 
Xihil mirari preceptuaba la sabiduría antigua 
para conseguir la felicidad. Como el sentimiento 
no es pasivo, sino reactivo sobre las impresiones 
y afecciones recibidas (pues no es lo mismo la 
receptividad que la pasividad), debo determi- 
narse en la justa ponderación y equilibrio de 
auibos elementos (la receptividad y la reacción), 
para lo cual se necesita que intervenga la razón 
en la vida afectiva y produzca la ecuanimidad. 
Así, es la ecuanimidad la parte que toma la razón 
en la vida emocional ó afectiva. Ya lo decía Sé- 
neca: Sivis Ubi ormda siihjicere, le subjice ralioni. 
Si quieres dominarlo todo, déjate dominar por la 
razón. La doctrina de la ecuanimidad ha llega- 
do en los cínicos, después en los estoicos, y por 
último en ios ascetas, de exceso en exceso de 
abstracción, á negar la vida afectiva, llegando á 
la indiferencia y á pretender que la razón snjila 
toda la virtud y energía de las emociones. La 
legitimidad que tiene tal pretensión, la parte 
de verdad que encierra, se halla en la considera- 
ción, que nunca debe ser preterida, de que la 
emoción momentánea debe ser concertada con 
las anteriores, y aun ordenada en previsión de 
las que nos puedan afectar. Para establecer orden 
en nuestros afectos y no oscilar ciega é imprevi- 
soramente como péndulo movido al acaso entie 
el paroxismo de la pasión y la indiferencia de 
todo afecto, es preciso el concierto de aquello 
que ahora y en todo momento nos impresiona 
con lo que ya nos ha impresionado, y aun con lo 
que prevemos que pueda en lo sucesivo impre- 
sionarnos. Debemos aplicar por tanto el precep- 
to de Espinosa: Vivcre stib specie oeternitatis. 
Pero de tan sana prescripción á la abstracta, 
formulada en general por el estoicismo, Snsline 
et ahsline, media gran distancia. Las abstraccio- 
nes de que proceden los cínicos, estoicos y as- 
cetas tienen su génesis en el error de considerar 
toda afección (sin atender á su cualidad) como 
nuila. Para ellos toda afección es jjcrtxírbatio 
animi. Partiendo de este supuesto, hay necesi- 
dad de recomendar que se evite cuidadosamente 
la perturbación del ánimo, ó que se huya en 
general do toda afección, lo cual equivale á ne- 
gar la vida del sentimiento. Esta doctrina, en- 
gendrada por una posición sujetiva é insosteni- 
ble, abstracta y no real, ha de verse constante- 
mente contradicha en la práctica, y en los cíni- 
cos y estoicos implica un orgullo desmedido, 
mientras que en los humildes ascetas supone 
una sensibilidad refutada y combatida por im- 
pura, ante la esperanza de una sensibilidad más 
exquisita y mas perfecta. Proceden nuestros su- 
frimientos, dicen los estoicos, del desacuerdo en- 
tre nuestros deseos y las leyes del mundo, y do 
allí la necesidad de cambiar uno de los términos 
para ponerle en armonía con el otro. Como las 
leyes del mundo exceden de nuestro dominio y 
sólo la voluntad es nuestra , con ella debemos 
negar todo lo que perturba nuestro ánimo (toda 
afección). Esta tranquilidad éindeferencia, ideal 
iua.sequiblc, pues aunque sea nuestra la volun- 
tad, sujeta so halla á reglas; esta negación á 
todo afecto, es una ab.stracción que no llega 
jamás á la ecuanimidad. 

ECUANTE (del lat. acquans, aequántis): adj. 
ant. I(;UAi., do la misma naturaleza, cantidad 
ó calidad (¡ue otra cosa. 

Que les dennie.stra los días EOUaNTES 
Del equinoccio con graiule calor. 

Juan de Padilla. 

ECUATOR: m. Asirán. Ecuador. 

ECUATORIAL (de trunliirj: adj. Aslron. I'er- 
teueciente ó relativo al Ecuador. 



ECUM 

-Ecuatorial: f. Aslron. Máquina ó instru- 
mento compuesto de un eje y dos círculos per- 
fectamente graduados, y de nn gran anteojo 
movible; la cual puedo con la mayor facilidad 
y precisión describir cualquier paralelo de la 
esfera celeste. Sirve para determinar la ascen- 
sión y declinación de un astro, y la diferencia 
con que respectivamente ascienden y declinan 
dos astros muy próximos uno á otro. 

ECUATORIANO, NA (de ccuator): adj. Natu- 
ral del Ecuador. U. t. c. s. 

- Ecuatoriano: Perteneciente á esta Kepú- 
blica de América. 

ECUEILLE: Geog. Cantón del dist. do Cha- 
teauroux, dep. del Indre, Francia; 10 municipios 
y 8 000 habits. 

ECUESTRE (del lat. íquístris; de í<ptcs, caba- 
llero): adj. Perteneciente ó relativo al caballe- 
ro, ó al orden y ejei'cicio de la caballería. 

... permanecieron en el orden ecuestre, 
que era media entre los patricios y los ple- 
beyos. 

Pedro Me.jía. 

... su padre fué del orden ecuestre y de la 
real sangre de los volscos. 

Mariana. 

- Ecuestre: Perteneciente ó relativo al ca- 
ballo. 

— Buena ha estado la ocurrencia 
Del certamen borrical. 
- ¿Certamen? Si, en la pradera 
Ha habido juegos ECUESTRES. 

Bretón de los Herreros. 

...; (la primera diligencia del alcahle de ba- 
rrio era) tomar re^jiecto á los mancebos y ofi- 
ciales una actitud de estatua ECUESTRE; etc. 
Mesonero Romanos. 

La noche que siguió á mi hazaña ecuestre, 
Pepita me recibió entusiasmada, etc. 

Valera. 

ECÚLEO (del lat. equüUus): m. ant. PoTEO, 
cierta máquina de madera, sobre la cual senta- 
ban y atormentaban á los delincuentes que es- 
taban negativos, para hacerles que confesasen 
ó declarasen la verdad de lo que se les pregun- 
taba. 

Era cosa muy ordinaria el tormento del 

ECÚLEO, el cual era un instrumento de madera 

á manera de caballete con sus ruedas á los 

cabos, para estirar y desconyuutar al mártir. 

RlVADENElRA. 

Ponerse á catequizar á uno destos y á con- 
fesarle, es lo mismo que ponerse en nu potro, 
ó en un ECÚLEO. 

Ovalle. 

ECUMÉNICO, CA (del gr. otxou|JLEvixo'!;; de 
o!/.OJ¡J.ivr¡, la tierra habitada ): adj. Aplícase á 
los concilios cuando son generales. 

... que por orden del papa Celestino y del 
emperador Teodosio se convocase concilio ge- 
neral y ECUMÉNICO en la ciudad de Efe.so. 

RlVADENElRA. 

- Ecuménico: Hist. cchs. No solamente tiene 
esta palabra la significación de universal cuan- 
do se aplica como calilicativo délos concilios, 
sino que también implica una dignidad y título 
eclesiástico. 

Cuando el emperador Constantino hubo tras- 
ladado la corte imperial á Bizancio, dándole el 
nuevo nombre de Conslanlinojila, declaró que 
esta ciudad gozaría do todos los honores, dere- 
chos y privilegios que se concedieron en otro 
tiempo á la antigua capital del Imperio. Por 
consiguiente, los obispos de Constantinopla se 
figuraron que debían tener en todo el Oriente la 
mi.sma jurisdicción que los Pontífices romanos 
ejercían sobre el Occidente. El año ;i81, el pri- 
mer concilio celebrado en esta ciudad, .segundo 
general, declaró en el tercer canon que el obisjio 
de Constantinopla tendría las prerrogativas de 
honor después del Pontífice romano, por ser una 
Roma. De este modo se halló el obispo do Cons- 
tantinopla superior á los Patriarcas de Alejan- 
dría y Antioi]UÍa, que reclamaron en vano igual- 
mente que los Papas, contra esta vari.ación do 
disciplina. 

En el concilio de Calcedonia, año de 'l.'il, los 
sacerdotes y diáconos de la Iglesia de Alejandría 



ECUO 



47 



presentaron al Papa San León, que le presidía 
por sus legados, una petición concebida en estos 
términos: Al Santísimo y Beatísimo Patriarca 
ecuménico de la gran Roma, León. De aquí to- 
maron los obispos de Constantinopla ocasión do 
titularse también Patriarcas ecuménicos, cou el 
pretexto de que se dio este título á San León, 
aunque esto santo Papa nunca lo había usado. 
El año de 518 Juan III, obispo de Constanti- 
nopila, y el de 536 Epifanio, tomaron también 
este título; pero Juan VI, por sobrenombre el 
Ai/iinador, lo tomó aún cou más pompa en un 
concilio de todo el Oriente convocado el año 
687, sin conocimiento del Papa Pelagio II. 
Este Pontífice y sucesor de San Ciregorio Magno 
condenó todos estos pasos, aunque en vano; los 
sucesores de Juan el Ayunador conservaron 
siempre este título, á pesar de todo, y se vio 
también que uno lo tomó hasta en el concilio 
de Basilea el año 1431. 

Esta cualidad no sólo debe su origen al orgu- 
llo y ambición de los personajes que se acaba 
de nombrar, sino que también es equívoca. En 
efecto, por Patriarca ecuménico se puede consi- 
derar á aquel cuya jurisdicción se extiende uni- 
versalmente á toda la Iglesia, ó al que se mira 
él solo como obispo soberano, que no considera á 
los demás sino como sus vicarios y sustitutos, ó 
en fin, aquel cuya autoridad se extiende á una 
gran parte del mundo, tomando la palabra grie- 
ga o!zou|jisv7], no por el mundo entero, sino por 
una vasta extensión de país, como lo hizo San 
Lucas, II, 1. El primero de estos tres sentidos, 
que es el más natural, fué el que adoptó el con- 
cilio de Calcedonia, cuando quiso c|ue se diese á 
San León este título. Los Patriarcas de Cons- 
tantinopla sin duda le tomaban en el tercer 
sentido para apropiarse la jurisdicción sobre 
todo el Oriente, lo mismo que el primer doctor 
déla Iglesia sollamó también doctor ecuménico, 
pero lo tomaron mal si por esto pretendían ex- 
cluir á los Papas de toda la jurisdicción sobre 
las Iglesias orientales, como lo hicieron después. 
El segundo sentido es evidentemente absurdo; 
sin embargo, parece que fué el que atribuyó San 
Gregorio Maguo á los Patriarcas de Constanti- 
nopla, porque dice que el título de Patriarca 
ecuménico es una lilasfemia contra el Evangelio 
y contra los concilios; que el que lo toma pre- 
tende ser el único obi.spo, y priva á todos los 
demás de una dignidad que les corresponde por 
institución divina. 

En el día todos los Patriarcas griegos toman 
el título de ecuménicos, como igualmente los 
Pati iarcas jacobitas , nestorianos y armenios 
toman el de católicos, que es lo mismo que el 
de universales ; pero esta universalidad sólo 
comprende la extensión de su secta (Ducauge, 
Glossar. Latín). 

Los protestantes, que refieren con complacen- 
cia esta pretensión de los Patriarcas de Constan- 
tinopla , porque mortifica á los Papas, se ven 
precisados á confesar lo funesto de sus conse- 
cuencias. Esto es lo que produjo entre estos 
Patriarcas de Constautinoplay los de Alejandría 
el odio y envidia que resultaron en el siglo V, 
des]niés del concilio de Calcedonia, por el cisma 
de Dió.scoro y los eutiquianos, y lo que dio mar- 
gen al cisma entre los griegos y latinos, princi- 
pi.ado por Focio en el siglo IX y consumado por 
Miguel Celulario en el siglo xi. Desde aquel 
momento , privados del auxilio de los latinos, 
no pudieron defenderse contra los turcos que los 
opiimían (Moshoim, Ifisl. celes, del siglo V, se- 
gunda parte, cap. I, par. 1; siglo IX, segunda 
parte, c. ra. , par. 26, etc. ). 

Empero los griegos, á pesar de su animosidad 
contra la Iglesia romana, conocieron como ella la 
necesidad de una cabeza, y atribuyeron al Pa- 
triarca do Constantinopla una autoridad más 
absoluta sobro las Iglesias orientales que la quu 
ejercían antes los Papas; de esto modo condena- 
ron y condenan aún en el día con su conducíala 
anarquía do los protestantes. 

ECUO, CUA(del lat. acf/uiís^: adj. ant Recto, 
justo. 

... lo cual parece harto ECU" y justo, y por 
la costumbre general , recebido ó interpre- 
tado, 

AZPILCUErA. 

ECUO.CUA: adj. Dícese del individuo de uu 
antiguo pueblo del Lacio. U. m. c. s. y en pl. 

- Ecuo: Perteneciente áesto pueblo. 



48 



ECZE 



ECUÓREA (del lat. Mquor, Uainira Jcl iiiai): 
f. üou!. Género ilo (.■clouttiins iiiJaiios, de la 
clase de las liidioiiicdusas, orden de los liidioi- 
doos, siilifiideii de los i'am)«uiiilanos, faniilia de 
los ecuóiidos. Comiireiide las especies Acquurca 
ulhidii, Ac. ciliata y Ai, Fonkatia. 

ECUÓREO, REA (del lat. (icqul/rüiis; do árguor, 
llaniua del inai): adj, poét. Peiteiicciente al 
mar. 

ECUÓRPDOS (de ecuórea): m. ¡il. í^oo!. Fami- 
lia de Célentenos niilarios, de la clase de las 
Iiidromednsas, orden do los hidroideos, .suborden 
de lo.s cainpanulario.s. Los eeiióridos son niedus.is 
anchas, discoides, con podiineido Imcal cuno, 
ancho y membranoso; liordo de la booa mnlti- 
lobnlado; canales radiales y lilanientos mar;;i- 
nules numerosos, con vesículas marfíinale.;; los 
órganos genitales forman bandas salientes en los 
canales radiales; rurmaii colonias .semejantes por 
.su forma á los de las canipanuhiridos. Esta fa- 
milia comprende los f¡¿i\cros Acqit«na, Itltcjma- 
todcs y aiumobrac/i htm. 

ECURY-SUR-COOLE: 6Ve;/. Cantón clel distrito 
de Clialiins.dop. del Marnc, Francia; 28 munici- 
pios y 7 000 liabits. 

ECUULA (del lat. cqi¿us caballo): f. Zoo?. 
Género de peces telcosteos acantópteros ])ropia- 
mento tales, de la familia de los escúmbridos. 
Com]U'ende este género unas veintidós especies, 
todas de pequeño tamaño, (¡uo habitan cu el 
Océano Indico. Se alimentan de pececillos y de 
insectos, í[ue apresan con facilidad extendiendo 
súbitamente el hocico, (jue es muy protráctil. 
Se distinguen a<lcmás por tener la frente plana, 
cóncava cutre los dos ojos; cuerpo oblongo y 
comprimido cubierto de escamas delgadas y lisas; 
bordes del dorso y del vientre festoneados á lo 
largo de las aletas; una .sola dorsal con muchas 
espinas, la primera muy alta; linea lateral para- 
lela al dorso, y aleta caudal ahorquillada. 

ECZEMA (del gr. £zí^-¡ia; de ly.Xv.'i, hervir): 
m. .!/■</. Según Willau, Bateman, yposteriormen- 
te Bazín ,• afección cutánea caracterizaila por 
vesículas muy próxim.as entro sí, que contimien 
uu líc|UÍdo seroso y transparente, y que termi- 
nan i)or la reabsorción de este líquido, ó, más á 
menudo, jíor cscoriaeioncs su¡)erlicialesacom]ia- 
ñad.as de una exhalación serosa, ú la cual sucede 
la descamaeióu de la epidermis. 

Según llébra, Ilardy y Erasmo 'Wil.son, afec- 
ción superlicial de la piel ó de las manos, cuyo 
principio puede marcarse por lesiones elementa- 
les diversas, en la cual pueden faltar las vesícu- 
las, y cuyos principales caracteres son la rubi- 
cundez, una secreción sero.sa óseropuruleuta y 
una exfoliación de la epidermis. 

Para Dechambre, la erupción eczematosa se 
halla caracterizada ¡lor la formación de vesícu- 
las, ó pájiulas aglomeradas, ó placas rojas, cu- 
biertas ó no de escamas ó de costras, y acompa- 
ñada de comezón; da lugar á exudación de sero- 
.■^idad ó de uu liquido seropurulcuto cajiaz de 
concretar.se bajo la forma de costras; es enfer- 
medad no contagiosa. 

Casi todos los dermatólogos modernos hacen 
entrar en el cuadro del eczema afecciones con- 
sideradas antes como géneros distintos: el calor 
y la comezón, la rubicundez (algunas veces pun- 
teada) de la piel, las ulceraciones superficiales, 
la secreción seropurulenta que da lugar á la for- 
mación de costras, la descamación epidérmica... 
son los síntomas que caracterizan al eczema; 
pero la erupción inicial no se halla forzosa y 
únicamente constituida por vesículas; puede 
tamliién consistir (y esto tiene interés práctico) 
en la presencia de pústulas, de pápulas, de fisu- 
ras, de escamas, etc., ó en una mezcla ú sucesión 
de esas diversas lesiones. V. Dkrm.\tosis. 

He aquí una clasificación (fundada en esa 
variedad de lesiones) de las diversas formas que 
puede presentar el eczema (Hardy, Hebra): 
1." Eccema rojo, variedad caracterizada sobre 
todo por la agudeza y la generalización de la 
cruiwióu, que la asemeja, lo mismo que los 
feuómeuos graves que la acompañan, á las fie- 
bres ertiptivas. 2.° Eczema shnph ó vesiculoso, 
variedad frecuente, ¡lero no constante, como en 
otro tiempo se creía. 3." i'crcnia/icíirfírfo, carac- 
terizado por fisuras de la epidermis, superficiales 
y secas, profundas, y que segregan un liquido 
seroso. 4.° Eczcyna pustuloso, en el cual las vesí- 
culas son reemplazadas por pústulas, y que no es 
otra cosa que el impüiyo. 5." Ecuma escaiiwso, 



Casquete para el eczema 
de la cabeza 



ECZE 

variedad do eczema descrita impro]jiamcDte 
como un género esjiecial de dermatosis, con el 
nombre de ;<iVm«.sis (V. Pítiiíiasis). 6.° Ecze- 
ma liqtuiiuUle, qne no es una oiupción papu- 
losa especial que merezca el nondire particular 
de liquen, sino una simple variedail de eczema. 
7." Eczema liíjiertrójico, que en realidad es el 
liquen hipertrófico. V. LlQüE.v. 

El eczema se desarrolla en los individuos lin- 
fáticos, esciofulosos, reumáticos, etc. Puede na- 
cer en pos de insolaciones, de la acción de cuer- 
pos irritantes, fricciones diversas, sobre todo 
i'riccioMes mercuriales, en la época de la etlad 
crítica, en el momento del parto ó de la lactan- 
cia; en los niños en la época de la dentición ó 
del destete, etc. 

Comienza la enfermedad por la aparición, en 
la piel, de ¡ilacas rojas, salpicadas de imntos 
más oscuros, pruriginosas,y en cuya siii)crficie 
se desarrollan, ora vesículas muy linas y nume- 
rosas, que en ocasiones se reúnen para formar 
flictenas, ora pequeñas pápulas, ora, en fin, ver- 
daderas pústulas. Bien pronto, á la vez que en 
diversas partes del cuerpo se notan nuevos bro- 
tes de la enfermedad, aparecen, al nivel de las 
placas prindtivas, ex- 
coriaciones con exuda- 
'iiin de una serosidad 
! irnlenta. El liquido 
■10 (luye tiene consis- 
:icia gomosa, casi 
; . mpre de color cetri- 

no, á menudo colorea- 
do por pus, sangre ó 
laminillas epidérmi- 
cas. Este liquido se 
concreta bajo la forma 
de costras más ó me- 
nos gruesas, que caen y se reproducen fácilmente. 
Cuando caen defniitivamenie y la enfermedad 
camina á la curación, la piel subyacente apa- 
rece, bien roja, bien como rcsquelir.ajada, des- 
camándose bajo la forma de placas, y más tarde 
de polvillo harinoso, hasta recobrar la coloración 
normal. 

Ya queda dicho i|ue el eczema puede produ- 
cir fiebre. Deterniina una sensación de quema- 
dura y comezón, á veces 
insoportable. Casi siem- 
pre va acompañado de 
trastornos digestivos y 
síntomas nervicsos. 

Puede ocupar todas 
las regiones del cuei po, 
pero prineipalmente la 
cabeza, las ortq'as.el dor- 
so de las manos y de los 
pies, las axilas, las ma- 
mas, las partes genita- 
les, etc. ; algunas veces 
invade también las 
memliranas mucosas. Las 
diarreas, las bronquitis, 
y otras afecciones suelen 

alternar en 7nuchos individuos eczematosos con 
las manifestaciones cutáneas de la enfermedad. 
No es grave el eczema, y sin eml)argo su 
rebeldía preocupa en muchos casos al paciente 
y al médico. 

Para combatirle se han empleado las más di- 
versas medicaciones. Al princi|)io pueden ser 
útiles los emolientes (baños locales de almidón 
y de salvado, lociones con 
aguado malvavisco, etc.); 
tamlnén .se han u.sado los pol- 
vos de almidón, de bismuto, 
p' " ■' i lie licopodio, etc. A estos me- 
dios locales convendrá asociar 
el uso de tisanas refrescantes, 
aniargas ó acídulas (cebada, 
saponaria, h'ipulo, achicoria y 
pensamiento silvestre, limo- 
nadas, etc.). Cuando hay se- 
creción y ulceración déla piel, 
los purgantes repetidos pue- 
den ejercer una acción favo- 
rable sobre el curso de la en- 
fermedad ; en tal concepto , 
son preferibles los jiurgantcs salinos (aguas de 
Montmirail, de Chatelguyon, de Pullna, Kisnin- 
gen; en España las de Carabaña, Loeches, liu- 
binat, etc.). Aun en este período inicial pticde 
ser útil la medicaci/ii ]ior el arsénico (arseniato 
de sosa, licor de Fowler, etc.). Más tarde con- 
viene hacer que caigan las costras por medio de 




Mascarilla para 
el eczema de la cara 



I 



fíumilcde (toma 
para el eczema 
de la mano 



:J 



v__ 



Calrettn de goma 
para el eczema 
del pie 



ECZE 

lociones emolientes ó de cataplasmas de fécula 
de patata, envolviendo con telas de gouja las 
superficies segregantes. (En el Hospital de San 
Luis lie París existen muchos aparatos de goma 
con ese objeto. Los 
gi abados insertos en 
el texto de este artí- 
culo dan idea de lo.-, 
mismos). 
Vj^Vij Las pomadas y un- 

güentos, tan reco- 
mendados en ocasio- 
nes, son más perjmli- 
cíales que útiles. Úni- 
camente podrán acon- 
sejarse como antisép- 
ticas las de precipita 
Suspensorio de goma para do blanco, ueido bó- 
el eczema del escroto rico, que á la vez fa- 
cilitan la caída de las 
costras, sin que irriten éstas al enranciarse la 
manteca que entra en la composición de aqué- 
llas. 

En los eczemas rebeldes puede emplearse el 
método SHstitutivo, pero con la condición do 
vigilar mucho sus efectos. Las lociones con di- 
soluciones de sublimado calman casi siempre la 
comezón. 

En las formas crónicas se prescribirá cou 
ventaja la medicación arsenical y la sulfurosa. 
Para evitar el retorno de la enfermedad se re- 
currirá á las aguas minerales (AixlaChapelle, 
I'agncrcsde Luehón; en España, Ontaneda, Pa- 
r ac u lí 1 1 os , Fuentcpodrida, 
la Puda, Gaviria, Salinelas ■■ „,, 
de Novelda y otrasmil); por ^^jj 
lo demás, el tratamiento hi- V \ 
dromiueral del eczema pre- 
senta indicaciones muy va- 
riables según la forma, na- 
turaleza y gravedad de la 
afección. 

Claro es que se tratará 
siempre la enfermedad te- 
niendo en cuenta la ccnsti 
tución del individuo y no só- 
lo y exclusivamente la naturaleza de la afección. 

ECHÁBARRI: Gcoff. Lugar en el ayunt. de 
Aracpiil, p. j. de Pamplona, prov. de Navarra; 
15 edifs. 

ECHAC ó ICHAC: fíeog. C. del dist. de Haza- 
ril>agh, inov. de Chota-Xagpur, Bengala, In- 
dostan; 10 000 habits. Sit. 13 kms. al N. de 
Hazaribagh, cerca de las fuentes del Damuda 
(cuenca inferior del Ganges). 

ECHACANTOS: ui. fam. Hombre desprecia- 
ble, y que naila supone en el mundo. 

jVes tú que eres más veces echacantos 
que tiraoiedras? 

Qi'EVEno. 

Con los poetas echac^vütos que li.iy al 
presente, se puede levantar un refugio como 
una casa. 

Manuel de León. 

echacorvear: n. fam. Hacer ó tener el 
ejercicio de echacuervos. 

ECHACORVERÍA: f. fam. Acción propia de 
echacuervos. 

-Echacorvería: fam. Ejercicio y profesión 
de alcahuete. 

ECHACUERVOS: m. fam. Alcahuete. 

Pero ¿oiiién me hace á mi portazguera de 
pulpito, ¿i alcab.alera de ECnACtii.Bvos? 
Za Pícara Justina. 

- Echacuekvos: fam. Hombre embustero y 
despreciable. 

Es oficio de ECHACUERVOS, vagabundos, y 
gente que por uu pedazo de pan niicuten muy 
largo. 

P. Juan de Torees. 

I-.., pensarán que soy yo algún echacuer- 
vos (dijo don Quijote), ó algún caballero de 
mohatra? 

Cervantes. 

- Echacuervos: fam. Predicador ó cuestor 
que illa por los lugares predicando la Cruzada. 

-Echacuervos: fam. En algunas partes, el 
que predica la Bula. 



ECHAG 
ECHADA: f. Acción, ó efecto, de echar. 

La ECHADA de una piedra. 

Diccionario de la Academia. 

- Echada: Espacio que ocupa el cuerpo de 
un hombre tendido en el suelo. U. en las apues- 
tas á correr, en las cuales el más ligero suele 
dar al otro una ó dos eohada.<! de ventaja. 

La razón porque en nosotros lleva tanta ven- 
taja la carne i, la razón, es, porque ésta le da 
tant.as echadas á la carne , cuantos días y 
años está echado el nso de la razón, y en ese 
tiempo la carne camina apriesa con sus apeti- 
tos y pasiones. 

P. Jerónimo de Florencia. 

Con la muerte corrió una vez desnudo, 
Y dándole una echada de ventaja. 
Cuando se quiso levant.ir no pudo. 

Lope de Vega. 

-Digo, 
Que podéis dar cuatro echadas 
De blancura al mismo armiño. 

Rojas. 

ECHADERO: m. Lugar ó sitio donde uno so 
echa para dormir ó descansar. 

ECHADILLO, LLA: adj. fam. ECHADIZO, ex- 
pósito. U. t. c. s. 

ECHADIZO, ZA: adj. Enviado con arte y disi- 
mulo para rastrear y averiguar alguna cosa, ó 
para soltar al desgaire alguna especie. U. t. 0. s. 

...;cuál para d!ir picón, pasaba por el te- 
rrero con una mujer de la mano; y cuál ha- 
blaba con una criada echadiza, que le daba 
uu recado. 

Quevedo. 

- Echadizo: Esparcido con disimulo y arte. 

- Echadizo: Que se desecha por inútil. 

-Echadizo: ant. Que se puede echar ó le- 
vantar. 

-Echadizo: fara. Expósito. U. t. c. s. 

ECHADO, DA: adj. ant. ECHADIZO, expósito. 
Usáb. t. c. s. 

ECHADOR, RA: adj. Que echa ó arroja. Usa- 
se t. c. s. 

¡Oh! .Júpiter amable, hospedable, amigable, 
vestal, ECHADOR de los rayos. 

£1 Comendador Griego. 

... nombre de Fulnmiatrix que se dio á 
aquella legión, y quiere decir echadora de 
rayos, etc. 

Mariana. 

ECHADURA: f. Acción de echarse; pero no 
suele tener uso sino hablando de las gallin.as 
cluecas cuando se les ponen los huevos para que 
los empollen. 

Es una ECHADURA venturosa, que no sale 
huevo güero. 

Er. Cristóbal de Fonseca. 

-Echadura: Aechadura. U. m. en pl. 

-Echadura: ant. Tiro ó alcance del tiro do 
una cosa; como piedra, etc. 

- Echadura de pollos: Nidada de ellos. 

ECHAGÜE: Ocog. Lugar en el ayunt. de 01o- 
riz, p. j. do Tafalla, prov. de Navarra; 10 edifi- 
cios. 

-Echagüie: Gcog. Aynnt. en la prov. Isabela 
do Luzón, Filipinas; 3705 habits, Sit. al S. de 
Anyadanán, á la izquierda del rio de Cagayán. 

-EcHAfiiJF, (Rafael): Biog. Teniente Gene- 
ral español. N. en San Sebastián el 13 de febre- 
ro de 1.S13. U. en Madrid el 23 de noviembre 
de 1887. Hijo de D. Joaquín Vicente de Echa- 
güe y de doña María Josefa Bírmingham y Mea- 
gor. Siguió la carrera militar y era capitán >á 
los dieciocho años de edad. Tomó parto en la pri- 
mera guerra carlista, primero como ayudante de 
campo del gencralO'Donnell y después como co- 
ronel de un regimiento do infantería. En 18.51 
so unió á su antiguo jefe para reprimir por la 
fuerz.-i las intrigas palaciegas y lo.s movimientos 
reaccionarios. Cuando la insurrección do junio 
do 18.54 su regimieuto fué uno de los sublevados. 
En recompensa á los servicios que había pres- 
tado ala libertad fué Echagüo promovido á ge- 
neral por O'DonucU. Cuando la guerra de AfrTca 
Tomo Vil 



ECHAI 

Echagüe, al fren te do la primera división, libró las 
primeras acciones al pie de las murallas de Ceu- 
ta. En los días 19, 20, 24 y 25 de noviembre de 
1859 se dieron las memorables acciones que 
produjeron la gloriosa toma del Serrallo por el 
cuerpo de ejército que mandaba aquel ilustre 
general. Por los méritos contraídos en la guerra 
do África, y singularmente en las acciones cita- 
das, el rey D. Amadeo de Saboya creó á Echa- 
güe, por decreto de 27 de marzo de 1871, conde 
del Serrallo. Durante la última guerra civil 
prestó nuevos y grandes servicios como general 
en jefe de los ejércitos del Norte y del Centro, 
habiéndose distinguido sobremanera en la toma 
do las alturas de las Muñecas, y contribuido 
en primer término al levantamiento del sitio de 
Bilbao. Teniendo en cuenta estos servicios, el rey 
D. Alfonso XII elevó el título de conde del Se- 
rrallo á la grandeza de España por decreto do 12 
de abril de 1876. El general Echagüe fué primer 
conde del Serrallo, grande de España, coman- 
dante general primer jefe del Real cuerpo de 
guardias alabarderos de S. M. , gentilhombre do 
cámara con ejercicio y servidi\mbre, senador 
vitalicio del reino, gran cruz de Carlos III, 
Isabel la Católica y San Hermenegildo, gran cruz 
de la Concepción de Villaviciosa do Portugal, 
condecorado con la cruz de segunda y tercera 
clases de la Orden militar de San Fernando, gran 
oficial de la Legión de Honor de Francia, y co- 
mendador de la Orden de Cristo de Portugal. 

ECHAGÜEN: Gcog. Lugar en el ayunt. de Ara- 
maj'ona, p. j. de Vitoria, prov. de Álava; 12 
edificios. II Lugar en el ayunt. de Cigoitia, par- 
tido judicial de Vitoria, prov. de Álava; 41 edi- 
ficios. 

ECHAIDE (Ju.\N DE): Biog. Navegante espa- 
ñol. N. en .San Sebastián (Guipúzcoa) hacia 
1577. M. hacia 1657. Fué, en opinión de algunos, 
el descubridor de Terranova. Martín Fernández 
de Navarrete, en la introducción que puso á su 
importante Colección de los vitijcs y descubri- 
mientos que hicieron jior mar los españoles ^ i\\]o 
que los vascongados suponían á Echaide descu- 
bridor de Terranova, pero no discutió ni refutó 
la afirmación que consignaba. En la información 
jurídica que se hizo en la ciudad de San Sebas- 
tián elañodo 1697, y quesirve de base á la con- 
troversia moderna, se examinaron quince testi- 
gos, así guipuzcanos como franceses, y uno de 
ellos, Martín de Sapiain, nacido en San Sebas- 
tián, decía: «Que en el tiempo de su memoria, 
que la tiene de cuarenta y ocho años á esta par- 
te, había visto que los naturales de esta provin- 
cia han ido á las islas y costas do Terranova á 
hacer pesca de bacalao en cualquier puerto, como 
son Tiaspaz, Santa María, Cunillas, Placeucia, 
Petit Placeneia, Petit Paradís, Martiris, Burria- 
chumea, Burria Andia, San Lorenzo Chumea, 
San Lorenzo Andía, San Fierre, Fortuna, Mi- 
quele Portu, Chasco Portu, Señoría, Opot Portu, 
Tres Islas, Portuchoa y Echaide Portn. Que este 
último lo descubrió Juan de Echaide, natural y 
vecino que fué de esta ciudad, á quien conoció 
el testigo, que murió ahora cuarenta años, poco 
más ó menos, siendo al tiempo de cerca de ochen- 
ta años. Que en ninguno de los dichos puertos so 
les había puesto nunca embarazo ni impedimento 
por siibditos del rey de Francia nido otro algún 
reino, y que, sin distinción ni prelación, tenía 
la preferencia en cualquiera el que primero lo 
ocupaba, según costumbre observada de tiempo 
inmemorial, sin que haya memoria de hombres 
en contrario, y así lo ha visto practicar hasta el 
presente año que lo han embarazado los france- 
ses; y además de haberlo visto, oyó decir lo 
mismo al citado Juan de Echaide y á Martín 
do Echaide y á otros ancianos vecinos de la 
ciudad, con referencia á sus mayores, y dijo ser 
de eilad do sesenta y dos años. ¡¡> Por las fech,as 
citadas puede verse que Juan de Echaide, su- 
puesto descubridor de Terranova, dado que no 
tuviera más de veinte años cuando capitaneaba 
un bajel y alcanzalia el derecho de imponer su 
nombre :i puerto que no lo tenía, lo bautizaba 
por los años do IGOO, ó cuando más por los do 
1598, en que nadie sostendrá que so descubrió la 
i.sla ni los bancos. Cierto es que hasta el día no 
ha logrado resolverse el problema del descubri- 
miento do Terranova, al ]ninto do esclarecer la 
fecha del mismo y el hombro que vio por pri- 
mera voz su continente, y la opiniíuí que adju- 
dica esta gloria á Juan de Echaide resulta inad- 
misible, porque so conoceu documentos segúu 



ECHAR 



49 



los cuales es evidente que los españoles conocían 
aquella tiena en el primer cuarto del siglo xvi. 

ECHAILLÓN (L'): Geog. Aldea del cantón do 
Sassenaga, dist. de Grenoble, dep. del Isíire, 
Francia; baños sulfurosos y canteras de mármol 
rosa. IIAldea delmunicip. deSaint-Jean-de-Mau- 
rienne, dep. de 'Saboya, Francia; sit. frente á 
frente de la unión del Arvant y el Are, al pió 
de escarpada roca; aguas termales salinas y ga- 
seosas. 

ECHALAR: Geog. V. con ayunt, p. j. y dióce- 
sis de Pamplona, prov. de Navarra; 1 422 habi- 
tantes. Sit. en la parte N. O. de la prov., cerca 
de Francia y á la derecha del Bidasoa. Es una 
de las cinco villas que se llaman de la Montaña. 
Terreno montañoso y quebrado; cereales, frutas 
y legumbres; cría de ganados, minería y fáb. de 
hierro y curtidos. Hay aduana terrestre do ter- 
cera clase. Los reyes de Navarra Carlos III y 
Juan II concedieron á esta villa grandes privi- 
legios por hallarse en la frontera. 

ECHALAZ: Geog. Lugar en el ayunt. de Egüés, 
p. j. de Aoiz, prov. de Navarra; 9 edifs. 

ECHALECU: Geog. Lugar cap. del ayunt. da 
Imoz, p. j. de Pamplona, prov. de Navarra; 55 
edificios. 

ECHAMIENTO: m. Acción, ó efecto, de echar ó 
arrojar. 

- Echamiento: ant. Acción de echar un niño 
á la puerta de una iglesia ó en la casa de expó- 
sitos. 

ECHANdIa y JIMÉNEZ (Pedro Gregorio): 
Biog. Botánico español. N. en Pamplona el 4 de 
enero de 1746. M. el 18 de julio de 1817. Fué 
alcalde examinador del Colegio farmacéutico do 
Zaragoza, exvisitador del reino de Aragón, socio 
correspondiente de los Jardines Botánicos do 
Madrid y de Montpellier, y socio desmérito déla 
Real Sociedad Aragonesa de Amigos del País y 
de la Económica de Sevilla. Desempeñó la cá- 
tedra, la botica y la presidencia ó mayordomía 
mayor del Colegio de Farmacéuticos, hasta que 
la enfermedad le postró en el lecho. Escribió 
las obras siguientes: Oración inaiigural, qno 
pronunció en la apertura de las cátedras de Bo- 
tánica y Química de Zaragoza, establecidas por 
la referida Real Sociedad Aragonesa (Zaragoza, 
1797, en 4.°); Memoria sobre el maní dalos 
americanos, cacahuete de los españoles y arachis 
hypogaea de Linneo, que leyó en junta general 
de la misma Sociedad Aragonesa en 22 de agosto 
de 1800 (Zaragoza, 1800, en 4.°); Noticias de 
plantas y otros 2>apeles de Botánica, y Flora 
Césaraiigustana y curso práctico de Botánica 
(Madrid, 1801, un vol. en 4.°). De este botáni- 
co, á quien otros llaman Echeandía , dice Col- 
meiro lo siguiente: «Estudió Echeandía con pre- 
dilección las plantas de las cercanías de la mis- 
ma ciudad, dejando inédito un catálogo de ellas, 
dispuesto conforme al sistema de Linneo, con 
el título de Flora cmsaratigustana; también for- 
mó un buen herbario, que parece haber poseído 
uu médico de Lerma. Como prueba de los ensa- 
yos hechos en aquel Jardín Botánico (el de Za- 
ragoza) por Echeandía, puede citarse uu trabajo 
suyo titulado Bel cultivo del cacahuete en Za- 
ragoza, publicado allí mismo en ISOO y extrac- 
tado en el tomo IX del Semanario de Agricul- 
tura, impreso al siguiente año en Madrid.» 
Para perpetuar la memoria de este botánico so 
ha dado el nombre de Echeandía á un género 
de plantas. 

ECHANO: Geog. Lugar con ayunt., en unión do 
Elexondo, p. j. de Guernica y Luno, provincia 
do Vizcaya, dióc. de Vitoria; 745 liabits. Sit. 
en la falda oriental de la sierra de Oliz, cu te- 
rreno bañado por varios arroyos que van á des- 
aguar en el río Ibaizabal. Cereales, frutas y hor- 
talizas. II Barrio en el ayunt. de Izurza,p. j. do 
Durango, prov. de Vizcaya; cinco edifs. 

-Echano Elexondo: Geog. Anteiglesia ca- 
pital del ayunt. do Echano, p. j. de Guernica 
y Luno, prov. de Vizcaya; nueve edifs. 

ECHAPELLAS: ni. El quo en los lavaderos do 
lanas las toma del tablero para echarlas en cl 
pozo. 

ECHAR (del lat. iacíáí'í, arrojar): r. Hacer quo 

7 



60 



ECHAR 



Tina cosa vaya á parnr á nl^jiina lurte, dándole 
impulso con la mano ó de otra maueía. 

El piloto que va mar en bonanza, no ECHA 
á las a^'uas la mercaduría y hacienda que vie- 
ne á 6U cargo. 

Fei-.nXndez Navaiirete. 

Echar basura A la calle. 

Diccionario de la Academia. 

- EiiiAii: Despedir de sí una cosa, exhalar. 

... KcnABA de sí un olor tan pcstilenci.al qnc 
la hacía echar las entr.inas. 

P. Juan Eusebio Nikrkmheuo. 

... al paso que se irritan y enfurecen ix'M.vn 
espumarajos por la boca. 

Diccionario de la Academia de 1729. 

-Echar: a. Remitir una cosa á la suerte. 

Echar el asunto ¡i i)ares ó nones. 

Diccionario de la Academia. 

- lí( HAR: JüGAK. 

Echar una mano de fute. 

Diccionario de la Academia. 

-Echar: Hacer que una cosa caiga en al- 
guna parto. 

Echar dinero en nn saco. 

Diccionario de la Academia. 

-Echar: Hacer salir á nno de algún lugar; 
apartarle con violencia por desprecio ó por cas- 
tigo. 

Al fin el rey me ha mandado 
Que te ECHK iie la ciudad, etc. 

Tuisü DE Moi.lKA. 

Tú quedarás en Burgos prisionera, 
Y á nu de Burgos me echar.ín mañana. 
ZülíKII.LA. 

- Echar: Deponcrá uno do su empleo ó dig- 
nidad, impidiéndole el ejercicio de ella. 

.., mucho trabajo ha de costares echaüle 
de la presidencia, etc. 

Feunán Caeam.ero. 

-Eciiar: Brotar y arrojar las plantas sus 
raices, hojas, llores y frutos. 

Los ro.sales están echando botones. 
Diccionario de la Academia de 1729. 

- Echar: Salirle á una persona, ó á un irra- 
cional, cualquier complemento natural de su 
cuerpo. 

Echar los dientes. 

Diccionario de la Academia. 

-Echar: Juntarlos animales machos á las 
hembras para la generación, 

- Echar: fam. Con las palabras mi locado, 
■un trago y alguna otra, comer ó beber alguna 
cosa; tomar una refacción. U. t. c. r. 

... y de paso entraron en la taberna á echar 
un tr.Tgo, etc. 

Trveba. 

- Ech.ar: Poner, aplicar. 

Mandamos que en los dichos paños de suso 
declarados no se puedan ECHAR ni ECHEN en 
' los pies ni tramas de ellos, ninguna lana de 
añinos, 

Kiicva PiCcopilación. 

... con una puente que echaROX (los pom- 
peyauos) sobre el río Ébro le pasaron también 
cerca de un pueblo que entonces se llamaba 
Octogesa, etc. 

Mariana. 

,,, se enviará el manuscrito á la fábrica de 
prólogos, notas y comentarios, como ahora se 
envía nn par de botas para que las ECHEN me- 
días suelas y tapas. 

Antonio Flores. 

-Echar: Tratándose de llaves, cerrojos, pes- 
tillos, etc., darles el movimiento necesario para 
cerrar. 

... la puerta abren 
Por defuera, ó yo me engaño; 
Y porque ahora no hallen 
A doña Ana y mi señora 
Presumo que es importante 
Echar este cerrojillo 
Y' avisarlas que se guarden. 

Rojas. 



ECHAR 

Hace entrará Paula en el cu.arto de la iz- 
quierda, ECHA la llave y se la guarda. 

Bretón de i.os Heiikeros. 

- Echar: Imponer ó cargar. 

Echar tributos, echar ud censo. 
Diccionario de la Academia de 1729. 

- Echar: Atribuir una acción a cierto fin. 

... con los juicios y soí:pechas de su corazón, 
echando á mala parte lo que se podía echar 
á buena. 

Fr. Lvis de Granada. 

Los cartagineses otrosí, no poco se maravi- 
llaron de Ver recogérselos romanos; pero como 
lo ECHASEN á temor, no hicieron caso de ba- 
rrear sus estancias. 

Mariana. 

- Echar: Inclinar, reclinar ó recostar. 

Cuando subieses á caballo no vsiyas ECHAN- 
DO el cuerpo sobre el arzón postrero, ni lleves 
las piernas tiesas y tiradas. 

Cervantes. 

- Echar: Apostar, competir con uno. 

Quien por esto p<asare dos veces, puede 
echar á diablos con cuantos lo son. 

QUEVICDO. 

- Echar: Empezar á tener granjeria ó co- 
mercio. 

- Echar: Jugar ó aventurar dinero á alguna 
cosa. 

EcH.vB á la lotería. 

Diccionario de la Academia. 

- Echar: Dar, entregar, repartir, en frases 
como las siguientes: Echar cartas; echar de 
comer. 

Todos los platos van llenos, 
Menos el de este valiente. 
Pues si me tiene presente 
I'adre, jcónio me echa menos? 

Manuel de León. 

Don Eleuterío, eche usted un poco de alpis- 
te á ese canario. 

L. F. DE Moratín. 

- Echar: Con las voces cálenlos, cuentas y 
otras análogas, hacer ó formar. 

Al tiemiio que el hombre menos piensa que 
ha de morir, y más olvidado está deste paso, 
ECHANDO sus cueüt.is adelante... súbitamente 
viene la muerte. 

Fr. Luis de Granada. 

Echó el oso, al oír esto. 
Sus cuentas allá, entre sí; etc. 

Iriarte. 

- Echar: Publicar, prevenir, dar aviso de lo 
que se ha de ejecutar. 

Al tiempo de echar las fiestas en las igle- 
sias, las echaba en esta manera. 

Fr. Antonio de Guevara. 

Echar un bando. 

Diccionario de la Academia. 

-Echar: Tratándose de comedias ii otros 
espectáculos, representar ó ejecutar. 

... á la primera comedia que echen en el 
otro corral, zas, sin remisión, á silbidos se ha 
de hundir la casa. 

L. F. DE Moratín. 

-¡Oyes, y s.abes 
Si nos Echan algo bueno? 
-Sí, amigo: ¡qué gran comedia! 

Ramón de la Cruz. 

¿Cijmo deja usted París?:... ¿qué ópera nueva 
se ECHABA cuando usted vino? 

Larra. 

- Echar: Junto con la preposición ^íor y algu- 
nos nombres que significan carrera ó profesión, 
seguirla. 

Echar por la Iglesia. 

Diccionario de la Academia. 

-Echar: Junto con la misma preposición, 
ir por una ú otra parte. 

... con lo cual nos desmembramos todos: y 
cada uno echó por su ixarte. 

QUEVEDO. 



ECHAR 

... y para que no leí sorprendiesen echa- 
noN por el atajo, etc. 

Fern.In Caballero. 

- Echar: Junto con algunos nombres, tiene 
la significación de los verbos que se forman de 
ellos ó la de otros equivalentes. Echar maldi- 
ciones, maldecir; echar sHcites, sortear; kciiaii 
refranes, relaciones, tersos, decirlos ó compo- 
nerlos do repente. 

... ECHAREMOS (dijeron los cabreros) suer- 
tes á quien ha de quedar á guardar las cabras 
de todos. 

"Cervantes. 

... aunque (la comedia) ha sido celebrada, 
Todos te ECHAN maldiciones, etc. 

Tirso de Molina. 

Los mozos de muías acudían á su costum- 
bre, uno á ECHAR pullas, otro á hacer burlas á 
los caminantes. 

Vicente Espinel. 

- Echar: Con los vocablos bravata, juramen- 
to, temo, etc., proferirlos. 

Marte, don Quijote de las deidades, entró 
con sus armas y capacete, y la insignia de vi- 
ñadero enristrada, echando cbuzo.s. 

Quevedo. 

El echó cuatro porvidas, 
Se levantó de la mesa 
Diciendo que era ya tarde, etc. 

L. F. de Mobatín. 

- Echar: Junto con las voces larriga, car- 
nes, carrillos, pantorrillas, etc., engordar mu- 
cho. 

... con lo cual iba echando carnes que daba 
gloria verle, etc. 

Fern.\n Caballero. 

- Echar: Junto con las voces rayos, ecnte- 
lilis, fuego y otras semejantes, mostrar mucho 
enojo. 

Dio un grito que pareció se le había arran- 
cado «1 alma, y echando fuego por los ojos 
'le dijo. 

Diego de Mendoza. 

¡Oh! Aquí tenemos .al novio 
Que viene echando centellas. 
Rabiando estoy i)Or saber 
En qué paró la refriega. 

Bretón de lo.s Herreros. 

-Echar: Junto con las voces por mayor, 
por arrotas, por quintales, etc. , ponderar y exa- 
gerar una cosa. 

- Echar; Junto con las voces abajo, en tierra 
ó por tierra, 2>or el suelo, etc., derribar, arrui- 
nar, asolar. 

Las fuerzas y armas de los cartagineses... 
revolvieron sobre la Bética ó Andalucía, don- 
de echaron por el suelo una poblacióu de los 
focenses, etc. 

Mariana. 

- EcH.iR: Junto con un nombre de pena, 
condenar á ella. 

... pues sí por enamorados echan á gale- 
ras, días ha que pudiera yo estar bogando en 
ellas. 

Cervantes. 

- Echar: Junto con el infinitivo de un verbo 
y la preposicic'.n (i, unas veces significa dar prin- 
cipio á la acción de aquel verbo; como echar d 
reír; ech.ar á correr ;y otras, sercausa ó motivo 
do ella; como echar á volar; echar á perder. 

... la cual sentida del dolor, echando íi ro- 
dar la honestidad, dio el retorno á Sancho, 
etcétera. 

Cervantes. 

... el faccioso ECHÓ á correr 
Dejando en nuestro poder 
Una mochila y dos yeguas. 

Bretón de los Herreros. 

... Antoñona echó á coiTer, bajó la esca- 
lera de dos en dos escalones y se plantó en la 
,;alle. 

Yaleea. 



ECHAK 

-EcHAK: Hablando de caballos, coche, li- 
brea, vestido, etc., empezar á gastarlos ó usar- 
los. 

Si me enojo, me teugo de ir á la corte, y 
ECHAK coche como todas. 

Cervantes. 

iCiiánto dinero tienes? -Y aún es poco; 
¡Sabes tú lo que lias lieclio con ser loco? 
Si dos meses te dura, 
Coclie puedes iícHaK con tu locura. 

JMolíBTO. 

- Echarse: r. Arrojarse, precipitarse, dejar- 
se ir cou violencia de alto á bajo. 

¡Gozólo el conde? IVIejor, 
-Matalde. - Al agua SE ECHÓ. 
— Disparalde las pistolas. 

Tiuso DE MüLINA. 

- Echarse: Apoyarse con todo el cuerpo so- 
bre una superficie horizontal. 

... vi al hombre dar vueltas alrededor, como 
perro que SE quería ECHAR: etc. 

QUEVEDO. 

Todas (las cabras y las ovejas) estaban 
ECHADAS, sin pacer ni balar, etc. 

Valera. 

- Echarse : Tenderse uno vestido , por un 
rato más ó menos largo. 

... la estera de enea, sobre quien se había 
vuelto á echar, ni la manta de angeo con que 
se cubría, fueron más de provecho. 

Cervantes. 

- Echarse: Ponerse las aves sobre los huevos. 

- Echarse: Tratándose del viento, calmarse, 
sosegarse. 

- Echarse: Dedicarse, aplicarse uno d una 
cosa. 

Échese á pens.ar el ingenio más agudo, y 
examine si se pudieran hallar cosas de menos 
consistencia y ser, que la honra, el dinero y 
el deleite. 

P. JU.AN EUSEEIO NiEREMBERO. 

— jY eü espera de qué paga 
Os ECHÁIS cí redentor? 
-Señor don Beltrán, Elvira 
Ha de ser mi galardón. 

Hartzeniiuscii. 

- Echar al contüaiuo: l'r. Echar un asno 
á una yegua, o un caballo á una burra, para la 
cría del ganado mular. 

- Echar A i>asear: fr. fam. Echar A paseo. 
-Echar á perder: l'r. Deteriorar una cosa 

material; inutilizarla. 

- Echar á perder: Malograr uu negocio por 
no manejarle bien. 

-Ten cuidado 
No nos oigan, y lo echemos 
Todo d perder. 

h. F. DE Moratín. 

- Echar a volar á una persona ú cosa: fr. 
fig. Darla, ó sacarla, al público. 

... EohXndole á volar atrevidamente en 
cosas, que tienen tanta sutileza, y grandeza. 
Fr. José de Sigüenza. 

- Echar de menos á una persona ó cosa: fr. 
Advertir, reparar la falta de ella. 

... los papas..., la echan de menos (á la jo- 
ve-a), la buscan, la ven enfrente, etc. 

Mesonero Romanos. 

- Echar de menos á una persona ó cosa: 
Tener sentimiento y pena por la falta do ella. 

-feoiiores...-¡Hola, Isidoro! 
Ya aquí de menos te echaban. 
-¡A cuál debo de los dos 
El favor?- Al tio. - ¡Ingrata! 

Hartzendusch. 

■Echar de ver: fr. Notar, reparar, ad- 



veitir. 



... iba (D. Quijote) tan puesto en que eran 
gigantes, que ni oía las voces de su escudero 
Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya 
bien cerca, lo que eran, etc. 

Cervantes. 

jNo echas de ver que ésta es 
Treln del juego, seiiorni 

Rojas, 



ECHAR 

- Echar falso: fr. Envidar sin juego. 

- Echarla de: loe. l'am. Presumir do. 

... también á mi me entra desco> 
I)e echarla de poeta, ele. 

Espronceda. 

-Hija, en amores 
No hay amigo para amigo. 
— Pues de caniarada fiel 
Se la echa usted. 

Bretón be los Herreros. 
... á Madrid no se viene á economizar, si no 
d echarla de rumboso, etc. 

HAKTZENBU.SCH. 

-Echarlo, ó echarlo todo, á doce: fr. 
fig. y fam. Meter á bulla una cosa para que so 
confunda y no se hable más de ella. 

El licenciado que vio la baraúnda, echólo 
(t doce, 

Quevedq. 

Que usted no me conoce, 
Y por menos que esto lo echo á doce. 
Jacinto Polo de Medina. 

-Echarlo todo A eodar: fr. fig. y fam. 
Desbaratar un negocio. 

-Sí señor, que quiero que venga, y que se 
desengañe la pobrecita de quién es usted. - Lo 
echó iodo á rodar... Esto le sucede i quien se 
fia de la prudencia de una mujer. 

L. F. DE Moratín. 

- Echarlo todo A rodar: fig. y fam. De- 
jarse llevar de la cólera, faltando á todo mira- 
miento ó consideración. 

- Echar menos: fr. Echar de meno.s. 

..., quizá te habré menester (dijo Ricardo), 
si acaso el guardián de cautivos de mi amo me 
ha echado menos, etc. 

Cervantes. 

No echéis menos á Fernando, 
Si me queréis por amigo. 

Ruiz de AlarcüN. 

... desabrida el alma 
Las caricias de un hijo echaba menos. 
Martínez de la Rosa. 

- Echar uno por alt'O una cosa: fr. fig. 
Menospreciarla. 

No les basta para abrir los ojos ver el con- 
sentimiento de las naciones, tan unánimes en 
los puntos, que ellos echan por alto. 

V. Fr. Juan MArquez. 

-Echar uno por larco: fr. fam. Calcular 
una cosa, suponiendo todo lo más á que puede 
llegar. 

- Echarse uno A dormir: fr. fig, Descuidar 
de una cosa; no pensar en ella. 

... porque el alma que ha pretendido ser es- 
posa del mismo Dios, y tratádose ya con su 
majestad... no se ha de echar d dormir. 
Santa Teresa. 

... con este reconocimiento, no debe el hom- 
bre hCHARSE á dormir, y librarlo todo en 
Dios. 

Fr. Luis de Granada. 

-Echarse A perder: fr. Perder su buen 
sabor y hacerse nociva una vianda, una bebida, 
etcétera; como el vino cuando so tuerce, ó la 
carne cuando se corrompe. 

-Echarse uno de recio: fr. fig. y fam. 
Apretar, instar, ó precisar cou empeño á otro 
para que haga ó dejo de hacer uua cosa. 

- Echar tan alto á uno: fr. fig. y fam. 
Despedirle cou términos ásperos y desabridos. 

- Echar tras uno: fr. Ir á su alcance. 

- Échese, y no se deup.ame: expr. lig. y l'am. 
con que se reprendo la lalta do economía de una 
persona ó el gasto superiluo de una cosa. 

ECHARD ó ESCHARD (Carlos): Bioc/. Pintor 
francés. N. en Roñen ó en Caen en 1748. M. en 
París á principios do esto siglo. Aprendió los 
principios do su arte en la Escuela de Pintura y 
de Dibujo dirigida, cu Rouen, por J. 15. Des- 
champs, yendo luego á pasar algunos años en 
Holanda, donde estudio las admirables obras 
maestras do los artistas holandeses. Do regreso 
á su patria .se dio Ecdiard á conocer, exponiendo 
en el Louvra (1779) una Vista de Marsella y 
otra del Puerto de Arlcm. En la E.vposición do 



ECHAR 



51 



179S presentó una Vista del Mont-Blanc y otra 
de Holanda en las cercanías de Groningue. 
Echaid, cuyo pincel era correcto y agradable en 
el colorido, grabó también varias aguas fuertes 
muy estimadas por los inteligentes. Estos gra- 
bados representan, la mayor parte, pastores y 
pescadores. Echará estuvo agregado ala Escuela 
de Pintura. 

ECHARREN: Gcoii. Lugar en el ayunt. cío 
Araquil, p. j. de Pamplona, prov. de Navarra; 
31 edifs. 

-EcHARREN DE GuiRGUiLLANO: Gcoc/. Lu- 
gar en el ayunt. de Guirguillano, p. j. Estella, 
provincia de Navarra; 55 cdil's. 

ECHARRI: Geog. Lugar cou ayunt., p. j. y 
diócesis de Pamplona, prov. de Navarra; 220 
habits. Sit. en el valle de Echauri, en terreno 
muy fértil bañado por el rio Arga. Cereales, 
frutas y hortalizas; cría de ganados. || Lugar en 
el ayunt. de Larraun, p. j. de Pamplona, pro- 
vincia de Navarra; 28 edifs. 

- EcHAKRi Aranaz: Gcog. V. con ayunt., al 
que está agregado el lugar de Lizarra-Bengoa, 
]iartido judicial y dióc. de Pamplona, prov. do 
Navarra; 1375 habits. Sit. entre las sierras do 
Aralar y Andía, cerca de la prov. do Guipúzcoa 
y Álava, con estación en el f. c. de Zaragoza á 
Alsasua. Terreno bastante llano, bañado por el 
río Burunda. Cereales, viuo, frutas y legumbres; 
cera y miel; cría do ganados. Eeharri-Aranaz, 
Echeii ó Chcrri-Aianaz, tomó su nombre ilo 
Echarri, lugar en que se fundó, y Aranaz ó 
Araynaz, pueblo antiguo cuyos habits. se tras- 
ladaron á Echarri. Eu 1378 su torreó fortaleza 
fué tomada por los castellanos. 

En 19 de mayo de 1834, cuando la primera 
guerra civil, fué tomada la villa de Eeharri- 
Aranaz por los carlistas, mandados por el famo- 
so Zumalacárregui, que en 15 de marzo comenzó 
el ataque; pero como la artillería de la villa, 
más numerosa, contestaba cou resolución y ve- 
locidad á la do don Carlos, Zumalacárregui 
mandó á Joaquín Montenegro hacer una mina. 
No pudo terminar sus trabajos dicho jefe de 
artillería, porque los sitiados lo impidieron lan- 
zando granadas de mano. Montenegro eligió en 
seguida otro sitio más resguardado y concluyó 
la mina. Diósele fuego, voló, y con una parto 
de la pared amurallada perecieron treinta de los 
defensores. Vacilaban ya éstos y sosteníanse 
merced á las exhortaciones de su caudillo, que 
les animaba también con el socorro que esperaba 
y que debía esperar. No llegaba aquél, y la pa- 
ciencia del soldado se agotaba; y como por en- 
tonces lio era la subordinación, á decir verdaí!, 
la prenda que más distinguía á una buena parle 
del ejército liberal, el día 19, cansados de espe- 
rar eu vano el socorro deseado, dejó aislada la 
tropa á su caudillo y, abandonando el sitio por 
las brechas, se entregó á discreción. Al entregar- 
se los que guarnecían á Eeharri-Aranaz lo hicie- 
ron sin condición ninguna, y en dicho punto 
entró el caudillo de don Carlos libre do todo 
compromiso. Esto no obstante, álos oticialcs no 
les quitó las espadas, los hizo entregar cuanto 
reclamaron como equipaje de su pertenencia y los 
puso en libertad, dándoles escolta hasta Pam- 
plona. Al gobernador isabelino le hizo comer 
con él, le colmó do elogios, le dio también li- 
bertad, después de haberle entregado una muy 
lisonjera certificación, en la que manifestaba 
que liabía cumplido como entendido y valero.so 
con su deber. La tropa, al verse libro, judió 
servir cou aquel general á quien habían obser- 
vado tan entendido como bizarro y humano. Por 
este medio ganó don Carlos los primeros solda- 
dos que eran vcrdadcramento artilleros. Tuvo 
el disgusto Zumalacárregui de ver herido en la 
cabeza á su querido y fiel discípulo Bruno Vi- 
llarreal, y él mismo estuvo á punto de perecer. 
Una bala de cañón dirigida desde el fuerte en- 
tró eu la casa en cpie durante la noche reposaba 
un poco Zumalacárregui. El proyectil pa.só casi 
rozando con la cabeza del caudillo tarlista y 
destrozó la pared, quedando aquél casi cubierto 
por los escombros. 

ECHART (José Santos): Biog. Militar vene- 
zolano. N. en La Guaira. Dioso á conocer en la 
primera mitad del presente siglo. Entró á ser- 
vir á su patria como simple soldado en 1S16; 
tomó parte en la lucha á favor de la indepen- 
dencia; hizo hasta 1823 toda la campaña do 
Venezuela y do Nueva Canadá, y se halló en las 



r.2 



ECUAU 



ao.ioiicá de Ciiniaiiá, Guayana, paso del Caura 
V Sau l'Y-lix; cu tres sitios y asaltos de Angos- 
tura hasta el 19 de julio de 1S17; en las batallas 
deCaiiaco, l'ueito de la .Madera, Guiria, Kio Ca- 
ribe y Carúpano; en el combate naval de I'unta- 
Aralla; tu los beclios de armas de Barceloua, 
t'arabobo y cumbre de Puerto Cabello, y en tres 
sitias y 11" asalto de las fortalezas del mismo 
nombre. Ku el Perú logró distinguirse en los 
inovimi'Utos militares dirigidos contra la ciu- 
dad de Lima, sirviendo á las órdenes del gene- 
lal Yaliio, y á las del americano Salón se halló 
(11 el sitio y rendición del Callao desde febrero 
de lS-25 hasta 23 de enero de 1826. Con Flores 
asistió en diciembre de 1S27 á la toma de Gua- 
ya<iuil. También figuró en el ata'iuc ala fragata 
'j'nicba y demás bu. pies de la escuadra peruana 
en la invasión de Guayaquil el 22 do noviembre 



ECHAV 

Francisco Anlmiio Imssí !/ (íic.mdn, ynerttl del 
Urden de la ihrced (Zaragoza, lüSü, en 4.'}. 

EChAvarri: Geori. Lugar en el ayunt. de 
Alhn, p. j. de Estella, piov. de Navarra; 85 
edificios. 

- EciiAv.\i;ui i)K CfAUTANGO: ü.-oj. Lugar 
en el ayunt. de Cuartango, p. j. de Vitoña, 
provincia de Álava; 20edirs. 

-Eill.U'Alílil ViniiMÑA: Gcvg. Lugar en el 
ayuntamiento de Barrnndia, p. j. de Vitoria, 
provincia de Álava; 18 edifs. 

- Ecii.ivAP.r.i Viña: Gcog. Lugar en el ayun- 
tamiento do Cigoitia, p. j. de Vitoria, pirov. de 
Álava; 3C edifs. 

ECHAVARRÍA (Jo.sÉ): r>!orj. MaPiués de 
Fueniefiel, general español. N. en ISIS. Hizo 
sus primeras armas combatiendo contra los car- 



Tarqui. Con Bolívar tuvo parte cu la toma de 
Guayaquil, plaza ganada \)0V los americanos el 
21 de julio de 1S2!). Gano la estrella de Liber- 
tadores de Venezuela, la medalla de Asaltado- 
res de Puerto Cabello, del Callao y de Venga- 
dores de Colombia en Tarqui, y el escudo do 
Carabobo. 

ECHAURI: Gcog. Valle en el p. j. de Pamplo- 
na, luov. de Navarra; en él se hallan los luga- 
res de Echauri, Elio, Echarii, Vidaurcta y Zi- 
liza, en la orilla N. del Aiga, y los de Belas- 
coain. Arraiza, Zabalza, Ubani y Otazu en la 
ribera opuesta, todos los que formaban antes un 
ayuntamiento que se reunía en Belascoain. 11 
Lugar con ayunt., al que está agregado el lugar 
de Otazu, p. j. y dióc. de Pamplona, prov. de 
Kavana; 5S0 habits, Sit. en el valle de su nom- 
bre. Cereales, i)atatas y legumbres; cria de ga- 
nados. En el pueblo titulado Ibero, á 2 kms, de 
distancia, hay baños minerales, con aguas alca- 
linas. 

ECHAURREN HUIDOBRO (FllANCISCO): Biog. 
Político chileno. N. en la primera mitad del 
presente siglo. Heredero de una gran fortuna, 
consagró los primeros años de su vida á los via- 
jes. Visitó las cinco partes del mundo y recogió 
en sus largas peregrinaciones muchas y prove- 
chosas enseñanzas. Desde 1S60 tomó partemuy 
activa en la política y administración de su 
país. Entró de lleno cu la vida pública en 1SG5, 
año en que h\\v\ó LaRtyúUka, diario llamado á 
sostener la política liberal conservadora iniciada 
en Chile por la administración Pérez. Ecliaurren 
fué en varias ocasiones diputado al Congreso 
Nacional, é intervino en la administración de su 
país como intendente de Santiago y de Valpa- 
raíso y como Ministro de Guerra y Marina. En 
su carácter de mandatario do las dos provincias 
más ricas y populosas de Chile, llegó á conquis- 
tarse una verdadera celebridad. Santiago y Val- 
paraíso deben á su iniciativa y desprendimiento 
grandes mejoras. Jamás aceptó la remuneración 
señalada á los ¡rnestos que desempeñaba, y cm- 
)>leó muchas veces su fortuna en obras de verda- 
dera utilidad pública. Como mandatario, Echan- 
rren se distinguió por su generosidad y amor á 
las reformas materiales, en beneficio de las cua- 
les desplegó un celo que no siempre mereció las 
simpatías de sus gobernados. 

ECHAUZ (Fu. JVAX Jeróximo): Biog. Reli- 
gioso' y escritor español. N. en Zaragoza en 1646. 
M. en la mi-sma ciudad cu 23 de febrero de 1696. 
Fué recibido en el convento de San Lázaro, déla 
Orden de Nuestra Señora de la Merced en 14 de 
septiembre de 16óS, y profesó en 22 de enero de 
1662. Tuvo grados de Maestro en Artes y Doctor 
en Teología por la Universidad de Huesca, en la 
ijuc filé catedrático de Filosofía algunos años. 
Por sus conocimientos y piedad alcanzó los car- 
gos de regente de estudios del Colegio de la Mer- 
ced de Huesca, comendador de Calatayud y 
Zaragoza, definidor y elector general, y como 
predicador ganó gran fama en sus días. Publicó 
las obras siguientes: Glorias díl ■nacÍ7nici¡lo de 
Cristo (Zaragoza, 1667, en 4."); Ktieiv mundo de 
la Gracia, sermón del Espíritu Santo predicado 
en su pascua en La Seo de Zaragoza (1670, en 
cuarto); Oración crangtlica de San Jgiisl'ui, que 
dijo en el convento de San Pedro de religiosos 
Agustinos de Pamplona (Zaragoza, 1680, en 4.°); 
Panegírico Sacro d la prodigiosa imagen de ¡a 
Virgen SaiUísima del Púy, patraña de Estella 
(Zaragoza, 1680, eii 4.°); Oración fúnebre en las 
honras del reverendísimo Padre Maestro Fray 



de 1S2S, y peleó en las acciones de Saraj uro y i ü^t^jj^.,, Cataluña y las provincias del Norte, y 

' " ascendió á general de brigada en 1847. Distin- 

guido é inteligente oficial, colaboró en los tra- 
bajos militares publicados por el general D. Ma- 
nuel de la Concha. Cuando el pronunciamiento 
de O'Donnellen 1854, hallába.seel general Echa- 
varría en San Sebastián, donde trató do conte- 
ner la insurrección de un regimiento, corriendo 
graves peligros. Poco des|iués fué nombrado Ca- 
pitán General de Cuba, donde permaneció cinco 
años. De regreso en Es[)aña solicitó cu vano un 
mando en el ejército de África y fué agregado, en 
calidad de jefe de Estado Mayor, al que mandaba 
en España el general Concha. Fué nombrado en 
lS62avudanto de campo del rey I'rancisco de 
Asís. Cuando estalló la revolución de 1S6S, 
Ecliavarría, que era Teniente General, fué des- 
tinado á mandar la segunda división del ejército 
de Andalucía y se dirigió contra el duque de la 
Torre que mandaba el ejército sublevado. En- 
cargado por Novaliches de la vanguardia en Aleo- 
lea, se portó bravamente, pero no ])udo evitar 
la derrota de las tropas reales. Siguió a la reina 
Isabel cuaudo pasó a Francia, no regresando á 
su país hasta la restauración de Alfonso XIL Eu 
1875 se encargó del mando del segundo cuerpo 
del ejército del Norte que operaba contra los 
carlistas, y contribuyó poderosamente á concluir 
con la última insurrección carlista eu febrero de 
1S76. 

- ECU.WAEEÍA Y Agüeko (Prudexcio Vi- 
cf.xte): Biog. Magistrado español, sobrino del 
obispo del mismo apellido. N. en Santiago de 
Cuba eu 1766. M. en Puerto Príncipe en marzo 
de 1829. Hechos sus primeros estudios en San- 
tiago de Cuba, pasó á la Universidad de Santo 
Domingo, para seguir la carrera eclesiástica, y 
en ella, eu 4 de agosto de 1789, se graduó de 
Doctor eu Cánones. Abandonó luego dicha ca- 
rrera y volvió á Santiago de Cuba, donde casó, 
y se incorporó luego á la Audiencia de Puerto 
Príncipe. En 1805 se le nombró diputado con- 
sular de la ciudad de Santiago, y en 29 de marzo 
de 1810 fiscal de marina de la provincia, en la 
cual también fué consejero iutimo de los gober- 
nadores Sebastián de Kiudelan, Pedro Suárez 
de Urbina, Ensebio Escudero y Gabriel Torres, 
deliiéudose á su promoción como procurador 
síndico general del Ayuntamiento el camino 
central de la proviucia"y los muelles de Santia- 
go. Fué también desde 1S14 fiscal de la Real 
Hacienda, alcalde ordinario, fiscal de Guerra y 
Marina, y eu febrero de 1822 oidor honorario de 
Puerto Príncipe, y después asesor general del 
distrito. 

- EcUAVAl'.r.ÍA Y ELGUEZtJA VILLALOBOS 

(Santiago José de): Biorf. Prelado español. N. 
en Santiago de Cuba en 1724. M. en 20 de enero 
de 1790. Hizo en su ciudad natal, al lado de siis 
padres, sus primeros estudios; ingresó después 
en el Colegio de San Basilio el Maguo, y pasó 
Inego á laHabana, donde cursó Filosofía, De- 
recho canónico y Teología, recibiéndose de Doc- 
tor en 12 de junio de 1750. Guiado por su voca- 
ción se ordeñó de sacerdote, y ganó eu rigorosa 
oposición la cátedra de Prima de Cánones. Fué 
después cura beneficiado de la parroquia mayor 
de Sau Cristóbal de la Habana. En 1760 obtuvo 
los cargos de provisor, vicario y juez general de 
testamentos y obras pías, siendo además pro- 
puesto para uua canonjía. Durante la invasión 
inglesa, y por la expulsión de Morell á la Flo- 
rida (V. "Mor.ELL\ quedó la mitra de la isla de 
Cuba á cargo de Echavarría, hasta el regreso de 
aquél, en 1763, bien que por achaques del mis- 
mo continuó administrándola eu calidad de 



ECHAV 

provisor; en 1768 enfermó de nuevo el propie- 
tario, y el provisor fué nombrado obispo auxiliar 
de l'riconi in ¡larlibus infídclium, siendo con.sa- 
grado por el obispo de Santo Domingo, Fray 
Isidoro Rodríguez, en 20 de octubre. Falleció 
Morell en diciembre de 1768, y quedó Ecliava- 
rría de obispo en jiropiedad, cargo del que tomó 
posesión en febrero de 1770, por medio del Doc- 
tor José Hernández, á quien mandó su poder 
general para el efecto. En 1772 dio priiicijiio á 
su primera vi.sita pastoral; en su tránsito reedi- 
fico valias iglesias, entre otras la de Güines, y 
vcrilicó en 8 de julio su entrada pública en la 
Habana, donde se ocupó de mejoras eu los tem- 
plos, el llospital de Paula, Seminario conciliar, 
iglesias de Jarnco, San Jerónimo de Peñalver y 
San Antonio de los Baños, etc. Vuelto á su silla 
(Santiago de Cuba), renovó las cátedras de Teo- 
logía, Moral, y otras que estaban suspensas, es- 
tableció el nuevo método de resolver casos mo- 
rales, la cátedra de enseñanza del Derecho canó- 
nico y la de Visiteras, y reformó al propio tiem- 
po la de Prima y la de Escritura Sacra, obligando 
al lectoral á que la leyese, como era su obliga- 
ción. En Cuba ¡lernianeció hasta el 18 de no- 
viembre, en que continuó su visita, y regresó d 
la Habana por mar. Pezuela pinta a este prelado 
cubierto de seda y encajes, pero es cierto que 
«cedió todas las obvenciones que recibía de los 
pueblos interiores, para que los párrocos los 
repartiesen entre los indigentes de sus respec- 
tivas feligresías.» Eu el mes de mayo de 1788 
salió para el obispado de Puebla de los Angeles 
(Méjico), en donde falleció. 

- Eciiavakkía y O'gabas (Peudescio): 
Biog. Político y escritor español, hijo de Pru- 
dencio. N. en Santiago de Cuba en mayo de 
1796. M. en la Habana el 29 de marzo de 1846. 
Sirvió los destinos de su padre, fué notable ju- 
risperito, probo magistrado, orador elocuente, 
poeta, eminente catedrático, consumado latinis- 
ta y uno de los alumnos más distinguidos del 
Real Seminario de San Carlos y la Universidad; 
se recibió de Bachiller en Leyesen 1815; de Li- 
cenciado en Derecho civil eí 21 de noviembre 
de 1818, y de Doctor eu 8 de diciembre. Aficio- 
nado desde entonces á la poesía clásica, escribió 
eiiigramas y sátiras. Su idilio Silvia y Lisardo, 
dice González del Talle, «huele á los arbustos de 
almendras y respira la brisa que refresca nuestra 
zona.» En el número de sus sátiras se cuenta 
una contra el estudio preferente del Derecho lo- 
mauo, dedicada al general Cajigal; la escribió á 
los veintitrés años de edad. Esta sátira, de sabor 
sumamente clásico, fué muy celebrada por Mar- 
tínez de la Rosa, á quien envió Ecliavarría un 
ejemplar, con dedicatoria en verso, que aquél 
contestó también en verso. De regreso en la Ha- 
bana fué Echavarría catedrático de Derecho 
Real, ingresó en la Real Sociedad Patriótica con 
carácter de socio de número, y prestó laudables 
servicios en la Casa de Maternidad. En 1819 se 
le eucargc el bando de buen gobierno que se 
publicó eu dicho año, bajo el mando de Juau 
Manuel Cajigal. El Doctor Echavarría, adicto 
al antiguo sistema, se opuso al régimen consti- 
tucional y aconsejó á dicho gobernador que no 
jurara la Constitución de 1820 hasta no recibir 
orden oficial al efecto. Se asegura que ayudó efi- 
cazmente, como comandante de un batallón de 
nacionales, á sostener el orden, continuamente 
alterado por los ]>iñeristas, y de aquí puede co- 
legirse que no escaparía de íos ataques de aque- 
lla exaltada prensa. Consta igualmente que 
Echavarría colaboró en calidad de poeta en los 
periódicos El Diario Liberal, \a Lira de Apolo y 
en otros literarios; eu aquél insertó su Silva al 
obispo Espada y su Epístola d Fuimirez (1820). 
En 1821 hizo oposición con Escobedo y Varelaá 
la cátedra de Constitución, la que obtuvo el últi- 
mo. EchavaiTÍa ganó más tarde, por oposición, la 
de Derecho patrio; por la misma época donó al 
Erario la suma de 3 000 pesos, y empezando por 
entonces el ejercicio de su profesión, logró gran 
crédito y fué secretario de la junta de teinporali- 
dades (1826; y auditor honorario de Marina. En 
22 de junio de 1826 pasó á la corte, donde alcan- 
zó la cruz de Carlos III y los honores de auditor 
general de departamento, y también recibió 
(1828) los poderes del Ayuntamieuto de la Ha- 
bana para representarlo y gestionar sus intereses. 
En 1830 sirvió á la asesoría del juzgado de la 
Real Casa y patrimonio de la isla de Cuba en la 
maestranza de Sevilla. En el siguiente año, 



ECHAZ 

muerto sil padre eu Santiago de Cuba, y confe- 
ridos al hijo los empleos de aquél, pasó a dicha 
ciudad y desempeñó hasta 1834 la Asesoría, te- 
nencia de gobierno y Auditoria de Guerra eu 
dicha provincia. En 1835, bajo el gobierno de 
Tacón, fué nombrado individuo del Estamento 
de procuradores á Cortes por Santiago de Cuba, 
iuutamente con Aiango (Andrés), Montalvo 
(Juan), y Kindelan (Sebastián), nombrados por 
otras circuscripcioues, y pasando á la península 
sostuvo con energía la necesidad de reformas 
para la isla, semejantes á las admitidas eu la 
madre patria. Eu aquella Asamblea, el «Apolo 
de Cuba, el indiano que brilló á lo europeo», 
palabras de Martínez de la Rosa, dio muestras 
de ser tan buen diplomático como era inteligente 
abogado; en septiembre del mismo año fué nom- 
brador oidor de la Audiencia de Barcelona, y al 
siguiente Auditor de Guerra del ejército del cen- 
tro y de las capitanías generales de Aragón, 
Valencia y Murcia. Es lastimoso que no se hayan 
coleccionado las obras de este distinguido cu- 
bano. 

-EciIAVARr.fATO'GABAN(BEKNAEDO):íí;0í/. 
Político español, hermano de Prudencio. N. en 
Santiago de Cuba el 1812. Alnmno del Semina- 
rio de la Habana pasó después á Sevilla, se reci; 
bió de abogado, y vuelto á la Habana desempeñó 
numerosos cargos honoríficos; fué síndico del 
Ayuntamiento, socio de la Económica y secreta- 
rio de la Junta de Beneficencia. Eu 1847 fijó su 
residencia eu Madrid, donde se le concedió una 
plaza eu el Consejo de Instrucción Pviblica, la 
que desempeñó siu sueldo; fué en 1854 vocal de 
la Junta consultiva de Ultramar; en 1856 alcal- 
de de uno de los distritos de Madrid, coucejal en 
1857, y á fines de 1858, por el mérito de sus 
servicios gratuitos, fué creado marqués deO'Ga- 
ban; en octubre de 1859 era senador del reino y 
fué además Consejero Keal de Instrucción Pú- 
blica, Ministro honorario del Tribunal Supremo 
de Guerra y Marina, gentilhombre de cámara, 
caballero de la Orden de Montesa, etc. Es nota- 
ble su informe sobre abusos en la curia, que en 
15 de junio de 1842 presentó á la primera auto- 
ridad de la isla de Cuba, y que suscitó el enojo 
de algunos magistrados, cuando se dio á luz en 
el folleto Abusos judiciales en la Habana; tam- 
bién merece ser leído un informe de 1841 sobre 
el proyecto de tratado de abolición con Ingla- 
terra. 

- Ecn AVARRÍA Y Peñalver (Manuel): Bíog. 
Keligioso y escritor español. N. en la Habana 
el 24 de diciembre de 1774. M. en la misma 
ciudad el 2 de septiembre de 1845. Hizo sus 
primeros estudios en el Seminario, y en mayo 
de 1784 vino á la península é ingresó en el Co- 
legio de Vergaia. En juuio de 1797 se recibió 
de Doctor en Teología en la Universidad de 
Bolonia, en la misma se ordenó de sacerdote, y 
allí cantó su primera misa, en sufragio del alma 
de sus padres (12 de octubre de 1797). Poco des- 
pués pasó á Roma, y en la iglesia de San Pedro 
celebró misa el Domingo de Resurrección (18 de 
abril de 1802). Eu seguida se embarcó para la 
Habana, á la que llegó en 10 de junio del 
año siguiente (1803), llevando para el convento 
de Santa Clara, doude habían profesado dos 
hermanas suyas, los cuerpos de los mártires Ce- 
lestino y Lúcida, cuyas reliquias aún guarda 
dicho monasterio. Se contó en el número de los 
que más servicios prestaron á la Casa de Bene- 
liceucia y á la Sociedad Económica, de que fué 
digno individuo, y más tardo socio de mérito. 
Eli 1820 publicó varios folletos defendiéndose 
de imputaciones que le dirigía el revoltoso Pi- 
ñeres, que no dejaba reputación sin maucha. Eu 
1825 vióse comisionado por el obispo de Gua- 
nianga, á la sazón suplente de Espada, para 
visitar las escuelas de los conventos de esta ciu- 
dad. En 1838 obtuvo el nombramiento de pre- 
lado doméstico de Gregorio XVI «con derecho á 
usar el vestido morado con manteletas;» fué tam- 
bién consultor teólogo y examinador sinodal do 
la diócesis de Cuba, vicerrector de la Univer.sidad 
pontificia, y tambiéu cultivó la literatura didác- 
tica; escribió una Memoria sobro los medios de 
e.vtiipar la mendicidad; en 1808 tradujo del 
italiano, en forma de meditaciones, la obra 
Ivochcs de Sania ilaria Magdalena. 

ECHAZO: Gcog. Barrio en el ayunt. de Cebe- 
ño, p. j. de Bilbao, prov. de Vizcaya; 10 cdifs. 

ECHAZÓN: f. Acción, ó efecto, de echar al 



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mar las cargas y otras cosas que hacen peso en 
la nave, cuando es necesario aligerarla, para 
que no perezca por la tempestad. 

- Echazón: Acción de arrojar una cosa, aun- 
que no sea eu el mar, por dicha causa. 

ECHEANdIa (de Echcandía, n. pr. ): f. Bot. 
Género de Liliáceas, tribu de las anteríceas, ca- 
racterizado por tener periantio niarcescente cou 
seis divisiones extendidas, con anteras couniven- 
tes y filamentos tres veces más cortos que el pe- 
riantio. El ovario tiene tres celdas multiovula- 
das y el fruto es capsular. Se han descrito cua- 
tro especies, que algunos botánicos reducen á 
una sola; son hierbas de hojas graminiformes 
que crecen en los Andes, especialmente en Mé- 
jico. 

- Ecbeandía (Pedro Gregorio): Biog. Véa- 
se Echandía. 

ECHECRATE: Biog, General tes-alónico. En- 
cargado por Ptolemeo Philopator del mando de 
las fuerzas griegas y de la caballería inerceiiaria, 
se distinguió notablemente en la batalla de Ra- 
phia, 217 años a. de J. C. 

ECHEGARAY (JosÉ de): Biog. Marino y es- 
critor español. Vivió en el siglo xviii. Ko hay 
datos de su vida. Sólo se sabe que fué teniente 
de navio, primer constructor de marina en el 
departamento de Cádiz, y director principal in- 
terino del cuerpo de constructores. Escribió nn 
Diccionario de Arquitectura naval, muy elogiado 
por Navarrete en la Biblioteca Marítima y en el 
Diccionario Marítimo español (1831). Eu la Bi- 
blioteca central de Marina, eu Madrid, existe 
gran número de obras manuscritas de este autor. 
-EcHEGARAY Y ElZAGUIRRE (JoSÉ): Biog. 
Poeta, matemático, economista y político espa- 
ñol contemporáneo. N. eu Madrid eu marzo de 
1833 y en la calle entonces llamada del Niño. 
Su padre era zaragozano y su madre guipuzcoa- 
ua, de Azpeitia. Échegaray, muy niño todavía, 
fué llevado á Murcia, donde cursó las primeras 
letras y la Filosofía. Pasó luego á Madrid á es- 
tudiar Matemáticas. Apenas había cumplido la 
edad reglamentaria que marcaban los progra- 
mas vigentes para el ingreso en las escuelas 
especiales costeadas por el gobierno, se presentó 
á examen en la de ingenieros civiles, y los bri- 
llantes ejercicios que hizo fueron aprobados con 
la honrosa calificación del número uno. Éche- 
garay conservó esta nota durante toda la carre- 
ra. Su aplicación llegó á ser tan grande, que su 
salud se resintió de tal manera que por espacio 
de algunos meses hizo temer por su juicio. Toda 
la enfermedad de que se vio acometido consistía 
en no querer comer; y si á fuerza de ruegos por 
parte de su familia consentía en tomar algunos 
alimentos, había de ser de noche, por lo que sus 
padres se vieron algunas veces en la precisión 
de hacerle creer que había anochecido para que 
se alimentara algo. La enfermedad desapareció 
por completo cuando menos lo esperaban su fa- 
milia y los facultativos que le asistían. Un plato 
de lentejas curó radicalmente la monomanía del 
enfermo; vio que lo comía uno de los criados de 
su casa y se le antojó; apresuróse entonces su 
familia á satisfacer gusto tan sencillo, y el mo- 
nomaniaco quedó curado. Acabó la carrera tras 
cinco años de extraordinaria aplicación. Primero 
en el escalafón de ingenieros, después de haber 
actuado como jefe en Almería y Granada, entró 
de profesor en la misma escuela donde tanto se 
distinguiera como discípulo. En ella desempeñó 
durante catorce ó dieciséis años (de 1850 y tan- 
tos á 1868) varias cátedras de Cálculo diferen- 
cial, de Mecánica, de Estereotomía y de otras 
asignaturas de la propia carrera. Intentó esta- 
blecer al propio tiempo una Academia particular 
en su casa, la que le hubiera procurado pingües 
productos, mas hubo de renunciar á ello visto 
que la enseñanza oficial y la privada habíanse 
declarado incompatibles. Entonces, como no 
bastara el cauce por donde discurría á la cauda- 
losa corriente do su inteligencia, lo rebasó en 
busca do exten.sión más dilatada. Las ciencias 
sociales lo atrajeron, como ya le habían cau- 
tivado las exactas, y dedicóse á la Economía 
política, afiliando.se á la escuela librecambista. 
El verdadero fundador del librecambio en Es- 
paña, durante el presente siglo , ha sido don 
Luis María Pastor, quien hacia 1856 fundó la 
Sociedad Libre de Economía Política, tt la que 
pertenecieron desdo el primer día Figuerola, 
Colmeiro, Gabriel Rodríguez, Moret y Echcga- 



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ray. Los dos últimos asistieron en representa- 
ción del gobierno al Congreso de economistas 
celebrado en Bruselas, en donde recogieron gran 
número do datos y noticias de no pequeña im- 
portancia para los fines de la Sociedad Libre- 
cambista Española. A fuerza de laboriosidad y 
de constancia, los partidarios del librecambio 
llegaron á establecer en 25 de abril de 1859 la 
Asociación para la Reforma de los Aranceles. 
Desde aquel día Échegaray propagó con entu- 
.siasmo sus doctrinas, ya en la tribuna del Ate- 
neo Científico y Literario de Madrid, ya en 
las columnas de los periódicos políticos y mer- 
cantiles. Échegaray, por lo tanto, preparó el 
triunfo de la Revolución de Septiembre desde 
las elevadas y serenas regiones de la Ciencia. 
Los individuos de la Asociación abrieron una 
campaña para la propaganda de sus doctrinas 
económicas y fundaron un periódico (1859) titu- - 
lado La Bevista, en el que aparecieron lumino- 
sos artículos, algunos de los cuales fueron escri- 
tos por Échegaray. Los librecambistas celebra- 
ban sus reuniones en el edificio de la Bolsa, eu 
la calle del Barquillo, edificio que ha desapare- 
cido, y á donde acudían casi todos los hombres 
de estudio, sin distinción de colores ni de cate- 
gorías. La Revista publicaba las notabilísimas 
discusiones mautenidas en la Bolsa, y en las quo 
nunca intervinieron los proteccionistas, no obs- 
tante haberles invitado y provocado muchas ve- 
ces para que lo hiciesen. Uno de los más infati- 
gables defensores de la Asociación para la Re- 
forma de los Aranceles era Échegaray que, 
en uuión de Moret y de Rodríguez, representaba 
el elemento joven más ilustrado de la Socidad 
Libre de Economía política en España. Pocas 
veces dejaba de tomar parte en las reuniones de 
la Bolsa: su palabra fácil y galana, á la par que 
su vasta instrucción, le conquistaron una envi- 
diable reputación entre los hombres de ciencia, 
así nacionales como extranjeros. Gran número 
de Sociedades, Ateneos y Academias le remitie- 
ron el título ó los diplomas de socio, y en perió- 
dicos de gran importancia y circulación de Ale- 
mania é Inglaterra llegaron á publicarse juicios 
críticos, en extremo favorables, acerca de Éche- 
garay, considerado como hombre de ciencia. Al 
discutirse los presupuestos en las Cortes Consti- 
tuyentes de 1869, Échegaray, que era diputado, 
hizo una brillante explicación de sus ideas en 
materia de Hacienda, combatiendo el proteccio- 
nismo de don Francisco Pi y Margall. Echej;a- 
ray abogó con elocuencia por el librecambio; 
aunque transigiendo con las circunstancias por 
que entonces atravesaban algunas provincias, 
propuso medios conciliatorios para llegar desde 
la prohibición hasta su sistema económico. A 
este fin, en unión de otros varios, formuló un 
voto particular al dictamen del gobierno sobre 
el presupuesto de ingresos. En apoyo de este 
voto particular prouuució un elocuente discur- 
so, que fué escuchado con profunda atención por 
la Cámara, así por la belleza de la forma como 
por lo levantado de los conceptos. Los firmantes 
del voto particular pretendían pasar en un cierto 
número de años del proteccionismo al libre- 
cambio para no resentir de una manera súbita 
y brusca los intei'eses creados en algunas pro- 
vincias á la sombra de la protección que venía 
dispensándolas el gobierno. Échegaray, por con- 
siguiente, no creía que debía usarse con la Ha- 
cienda otro tratamiento que el que aconsejaba 
la liliertad unida en amigable consorcio con la 
prudencia. Una serie de reformas que tendiesen 
á la completa supresión de los aranceles, era el 
único plan rentístico á que debían sujetarse to- 
das las cuestiones do la Hacienda Pública. Éche- 
garay, cuando ha sido Ministro de Hacienda, ha 
procurado restablecer en lo posible el crédito y 
fomentar la producción, base de toda ricjueza. 
También ha sido objeto de sus cuidados el exacto 
cumplimiento de las obligaciones y compromisos 
del Tesoro. Según Échegaray, en cuestiones do 
Hacienda y en las circunstancias por que atra- 
viesa la de España, no so debe em])lear masque 
uno de estos dos sistemas: el del terror ó el de 
la prudencia. Esto último tiene sobro aquél, y 
sobre todos los demás, la ventaja de producir 
reacciones muy favorables para el crédito, qne 
es, entre todos los valores, el que necesita de 
mayores cuidados. Échegaray, mientras ha lier- 
manecido al frente del Ministerio de Hacienda, 
y sólo por su marcha prudente y ordenada en 
los negocios, ha adquirido reputacióu do buen 
hacendista, ó por lo menos do hacendista sopor- 



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tablo. La viiU del hacendista lujo del libre- 
cambio es iiihcpaiablo do la bistoria del político 
de avanzadas ideas, l'ucde decirse que Echega- 
ray inició su carrera jiulítica con el triiinfu do 
la Revolución de Si-plicnibre de 1868. Cierto es 
i|ue Eclioí;Hray preiiuró aiguella victoria desde la 
hcrena región de las ideas; pero no lo es menos 
i|Ue había permanecido alejado do la lucha ilia- 
ría de los partidos. Constituyóse el primer Mi- 
nisterio revolucionario, y Figuerola , Ministro 
de Hacienda, á nombre de Ruiz Zorrilla, ofre- 
ció á Echcj^aray, por medio de una carta , el 
puesto do Director general de Obras Publicas. 
Uñado las cosas que nuis contiibuycron á la 
))opularidad do D. Manuel Kuiz Zorrilla fué el 
halier sabido rodearse de honilires que, como 
Kchcgaray, dieron ]>restigio y fuerza á la idea 
revolucionaria triunfante en Alcolea. Convocado 
el país á Cortes Constituyentes, Kchegaray fué 
ele^'ido diputado, en segundas elecciones, por 
Oviedo y por Murcia. Al tomar asiento en la 
Cámara jiopular gozaba }-a de justa fama como 
orador brillante y apasionado; su rica fantasía 
y su fecunda palabra habían arrebatado muchas 
voces en los Ateneos y en las Academias. El 
))ais y sus representantes csperabau impacientes 
el momento de oirlo eu las Cortes. Mo so hizo 
esperar esto mucho tiempo. Ocujiábause las 
Cortes en la discusión del proyecto constitucio- 
nal, y habían terciado ya eu los debates orado- 
res muy ilustres y elocuentes, cuando José 
Ecbegaray, en la tarde del día 6 do mayo do 
18C9, pronunció un eloeueutísimo discurso de- 
fendiendo la libertad religiosa. Kclicgaray fué 
elevado al Miiústerio A los jiocos días, merced á 
su elocuente di.scurso del día 6, bajo cuya im- 
presión so hallaban todos los hombres políticos 
cuando se vcrilicó la crisis que dio por resultado 
la modilicación del Ministerio que presidía el 
marqués do los Castillfjus. Desde el estableci- 
miento del Gobierno provisional, Eehegaray 
había desempeñado la Dirección general de 
Obras Públicas, lia-sta el día 15 de julio de 18U9, 
eu que fué nombrado Miuislro do Fomento. El 
Gabinete-do que formó parto estaba juesidido 
por el general Trim. Como Ministro de Komento, 
Eehegaray siguió con segura planta la senda de 
su antecesor Ruiz Zorrilla, y á no haber éste 
casi agotado todas las reformas en sentido radi- 
cal, aquél hubiera adquirido nota de revolucio- 
nario como Ruiz Zorrilla. Eehegaray que, como 
procedente de la fracción democrática, había 
tomado asiento en las Constituyentes de 18(59 al 
lado de Martos, Becerra y demás hombres políti- 
cos que desde 1854 venían abogando ))0r las doc- 
trinas democráticas en España, se mostró siempre 
partidario de las soluciones más radicales en toda 
clase do asuntos, así políticos como económicos y 
religiosos. Fué por lo tanto uno de los que mas 
coutribuyerou á la separación de los opuestos 
elementos que se habían unido para hacer la re- 
volución de 1868, y trabajó para la formación 
del partido radical. Habíase dado á conocer 
Eehegaray como orador vehemente, fluido y 
vigoroso, mediante el citado famoso discurso, y 
como Ministro hubo de sostener empeiíados 
combates parlamentarios, en los que vigorizó y 
depuró su elocuencia. Elegido rey de España 
don Amadeo de Saboya, Eehegaray, que había 
conservado dos años su cartera, formó jiarte de 
la comisión que en Cartagena recibió al nuevo 
monarca, y en el verano de 1872 volvió á ser 
nombrado Ministro de Fomento. Eu diciembre 
del mismo año, cediendo á las instancias de sus 
amigos políticos, aceptó la cartera de Hacienda. 
Pasó de nuevo á la oposición cuando cayó del 
gobierno el partido radical, y siguió trabajando 
con suma actividad por el triunfo de sus ideas. 
En las columnas de El Imparcial apareció por 
aquellos días un artículo titulado Dcscorícsia 
parlamentaria, atribuido á Echcg^iray y califica- 
do de descortés é irreverente ))ara Amadeo I. 
La penúltima vez que salieron del gobierno los 
radicales, Eehegaray tiró ya con bala roja á la 
persona del monarca desde las columnas de di- 
cho periódico. Llegó á decir que era pireciso orear 
todavía mucho el palacio de la plaza de Oriente. 
Eehegaray formó parte del último Gabinete ra- 
dical como Ministro de Hacienda. Cuando rodó 
la monarquía saboyana, Eehegaray dejó á su 
vez el Ministerio y quedóse á un lado, si cabe 
decirlo así, como individuo de la comisión per- 
manente. Pero llegó el 23 de abril do 1873, y ya 
ni mantenerse pudo sin riesgo, porque, disuelta 
por los republicanos la nombrada con;isién, Kehe- 



ECHEG 

garay juzgó prudente alejarse. Dejando en Ma- 
drid á su landlia (ya era entonces marido y pa- 
dre), marelióse á París, doudu residió medio año 
no con mucha liolgura ni menos con sosiego y 
complacencia. Disueltas las Cortes lederalcs ]ior 
el general l'avía, Eehegaray liguró en el Minis- 
terio do conciliación formado )>or liond>res de 
diversos partidos y que se denominó del 3 de 
enero (1874). Entro en él Echegar.iy en repre- 
sentación de los radicales, {>cro sólo tres meses 
desemjieñó su puesto, el de Ministro de Hacien- 
da, como la vez anterior. Triunfante la Restau- 
ración, tachóse de inmoral, por algunos diputa- 
dos do las ¡irimeras Cortes borbunicas, la con- 
ducta do los radicales. Con este motivo, á peti- 
ción de Castelar, del marqués do Sanloal y 
algún otro dijuitado do oposición, abrióse en 
1876 una información ]>arlamentaria á fin de 
juzgar la gestión económica de los Ministrosdcl 
período revolucionario. Eehegaray entonces pro- 
curó ser elegido diputado á Cortes, para lo que 
rogó á Romero Robledo que no le hiciera oposi- 
ción en los comicios, pues su único propósito era 
contribuir al esclarecimiento de los hechos; y 
cuando obtuvo el acta que deseaba, triunfo que 
facilitó Romero Robledo, pronunció un discur.so 
protesta contra las acusaciones que herían la 
honra do los Ministros do la época revolnciona- 
ria, La información terminó declarando el Con- 
greso q\ie había sido íntegra la conducta de los 
Ministros de Hacienda desde 1S68 á 1874. Fir- 
mó Eehegaray, con Martos, Salmerón y otros 
muchos el Mauillesto de 1.° de abril de 1880, 
que dio origen al partido republicano progre- 
sista, decidido defensor del procedimiento revo- 
lucionario. Separóse con Martos de la mayoría 
de aquel partido el 1881, y desdo el día en que 
Martos ingresó en el campo monárquico (1883), 
vive Eehegaray alejado de la política, ya porque 
se juzga desligado do los gobiernos do la Res- 
tauración por dignidad y consecuencia, ya por- 
que, si no quiere seguir, tampoco quiere opo- 
nerse á su anngo Martos. Ha dejado gratos re- 
cuerdos en el ran.o do Obras Públicas, pues 
como director del mismo y como Ministro de 
Fomento, desarrolló cuanto pudo, atendida la 
mala situación de nuestra Hacienda, el servicio 
de carreteras y feriocarriles. A su eficaz ayuda 
debióse la construcción del ferrocarril do Mal- 
partida. Al dejar de ser Ministro por Vdtimavez 
eu 1874, aceptó el cargo de jefe director de la 
mencionada línea. En el cuerpo de ingenieros 
civiles está clasificado entro los de primera clase. 
No ha admitido cruces, ni condecoraciones, ni 
títulos de nobleza. 

Es Eehegaray sin disputa uno délos primeros 
y mejores matemáticos de España; goza fama do 
gran calculista, y en este concepto es más cono- 
cido en otras naciones que en la nuestra. Ha 
escrito varios tratados de Matemáticas que, aun- 
que no llevan su nonibie, no por esto deja do 
saberse quo están escritos por él. Su teoría de 
derivadas es de lo más completo que hasta ahora 
se conoce. También merecen citarse sus proble- 
mas sobre la analítica do dos y tres dimensiones. 
Estos problemas llevan el nombre del sabio ma- 
temático. En 3 de abril de 1865, Eehegaray fué 
elegido individuo de la Academia de Ciencias 
Exactas, Físicas y Naturales. Tomó posesión de 
su cargo en 11 de marzo del año siguiente, le- 
yendo un discurso de entrada que mereció las 
censuras de una parte de la prensa, no porque 
su forma no respondiese á la ilustración y buen 
nombre de su autor, ni tampoco porque los 
conceptos científicos contenidos en el discurso 
del nuevo académico no estuviesen á la altura 
de su criterio, sino jiorípie, ofuscado por un espí- 
ritu exagerado de simjiatía hacia los sabios de 
otros países, maltrató de una manera injusta é 
inexacta á España al hacer la historia de las 
Matemáticas en este jiaís. Refiriéndose Eehega- 
ray á los siglos XV y xvi, se lamentaba con frase 
amarga de que España no ¡¡udiera presentar otras 
obras de Matemáticas que Aritméticas do viejas 
y Geometrías de sastre, afirmación desmentida 
por los hechos, pues en aquellas centurias tenía 
España eminentes profesores eu Ciencias físicas 
y matemáticas, como lo prueba el que la Uni- 
versidad de París pidiera al cardenal Cisneros 
nn catedrático de los que tanta nombradla ha- 
bían alcanzado cu la Universidad de Alcalá de 
Henares, con el fin de que se encargara en la de 
París de una cátedra de Matemáticas. Uno de 
los periódicos que criticó con detenimiento el 
discurso académico de Eehegaray fué La Dcmo- 



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erada, el cual, por las ideas que sustentaba y 
por los redactores (lue lo escribían, no podía pa- 
recer sospechoso al juicio de Eehegaray, cuya 
afinidad política con algunos redactores de La 
Democracia era de todos conocida. La crítica 
del diario democrático dio origen á varias recti- 
iicacioncsiior paite de Eehegaray, que en nin- 
guna de ellas tuvo la suerte de llevar el con- 
vencimiento al ánimo de sus impugnadores. 
Eehegaray es individuo electo (28 de junio de 
1882) de ¡a Academia do la Lengua, eu la que 
ha sucedido á don Ramón do Mesonero Roma- 
no.s. Socio del Ateneo Científico y Literario de 
Madrid, ha ejercido en este centro el cargo de 
presidente do la sección de Ciencias físicas. 
Siendo Ministro de Fomento, en los días do 
Amadeo I, confirió espontánea y graciosamente 
lacruzdcCarloslIlá los sabios franceses Lionvi- 
lle, Chasles, Hertrand y Claudio Rernard. La lista 
do sus obras científicas es de cuantía, aunque no 

Íiucda compararse con la de sus obras teatrales, 
lela a<|UÍ: Elementos de Agricultura tcúrico-jirác- 
lica,acoModa(losulclimadeEspaña(iladvid,Íb^i2, 
en 4."); Teorías inodenias de la Física, unidad 
de las fuerzas materiales, primera y segunda serie 
(Madrid, 1883, 2 tomos en S." mayor), «esta 
obra, dice un biógrafo, tiene la profundidad é 
im])ortaucia do un libro científico y la brillantez 
y galanura do una composición literaria;» Pro- 
Ihiiuis de Geometría (un vol. ) ; I'rohlemas de Ana- 
lítica; Iniroducciin á la Geometría superior; Teo- 
ría de determinantes ; Cálculo de xariacioiies; 
IntroduceiúH á la teoría matemática de la luz; 
La termodinámica; El túnelde los Alpes;La Ex- 
posición de Elcctricidati , colección de artículos, 
con otros muchos publicados en la Ilevista de 
Obras rúblicus, en la I¡is¡jano-Amcricana, en 
la Ilustración Artística do Barcelona y en al- 
guna más, amén de los insertos eu periódicos 
científicos, políticos y literarios, y de los discur- 
sos eu la Academia de Ciencias Naturales, á las 
quo profesa siempre afición decisiva y constante 
Echegaraj'. 

Si como político y economista, como escritor 
y hombre de ciencia, es Eehegaray una figura 
notable de nuestra é])oca, aún posee mejores 
títulos para la inmortalidad como poeta. Du- 
rante el período do su projiaganda librecambis- 
ta, por los años do 1858 y 1859, debió do ten- 
tarle por primera vez el demonio seductor de la 
poesía, á juzgar por un artículo científico fan- 
tástico que publicó con el título á.e El fin del 
mundo. Para referir los incidentes de su vida 
dramática tomamos como fuente la biografía 
escrita por Luis Alfonso, á quien copiamos de 
un modo casi literal. En 1865 empezó Eehega- 
ray á escribir un drama. Su afición al teatro 
contaba ya larga fecha: desde que era alumno 
de la Escuela do Ingenieros y aciolescente toda- 
vía. Empleaba entonces el poco tiempo y el no 
mucho dinero do que disponía en asistir á todos 
los estrenos, en asiento de galería por supuesto, 
y bien puede afirmarse que desde aquella éjioca 
hasta hoy no ha quebrantado esta costumbre 
más que cuando estuvo ausente de España o en 
el gobierno: de emigrado ó de Ministro. No ter- 
minó aquel drama ni volvió jamás á ocu)iarse de 
él; pero dos años después, en 1S67, acabó re- 
sueltamente de ser platónico su amor á la dra- 
mática, con lo cual, poteute él y fecunda ella, 
tuvo pronto una hija: La hija natural. A.sí, en 
efecto, se titulaba un drama eu un acto y en 
verso que anónimo envió á una actriz insigne, 
amiga suya. No halló la actriz propia para ser 
representada la obra del novel incógnito poeta; 
pero éste, sin desalentarse por el primer fraca- 
so, tornó con más brío á la tarea y escribió los 
tres actos de un drama en verso, que ocho años 
más adelante, y adicionado con un epílogo, ha- 
bía de representarse eu el Teatro Español con el 
título de La Ultima Noche. Recordando el fracaso 
de la tentativa anterior, á nadie envió ni leyó 
á nadie el nuevo producto do su ingenio que, 
juntamente con la malaventurada Hija natural, 
esperó más prósperos días. En París, donde, 
como se ha dicho, vivió eu 1873, espoleado por 
el temor de hallarse de nuevo reducido á sus 
propios recursos -y he aquí como «no hay mal 
que por bien no venga,»- pensó resueltamente 
en obtener provecho de su trabajoliterario. Y bien 
lo avino, que hacia 1884 no bajaba ningún año 
de quince mil pesetas lo que por sus derechos do 
autor cobraba en España. Poniendo sin tardanza 
manos á la obra, fraguó el plan y escribió las 
primeras escenas de una comedia en un acto (no 



ECHEG 

qniso aventurarse á más), que tituló El Libro 
Talonario, y que, al regresar á Madrid (donde la 
terminó) entrego á Jlatilile Diez, suponiendo que 
era la primera producción de un su amigo. Ma- 
tilde Diez, que actuaba entonces en el Teatro de 
Apolo con Antonio Vico, tuvo por buena la co- 
media, y con el citado autor y Cepillo la puso 
en ensayo, avisando para ello al autor, que ha- 
bíase olvidado ya de su obra. Ocurrió por cierto, 
durante los preparativos de la representación, 
un curiosísimo incidente. Ignorábase, como di- 
cho queda, en el teatro quién era el autor de El 
Libro Talonario; pero habiendo por acaso leído 
Canipoanior algunos versos, muy poco.?, de la 
pieza, «Es de Echegaray;» afirmó sin titubear, 
con no poca extrañeza y mayor incredulidad de 
los que le oían. ¡Singular adivinación, tanto 
más singular cuanto que Echegaray no había 
dado á la estampa verso alguno! En 18 de fe- 
brero de 1874 se estrenó El Libro Talonario en el 
Teatro de Apolo; aclamado por los concurrentes 
el autor, adelantóse Vico al proscenio y dijo que 
era un D. Jorge Hayaseca que en el extranjero 
residía. Nadie lo creyó; y como este nombre e.s, 
en suma, el anagrama de José Echegaray, y 
como no era tampoco dificultad insuperable dar 
con el verdadero autor, presto cundió la noticia 
de que el novel escritor dramático no era otro 
que el Ministro de Hacienda. Al dejar de serlo 
marchóse Echegaray á los baños de Alhama de 
Aragón, de los que había menester su salud un 
tanto quebrantada; detúvose en los baños algún 
tiempo, y allí, alentado por la propicia suerte 
de su ensayo, entregóse sin recelo ásus aficiones 
escribiendo el primer acto de La Esposa del Ven- 
gador, drama que acabó en Madrid y que vio 
puesto en escena en 14 de noviembre de 1S74. 
La noche de su estreno quedó Echegaray arma- 
do caballero de la orden dramática; fueron el 
espaldarazo y la bofetada .simbólicos las palma- 
das con que el público del Teatro Español salu- 
dó, poseído de entusiasmo, la aparición de un 
nuevo principe de la escena. El 2 de marzo de 
1875 representóse en el propio teatro otra pro- 
ducción escrita con posterioridad á las dos ci- 
tadas, y que lleva por titulo La Ultima Noehe. 
Rehacio anduvo el auditorio en aceptarla duran- 
te los tres actos, y momentos hubo en que ama- 
gó la tormenta que el fracaso trae consigo; mas 
al llegar al epílogo trocóse en bonanza la tem- 
pestad, y alcanzó Echegaray una ovación. Como 
el drama era antiguo y moderno el epilogo, hu- 
bo de reconocerse que no había retroceso en las 
facultades del autor, siendo de esta opinión 
prueba concluyente el estreno de En el Puño de 
la Espada. Pasó un tanto frío el primer acto, 
derritióse el hielo al calor del entusiasmo en 
mitad del segundo, y al terminar el postrero la 
masa general del público, estrepitosa, arrebata- 
da, frenética, envolvió en truenos de aclamacio- 
nes y en rayos de gloria la figura de Echegaray. 
Ya de entonces acá no ha dejado de producir. 

He aquí un catálogo casi completo de las do- 
más composiciones dramáticas: En el Puño de la 
Espada, drama trágico en tres actos y en verso 
(Teatro do .-Vpolo, 12 de octubre de 1875), acogi- 
do con éxito entusiasta y ruidoso; l/n sol que 
nace y un sol que mucre, comedia en un acto y 
en verso (Teatro del Circo, 29 de febrero de 
1876), juzgada con aplauso por el público; Cómo 
emineza y cómo acaba, drama trágico en tres 
actos y en verso, primera parte de la trilogía 
(Teatro Español, 9 de noviembre de 1876), reci- 
bido con agrado; El Gladiador de Ravcna (imi- 
tación del alemán), tragedia en un acto y en 
verso (Teatro de Novedades, 10 de noviembre de 
1876), acogida con buen éxito; O locura ósanti- 
dad, drama en tres actos y en prosa (Teatro Es- 
pañol, 22 de enero de 1877). Obtuvo éxito ex- 
traordinario y ruidosísimo; Iris de paz, juguete 
en un acto y en verso (Teatro Español, Í0 de 
febrero de 1877), acogido con buen éxito; Para 
tal culpa tal pena, drama en dos actos y en verso 
(Teatro Español, 27 de abril do 1877), que al- 
canzó buon éxito, y que fué escrito diez años an- 
tes, en un acto y con el título do La hijanatu- 
ral; 1^0 que no puede decirse, drama cu tres actos 
y en i¡rosa, segunda parte de la trilogía (Teatro 
Español, 14 de octubre do 1877), estrenado con 
nuiy buen éxito después de algunas vacilaciones; 
En el pilar y en la cruz, drama en tres actos y 
en verso (Teatro Español, 26 de febrero do 
1878). Alcanzó muy buen éxito en los actos 
primero y segundo, y mediano en el tercero; Co- 
rrer en pos de un ideal, comedia en tres actos y 



ECHEG 

en verso (Teatro Español, 15 de octubre de 
1878): obtuvo buen éxito; Algunas veces aquí, 
drama en tres actos y en prosa (Teatro de Apolo, 
15 de octubre de 1878), recibido con éxito inde- 
ciso, al final tumultuoso; se aplaudió á Echega- 
ray, no al autor de la obra; Morir }}or no desper- 
tar, leyenda dramática en un acto y en verso 
(Teatro de Apolo, 10 de febrero de 1879), bien 
recibida por el público; En el seno de la muerte, 
leyenda trágica en tres actos y en verso (Teatro 
Español, 12 de abril de 1879), acogida con éxito 
entusiasta, ardiente y ruidoso; Bodas trágicas, 
cuadro dramático en un acto y en verso (Teatro 
de Apolo, 24 de mayo de 1879): alcanzó buen 
éxito; Mar sin orillas, drama en tres actos y en 
verso (Teatro Español, 20 de diciembre de 1879), 
estrenado con éxito muy incierto, con protestas 
en el primer acto y mal resultado en conjunto; 
La muerte en los labios, drama en tres actos y en 
prosa (Teatro Español, 30 de noviembre de 1880), 
recibido con extraordinario aplauso; El gran 
Galcoto, drama en tres actos y en verso, prece- 
dido de un Prólogo en prosa (Teatro Español, 
19 de marzo de 1881): alcanzó favorable éxito 
calurosísimo y extraordinario; Haroldo el Nor- 
mando, leyenda trágica en tres actos y en verso 
(Teatro Español, 3 de diciembre de 1881): se 
recibió con aplausos ; Los dos curiosos impertinen- 
tes, drama en un prólogo y dos actos, en verso, 
tercera parte de la trilogía (Teatro Español, 8 
de abril do 1881): alcanzó buen éxito; Conflicto 
entre dos deberes , drama en tres actos y en verso 
(Teatro Español, 14 de diciembre de 1882), es- 
trenado con éxito ruidoso y entusiasta; Un mi- 
lagro en Egipto, estudio trágico en tres actos y 
en verso (Teatro Español, 24 de marzo de 1884), 
obtuvo buen éxito ; Piensa mal ¿y acertarás? Casi- 
proverbio cómico en tres actos y en verso (Tea- 
tro Español, 5 de febrero de 1884), tuvo éxito 
mediano: Manantial qtie no se agola, drama en 
tres actos y en verso (Teatro Español, 9 de 
marzo 1889): alcanzó buen éxito; Los rígidos, 
drama en tres actos y un prólogo, en verso (pri- 
mero en Barcelona, julio de 1889 y des|iués 
Madrid 19 de noviembre de 1889): alcanzó 
buen éxito; Vida alegre y muerte triste, éxito 
ruidoso; La realidad y el delirio; Del llano á la 
montaña, en un acto, estrenada en Barcelona, 
como igualmente Lo sublime en lo vulgar. De 
mala raza. Dos fanatismos. Vari.is de estas pro- 
ducciones han sido traducidas á otros idiomas. 
Al alemán La esposa del vengador y En elscno de 
la muerte, por el bizarro hispanófilo de Colonia, 
Juan Fastenrath. La primera la tradujo en ver- 
so é hizo de ella una elegante edición. Al fran- 
cés El gran Galeota, por la viuda de Rute (an- 
tes princesa Rattazi), y también al alemán, ha- 
biéndose representado muchas noches en uno 
de los principales teatros de Berlín, y O locura 
6 santidad, por el señor Puerta. Aquella tra- 
ducción estaba destinada á un teatro de Pa- 
rís, pero no se ha representado; la segunda fué 
recibida en la Comedia Francesa pero á true- 
que de tantas correcciones que el traductor se 
negó á ace)itarlas, y tampoco se representó. Al 
portugués ¿í Gran galeota, por la conocida escri- 
tora Guiomar Torre^ao; al italiano El gran Ga- 
leota, que hasido puesta en escena;í'íicZ7.)ií)íOfZí; 
la espada, torpemente traducido; El Gladiador 
de Eaveiia, ]}or Giacometti, para representarlo la 
Ristori, y en verdad no con mucho acierto; y 
O locura ó santidad, por el marido de la Pezzana, 
y representado por ésta en Madrid, no con tanta 
perfección como por la Boldún. Al sueco O locu- 
ra ó santidad, y, según noticias, Haroldo el Ahor- 
mando. Por los teatros de América andan no me- 
nos que por los de España; mas como ni derechos 
de representación ni de impresión se pagan, no 
es exagerado calcular en más de cincuenta mil 
duros lo que hubiera podido ganar allí y no ha 
ganado el autor de tales obras, en tal manera 
difundidas por aquellas tierras, que no es ma- 
ravilla topar con un labriego de las Pampas 
distrayendo sus ocios con la lectura de un dra- 
ma do Echegaray. 

Luís Alfonso, que ha estudiado detenidamen- 
te el teatro do Echegaray, le juzga en los si- 
guientes términos: «Drama trágico, leyenda 
trágica, estudio trágico, denomina á ésta ó aqué- 
lla de sus producciones; á todas alcanza igual 
apelativo; de la propia manera que el titulo con 
que rotula una de ellas, de las más aplaudidas, 
es el título que en puridad correspondo á cuan- 
tas ha escrito: refiérome A Conflicto entre dos de- 
beres. Como eu cada una de sus obras dramáticas 



ECHEG 



55 



ocurre una muerto, ocurre en cada una un con- 
flicto, al cual dos deberes en lucha dan aliento... 
Por esta circunstancia puede venirse en conoci- 
miento de la cualidad y el defecto más persis- 
tentes de Echegaray: lo poderoso de su inventiva 
y lo artificioso de sus composiciones... Por su 
forma, mejor dijera que su traje, se distinguen 
en dos especies los dramas de Echegaray: unos 
de época, otros de costumbres, según el len- 
guaje de telón adentro. De los primeros ha 
escrito más que de los segundos, y es ello tanto 
menos sorprendente cuanto que el lirismo y el 
romanticismo que le acompañan donde quiera 
- como guardianes fieles y valerosos ó como dia- 
blos tentadores, según á ustedes plazca, -mejor 
se avienen con la ropilla y los gregiiescos que 
con la levita y los pantalones. Y así como nin- 
guna de sus tragedias de capa y espada pudiera 
encajar en el marco de la vestimenta y costum- 
bres de hoy, porque son, cual procede, propias 
por su esencia, tanto como por sus accidentes, de 
otros tiempos, así muchos dramas suyos á la 
moderna pudieran fácilmente trocar do atavío, 
y, conservando su acción, su desarrollo y hasta 
su lenguaje, retroceder de este siglo al xvi ó 
al XV. Tal condición demostraría que Echega- 
ray es un trovador de la escena, un poeta do 
leyendas teatrales, al modo de Zorrilla, si no 
topáramos con obras concebidas al hervor de las 
pasiones y vicios del día, como O locura 6 santi- 
dad y El Gran galcoto, que sobresalen cual las 
que más entre las suyas...» 

«Cuanto á él, dice el mismo escritor, ¡qué 
más toca referir al biógrafo?... Que está casado 
con doña Ana Estrada... que es por su persona 
de regular estatura, enjuto de carnes, de color 
quebrado, en extremo sensible al frío, muy ner- 
vioso y miope; que usa bigote y perilla, la cual 
febrilmente acaricíalas noches de estreno de sus 
obras; que es su voz aguda y penetrante, y 
afable, benévolo y cordial su trato. Réstame 
sólo añadir que en su rostro, así como en los 
montes volcánicos hay flores en la falda y lavas 
candentes en la cima, hay siempre sonrisas en 
los labios y relámpagos de fuego en los ojos.» 

- ECHEG.\EAT T ElZAGUlRKE (MrGFEL}:5lOí)'. 
Autor dramático español contemporáneo. N. en 
Quintanar de la Orden (Toledo) el 29 de sep- 
tiembre de 1848. Hacían los padres de Echega- 
ray un viaje de Madrid á Murcia, y habiendo 
acometido á la madre los dolores del alumbra- 
miento tuvieron que detenerse en Quintanar de 
la Orden, donde, como ya se ha dicho, vio la luz 
el que había de ser después fecundo autor có- 
mico. Gran precocidad demostró Miguel: á los 
dieciséis años había ya escrito una comedia 
titulada Cara y Cruz, que se estrenó en el Teatro 
del Circo, y de la cual hicieron los periódicos 
grandes elogios, calificando á su autor de «es- 
peranza del arte» y «gloria futura.» Entre esta 
su primera obra y la segunda transcurrieron diez 
años, (jue consagró Echegaray á sus estudios. 
Siguió y termino en 1869, con gran lucimiento, 
las carreras de Derecho y Filosofía y Letras. 
Ejerció durante tres años la carrera del foro, 
fué individuo déla Academia de Jurisprudencia, 
y pronunció en ella varios discursos defendiendo 
las ideas más radicales, discutiendo con Rai- 
mundo Villaverde, Francisco Silvela y Kamóu 
Nocedal. Cuando su hermano José Echegaray 
fué Ministro de Fomento y de Hacienda, lo 
sirvió Miguel de secretario particular; fué des- 
pués nombrado jefe de Administración y elegido 
diputado á Cortes en las radicales que en 1873 
terminaron su vida proclamando la República. 
Vino la Restauración borbónica, y Miguel, que 
no sentía afición á la carrera del foro, y á quien 
sus firmes y arraigadas ideas políticas le obli- 
gaban á retirarse por entonces de la vida pública, 
volvió al teatro, donde alcanzó á los dieciséis 
años un triunfo, y donde le esperaban otros 
muchos. Más do cincuenta obras cómicas ha 
escrito, estrenadas la mayor parte en el Teatro 
de la Comedia, y algunas en los de Lara, Apolo 
y Alhambra. Sus mayores éxitos los obtuvo en 
las comedias tituladas Servir para algo, Caerse 
de un nido. En plena luna de miel. Los demonios 
en el cuerpo. Inocencia, El octavo no mentir, Con- 
tra viento y marca. Enemigo, Vivir en grande, 
Echar la llave. Los hugonotes y Sin familia. 
Como autor cómico se distingue Echegaray por 
una gran vis cómica, mucho conocimiento do la 
escena y una acabada pintura de los personajes. 
Para componer su obras Inoceneia y Él octavo no 



66 



ECHEN 



mentir vince haberse inspirado en las del tea- 
tro antiguo La niña boba de Lope y X(i tcrdad 
sospechosa de Alarcón. Su vcrsilicaciún es á me- 
nudo fácil y correcta, pero en ocasiones descui- 
dada y prosaica, quizás poríjuc produce mucho ó 
rjuizás jiorqne creo ijue en ocasiones debe sacri- 
licarse la versificación en busca do una gran 
naturalidad en el lenguaje, condición que exige 
el gi'iiero que cultiva. En busca do lo cómico 
olvida á veces no sólo la verdad sino bástala 
verosimilitud, llegando á veces al terreno de lo 
bnl'o; mas á pesar do estos peíjucfios limares, en 
que incurro tal vez porque asi lo pide el gusto 
lie la época, es sin dis]iuta un autor de claro 
talento y de agudísimo ingenio. Tiene una gran 
afición á los ejercicios corporales, la gimnasia y 
la esgrima. Posee el francés, el inglé.<,cl alemán 
y el italiano, sobresaliendo especialmente en el 
conocimiento do la lengua lieltrea, en la que ob- 
tuvo un premio. Hace años, al vi-itar la Sina- 
goga do Ginebra, el judío que se la enseñaba lo 
dijo:«¡Cosa singular! Treinta ai^os hace que estoy 
aquí. Todavía no ha entrado por esa puerta un 
viajero que conozca mi idioma, J> Echegaray en- 
tonces pidió un libro en hebreo, leyó, y el judío 
se quedó asombrado. - ¡Do dónde es usted? lo 
preguntó. - Español, contestó Miguel ; en España 
lo sabemos todo. España es el pueblo más ilus- 
trado del mundo.» Una do las mejores comedias 
de Echegaray es la titulada Sin familia. La 
última que ha dado á la escena, en el Teatro do 
Lara, (1S90) titúlase Viajeros de Ultramar. 

ECHEGOYEN: Gcog. Lugar en el ayuut. do 
Avala, p. j. do Amurrio, prov. de Álava; nuevo 
cililicios. 

ECHELLES (Les): Gcor;. Cantón del di.st. do 
Chambery, dcp. de la Saboya, Francia; 11 mu- 
nicipios y SOOO habits. 

ECHEN A (.lo.sÉ): Biog. Pintor español con- 
temporáneo. N. en Fuentcrrabía (Guipúzcoa). 
En las Exposiciones que abrió en Sladrid (1S81 
y 1SS2) el comerciante Hernández, y eu la cele- 
brada en el último de los citados años por Bcsch, 
¡irescntó' varias acuarelas, que fueron muy elo- 
giadas por la prensa, y de las que merecen re- 
cuerdo las siguientes: Una odalisca, Dosaniiyas, 
Jlodrigón, Unos pilludos registrando el cadáver 
de un oficial de húsares. Eu la Exposición Nacio- 
nal de Bellas Artes celebrada en iMailrid en 1881 
obtuvo una medalla do segunda clase por su 
cuadro Llegada al Calvario, y en la do 1SS7 
)ireseutü un lienzo que representaba á Sanaón y 
Datila. 

ECHENlQUE (.To.sií RuFlNo): Biog. General 
peruano y presidente de la República. N. en 
i'uiio en i 808. A la edad de trece años entró do 
cadete en los ejércitos (pie organizó el Perú con- 
tra la dominación española eu 1821, y concurrió 
eul823 á la segunda campaña de Intermedios. 
Batióse también en Cochabamba, en donde cayó 
prisionero, siendo confinado cou otros á la isla 
de Esteves en el lago Titicaca. Puesto en liber- 
tad después de la batalla de Ayacucho, fué rein- 
corporado al ejército, y destinado al mismo 
cuerpo cu que antes había servido luchó contra 
los habitantes de las Punas de Iquicha, que se 
sostuvieron por largo tiempo en favor de los 
españoles, y cou los que había diarios combates. 
Combatió con distinción, y por dos veces, contra 
las fortalezas del Callao, sublevadas. Se halló 
en la célebre retirada ala sierra, ocupando el ce- 
rro do Pasco. Peleó en Juníu contra las fuerzas 
del general Miller, muy superiores eu número, 
y eu la misma canii)aña, con 14 hombres, defeii- 
dió el puente de .lobero, que el mismo general 
qui.so ocupar cou una compañía de más de cien 
plazas, sin que pudiera conseguirlo. Después, 
cou motivo de la revolución del general Salave- 
vri, el general Santa Cruz se hizojofe de la con- 
federación del Perú y Bolivia; y no queriendo 
Echeuiquo, que entonces era ya coronel, grado 
que h.abía obtenido á la edad de veinticinco 
años, servir á esta causa, que consideraba como 
deshonrosa para el país, se retiró clel servicio y 
se alejó de la vida pública, para dedicarse á la 
agricultura. En el año 1816 la nación peruana 
colocó, se puede decir, por aclamaeióu, al geno- 
ral Vivanco á la cabeza del gobierno. Durante la 
campaña que se abrió contra éste, por conse- 
cuencia de una revoluciein iniciada contra él en 
el Sur, el coronel Echenique, que había quedado 
cu Lima con el carácter de comandante gene- 
ral, sostuvo el ordeu con los pocos elementos 



ECHEN 

que le quedaron; y habiendo cundido la revolu- 
ción hasta el departamento de Junin, marchó á 
combatirla con unos pocos soldados quo pudo 
reunir. Ocupó á Junio, haciendo rendir una 
fuerza mayor de la que él tenía; extendió su ocu- 
pación hasta el departamento do Ayacucho, que 
también favorecía á los revolucionarios, y orga- 
nizó nn ejercito, pero so vio forzado á regresar 
sobre la capital. Supo a las puertas do ésta que 
In guerra debía decidirse inmcdiatamento en 
Arequipa, donde estaban á la vista los ejércitos 
beligerantes do Vivanco y Castilla, y creyendo 
inútiles sus esfuerzos contra la capital decidió 
su retirada para esperar los acontecimientos. 
Llegó inmediatamente la noticia do la batalla 
del Carinen Alto gauoda por Castilla, y cuan- 
do por consecuencia do la revolución de Elias 
amenazaba al país la más alarmante anarquía, 
Echenique unió SUS fuerzas á las del general 
Castilla, quo proclamaba la Constitución, obli- 
gando con ello á Elias á someterse, cortando así 
por segunda vez la guerra civil, y prestando un 
servicio importante al país. En premio de esta 
conducta Castilla lo hizo general, grado que al 
mismo tiempo le confirió Vivanco, siendo de 
advertir que este mismo grado había sido antes 
rechazado por Echenique, pues Orbcgozo se le 
ofreció después do la acción do Maquiuguayo y 
en Arequipa, para que marchara con las fuerzas 
peruanas y á las órdenes de Santa Cruz, i la 
campaña que terminó en Puntulchara á favor 
de éste, á lo que no accedió Echenique. Durante 
la administración del general Castilla mereció 
Echenique las más distinguidas consideraciones 
del Congreso, quo le nombró Consejero de Esta- 
do y vicepresidente del Consejo por cuatro años, 
pasados los cuales volvió á elegirle Consejero y 
presidente del Consejo, que entonces era á la vez 
vicepresidente de la República. Debiendo ter- 
minar el período del general Castilla, cu cuya 
conservación y de la del orden público tuvo gran 
parte Echenique, se procedió á la elección popu- 
lar para presidente de la República, primera vez 
que esto sucedía en el Perú sin que hubieran 
jirecedido revoluciones ni acontecimientos béli- 
cos, y los pueblos eligieron por presidente al 
general Echenique. Su administración se marcó 
por actos de estricto cum]dimiento de la ley, de 
paternal conducta para todos los peruanos de 
respeto, para las garantías sociales é individua- 
les, do inteligencia para el servicio público y 
manejo de las rentas, habiendo presentado al 
Congreso de 1853 un presupuesto cou un so- 
brante de 3 000 000 de pesos. Nunca se empren- 
dieron más obras públicas ni se propagó tanto la 
instrucción popular como en esa época. Enemigo 
de la pena de muerte, no la practicó Echenique 
ni con los criminales sentenciados por delitos 
comunes. Durante .su administración se hicieron 
importantes arreglos sobre la Deuda pública, 
restableciendo el crédito en el exterior y la Ha- 
cienda en el interior. En suma: la época de su 
administración fué la de mayor riqueza y pros- 
peridad pública. Celebró Echenique diversos 
tratados con las naciones europeas, promovió la 
inmigración, tan necesaria eu el Perú, y estable- 
ció la navegación del Amazonas, dando grande 
impulso á las poblaciones de esta región del te- 
rritorio peruano. Iniciada contra su gobierno en 
185-1 una revolución encabezada por Elias y 
Castilla, la combatió como era su deber; mas 
vencido en la Palma se retiró al extranjero, 
donde permaneció siete años. Al regresar á su 
patria el 1862, sus conciudadanos le favorecieron 
con sus votos para las Asambleas Legislativas. 
Diputado al Congreso de 1864, fué elegido presi- 
dente déla Cámara, senador después, y fué tam- 
bién eu dos legislaturas consecutivas presidente 
del Senado. Concurrió al combate del Callao el 
2 de mayo do 1866 contra la escuadra española. 
El general Echenique era comendador, gran 
cordón de las órdenes de Leopoldo de Bélgica y 
de San Slauricio y San Lázaro de Italia, y esta- 
ba condecorado con diversas medallas de las dos 
guerras sostenidas por el Perú contra España. 

- Echenique (Jü.\n Maetín): Sioc/. Poeta, 
publicista y político peruano, hijo del general 
Echenique. N. en Lima el 1841. Salió de su 
país á la edad de diez años para venir á hacer 
sus estudios en España en el Colegio de Ver- 
gara, y pasó después á reunirse con su padre en 
el destierro, entrando así desde muy joven eu la 
política militante. Ha tomado parte activa desde 
1S59 ca las luchas políticas del Perú. Desde esa 



ECHEV 

fecha su vida ha sido muy agitada y laboriosa, 
y en diversas ocasiones ha vivido en el destie- 
rro. Cuando la triple alianza atacó la República 
mejicana, y mientras duró la invasión francesa, 
fué con eus poesías, con sus escritos y discursos, 
y con la organización de todo género de mani- 
festaciones patriotas, uno de los más activos y 
ardientes agitadores del sentimiento americano. 
Aunque so hallaba enfermo do cuidado cuando 
(18C4) la escuadrilla española se apoderó de las 
islas Chinchas, marchó desde Europa á ofrecer 
sus servicios á su patria; á petición suya se lo 
destinó á una de las naves peruanas, y ¡ícrma- 
neció en olla hasta el tratado Vivanco- Pareja. 
Indignado su patriotismo con eso convenio, el 
mismo día en que fué conocido renunció en tér- 
minos enérgicos su eniidco militar, dando así ¡a 
primera manifestación pública de la desaproba- 
ción nacional que siguió á esc convenio. Derro- 
cado el general Pezet, y declarada la guerra á 
España, pidió nuevamente ser embarcado, y el 
gobierno accedió á su petición, devolviéndole al 
mismo tiempo su empleó de capitán. A bordo 
do la corbeta Unión hizo la campaña de Chiloé, 
y concurrió al combate de Abtao, por consecuen- 
cia de lo que se lo ascendió á Sargento mayor. 
De regreso de esa campaña vino á Europa á 
seguir y estudiar la guerra austro-prusiana y 
las cuestiones de reforma militar y de arma- 
mento. Concluida esta comisión, pidió, á fin 
de estudiar las cuestiones económicas del Perú, 
ser destinado á la inspección fiscal, y fué nom- 
brado secretario de la misma. Contóse entro 
los principales autores del proyecto económi- 
co quo puso término al sistema del despacho 
del guano por consignaciones; como tal, el 
gobierno le envió á Europa en 1869 en calidad 
de agente fiscal, y Echenique celebró el tratado 
conocido en el Perú con el nombre de contrato 
Dreyfus. El y Piérola fueron los más ardientes 
sostenedores de ese tratado en la obstinada 
lucha que durante dos años agitó al Perú en 
todas sus esferas administrativas y sociales, y 
que sólo concluyó con la aprobación que dio el 
Congreso al contrato que había ajustado Eche- 
nique. Este publicó en esa época numerosos ar- 
tículos en defensa del contrato y del sistema 
económico que con él se introducía. En 1870 
dio nueva vida á El Heraldo de Lima, al frente 
de cuya dirección estuvo algún tiempo, defen- 
diendo con Irizarri, Ulloa y otros los principios 
liberales moderados. En uno de sus viajes á 
Europa, en 1872, los agentes de la revolución 
cubana le pidieron su cooperación, poniendo en 
sus manos plenos poderes; emprendió entonces 
Echenique una doble campaña de propaganda 
en la prensa liberal francesa y de busca de recur- 
sos, que hubiera tenido resultado si la procla- 
mación de la República en España no hubiese 
venido á paralizar todos los trabajos. Dedicado 
en los últimos años exchisixamente á los estu- 
dios de Hacienda y Administración, ocupó un 
lugar importante entre los estadistas de su país. 

ECHÉVARRI: Geog. Lugar con ayunt., p. j. do 
Bilbao, prov. de Vizcaya, diócesis de Vitoria; 
436 habits. Sit. en terreno quebrado, cerca de 
Begoña y Galdacano. Cereales, chacolí, frutas y 
hortalizas. 

- EcnÉVAr.Ri Alde: Georj. Barrio en el ayun- 
tamiento de Gorlíz, p. j. de Bilbao, prov. de 
Vizcaya; seis edifs. 

ECHEVARRÍA: Gcog. Lugar con ayunt., par- 
tido judicial de Marquina, prov. de Vizcaya, 
diócesis de Vitoria; 1 092 habits. Sit. eu la parto 
más oriental de la provincia, en los confines con 
el p. j. de A'ergara de la provincia de Guipúz- 
coa. Cereales, frutas y hortalizas; cría de ga- 
nados. 

-EcHEV.\r.p.i.4. (Fr.w Francisco): Biog. 
Guerrillero español. Dióse á conocer en los pri- 
meros años del presente siglo. Era monje Car- 
tujo en Eribiesca, Burgos, cuando comenzó la 
guerra de la Independencia. Para defender á su 
patria dejó el convento, y capitaneando una 
guerrilla fué el terror de los franceses en toda 
aquella comarca. Situada Bribiesca en el camino 
de Francia, se la disputaron guerrilleros é im- 
periales, y en su término hubo frecuentes y 
sangrientos choques. Echevarría, que contaba 
con buenos espías y valedores en todo el terri- 
torio, supo la llegada de un convoy compuesto 
de setenta carros que, con víveres y municiones 
para las tropas de los cantones, había salido do 



ECHEV 

Burgos y Jcbía hacer noche eu Brihiesea. El 
audaz Cartujo le aguardó con sus guerrilleros 
por el accidentado terreno de Santa Olalla, y 
sin que pudiera salvarlo el valor que para su 
defensa desplegó la escolta que lo custodiaba, 
se apoderó fray Francisco del convoy, no de- 
jando con vida ni uno solo de los franceses que 

10 guardaban (27 de octubre de 1S09). No cono- 
cemos los detalles do las campañas posteriores 
de Echevarría, quien, poco después, acosaba á 
los franceses en Villalpando, Zamora. Según 
parece, falleció antes de que fueran los soldados 
de Napoleón totalmente expulsados de nuestro 
territorio. 

-EcUEVARKf.\ ó ECHEVERKÍA (JoSÉ): BlOQ. 

Cantante español. N. en Baraibar (Navarra) en 

11 de enero de 1825. M. en Río de Janeiro (Bra- 
sil) en 3 de mayo de 1860. Después do haber 
estudiado Grannitica y Filosofía pasó á Madrid, 
en donde, bajo la dirección del maestro Basi- 
lio Basili, aprendió solfeo y canto; más tarde 
fué á Florencia y continuó sus estudios con el 
maestro Romani, y en Milán los terminó con 
Lamperti. Cantó como primer bajo en el Teatro 
del Circo de Madiid, y en el Real de la misma 
capital fué escriturado tres temporadas diversas, 
después de haber cantado en los principales de 
España. En los del extranjero estuvo ajustado 
tres temporadas eu el Imperial de Vicna, dos 
en el de la Escala de Jlilán, otras dos en la Fe- 
nice de Venecia, en el Real de Turín, en Trieste, 
en la feria de Bérgamo y en la de Udina. En 
16 de marzo de 1856 fué nombrado socio de 
la Academia Filarmónica de Turín. Falleció 
cuando su i-eputación se iba haciendo cada vez 
más popular y europea, no sólo por su volumi- 
nosa voz do bajo, si que también por su buena 
calidad, su modo de decir y por la maestría con 
que desempeñaba los principales papeles que le 
eran encomendados. 

ECHEVERRI (JACINTO Antoxio de): Bior;. 
Marino español. N. probablemente en Gniín'iz- 
coa. M. en septiembre de 1673. Alcanzó en la 
marina el empico de general de la armada ilo 
Indias, y á su regreso de un viajo al Nuevo 
Mundo f\ié preso en la cárcel por haber entrado 
con el galeón do su mando en Cádiz, y no en 
Saulúcar, viniendo con plata. Con esto motivo, 
desde su prisión dirigió al rey un memorial, que 
se imprimió eu 1C70. Puede presumirse que, ce- 
diendo á las instancias de varios amigos suyos, 
en cuyas manos circulaban manuscritos cinco 
discursos suyos sobre Arquitectura naval, se 
decidió á reuuirlo5 en un cuerpo de doctrina ó 
á continnar en otro la serie de sus observacio- 
nes, sorprendiéndole en este trabajo la muerte. 
Este texto escrito parece haber sido el Discurso 
sobre cmuirucciún nnra! comparada, según las va- 
rias ordenanzas, atribuido á Echeverri, qiiien 
debió de escribirlo en el mismo año de su muer- 
to. De Echeverri conocemos también una Carla- 
informe sotrc construcción, y sabemos que á este 
general se debió la discusión do las Ordenanzas 
que hacia 1672 se dictaron para los galeones de 
la carrera de Indias. Todos estos documentos 
pueden leerse en los libros V y VI de las iJis- 
quisiciones náuticas (Madrid, 1S80 y 1S81), del 
capitán de navio Cesáreo Fernández Duro. 

-EcnEVERRi (Juan Domingo de): Biog. 
Marino español, marqués de Villarrnbia y conde 
do Villalcázar. Vivió en el siglo xvii. Era natural 
de San Sebastián, y de una familia que ha dado 
á la marina muchos generales ilustres. Adquirió 
en treinta y cuatro años de continuada navega- 
ci()n y campana crédito envidiable de inteligen- 
te, valeroso, activo y organizador marino. Tuvo 
siete combates en la mar y dos en tierra con los 
enemigos de España, distinguiéndose en la Ma- 
mora, en Orbitello y en Salses, como en los en- 
cuentros con el holandés Polis ó Fie de palo. Go- 
bernó seis escuadras y tres armadas de la guarda 
de Indias, haciendo varios viajes con felicidad, 
reglamentando el servicio y organizando las tri- 
pulaciones como no lo habían estado hasta en- 
tonces. Fué el primero que, cortando las prácti- 
cas abusivas y variables seguidas para los sa- 
ludos y honores á bordo, dictó instrucciones y 
reglas tijas que circuló en su escuadra y mandó 
imprimir. Formuló también é imprimió en 1667 
unas instrucciones generales para la navegación y 
combate, y .so granjeó la estimación y el aprecio 
do sus superiores. Él rey premió sus méritos con 
el hábito de la Onlen de Santiago, y los títulos de 
conde de Villalcázar y inanpiés do Villauubia, 
Tomo VII 



ECHEV 

teniéndolo empleado hasta su muerte, que ocu- 
rrió á bordo de la cajiitana de la escuadra que 
gobernaba. Don José de Vargas Ponce pensó es- 
cribir la vida laboriosa de este general para la 
colección de las de Marinos ilustres, que tenia 
entre manos, y acopió muchos papeles oficiales 
y de familia que esperan la publicidad que me- 
recen. En las historias do Guipúzcoa se hace 
mención honrosa de este hijo de aquella pro- 
vincia. Las instrucciones generales para la na- 
vegación y combate, antes citadas, han sido re- 
producidas por Fernández Duro en su libro 
titulado La mar descrita por los mareados (Ma- 
drid, 1877). El mismo autor cita en los libros V 
y vi de sus Disquisiciones náuticas, respecti- 
vamente (Madrid, 1880 y 1881), un Discurso 
sobre el estado de la Marina en España y sus me- 
joras, y una Ilelación del dinero que se empleó 
(1658) para Tierra Nuera por el señor don Juan 
Domingo de Echeverri, conforme á las escrituras 
y Memoriccsquedejó. Echeverri, que fué general 
de galeones, ejerció el cargo de superintendente 
de fábricas y plantíos desde 1610 á 1618. 

ECHEVERRÍA (MANUEL Makiano): Biog. Sa- 
cerdote y escritor español. N. en Quito (Ecua- 
dor). M. en los últimos años del siglo xviii. En 
1767 fué nombrado por el presidente de Quito, 
superior de las misiones de Mainas y riberas del 
Marañóu, con carácter de vicario y visitador de 
dichas misiones; y dejando el pingüe curato que 
servía entonces, marchó el 2 de enero de 1768, 
á la cabeza de veintiocho clérigos, á desempeñar 
las funciones de la predicación en el territorio 
de las tribus salvajes do Mainas. Los talentos 
del doctor Echeverría y sus virtudes hicieron 
que reemplazase dignamente á los Padres de la 
Compañía de Jesús, que fueron expulsados de 
Quito en 1767 en virtud del decreto de expa- 
triación de abril del mismo año. Echeverría, no 
solamente trabajó con ardor infatigable en la 
instrucción moral y religiosa de los indios de 
Mainas y el llarañún, sino en el estudio y obser- 
vación de la naturaleza y de las costumbres de 
estos pueblos. En 1784 escribió una Descripción 
de Mainas, que se conserva inédita. Esta obra 
curiosa contiene la descripción de todos los pue- 
blos de la provincia ó gobernación de Mainas, 
inclusos Ñapo y Canelos, el número de habi- 
tantes que cada uno encerraba, su posición geo- 
gráfica, sus producciones naturales é industria- 
les, sus usos y costumbres, su estado moral y 
religioso. Luego que el Doctor Echeverría regresó 
de las misiones, fue nombrado canónigo cíe la 
iglesia catedral de Quito, y murió poco tiempo 
después. 

-Echeverría (Estee.an): Biog. Poeta ar- 
gentino, N. en Buenos Aires en 1509. M. en 
Montevideo en 1851. En 1S32 dio á hiz un poe- 
ma con el título de Elvira ó la novia del Plata. 
Eu 1831 dio á la estampa un volumen de poesías 
fugitivas, titulado Consuelos. En 1837 pnblic('), 
con el título de Himas, una nueva colección de 
poesías, y el poema La Cautiva, que es el pedes- 
tal de su fama. Han sido muy celebrados sus 
otros poemas La Guitarra, Avellaneda, y El 
ángel caldo. Echeverría dejó un gran nombre en 
su patria y goza de merecida reputación entre 
los literatos de los demás estados americanos. 
Condenado por Rosas al destierro, como tantos 
otros argentinos ilustres, murió en la fecha cita- 
da. En 1874 se publicaron en Buenos Aires sus 
obras completas en una edición de cinco tomos, 
bajo la dirección del literato argentino Juan 
María Gutiérrez, 

-Echeverría (Francisco): 5¡oí)', Presiden- 
te de la República do Méjico, N. en la ciudad 
de Jalapa el 25 de julio de 1797, M, cu Méjico 
en 17 de septiembre de 1852, Su padre, comer- 
ciante veracruzano, quiso dedicarle á su profe- 
sión y le dio una educación adecuada á esta 
carrera; pero el joven Echeverría no se limitó 
á estos estudios, sino que procuró cursar otros 
llegando á poseer variados conocimientos. La 
emancipación do Méjico .se verificó siendo muy 
joven lichoverría. I?. Contó, al llegar á este 
punto, dico lo siguiente: «Como correspondía 
a su crianza y al lugar que su familia ocupaba 
en la sociedad, estuvo siempre del lado del orden 
aunque sin hacerse hombre de bandería,» loque 
en palabras más concisas quiere decir que Eche- 
verría era conservador. El primer empleo que 
Echeverría sirvió fué el do diputado al Con- 
greso de su estado natal, después do la caída do 
IOS yorkiuos, á fines do 1829. Individuo do la 



ECHEV S7 

Comisión de Hacienda en esc Congreso , dio 
muestras de lo que había de llegar á ser, y con- 
tribuyó eficazmente al arreglo del Tesoro. En 
1834, obligado por negocios mercantiles de su 
propia casa, trasladó su residencia á la capital 
de la República, y en mayo fué nombrado Mi- 
nistro de Hacienda, puesto que dejó en septiem- 
bre del mismo año por no estar conforme con 
la marcha del gobierno. Dos años después, en 
la segunda admiinstración del general Busta- 
manto, Echeverría entró en el Consejo de Es- 
tado y trabajó mucho en favor de la Hacienda 
Pública. Llamado de nuevo al Ministerio, una 
vez terminada la guerra con Francia, encontró 
la Hacienda en el más lastimoso estado. Empero 
desplegó las brillantes dotes que poseía, y com- 
prometiendo su propio caudal logró salvar aque- 
lla situación con un tino poco común. Introdujo 
una severa economía en los gastos; separó á los 
empleados poco fieles y proveyó las plazas en 
personas de notoria honradez y de seguros cono- 
cimientos, y aún hizo más: de su cuantioso cau- 
dal propio prestó al Erario grandes sumas, y 
logró restablecer el crédito y mantenerla admi- 
nistración de Bustamante, una de las más com- 
batidas que ha habido en la República mejicana. 
En marzo de 1841 se separó del Ministerio. «La 
suma que entonces le debía el Erario, dice el 
citado Contó, por los suplementos que tenia he- 
chos y responsabilidades que había contraído, 
ascendió, según liquidación practicada después, 
á seiscientos sesenta y dos mil pesos, raro ejemplo 
de verdadero patriotismo que tendrá pocos imi- 
tadores, y que no valió á su autor el galardón do 
la gratitud piiblica, pues sus eminentes servicios 
fueron apenas advertidos entre la grita de los 
partidos, y años después do su muerte aún no 
acabó de pagarse á su familia el total de su cré- 
dito.» Eu ese mismo año de 1841 , al estallar en 
Méjico la revolución, las Cámaras nombraron á 
Echeverría presidente interino de la República 
por haber tomado el mando de las tropas el ge- 
neral Bustamante. Pocos, pero muy aciagos fue- 
ron los días do su gobierno, y no era posible que 
en ellos llegase Eiheverría á realizar mejora 
alguna ni á dejar recuerdos imborrables. Sepa- 
róse del poder y no volvió á figurar en puestos 
públicos hasta el año 1850, en que fué electo 
diputado por Veracruz. No estuvo ocioso en el 
espacio de tiempo que medió do su separación 
de la presidencia á su elección como represen- 
tante de su estado natal, pues á ¡lesar del re- 
traimiento en que se había propuesto vivir no 
había comisión ó Sociedad de beneficencia á 
que él no perteneciera y que no le debiese ritilcs 
e importantes servicios. Distinguióse especial- 
mente en la Junta de Cárceles y en la Academia 
de Nobles Artes de San Carlos, corporaciones 
ambas de que fué presidente. A él se debió la 
Casa de Corrección para jóvenes, y á el también 
el renacimiento de la citada Academia que, 
merced á sus esfuerzos, se elevó á la categoría de 
primer establecimiento de su género en el Nuevo 
Mundo. 

-Echeveería (José Antonio): Biog. Es- 
critor americano. N. en Venezuela, provincia 
de Barcelona, en 1815. M. en Nueva York el 
11 de marzo de 1885. Siendo muy niño fué lle- 
vado á Cuba y desarrolló su inteligencia y su 
talento; cursó Filosofía y Derecho en el Semi- 
nario de San Carlos; se hizo escritor correcto, y 
oblig.ado por activas ocupaciones materiales 
dejó de escribir muy pronto. Contaba sólo die- 
ciséis años cuando, en 1831, la Sociedad Eco- 
nómica, do que era entonces secretario Antonio 
Zambrana, en certamen literario, primero cele- 
brado en la isla de Cuba, concedió el primer 
premio (consistente en un ejemjdar do obras de 
Cervantes) ásu oda Al nacimiento de laSma. in- 
fanta María Lsabcl Luisa (después Isabel II). 
Esta composición, sin duda uno de los más fe- 
lices rasgos de su musa, fué altamente celebrada 
por la 0|iinión publica de la isla y de la penín- 
sula: el literato Salas Quiroga dice: «El joven 
cuyos escritos me han parecido más cuidados, 
más llenos de gusto, es el señor Echeverría: ho 
notado en ellos un sabor tan puro y ático quo 
dilicnlto lo exceda ningún prosador de su época: 
me parece (pie si este joven escribiera con toda 
la libertad que necesita, llegaría á ser citado en- 
tre los castizos prosadores de nuestro idioma, y 
entre los más aprovechados escritores de .ambos 
mundos,» Echeverría colaboró desdo el año 1830 
en muchas publicaciones científicas y literarias; 

8 



5S FXIIEV 

en 1835 escribió, con Kaiiiún de l'ttlma, en El 
Albiím, en el cual piililicú su cuento titulado 
El Peregrino; en 1817 inipiiniió, con el mismo 
Palma, El Agitinnlthi Iltibaitcro, iucciosa colec- 
ción de artículos de amena literatura, y poesías 
escocidas de autores cubanos; taiiiliiúu redactó 
El I'lanícl, donde insertó en 1838 una bien es- 
crita biografía de Diego Velázquez, unoijúsculo: 
Laa ccnha.i (le Culón y la ealalrat de la JJulaiin, 
y una serie de artículos: I'rimeros liistoriadorca 
de Cuba, que es do sentir no concluyera; poste- 
riormente colaboró en El fíl'jh, en la Jlrvisla de 
Jurisprudencia, etc.; pero liebe su nombre de 
escritor especialmente á su importante novela 
histórica titulada Antomili. Aunr|ue se le ha 
negado el tít\ilo de pceta, son muy dignas do 
leerse sus eoniposiciones A tina nube; A... eno- 
jada; Amor y reconciliación, que aparecieron en 
El Aguinaldo y fueron rei)roilucidas en Cuha 
Potlica. Tamliién recomiendan algunos Los dos 
iialaics, poesía publicaila en el Mundo Nuevo 
(Xncva York, 1S73); creemos, no obstante, que 
con razón le aconsejaba Dilmontc que sólo por 
pasatiempo escribiese poesías. Suárez Romero, 
en su libro inédito, so expresa así: «Ko son mu- 
chos los trabajos literarios de José A. Echeve- 
rría; pero si se lograra persuadirlo ■\ que publi- 
cara reunido cuanto ha escrito, podría formarse 
un volumen digno de ser colocado entre lo me- 
jor que hasta ahora ha sali<lo de las ]iUinias cu- 
banas. En los versos, aunque siendo todavía 
casi niño fué premiada en certamen una coni- 
po.sición suya, es tan inferior respecto de la 
prosa, que sin embargo de merecer por la pure- 
za, corrección yeU'ganeia conque en cualquiera 
de las dos formas maneja el castellano, la reim- 
tación do gran conocedor de nuestro idioma, 
descúbrese en los acentos ilo su lira, que obede- 
cen antes que al irresistible impulso do la ins- 
piración á los fatigosos esfuerzos del Arte. Es in- 
negable que :\ pesar de haber hecho sin maestros 
casi todos sus estudios, pertenece ni pequeño 
pero honroso grupo de los que en Cuba han lo- 
grado descollar ,á fuerza do su persevcrnnte 
aplieaciiin: así aprendió el francés, el inglés y 
el italiano, ya que no hasta el punto de emitir 
sus ideas con caiial propiedad en los tres idio- 
mas, al menos la suliriento para haber meditailo 
sobre muclias obras ch'isicns escritas en ellos: 
así cultivó la Historia, la Economía política, la 
Filosofía y las l'ellas Letras; asi leyó cuanto en- 
laza con el ramo de la instrucción, merced á lo 
cu.al, á la generalidad de sus conocimientos, á 
la firmeza de su carácter, á la elevación de sus 
miras y á la rectitud do sus principios, fué lla- 
mado, muy joven aún, á ponerse en Jlatanzas 
al frente de un colegio, y llegó á merecer el se- 
gundo lugar al lado de ,To.sé de la Luz Caballero, 
que dirigía otro en la Habana. Desde entonces 
el sabio cubano empezó á estimar sobremanera 
ú Echeverría, no tanto por la tenaz laborio.-idad 
intelectual de éste como por su eonslante pro- 
pósito de ajusfar siem|)rc sus acciones á sus 
creencias... Pero esta vida industrial, lejos de 
haber encadenado su espíritu, ha acrecentado su 
fe en el progreso del género humano, ha aviva- 
do sus deseos respecto á la felicidad de una isla 
que si no le vio nacer es mirada por él como su 
patria.» Echeverría fué director de dos colegios: 
uno de ellos La Empresa, de Jlatanzas, en cuya 
dirección le sucedió Guiteras, y sucesivamente 
ejerció los cargos de vicedirector del San Fer- 
nando y administrador de dos caminos de hie- 
rro (uno (1842), el do Villanueva. En el año 
185-1 ocurrió en éste la explosión de una má- 
quina (]ue mató á Valladares, maquinista cuba- 
no, de la escuela de San Felipe. Y esto dio lu- 
gar á reclamaciones y ataques injustos: la de- 
fensa que escribió entonces el administrador, y 
que corrió manuscrita, ha sido uno de los me- 
jores trabajos de su autor. En 1SÜ6 fué electo 
por el Ayuntamiento de Cárdenas comisionado á 
Cortes, y, formando parte de la Junta informa- 
dora, pa,só á Madrid, donde ledactó un trabajo 
sobre abolición de la esclavituil, «en el cual, si 
las ideas .son las mismas que bullen en el alma 
de todos los hombres ilustrados del siglo xix, 
hállanse adcTuás expresadas de un modo que 
cautiva, por la belleza del lenguaje y por la pro- 
funda piedad con que el publicista rompe con la 
lástima su corazón, inspirado por los crueles 
padecimientos de una raza infeliz.» Esta obra 
demuestra que, si no era orador, sí hubiera sido 
notable periodista. En el año de ISGS, secun- 
dando Echeverría el movimiento iniciado en 



ECnEV 

Yara, paeó á los Estados Unidos, Jondo fué Je 
los favorecedores de la insurrección cubana, y 
en 1874 agente di]>lomático de los disidentes. En 
Washington se hallaba en 1878, en cumpli- 
miento de .su comisión, cuando le sorprendió la 
llegada de los comisionados que ili.m á comuni- 
car á la Junta las proposiciones de Zanjón, y 
desde entonces se retiró del mun<lo político, 
abandonando también la pluma, el que era, se- 
gún la e.xjiresión de Rafael María liaralt, «uno 
de los mas elegantes, castizos y enérgicos es- 
critores de nuestra lengua.» 

- Eciir.VFP.iii.v (Caw.o.s E.): Biog. General 
venezolano. N. en Caracas, Veneznela, en 1842. 
En 1858 entró á servir en clase de guardia ma- 
rina en el vnjior de guerra Vnión á las órdenes 
del ca]iitán de navio Jaime Pocaterra; pero no 
sintiéndo.so con vocación para la náutica, des- 
embarcó en Puerto Cabello y entró á servir 
en el ejército en cla.sc de sargento primero. En 
esta carrera se ha distinguido por sn valor so- 
bresaliente y conquistado los laureles de gene- 
ral. Ha sido elegido diputado á la Legislatura 
del estado Zulia y Consejero de Administración. 

ECHEVERS Y SUBISA (ANTONIO pKnRO Dk): 
FAog. Cajiitán General y gobernador del reino 
de Guatemala. Vivió á fines del siglo XVII y en 
los comienzos del XVIII. Era caballero de la Or- 
den de Calatrava, gentilhondiro de cámara y 
señor de la Llave Dorada. Tomó ¡>osesión del 
mando citado en 2 de diciembre de 1724. En el 
periodo de su administración ocurrieron desave 
nencias en la capital y en las provincias; en la 
do Nicaragua se habían formulado quejas de los 
iiulios y aun del cabildo de Granada contra el 
gobernador de aquella sección del país, don An- 
tonio l'oveda. Kl presidente Echevers levantó á 
su costa el magnílico templo de Santa Clara, 
cuya sólida construcción se admira hoy en la 
ciudad de La Antigua. 

ECHEVERZ (FnANc-Isro MiGUKI,): JUng. Reli- 
gio.so y escritor español. N. cu Verdón el 14 de 
marzo de 1672. M. el 31 do diciembre de 1745. 
Rccil)ió una educación esmerada, y siendo joven 
se alicionó al ejercicio de las misiones. Cuando 
ai'in cursaba Filosofía en la Universidad de Za- 
ragoza siguió al misionero Jesuíta P, Estremera 
para ayudarle á explicar la doctrina cristiana, 
particularmente á los jóvenes y niño.s. Hasta 
los veintidós ó veintitrés años de edad continuó 
este destino, que dejó "por orden de su padre para 
estudiar Teología; pero oyendo misionar en su 
patria al Mercenario fray José Montagudo, se 
determinií á profesar su instituto, cuyo hábito 
vistió el 26 de octubre de 1706 en el nuevo con- 
Tentó de Nuestra Señora del Pilar, cercano á su 
patria, y allí profesó. Comenzó la práctica de 
las misiones en 1703 y la siguió hasta 1726, en 
compañía del referiilo padre Montagudo. Estimó 
su religión aquel celo y le concedió el grado de 
]iresentado, encargándole que estableciera los 
Seminarios de misioneros dispuestosy ordenados 
por dicha religión en el capitulo general cele- 
brado en Valencia, como lo practicó en Morata- 
11a de Anilalucía en 1726, en Olmedo de Casti- 
lla y en Burriana de Valencia, fundándolos como 
su convento Seminario de Nuestra Señora del 
Pilar de Xavierre Gay, de cuyas misiones fué 
presidente. Ejerciendo este ministerio recorrió 
Eeheverz toda España, excitamlo la refoima de 
costumbres. Asimismo fué examinador sinodal 
de los obispados de Jaca y Coria, habiéndole 
hecho muchos honores diversos prelados de la 
península. Publicó las obras siguientes: Compen- 
dio de la vida y m ilagros del glorioso Sa7i Ramón 
Konal, con su novena (Zaragoza, 1706, en 8." y 
1716, en 8.»; Barcelona, 1748, en 8.»); Exorta- 
cioncs ó pláticas doctrinales en forma de novena- 
rio, que contienen las obligaciones y doctrinas del 
cristiano (Zaragoza, 1717, en 8.°), libro vertido 
al italiano por el maestro Mercenario fray Rai- 
mundo Fcriiii, que lo imprimió en Ñapóles en 
1762, con el título de Practica: Doctrinali; 
Escala del ciclo jara el pecador más perdido; 
3/aría Santísima y su cor(lial devoción, con otros 
tratados espirituales (Murcia, 1726, en 8.°; Za- 
ragoza, 1727, en 8.°); Pláticas doctrinales y mo- 
rales, ó doctrinales sobre todas las dominicas del 
año, festividad de Cristo y de María Santísima, 
para la instrucción de los predicadores y aprore- 
cliamicnto de los feligreses {Zaragoza, 1724, 2 vo- 
lúmenes en 4.0), etc., etc. 

- ErnEVEnz (Fj;at Bernakdixo Antonio): 
Biog. Religioso y escritor español. N. en la 



ECHEV 

villa do VerJún. Vivió cu el siglo xviii. Estudió 
Artes y Teología con grande aprovechamiento 
y recibió el grado do Doctor en esta Facultad. 
Obtuvo lo rectoría de Canias, en la diócesis do 
Jaca, y fué sn exoniinador sinodal. El real mo- 
nasterio de San Juan de la Peña le recibió por 
monje suyo, y en dicho convento, después de 
otros cargos, tnvo Eclievcrz el de priorde Rues- 
ta. En 1735 había sido visitador general de .su 
congregación, y luego tomó posesión de la abadía 
do diclio monasterio, que aún poseía en 1739. 
Escribió estas obras: Índice de alegría sagrada; 
Epítome de la vida y translación de San Indale- 
cio, vnodc hs principales discípulos de Santiago 
el Mayor, llamados cotniinmcnte los Siete Conver- 
tidos, primogénitos de la fe Cdsaravgustana, obre- 
ros de su angélica y apostólica Basílica, maestros 
y fundadores de la primilira iglesia de España 
(Zaragoza, 1735, en 4,°); Sagrado sait^nario espi- 
ritual, en obsequio de los saldos Siete Convertidos 
en Zaragoza, por el Apóstol Santiago el Mayor. 
Ejercicio para aspirar á la perfección de las bien- 
aventuranzas evangélicas, con la virtud y gracia 
quedan al alma los siete dones del Espíritu Santo 
(Zaragoza, 1735, en 4.°). 

-EcHEVEüZ (Santiago): Biog. Magistrado 
chileno. N. en 1702. M. en 1852. Hizo sus es- 
tudios con no común lucimiento, y en octubre 
de 1817 se recibió de abogado. Dos años des- 
pués entraba á desempeñar la secretaría de la 
intendencia de Santiago. Individuo y presidente 
de la Convención de 1823, tomó luego asiento 
repetidas veces en los bancos de la Representa- 
ción Nacional. Hombre de gran rectitud, jamás 
se afilió á jiartido político alguno. No descolló 
en la política como en la magistratura. Como 
juez lució las más brillantes dotes. Los talentos 
que desplegó desde 1824 como juez letrado de 
.Santiago, le elevaron en 1826 á ministro de la 
Corte de apelaciones. De esta Corte fué promo- 
vido á la suprema de Justicia en 1843. Fué tam- 
bién individuo de la Universidad Nacional. A 
su muerte, el rector de esta corporación decía 
que Eeheverz había .sido «oiiiamento de la ma- 
gistratura y de la humanidad.» 

ECHEVETE (MatÍa.s HE ) : Biog. Navegante 
español. N. en Zaraúz (Guipúzcoa) hacia 1525. 
Jl. hacia 15!19. No falta quien haya dicho que 
fué el primer español que navegó por Terranova 
y el que inauguró la pesca en aquellos mares. 
Sirve de fundamento á esta sospecha un memo- 
rial citado por Madoz en su Diccionario ( to- 
mo XVI, voz Zaraúz), y que se halla en la Co- 
lección de documentos de Vargas Ponce. Este 
memorial contiene las únicas noticias que han 
llegado á nosotros relativas á Echevete, j" dice 
así: «Tierranueva. Habiendo descubierto los 
franceses á Tierranueva, tan prósperos de balle- 
nas y bacallaos, cerca del año 1510, ningún es- 
]iañol había navegado allí hasta el año de 1545 
en que el piloto Matías de Echevete, mi jiadre, 
siendo de edad de quince años, por car]iintero 
de una nao deZiihiburu, de Francia, del capitán 
Martín One, habían llegado por ballenas y ba- 
callaos, que la nao volvió á San Juan de Luz 
cargado dellos, y el dicho mi padre había dado 
noticia, y se animaron algunos de por acá, de 
donde resultó á esta provincia tanta prosperidad 
hasta el año de 1577 en que hubo aquella hi- 
bernada tan .sacuda y serrada, que murieron 
540 hombres de los más reforzados en el puerto 
de Lutus Sombrero. .. Hubo años que iban de 
sólo Zarauz 80 marineros de ventaja, de sueldo 
doble, y traían más de dos mil ducados; de ma- 
nera que esta ganancia tan gruesa había ido ce- 
sando desde el dicho año de 1577, y mi padre 
hizo en el discurso de su vida veinte y ocho via- 
jes, cuando carpintero, cuando piloto, hasta que 
murió por aquello de 1599 años, .siendo de edad 
de setenta y cuatro años. Cuando esto se escribe 
no van á Tierranueva sino dos ó ti-es navios á 
ballenas, bacallaos y perros marinos, y muchos 
años que há que no viene navio cargado de ba- 
llenas, sino de bacallaos, con pérdida de gentes.» 
Cesáreo Fernández Dnro, en su Arca de Noé, 
libro sexto de las Disquisiciones náuticas ( Madrid , 
1881), dice (pág. 314) con razón lo siguiente: 
«Este papel, que no tiene más fundamento que 
el dicho de su autor, hijo de Matías de Echeve- 
te, marinero sin inatrucción como él, según 
acredita el estilo, por atribuirse el mérito de la 
inauguración de la pesca, falta á la verdad al 
decir que ningún español bahía navegado por 
Terranova hasta el año 1545. A más del viaje, 



ECHIG 

ó viajes de Ágramoute de 1511, el de Vázquez 
do Ayllún, anterior á 1523, acredita que estaba 
en explotación la pesca del bacallao, cuando el 
emperador la señalaba entre las condiciones del 
asiento. Otros muchos documentos liay que des- 
autorizan por completo la alirmacióu de Eche- 
vete, empezando por la carta que en 13 de sep- 
tiembre de 1512 escribió el rey á Sebastián Ca- 
boto contestando al ofrecimiento que éste hizo 
de la navegación á los bacallaos.» 

ECHIDSEN: Geog. Prov. marítima de la región 
central de Nippóu, Japón, comprendida eu el 
Icen ó gobierno de Ichikava, excepto un dist. me- 
ridional qne forma parte del ken de Cliiga, si- 
tuado entre los 3;''26'-36<' IG' lat. N. y ISg^S?' - 
liO° 17' long. E. Bañada al N.O. y al O. por el 
Mar del Japón, que eu este litoral recibe el nom- 
bre de Mar de Mikuni, y que al S, O. forma el 
Golfo de Vakasa, y la bahía de Surnga (20 
kms. de profundidad), una de las muchas es- 
cotaduras del Golfo. Al N. y N.E. se halla limi- 
tado por las provs. de Ksga y de Hido, al S. E. y 
al S. por las de Mino y Omi,de las que se halla 
separado por una línea de alturas; por fin al 
S. O. limita con la prov. de Vakasa. La población 
es de 500 000 habits. Sn terreno es montañoso 
al S. y al E. , en donde se eleva el Dainicliiyama, 
en los confines de Kaga. Forma parte de la 
cuenca del ásuva-gava. Este río nace en la fron- 
tera de Mino y termina al N., después de un 
tortuoso curso de 60 kms., y forma en su desem- 
boeadura la bahía de Mikuni, del nombre de un 
jíequeño puerto que se encuentra á la derecha 
del estuario. I'asa este río por Fukui, la c. prin- 
cipal de la prov., mientras que uno de sus 
ariuentes pasa por Sabaé. Entre los lugares de 
importancia hay que citar el puerto de Suruga, 
en el fondo de la bahía del mismo nombre, en 
donde termina una línea férrea que pone el Mar 
del Japón (por el Golfo de Vakasa y la bahía de 
Suruga) en contacto con el Océano Pacífico (por 
el Golfo de Ovari), atravesando el istmo japonés 
(90 kms. de distancia) y con el Seto Uti ó mar 
Interior por la bahía de Osaka de la costa Sur 
(120 kms. de distancia). El trazado, cortando 
la orilla E. del lago Riva ó de Omi, se dirige á 
Kioto á enlazar con la línea de Kioto á Hiogo 
por Osaka. El puerto de Suruga es excelente y 
ofrece seguro abrigo á las embarcaciones en todo 
tiempo. La sericultura constituye la rir|ueza de 
Echidsen. La cuchillería es la principal indus- 
tria; hay que agregar algunas fundiciones de 
bronces, IVibs. de porcelanas y alfarerías. Es 
también Echidsen uno de los centros de cultivo 
del llhus vcrnici/era, cuya savia se extrae para 
la fab. de la laca. En la prov. se encuentra uro, 
plata y plomo. 

ECHIGO: Ocog. Gran prov. marítima de la 
región N. O. deNippón, Japón, que forma, con 
la gran isla vecina Sado, el ken ó dep. de Nu- 
gata, á excepción de un dist. comprendido en 
el kcn de Fukusima. Tiene una población de 
1 500000 habits. Se halla sit. entre los 36" 50' - 
380 30' lat. N. y 141" 21' -143» 36' long. E. La 
limita al N. E. la prov. de Utzen, al E. y al S. E. 
las prov. de Ivachiro y de Kodzuke, al S. las de 
Chinano y de Etchiu y por el N. O. el Mar del 
Japón, en el cual tiene 260 kms. de costa, lige- 
ramente sinuosa, sin escotaduras importantes. 
Echigo es el nombre japonés de la prov. ; el 
nombre popular, de origen chino, es Eschiu. El 
terreno es montañoso y está bien regado. Una 
linea de alturas forma su l'rontera por el E. y 
el S. Dos grandes ríos fertilizan la comarca; el 
Akanogava y el Chinanogava. El primero nace 
del lago Inavacliiro, en la prov. de Ivachiro, con 
el nombre do Aidzu Kava, y engrosado después 
con las aguas del Tadami Kava, que viene del 
S., se dirige al N. E. y penetra en Echigo. Cam- 
bia entonces de nombre y toma el de Sugava, 
pasa por el N. de Muramatsu y va á desaguar 
cerca de Niigata, después de un curso sinuo.so 
de unos 150 kms., al N. del 3stuario del China- 
nogava. En su dosendmcadura se llama Akano- 
vaga ó Akagava. El Chinano, el río mayor del 
Ja)ión, procede del S. de la prov. do Chinano ó 
Cliinchin, con el nombre de Chikumagava. To- 
ma el nombre de Chinanogava á su entrada eu 
la prov. de líchigo. Correen general al N.N.E., 
recogiendo las aguas de las montañas del S. E. ; 
describe una curva acentuada hacia el E. , en 
donde forma un lago, mientras que un brazo 
lateral, el Nakano kutchi kava reúno las dos 
extremidades del orco; pasa á la izquierda do 



ECHOE 

Nagaoka, á la derecha de Sosta, y desemboca en 
un extenso estuario al N. de Niigata, después 
de un curso de 290 kms., de los que 140 los 
recorre en la prov. de Echigo. Se desborda este 
río en la época del derretimiento de las nieves 
B inunda los arrozales del llano. Numerosas ca- 
noas ponen en comunicación el curso inferior 
del Akagaray del Chinanogava. Hay eu la pro- 
vincia otros muchos ríos de menos importancia, 
y lagos que se comunican por sus riachuelos de 
desagüe. El país produce arroz, trigo y cebada. 
Hay una mina de carbón en Karasava, de plomo 
eu kavachi-dani, canteras de cal eu Uta; pozos 
de petróleo en Kosodsu é Hiyohayi, cerca de 
Yosta. Se encuentran pequeñas cantidades de 
oro, plata y cobre, piedras de construcción, etc. 
La sericultura es ocupación general en la parte 
N. E. , en la que también se cultiva el tabaco, la 
colza y el te. Este último cultivo tiene gran 
desarrollo en la llanura de Muramatsu. Los ár- 
boles frutales crecen con lozanía en las cercanías 
de las aldeas. El árbol de la cera abunda en las 
márgenes del Sugava. Unos se utilizan para la 
extracción de lacas y los otros para la obtención 
de cera vegetal: la laca la obtienen por medio 
de incisiones practicadas en la corteza cuando 
el árbol es aún joven, operación que lo mata, 
por lo cual no pueden beneficiarse ambas cosas 
de un mismo árbol. Exporta Echigo el sobrante 
de su arroz á las prov. meridionales del Japón, 
do donde en cambio importa productos manu- 
factureros, y también á la China desde que se 
permitió la entrada del arroz; el te y la seda se 
exportan á Europa por Yokohama principal- 
mente, jior ser mejor camino que por Niigata y 
mejor mercado para adquirir los productos euro- 
peos. 

ECHIU: Geog. Prov. marítima de la parte cen- 
tral de Nippóu, Japón, comprendida eu el ken 
de Ichikava, éntrelos 36 12' y 37» lat. N. Al 
N. la baña el Mar del Japón, que en su litoral 
forma una espaciosa bahía de 37 kms. de aber- 
tura; jior el E. la limitan las prov. de Echigo y 
Cliinano, al S. la de Hida, al O. confina con la 
prov. de Kaga, de la que la separa una cadena 
de alturas, y al N. O. limita con la prov. penin- 
sular de Noto. Tiene 700000 habits. Ocupa 
parte del territorio de la prov. una elevada me- 
seta cuyos picos corresponden á la frontera orien- 
tal en los confines de la inov. de Chinano; de- 
lante de esta divisoria se levanta el Tateyama, 
de 2745 m. de alt. Los ríos que descienden del 
macizo montañoso del E. son más bien to- 
rrentes costeros sin importancia, pero sujetos á 
fuertes y súbitas crecidas devastadoras de los 
terrenos inmediatos. La parte O., por el con- 
trario, está regada por ríos que nacen en la pro- 
vincia de Hida y desaguan en la bahía antes 
mencionada; uno de los más notable es el Tin- 
zugava. La c. más importaute, Toyaraa, se en- 
cuentra á unos 8 kms. de su desembocadura. 
Las otras localidades dignas de mención son: 
Takaoka, Ima-i.surughi y los tres puertos de la 
bahía, Uotsu, Himi y Fuseki que, unido á los 
caseríos vecinos, constituye con el nombre de 
Chin-Minato (NuevoMinato) el puerto princi- 
pal de Echiu. El llano de la prov. produce tri- 
go, arroz, cebada y colza; se encuentran planta- 
ciones de te y moreras en las laderas, azufre y 
piedras de asperón. La industria la constituyen 
fundiciones de campanas, labores de cuero y de 
madera, sederías, tejidos de algodón, quincalle- 
ría lacas, bronces, tintes y pesquerías. 

ECHMIADSIN: Gcog. Aldea del dist. de Ech- 
miadsin, gobierno de Erivan, Rusia transcaucá- 
siea, sit. 15 kms. al N. de la orilla izquierda 
del Aras, afínente del Kur, en la vertiente me- 
ridional del monte Alaguer, enfrente y á unos 
45 km.s. del monte Ararat. Viñedos. El nombre 
de Echmiadsin se aplica sólo al célebre convento, 
residencia del patriarca armenio-gregoriano que 
oficialmente lleva el título de Kaioücos. La al- 
dea, residencia de las autoridades del dist. , se 
dcnonnna Vagarchapul, que fué el do una de 
las antiguas capitales de la Armenia, cuyo em- 
plazandento ocupa. El convento de Echmiadsin 
es una aglomeración de iglesias y claustros, 
decorados con gran suntuosidad: en la biblioteca 
hay preciosos manuscritos. El dist. tiene 3 666 
kilómetros cuadrados y 90 000 habits. 

ECHOE: Oeog. Río do Portugal, en el Alom- 
tejo. Nace cerca de Ficalho y desagua cu el 
Guadiana; 30 kms, de curso. 



EDAD 



59 



ECHOLS: Gcog. Condado del est. de Georgia, 
Estados Unidos; 1 050 kms. 2 y 2600 habitantes. 
Confina con la Florida y le bañan el Suwanoo- 
chee, y el Allapaha, ríos que después íbrman el 
Smvauee de la Florida. Su cap. es Stateuville. 

ECHT: Georj. C. del dist. de Roermond, pro- 
vincia de Limbonrg, Holanda; 4800 habitantes. 
Sitmula no lejos y al S. O. del Roermond, á 
orillas del Geleen, pequeño afluente, por la de- 
recha, del Mosa. Tejares. 

ECHTAOL ó EXTAOL: Gcog. ant. C. de la 
Palestina, en la llanura de Judá, asignada á la 
tribu de Dan. En ella pasó Sansón su infancia 
y en ella fué sepultado. 

ECHTERNACH: Gcog. Cantón del distrito de 
Grevenmacher , gran ducado de Luxemburgo, 
Francia; 18 568 hectáreas y 13 500 habits. 

ECHURA: f. ant. Echada ó tiro. 

EDA (del gr. otoo;, hinchazón): f. Zool. Género 
de insectos hemipteros homópteros, de la fami- 
lia délos menibrácidos, cuya especie tipo habita 
eu el Brasil. 

- Eda: Gcog. Nombre de una de las islas Or- 
eadas, al N. del gru]io, entre Westra al N. O., 
Rowsa al O. S. O., Shapinsha al S., Stronsa al 
S. E. , y Sanda al N. E. Orientada de N. á S., 
tiene 10 kms. de longitud por 4 de ancho; es 
montañosa y hay en ella buenos prados. Sus 
costas ofrecen excelentes abrigos, entre otros el 
puerto de Calf Sound, al N. de la isla, resguar- 
dado por el islote Calf of Eda. Forma, con la 
isla de Stronsa ó Strons.ay, una municipalidad 
que cuenta con unos 1 000 habits. 

EDAD (del lat. actas): f. Tiempo que una 
persona ha vivido, á contar desde que nació. 

Sucedió esta desgracia eu 1309, cuando él 
tenía cincuenta y dos años de edad; etc. 
Quintana. 

A la EDAD de treinta y ciuco años fué nom- 
brado el señor Amat magistral de la Santa 
Iglesia metropolitana de Tarragona, etc. 
OcnoA. 

- Edad: Duración de las cosas materiales, á 
contar desde que empezaron á existir. 

- Edad: Cada uno de los períodos en que se 
considera dividida la vida humana. 

Ninguna EDAD más á propósito para obser- 
var y advertir los naturales, que la infancia. 
Saavedua Fajaudo. 

Se familiarizó (Moratin) desde su primera 
EDAD con la lectura de los historiadores, etc. 
N. F. DE MOIIATÍN. 

- Edad: Conjunto de algunos siglos; y así al 
mundo se le cuentan, comúnmente, seis edades 
divididas ó denotadas por otras tantas épocas 
notables desde Adán hasta la consumación de 
los siglo.s. Los antiguos y los poetas fingieron, 
unos tres y otros cuatro edades, qne llamaron 
la DE OEO, la DE plata, la de cobke y la de 

HIET.r.O. 

Cuatro eras ó edades ponen los poetas, y 
principalmente Ovidio en el primer libro del 
MetamorfóseoSj que ha habido en el mundo. 
El Comendador griego. 

Aquellas elevadísimas rocas, monumentos 
venerables del tiempo que recuerdan las pri- 
meras edades del mundo, etc. 

JOVELLANOS. 

- Edad: Esiiacio de años que hau corrido de 
tanto á tanto tiempo. 

... (en las ludias) hau á levante y á poniente 
en nuestra edad y eu la de nuestros abuelos 
penetrado las armas esj^añolas, etc. 

Mauiana. 

...: Dichosa EDAD y siglo dichoso aquél á 
donde saldráu á luz las famos.as hazañas mías 
(dijo don Quijote), etc. 

Cervantes. 
-Edad: Edad provecta. 

Mateo es hombre de edad. 

Diccionario de la Academia. 

- Edad adulta: La que sucede á la adoles- 
cencia. 

... la edad adulta no es la más á propósito 
para reflexionar, etc. 

Balmks. 



co 



EDAD 



- EllAD AVANZ.VliA: ANCIAMnAD, Último pe- 
líenlo (]e la vida ordinaria del lioinbix'. 

- EiiAi) iiK Kisci'.r.rii'iN: Aijiiclla en que la 
razón alumljra ¡i los ndidtos. 

.,, que (lespnés qiií; es en KDAD tic discre- 
ción, la razón le convida al liicn. 

B. DE LA ToiillE. 

- F.iiAii maiiUua: La viril cuando se acercaá 
la ancianidad. 

... se podrían señalaren caria ciudad ó dió- 
ccsi.s cxaniinadorci, lo.s curde.s vie>eii y apro- 
basen tullo lo qneseluiljícse de representar..., 
que fuesen persoiui.H ííi'ave.s y lionestas, de 
EDAD madura, en la cual el fervor do la mo- 
cedad esté ajingado. 

JIai'.iana. 

... lio di-liió presentarse al ¡lúl.lico en la 
edad viatlura de -su reverendisinia. 

JOVÜI.LANOS. 

-Edad jii'DIA: Tiempo tran.scurrido desile 
ol sÍí;1o V de la era vulf^ar lia.sta la mitad del 
si<,do .w. 

... á la luz de la luna y de Icjns el edificio te- 
nia el aspecto de un casiillo de la i!l)AU)«f(¿ia, 
etcétera. 

Fi-;iiN-.\N Cauai.i.kuo. 

-Ehai' iT.ovECTA: Edad MADfHA. 

Kl uno de ellos, lionibre de provecía edad..., 
dio .sfisiH"(dia ¡X los franceses <pie le niirabaiij 
que era de Francia, ó de cerca de ella. 

Gaiíiuel del Cor.UAL. 

- EiiAD viiul: Aquella en que el hombre ha 
adquirido ya todo el vi^or de que es .susceidi- 
ble; coni]irende, en p'iicral, unos veinte afins, 
esto es, líesde los treinta ha.sta loá uincuenta, 
poco más ó menos. 

... estaba en toda la fuer/a de la EDAD ri'í'iV, 
etcétera. 

llAI-.rÍNEZ DE LA lloSA. 

-WAyou EDAD: Aquella (jue, .sc^'iin la ley, 
h.i lie tener una persona pai'a poder disponer tic 
si, gobernar su hacienda, etc. 

-¿No ha llegado todavía á la tiun/fr EDAD? 
- Creo (jiie no. 

Ventuiía de LA \'i:iiA. 

- Mexou EDAD: La del hijo de familia ó del 
pupilo que no ha llegado á la MAYuIt EDAD. 

- MuNciu EDAD: lÍDAD tierna, niñez, y se ex- 
tiende hasta la juventud. 

-Avanzado de edad: loe. De edad avan- 
zada. 

-CONOCEll LA EDAD J'OIl EL DIENIE: fl'. 
Vclcr. Conocer los años que tienen los caballos, 
muías y otros animales, según los dientes que 
han mudado. 

-De cierta EDAD: loe. De edad madur:i. 

- Entuar uno en edad: Ir. Ir ¡lasando de 
una EDAD á otra; como de mozo á varón; de va- 
rón á viejo. 

Mientras más fuere entrando en EDAD San- 
cho, con la e.\-per¡eucia que dan los añus, es- 
tará más idóneo. 

Cervantes. 

- Es'i'AR EN edad una bestia: fr. prov. Ar. 
No haber cerrado. 

- Mayor de iídad: h¡c. Diccsc de la persona 
que ha llegado d la mayor edad. 

-Menor de edad: loe. Dícesc de la persona 
que todavía se halla en la menor epad. 

- Edad: Fisio!. Hiíj. La .serie de cambios (¡uc 
cu el homiu'C se suceden desde que se eugeinha 
hasta su muerte natural y referidos á períodos 
determinados, constituyen las edades. Haciendo 
caso omiso de los de onhrión y feto, respectivos 
á los cuatro o cinco meses corresi>oiidientes á la 
¿[loca anterior al nacimiento, las edades, según 
la clasilicación más admitida, son las siguientes: 

1.° Infancia, desde el nacimiento basta los 
7 años. 

2." Puericia, de 7 á 13 ó l:'i id. 

3.° Adolescencia, de 13 ó 15 á 21 ó 25 id. 

4." Virilidad, de 21 ó 25 á 50 ó 60 id. 

5.° Vejez, de 50 .i CO hasta la muerte. 

Estos períodos son más precoces en los climas 
cálidos que en los fríos, en unas familias que en 
otras, cu la mujer que eu el hombre, en quien 



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(la viielo i SMS Jiasioiies que en el que las do- 
mina, en el que vive muy de jiriia que eu el 
mojiíjerfído. 

Infancia. -El radical y inofundo cambio de 
feto á ]iárvulo, luego que este da el primer va- 
gido, las molestias de la primera deiitici«'>ii, una 
vida slgnilieada por activo ejercicio de las luii- 
clones nutritivas, giadual y sucesivo desenvol- 
vimiento de las de lelaciéin; toilo esto combinado 
con una organización delicada y tierna y una 
sensibilidad exquisita, son los faetoies comunes, 
las causas ]iriiieipales de los desarreglos de la 
salud en esta edad, el foco á doiiilc concnrriián 
con nnis seguridad que en otras los agentes que 
nos rodean. Así, los fatales efectos del frío, las 
variaciones de temperatura, los abusos inlinilos 
dealimcntaeiiin,la lactancia niereenaiia, el aban- 
dono ó cuidados defectuosos de los padres son 
causas que, entre otras, ocasionan una moitali- 
dad horrorosa en la infancia, tal que en E-paña, 
en el decenio de 1861 a 1870, de cada 100 na- 
cidos vivos fallecieron en el primer año 2-J,5, 
mientras que en igual período, edad y número 
de nacimientos, la moi'talidad fué en Noruega 
10,4 y en Fj-aneia 17,3. 

El régimen lácteo debe ser único en los prime- 
ros meses de la vida, pudiémiose agregara! cuar- 
to ó quinto otros alimentos, los cuales aumenta- 
rán succsiv.imente en cantidad y calidad hasta 
el destete, que ordinariamente se efectúa al añoó 
año y medio, y mejor después que han salido los 
colmillos. Es nn deber en la madre criar á sus 
hijos; deber eludiblc sólo cuando la naturaleza 
esté deteriorada ó padezcan enfermedades que 
]iuedcn transmitirse ;i su prole. No hacerlo así, 
el que sanas y robustas entreguen el fruto de sus 
entrañas ii nodrizas que, al fin y al cabo, descui- 
dan, en su mayor ])arte, una obligación .sagrada 
tan sólo ¡lor el aliciente de la ganancia, es oca- 
sionar á los niños numerosos males; es no fo- 
mentar en .su origen el amor materno, tan puro 
como previsor, lleno de sacriíicios y angustias, 
pero tambicn de emneioiics y sentimientos que 
ennoblecen á la mujer. 

La dentición suele comenzar á los siete meses, 
efectuándose ordinariamente en este orden: in- 
cisivos medios de la mandíbula inferior; incisivos 
medios de la superior; incisivos laterales inferio- 
res; ini'isivos laterales super¡ores;primeras mue- 
las inferiores (diecisiete meses); id. superiores; 
caninos; segundas muelas .superiores é inferiores. 
A los dos ó frésanos, y aveces á los cuatro, con- 
cluyen de endentecer los niños, reuniendo veinte 
dientes, y bien conocidas son las numerosas mo- 
lestias y enfermedades del tubo aéreo, vientre y 
cerebro á que están predispuestos en tal período 
crítico, cuyos accidentes corres]ionde prevenir 
á la Higiene especial de la infancia y curar á la 
Medicina. 

Una madre prudente y cariñosa dirige mejor 
que nadie la educación de sus hijos (educatnu- 
tri:e, inslituitpcrdagoriiis, docetmarjislcr); ella da 
medro á sus hijos, bondad á sus costumbres, 
rumbo acertado á sus gustos é inclinaciones. 

Puericia. -Comprende el período que media 
desde la segunda dentición hasta la adolescen- 
cia. Continúa en esta edad el desenvolvimiento 
de las facultades físicas é intelectuales, signe el 
crecimiento y aumenta la aptitud de los senti- 
dos. La segunda dentición es menos rápida y 
turbulenta que la primera, el medro moderado y 
regular, las articulaciones se robustecen, y los 
músculos, más desarrollados, resaltan debajo de 
un cutis ya enjuto y no tan fino y delicado como 
en el párvulo, determinando movimientos más 
fuertes y variados. 

A los cuidados higiénicos se unen los de la ins- 
trucción, y ésta debe siempre ser arreglada al 
desarrollo físico, como debe variar ]ior precisión 
cu las niñas, si ha de ser armónica con su distinto 
organismo, diversas facultades y destinos. Tén- 
gase muy presente al instruir en tal época de la 
vida, que el cerebro, segúu dice Fenclóu, vacila 
como una luz puesta al viento. 

Adolescencia .- hñs diferencias de los sexos 
antes indicadas se marcan distintamente en este 
período, comprendiendo desde los quince ó trece 
años hasta los veinticinco ó veintiuno, en cuyo 
término comienza respectivamente lo que se de- 
nomina mayoría de edad para el hombre ó la 
mujer. 

Durante la adolescencia se consolida el esque- 
leto, particularmente la columna vertebral; los 
medros son distintos, graduados y normales, 
ii regulares y r.ipidos, que no es lo mejor, á veces; 



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los músculos adcjuieren todo su desarrollo y las 
fuerzas todo su vigor; el pecho se agranda, la 
resiiiraeión y circulación toman nn'is vuelo; la 
laringe se desenvuelve y la voz toma más fuerza 
y cambia de tono y timbre eu ambos sexos; el 
cerebro, por Un, se fortalece y los sentidos so 
perfeccionan. También se marcan grandes cam- 
bios en las faenltadch morales é intelechiales: al 
mnehaelio atolondrado y bullicio-so sucede el 
Joven precipitado, decidido, lleno de pasión, 
ávido (le placeres, generoso y osado, severo eu 
susjuieios ajenos, como proipicio y entusiasta eu 
sus ideas y aspiraciones; y si una educación .sana 
no gobierna y dirige al inexperto mancebo, como 
á la inocente doncella, graves males, tristes des- 
engaños, sou el término de un estado tan bo- 
rrascoso. 

La Higiene en tal edad se dirige especialmen- 
te á procurar que unido vaya el incremento or- 
gánico con el desarrollo de los afectos; a evitar 
que los vicios germinen y crezcan en un orga- 
nismo débil ; á oponer en cuerpo robusto un muio 
firme, i|ne b.ajo la égida de la Religión y la Mo- 
ral, resista indemne a! embate de las iiasiones. 
Abandonará los jóvenes á sus projiias aspira- 
ciones, sin álveo que las encauce; dar abrigo á 
la ociosidad y al libertinaje, es echar sendlUs 
cuyos frutos son las enfermedades; es dejarlos 
correr, agitados por los excesos y carcomidos 
por los vicios, á una vejez prematnra. 

Las indisposiciones (le la infancia desaparecen 
en la adolescencia, ]pero en cambio se adquieren 
predisposiciones á enfermedades graves qne por 
lo común corres]ionden al pecho, como la tisis, 
hemorragias pulmonares y lesiones del corazón, 
etcétera, y estas afecciones son tanto más inmi- 
nentes y seguras, si á las causas morales antes 
señaladas .se agregan las de la herencia, el tem- 
peramento, los desarreglos en la alimentación y 
las malas condiciones del aire atmosférico. 

Virilidad. - Completo el desarrollo físico en 
el hombre á los veintidós ó veinticinco años, y 
en la mujer á los veinte ó veintidós, principia 
en esta é]ioca de la vida, la cu.al dividió Halli en 
virilidad creciente, confirmada y decreciente. En 
la primera, que dura hasta los treinta ó treinta 
y cinco años, aún sigue el incremento del cneriio, 
particularmente en anchura y grosor;la segunda, 
que frisa hasta los cuarenta y cinco ó cincuenta 
años, se distingue jior el equilibrio orgánico y el 
especial desarrollo de las entrañas del vientre; y 
la tercera, comprendida hasta los sesenta años, se 
marca por algunos signos precursores de la vejez, 
como el abnltamiento del abdomen, las arrugas 
y canas, la calvicie y la caída de los dientes, 
etc. La virilidad conlirm.ada es el tipo al cual .se 
ajustarán los principios higiénicos que se deben 
indicar. 

l''ejcz. - Esta edad, que es el invierno de la 
vida, comprende, como la anterior, tres períodos: 
1.°, una vejez inci¡ncntc, de los sesenta á los se- 
tentaauos;2.", vejezconfirmada, hasta los ochen- 
ta; 3.°, decrepitud, délos ochenta á la muerte sc- 
nil. La incipiente reúne, pero más en relieve, 
los caracteres de la virilidad decreciente, es la 
edad del vi'jo verde; se conservan, ó acrecen, los 
gustos, costumbres é inclinaciones de las prece- 
dentes, pero no hay fuerzas y robustez suficiente 
para satisfacerlas sin daños. En la confirmada 
los sólidos so endurecen, la gordura se consume, 
el cutis se arruga y deseca, las facciones cam- 
bian, cae ó encanece todo el cabello, faltan los 
dientes, el cuerpo se encorva, y cortos como va- 
cilantes pasos señalan la debilidad muscular. 
Triste el anciano, irascible y terco, ensalza y 
exagera lo (lasado, vitupera lo presente y el ]ior- 
venir le asusta; torpes sus sentidos c incapaz de 
pasiones fuertes, la gula ó la avaricia se destacan 
á A'eces sobre este cuadro, en cuyo fondo está la 
eternidad . La falta de fuerzas y el aniquila- 
miento orgánico precipitan al viejo en la deercjn- 
tiíd, y este estado es el que antecede á la muerte 
natural ó senil. 

Recógese en la vejez el fruto de añejos hábitos, 
la cosecha cuya siembra ha sido la vida pasada; 
sns molestias y daños son tanto menores cuanto 
más anticijiamos las costumbres y vida propia 
de la senectud, y es tan exacto como saludable 
este proverbio: quien quisiere ser vmcho tiempo 
viejo comiéncelo presto. 

Los preceptos higiénicos principales de esta 
edad tienen por objeto reanimar las fuerzas con 
aire puro, ejercicio moderado, tranquilidad fí- 
sica y moral y alimentación suficiente, evitando 
los excesos de la gula, respetarlos hábitos inve- 



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tL-rados, precaverse del frío y de la biimcdad, y 
de los cambios repentinos de la atmósfera, son 
los principales consejos qne Reveille-Parise re- 
dnce á estas cuatro reglas: 1.", saber ser viejo; 
•2."-, conocerse bien á sí mismo; 3.'^, una vida 
arreglada; 4.", combatir, desde su comienzo, 
r ualquiera enfermedad. 

- Edad: Lcyisl. Comúnmente se entiende por 
edad los años que cada persona tiene contados 
desde el día de su nacimiento; pero en sentido 
más extenso significa esta palabra el tiempo que 
li;ice que vivimos, de suerte que abraza no sólo 
la duración de la existencia desde que se sale ala 
luz del mundo, sino también el espacio de tiem- 
po que se vive en el seno materno, desde el pri- 
mer momento de la concepción. Por razón de la 
edad es distinta la consideración de que gozan 
las personas, tanto según las leyes civiles como 
con arreglo á las penales. 

Con arreglo á las leyes civiles la edad se divi- 
de en mayor y menor: la primera, llamada tam- 
bién mayoría, comprendió desde los veinticinco 
años en adelante y hasta los veinticinco desde 
el día del nacimiento la segunda, llamada mi- 
noridad ó minoría. Pero estos dos grandes gru- 
jios se subdividían á su vez en otros períodos 
llamados infancia, puericia, pubertad, juventiul, 
virilidad, senectud y decrepitud. Llamóse infan- 
cia la primera edad en que el hombre no puede 
hablar todavía con orden y .soltura, y empieza 
desde el día del nacimiento hasta los siete años 
cumplidos, así en el varón como en la hembra. 
La puericia ó niñez es propiamente la edad que 
media entre la infancia y la pubertad, y se 
cuenta desde los siete años hasta los catorce en 
el varón, y hasta los doce en la hembra. Algunos 
llaman segunda infancia á la puericia, la cual 
se dice igualmente impubertad y edad pupilur, 
si bien estas denominaciones se acomodan tam- 
bién á la infancia. Algunos jurisconsultos subdi- 
viilen la puericia en edad próxima á la infancia, 
3' edad próxima á la pubertad: la próxima á la 
infancia se cuenta desde los siete años cumpli- 
dos hasta los diez y medio en el varón y hasta los 
nueve y medio en la hembra, y la próxima á la 
pubertad desde los diez años y medio hasta los 
catorce en los varones, y desde los nueve y me- 
dio hasta los doce en las hembras. La pubertad 
es aquella época de la vida en que se manifiesta 
la aptitud de las personas para reproducirse. 
Llámase pubertad de^«í6es ó pulís; los que han 
llegado á la pubertad se dicen púberes y, según 
la ley 6.^, título XXXIII de la Part. 7.^ las 
hembras alcanzan ya el nombre de mujeres. Sn- 
pónese la pubertad en los varones á la edad de 
catorce años y en las hembras á los doce. La 
edad de la adolescencia es preci-samente la mis- 
ma qne la de la pubertad, y empieza y termina, 
por consiguiente, al mismo tiempo que ésta; es 
decir, empieza á los catorce años en los varones 
y á los doce en las hembias, y termina ó llega 
á su complemento en ambos sexos á los veinti- 
cinco años según el sistema adoptado por la ley, 
pero según los médicos concluye á los veintiún 
años en las hembras y á los veinticinco en los 
varones. Llámase también la pubertad ó adoles- 
cencia edad de la discreción: porque si bien los 
próximos á la pubertad empiezan ya á discernir 
lo bueno de lo malo y lo justo de lo injusto, no 
adquieren todavía nociones exactas sobre la mo- 
ralidad de las acciones sino los púberes ó ado- 
lescentes. 

La juventud, según los médicos y los filósofos, 
es ai[uella edad que sucede después del total 
crecimiento del cuerpo y precede á la primera 
declinación del calor natural; de modo que em- 
pezando á los veinticinco años en que termina 
la adolescencia, se extiende hasta los treinta y 
cinco, ó á lo más hasta los cuarenta, en que em- 
pieza la edad viril. Los juristas la alargan hasta 
ios cincuenta, pero confunden la juventud con 
la virilidad, haciendo de las dos una sola. La 
virilidad es aquel periodo de la vida en qne el 
hombre ni gana ni pierde fuerzas, sino cpre con- 
serva las adquiridas en la juventud; aunque in- 
sensible y paulatinamente va declinando del 
calor natural de que en ésta se hallaba dotado, 
llámase edad viril, edad madura, edad constan- 
te, y dura según unos hasta los cincuenta años, 
y hasta los sesenta según otros. La vejez es la 
edad en que el liombre pierde manifiestamente 
sus fuerzas por efecto de los aíios. Se acerca 
6 se retarda según las enfermedades, los cui- 
dados, el género de vida y el trabajo, como 



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también según el clima del país en que se ha 
vivido; así es que es difícil fijar la época de su 
llegada. Sin embargo, unos la principian á los 
cincuenta años, otros á los sesenta, y no faltan 
quienes no quieren empezar sino á los setenta. 
Finalmente, tras de la vejez viene la decrepitud, 
postrera edad de la vida, en que no sólo se pier- 
den con más evidencia las fuerzas del cuerpo, 
sino también la energía de las facultades del 
ánimo. La decrepitud, según los juristas, tiene 
su principio á los sesenta años, y según algunos 
autores médicos á los ochenta; mas de ella debe 
decirse lo mismo que de la vejez, pues se acelera 
ó retarda por las mismas causas. No todos los 
autores están conformes con las subdivisiones 
explicadas: unos no consideran más que seis 
grupos, reuniendo la juventud con la virilidad; 
otros cinco, á saber, infancia, puericia, adoles- 
cencia, juventud y vejez; muchos no admiten 
más que cuatro, esto es, puericia, adolescencia, 
juventud y vejez; varios se limitan á tres, juven- 
tud, edad del vigor y vejez, y no faltan quienes 
so han contentado con dos, juventud y vejez. 
Puede decirse, pues, con razón, que hay tantas 
divisiones de edades como escritores, pero la 
adoptada por la generalidad es la que queda 
expuesta. 

Las leyes de Partida dividieron á las personas, 
por razón de la edad, en menores y mayores. Se 
llamaban menores según la ley 2.^, tit. XIX, 
Partida S. ^, los que no han cumplido veinticinco 
años, y mayores, aun cuando la ley no lo expre- 
sa, todos aquellos, sean varones ó hembras, que 
hayan cumplido esta edad. Además de esa divi- 
sión, como no todos los menores gozan de igua- 
les derechos, para poderlos mejor determinar 
dividen nuestras leyes en tres clases á las perso- 
nas de esta edad, á saber: en infantes, pupilos y 
simplemente menores. Se llaman infantes los 
que nn han cumplido siete años, sean varones ó 
hembras, según lo declaró la ley 4.''', tít. XI, 
Partidas. '', y simplemente menores los (|ue, como 
ya se ha dicho, no han cumplido veinticinco. 
Las demás personas sollamarán indi.stintamente 
mayores, aunque entre éstos todavía se puede 
colocar, para ciertos efectos del Derecho, otra 
clase particular, que son los ancianos ó viejos 
que han llegado á los setenta años, de los cuales 
se ocupan varias veces iniestras leyes, á saber: 
la S.í, tít. XVI, Partida 3.^ que les exime de ir 
á jurar ó atestiguar ante el juez, siendo éste 
quien deberá ir á su casa para este objeto; la 2.'', 
tít. XVII, Partida 6. •■', que les excusa de la tu- 
tela, y otras varias. 

Segi'in fuese la edad de las personas así serán 
mayores ó menores sus derechos. Aun antes de 
nacer, cuando todavía se hallan en el claustro 
materno, ya vela la ley en su conservación y les 
asegura sus intereses civiles, teniéndoles por na- 
cidos para todo lo que les fuera útil, y por no na- 
cidos para lo que les fuera perjudicial. Los infan- 
tes, ó los que la ley compara con los faltos 
de juicio, nada pueden hacer ni aun con la au- 
toridad del tutor; pero pasada esta edad ya se 
les permite que puedan hacer algunos actos 
civiles, ó ellosde por sí en aquellos casos en que 
pueden mejorar su condición, ó con la autoridad 
del tutor en los que la pueden empeorar. Desde 
la edad de doce ó catorce años hasta los veinti- 
cinco son mayores sus derechos, ¡mes pueden 
casarse, aunque con las restricciones que expre- 
san las leyes, pueden hacertestamento, y pueden, 
aunlosque no tengan guardador, obligar.se, salvo 
el beneficio de restitución. Finalmente, á los 
veinticinco años entran todos en el pleno goce 
de sus derechos y se sujetan á toda clase de obli- 
gaciones, salvas las consideraciones y privilegios 
debidos al sexo, dase y ancianidad. 

Con arreglo al nuevo Código civil, la mayor 
edad em]iieza á los veintitrés años cumplidos. 

Con arreglo á las leyes penales, se considera 
dividida la edad en cuatro períodos: el 1.° hasta 
los nueve años; el 2.° desde los nueve bástalos 
quince; el 3.'' desde los quince hasta los dieci- 
ocho, y el i.° desde los dieciocho en adelante. 

El desarrollo de las fuerzas morales del hom- 
bro, mucho más lento que el de las físicas, 
exige un estudio detenido de la capacidad res- 
pectiva en cada uno de los primeros años de la 
vida, para lijar su inculpabilidad, ó su mayor ó 
menor culpabilidad en la infracción de las leyes. 
Considerando que el niño hasta los nueve años 
no percibe aún la moralidad de sus acciones, ni 
calcula sus consecuencias, Im determinado que 
sea irresponsable por sus actos, prefiriendo de- 



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clararlo así á dejarle en cada caso á la apre- 
ciación prudente de los jueces. Lo.s males que en 
esta edad ocasione el niño no serán un delito 
sino una desgracia parecida á la causada ]ior el 
loco. Esta presunción de incapacidad es de las 
que se llaman jvris et jure, que no admiten 
prueba en contrario. 

Pasados los nueve prinjeros años de la vida, 
no hay, hasta que se cumplan los quince, una 
i-egla invariable para apreciar la capacidad y 
moralidad de los actos de un adolescente. Él 
principio general es que carece de suficiente 
juicio para conocer la criminalidad de sus accio- 
nes; pero esta presunción es meramente de Dere- 
cho, juris lanlum, y cede por lo nusnio ante la 
prueba en contrario. El discernimiento con que 
la ley quiere que obre el menor de quince años 
y mayor de nueve para que pueda ser castigado, 
supone completo conocimiento del delito y sus 
consecuencias, no el desarrollo y despejo común 
que se tiene á tal edad, porque á ser otra su 
intención hubiera dicho qne la presunción debía 
estar en este caso en contra y no á favor de los 
acusados. El tribunal competente hará declara- 
ción expresa acerca de si el mayor de nueve años 
y menor de quince ha obrado ó no con discer- 
nimiento para imponerle pena, ó declararlo irres- 
ponsable, determinación que tiene por objeto 
evitar que punto tan grave se mire con poca 
detención por los juzgadores. Esta declaración 
deberá hacerse en la sentencia, porque entonces 
es cuando ya tiene el Juez todos los datos que 
son prenda del acierto para resolver bien; antes, 
sólo podrá hacerse cuando la notoriedad quito 
lugar á la duda. Cuando el menor sea declarado 
irresponsable, ya por no tener nueve años, ya 
porque habiendo pasado de los nueve y no te- 
niendo quince haya obtenido declaración de no 
haber obrado con discernimiento, será entregado 
á su familia con encargo de vigilarlo y educarlo. 
A falta de persona que se encargue de su vigi- 
lancia y educación será llevado á un estableci- 
miento de beneficencia destinado á la educación 
de huérfanos y desamparados, de donde no sal- 
drá sino al tiempo y con las condiciones pres- 
critas para los acogidos. 

Desde la edad de quince años hasta la de die- 
ciocho supone la ley capacidad suficiente para 
apreciar la moralidad y consecuencias de la ac- 
ción criminal, presunción que también es juris 
ct jure y que no admite prueba en contrario; 
pero al mismo tiempo considera que el discer- 
nimiento no es tan completo como en la edad 
madura, y de aquí proviene que respete este 
período de la vida como circunstancia atenuante 
do la crinnnalidad, y que en él disminuya el 
rigor de la pena. 

El que ha cumplido ya los dieciocho años, en 
concepto de la ley tiene el discernimiento com- 
pleto que puede tener, é incurre en responsabi- 
lidad plena y absoluta. 

De lo dicho se desprende que la edad influye 
en la atenuación de la pena, ó en la exención de 
responsabilidad, por lo que deberá hacerse cons- 
tar en la causa á ser posible. La edad del ofen- 
dido puede, por el contrario, determinar la agra- 
vación de la pena respecto del delinc\iente, 
cuando se ejecute el hecho con ofensa ó despre- 
cio del respeto que por la edad mereciere el 
ofendido, en los delitos de abu.so de la impericia 
ó pasiones de un menor, de estupro, de corrup- 
ción de menores, de rapto, sustracción de meno- 
res y abandono de niños. 

También se tiene en cuenta la edad en la eje- 
cución de la pena; así es que dispone el Código 
penal que los sentenciados á cadena temporal ó 
perpetua, cuando por razón á la edad lo estimase 
oportuno el Tribunal, cumplirán la pena entra- 
bajos interiores del establecimiento, y el qne 
tuviere antes de la sentencia á cadena temporal 
perpetua sesenta años de edad, cumplirá la 
condena cu una casa de presidio mayor, y si los 
cumpliere estando ya sentenciado será trasla- 
dado á una casa presidio, en la que permanecerá 
durante el tiempo prefijado en la sentencia. 

La edad decrepita no se estima circunstancia 
atenuante de las marcadas en el Código penal, 
ni de igual entidad y analogía á la de menor do 
dieciocho años, porque no puede suponerse en 
los de aquélla incompleto discernimiento. 

En los delitos de aborto y de infanticidio es 
de la mayor importancia determinar con la pre- 
cisión posible la edad del feto ó do la criatura, 
para poder acertar en la calificación del delito, 
y en su consecuencia imponer la pena merecida 



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al que icsiiltc autor; en estos casos hoy fiuo re- 
currir ú las luces y ciencia ilc los médicos, y los 
Jueces tienen fjue volir.-e ilc su auxilio para pro- 
curarse el (icl)iilo acierto, l'til será, pues,ex|«ncr 
ligeras consiiloracioncs soljre los leiiónienos do 
lo que los mélicos lian llamado vida intrautc- 
rina, y aun solire los de la extrauterina, jiara 
que jmedan apreciarse en su justo valorías rela- 
ciones, informes y consultas de los facnltativos. 

ritlti inira-utcrina. - La det('rm¡naci..n de la 
eilad durante el tiempo dol preñado se funda en 
el desarrollo de los ór<(anos o a¡)aratos org:iuicos 
(leí cnibrÍMU tj feto, siendo de advertir ijue se 
llama embrión en lo.i dos primeros meses, y d('s- 
¡lués recibe el nombre de feto el producto de la 
concepción. Los caracteres que se ob.servan en- 
tonces .son inconstantes y variables, pero no 
dejan de presentar algunos rasgos generales que 
puedan servir ¡lara no incurrir cu equivocacio- 
nes de trascen<lencia. 

Ocho días después de la concepción no so en- 
cuentra en la matriz sino una pequeña vesícula, 
con un liípúdo transparente sin forma humana. 
Desde los quince á los veinte días el embrión es 
lombrizal, oblongo, abultado en el medio, ob- 
tuso de una extremidad y puntiagudo de la otra, 
])ardusco, algo opaco, de tres á cinco lincas <lc 
largo y de peso de dos á tres granos. A los 
treinta días es ya vi.sible la cabeza; la medula 
espinal es la única parto encefálica tiuc ¡luede 
divisarse; los párpados, muy delgados, cubren 
los ojos, que no se presentan todavía sino como 
dos puntos negros: dos simi)les agujeros indican 
el lugar en que más tarde han de desarrollarse 
las orejas; la cavidad bucal no está todavía m.ar- 
cada sino por una hendidura transversal; los 
miembros torácicos no existen sino en forma do 
pezones ó granos; la clavícula y el hueso de la 
mandíbula inferior ofrecen ya cada uno cierto 
]uiuto de osilicación; descúbrense los primeros 
rasgos del corazón, de la aorta y de la arteria 
pulmonar; las nicmljranas del embrión presen- 
tan caracteres muy importantes; la caduca se 
parece d una vejiga llena de un liciuido de la 
consistencia del albumen, ofreciendo bastante 
semejanza á una l'alsa membrana poco coherente; 
el aninios ó zurrón está blando; el corion presen- 
ta la forma do una menduana opaca, gruesa, 
borrosa por fuera y erizada de vellosidades que 
más tarde han de formar la placenta; no h.ay 
todavía cuerda umbilical, mas la vesícula que 
se halla en el lugar que ha de ocupar después 
se distingue ya bastante, así como los vasos un- 
falo-mesentérico.s. 

A los cuarenta y cinco días el embrión pre- 
senta el volumen de una grande abeja: su lon- 
gitud es lie once ó doce líneas y su ]ieso de seis 
á ocho dracmas; se conocen ya el antebrazo, la 
mano, la pi<'rna y el i>ic; empiezan á osilicarse 
las aiHjfisis de las vértebras cervicales; todos los 
demás huesos ofrecen ya puntos de osificación; 
se halla ya en el estómago meconio, que es en- 
tonces blanquizco; muéstrase el ciego y su apén- 
dice, y el hígado, muy voluminoso, ocupa una 
parte del abdomen. A los dos meses son jwrccp- 
tibles los dedos de la mano; se desarrollan los 
labios, los párjiados, la nariz y las orejas, como 
tamliién los órganos genitales; se halla desen- 
vuelta la arteria pulmonar; se descubre el omen- 
to ó redaño, y ya no puede haber duda sobre la 
existencia de los alvéolos y huesos maxilares. El 
feto tiene entonces á lo menos dos pulgadas de 
longitud y pesa algo más de una onza. A los 
tres meses la cabeza es nrás gruesa y pesa más 
que el resto del cuerpo, la pupila esta cerrada 
¡lor la meudjrana pu]iilar;la boca es grande y 
abierta; el cerebro, casi Huido, ofrece la cousis- 
tencia de una materia caseosa; la placenta, que 
puede conocerse muy fácilmente, cubre casi 
la mitad del huevo; la cuerda umbilical se in- 
troduce por cerca del pubis y tiene la forma de 
luia columna torcida. El feto tiene cerca do 
cuatro pulgadas de laigo, y pesa alrededor de 
tres onzas. A los cuatro meses ocupan mucho 
espacio las fontanelas y son muy anchas las su- 
turas del cráneo; empiézase á distinguir la 
membrana pupilar; la piel comienza á cubrirse 
de un ligero vello: los cabellos son cortos, esca- 
sos y de color de lino; se osifican los huosecillos 
del oído y principian á formarse las alas de la 
nariz; son ya '(•isibles las hojillas del cerebelo; 
se encuentra meconio en el origen ó raíz de los 
intestinos delgados; los ríñones, muy volumino- 
sos, están compuestos de quince a dieciocho ló- 
buloscada uno, y lascápsulas suprarrenales están 



EDAD 

tan abultadas como los riñónos. En esta i^poca 
es cuando se suelen percibir los gérmenes de los 
segundos dientes, cxcejito los de las ]»rimeras 
muelas. Kl feto ha adquirido de seis "i siete pul- 
gadas de longitud á los cuatro meses y medio, y 
hu peso es de cinco ií siete onzas. A los cinco 
meses se forman las uñas; empieza á osificarse 
el esteincín; el ]iubis ofrece un ]innto oblongo, 
y osificado; el calcáneo presenta luí punto hue- 
soso; el niícleo gelatinoso de los dientes se cubro 
de algunas calías de esmalto; muéstrase el surco 
longiiuilinal del cerebro; éinosc la piamáter, y 
la consistencia del cerebelo es mayor que la del 
cerebro; los iiulmonos son muy peijueños; el co- 
razón inny abultado relativamente á los otros 
óiganos, y la capacidad de las aurículas es igual 
á la de los ventílenlos; los testículos y ovarios 
estiin casi debajo dolos ríñones. La huigitud del 
feto es entonces de ocho á nuevo pulgadas, y su 
]ieso de diez á doce onzas. A los seis meses se 
ven tres ó cuatro ]>untos de osificación en el os- 
ternón y uno en el astrágalo; los pulmones con- 
tinúan siendo pequeños y el bronquio izquierdo 
es más largo y menos grueso que el derecho; la 
vejiga de la hiél contiene una corta cantidad de 
Huido seroso y sin color; entonces es cuando 
empieza á formar.se la sustancia cortical de los 
ríñones; el meconio, ]>oco abundante, no llena 
mas (¡ue el ciego y una parte del colon. La lon- 
gitud del feto es de once á doce pulgadas, y la 
mitad de su longitud total de la cabeza á los 
pies corresponde á la extremidad abdominal del 
esteriHJn. A los siete meses empiezan ádespegarse 
los párpados y á desaparecerla membrana pujii- 
hir; la piel, que era purpúrea, se vuelve de color 
de rosa, librcisa y gruesa, y se cubre de un baño 
mantecoso que .se conserva hasta el nacimiento; 
los cabellos toman un color más oscuro; el cere- 
bro adquiere también un color amarillento bas- 
tante decidido;déjanse verlas válvulas conniven- 
tes de los intestinos; están llenos de meconio el 
ciego y casi todos los intestinos gruesos; los tes- 
tículos bajan al bacinete. La longitud del feto 
es de catorce á quince pulgadas y su peso de tros 
á cuatro libras. 

A los ocho n>oses las fontanelas están más 
separadas (pie al noveno mes y ha desaitarecído 
la niembraiia pujiilar; la jiiel tiene un color más 
claro que en el nies anterior; las uñas y los ca- 
bellos se hallan bastante bien formados; el cere- 
bro empieza á luesentar ligeros surcos, y los 
testículos pasan por el anillo 3' conducto ingui- 
nal. El feto ¡lesa de cuatro á cinco li'nasy tiene 
dieciséis ó diecisiete pulgadas de largo. A los 
nneve meses la cabeza forma casi la cuarta parto 
de la longitud del cuerpo. Las fontanelas están 
menos separadas que cu las épocas anteriores de 
la preñez; el tórax es corto, está bastante aplas- 
tada y se levanta un poco por bajo si no ha res- 
pirado la criatura; el abdomen es muy capaz y 
abultado; el sistema huesoso presenta caracteres 
muy im)iortaiites; así es que la extremidad in- 
ferior del fémur ó hueso del muslo, que á esta 
sazón es cartilaginoso, ofrece un punto huesoso 
en su centro, y que el calcáneo y el astrágalo 
son las únicas partes del tarso ([Ue están osifica- 
das. A'cnse igualmente dos puntos do osificación 
en el pubis, el uno en la rama descendente y el 
otro en la ascendente del isquion, y se encuen- 
tran otros dos en la luimera vértebra cervical y 
en la primera vértebra dol coxis ó rabadilla. 
El hueso maxilar inferior está completamente 
osificado; los dientes de leche, todavía encerra- 
dos en los alvéolos, ofrecen también diferentes 
grados de osificación; la superficie del cerebro 
está cubierta de circunvoluciones y surcos pro- 
fundos, y se manifiesta ya la .sustancia gris; el 
cerebelo es más consistente que el cerebro; el 
agujero do Botal existe mientras el feto no ha 
respirado, y el pliegue membranoso que debe 
servir para cerrarlo está más firme que en nin- 
guna otra época tlel embarazo. Los jiulmones 
están rojos y voluminosos y ofrecen caracteres 
diferentes, según que ha resjurado ó no la cria- 
tura. El feto suele tener de dieciocho á diecinue- 
ve pulgadas de largo, y su peso más ordinario es 
de seis ¡i siete libras. 

Vida cxtra-ulcrina. -Los autores han estu- 
diado las mudanzas de organización que sufre 
el homlire al nacer en los primeros cuarenta y 
cinco días, como los han estudiado en los res- 
tantes días de su vida, y por regla general divi- 
den este tiempo en periodos de un día, dos, tros, 
cuatro, cinco, ocho, veinte, treinta y cuarenta 
cinco días. En el primer din la piel está rubi- 



EDAD 

cunda y se pone amarilla con la presión dol 
dedo; el meconio es expelido, dejando en los in- 
testinos gruesos una capa verde; el cordón es 
fresco, firme, azulenco, redondeado, lleno de ge- 
latina de AVaí ton, y sus vasos tienen sangre to- 
davía ; empieza á mai'chitar.sc por su punta; 
agujero do llotal abierto; canal arterial, vena 
umbilical y canal veiio.so libres. A losdosdias 
la ))iel está rubicunda; no hay meconio; á me- 
nudo se presenta una capa verdusca en la mu- 
cosa dol intestino grueso; cordón blando, mar- 
chito en su totalidad; inyección alrededor del 
anillo umbilical; ugujero de liotal abierto en su 
mayor parte; el canal arterial empieza á oblite- 
rarse; arterias umbilicales en gran parte oblite- 
radas; vena umbilical y canal ó conducto veno.so 
libres. A los tres días la piel está loi-ada, ausen- 
cia de meconio; capa verdusca en parte despren- 
dida á pedacitos figurando jaspes blancos sobro 
un fondo verde; desecación del cordón efectuada 
desde la punta alabase, haciéndose antes trans- 
parente. Perdida la gelatina de Warton, las 
membranas so pegan, se a|dastan, se apergami- 
nan, dejando ver los vasos encogidos con sangre 
coagulada; obliterados estos vasos, en parto se 
secan; ol agujero de Botal á veces cerrado ; el 
canal arterial lo mismo, pero es raro; arterias 
umbilicales muy á menudo obliteradas; venas y 
canal venoso abiertos. A los cuatro días la piel 
so halla rosada, ])rineipia á caerse ol cordón por 
su baso, hendiéndose las membranas circular- 
mente cuando la caída es natural, y á colgajos si 
es violenta. Las arterias so rompen en igual sen- 
tido; la vena persiste más; ilegmasia en ol om- 
bligo, y á veces supuración, sobre todo en los 
cordones gruesos; canal arterial abierto en siete 
casos sobro veinticuatro; en tre.i cerrado comple- 
tamente; arterias umbilicales obliteradas, á vo- 
ces todavía abiertas cerca do las ilíacas; vena 
umbilical y conducto venoso considerablemente 
estrechos. A los cinco días está la piel ligera- 
meuto amarillenta, trabajo preparatorio para el 
levantamiento de la epidermis; defecación ama- 
rillenta; caída dol cordón en la mayoría de los 
casos; canal arterial abierto en la mitad de los 
casos; arteria y vena umbilical obliteradas. A 
los ocho días la piel está ceriforme ó pálida de 
color de cera; del'ecaeióu amarillenta; caída 
constante del cordón; la cicatrización del om- 
bligo empieza á efeetuarso; canal arterial obli- 
terado por comi>leto en la mitad do criaturas, y 
los vasos umbilicales cerrados. Desdo los ocho á 
los veinte días la piel está blanca; hendidura 
de la epidermis en el tronco, mamas, abdomen 
y pliegues de las articulaciones; cicatrización á 
menudo completa del ombligo, pero á voces 
resta un flujo mucoso hasta la obliteración com- 
pleta de los vasos, flujo que puede persistir hasta 
el día veinticinco, de modo que la cicatriz cutá- 
nea no se efectúa hasta más tarde. Desdo los 
veinte á los treinta días se verifica la exfoliación 
de la epidermis, en unos por películas, en otros 
á modo de polvo; sigue esto orden: abdomen, lie- 
dlo, ingles, sobacos, miembros, pies y manos. Do 
los treinta á los cuarenta días so verifica la caída 
completa de la epidermis, excepto la de las ma- 
nos y pies, que no se efectúa hasta los cuarenta 
y tantos días; estrechez, desaparición del saco 
mucoso, y cicatriz umbilical permanente. 

Con esto quedan sucintamente expuestos los 
principales caracteres propios de cada una de las 
dos vidas intra-uterina j' extra-uterina, rostan- 
do tan sólo para terminar explicar el procedi- 
miento usado para comprobar la edad en los 
casos dudosos en que sea preciso determinarla 
con la mayor aproximación posible. 

El conocimiento de la edad os unas veces 
.absolutamente necesario y otras muy importan- 
te: es necesario cuando se trata de derechos que 
la ley confiere ó de obligaciones que impone por 
razón de edad, como igualmente cuando sin él 
no puede establecerse la identidad que .se busca 
do un individuo, y es importante cuando puede 
suministrar alguna luz para la averiguación de 
hechos que es preciso fijar, ó para la decisión de 
cuestiones relativas al estado de las personas. 

El actor ó reo que alega su edad ó la de otra 
persona para apo^-ar su demanda ó su defensa, 
es quien tiene que probarla. La edad so prueba 
por la certificación del Registro civil, partida de 
bautismo ó asiento que se hace en el libro de 
bautizados. Aunque las certificaciones dailaspor 
los párrocos con arreglo á sus libros uo hagan cu 
rigor plena fe, se admiten, no obstante, en juicio 
y fuera de él como documentos auténticos, salvo 



EDAD 

el aercclio Jo que se cotejen á solicitud de paite 
interesada con su respectivo original , que al 
efecto so pone do manifiesto, sin qne pueda ja- 
más ser extraído ni desglosado. En caso de omi- 
sión del asiento, ó de pérdida ó extravío do los 
libros por incendio, inundación, robo ú otra 
causa, se p\ied6 recurrir á los registros x\ otros 
papeles de los padres ya difuntos, á cualesquiera 
otros documentos fehacientes, y aun al testimo- 
nio de los amigos y vecinos; más los interesados, 
y aun el ministerio Fiscal, podrán atacar estas 
pruebas con otros títulos y testigos. Si el naci- 
miento se hubiese verificado en país extranjero, 
debe el interesado presentar el documento jus- 
tificativo con la correspondiente legalización del 
agente diplomático español más cercano al lugar 
del nacimiento. En ciertos casos, como los de 
aborto ó infanticidio, uo puede acreditarse la 
edad sino por la inspección del cuerpo, y eiiton- 
ees es preciso valerse del auxilio de los médicos 
que certificarán el juicio que formaren por las 
diferentes fases ó fenómenos que presenta la 
vida intra-uterina ó extra-uterina en cada uno 
de los grados ó períodos que se han explicado 
anteriormente. 

- ED.A.D: Prehist. Los tiempos prehistóricos 
se han dividido en tres grandes períodos llama- 
dos Edad de la piedra. Edad del bnmce y Edad 
del hierro. Esta división es muy reciente y se 
debe á Thomsen, director del Museo de Anti- 
güedades del Norte, en Copenhague, .siendo des- 
pués confirmada y propagada por J. Worsaoe, 
su sucesor. 

Sin embargo, ya Lucrecio, unos 75 años antes 
de la era cristiana, escribía en su poema De na- 
tura irnim: 

Arma aiüiqua, manus, ungucs, dentesquc 

[_fuerimi 
El lapides, el ítem sylvarum fragmina rami. 
Pos/erius ferri vis est, aerisc¡iic rcperta; 
Sed prior aeris eral, ijuam ferri cognilus usus. 

Hay que advertir, no obstante, que no todos 
los sabios están conformes en admitir esta divi- 
sión en las tres edades indicadas para toda la 
Tierra , pues dicen que , aunque se hayan presenta- 
do de un modo bien marcado en Dinamarca, y 
en general en toda la Escandinavia, se compren- 
de que no es de rigor que la humanidad en su 
progreso haya de pasar en todas partes por las 
mismas fases, y que se advierte efectivamente 
que en algunas regiones uo aparece patente esta 
divi.sión, puesto que el uso del hierro se presenta 
cu unas al final de los tiempos de la piedra puli- 
mentada, y en otras se advierte un periodo en que 
domina el uso del cobre puro y no el del bronce, 
como sucede en Sibcriay en algunas comarcas de 
América. 

Sin enibargo, gran parte de los que á estos 
estudios se dedican admiten que las tres edades 
indicadas por Thomsen han existido en casi 
toda Europa, y probalilcmente en el Asia meri- 
dional ; que solamente en África la Edad del 
hierro ha seguido inmediatamente á la de la 
piedra, y que en Siberia y en muchos puntos de 
América ha existido una Edad del cobre inter- 
media entre la de la piedra y la del hierro como 
representante de la del bionce. 

De todos modos, lo que es bien patento es que 
cada una de estas Edades no representa un pe- 
riodo común para todos los pueblos de la Tierra, 
sino que indica cada una do las fases porque los 
hombres han ido pasando en cada región. Así, 
por ejemplo, cuando los pueblos de Oriente y 
del Egipto conocían la Metalurgia y muchas 
prácticas químicas que revelan una civilización 
muy ailelantada, la ituiyor parte de los pueblos 
del Centro, Oeste y Norte de Europa vivían en 
la mayor barbarie, sirviéndose tan sólo de uten- 
silios de piedra; y aún hoy mismo, en que por 
todas partes se usan las armas de fuego y so in- 
ventan cada día nueva.-) sustancias explosivas, 
no faltan pueblos que se hallan en la Edad de 
la piedra. 

Edad de la piedra, - Todas las razas humanas 
han ¡lasado, como indica Lucrecio, por un pe- 
riodo msis ó menos largo, durante el cual no lian 
conocido el uso de los metales. Este hecho, cono- 
cido de los antiguos, conm lo comprueban algu- 
nas ahisiones que en los autores griegos y ronui- 
nos se encuentran, uolia llamado la atención de 
los sabios hasta el principio de este siglo en que 
los descubrimientos ar(iueológicos han demos- 
trado, no solamente la extonsiony circunstancias 



EDAD 

do este hecho, sino que esta ignorancia de la 
Metalurgia no ha excluido cierto grado de civi- 
lización en los benignos climas nieridioualcs, 
donde no hace mucho más de cien años existían 
aún numerosas poblaciones en la Edad de piedra, 
y que en la mayor parte de Europa hayan existi- 
do tribus organizadas en sociedades, con sus le- 
yes, sus jefes, y sin conocimiento de ningún metal. 
Estas tribus eran á la vez pastoriles y agrícolas, 
y el culto á los muertos se hallaba cutre ellas 



EDAM 



63 



muy desarrollado, como lo prueban los monu- 
mentos necrológicos de varias especies que de 
aquellos remotos tiempos se han descubierto. 
Hubo también tribus nómadas esencialmente 
cazadoras, de condiciones sociales muy inferiores 
á las tribus agricultoras. 

Del gran período que abraza la Edad de la 
piedra se han hecho varias divisiones, siéndolas 
más aceptadas las indicadas en el siguiente cua- 
dro; 



/ Época de los aluviones ó de los animales ex- 
Edad de la piedra tallada ó paleolítica, que eom-i tinguidos. 

prende / Época do las cavernas ó de los animales emi- 

\ grados, llamada también época del reno. 



Edad de la piedra pulimentada ó neolítica. , . 

Mortillet distingue además otra edad anterior 
á la paleolítica ó arqueolitica, y la denomina 
colUica, que coloca en los últimos tiempos de la 
época terciaria. 

Las armas usadas durante todo este vastísimo 
período consistieron primereen morrillos de pe- 
dernal ó cuarzo sílex; después en fragmentos de 
la misma sustancia, con los bordes cortantes, 
tallándolos para ello convenientemente por me- 
dio de golpecitos dados de moilo apropiado. 
Luego so fabricaron ya puntas de flecha, hachas, 
etcétera, primero talladas en la forma dicha y 
después pulimentadas. 

Edad del bronce. - La existencia de esta Edad 
no descansa en un razon.nmiento tan ligero como 
el indicado para la Edad de la piedra, concibién- 
dose más bien que, en los sitios en donde existen 
grandes yacimientos de metales cobrizos, se haya 
usado el cobre antes que el bronce. Hay, sin em- 
bargo, muchos pasajes en los libros antiguos que 
hacen alusión á un período en que dominó el uso 
del bronce, como lo atestiguan asimi.smo los mu- 
chos objetos de bronce encontrados en los dól- 
menes y sepulcros de todas clases de bastantes 
comarcas europeas. A este período corresponden 
las ciudades lacustres de Suiza, donde se en- 
cuentran numerosísimos objetos de bronce, cómo 
si dichas poblaciones fuesen, como ha indicado 
Desor, verdaderos almacenes donde los fabri- 
cantes de utensilios de bronce depositaban sus 
productos y elaboraban objetos de uso ordinario 
y de fabricación complicada. 

Este período empieza en Europa inmediata- 
mente después del de la piedra pulimentada ó 
neolítica, y dura hasta que se conocieron los 
procedimientos para obtener y trabajar el hierro. 
Siendo el bronce una aleación de cobre y es- 
taño, es evidente que antes han debido conocerse 
y emplearse aisladamente los metales simples, 
tanto más, cnanto que no existe en la naturaleza 
ningún mineral que contenga juntos el cobre y 
el estaño en las proporciones convenientes para 
formar el bronce. En cambio el cobro .se encuen- 
tra en la naturaleza hasta en estado nativo, esto 
es, de cobre puro, de suerte que fué relativamen- 
te fácil encontrarlo y aprovecharlo, siendo cla- 
rísimo que por él debió comenzar el uso de los 
metales. Ha debido, pues, existir una edad del 



( Período de los monumentos megalíticos. 
■ I Periodo de las ciudades lacustres. 

cobre, predecesora de la del bronce. Ahora bien: 
como dicha edad del cobre no lia dejado señal 
ninguna en Europa, se deduce que no ha sido 
en esta parte de Europa donde se ha verificado 
la evolución correspondiente al uso de los meta- 
les, sino que mientras en Europa sólo se emplea- 
ba aún la piedra pulimentada, en los países de 
Oriente comenzó el uso de los metales por el del 
cobre; siguió á éste el del bronce, y cuando los 
pueblos que usaban éste hicieron correrías ó 
irru|icionesen Europa, trajeron alas regiones do 
Occidente el uso de la aleación de que se trata, 
explicándose así cómo pudo pasarse sin tránsito 
alguno del periodo neolítico al del bronce. Con- 
firma que el conocimiento del bronceen Europa 
vino del extremo Oriente, la circunstancia de 
que la industria del bronce durante los tiempos 
prehistóricos presenta caracteres completamente 
orientales. Los ]iuños do las armas son muy cor- 
tos y la aliertura de los brazaletes muy estrecha 
para las manos y Inazos de las razas occidenta- 
les. Sólo en la ludia se encuentran manos y bra- 
zos de las dimensiones correspondientes. Tam- 
bién se encuentran entre los objetos europeos de 
la edad de bronce, muchos mareados con la 
swastika, cruz especial formada por cuatro gam- 
mas, VjW símbolo religioso muy venerado en 

la India. 

Edad del hierro. - El uso del hierro ha comen- 
zado en épocas muy diversas en los distintos 
países. En Egipto, Caldea, Siria y China la 
Edad del hierro se remonta á dos mil, tres mil 
y acaso cuatro milanos antes de la era cristiana. 
En África, donde no se conoce la Edad del bron- 
ce, la Edad del hierro ha seguido inmediata- 
mente á la de la piedra pulimentada. En Euio- 
pa el uso del hierro se presentó mucho después. 
En Dinamarca no apareció el hierro como metal 
común hasta el fin del siglo i de la era cris- 
tiana; en Irlanda también corresponde hacia 
el principio de la misma era. En las Gallas esta 
Edad comienza hacia el siglo Til después de 
,1. C. ; en el valle del Danubio hacia el siglo viir 
ó el IX, y en Italia y Grecia hacia el x ó el xi. 

Mortillet ha dado la siguiente división de los 
tiempos prehistóricos y su correspondencia con 
los períodos geológicos: 



/ Terreno terciario. Período eolítico. 
1." Edad de la piedra. Corresponde á Terreno cuaternario. Período arqueolítico ó paleolítico. 

( Terreno moderno. Período neolítico. 

2."' Edad del Ijronce Terreno moderno. Período protohistórico. 

3.^ Edad del hierro Terreno moderno. Periodo histórico. 



El período eolítico correspondo á su vez á dos 
terrenos diferentes, que son: el Tenaycnse, más 
antiguo, y el Oianenu, más moderno. 

El período arqneolétieo ó paleolítico com- 
prende los siguientes terrenos á partir del más 
antiguo; chellcnse , muslicrcnsc , svlulrecnse y 
waijdfílenense. 

Él período neolitieo no corresponde más que 
á un solo terreno, el rohcnmacnse. 

Los tiempos prololiistúricos, ó Edad ilel bron- 
ce, comprenden dos terrenos: morgicnse y lar- 
nandcnsc. 

La Edad del jiierro, quo corresponde á los te- 
rrenos y épocas liistórieas, comprende solanuMi- 
tc nn terreno, c\ hallstatcníc. V. l'itKiii.siiniiA 

y PUOTOIIISTOKIA. 



EDAGUA: Geog. Río de Venezuela, en la sec- 
ción Guayana, est. Bolívar; nace en Saliana y 
desagua en el Orinoco. 

EDALEA (del gr. o 5;(u, hinchar): f. Zool. Gé- 
nero de insectos dípteros, braqníeeros, tamisto- 
mátidos, de la familia de los émpidos, grupo de 
los hibótidos. Comprende dos especies que habi- 
tan en el Norte do Europa. 

EDAM: Ocog. Ciudad del dist. de Horn, pro- 
vincia de Holanda septentrional, lloliiuda: 4000 
habitantes. Sit. al S. de Horn, al N. E. do 
Amsterdam, cerca del Zuyderzee, con el que co- 
munica por un canal. Gran exportación de los 
quesos llamados do Holanda. El canal ilivide 
en dos partes á la c. y so forma do unq do los 



61 



EDEC 



brazos del río Y, que da eu nombre á Edaiii 
(Ydain). Tiene una bella igksia del siglo xv, la 
mayor de !a Holanda so|itiiitiional. La celebri- 
dad del i|neso de Edaui data do tres siglos. En 
l(i'19 la exportaciún usccudia ya á medio millón 
do kgs . Esta industria y la eonstrueción do 
embarcaciones proporcionaba á la ciudad gran 
bieueslar, y en «([uella fecha contaba con ni;is 
de 25 000 habita. 

EDANCALA (del gr. oíoo;, hinchazón, y xf>.x- 
'/.r¡, brazo); Zool. Género de insectos hcniipteros, 
hiterópteros, geócoros, do la familia de los li- 
giidos, cuya especie tipo habita en el Aniciica 
del Norte. 

EDAR: Ocor/. C. cap. do nn primipado, Gu- 
ycrat, Indnstan; 11 100 lud.il.s. Sit. al N. E. de 
Ahnicdabad, en la vertiente niciidional de los 
montes Diingars. El ¡iriucipado es el más im- 
portante de los iH-i]Ui'ños Kstados rayputas, 
vasallos del gaikvar do P.aroda, rpie forman la 
confederación d.-l .Maliikanta. Se extiende por 
los valles meridionales de la cadena de los Pun- 
gars, al E. del .Sabarniati, tributario del Golfo 
de Cambaya. Tiene unos '219 000 habits. entro 
los que hay muchos bils y koles. 

EDBAI, ETBAI, ETBAICH, OLBA, OTABI: ffío?. 
Jlontaña de la Nnbia oriental, .Miica, sit. cerca 
del iMar Rojo y del Cabo ó Ras lilbca. Minas de 
oro célebres en otros tiempos y explotadas desde 
la época de los Faraones. 

EDDINURY: Biog. Conocido vulsarniento por 
Abú llanifa. N. en Dinaner, Icaliilad del Ira^ 
jiévsico, á principios del siglo ix. Desdo muy 
joven se consagro al estudio, y haViiondo hecho 
rápidos progresos en el conocinnento de las Cien- 
cias naturales emprendió largos viajes para au- 
mentar el caudal de sus conocimientos, hasta 
(lue, según Abulfeda, que le llama el autor cbd 
libro do las ])lantaa, murió en "2S2 de la llégira 
(89.T do J. C). Eddinury, que es uno de los 
botánicos mejores que ha ¡iroducido el Oriente, 
es antor^ semn Iladji Jalfa, de varios trata- 
dos sobre Lógica, Algebra y Astronomía, ade- 
más de su célebre Tialailo de Ins /'/antas, citado á 
menudo eu sus obras por hombres del mérito do 
Atbeitar, Serapiíin el .Joven y otros. Casiri le 
supone autor, adem;is, do un tratado de Veteri- 
naria y do Agricult\ira, (pie M. de Sacy cree sea 
el mismo Tratadu de las ríanlas. 

EDDYSTONE: fícor/. Grupo de rocas de la 
costa de Coruwall, Inglaterra; sit. en el Canal 
do la Jiancha, d la entrada de la bahía y al 
S. S. O. del rompeolas de Plymouth. Este 
arrecife, cuyo nombro significa Piedra del He- 
■¡niilino, tiene unos 1S3 metros de longitud. De 
1752 á 1759 se construyó en una de las rocas, 
en el lugar que ocujiaron dos faros levantados 
en 1690 y 1700 y destruidos más tarde uno des- 
pués de otro, un faro de .30 metros de altura y 
cuyo foco luminoso se halla á 22 metros sobre 
el nivel del mar, y se avista á 12 kms. de dis- 
tancia. Desde la roca en que e.sta este faro se 
prolonga el arrecife 142 metros hacia el S., 115 
metros al E. y 271 al N. E. ; pero al O. se en- 
cuentran 22 metros de profundidad, y estaos de 
36 á 54 metros hacia Plymouth. El faro que 
hoy existe, construido por Smeatou, se halla 
ameíiazado de próxima ruina, por la fuerza del 
embravecido mar que de continuo le azota. Se 
proyecta construir otro faro á 37 metros del 
actual, al que se dará una altura de 40 metros 
para que nunca alcancen las aguas al foco lumi- 
noso. 

EDE: Gcog. Municiiuo del dist. do Arnhem, 
provincia de Güehlres, Holanda; 11 000 habi- 
tantes. Sit. al O. N. O de Arnhem. La pofda- 
ción se halla muy diseminada. 

EDEBALY: Bior/. Célebre jeque otomano. N. 
en Caiamauia en. 1210 ó 1212. M. en 1320 d la 
edad de ciento quince años. Gozaba de tal re- 
putación científica, que el fnnd.idor del Imperio 
turco, Otoiiián.le consultaba con frecuencia. En 
cierta ocasiéiii le pidió la explicación de un sueño 
maravilloso que había tcniílo y el jeque le (uo- 
nosticó que sería dueño de un gr,an Imperio, si 
se casaba con la hija do Edebaly, la herniosa 
MaihunKatun, que efectivamente fué espo>a de 
Otoinán. 

EDECÁN (del fr. nidc de cnmp, ayudante de 
campo): ni. Olieial militar, cuyo oñcio es llevar 



EDEL 

y comunicar cu el ejército las vrdeucs del jefe 
do qnieu es ayudante. 

... ve la gente con abierta boca 
EdecaNks a e.scopo cii sus corceles 
Cruzar las calles, etc. 

EsnioxcRDA. 

EDECNEMA (del gr. o'.o£(.), hinchar, y /.vejj.j 
pierna;: f. Zool. Género do insectos coleópteros, 
criptopcntdnieros, de la familia de los longieor- 
niüs, cuya especie tipo habita en .Siberia. 

EDECÓN ó EDESCO: Bioff. Jefe ibero. Vivía 
en el siglo iii antes de J. C. En el año 209 se 
traslado á Tarragona, donde se hallaba Esiii)ion, 
y ofreció someterse y ayudar á los romanos si 
lograí a la libertad de su mujer é hijos, que ha- 
bían caído en manos de Escipión cuando éste se 
apoderó de Cartagena. El general romano con- 
ceilió lo que el régulo his]iaiio le ]iedía, y por 
tal medio aumentó su inllueneia do un modo 
considerable. Edesco, que este nombre le da Tito 
Livio, ó Edecón, como le llama Polibio, fué el 
primer caudillo hispano que después de la mar- 
cha de Asdrúbal á Italia saludó á Escipión con 
el título de Rex, que el romano so libró bien de 
aceptar. 

EDEELINCK (Gf.r.mido): Biorj. Célebre graba- 
dor belg.a. Ñ. en Ambcres en 1040. M. en París 
en 1707. Estudió primeramento con Carmelo 
Galle, grabador de paisaje, y marchó en 1065 á 
París, donde trab.ajó bajo la dirección de Poilly, 
para quien hizo varias estampas que esto maes- 
tro liruió sin inconveniente. Tamlóén le conlió 
Luis.XIV varios tr.abajos importautcs. En Fran- 
cia era Edcclinck profesor de la escuela estable- 
cida en los Gobelinos para instrucción de los 
tapiceros, é ingresó además (1077) en la Aca- 
demia de Pintura y Escultura. Firmaba en esta 
f(n-ma: G. Edcclinck ó Edclinclccrjncs, las estampas 
que eran enteramente suyas, y con el apellido 
Edcclinck .solamente las estamjias en que había 
sido ayudado por su hermano G.aspar ó por Pi- 
tan, que hacía los fondos. Edeeliiiek revolucionó, 
por decirlo así, el arte del grabado; antes sólo se 
conocían las láminas cuadradas, y el grabado de 
los grabadores pecaba por la monotomía. Edce- 
linck inventó la forma romboidea, y por la di- 
versidad de formas y la manera como las armo- 
nizaba conseguía dar variedad á su trabajo, sin 
apartarse de las reglas prescritas por el gusto 
más puro y más severo. Fué el primer grabador 
que ]U'ocuró que se distinguiera la materia de 
los objetos y que dio color d los grabados. «Un 
buril puro y brillante, dice un biógrafo, un es- 
tilo auiiilio, un trazado correcto y ligero, mucha 
naturalidad y mucha verdad, unidas á una ar- 
monía de detalles inimitable, son las cualida- 
des que han colocado d Gerardo Edeelinck en el 
primer rango de los maestros de graliado. Sería 
imposible citar todas las obras debidas d este 
artista, ¡mes fueron más de trescicnt.as. Las me- 
jores son las siguientes: La Santa Familia, do 
Rafael, bellí.sima estampa que aseguró la repu- 
tación de Edeelinck y le elevó á la categoría de 
maestro; La Magdalena, copia de Le Brun; Moi- 
sés, de Champagne; Comíate de los cuatro caba- 
lleros, de L. Vinei; San Luis y San Carlos Bo- 
rromco rezando; Visitade Alejandro á lafnmilia 
de Vario, trabajo que terminó Drevet padre, y 
los retratos de Le Brun, De.sjardíns, Rig.aud, 
Felipe de Champagne, Santeuil, Dizier, Hozier, 
Dilgerus, Bogacrt de Fontaine, Blauchard, lli- 
gnard, Colbert, Luis XIV, Fagón, el duque de 
Noailles, Juan Drydcn, Descartes, etc. 

EDEL (TiEKRA de).- Gcog. Nombre que en un 
principio se dio á la parte de costa occidental 
de la Australia comprendida en los 20 y 31" 
latitud S., en honor del capitán holandés que 
la descubrió en 1019. Hoy forma parte de la co- 
lonia de Australia del Oeste. 

EDELCRANZ ( ABR.4HAM, NlcoL^.?, harón de): 
Bioíj. Sabio inventor y literato sueco. N. en 
Abo en 1754. M. en Estocolmo en 1821. Ocu- 
póse sucesivamente de Literatura, Física, Me- 
cánica y de Economía agrícola é industrial. Es- 
cribió varias obras dramáticas é inventó un 
nuevo telégrafo, una niái|uina neumática apli- 
cada á la industria, una lámpara do mercurio, 
etcétera, etc. En recompesa ile tantos servicios 
el rey de Snecia le confirió el titulo de barón y 
le hizo canciller de la corte. 

EDELFORSA (de (EdeJfors, n. pr.): f. ilincr. 
Silicato de cal encontrado eu CEdclfors. Se llama 



EDEM 

también trcmolíla y caliza de CEdclfors. Es un 
mineral blanco ó grisáceo, de densidad 2,6; raya 
el vidrio y no da agua por calcinación. Es fusi- 
ble al soplete cu un vidrio blanco compacto. Se 
distinguen dos variedades: una compacta, bri- 
llante, translúcida en los bordos y de fractura 
lisa; otra acidular ó fibrosa, de color blanco ma- 
te, frágil y divergente. La primera so encuentra 
en Qvlelfors (Snecia); la segunda en Cziklova 
(Banato). 

EDEMA (del gr. oí2r,;j?, hinchazón; de oíojm. 
inllar): m. Hinchazón blanda do una parte del 
cuerpo, rjue cede á la presión y es ocasionada 
por la .serosidad infdtrada cu el tejido celular. 
U. t. c. f. 

... la EDFMA va y viene, aunque fiacias á 
Dios do paso. 

JOVKI.I.ANOS. 

La hinchazón ó EDE.MA de las extremida- 
des inferiores,... la los, la incontinencia lie 
orina,... son incomodiJades resultantes de la 
compresión que ejerce la matriz sobre toilos 
los órganos que la rodean. 

MONI.AU. 

- EiiF.MA: Pat. El edema es producido por 
una infiltración parcial, circunscripta, del tejido 
celular, por un líquido seroallitiminoso trans- 
parente, que contiene siempre leucocitos en pe- 
queña cantidad y que no se coagula al contacto 
del aire, al contrario de lo que sucede con la 
serosidad de origen inflamatorio. 

A consecuencia do la infiltr.ación indicada los 
tegumentos se hallan levantados, ten.sos, pálidos 
¡lor lo común, de color blanco mate, fríos é in- 
dolentes. Ceden dios dedos produciendo en éstos 
una sensación de blandura especial y conservan- 
do por bastante tiempo la impresión do los mis- 
mos. Sin embargo, debe advertirse que en el ede- 
ma inllamatnrio que acompañadla erisipela y 
al flemón, los tegumentos se presentan calien- 
tes, rubicundos y doloridos. 

El edema es un síntoma, no una enfermedad; 
■ la señal que los dedos dejan al comprimirlo y la 
sensación especial de blandura que al mismo 
tiempo se experimenta, le distinguen de otras 
tumefacciones de la piel, y en particular del 
enfisema subcutáneo. 

El edema resulta generalmente, como las de- 
más hidropesías, de un entorpecimiento en la 
circulación sanguínea ó de una alteraeión do la 
grasa de la sangre. En algunos casos raros es 
esenei,al y produce una parálisis de los nervios 
vasomotores bajo la influencia del frío. El trata- 
miento varía con las causas productoras del ede- 
ma, pero en general es el de las hidropesías, y 
en particular el de la anasarca, que es el edema 
generalizado. 

Edema arscnical. - Hmiñíazón de los párpa- 
dos y de la cara producida por el uso prolonga- 
do do los medicamentos arsenicales ó por el en- 
venenanüento por el arsénico. 

Edema de la conjunlira. V. Quemosis. 

Edema de la glotis. V. Larikgitls subml'- 

COSA. 

Edema del escroto. V. Hidkocele. 

Edema maligno de los párpados. Y. Pústvl.\ 

MALIGNA. 

Edema del pulmón. V. PüLJlóü. 

-Edema (Gerardo): Biog. Pintor holandés. 
N. en Frisia hacia 1654, ó en 1666 según otros. 
JI. en Richmond (Inglaterra) en 1700. Discípu- 
lo de Alberto van Éverdingen (apellidado el 
Salvalor Bosa del Korte), mostró Edema )ne- 
dilección marcada por las escenas de la naturale- 
za bravia, que su maestro reproducía con fideli- 
dad. Dieciocho años de edad contaba cnaniio 
pasó á Inglaterra; marchó luego d Noruega, país 
al que le habían aficionado los relatos de Éver- 
dingen; atravesando el Océano recorrió la Gua- 
yana holandesa; se detuvo en Surinam y Terra- 
nova, comarcas en las que recogió gran número 
de vistas pintorescas; llegó d Londres con una 
colección numerosa que vendió en seguida, y 
confiado y satisfecho con los resultados de estos 
viajes y trab.ijos vivió en la ociosidad y los 
¡daceres, y murió muy joven todavía. Sus pro- 
ducciones recuerdan en parte la pureza de colo- 
rido que caracteriza á las obras de Éverdingen. 
Sus paisajes están por lo general tomados de los 
sitios que visitó el artista, y las figuras que se 
ven en los mismos fueron pintadas casi siempre, 
según se dice, por Juan AVyck, su compatriota. 
Falto de genio y do originalidad, Edema poseía 



EDÉN 

un talento fácil ayudado por un traViajo soste- 
nido. 

EDEMAGENO (del gr. at3T];j.ot, tumor, y ysv- 
vi;r), eiK'cndrar): ni. Zool. Género de insectos 
dípteros, braquiceros, del grupo do los muscarios, 
familia de los estndos, cuya especie tipo vive 
en la piel de los renos, donde produce tumores. 
Se caracteriza este género por tener boca lineal, 
eusaucliada en la parte superior; dos palpos muy 
juntos; carecen de trompa. La especie tipo, Ede- 
mngeno dd reno, es un insecto de quince milíme- 
tros de largo, de color negro, con la cabeza, el 
coselete y la base del abdomen cubiertas de 
pelos amarillos y las alas parduscas. La larva 
vive parásita en el dorso de los renos y mata 
muchos de estos animales de dos y de tres año.s. 
Los indiviiluos viejos re.sisten mejor, pero .su 
piel se halla acribillada por las picaduras del 
insecto hasta el punto de parecer atacados de 
viruela. 

EDEMATOSO, SA: adj. Blcd. Perteneciente al 
edema. 

... adonde parece confundir el apostema 
EDiiJiATOSü con el ventoso. 

Juan Fuaroso. 

EDEMERA (del gr. oíSo?, hinchazón, y ftepoc, 
muslos): f. Zool. Género de insectos coleópteros 
heterómeros, de la familia de los edeméridos. Se 
distingue por presentar antenas con once arte- 
jos, insertas delante de los ojos, que son redon- 
dos; protórax corto, estrecho por detrás; man- 
díbulas bíüdas ; lengüeta membranosa; élitros 
más ó menos puntiagudos en el extremo y flexi- 
bles; muslos posteriores del macho casi .siempre 
muy gruesos; tibias terminadas en dos espinas. 
Son notables las esiJecies Ocdcmora cirescens y 
Oí.'. Jlavescens. Se cree que las larvas de estos 
insectos viven en el interior de algunos vegeta- 
les. El insecto perfecto se halla revoloteando 
sobre las flores en los bosques y en los prados. 

EDEMÉRIDOS (de edcmeraj: m. pl. Zool. Fa- 
milia de insectos coleópteros heterómeros, que 
se distingue por tener cuerpo estrecho y prolon- 
gado; antenas delgadas y filiformes, tan largas, 
por lo menos, como la mitad del cuerpo y forma- 
das de once á quince artejos; patas largas y del- 
gadas. Penúltimo artejo del tarso cordiforme ó 
bilobulado, rara vez sencillo; tóra.x estrellado; 
élitros alargados y que no rodean por completo 
el abdomen. Las larvas de estos insectos .se pa- 
recen á los cerambícidos; tienen la cabeza cor- 
nea, antenas do cuatro artejos: patas con cinco, 
y viven en la madera de los árboles muertos. Se 
halla representada esta familia por el género 
Oediinicra. 

EDÉN : fíeor/. Río de Inglaterra , triluitario 
del iMarde Irlanda. Nace en la parte oriental 
del condado de Wostmóreland en el que baña á 
A|ipleby; cruza por el condado de Cúmberland 
en el i|ue corre entre las cumbres del país cam- 
liriano y las de la cordillera Pennine; pasa por 
el pie oceideutal del Oros Fell, y baña á Carlisle, 
do donde arranca un canal de uavegación que 
une la cap. del Cúmberland con Port-Carlisle. 
Desagua en el Golfo de Solway, después de un 
curso de 110 kms. Recibe como afluentes, entre 
otros, el Eamont por la izquierda y el Irtlung 
por la derecha. Tiene afamadas pesquerías de 
salmón. 

-EnF.N; Ococ/. Dos ríos de Escocia. Uno 
riega el condado do Fife de O. á E., pasa por 
Cupar, cap. del condado, y desagua en la bahía 
de Saint-Andrews, que se abre en el Mar del 
Norte, después de un curso de 30 kms. El otro 
desagua ]ior la orilla izípiicrda en el Tweed, 
tributario del Mar del Norte, cinco kms. aguas 
abajo de Kelso, después de correr unos 30 kiló- 
metros. 

- Kmen: ft.Wjf. Condado de la prov. de Au- 
cklaud, Nueva Zelanda, sit. cu la i.sla del Nor- 
te. (Jomiireudo las ciudades de Aueklaud y 
Onehunga con sus respectivos golfos y terreno 
comprenilido entre el no Waikato superior y su 
desembocadura. Confuía por el S. y el S. E. con 
los cond.ados do Rutland y de Banks. Ocupa una 
sup. de 187 km3.= y tiene 5 000 habits. 

- EnnN (JoiUin): Biog. Político inglés, gober- 
nador general do la ludia. N. en 1784. M. en 
IS II). Era hijo segundo del primer harón de Au- 
eklaud, nombrado en recompensa do sus rele- 
vantes servicios diplomáticos. A la muerte do su 

Tomo Vil 



EDER 

padre y de su hermano mayor tomó asiento en 
la Cámara de los Lores, con el titulo de barón 
de Auekiand, habiendo sido antes individuo de 
la de los Comunes como diputado por Woods- 
tock, y figurado en el partido de los whigs. El 
primer Ministerio del conde Grey le nombró 
presidente del Consejo de Comercio con derecho 
á tomar parte en los Consejos de Ministros, su- 
cediendo luego á sir James Graham en el cargo 
de primer lord del Almirantazgo. Disuelto el 
Gabinete whig por Guillermo IV, lord Auek- 
iand, después de un corto intervalo, volvió á la 
vida pública y fué nombrado gobernador gene- 
ral de la India, que entonces se hallaba en paz, 
consistiendo la misión do lord Aucklaml en di- 
fundir las ideas de conciliación y las reformas 
civilizadoras. Salió de Inglaterra en el mes de 
julio de 1834, y hacía tres años que ocupaba 
aquel puesto cuando el gobierno anglo-iudio se 
vio comprometido en la guerra con los afganos; 
el pacífico gobernador se vio obligado á publicar 
el 17 de octubre de 1838 el famoso Manifiesto 
de Simiah. En realidad no se sabe sobre quién 
hacer recaer la responsabilidad de aquella desdi- 
chada contestación entre las autoridades indí- 
genas y el gobierno general; parece, sin em- 
bargo, demostrado que lord Auekiand tuvo 
gran parte de culpa, mitigada, no obstante, por 
obrar á impulsos de la opinión pública que le 
impelía á la invasión del Afganistán, alarmada 
por los progresos de Rusia en Oriente. Cnaíulo 
ocurrieron los desastres de la insurrección de 
Cabul (noviembre de 1841) y la retirada del 
ejército inglés, lord Edén se di.sponía á abando- 
nar su puesto, y en febrero de 1842, al ocupar 
el gobierno sir Rol)erto Peel, nombró á lord 
Ellenborough gobernador de la India en susti- 
tución de lord Auekiand. De regreso en Ingla- 
terra volvió á ocupar su asiento en la Cámara de 
los Lores. Después de la ocupación de Cabul fué 
nombrado conde, pero sus títulos se extinguie- 
ron con él por haber muerto sin sucesión. 



EDET 



65 



cdt'71, huerto delicioso): 
orada del primer hombre 



EDÉN (del hebr. JTJ. 
m. Paraíso terrestre, nn 
antes de su desobediencia. 

-jY dónde vamos? 
-Del EDÉN á los mágicos jardines 
Donde lia puesto el señor del firmamento 
Al boiabre, etc. 

ZOKKILLA. 

- EnÉN: fig. Lugar muy ameno y delicioso. 

EDENATOS: Geog. ant. Pueblo de la Galia, 
en parte del actual dep. del Var. 

EDENKOBEN: Geog. C. del círculo del Palati- 
nado del Rblii, dist. de Laudan, liaviera, Ale- 
mania; 5000 habits. Sit. al N. de Landau, á 
orillas de un afluente [lor la izquierda del Rbin. 
Fáb. de arin.as. Agua,s minerales; viñedos. So- 
bre una altura se halla una hermosa quiuta del 
rey Luis de Baviera, dominada por el castillo 
arruinado de Belburg. 

EDER: Geog. Río de Prusia. Tiene sus fuen- 
tes en el monte Westerwald, en Westfalia, en 
la falda oriental del núcleo montañoso formado 
por el Ederkopf; corre hacia el N. E. por espa- 
cio de 90 kms. , después se dirige al E. y desagua 
más arriba de Cassel en el Fulda, cuenca del 
■Wesor, por la orilla izquierda. 

- Edek: Ocog. Círculo del principado de Wal- 
deck, Alemania; IS.'ÍOO habits. Sit. en la orilla 
derecha del Eder. Su cap. es Wildungcn. 

- Edeu y Gattens (Feukuioo María): Biog. 
Pintor español contemporáneo. N. en Sevilla. 
Fué discípulo de la Escuela de Bellas Artes de 
aquella capital, en la que alcanzó diversos pre- 
mios, y de Manuel Barrón. En la Ex]iosición 
celebrada en Sevilla en ISñS fué premiado con 
una medalla de cobro por un cuadro al óleo. Eii 
la Nacional de M.adrid en 18G0 presentó Una 
vacada en la vega do Trúina, lienzo )ior el quo 
obtuvo mención lionorífica, y que fué adquirido 
por la reina á su paso por Sevilla en 1862; en la 
Exposición de este año presentó dos;)ír.í.9c.5, sien- 
do adquirido por el gobierno para el Musco Na- 
cional el que figuraba el Campo de Seiiüa con 
^^nas carretas, un hombre d caballo, un borrico y 
varios animales. En la de 18G4 presentó Eder Í7)i 
carro de vuelta de la romería de Torrijas, y Un 
carbonero de.i¡)ac/iando su mercancía á la puerta 
demia casade rpcíiirfnrf; esto último, por el quo 
alcanzó mención honorífica, figura tamldén en 



el Museo Nacional. En la de 1876 presentó Una 
montería; Un cambio de vecindad; Una parada 
de loros en el campo de Tablada, en Sevilla; Una 
calesa, y Vuelta de unapareja de la feria de San- 
tiponee. Obtuvo mención honorífica. También 
concurrió á la Internacional de Bayona en 1864 
con su Visita del campo de Tablai'a ; Gitanos de 
camino; Caza del jabalí, y, finalmente, en las 
Exposiciones de Sevilla en lS68y 1877 presentó 
Elnaranjero; Una piara; El panadero; Tipos de 
gitanos; Una carreta, y otros lienzos. 

EDERIA (del gr. oíSo:, dilatación, hinchazón 
y ípiov. pelo): f. Bot. Género do arbustos, de la 
familia de las Compuestas, tribu de las seneeia- 
nídcas, que compiende varias especies propias 
del Cabo de Buena Esperanza. 

EDESA: Geog. Lugar en el ayunt. dcMerindad 
de Montija, p. j. de Villarcayo, prov. de Bur- 
gos; 10 edil's. 

EDESA: Gcog. ant. C. do la Mesopotainia sep- 
tentrional, hoy Orfa. Según la tradición fué 
fundada por Nemrod. En tiempo de los seleu- 
cidas se llamó Callirhoe, nombre de una fuente 
que había en su recinto, y del que han derivado 
los nombres siriaco y árabe de Urhoi y Roha. 
En los días de Antíoco VII se denominó Antio- 
quía. Bajo los romanos fué capital de la Osroe- 
na, y durante tres siglos tuvo soberanos espe- 
ciales llamados Abgar. Eran muy afamadas sus 
fábricas de armas. Trajaiio la saqueó para casti- 
gar á sus príncipes, que mostraron poca lealtad 
á Roma en las guerras que el Imperio sostuvo 
contra los armenios y los partes. En 216 Edesa 
fué transformada en colonia militar con el nom- 
bre de Colonia Marcia Edescnorum. Figuró bas- 
tante en la historia do los primeros siglos de la 
Iglesia cristiana. Fué tomada por los árabes en 
639, dio nombre en tiempo de las Cruzadas á un 
principado cristiano que fundó Balduíno, her- 
mano de Godofredo de Bonilhín, y que tuvo por 
soberanos á Balduíno II, Josclín I deCourtenay 
y Joselín II, y pertenece á los turcos otomanos 
desde 1637. || C. de Macedonia. V. Aegce. 

EDESIA: Biog. Filósofa de la escuela platóni- 
ca. Vivía en Alejandría en el siglo v después 
de J. C. Esposa de Hermias y ligada á Siriano 
por el parentesco, era igualmente célebre por 
sus virtudes y por su hermosura. Muerto su es- 
poso se consagró á la asistencia de los pobres y 
á la educación de sus hijos, con los que marchó 
á la ciudad de Atenas, á fin de que terminaran 
sus estudios. Los filósofos de la escuela platóni- 
ca, y especialmente Procto, la recibieron con 
distinción. Edesia murió en edad avanzada. Su 
oración fúnebre fué pronunciada por Damascio, 
entonces muy joven. Los hijos de Edesia se lla- 
maban Ammouio y Heliodoro. 

EDESO: Geog, V. en el ayunt. de Valle do 
Tobalina, p. j. de Villarcayo, prov. de Burgos; 
35 edifs. 

EDETA: Geog. ant. C. de España, que dio nom- 
bre á la Edetania. Dicen los más que es la mis- 
ma que Laurona ó Liria; algunos, sin embargo, 
la redujeron á Jériea. 

EDETANIA: Geog. ant. Región de España, si- 
tuada al E. en la costa mediterránea y parte del 
moderno Aragón. Comprendía la costa de la 
provincia de Valencia al N. del Júcar y gran 
parte de la de Castellón; era muy estrecha por 
la zona en que están la sierra de Espadan y el 
río Palancia, se ensancliaba por el S. luisfa las 
inmediaciones de Requena, y mucho más al N., 
donde abrazaba parte de las provincias do Teruel 
y Zaragoza, avanzando hacia Zaragoza hasta el 
otro lado del Ebro, y por O. hasta los ríos Jiloca 
y Jalón. Tocaba, pnes, al N. con los vasconesy 
ios ilergetcs, al N. E. con los ilereaones, al Sur 
con la Contestania, y al O. con los celtiberos. 
Este país se llamó también Sedetania. 

EDETANO, NA (del lat. edctdmis): adj. Natu- 
ral do Edetania. Ú. t. c. s. 

- Edeian'O: Perteneciente á esta antigua re- 
gión do la España Tanaconense, que compren- 
día parte de los reinos de Valencia y Aragón. 

Ya la feliz riliera 
Del EDETAXO no 

A gozar vuelve su beldad primera, etc. 
L. F. DE Mokatín. 
9 



66 



EDfiE 



EDGE 



EDFÜ: Geog. C. del Alto E^'ipto, sit. en la 
orilla izi|ii¡eidu del Nilo, al S. «le Eiiiech y N. 
de AMián, en los -^WúS' i'i" lal. N. y 30° 30' lon- 
gitud E. Madrid; tiene unos 2 000 hiiljits. yes 
notalde por hallarse en el lugar que ocupó la 
antigua .-I/oí/ííkí/w/ís Magna, cuyas ruina» des- 
aparecen bajo inontieuloa de escombros y arena 
y llegiin hasta la orilla del río, donde aún se 
ven restos de un malecón do piedra. Se conserva, 



pequeño Saluda. Gran producei.^n de trigo y 
algodón, muy solicitado este último por su ex- 
celente calidad. Su cap. es Kdgelield. ! .Munici- 
pio del condado de Dáiidson, est. de Tennesscc, 
Estados Unidos; 5000 lial.ils. Sil. en la orilla 
<lerecha del Ciimherland, enlieiite del Ná.shvi- 
He, de cuya c. es un llorecientc arjal^al. 



EDGE HILL: 'i. 




Templo de Edfú (Egipto) 

sin embargo, el gran temido, uno de los m;ls 
hermosos é imponente del Alto Egipto; es de la 
época do los Tolenieoa. 

EDGAR: Gcorj. Puerto en la isla O. de las Mal- 
vinas, goliernación de la Tierra del Fuego, Repú- 
blica Aigentina. 

- ElK!.\R: Gcog. Cond.ido del est. de Illinois, 
Estados Unidos; 1550 kms.-'y '25 500 haliitan- 
tes. Sit. en los confines del Indiana, en la cuenca 
del Wabash. Su cap. es I'aris. 

EDGARDO: Biag. Rey sajón de Inglaterra. N. 
en ni'2. M. en 975. Sucedió en el trono á su her- 
mano d la edad de diecisiete años, y demos- 
tró gran cojiacidad para la dirección de los 
negocios de Estado, no obstante su juventud. 
Rodeado su reino de vecinos turbulentos, sujio 
mantenerse en paz liaciéndose res]ietar de todos. 
Los monjes (jue escribieron su vida le prodiga- 
ron entusiastas elogios, no del todo desinteresa- 
dos, puesto que los colmó de lavoi-es y prerroga- 
tivas: parece, sin embargo, que su carácter no 
fué tan apacible como quieren suponer aquéllos, 
puesto que consta que violó á la bella Edita, ro- 
bándola del convento en i|ue se hallaba, crimen 
que castigó Sau Dunstan ¡irivaudo al rey du- 
rante siete años de ceñirse la corona; también 
es sabido que ap\ifialó al i'onde Ethelwoold para 
casarse con su esposa Elfrida, princesa dotada de 
gran belleza. En cambio considérase aún hoy 
como un hecho que le honra el haber logrado la 
destrucción completa de los lobos en sus Es- 
tados. 

-Í^DCiARDO: Biog. Rey de Escocia. M. en 
1107. Era hijo do Malcolm III y de la princesa 
Margarita. A la muerte de su padre, ocurrida 
en 1093, fué desposeído de su trono por Do- 
nald VIII, viéndose obligado á refugiarse en 
Inglaterra. Ayudailo por su tío Edgardo Athe- 
ling recobró nuevamente el trono, que ocupó por 
espacio de diez años, siendo muy querido de sus 
subditos. Le .sucedió su hermano Alejandro I. 

ÉDGBASTON: Gcog. Arrabal del S. de Bír- 
mingham , condado de Warwick , Inglaterra ; 
18 000 habits. Constitiiye un lownship aparte. 
Fabricaciones diversas; jardines botánicos. 

EDGECOMBE: Geog. Condado del est. de la 
Carolina del Norte, Estados Unidos; 1 500 kilo- 
metros cuadrados y 26 200 habits. Regado por el 
Tar River y varios afluentes de este pequeño 
tributario del Golfo de Famplico. Su cap. Tarbo- 
rough. 

ÉDGEFIELD: Geog. Condado del est. de la 
Carolina del Sur, Estados Unidos; 3 979 knis. = y 
45 900 habits. Separado de la Georgia por el 
Savannah y limitado al N. por el Saluda. Le 
riegan entre otros el río Edisto y las fuentes del 



Kl'Vada cresta del conda- 
do de Warwick, In- 
glaterra; sit. á 5 ki- 
\ Mmetros S. E. de 
'• Kington. Lugar en 
' donde lucharon por 
primera vez las tro- 
;- „' pas do Carlos I y del 
i'arlamentoen 1 C42. 



EDGEVORCIA(de 

Kilgrirurlli, n. ¡ir.): 
f. Jlvl. Género de 
Tiineláceas que se 
distingue por tener 
llores te tramo ras 
con disco anular do 
lóbulos muy cortos; 
estilo cilindraceo 
largamente lineal 
en su extremidad 
cstigmatífera. So 
distinguen dos esjie- 
c¡es,unade la India 
oriental y otra do 
la (,'Iiina y del Ja- 
pon. Esta última, 
llamada Edgeicor- 
t/iia ¡>a¡/yrifcra, se 
utiliza en el Japón para preparar un papel de 
excelente calidad llamado milsii-mula. Se culti- 
va en Europa en las estufas frías, y aun imede 
obtenerse al aire libre. Su cultivo es fácil en la 
rcgiíjn mediterránea. liaillón considera este gé- 
nero como una sección del género Daphnc. 

EDGEWORTH DE FIRMONTI ENRIQUE EssEX): 
Biog. Ultimo conlihorde Luis XVI. N. en 1745 
cu Irlanda. M. en Mittau en 1807. Estudiócou 
los Jesuítas de Tolosa; ingresó en su Orden y 
fué confesor do inadame Isabel. Por consejo de 
esta princesa fué llamado por Luis XVI para 
que le asistiera en sus Viltimos momentos, y 
aunque el respetable eclesiástico, al aceptar esta 
muestrade confianza, crcyóqne firmaba su projiia 
sentencia de muerte, es lo cierto que no corrió 
el menor peligro y que se le dejó en libre co- 
municación con el rey á pesar de ser considerado 
como clérigo refractario. Peimitida que le fué 
la entrada en el Temple en la noche del 20 de 
enero, celebró varias conferencias con Luis XVI, 
lo administró la comunión, y dijo una misa en 
su cuarto con autorización de los comisarios de 
la Comniune que formaban el Consejo del Tem- 
ple. La única objeción i|ue se le puso fué el temor 
de que se envenenara la hostia, ptero se venció 
esta dificultad escribiendo el confesor una lista 
de los objetos que necesitaba para celebrar 
aquella misa solemne, y la lista, visada por los 
comisarios, fué enviada al cura de la parroqui.a, 
(|UÍeii entregó todo lo pedido. Este documento, 
de gran importancia histórica, forma parte del 
Gabinete de Antigüedades de M. Gabriel Cha- 
ravay, habiendo pasado de las manos de M. Si- 
liire (el cura á quien estaba dirigido) á las de 
JL Godard, canónigo de Nuestra Señoi-a, cuyos 
herederos lo vendieron por 3 000 francos al inte- 
ligente conocedor de autógrafos M. Laverdet. 
Edgeworth subió en el mismo coche que con- 
dujo á Luis XVI y le acompañó hasta el cadalso, 
ayudándole y e.>:hortáiidole á bien morir. Cuan- 
do el rey trató de rechazar á viva fuerza al ayu- 
dante del verdugo que quería atarle las manos, el 
cura, aconsejándole resignacitm, le dijo: «Señor, 
en este nuevo ultraje veo un nuevo rasgo de se- 
mejanza entre Vuestra Majestad y el Dios que 
va á recompensaros. » Por tin le ayudó á subir 
las escaleras del patíljulo. Por largo tiempo han 
discutido los historiadores si el abate Edgeworth 
pronunció ó no la célebre frase que se leatribuyó 
en el momento de la ejecución: ¡Hijo de San 
Luis, subid al ciclo! Esta cuestión queda indu- 
dablemente resuelta en sentido negativo en el 
trabajo publicado por primera vez en el Ajieio- 
nado á los autógrtifvs, en 1.° de junio de 18t;5 
por M. Luis Corniles. Funda su creencia este 
escritor eu que ni los periódicos que se publi- 



EDOI 

carón al siguiente día de la ejecmión uieiieio- 
nun aquella frase, ni la oyó el ndsmo verdugo, 
según propia confesión, ni nunca el confesor 
aseguró qne la hubiera pronunciado. El resto do 
su vida no ofrece nada de particular. Emigró á 
Inglaterra en abril de 1799 y entregó al (lue fué 
luego Luis XVIII los papeles en que consigna- 
ron sus últimas voluntades Luis XVI y la prin- 
cesa Isabel. El epitafio latino (|iie se grabó sobre 
la tumba del ultimo confesor de Luis XVI fué 
redactado por Luis XVIII. 

EDGIAHIDH (ABÍT Os.mAN AMU BEN lÍAUIt 

BKN Maiuíau alKinií.si Ellki-iiiy El. Bas.sy): 
Biog. Uno de los famosos naturalistas orienta- 
les; debe su nombre d un defecto que tenía en 
los ojos. N. en I'assora ;'i lines del siglo viil 
con una fealdad tan espantosa que hasta á sus 
]iropios parientes causaba horror. Las burlas do 
(|ue fué víctima desde niño por sus defectos fí- 
sicos liiciéronle un tanto misántropo; así quo 
en lugar de pasar el tiempo con los muchachos 
de su edad en juegos y diversiones, escondién- 
dose en los lugares más apartados devoraba 
cuantos libros podía haber á la mano. De esta 
suerte llegó á adquirir tal número do conoci- 
mientos que pocos en su tiempo podían compe- 
tir con él en erudición. El califa Almotaguekil, 
hasta quien llegó su fama, mandóle llamar á 
palacio con objeto de que se encargase de la 
educación del prínci|ic su hijo; mas fué tal la 
repugnancia que su figura produjo en el califa 
y tal el temor del principe, que haciéndole nn 
regalo de 10000 dinars des¡iidióle el emir. 
Edgiahidh, que murió en Bassora el año 255 do 
la Hégiía, 868 de J. C, á la edad de ochenta 
y seis años, dejó muchas obras, entre ellas una 
sobre las sectas musulmanas (paree: que el mis- 
mo Edgiahidh fué jefe de una secta) y su libro 
sobre los animales, que es frecuentemente cita- 
do por AlBeitar y del cual existo en la Real 
Biblioteca del Escorial con el número 897, un 
compendio. E.sta obra, llena de anécdotas y 
poesías, es bastante más recreativa que instruc- 
tiva. 

EDGIVA: Biog. Reina de Francia, llamada 
Ogiva ú Ogina por los historiadons franceses. 
N. en los comienzos del siglo ix. Hija de Eduar- 
do I, rey de Inglaterra, y de Egwina, y herma- 
na de Atclstan, Edmundo y Edicdo, que sucesi- 
vamente ocuparon el trono de Inglaterra, tuvo 
además siete hermanas, de las cuales tres toma- 
ron el velo, y las olías cuatro casaron resiiecti- 
vamente con Hugo el Grande, Otón II (enqicra- 
dor de Alemania), un príncipe italiano de nom- 
bre desconocido y Luis de Aquitania. Edgiva 
dio (919) su mano á Carlos III el Simple, rey 
de Francia, que era ya viudo, y al aíio signiento 
fué madre de un niño, que recibió el noml.ue de 
Luis. En 923, cuando Carlos III cayó en poder 
de Herberto II, conde do Vermandois, la reina 
se refugió con su hijo en Inglaterra. Eduarilo 
acogió con cariño á su hija, y Atelstan, que le 
sucedi(i, logró que en 936 pasaran á su corte 
algunos embajadores franceses, que juraron so- 
lemnemente, en las manos de Edgiva, poner 
inmediatamente á Luis IV, que entonces recibió 
el sobrenombre del Ultramarino, en posesión de 
la autoridad soberana. No dicen los historiado- 
res las causas por las que Edgiva no volvió con 
su hijo á Francia, pero se cree que obró en la 
reina para no despertar los celos de los nobles, 
que temían el ascendiente de la madre sobre 
aquel príncipe de dieciséis años, á quien espera- 
ban imponer su voluntad. Sin embargo, Edgiva 
acudió al llamamiento de su hijo en 938 y vivió 
con él en la mejor armonía hasta 951. A la ed.ad 
de cuarenta y cinco años la viuda de Carlos el 
Simple se enamoró del joven conde de Meaux, 
cuarto hijo del conde (le Vermandois, muerto 
en 943. Temiendo sin duda que el rey se opon- 
dría á un matrimonio que traía á la memoria la 
perfidia del padre del contrayente con Carlos el 
Simple, y que además parecía reinigiiante dada 
la diferencia de edades, Edgiva se hizo robar de 
Laon, donde residía, por el conde de Meaux. 
Cuando los dos fugitivos se creyeron al abrigo 
del enojo de Luis, se casaron, lo que aumentó el 
pesar y la cólera del rey. Los historiadores in- 
gleses y franceses cuentan de modo distinto las 
consecuencias de esta aventura. Los unos refie- 
ren que Luis peí siguió á los nuevos esposos, los 
prendió y separó, y puso á Edgiva bajo la vigi- 
lancia de su esposa, la reina Gebeií;es, en cuya 
prudencia tenía gran confianza. Los otros pre- 



EDHE 

tendcn, por el contvario, que Eilgiva tuvo de su 
segundo matrimouio un hijo y uua hija. 

EDHADELDULAT: Biog. Príncipe buida sobri- 
no de Amadeddulat, á quien sucedió en el año 
318 de la Herirá. En el 3tJ3, al advenimiento al 
califazgo de Thai, como su primo el Amir al Orna- 
ra Azzedulat le pidiese auxilio contra la mili- 
cia turca que guarnecía á Bagdad, que se había 
sublevado contra él, partió en su auxilio y le 
ayudó á domeñar á aquella gente. Dos años des- 
pués, y sin que sea conocida la causa, trabaron 
Azzedulaty Edhadeldulat encarnizadísima gue- 
rra, en la cual, desde el principio, tocóle llevar 
la peor parte al primero. Un año duró esta lucha, 
hasta que acabó con la derrota del auur y su 
fuga á Siria; mas habiendo encontrado aquí ami- 
gos y dinero, volvió alcampo Azzedulatde nuevo 
para nuevamente ser derrotado, y esta vez hecho 
prisionero por su primo. Clemente Edhadeldulat 
otorgóle la vida con condición expresa de que 
renunciara i Bagdad ; mas aunque juró cumplirlo 
el vencido, apenas se vio libre de sus ánimos, 
apurando su crédito levantó un ejército más 
numeroso que los anteriores, y se dirigió contra 
su pariente. La pelea que se siguió, dada en Ta- 
erit, fortaleza que baña el Tigris (367 de la Hégi- 
ra), fué extremadamente sangrienta, mas al cabo, 
como la vez anterior, quedó Edhadeldulat vence- 
dor, y su primo cayó en sus manos, si bien esta 
vez cuentan que no usó de la clemencia que la an- 
terior. La batalla de Tacrit hizo á Edhadeldulat 
señor de Bagdad y del califa, que lo era entonces 
Thai. Este, acostumbrado como sus antecesores á 
ver en los amires alOmara un dueño que aparenta 
ser su criado, no experimentó ninguna sensación 
desagradable al saber la ruina de Azzedulat, y 
bien pronto pudo felicitarse de ello, pues el ca- 
rácter de Edhadeldulat, amante de las Artes, 
niaguífico en su .persona, amable é instruido, era 
preferil)le al de su primo, gran cazador y valiente 
.soldado, pero nada nuis. Edhadeldulat comenzó 
su gobierno en Bagdad por levantar mezquitas 
y crear liospitales para enfermos y pobres, y su- 
primir muchos de los impuestos que era costum- 
bre pagar, cosas todas que le hicieron muy que- 
rido del pueblo. Después de haber trabajado en 
el embellecimiento do la ciudad, ocupóse en 
construir magníficos edificios sobre los sepulcros 
de Hosein yde Alí. Este riltimo, según apun- 
tan algunos, fué descubierto por él, pues hacía 
mucho tiempo que el lugar donde reposaban los 
restos del yerno del Profeta era ignorado. El 
edificio que levantó alrededor de él fué llama- 
do por los persas KunbudFaiz-al-Anovar, casa 
del repartidor de las luces. La ciudad de Medina, 
célebre en los fastos religiosos de los nnislimes, 
tampoco fué olvidada por él, y cuentan que 
empleó enormes sumas en reparar sus muros, 
que se hallaban casi arrumados. Tales acciones 
acabaron por valerle la sincera amistad del califa, 
quien después de haberle dado el título de rey, 
y de haberle permitido decir la oración en su 
nombre (honor hasta entonces reservado á los 
califas), pidióle su hija por esposa. La boda del 
califa con la hija de Edhadeldulat, según cuentan 
los historiadores de su tiempo, celebróse con tal 
pompa, que los relatos de ella parecen fragmen- 
tos de Las Mil y Una Noches. Al año siguien- 
te de este acoutecimiento (371 delaHégira, 9S2 
de la era cristiana), murió el amir de un ataque 
epiléptico. Había ejercido cinco años el cargo de 
amir al Omara, y durante ellos no había hecho 
cosa, en sentir de los historiadores, que no fuese 
digna de elogio. Se le representa como un hom- 
bre de superior inteligencia, prudente y virtuo- 
so. Sus riquezas fueron innumerables. A ]no])ó- 
sito de su cuantiosidad se relata que, habiendo 
vuelto á la razón en la agonía, exclamó: «¿De qué 
me sirven tan grandes bienes, si dentro de un 
instante me sobrará todo?» Este príncipe dejó 
cuatro hijos, según algunos autores; según otros, 
seis; el que le sucedió en el cargo de amir al 
Omara, fué Samsam Addulat. 

EDHEM BAOA: Biog. Político otomano nacido 
en 1S23. A la edad de ocho años (de once según 
algunos) fué llevado á París con otros cuatro ni- 
ños de origen circasiano, por Amadeo Jaubert. 
Edhem siguió sus estudios primeros en la pen- 
sión Barber, y por los años 1835-38 entró como 
alumno externo en las cátedras de la Escuela de 
Minas. Durante estos mismos años, y durante el 
tiempo que sus estudios le dejaban libre, hizo 
varios viajes por Alemania y Suiza con obji-to 
de adquirir conocimientos en la carrera que ha- 



EDIC 

bía abrazado, y hasta terminada ésta no volvió 
á su país. A su llegada á Constantinopla fué 
recibido por el sultán, quien le nombró capitán 
de Estado Mayor, y habiendo ejecutado varios 
trabajos topográficos de alguna importancia 
muy en breve ascendió hasta coronel y fué 
nombrado individuo del Consejo de Minas. En 
el año 1819 recibió nueva muestra de la benevo- 
lencia del sultán, que le nombró ayudante de 
campo suyo, y de.sde esta época su carrera fué 
njás rápida todavía. Ya general de división, 
acompañó, en 1850, al sultán en su viaje al Asia 
Menor, y cuatro años más tarde pasó, comisio- 
nado por la Puerta, á Serbia, á llevar al principe 
Alejandro Karageorgevitz, el hatti-xerif, confir- 
mando las inmunidades de Serbia. En el año 
1856 fué nombrado individuo del Consejo de 
Tardimat y luego Ministro de Negocios Extran- 
jeros, en sustitución de Alí-Bajá. Este destino 
sólo lo desempeñó un año. De esta é]ioca hasta 
1874 formó parte de diversos Ministerios. En 
1874 fué enviado de embajador á Berlín y desem- 
peñó las funciones de su cargo hasta 1876, fecha 
en que fué llamado para asistir á las conferen- 
cias celebradas en Constantinopla, donde se 
trató de impedir, por las grandes potencias, la 
guerra que amenazaba entre Rusia y Turquía. 
Con ocasión de las matanzas de Bulgaria increpó 
diu'amente al representaute de Francia, tra- 
yendo á la memoria la SaintBartheleuiy y las 
gnerras religiosas, que han ensangrentado la 
mayor parte de las naciones europeas. Después 
fué nombrado presidente del Consejo de Esta- 
do. A la caída de Midhat-Bajá, fué nombrado 
primer visir (febrero de 1877), en cuyo pues- 
to mostró empeño en regularizar la nueva 
constitución organizada y en mantener la paz; 
mas declarada la guerra entre Turquía y Rusia 
su crédito decayó considerablemente, en particu- 
lar después de la batalla de Plewua (julio de 
1877). 

EDICERINOS (de edicero): m. pl. Zool. Grupo 
de crustáceos malacostráeeos, artostráceos, del 
orden de los anfípodos, suborden de los creveti- 
nos, familia de los gamáridcs. Los edicerinos 
constituyen una subfamilia caracterizada por 
tener antenas anteriores sin ramas accesorias y 
séptimo par de patas muy largo y cou ganchos. 
Comprende esta subfamilia los géneros Oedice- 
rus, Westwoodilla y Monoculodes. 

EDICERO: m. Zool. Género de crustáceos ma- 
lacostráeeos, artoostráceos, del orden de los an- 
fípodos, suborden de los crevetinos, familia de 
los ganiáridos, subfamilia de los edicerinos, que 
se distingue por tener los dos pares de uatupo- 
dos con ganchos movibles; cabeza muy alargada. 
Es notable la especie Ocdicerus ¡xirviviaiius. 

EDICIÓN (del lat. edUío): f. Impresión y pu- 
blicación de un libro ó escrito. 

... tres cosas necesita la edición buena de 
nn libro clásico: etc. 

Hautzenbusch. 

- Edicióx: Conjunto de todos los ejemplares 
de la misma obra impresos de una vez sobre el 
mismo molde. 

...: libro muy estimado de los escolares que 
han agotado de él ya cuatro EDICIONES, etc. 

Isla. 

Tengo la segunda edición del Pliuio de 
Harduino, si no me engaño. 

JOVELLANOS. 

- Edición príncipe: Bibliog. La primera, 
cuando se han hecho varias de una misma obra. 

EDICRO (del gr. rjSu?, agradable, y ypwa, 
color): m. Zool. Insecto que representa un gé- 
nero ( Hcdychruin) del orden de los himenópto- 
ros, suborden de los aculeados, familia de los 
crisidos. Se distingue este género por presentar 
mandíbulas con tres dientes; palpos maxilares 
con cinco artejos; palpos labiales con tres; len- 
güeta cordiforme; abdomen de tres artejos. Las 
especies más importantes son: 

Edicro luciente f U. lueiihim). - El macho de 
esta especio tiene el abdomen ancho, un poco 
prolongado; el dorso rojo dorado y el vientre ne- 
gro; el tórax es en el macho verde ó verde azu- 
lado, mientras que en la hembra el protórax y 
el mesotórax suelen ser de un rojo purpúreo. Las 
alas son más opacas desde el centro. La longitud 
del insecto varía de do O'", 0045 á O'", 00875. 



EDIC 



67 



Esta especie se ha encontrado como parásita 
en el Osmia nigriventris, en varias abejas y en la 
Chalycodoma muraría. 

Edicro sonrosado (Hedyehrum roseum). - Esta 
especie, llamada también Chrysis rufa, se carac- 
teriza fácilmente por su abdomen de color sonro- 
sado, provisto de espesos puntos; la cabeza y el 
tórax son de un verde azulado, azul ó violeta, 
con numerosos puntos dispuestos en forma de 
red; los ángulos posteriores del tórax sobresalen 
en forma de espina. La longitud de esta especie 
es cuando más de O", 0045. 

Esta graciosa avispa vive principalmente en 
las regiones secas, y se la observa hacia el Norte 
sólo hasta los 60" de latitud. 

EDICTO (del lat. edictmn): m. Mandato, de- 
creto publicado con autoridad del príncipe ó del 
magistrado. 

Publico (Domiciano) un EDICTO, por el cual 
desterró de Konia y de toda Italia á todos los 
filósofos, etc. 

Mariana. 

En el año de 1597 se publicó en Inglaterra 
un EDICTO contra los vagos, incluyendo entre 
ellos á los cómicos. 

L. F. DE Moratín. 

- Edicto: Letras que se fijan en los parajes 
públicos de las ciudades y villas, en las cuales 
se da noticia de alguna cosa, para que sea noto- 
ria á todos. 

... fijándose primero los edictos para que 
los opositores al beneficio que ha vacado se 
opongan al examen. 

OvALLB. 

... (no puede) suponerse venta sin suponer 
papel sellado, escritura, toma de razón y aun 
acaso tasación, edictos y remate, etc. 

JoVELLANOS. 

-Edicto: Legisl. Una de las fuentes más 
fecundas del Derecho romano, el Derecho pre- 
torio, tuvo su origen en los edictos de los magis- 
trados. Distinguíanse los dictados por los nia- 
gisti'ados de Roma con los de prailoris edidumy 
edictmn adilium, de los emanados de los pro- 
cónsules y propretores de las provincias con el de 
edictumjrrovinciale. Su objeto era establecer para 
todos los casos análogos una regla que debía ser 
observada durante el tiempo que durase la ad- 
ministración de los que los habían dictado. Es- 
tos diferentes edictos llevaban el nombre del 
pretor que primero les concedía fuerza legal, y 
se escribían sobre tablas ( in tahulas, in albo 
u. d. p. r. 1. p. nbi de plano recle legi possit). 
Generalmente los dictaban los magistrados pro- 
vinciales al empezar su administi ación. Acerca 
de la época en que fueron considerados como 
fuente de derecho, se han emitido diversas opi- 
niones. Giphauius hace derivar de la ley Corne- 
lia el derecho de los pretores á promulgar edic- 
tos. En apoyo de esta opinión existen, en efecto, 
varios indicios, entre ellos el verlos ya citados 
en las obras de Jurisprudencia entonces publi- 
cadas, y el empleo que de ellos se hacía para 
estudiar el Derecho romano. Sin embargo, des- 
truyen la opinión de Giphanius el que la Lex 
de Crallia cisalpina, que habla positivamente del 
edicto del pretor, es anterior á la ley Cornelia, 
y el que esta última ordenaba la persecución de 
los abusos que se habían cometido en la redacción 
de los edictos. Lo que parece más averiguado es 
que el derecho de publicar edictfis comenzó en 
la mitad del séptimo siglo de la República. 

Esta facultad de que habían disfrutado los 
magistrados fué restringida, mejor dicho, anu- 
lada, por el emperado Adriano, en cuyo tiempo 
y por encargo suyo publicó el jurisconsulto Sal- 
vio Juliano el llamado edicto perpetuo, que fué 
una especie do compilación de todos los edictos 
de los pretores y ediles, cuya compilación fué 
calificada por los emperadores Diocleciano y 
Maximiano de Derecho perpetuo. 

En la actualidad reciben el nombre de edic- 
tos los mandatos ó decretos publicados por auto- 
ridad competente disponiendo la observación 
de algunas reglas en algiin ramo ó asunto, y 
también se llaman así las letras que so fijan cu 
los parajes públicos de las ciudades y villas 
dando noticia de alguna cosa cuya notoriedad a 
todos interesa. 

De los edictos ó proclamas para el matrimo- 
nio en los casos en que pueden dispensarse do 
sus efectos, etc., se tratará con la debida exten- 
sión en el artículo Matrimonio. 



68 EDIF 

EDlCULA (dfl lat. aalieiila): f. yííf/. rcqiiefia 
ropicsfüitii'ión ile un ltiiii)lo ijuc lolgubau los 
aiitiniuis en los vinliulinw, ámaneiuile exvoto. 
Se liai'ían ilc iiietaka prcriosos y do baño co- 
cido. 

TanibiiMi exprfsaba mtre los romanos un ni- 
cho ó alacena de loiina análoga, aliierto en alf^iin 
muro para colocar estatuas de los dioses lares y 
tutelares. 

Por extensión se ha generalizado el noniluc á 
toda constnuxión completa y do reducidas di- 
mensiones, en pintura ó escultura. 

Los capiteles Cf^ipeios están á veces superados 
de edieulas; los do.seletes en el estilo románico, 
y tauíliién en algunos dil Kenaciniiento, repre- 
sentan murallas ilancpieadas de torres. Algunos 
frisos románicos se adornalmn con ellas. 

Hasta en las esculturas con que se adornalmn 




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H lÜJ 



Alzado y ylanla de la edícida del templo de 
Isis en ¿*o)itj)et/a 

las puertas y galerías de las iglesias eu la Edad 
Media suelen tener las figuras en las manos 
iglesias, castillos y otros edificios en miniatura. 

EDIFICACIÓN ídcl lat. ttedijicüüo): f. Acción, 
ó electo, de editicar. 

Ensebio ce.sarieuse ilii:e, q\ie \nm la KDiri- 
CACIÓN de vm templo, iiízo con su oración que 
una gran peña se ajjartase. 

RlV..\l)E.NICIKA. 

- EiiiKií\\(:|i'iN: lig. Electo de edilicar; infun- 
dir en otros con el l)ucn ejemplo .sentiniieiitiJS 
de iiiedad y virtud. 

.... asi como (la caridad) fué para mi de 
í,'ran(le edificación y consuelo, será la fiadora 
para su alma, etc. 

JOVKLI.ANDS. 

... en cumplimiento de mi propósito, y ]an 
EDIFICACIÓN del auditorio, liaiire de trasla- 
darle (el programa) tlel idioma de Germauia al 
comúu castellano, etc. 

Mesoneko Rumanos. 

EDIFICADOR, RA (del lat. acdijicálor): adj. 
Que edifica, fabrica ó manda edificar. U. t. c. s. 

Fué asimismo grande edificador de edifi- 
cios públicos v-uecesarios. 

Pediio .Mejía. 

Muestran los edificadoRfs de una ciudad 
el juicio eu la elección del sitio. 

QUEVEDO. 

EDIFICANTE: p. a. deEoiFiCAii, infundir en 
otros con el buen ejemplo sentimientos de pie- 
dad y virtud. Que edifica. 

A la patrona se le recomendó eu secreto (el 
patlre) con edificante fervor, diciéudola, que 
más que un huésped, mirase en él un hijo, etc. 
Antonio Fi.üiies. 



EDIE 

EDIFICAR (del lat. aerfíícüi-c^: a. Fabricar, ha- i 
cer un edificio. ¡ 

... (Uerión) edificó un castillo y fortaleza de 
su apellido enfrente de Cádiz, por nombre Ge- 
rouda, etc. 

JlAr.lANA. 

Quien edifica con prisa no asegura la fá- 
brica. 

P. Juan Euskiuo NiiíI'.kmueuü. 

- Ei>iFi<'AK: fig. Infundir en otros con el 
buen ejemplo sentimientos de piedad y virtud. 

Lo que más eiiificaUA y movía eu los ser- 
mones del santo l'aiirc, era salier lodos cuáu 
bien obraban sus manos lo que su lengua per- 
suadía. 

P. Juan Eukedio Nieke.miíeg. 

Til das á la gente rica 
Be honor y virtud ejemplo; 
Tu devoción en el templo 
A los fieles edifica, etc. 

HAiiTZENnu.scn. 

EDIFICATIVO, VA: adj. fig. Díccsc de lo que 
edilica ó infunde en otros con el buen ejemplo 
sentimientos de piedad y viitud. 

Tomaré de las vidas de San Jorge, que ellos 
l>oiien. lo que me i»arece que es más cierto y 

EDIFICA'ÍIVO. 

KlVADENEIRA. 

No oiacosa edificativa de religioso alguno, 
que luego no la tomase eu su conizón. 

P. Juan de Toiíues. 

EDIFICATORIO, RÍA (del lat. aediJiealOríua ): 
.adj. Perteneciente á edilicar y fabricar. 

Parece que para los edificios de los particu- 
lares se debían renovar las leyes edikicato- 
iiiAs. íjutí se hicieron eu tiempo de Augustoy 
de Trajauo. 

Fekn.\ndez Navauuete. 

EDIFICIO (del lat. acdi/lcmm): m. Obra ó fá- 
brica de casa, palacio, temi)lo, etc. 

... entonces la ensancharon (á Hisp.alis) y 
adornaron de edificios nuevos y íirandes, etc. 
JIakiana. 

Sobre un buen cimiento se puede levantar 
un buen edificio, etc. 

Ceiivantes. 

- Edificio: Xcí/í'.s7. En los antiguos Códigos 
e:-pañoles se encuentra un gran nt'imero de dis- 
posiciones referentes á la construcción de los 
edificios y cuanto se relaciona con esta materia. 
Las Partidas en su ley 2,5, tit. XXXII, Parti- 
da 3." dice: «Ca.sa ó torre rí otro edificio cual- 
quiera aviendo algún ome en Villa ó en otro 
Lugar poblado, develo mantener e labrar de 
guisa que non se derribe )ior culpa ó pereza del; 
mas de nuevo non es temido de lo facer, si non 
quisiere, fueras ende, si el se otorgasse ó ficicsse 
pleyto ó postura de facer casa ó torre en algún 
lugar; ó si hereda.se bienes de alguno, que gclo 
mandara facer. Ca estonce es tenudo de cumplir 
la jiostura que fizo, ó el mandamiento del testa- 
dor. Otrosí decimos, que casa ó torre queriendo 
alguno facer do nuevo en lo suyo, puédelo facer, 
de.xando tanto espacio de tierra facía la carrera, 
quanto acostumbraron los otros sus vecinos de 
aquel lugar; e piucdela alear quanto se (|uisiere, 
guardándose toilavia, que non descubra mucho 
las casas de .sus vezinos.» 

Las leyes 2.", tít. XXXI y 13", tít. XXXII 
de la misma Partida, establecían que el que 
construyere un edificio debe disjioner su tejado 
de manera que las aguas de las lluvias caigan y 
corran sobre terreno suyo ó sobre camino pi'i- 
blico, y no sobre edificio ó heredad del vecino, 
á menos que hubiese ad(iuirído esta servidumbre. 

El dueño de un terreno no sólo puede edificar 
sobre él dando al edificio la altura que le ])arezca 
conveniente, sino también hacer excavación de- 
bajo de la tierra, y las obras que desee, salvo 
siempre el derecho de los propietarios de terre- 
nos colindantes á quienes pudiera perjudicar en 
la seguridad de sus obras, y salvo también lo 
prescrito por las Ordenanzas municipales. 

Como regla general, v según lo dis])uesto en la 
ley 26, tít. XXXII, Partida S.^^ ya citada, nadie 
puede alzar su edificio de manera que descubra 
las casas de sus vecinos, y por consiguiente nadie 
puede tampoco abrir en su edificio ventanas y 
balcones por donde puede poner á descubierto 
la casa de sus dichos vecinos. 



EDIK 

Cuando una casa ó edificio pertenece á varios 
propietarios, todos ellos están obligados pro- 
poicionalineiite á su parte de pio;iiedad á con- 
tribuir á los reparos ú obras que fuera prcci.so 
hacer. Si amenazara ruina un edificio que per- 
teneciera á varios dueños, y uno de ellos lo 
lepara de buena fe por si y á nomine de los de- 
nnis, previo aviso á sus condueños, éitosqueilan 
obligados ú reintegrar su parte res)iectiva ile 
gastos dentro de cuatro meses conta<los desde 
que le fuere pedida después de la conclusión de 
la obra, bajo la pena de perder la parte que tu- 
viere en el edificio ú favor del que hizo los gas- 
tos; pero si ejecutare la obra por sí, con mala fe, 
.sin requerir a sus condueños, debe peider los 
gasto.i que en la reparación hubiere hecho y ser 
común de todos la labor nueva; así lo disponía 
la ley 20, título XXXII, Part. 3." 

En un cdifictio poseído eu común, cada pro- 
pietario puede hacer en su habitación las obras 
(|ue quiera, siempre que respete el derecho de 
los demás y no les cause perjuicio; así, por ejem- 
plo, el dueño de la planta baja de un edificio 
no podrá, sin el consentimiento de sus eompa- 
fieros, tener en ella una fragua ó un depósito de 
materias explo.siva.s, ni variar la dirección de 
sus chimeneas, ni abrir obras nuevas donde an- 
tes no las había, ni hacer otra cualquiera fabri- 
cación que haya de atravesar. 

Cuando por accidente ó por vejez se arruinase 
un edificio común á varios, y alguno de ellos se 
resistiese á levantarlo, los demás pueden obli- 
garle á que les ceda sus derechos ó contiibuya 
á la reedificación, cuyos gastos se pagarán pro- 
porcionalmente á la parte de cada uno. 

El edificio se considera como accesorio del 
terreno sobre que está construido: .'Edifíciiim 
scmpcr soto ccdil. Asi, pues, si uno levanta un 
edificio sobre terreno ajeno con mateiiales suyos, 
el propietario del terreno lo es también del edi- 
ficio; y del mismo modo, el que sobre un terreno 
suyo levanta un edificio con materiales ajenos, 
queda también dueíio de la obra: de modo que 
siempre y cu todos los casos la la'opiedad del 
edificio pasa á unirse con la propiedad del terre- 
no. De este principio, (pie es general, se deduce 
que, si después de haber legado una tierra el 
testador hace que se construya sobre ella un 
edificio, pertenecerá éste á aquel á quien legó la 
tierra, á menos ijue el testador no manifieste su 
voluntad en contrario. De la misma manera, .si 
se construye algún edificio en la heredad de 
alguno de los cónyuges á expensas de la socie- 
dad conyugal, este edificio será de la propiedad 
del cónyuge dueño del terreno, quien tendrá 
que abonar al otro la mitad del precio del edi- 
ficio. 

Según la ley i.\ tít. XXVIll, Partida 3.», 
«En la ribera del mar todo orne puede faier casa 
ó cabana, á que se acoja cada que quisiere, e 
puede facer otro edificio cualquier de que se 
aproveche, de manera (pie por él non se embargue 
el uso comunal de la gente, e puede labrar en la 
ribera galeas e otros navios cualesquier, etc.» La 
ley 8.° del mismo título y Partida establecía que; 
«Molino, nin cañal, nin casa, niu torre, iiin ca- 
bana nin otro edificio ninguno, non puede nin- 
gnnd ome fazer nuevamente en los rios, por los 
cuales los ornes andan con sus navios niu en las 
riberas dellos, porque se embargasse el uso co- 
mun.al dellos. E si alguno lo fiziessey denuevo, 
o fuesse lecho antiguamente, de que veniesse 
daño al uso comunal, deve ser derribado. Ca 
non seria cosa guisada que el pro de todos los 
ornes comunalmente se cstorvasse por el pro de 
algunos.» También prohibíanlas Partidas edifi- 
car junto á las iglesias, castillos y muros de las 
ciudades. Las leyes 22 y 24, titulo XXXII de la 
Partida ya varias veces citada, dicen: «Desem- 
bargadas, e libres deven ser las carreras que son 
acerca de los muros de las Villas y de las Ciuda- 
des, e de los Castillos, de manera que non deven 
y facer casa, niu otro edificio que los embargue, 
nin se anime á ellos. E si por ventura alguno 
quisiesse y fazer casa de nuevo, deve dexar espa- 
cio de quince pies entre el edificio que faze, e 
el muro de la Villa ó del Castillo.» Esto tuvie- 
ron por bien los sabios antiguos por dos razones. 
La una porque «desembargadamente puedan los 
omes acorrer e guardar la Villa en tiem]io de 
guerra.» La otra porque «de la alleganza de las 
casas non vienesse á la Villa, ó al Castillo, daño 
nin traición.» La 24, que prohibía la edificación 
cerca de las iglesias dice: «Aprovechanse los omes 
todos comunalmente de las Eglcsias, rogando 



VISTAS DE LA PARTE ANTIGUA DE EDIMBURGO 




DlCliDNAlilO ENClCLOrÉDICO 



MoNTANEB V Simón, editores 



Artículo «Edimbuiígo» 



1 . Cow-gate ó Piu-rta <le las Vacas. - 2. Barrio de los Abogados. - .•?. Casa del Cardenal Beatón. - 4. Casa de baños de la reina María. 

5. Esquina de West-Bow. 



EDIL 

en ellas á Dios, que perdone sus pecatlos e por 
ende, bieu assi como a los muros de los Casti- 
llos, de las Villas, non deben arrimar casas nin 
tiendas nin í'azer otro edificio ninguno; otrosi 
por([ue la Eglesia es casa santa de Dios, al de- 
rredor della non se deven y fazer tiendas de 
mercaderías, nin de otras cosas, si non de aque- 
llas que pertenecen á obras de piedad, e de mer- 
ced. E si por aventura fuere y alguna cosa fecha, 
deve ser ende tollida. Otrosi deziuios, que aque- 
llos que han de guardar las Eglesias, que las lian 
de mantener e reparar, de girisa que uou sedes- 
fagan, nin se derriben.» 

Todas estas disposiciones, con las modificacio- 
nes que el transcurso del tiempo ha hecho ne- 
cesarias, han sido llevadas á varias leyes, tales 
como Ordenanzas municipales, leyes militares y 
marítimas, etc., etc. De ellas se tratará con la 
debida extensión eu el articulo Obra (Véase). 

Sobre la venta de edificios ruinosos del Esta- 
do, concesión de los mismos para fines de utili- 
dad pública y su conservación cuando tiene 
mérito ó valor artístico, se han dictado varias 
disposiciones. Se citarán aquí las más inipor- 
tautes. En 30 de septiembre de 1842 una Real 
orden sobre enajenación de edificios ruinosos del 
Estado. Eu 17 de marzo de 1845, otra sobre 
edificios cedidos ¡lara objetos de utilidad públi- 
ca. En 9 de octubre de 1847, una iustrucción 
])ara la renaración y conservación de los edificios 
del Estado. Una Real orden de 4 de mayo de 
ISóO, dispuso que no se hiciera obra alguna en 
edificios públicos sin previa consulta á la Comi- 
sión de Slonnmentos Históricos y Artísticos. En 
14 de seiitiembre y 10 de octubre del mismo 
año, se ordenó que no se hicieran alteraciones 
en los edificios de mérito artístico. Eu 9 de 
junio de 1S69, se dio uua ley sobre concesión en 
usufructo de edificios de la nación para oficinas 
de los Ministerios y sus deiieudencias en las pro- 
vincias, y á los Ayuntamientos y Diputaciones 
¡iroviuciales para servicio de su incumbencia ó 
de utilidad pública; así como en arrendamiento 
á las mismas corporaciones y á los particulares 
para otros usos. Reversión al Estado. Abono de 
mejoras, etc. En 21 de diciembre de 1876 se 
dictó otra ley mandando que se formara un in- 
ventario general de los edificios públicos de la 
propiedad del Estado y que estuvieran poseídos 
por el mismo, y sobre enajenación de los que no 
debieran conservarse, á pagar en metálico en dos 
años y tres plazos. Construcción de nuevos edi- 
ficios públicos. Auxilios de las provincias y pue- 
blo.s, etc. 

El capitulo V del libro II del nuevo Código 
civil trata de los edificios ruinosos y de los 
árboles que amenazau caerse, y dice en el artí- 
culo 389: «Si un edificio, pared, columna ó cual- 
quiera otra construcción amenaza ruina, el pro- 
pietario estará obligado á su demolición ó á 
ejecutar las obras necesarias para evitar su caí- 
da. Si no lo verificare el propietario de la obra 
ruinosa, la autoridad podrá hacerla demoler á 
costa del mismo. El artículo 1907 dice que el 
propietario de un edificio es responsable de los 
daños que resulten de la ruina de todo ó parte 
de él, si ésta sobieviniere por falta de las repa- 
raciones necesarias. 

Finalmente, el Código penal vigente castiga 
en su artículo GOl con multa de 25 á 75 pesetas 
á los que infringiendo las órdenes de la autoridad 
descuidaran la reparación de edificios ruinosos 
ó de mal aspecto. 

EDIGNEMO(delgr. oíoo:, hinchazón, y /.vTiOr,, 
pierna): m. Zool. Género de aves zancudas,' de 
la familia de las carádridas, subfamilia de las 
caradrinas, que comprende varias especies que 
habitan en el antiguo Continente y en la Aus- 
tralia. Se caracteriza este género ])or presentar 
pico más largo (jue la cabeza; patas fuertes un 
poco deprimidas en la base; arista de la mandí- 
bula superior elevada; mandíbula inferior for- 
mando ángulo; aberturas nasales cerca de la par- 
te media del pico y longitudinalmente hendidas 
hasta la parte córnea de éste; pies largos y del- 
gados; tres dedos dirigidos hacia adelante y 
reunidos por una menibiana hasta la segunda 
articulación. Alas do regular longitud y agudas. 
La especie principal de este género ha sid'o des- 
crita con el nombro pluvial mayor ó chorlito 
real. 

EDIL (del lat. aidlUsJ: m. Entre los antiguos 
romanos, magistrado a cuyo cargo estaban las 
obras publicas, y cuidaba del reparo, ornato y 



EDI.M 

limpieza de los tem(>los, casas y calles de la 
ciudad de Roma. Los había de dos clases. 

Vespasiauo fué EDIL y Pretor en Roma. 
Pedko Mejía. 

- Edil cukül: El de clase patricia. 
-Edil plebeyo: El elegido entre la plebe. 

- Edil: Jlist. Los ediles ejercían su cargo 
durante un año. Por la edilidad daban comienzo 
los romanos á la carrera de los honores, mas no 
podían obtener esta magistratura hasta después 
de haber cumplido veintisiete años. Había edi- 
les plebeyos y ediles cumies ó patricios. Los 
primeros eran dos, y fueron instituidos en 493 
antes de J. C, en el mismo año que el tribuna- 
do, por las Asambleas de los plebeyos, que agre- 
garon á los tribunos dos magistrados, elegidos 
entre la plebe y llamados ediles, á los cuales se 
confiaron los detalles de la policía, la vigilancia 
de los mercados y la custodia de los edificios 
públicos. En 366 antes de J. C. se negaron los 
ediles á costear los gastos de los juegos que aca- 
baban de ser creados, y entonces el Senado agre- 
gó á los que ya ejercían el cargo dos nuevos 
ediles sacados del orden patricio. Estos últimos 
tenían silla cnrul laticlava, entrada eu el Se- 
nado y derecho de imágenes. Tomaron el nom- 
bre de ediles mayores ó curules, y á los otros se 
les aplicó el adjetivo de plebeyos. Estos últimos 
se vieron reducidos á funciones subalternas: vi- 
gilar los mercados, el precio y calidad de los 
artículos de consumo, la exactitud de las pesas 
y medidas, la policía y limpieza de las calles, 
el sostenimiento de los baños públicos, la rejia- 
ración y limpieza de los acueductos. No poseían 
ninguna de las prerrogativas honoríficas de los 
ediles curules, y aunque costeaban juegos eran 
éstos poco dispendiosos. La alta policía fué con- 
fiada á los ediles enrules. A ellos correspondía 
el velar por la conservación de los caminos y 
puentes, por el buen estado de los tem]iIos y de 
los anfiteatros, por el abastecimiento de la ciu- 
dad y por el orden y la seguridad públicos. Para 
los asuntos relativos á esos objetos tenían un 
tribunal y ejercían jurisdicción. Lo que lle<'ó 
"á ser el privilegio mas apreciado y la parte 
esencial de su magistratura fué la dirección de 
los juegos ó diversiones públicas. Ya iban apa- 
reciendo en los circos aquellos pugilatos, aque- 
llas luchas, aquellas carreras de caballos y de 
carros tomados de los jnegos olímpicos de la 
Grecia; en los anfiteatros, aquellos combates de 
gladiadores y de animales feroces, espectáculo 
sanguinario y nacional; más tarde se fueron 
elevando algunos teatros, en los que se daban 
representaciones escénicas. Aquellos juegos ser- 
vían para celebrar las fiestas públicas, las pri- 
vadas, y sobre todo los funerales de los grandes: 
todo ciudadano podía ofrecer uno al pueblo, pero 
siempre bajo la inspección de los ediles. Estos 
debían también dar por lo menos, y á sus ex- 
pensas, un espectáculo durante .su administra- 
ción; se guardaron muy bien de faltará aquella 
obligación, y no perdieron nada. Dar espectácu- 
los á la multitud llegó á ser bien pronto un 
medio de ganar sufragios. Los ediles subsistie- 
ron hasta el reinado de Constantino. 

EDILICIO, cía (del lat. uedlUl'ius ): adj. Per- 
teneciente, ó relativo, al empleo del edil. 

EDILIDAD (del lat. aedllUas): f. Dignidad y 
empleo del edil. 

Había alcanzado y admini.strado los magis- 
trados y digiiidades... conviene á saber la cues- 
tura de Ksp.iña, el tribunado de los milites, la 
edilidad, y el sumo pontificado. 

Pedro Mejía. 

-Edilidad: Tiempo de su duración. 

Agripa sólo, en el año de su edilidad, hizo 
construir ciento sesenta (baños públicos). 
Mesonero Romanos. 

EDIMBURGO: Geog. Condado de la Escocia 
meridional. (_'onfina al N. con el Firth ó Golfo 
de Forth, al E. con los condados de Háddigton 
y Berwick, al S. con los de Selkirk, Pcebles y 
Laiiark, y al O. con el condado de Línlithgow; 
950 kms.= y 360000 habits. Se le llama también 
Mid-Lotliian porque comprende la parte central 
del antiguo )iaís de Lotliian. El terreno baja 
hacia el N. E. , yendo a.sí todas sus aguas al 
Golfo de Forth. En la parte meridional se alzan | 
las montañas Moorfoot ó Muirfoot-Hills, cuyas ' 



EDIM 



69 



cumbres más elevadas tienen unos 600 metros. 
Hacia el S. E. so hallan las alturas porfídicas 
de Pentland, de 550 m. de altura máxima. Los 
principales ríos son el Esk, Leitli y Almond, 
que van al Golfo de Forth, y el Gola, afluente 
del Tweed, que riega el ángulo S. E. del condado. 
Es un país agrícola y se cultiva trigo, cebada y 
otros granos. Eu las zonas montañosas se crían 
ganados. En las ciudades hay fábs. de tejidos de 
cáñamo, seda y lana; los habits. de la costa se 
dedican á la pesca y al comercio de cabotaje. 
Existen varias minas de hulla y piedra de cons- 
trucción. Las principales ciudad'es son la capital, 
Edimburgo, su puerto, Leitli, y Mussclbundi 
Dalkeith y Portobello. 

-EdimduiíGO: Geoij. C. de la Gran Bretaña, 
capital del reino de Escocia, capital de condado 
y a 525 kms. N. N, O. de Londres. Está situada 
en la margen derecha del Leith, á 3 kms. del 
Golfo de Forth. Población 228357 habits. sin 
los arrabales; con ellos 236002. En 1801 tenía 
82500 habits. 

Es una de las más importantes ciudades del 
Reino Unido, y sin duda alguna lamas original 
y pintoresca de todas. Gracias al cuidado y al 
buen gusto con que los habits. han hermoseado 
los diferentes accidentes del terreno colocando 
eu ellos sus principales monumentos, y á la 
abundancia de excelentes mármoles, Edimburgo 
puede competir con las ciudades más hermosas 
del mundo, faltándole tan sólo el sol radiante 
del Mediodía . Sea cual fuere el observatorio 
elegido para contemplarla, su aspecto es sober- 
bio y sobre todo original, al extremo de que Es- 
qnirós ha podido decir de ella que en nada se 
parece á ninguna otra del mundo, sin que Vene- 
cia y Constaiitino¡ila puedan comparársele. Há- 
llase construida en dos cerros paralelos separa- 
dos por un profundo barranco, cruzado desde 
1765 por un viaducto. Más recientemente se hau 
construido otros dos puentes, los de South lirid- 
ge y de Waverley Bridge, además de un gigan- 
tesco malecón que completa las comunicaciones. 
En el cerro del Sur está construida la ciudad 
vieja, confusa agrupación de viejas casuchas y 
estrechas y tortuosas callejuelas, muchas de ellas 
sin salida. De algunos años á esta parte se han 
introducido importantes mejorasen esta porción 
de la ciudad. En el cerro del Norte está la ciu- 
dad nueva, cuyas calles son anchas y espaciosas 
y se cruzan eu ángulos rectos. Entre los monu- 
inentos de la ciudad vieja descuella eu ininier 
término el castillo que se eleva al 0. á 110 me- 
tros sobre el nivel del mar. La ciudad nueva 
contiene edificios y monumentos muy notaldcs. 
Eu primer término debe citarse el "de Walter 
Seott, inaugurado el 15 de agosto de 1846; el 
palacio de Holyrood, célebre por los recuerdos 
que se conservan de María Stuart, y en que ha- 
bitó la familia real de Francia después de la re- 
volución de 1830; el palacio del Parlamento, 
convertido en palacio de Justicia; la Biblioteca 
de abogados, la más rica de Escocia, pues posee 
300000 volúmenes; el Jardín Botánico, y el cas- 
tillo. En la parte N. E. de la ciudad existe una 
eminencia llamada Calton Hill, que gracias á 
los monumentos que la cubren es hoy uno de los 
sitios más pintorescos de Escocia. En ella están 
situadas: el Museo ó Monumento Nacional, el 
Observatorio construido según el trazado del 
templo griego de los Vientos; la cárcel, edificio 
imponente por su masa separada por un valle 
de otra colina mucho más notable llamada Ar- 
ihiir Scol, en la que está situada la antigua re- 
sidencia real de Holyrood, desde la cual se do- 
mina el inmenso panorama de la ciudad, las 
campiiías vecinas, los puertos, el Golfo de Forth 
y las montañas vecinas hasta el Ben Loinond. 
Edimburgo es ciudad cultísima, y no sin razón 
s^e le ha aplicado el nombre do Atenas británica 
ó Nueva Atenas, 

La Universidad, fundada en 1582, cuenta 
1 800 alumnos, y posee, además de Gabinete de 
Física muy completo, colección de Historia Na- 
tural, Conservatorio de Artes y Oficios, y una 
biblioteca con 160000 volúmenes. Los profe- 
sores do este establecimiento son de los más 
ilustrados del Reino Unido. Son también no- 
tables la Escuela de Medicina, el Colegio Feltu, 
construíilo merced á un legado de siete millo- 
nes do pesetas, el Museo de Pinturas, el de 
la Sociedad de Anticuario?, etc., etc. Algunos 
de estos edificios merecen algo más que una 
simple mención, tanto por su belleza artística 



70 



EDIM 



como por su Ínteres liislórico. El ]iiilacio Ju 
Uolyrooil es ile este número. Está situado en 
la extreniiiUJ inlcrior de la calle 13aek tlie Ca- 
iiongate, y en sus eiiutro ángulos se destacan 
otras tantas torres almenadas. Las del N. E. 
fueron eonstrnúlas |ior Jaeobo V, y .son proba- 
blemenle la parte más antigua del edilicio. Los 
ingleses destruyeron este ¡)alacio en 15J4, ¡¡ero 
fué reconstruid" Jiara ser nuevamente demolido 
en tiempo de Ciomwell, salvándose sitio el iín- 
gido \. E. El resto del editicio es de tiempo do 
Carlos II. A cada ludo de la |iuerta occidental, 
sobre la cual se bailan esculpidas las urinas de 
Escocia, venso ilos columnas dóricas. Soldados 
vestidos con el autigtlo traje nacional bacen 
centinela delante de ella. Kl interior del e.lilieio 
lia sido restaurado pur orden de la reina Victo- 
ria. Entre otras cosas vese en él una galería do 
retratos, toilos muy malos, que pretenden ro- 
jiresentar á los soberanos escoceses, pero cuya 
antigüedad es más (pie dudosa, y la alcoba do 
María Estiiardo, cuyo lecho est;i cubierto con 
lina colcha de damasco encarnado. A la derecha 
de esca alcoba se halla la estancia en i|ne Darn- 
Icy y otros conjurados sorpri-ndieron á lliccio el 
9 d'' marzo de ITiOtí mientras cenaba con la con- 
ilesa de Argyle. 

Al N. del palacio estaba la abailia de lloly 
rood llouse, hoy en ruinas. Fue /'undada en 
1128 por el rey David, cu el mismo sitio en que, 
según la tradiciún, rué protegido i>or una cruz 
bajada del cielo, de la eml)e»tida de un ciervo. 
Arruinada y sa<iueada varias veces, era, á pesar 
de esto, en la época de la Kefonna, una de las más 
licas del reino. Los reformados la despojaron de 
todas sus rifjuezas y la destruyeion casi por com- 
pleto. Culos I la rcstauít) translbiiiuimlola en 
capilla lleal, y en ella se hizo coronar en 1633. 
Durante la revolución lué nuevamente sarpieada, 
y en 1768 unos ladrones robaron los ataúdes de 
los antiguos leyes, que eran de plomo. En el án- 
gulo S. E. de las luiíias se hallan las tumbas do 
Darnley, David II, Jaeobo V y otros iiersona- 
jes. La tone del N. O. contiene una estatua de 
lord Belh.iveii, muerto en 1030. 

El castillo lué fundado en una é])0ca muy an- 
tigua, pero cuya fecha no puede lijarse. En él 
residían David I, Malcolm IV, Alejandro III y 
muchos otros reyes de Escocia. Los ingleses lo 
conquistaron en 1296 y lo conservaron hasta 
1313, en cuya época ordené) su demolición el 
célebre Roberto Bruce. Keconstruido por Eduar- 
do III volvió á caer cu poder do aipiéllos, gra- 
cias ú una ingeniosa estratagema de sir Villiam 
Donglas. Ciomwell la tomó en 1650 tras dos 
mese.s de asedio. Sus principales curiosidades 
interiores .son: el arsenal, donde entre otras ar- 
mas antiguas so encuentra el MonsMcg, cañón 
monstruo ilel siglo XV que mide 4 metros de 
largo por O,. 00 de diámetro; el enalto de María 
Estuardo, en el que nació en junio de 1566 Ja- 
cobo I de Inglaterra; las joyas de la corona de 
Escocia, que consisten en una corona, un cetro y 
una espada. 

El Palacio del Pailaniento está situado en el 
ángulo S, O. de la plaza de este nombre. El 
salón principal mide 37 metros de largo por 
14 de ancho y está adornado con estatuas de 
mármol de Forbes de CuUoden, del vizconde de 
Melville, del presidente Dundas de Arniston, 
de'Blair do Avonton, del presidente Bayle, de 
Francis de Jeffray, delordCockhurn, etc., etc., 
debidas al cincel de W. Bodie. La sala del con- 
dado (Coinily Hall) fué construida en 1617 
según el plano del templo de Erecteo en el 
Acrópolis de Atenas. 

Eu la cumbre de la colina de Calton vese un 
monumento elevado en honor de Nelson, cuyo 
único mérito consiste en el magnífico ponorama 
que se disfruta desdo la azotea que la termina. 
Cerca do él se halla otro monumento destinado 
á perpetuar las hazañas de los escoceses durante 
las guerras contra Napoleón. Comenzaron los 
trabajos eu 1824 con gran entusiasmo, ¡lero que- 
daron por terminar. También es iligna de ser 
visitada la casa de John Kno.K, reconstruida 
piedra por piedra eu 1S48. 

El monumento á AValter Scott ocu))a el cen- 
tro de la Frincc's strccí, una de las mejures de la 
ciudad. Trazó los planos en 1840 Gcorge Kemp. 
vSu altura es de 61 metros y se asciende hasta la 
parte superior del edificio por una escalera do 
287 escalones. Eu medio de la plataforma inte- 
rior está la estatua del insigne novelista escul- 
|nda en mármol de Cañara por John Steele. 



EDIX 

En ti o los cdilicios religiosos sobresale la cate- 
dral, colocada bajo la advocación de San Giles, y 
de la cual se ignora la fecha de la fundación. 
Sábese .sólo que se encuentra por primera vez 
mencionada en la Historia en 135i). En 1446 
po.seía cuarenta altares y nuniero.sas reliquias, 
ligurundo entre éstas nii hueso del brazo de San 
Giles. En la época de la Keforma todas las reli- 
rpiias fueron vendidas y produjeron una cantidad 
imiiortante que se con.sagró á la lestauíación 
del i'dilicio. Carlos I convirtió la ighsia en cate- 
ilral en 1633 cuando la creación del obispado de 
Edimburgo, y en ella juraron los comités de 
los estados del l'arlameiito y las comisiones de 
las Iglesias de Escocia y do Inglaterra sostener 
y defender la Liga y el Covenant. Desfigurada 
por una larga serie de re]>ai'aciones, la catedral 
es do arquitectuia pesada y mide 62 metros do 
largo por 37 de ancho, dominada ]ior una torre 
enalbada que se eleva en su centro. Entre los 
demás cdilicios religio.sos de Edimburgo indica- 
remos la iglesia San Andrés, adornada con un 
pórtico sostenido por cuatro columnas corintias 
y coronada por un cainjianario de ijl metros de 
altura, la de San Vicente, Victoria Hall, iglesia 
gótica muy elegante, y San Cutberto. 

Cuéiitanse en Edimburgo .sesenta imprentasy 
cien librerías, inliniílad de periódicos y revistas 
muy notables. El Comercio y la Industria no 
son e.vcepcionalnientc importantes, ]uies la supe- 
rioriilad de Edimburgo está en sus producciones 
científicas y literarias. En ninguna otra parte de 
la (irán Bretaña ni de Europa están represen- 
tadas las profesiones llamadas liberales [)or un 
número tan considerable de per.soiia.s. En cambio 
las clases inferiores viven en la miseria y la 
ignorancia, embrutecidas por los vicios. La vida 
industrial de Edimburgo está concentrada en 
Liith, donde .se hallan las fábricas de vidriado, 
tejas y jabones, así como también refinerías, ta- 
bernas, talleres de construcción, y astilleros de 
toda especie. Leith, con 62 000 habits. , forma 
ya jiarte de Edimburgo, ])Ues ambas poblaciones 
están unidas por una serie de hoteles ó villas 
]iarticulares. El imerto, protegido por dos glan- 
des muelles ó espigones que avanzan mar aden- 
tro, hace un gran comercio de cabotaje. Todas' 
las poblaciones de la costa vecina están agrujia- 
das formando un solo arrabal, cuj'os habitantes 
viven de la pesca y del cabotaje. 

llist. - La etimología de la palabra Edimhur- 
(JO es dcscnnocida. La ciudad es bastante antigua 
y,. según Walter Scott, el castillo e.\istía ya en 
tiempo de los romanos. Esta creencia del insigne 
novelista no descansa sobre fuiídaniento alguno 
serio. Lo único rjne puede asegurarse es que en 
1028 era ciudad importante. Sólo á partir del 
siglo XV comenzó á ser capital de Escocia. Dun- 
fermline y Scone fueron antes que ella residen- 
cia de los reyes. En 1480 todavía no ocupaba 
Edimburgo sino la mitad de la colina del centro, 
pero en 1513 la hallamos ya considerablemente 
aumentada. Durante dos siglos permaneció en- 
cerrada entre sus murallas, elevándose en vez de 
extenderse. En 1767 olituvieron los magistrados 
permiso para construir una ciudad nueva allen- 
de el barranco de que hemos hablado y que 
hoy divide la población en dos partes. Jaeobo 
Creig trazó el plano de la nueva ciudad, que 
cubre hoy la explanada de la colina septentrio- 
nal y parte de la llanura vecina. Las familias 
nobles y ricas se trasladaron á la parte moderna 
abandonando á los pobres sus viejos palacios. 
Eu menos de veinte años Edimburgo se trans- 
formó raiUcalmente. 

En esta ciudad se han celebrado varios conci- 
lios, los más importantes délos cuales fueron los 
de 1445, 1551 y 1559. El primero se reunió para 
escuchar la lectura de una bula de Gregorio XII 
por la (pie este l'apa protegía los bienes de los 
obispos cuando éstos fallecían sin herederos y 
otra de Martín V excomulgando á un prelado 
que había conspirado contra el rey. En el con- 
cilio de 1551 se mandó á los curas que leyeran 
los Domingos y días de fiesta el catecismo, re- 
cientemente im]>reso. á sus feligreses, pero sin 
añadir comentario alguno. El concilio de 1559 
publicó el decreto del concilio de Basilea contra 
los acusados de concubinato, y adoptó gran nú- 
mero de acuerdos respecto al orden y disciplina 
de la Iglesia, entonces muy relajada. 

EDINGTONITA: f. Miiicr. Hidrosilicato de alú- 
mina y de barita, con iudicios de cal y do sosa. 
Se presenta en cristales ])e([Ueños, blancos óro- 



EDIP 

sados, translúcidos, con lustro vitreo, que acom- 
pañan álaanalcina, liarmotoina y calcita. Se ha- 
lla en las rocas amigdaloides de Kilpatrik-hills 
(E.scocia). Traüida con el ácido clorhídrico da 
alúmina gelatinosa; calentada eu uu tubo d< 
ensayo da agua y so hace opaca. Al soplete .■■' 
funile difícilmente en un vidrio incoloro. Tiein 
por dureza 4 ó 4,5 y densidad 2,7. 

EDIOCRINO (del gr. aio-.o;, eterno, y -/.pivov, 
lirio): m. l'alconl. Género de equinodermos cri- 
noideos, te.selátidos, de la familia de los cupre- 
socrínido». Compiende especies fósiles en el si- 
lúrico superior y eu el devónico. 

EDIONICA (del gr. oíoo;, hinchazón y ovovf. 
uña): f. üool. Género de insectos coleópteros, 
criptopentámeros, de la faniilia de los crisomé- 
lidos, grupo do los altisidos, y que comprendo 
unas 120 especies, todas originarias de la Amé- 
rica. 

EDIPO: ilü. Rey do Tobas. Hijo de Layo, rey 
de Tebas, y de Yocasta. El oiácnlo de Ajiolo dijo 
á Layo que había de morir á manos de su liijc 
Apenas nació Edipo, su ¡ladre, para que no .•■• 
cumpliera el oráculo, le hizo llevar al niont> 
Citerón y ordenó que fuera suspendido porb/- 
pies ú la rama de un árbol; encontráronle un' 
pastores, y |ior la hinchazón que en sus pies ha 
i-Uan producido las ligaduras le llamaron Edi|io 
del griego v.oivi (hinchado) y nrjj; (i)ies). Le I 
llevaron los pastores á Polibio, rey de Corinto, 
quien lo educó como si fuera su hijo. Creci' 
Ediiio, y al verse víctima de burlas y sarcasuK/ 
por ser hijo de padres desconocidos, se fué á 
Delfos á preguntar al dios el nombre de su ver- | 
dadero padre ; el dios le contestó (|Ue no volviera 
ásu país, pori|ne, si volvía, el destino había orde- 
nado (pie diera ninerte á su j^adre y se casara 
cou su madre. Oráculo ambiguo y pérfido, pues- 
to que Edipo uo conocía como suyo más paísqu' 
Corinto. Un medio habiadeevitarelcumplimien- 
to de su destino: uo matar á nadie y no casara 
nunca; pero la fuerza del sino no )iodían conti-- 
nerla los hombres. Edipo salió de Corinto y sa- 
lió de Delfos por el camino que conducía á Beo- 
cia y á Fócida. En el punto en que el candnos 
bifurca encontró á Layo en un carro tirado ¡".i 
muías. Para que el destino se cumpliera se sus- 
citó una querella entre uno de los servidores de 
Layo y Edipo, y el padre cayó muerto á niami- 
deí hijo. El lugar en que ocurrió este snccsi 
llamábase d camino que, ae divide, y era niin 
conocido de las gentes ilustradas. Pausanias lo 
menciona, y dice que vio las tumbas de Layo y 
de su servidor. 

A la muerte de Layo, Creón, padre de Yocas- 
ta, le sucedió como rey dcTebas. Enaquella época 
el país veíase castigado por la cólera de los dio- 
ses, que enviaron un monstruo teirible que :i 
todas partes llevaba el espanto y la desolación. 
Aquel monstruo, al que llamaban ¿"s/iJií/e, tenía 
cara de mujer, alas de pájaro y cola de león. La 
esfinge había aprendido ele las Musas un enigma 
cuya solucii'in proponía á todos los tóbanos, de- 
vorando á aquéllos que no la hallalian. Mucha- 
fueron las victimas de la esfinge, y tantos fue 
ron los males que de esto resultaron que Creón 
se vio obligado á ofrecer la corona de Tebas y la 
mano de Yocasta, viuda de Layo, á quien resol- 
viera el enigma propuesto por la esfinge. Eu el 
momento en que Creón hacía estas ofertas llegó 
á Tebas Edipo; se dirigió á una montaña llamada 
Acrópolis donde se hallaba la esfinge, quien le 
propuso este enigma: «Hay en la tierra un ser 
vivo que tiene cuatro pies por la mañana, dos 
al medio día y tres por la tarde. El es el único 
que puede cambiar de forma, y cuando tiene 
mayor número de piernas es cuando anda más 
despacio.» Este ser es el hombre; cuando niño 
anda arrastrándose por los suelos con pies y 
manos, y entonces es cuando camina más lenta- 
mente; en la edad madura anda en dos pies, y 
en la vejez necesita un bastón para apoyarse. 
Edipo adivinó el enigma y el monstruo, desespe- 
rado, se precipitó desde lo alto del Acr(Jpolis y 
desaparecií). Según una tradición se rompió la 
cabeza; según otra fué destrozado por el pueblo, 
y finalmente algunos dibujos antiguos represen- 
tan á Edipo degollando á la esfinge cou el cu- 
chillo de los sacrificios. 

Creón cumplió sus proniesas: Edipo fué pro- 
clamado rey de Tebas y se casó con Yocasta. El 
oráculo se había cumplido. Edipo había matado 
á su padre y se había casado cou su madre. Las 



EDIS 

circunstancias trágicas de la vida de Edipo per- 
tenecen á la forma más autigna de la leyenda, 
tal como existe en La Odisea. «Yo he visto, refiere 
Ulises, á la madre de Edipo, á la hermosa Épicas ta 
(este es el nombre cjue da á Yocasta), esposa de 
su hijo; éste se había casado con ella después de 
haber inmolado á su padre. Los dioses, dice el 
mismo poema, hicieron conocer aquellos hechos 
á los hombres. Epicasta se ahorcó de dolor; Edi- 
po sufrió muchas y grandes miserias. Un pasaje 
de Xreiíí'tóa menciona las ceremonias fúnebres 
ipie se celebraron en Tebas en honor de Edipo, 
lo cual hace suponer que el héroe tebano murió 
en aquella ciudad. 

Las desventuras de Edipo fueron referidas por 
Néstor. Una fatal maldición pesaba sobre su 
cabeza y la de sus hijos, Eteocles, Polinices, 
Antígono é Ismenes. Según esta tradición, que 
los trágicos atenienses propagaron universalmen- 
te, Edipo y Yocasta descubrieron el incesto que 
habían cometitlo y lo ocultaron por mucho tiem- 
po. El antiguo poema épico, llamado Edípodia, 
sigue á Homero y dice que Edipo reinó después 
del suicidio de Epicasta y que tuvo de otra mu- 
jer llamada Eurigania cuatro hijos. El pintor 
Guatas adoptó esta historia con preferencia ala 
sustentada por Sófocles. Según la versión de esto 
trágico ateniense, Edipo reinaba en paz y con 
gran equidad, cuando un nuevo azote, una epi- 
demia que atacaba á los animales y alas plantas 
cayó sobre Tebas diezmando á sus habitantes. 
Consultóse al oráculo, y declaró que el mal en- 
viado por los dioses para vengar la muerte de 
Layo no cesaría hasta que el matador fuera cas- 
tigado. Edipo so apresuró á (jue el matador fuera 
hallado, y entonces supo que él debía sufrir el 
castigo. Yocasta se ahorcó con su cinturón, y 
Edipo, con los broches del mismo cinturón con 
que se ahorcó su madre y esiinsa al mismo 
tiempo, se sacó los ojos. Salió de Tebas acompa- 
ñado de su hija Antigona, y fué luego á pedir 
un a.silo á los atenienses. En Colona desapareció 
en una especie de apoteosis, reparación de la 
justicia divina, tal como era comprendida en 
Atenas. 

Según otra fábula, Edipo, agi'adecido á los 
atenienses por el asilo que le habían dado, les 
dejó á su muerte un cofrecito que guardaba sus 
cenizas, y cuya posesión les haría invencibles con 
respecto á los tóbanos. 

En la antigua relación de la Tebaida cíclica, 
Edipo no se sacó los ojos ; Ferecides dice que el 
héroe tebano tuvo tres hijos de Yocasta, que fue- 
ron muertos por Ergino y los Argonautas y des- 
pués de Eurigania otros cuatro, que son los que 
la fábula ha liecho célebres. Añade también la 
misma tradición que tuvo Edipo una tercera mu- 
jer llamada Astimedusa, 

Apolodoro aceptó la tradición de los trágicos, 
pero hizo una alusión á la versión diferente re- 
lativa á su matrimonio con Eurigania. 

Las aventuras trágicas de la familia de Edipo, 
las luchas de sus hijos Eteocles y Polinices, for- 
man parte de otra leyenda que han referido los 
poetas con el nombre de Telaida; los hermanos 
enemigos ó los Siete delante de Tehas. Esta le- 
yenda toma su origen de la maldición que echó 
Edi|io sobre sus hijos. 

EDIPODO (del gr. oíSo;, hinchazón, y :í:ou;, 
pie): Zool. Género de insectos ortópteros, salta- 
dores, de la familia de los acrídidos. Presenta 
cabeza casi vertical, muy gruesa y ancha; man- 
díbula sin dientes; pro.sternón sin tubérculos; 
protórax con aristas laterales redondeadas. Son 
notables las especies Oedipoda íuberculaia, Oedi- 
poda cocrulescens, Oe. slridula, Oe. migraiori, 
llamada vulgarmente íaiir/osta, muy abundante 
en la Europa meridional y oriental. V. Lan- 
gosta. 

También lleva el nombre de edipodo otro gé- 
nero de iusectos coleópteros, criptopentámeros, 
de la familia de los crisomélidos, que compren- 
de cuatro especies que habitan cu el Brasil y en 
los Estados Unidos. 

EDIQUIRO (del gr. o'.So;, hinchazón, y ycip, 
mano): m. Zool. Género de insectos colciipteros, 
pentámeros, cuya especie tipo habita en Siberia. 

EDISON (TomAs Alva): Biog. Físico é in- 
ventor norte-americano contemporáneo. N. en 
Milán, Estado del Ohio, en 11 de febrero de 
1847. Educóse en el Michigan, y falto por com- 
pleto de recursos logró, sin embargo, adi]uirir 
una instrucción científica muy extensa. Para 



EDIS 

atender á sus necesidades vióse obligado á ejercer 
en una Knea férrea el olicio de Irain-boy, que con- 
siste en vender á los viajeros refrescos, periódicos 
y cigarros en los ferrocarriles. Contaba enton- 
ces doce años de edad, y formó el pro¡iósito, que 
realizó, de fundar un periódico, aunque no tenía 
dinero ni trató de buscar colaboradores. Al elec- 
to dirigió una carta al presidente de la Asocia- 
ción sindical de informes telegráficos, rogándole 
que le dijera en qué condiciones podría recibir 
en las diferentes estaciones del ferrocarril de 
Nueva York á Chicago todas las noticias que 
tuviesen algún carácter extraordinario. Obtenida 
la autorización necesaria para recibir estos tele- 
gramas, pidió permiso al director de la Compañía 
para instalar en un vagón una humilde prensa 
de mano, y durante la marcha del tren imprimió 
su diario The Great Trunk Herald, hojita mi- 
croscópica escrita con muy pocas filigranas de es- 
tilo, y que se vendía á quince céntimos. «Las no- 
ticias que yo daba en mi hoja, dice el gran in- 
ventor, eran de un carácter tan local, que no 
podían interesar á ninguna persona que no fuese 
cualquiera de las que el tren conducía ó de las que 
en las estaciones se hallaban. » Con.sidcrábase 
Edison como un periodista importantísimo, y es- 
taba orgulloso de los trescientos lectores que 
aproximadamente tenía su periódico. No contri- 
buía poco á este orgullo el contar en su lista de 
suscriptores á Roberto Stéphenson, el gran inge- 
niero. A pesar de esto, las noticias que daba el 
periódico de Edison no pecaban por exceso de 
interés. Limitábase á participar los accidentes 
de la línea y los poco interesantes sucesos acae- 
cidos en las estaciones. Los caracteres de im- 
prenta se los facilitaba Mr. W'ilson Storey, pro- 
pietario del Detroit Free Press. A este considera 
Edison como el iniciador de su fortuna. Al 
principio de la guerra separatista la situación 
pecuniaria del hoy inventor iu.signo era muy 
apurada. Edison ideó un medio ingenioso de 
hacer que su periódico aumentase de venta. 
Procuróse relaciones con un impresor de \&Frce 
Press, y éste le facilitaba todas las mañanas una 
prueba del número del diario, del cual extracta- 
ba Edison las noticias más importantes para 
insertarlas en .su periódico. Apenas comenzó á 
usar de este medio, publicando detalles de lo su- 
cedido en el teatro de la guerra, la venta, desde 
200 ejemplares, subió hasta más de 300. Un día 
dio nuevas de la batalla de Pittsburg Landing, 
llamada después batalla de Shiloh. El número 
de muertos y heridos se valuaba en la cifra de 
60 000, y el director, redactor é impresor del 
7'hc Oreat Trvnk Herald comprendió que los 
detalles contenidos en aquella relación haliían 
de impresionar hondamente al público. Logró 
también Edison que por telégrafo se comunica- 
se á las estaciones del tránsito el anuncio de la 
batalla, anuncio que había de fijarse en los ta- 
blones donde se inscriben las marchas de los 
trenes. Adquirió después 1 500 ejemplares de la 
Free Press; subió él al tren y comenzó el 
viaje. El telegrafista había cumplido su palabra, 
y el anuncio de la batalla circuló por todas las 
estaciones. En la primera de ellas vendía ordi- 
nariamente Edison dos números; al llegar aso- 
mó la cabeza por la ventanilla y vio una multi- 
tud que invadía el andén. Allí vendió 100 nú- 
meros á real cada uno. En la siguiente vendió 
300 á dos reales. Al final del viaje, en vista de 
la demanda creciente de ejemplares, expendió 
éstos á cinco y seis reales. Edison dice que fué 
aquella la primera vez que comprendió el poder 
nuiravilloso del telégrafo. Con las ganancias que 
le proporcionó su original publicación, de la que 
habló la prensa norte-aíuericana, comenzó á sa- 
lir de la apurada situación económica en que 
hasta entonces había vivido. Día y noche tra- 
bajaba sin descanso en el furgón de un tren, 
aquel niño, ansioso de adquirir reeur.sos para 
estudiar los mist(MÍos de la electiidad. Más tar- 
de fundó en Port-IIuron otro periódiro que duró 
muy poco, y en el (jue no faltaron bombos y 
reclamos expresivos para todos los empleados de 
la Compañía que auxiliaban al precoz periodista. 
Habienilo aprendido por casualidad algunas no- 
ciones de telegrafía que le enseñó un jefe de 
estación, á cuyo hijo había salvado la vida, pre- 
sentóse á examen para ingresar como empicado 
de primera clase en el Ministerio de Telégrafos. 
Consagrado al estudio do los fenómenos eléctri- 
cos, descubrió aplicaciones muy ingeniosas y 
cedió la explotación de las mismas á la Compa- 
ñía de la Unión del Oeste, á cambio do una 



EDIT 



71 



renta anual de 6 000 doUars. Desarrolló rápida- 
mente su genio inventivo y construyó multitud 
de instrumentos diversos, perfeccionó el tcUfono. 
a\ fonógrafo ,&\ micrófono, el megáfono, etc., que le 
dieron fama universal aun antes de que se genera- 
lizara el uso de los mismos. Desde hace quince 
años trata de resolver el problema de la división 
de la luz eléctrica hasta el infinito, á fin de poder 
suministrar á bajo precio buen alumbrado á las 
ciudades y las casas. A fines de 1878 se organizó 
en Nueva York, con un capital de 300 000 do- 
Uars, una sociedad para la explotación de los 
nuevos descubrimientos del ilustre norte-ameri- 
cano. Edison vino á Europa en agosto de 1889 
y visitó la Exposición Universal de París, acom- 
pañado de varios jóvenes compatriotas suyos, 
que le sirven de secretarios y ayudantes en sus 
trabajos electricistas. Por esto se ha dicho que 
Edison no es un inventor eu el sentido estiicto 
de la palabra, sino gerente de un sindicato cien- 
tífico. Hoy posee un hermoso palacio en Menlo 
Park, y allí continúa sus admirables investi- 
gaciones. Edison representa actualmente unos 
cuarenta años de edad, tiene estatura regular y 
largos cabellos grises. Su cara, enteramente afei- 
tada, no ofrece á primera vista ninguna particu- 
laridad, pues se asemeja á las de todos los norte- 
americanos. Aunque en otro tiempo elogió exa- 
geradamente á otros siente verdadero horror al 
reclamo periodístico cuando recae eu su pei-so- 
na, y calificó de ridículo el interés que despertó 
su presencia en la capital de la vecina República. 
En enero de 1890 ha construido un nuevo apa- 
rato que denomina Imgxu'igrafo, compuesto de 
algunos tubos ó hilos de lironce y un teclado 
que hace funcionar cierto número de (bnógrafos. 
Un chorro de vapor, al atravesar el recipiente, 
hace sonar el aparato y produce una voz formi- 
dable, espantosa, que pronuncia, ya el nombro 
de las estaciones, ya el de los túneles, puentes 
y ríos, y avisa á los viajeros eu caso de peligro. 

EDITA (Santa): Biog. Religicsa de Wilton, 
en Inglaterra. N. en 9¿1. M. en 984. Era hija 
del rey Edgardo y de Wilfrida, que con consen- 
timiento de su esposo entró eu el monasterio 
citado, y al llegar á la dignidad de abadesa llevó 
consigo á su hija Edita pai a educarla á su lado. 
Cuando ésta cumplió quince años, quiso su padre 
encargarla de tres abadías, pero no pudieron lo- 
grar de ella que aceptase ninguna ni i ousiguie- 
ron que abandonase su convento. Cuando mu- 
rieron su padre y su heimano Eduardo II qui- 
sieron los grandes señores del país elevarla al 
trono, y se dice que rehusó generosamente tal 
ofrecimiento y prefirió ala más brillante posición 
del mundo la vida más oscura y mortificada, 
ocupándose tan sólo en adquirir cada día una 
nueva virtud que la hiciese merecedora del reino 
celestial á que aspiraba. Hizo construir una 
iglesia bajo la advocación de San Dionisio, cuya 
dedicación hizo San Dunstan, y terminó su vida, 
tan corta como ejemplar, álos veintitrés años de 
edad, el 16 de septiembre del citado año 984. 
La santidad de Edita fué bien pronto reconoci- 
da, y se la respetó en Inglaterra desde el siglo xii 
hasta el cisma de los protestantes. 

- Edita: Biog. Reina de Inglaterra, hija del 
conde Godwin y de Gita (princesa danesa). Vi- 
vía en la mitad del siglo xr. Su modestia, su 
prudencia, su piedad, su espíritu caritativo, en 
una palabra, todas las virtudes que ennoblecen á 
la mujer, daban una especie de aureola á esta 
rosa abierta en inedia de las espinas, que con 
estas poéticas palabras califican los cronistas 
ingleses á Edita. Eduardo el Confesor, rey do 
Inglaterra, ofreció tomarla por esposa, pero á 
la vez la anunció que su conciencia y sus deseos 
de no faltar al voto do continencia que había 
hecho, le impedirían tratarla como mujer. Edita 
aceptó su proposición, y en 1044 dio al rey su 
mano. Su abnegación no la libró de las vicisitu- 
des de la fortuna y las resoluciones injustas do 
los hombres. Los Godwin, sospechosos al rey, 
huyeron unos á Flandes y otros á Irlanda. Edi- 
ta participó de la desgracia de su familia. El rey 
se ajiodcro de sus bienes y relegó á su esposa en 
el monasterio de Whcr.swill, donde la sometió á 
la vigilancia de la hermana de Eduardo, aba- 
desa del convento. Afirman la ni.ayor ¡Kirto de 
los analistas de aquel tieu-po que Eduardo trató 
á la reina con un rigor injtistificado. Uno sólo, 
el autor anónimo de la Vida de Eduardo, pre- 
tende que Edita fué conducida con pompa real 
al monasterio que había do servirla de residen- 



72 KDMO 

cia, y se le anniicii'), ngrc^a el mismo nutor, que 
su rechi^iún cluiaría pocí) tic uiiio. licconcilinilos 
cu lüfi'i Eiliianlo y Ins (¡oilwiii, éstos recobra- 
ron sus títulos, liiiin's y lioiioros, y Edita volvió 
ií la corte y ilc nuevo tomó asiento en el trono. 
Scf;ún ]iari'ce, la reina poseyó desde entonces la 
conhanza absoluta ilo Eduardo hasta el falleci- 
niiiMito lie este último, en 10G8. No hay más 
uoti -ius di' lídita,<|ue seguramente sobrevivió 
Jioeo tielnpii ú su esjtoso. 

EDITOR (del lat, cdílnr): m. El que saca á 
luz ó puliliea una obra, ajena por lo regular, y 
cuida de su impresión, 

... hay en ella (en la librería) un excelente 
ejeiiii)Iar de la JíiUia r(¡/ia: reiíribida por su 
mismo tüiToIi el célebre Anas .Montano, etc. 
JoVELI.ANO.S. 

... como sospecha don Tomás Sánchez, EDI- 
TOIl lie éste y de otros jK>cnias anteriores al 
si.^'lo XV, no bilt;ui al del Cid masque algunos 
versos, del principio, etc. 

QriN'T.\NA. 

-EiHToit nrsi'ON'sAiii.E: El que, pon arret;lo 
á las leyí.-s, lirmab.-i todos Ifís núiueros de los 
periódicos ¡lolitieos y respondía de su contenido, 
aunijue estuvieran redactados por otras perso- 
nas, como ordinariamente sucedía. 

... antes era líDiTOu rcsponsahle, ahora .soy 
propietario de un periódico. 

IlAnT'/K.NT.fSflI. 

-El>niiK i:i:si'ONsAi'.I.i:: li;;. y lam. El que 
se da u pasa por autor de lo ijiie otro i'i otros 
hacen. 

EDITORIAL: adj. Pcríencciente, ó relativo, á 
editores ó ediciones. 

... era una empresa HDITORIM. de primer 
orden, etc. 

Fernán- CABAt,i.i:r.o. 

EDKO: '/''.I;/. Uno de los cinco la;;os del delta 
del Nüo, entre el brazo del licsela al E. y el 
Canal de Ahyandría ó Canal Jlahmudieh al S. 
y al O. Su SU)), es de unos 3-10 kni.s-. Comu- 
nica al N. O. con la bahía de Abukir y el íle- 
dilenánco, del que se halla sejiarado por un 
cordón de dunas bastante elevadas, por el que 
pasa el ferrocarril de Alejandría .á Hixseta y 
sobre el cual se halla la e. áralie de Edko. Una 
de las anticuas bocas del Nilo,la llamada Canó- 
pica, que (lesaí,'uaba en el lago Edko, se halla 
lioy algo ni;is al O. 

EDLIPO: Gcmj. V. Ini.Ill. 

EDMONDIA (de Rliiimii/, n. pr, ):f. raleonl. 
lieiiero de moluscos lamelibranquios, sifoniados, 
simpaliados, de la familia de los gramícidos. 
Conqucnde especies fósiles en el pérmico. 

EDMONDS (To.MÁs): liioy. Diplomático inglés. 
N. en riymouth hacia el año ],56.3. M. en ltí39. 
Fué uno de los diidomáticos más hábiles de .su 
tiemiio, ihiraiito los reinados de Isabel y de Ja- 
cobo I. Estuvo durante siete años en la corte de 
Francia como emb.ijador de Inglaterra (1092 á 
1599). Tasíi después á Holamla, donde trató de la 
paz con el archiduque Alberto, gobernador de los 
Países liajos; tomó una parte activa en las ne- 
gociaciones relativas al matrimonio del príncipe 
Carlos con la hermana de Luis XIII (1614); 
asistió á las conferencias de Ludem(l(n(;) entre 
los protestantes y los católicos, y contribuyó á la 
pacific;)ción. En recouq)ensa de estos servicios 
jacobo I le nombnj secretario del Consejo pri- 
vado y tesorero tic su casa. Fué también uno de 
los comi.sionados del tratado de liolonia; en 
]C2.'i y 162(5 reiu'cscntó á la Universidad de 0.x- 
ford cu el P.arl.ameiito y se retiró á la vida pri- 
vada en 1629. Era un negociador de una habi- 
lidad y de una e.x]ieriencia consumadas, y que 
unía á sus cualidades diplomática.^ un eaiácter 
lirmc, íntegro y .-uiimoso. Durante su primera 
embajada en Francia bajo el reinado de Isabel, 
gozaba de uu sueldo de 20 chelines al día, lo 
cual le obligaba á recurrir al bolsillo de .sus 
compatriotas para satisfacer las necesidades im- 
perio.sas de la vid.a. Su correspondencia y sus 
papeles sirvieron á Bircli ])ara componer una 
obra titulada HiHloriral rinr qf íhe iii'íjofiations 
hdwccn Ou courí of Kn<jUínil^ Francc (íi)dBrus- 
sdsfrom l.^iS2-16Í7. 

EDMONDSON: Gcici. Condado del estado de 
Kentucky, Estados Unidos, .5700 kuis.- y 7300 



ED.MIJ 

habitantes. Sit. en la cuenca del Grecn Eiver, 
gran alíñente del Ohio. E.xtensos yacimientos 
de India y caliza. En estos últimos se halla la 
célebre caverna del Mammuth. Su capital es 
lirÓHnsville. 

j EDMONSTONE : Iliotj. Pintor de la escuela 
inglesa. N. en Kel.so (Escocia) en 179.'). Los 
biógrafos ingleses conceden tanta im|iortancia á 
este artista que debo (¡guiar en toda liiografía 
en un lugar más ó menos merecido. Protegido 
por el barón Ilume y sus amigos, fué|)resentado 
en todas partes como un ai tista que hacía con- 
cebir las esperanzas más brillantes. Se le encar- 
garon trabajos que fueron considerados como 
obras maestras. Tales fueron loscomienzosdesu 
carrera en Landres en 1.S19. Pero ni él mi.smo 
se hacía grandes ilusiones sobre el valor do sus 
triunfos, y comprendía que le faltaban muchos 
conocimientos. Entró en el cstudiode Ilarbone, 
quien le <lió el jnudente consejo de huir de 
aquellos admiradores que nada le dejarían 
aiuendcr y se marchara a Italia. Jlerced á algu- 
nos años (|ue pasó en la patria de las Artes, 
logró al lin pintar dos ó tres cuadros, cuya eje- 
cueión recortlaba el estilo del Corregió, á quien 
había tomado por modelo. Regresó á Inglaterra 
hacia el año ÍS:32, y desde entonces hasta su 
muerte apenas tuvo tiempo de acabar su cuadro 
de la Musa llanca, que es su mejor obra, y al- 
gunos retratos de niños líenos de delicadeza y 
de sentimiento, por más que hay en ellos cierta 
frialdad aristocrática qiu- es el defecto de todos 
los retratos ingleses. Menos halagado en su 
juventud, hubiera Edmonstonc, que estaba do- 
tado de verdaderas cualidades artísticas, reali- 
zado las esperanzas que había hecho concebir, si 
una miunte prematura y una educación defi- 
ciente no se lo hubieran impedido. 

EDMUNDO (San): Ilinri. Arzobispo de Cantor- 
bcry. Hijo de padres piadosos, fue educado san- 
tamente por su madre, desjmés que el padre, 
con consentinnento suyo, entró en un monaste- 
rio. Edniundo hizo sus estudios en París, en 
donde tomó el grado de Doctor, y de vuelta á 
Inglaterra desempeñó en 0.\ford una cátedra de 
Filosofía desde el año l'J19 ;'i 1226. Conocida su 
ciencia, iiicd.ad y excelentes dotes, fue elegido 
arzobispo )ior el Cabildo deCantorbery, y el Pajia 
(ircgorio IX conlirmó con mucho gusto la elec- 
ción, (|ue también mcreciií la aproljación del rey 
Enrique III. Pero en breve se iiulis]inso con el 
monarca p'or su celo y vigor en corregir los abu- 
sos, y )irineipalmente por la energía con que se 
ojniso á sus pretensiones sobre ciertos bienes ecle- 
siásticos. Esta fortaleza lo causó varios disgustos 
que le obligaron á refugiarse en Francia, en un 
monasterio de canónigos regulares. Su salud se 
fué debilitando y n¡urió el 18 de noviembre de 
1242. El Papa Inocencio IV lo canonizóen 1217, 
después de bien pi-obados los milagros que Dios 
obriíjior suintcrcesiiin. Dejó escritasvariasobras, 
además de las sabias constituciones que hizo 
para su diócesis, que le produjeron muchas 
amarguras. Entre ellas debe citarse e\ flpecii/mii 
Ecdesia:, que se publicó en ¡a Ijiblioteca de los 
Padres y un TraJado de los siete pecados capitales 
y de, los Sacramentos. 

EDMUNDO I: Bioq. Rey de los anglosajones. 
Era el mayor de los hijos legítimos de Eduardo 
el Aidiiiiio ó el Viejo. M. en 946. Sucedió á su 
hermano Atelstan en 941, y trato de recobrar los 
dominios que los nortunduianos habían quitado 
á sus predecesores. Redujo en un principio á su 
obediencia las provincias de Derby, Léiccster, 
Nótingham, Stamford y Lincoln, habitadas por 
los descendientes de los daneses, que fiuu-on 
expulsados y reeniplazados por colonos ingleses. 
Edmundo sometió en seguida la Kortundu-ía, 
cuyos reyes, Aulafo y Reginaldo, se sometieron 
y se convirtieron al cristianismo en 943; cuando 
Edmundo se retiró del país intentaron s.aendir 
su yugo, pero .sufrieron una denota luchando 
contra el arzobispo de York y el alderman de 
Mcrcia. Edmundo venció á los bretones de Cinu- 
bria (94.5), que habían apoyado á los nortnm- 
briauos, y condemi á la pérdida de la vista á los 
dos hijos de Diimnail, rey de aquella comarca, 
que habían caído en sus manos. Dio luego las 
lioscsiones del vencido á Malcolm, rey de Esco- 
cia, con la condición de que este último se reco- 
nocería v.asallo de Edmundo y le ayudaría con- 
tra los piratas. Su muerte fué verdaderamente 
trágica. Un día que celebraba en Pueklkirk la 



EDRE 

fiesta do San Agustín, ainistol do los sajones, ¡ 
vio entrar en el salón á un individuo llamado 
Lcof, proscripto desde algunos años antes por sus 
crímenes. Leof se atrevió á ocupar un asiento i u 
el banquete real, y se negó á obedecer cuando I 
ordenaron que se retirara. Dominado por la i 
lera, Edmundo se adelantó hacia el intruso, qti 
le hirió con su puñal; el rey cayó muerto on ' 
acto. El asesino fué hecho pedazos por los .se- 
vidores de Edmundo. 

-Edsu'NTiO II: 13)011. Rey de los anglos.njo- 
nes. X. en 989. M. en Oxford en 1017. E;a hijo | 
de Etelrcdo II y de Eigiía, 3' fué apellidado 
Irousidc (cota de hierro) á cansa de su armadui c 
segéin nnos, por .su fuerza prodigio.sa ajuicio •:■ 
otros. Proclamado rey en Londres des|més de 1 i 
muerte de su padre (1010), vino cinco veccsá la 
manos con su competidor Canuto. Iba á Iibr;ii 
se un nuevo condiatc cuando se convino un !• 
))arto entre los contendientes. Eilmundo con- 
servóla provincia de Wessex, que había pertí • 
necido á la herencia de su familia, pero .sobrevi- 
vió poco tiemjio á este trat.ado, pues murió ase- 
sinado por dos de sus servidores, vendidos, .según 
Iiarcce, á Edrick, su cuñado. Todos estos ilet 1 
lie.v no .son del todo auténticos, pues en aquell 1 
época apartada andan mezcladas la fábula y '. ; 
historia. 

EDOLO: Gcoff. Pequeña c. del dist. de l'reii' 
prov. de Brescia, Lombardía, Italia, sit. en i < 
)iarte superior del Val Canónica, á orilla (b 1 
Ogiio; 2000 liabits. Célebre por un combate en- 
tre Oaribaldi y los austríacos en 1859. 

EDOM (Tii-;i!ltA dk): Ocor/. ant. Nombre qn^ 
en el Antiguo Testamento se da á la Idumea, 
Véase. 

EDOMITAS: Ge.or). ant. V. Idumf.OS. 

EDÓNIDE ó EDONIS: Gcoíi. ant. Prov. de la 
Jlacedonia, al X., entre el Estrimón y el Xesto. 
Formaba parte de la Tracia, y Filipo, el padn 
de Alejandro Jlagno, la incorporó á sus Estados. 
Llamábase edónides á las bacantes, porque ce 
celebraban los misterios de Baco en el niont' 
Ediin, que dio nombre á la prov. 

EDOSMIA (del gr. too;, asiento, y oir,T¡ olor): 
f. Bvt. Cénero de Umbelíferas, form.ado por hier- 
bas <le rizoma ó de raíz tuberosa, con fruto juo- 
visto de largas lacinias jioco gruesas y apenas 
visibles. Baiílón considera este género como mía 
sección del género Cariim. 

EDOSOMO (del gr. 0100;, hinchazón, y aouia, 
cuer]iO;: m. Zool. Género de insectos hemíptc- 
ros, heterópteros, del gru|)o de los geocóridos, 
cuya especie tipo habita en la Guayana. 

EDOUARD: Oeof/. Lago de la prov. y condado 
de tjucbec. Dominio del Canadá. Tiene unos 30 
kilómetros de long. por 12 ó 1.5 de ancho. De 
él sale un brazo del no Batiscán, alluentedelX. 
del San Lorenzo. 

EDRA: Geoy. Aldea en la paiToquia de .Santa 
María de Toiriz, aynnt. de Pantón, p. j. de 
Monforto, prov. de Lugo; 23 edifs. 

EDRADA: Geog. Lugar en la parroquia de 
Santiago de Edrada, ayunt. de Parada del Sil. 
p. j. de Puebla de Trives. prov. de Oren.se; 50 
edificios. II Véase Santiago y San Mamed ve 
Eduapa. 

EDRAl: Gco(f. ant. O. del reino de Ba.sán, al 
otro lado del ,!ordán, donde el rey Og fué derro- 
tado por los israelitas en tiempo de Moisés. Lue- 
go la c. perteneció á la media tribu oriental de 
Manases. En la tribu de Xcftalí había otra ciu- 
dad del mismo nombre, cuya situación es des- 
conocida. Se las llama también Edrci y Edret. 

EDRAR (del lat. iterare, repetir): a. Agr. Bi- 
nar, hacer la segunda cava en las viñas. 

EDREDO: Biog. Rey de los anglosajones, el 
más joven de los hijos de Eduardo el Viejo. M. 
en 23 de noviembre de 955. Reconocido rey en 
946, á la muerte de su hermano mayor Edmun- 
do I, aunque este monarca dejó dos hijos llama- 
dos Edwy y Edgardo, á los que sojuzgaba muy 
jóvenes para ceñir la corona. Aunque valetiuii- 
nario, Edredo rechazó, en los ]>iimeros días de 
su reinado, á los daneses del Ñorthúmberland. 
comarca que disfrutó desde entonces una calnuí 
desconocida en los días de los predccesoies de 
Edredo. Estaba perfectamente aconsejado por 
su canciller Turketul, que había tenido el mis- 



EDRI 

mo título bajo el gobierno do Ednmnclo y de 
Atelstan. Reiuando Edredo llegó á la corte San 
Dnnstán, recomendado por el canciller, y adqui- 
rió poderosa influencia, que supo conservar en el 
ánimo de los príncipes que ocuparon en seguida 
el trono. 

EDREDÓN (del sueco eider, ganso del Norte, 
y dun, pluniita): m. Plumón de ciertas aves del 
Norte. 

-Edredón: Almohadón, relleno ordinaria- 
mente de este plumón, que sirve para abrigo, 
colocado á los pies de la cama. 

Imposible parece que se criaran (los hom- 
bres de ayer) tan robustos y tan sanes, y que 
alcanzasen tan larga vida, no habiendo cono- 
cido ni el trajo boaté, ni el edredón de plu- 
ma, etc. 

Antonio Flores. 

EDREIRA: Gcog. Lugar en la ayuda de parro- 
quia de Santa Columba de Edreira, ayunt. de 
Vega (La), p. j. de Valdeorras, prov. de Orense; 
47 edificios. II Lugar en la parroquia de iVIelón, 
ayunt. de Melón, p. j. de Kibadavia, prov. de 
Orense; 26 edifs. || Véase Santa Columba de 
Edreika. 

- Edueika Nueva: Geog. Lugar en la parro- 
quia de Santa María deCouso, ayunt. de Avión, 
p. j. de Eibadavia, prov. de Orense; 31 edifs. 

-Edueika Vieja: Gcog. Lugar en la parro- 
quia de Sienta María de Couso, ayunt. de Avión, 
p. J. de Ribadavia, prov. de Orense; 32 edifs. 

EDREMID ó ADRAMiTI, en griego: Geoff. C. 
del dist. de Karasi, prov. de Jodavendikiar, 
Anatolia, Tuniuía asiática, sit. en la costa del 
Mar Egco, en lo interior del Golfo deEdremid, 
entre magníficos olivares; 6000 habits. Es la 
antigua Adramyttium (Véase). El golfo, el pri- 
mero que se encuentra al S. de los Dardanelos, 
profundiza mucho y está casi cerrado por la 
gran isla de Mitilene. 

EDRICO: Bioff. Duque de Mercia, apellidado 
Strcon. Vivía en la primera mitad del siglo xr. 
Yerno de Et -Iredo II, fué enviado como emba- 
jador á los daneses, y traicionó, según parece, 
á su hermano, descubriendo los medios de ata- 
carle. En seguida facilitó la retirada de los da- 
neses en la época er que, habiendo penetrado 
en el país, se vieron expuestos á ser rodeados 
por las tropas de Etelredo. Cuando este príncipe 
recobró el trono, del que había sido arrojado 
por Sweyn, convocó un Consejo, que se distin- 
guió por la diversidad de opiniones de los que le 
constituían. Edric hizo asesinar, al salir de un 
banquete, a Sigeferto y Morcar, hombres dema- 
siado poderosos para que se atreviera á atacarles 
abiertamente y sin peligro. Para castigar este 
crimen Canuto desembarcó en Inglaterra (1075). 
Edric, con Edmundo Ironside, recibió el encar- 
go de rechazar al enemigo. El primero quiso 
vender al segundo y entregarle á los daneses. 
Su proyecto fué descubierto, pero Edric tuvo 
tiempo de incorporarse á los invasores, seguido 
de muchos soldados y cuarenta navios. En se- 
guida consumó su traición dirigiendo la marcha 
de Canuto, quo invadió la Mercia y la devastó. 
En la batalla do Scearstáu presentó á los ingle- 
ses la cabeza do Osmear, suponiendo que era la 
de Edmundo. Los ingleses ganaron la batalla, y 
en un combate ¡losterior Edric, vendiendo á los 
daneses, procuró inútilmente el triunfo de sus 
compatriotas. Quiso, después de haber asesinado 
á Edmundo Ironside, que Canuto premiara su 
crimen; pero este príncipe, según se cuenta, 
hizo cortar la cabeza á Edric, .suponiéndole autor 
de otro asesinato. 

EDRIOASTRO (del gr. Ecpa'.o;, fijo, y «c;Tr)p, 
estrella): m. I'alcont. Género de equinodermos, 
cistídeos.dola familia de los agelacrínidos, que 
so distingue por tener canales ambulacríferos, 
costeados á cada lado por dos filas de dobles 
poros, situados sobre las suturas do la.s placas 
ambulacríleras. Comprendo especies fósiles en 
el silúrico inferior. 

^ EDRIS I: Bioij. Rey del Mogreb. Aunque se 
Ignora la i'ccha del nacimiento de esto ¡uíncipe, 
sábese que era muy joven al ocurrir la muerte de 
su hermano Moliamined, que, como es notorio, 
mnrio con las armas en la mano, peleando con- 
tra los .soldados del califa Mahadi en el año 189 
de Hégira (7)^6). Ala manera que sus hermanos, 
Edris, comprendiendo que á caer en poiler del 
Tomo Vil 



EDRI 

califa su pérdida era segura, decidió abando- 
nar su patria y, disfrazado con humildes ropas, 
sin más acompañamiento que un antiguo servi- 
dor de los suyos llamado Raxid, salió de la Meca 
con dirección á Egipto. Llegados á la capital del 
antiguo reino de los faraones, Edris y su sci-vidor 
pidieron hospitalidad á un noble musulmán, á 
quien no ocultaron sus nombres ni su verdadera 
condición; mas á pesar de haber sabido guardar 
el huésped el secreto, algo debió translncirse 
cuando, no juzgándose seguros Edris y Raxid, 
abandonaron aquel refugio. Las aventuras de 
ambos, á partir de este instante hasta el momen- 
to en que, aparentando el príncipe ser el criado 
de su propio servidor llegaron á Tánger, capital 
entonces del Mogreb, son sumamente noveles- 
cas. Nopudieudo pararnos á referirlas, continua- 
remos diciendo que no fué mucho el tiempo que 
ambos proscriptos residieron en Tánger; mó- 
viles ignorados hiciéronles continuar su camino 
hasta Valily, en las montañas de Zraun, donde 
habiéndose hospedado en casa del más principal 
de sus habitantes, Abd-el-Medjid, hallaron la 
fortuna en el momento en que más desconfiaban 
de ella. Con efecto, Abd-el-Medjid, enterado de 
las desgracias del príncipe y sabedor de su estir- 
pe, reunió á sus hermanos y á las kábilas de 
Uaraba, les relató la historia de Edris, les dio 
cuenta de que era nn descendiente del Profeta, y 
obtuvo de ellosque le jurasen soberano. El reina- 
do do Edris empezó el cuarto día del ramadán 
del año 172. En un principio sólo los Uaraba 
reconocieron su soberanía; pero muy pronto á 
éstos se unieron todos los zeuetas y buena parte 
de las tribus berberiscas ile Zuakhta, Zuagha, 
Lemmayor, Luata, Sedretta, Jyata, Nefrata, 
Mequineza y otras. Hecho Edris, monarca pode- 
roso, trató de ensanchar el límite de sus Estados, 
y con nn ejército salió para Valily para hacer 
una raúa en el país de Temserra. La suerte co- 
ronó sus esfuerzos; tras de la ciudad de Xala, la 
más próxima á sus Estados, que cayó en su poder, 
sometióse gran parte del país vecino, y después á 
'r„.n„ .■■ (.,,yog habitantes, en su mayor parte 



EDRI 



73 



Tedia 



judíos y cristianos, obligó á abrazar el mahome 
tismo. Regresó luego á Valily (172 de laHégiía) 
y allí permaneció hasta el año siguiente (787 do 
Jesucristo) en que volvió á empuñar la espada 
con ánimo de someter lo que restaba en el 
Mogreb de cristianos, judíos é idólatras. La 
lucha que se siguió fué cruelísima; los enemi- 
gos, que previendo lo que iba á suceder se habían 
pieparado á la pelea, defendiéronse bien y va- 
lientemente; mas sus esfuerzos fueron en balde; 
la mayor parte de los que no perecieron con las 
armas en la mano murieron por orden de Edris, 
que sólo perdonó á los pocos que abrazaron el 
islamismo. En esta expedición fueron destina- 
das las fortalezas de los Beni Lezata, Mediuna, 
Halula y la cindadela de Ziata, librándose de tal 
suerte, por haberse apresurado aponerse en ma- 
nos de Edris la ciudad de Trcmecén. Aquel 
entró en ella, por lo tanto, sin haber perdido un 
solo soldado ni derramado una gota de sangre, y 
uno de sus primeros actos fué, en agradecimiento 
al Todopoderoso, mandar construir una mezquita 
en la cual se esculpió una inscripción con su 
nombre. La noticia de los triunfos del Imam no 
tardó en llegar á oídos del califa Haarón al Ra- 
xid, el cual, temiendo que á Edris pudiese anto- 
jársele algún día ir en contra suya y, prevalién- 
dose de su condición de descendiente del Profeta, 
arrojarle del trono, consultó con su Ministro 
Thya-ben-Khaled-benParmec la manera do 
deshacerse de un enemigo tan poderoso. Desde 
luego desechó el príncipe p»r pe]igro.sa la idea 
de mandar un ejército contra Edris, y el Minis- 
tro aconsejó entonces á su señor le hiciese asesi- 
nar, indicándole como el hombre más á propó- 
sito para llevar á cabo esta empresa aun tal So- 
limán-ben-Gicrir, miserable á quien nada sería 
capaz de atajar en el camino si la recompcn.sa era 
buena. Convino en ello el califa, y habiendo 
prometido riquezas sin cuento á Solimán si de 
Edris le deshacía, salió aquél de Bagdad camino 
de Valily, donde el que debía ser su víctima .se 
encontraba. Llegado á Valily, Solimán supo 
darse tal traza, que en muy breve plazo logió 
obtener la confianza de Edris; sin embargo, du- 
rante mucho tiempo no pudo realizar sus planes 
merced á la desconfianza de Raxid, que sin ati- 
nar la causa sentíase predispuesto contra él y 
jamás abandonaba ásu señor. Al cabo la ocasión 
se presentó, y el malvado, fingiendo ser nn pomo 
do esencias, entregó á Edris uno que contenía 



un veneno tan activo que, con sólo aspirar su 
olor, bastaba para perderla vida. Edris, sin titu- 
bear un solo instante, aspiró el veneno y cayó sin 
sentido, apenas sucedido lo cual salió Solimán 
del palacio y, montando en un caballo que noche 
y día tenía dispuesto, huyó en dirección á Bag- 
dad. Su ciimen no tardó en ser conocido, y Ra- 
xid con muchos principales caballeros, siguiendo 
las huellas dejadas por el caballo del fugitivo, le 
persiguieron; mas antes de llegar á alcanzarlo 
todos los bereberes perdieron sus monturas, á 
excepción de Raxid. Este, peleando con Solimán, 
llegó á herirle muy gravemente; mas como eu la 
pelea muriese su caballo, aquél, que conservaba 
el suyo, pudo escapar. La muerte de Edris ocu- 
rrió en los últimos días del mes de raby el anel 
del año 177 (793 de nuestra era), después de un 
reinado de cinco años y siete meses. A su muerte 
no dejó ningún hijo, mas sí ásu mujer Janza en 
cinta de siete meses. Raxid, reuniendo á losjefes 
de las tribus, les manifestó lo que había, y ha- 
biendo acordado entre todos esperar el naci- 
miento del hijo de Edris con objeto de si era 
varón proclamarle soberano, Raxid fué elegido 
regente del reino. Al cabo de tres meses Janza 
parió un niño cuya semejanza con Edris fué tan 
grande que cuentan que todos los que le vieron di- 
jeron: «Este es Edris mismo; Edris no ha dejado 
de vivir,» y le nombraron Edris por tal motivo. 

-Edris II: Biog. Hijo de Edris I. Desde 
que fué destetado, Raxid, que había continuado 
gobernando en su nombre los estados del difunto 
Edris, se dedicó á educarle. Era el infante digno 
hijo de su padre, y en muy breve plazo poseyó 
con extraña perfección la Gramática y el Corán, 
sobresaliendo además en el manejo de las armas 
y de los caballos. A los diez años su adelanta- 
miento l'ísioo y moral era tan grande, que su 
tutor decidió presentarlo al pueblo y resignaren 
él el gobierno de los estados de Edris I. Fué la 
subida al trono de Edris II en el año 188, coin- 
cidiendo casi con la muerte del fiel Raxid, asesi- 
nado , según opinión dealgunosautorcs, por orden 
del califa de Bagilad. Desde el primer momento 
hizo comprender Edris que las esperanzas que en 
él tenían puestas todos sus subditos no serían 
vanas; y como se encontrase privado, cuando más 
la necesitaba, de la ayuda del fiel servidor y ami- 
go de su padre, escogió con singular acierto con- 
sejeros que le hiciesen menos pesada la tarea de 
hacer feliz á su pueblo; tales fueron Omair ben 
Masab, que desempeñó cerca de él el cargo de 
visir, Amer ben Mnhaniad ben Said el Caisi, 
que ejerció de cadí, y Aliul Hassán ben Maleg 
el Antarí que fué su secretario. Con ayuda de 
todos y el amor de sns subditos, no sólo gobernó 
Edris bien los estados que halíían sido de su 
padre, sino que los ensanchó con rápidas con- 
quistas. De este príncipe se asegura que pasó á 
España á hacer la guerra santa, mas su perma- 
nencia en la península fué asaz corta; los nego- 
cios del Estado le llamaban á la patria con tal 
premura, que algunos historiadores aseguran 
que no hizo más que desembarcar. Lo que parece 
cierto es que muchos árabes españoles, sabedores 
de su paternal gobierno, abandonaron la Europa 
por el África, siendo tan posible que pasaran el 
Estrecho con Edris, á quien hubieran conocido y 
tratado, como que lo pasasen solos llevados por 
la noticia de sus bondades, pues es muy cierto 
que de muchas comarcas de África y aun de 
Asia, tribus enteras de muslimes emigiaron para 
ir á establecerse en sus dominios. Tal aumento 
de gente obligó á Edris á fundar nuevas ciuda- 
des y á abandonar su residencia de Valily, so- 
brado pequeña para ser corte de un monarca tan 
poderoso, por la mejor de aquéllas, que fué Fez. 
Diversas versiones se dan acerca de la fundación 
de la ciudad de Fez; quería el Imam tener una 
ciudad digna de ser la capital de sus Estados, y 
él mismo, con lucido acompañamiento de corte- 
sanos, hizo expediciones con el solo objeto de 
escoger el lugar donde fabricarla. Primeramente 
quiso edificar en un sitio llamado Gebel Ualikh, 
donde ya se habían construido algunas casas, 
cuando tuvo que desistir do su empeño, pues la 
vecindad do un torrente, que á veces inundaba 
el país, Iiacía peligrosos aquellos parajes; luego 
quiso levantarla en una llanura vecina al río Ze- 
bú, mas este lugar también era poco á propó.-iito, 
por ser muy comunes los desbordamientos del 
río durante el invierno; entonces su visir Amer 
ben Masab indicó el valle situado entre dos mon- 
tañas donde los Zuagha y Beni Vargliix so ha 

10 



74 



EDIU 



Uabau establecidos; y como oste lugar fuese por 
todos conceptos excelente, l'Miis compró á sus 
])OSCcdores lu 6 000 diiliems el terreno en que 
Fez se halla edilicaJo. lín el año 191 ú 02 (807 
de J. C. ), se empezó la eililicación de esta ciudad, 
quü Edria inundó dividir eu barrios separados 
los unos do los otros por muros, siendo de todos 
los más notables los llamados deAlearuiny An- 
dalucín. La muerte de Edris II ocurrió veintiún 
años después de colocada la primera piedra (213 
de la héijira), á la edad do treinta y tres años y 
desiiuí's dü veintidós de reinado. De bus doce 
hijos fué elegido, para sucederle, ol mayor, lla- 
mado Muhumad. 

- lÍDlllS III :A'íoj. Ultimo de los soberanos del 
Mogrcb, de la furailia d<' Abdel Mnmén. Su ma- 
dre fué una cautiva cristiana llamada Xemxa 
(Sol); su padre fué el amir de los muslimes Abú 
Mohamed Abd el Munu-u beu Aly, cercano pa- 
riente do Oniar Al-Most.idí, rey de Marruecos. 
Edris, dotado de grande amliiciiln, codiciaba los 
Estados de éste, y aprovechando la encniistad de 
Omar con los Ucni .Merinos presentóse eu Fez y 
pidió al amir Abú Yusef Vaeub auxilios paia des- 
tronar á Omar, prometiendo, caso de apoderarse 
de .sus Estados, entregar la mitad de ellos ;l sus 
l)rotectore.s. Convino eu ello el licui Merín, y con 
tres mil caballeros y veinte mil dinares salió 
Edris de Fez hacia Marruecos. Llegados á Salé 
acamparon algunos días, durante los cuales Edris 
escribió á los árabes inesmuda, subditos de Omar, 
haciéndoles mil promesas para q>ie le ayudasen, 
después de lo cual, noticioso do ijue el uúnuro 
de sus partidarios eu Marruecos .se había aumen- 
tado r;ipid.imente, continuó su camino hasta la 
ciudad, en la eiial entró en la mañana del 22 de 
nioharrén del año 6(i5. Sin delcnderse casi huyó 
el desdichado Omarde su capital hacia Azamur, 
lugar donde se encontraba su suegro y donde 
creía hallar un asilo, mas el malvado Bcn Athux, 
que así so llamaba el padre de su esposa, más 
atento á conservar sus H>tados que á cumplir su 
deber, mandile encadenar y encerrólo en una 
prisión, escribiendo eu seguida á Edris, dándole 
cuenta de lo que hal'ía hecho en su servicio. 
Envió Edris por él, é hizo ijue lo asesinasen en 
el camino de Marruecos, y habiendo encarcelado 
á todos sus hijosjuzgó.se libre de todo cuidado 
para lo sucesivo. Lo fácil de su empresa cegó á 
Edris hasta tal punto, que cuando su protector 
el Ueni Merín lo escribió, dándole la enhorabue- 
na y pidiéndole el cumplimiento do los tratados, 
contostó al enviado con las palabras que han 
conservado los historiadores: «Ve y di al servidor 
del misericordioso, YaiMib ben Al)d-el Hakk, que 
goce tranquilo de los ]>aíses que tiene bajo su 
dominio y no quiera que yo vaya á quitárselos 
con legiones cuyo valor él no puede ni sospechar. » 
Contestación que no podía ignorar equivalía á 
una declaración de guerra. Esta empezó en se- 
guida, continuando durante dos años sin .señala- 
da ventaja de unos ni otros; mas habiendo que- 
rido Edris, cansado de tan larga lucha, aven- 
turarlo todo en una batalla, dióse una sangrien- 
tísima eu las orillas de Guadilgafir que duró 
todo un día y terminó con la derrota y muerte 
del rey de Marrueco.s. De esta batalla, que tuvo 
lugar el 2 de mohaneu del año 6G8 (1270 de la 
Hegira), dicen los historiadores que fué tan san- 
grienta que todo el campo quedó cubierto de 
cadávere.s. Con ella acabó el imperio de los 
almohades que había durado 157 años. La cabeza 
de Edris, enviada á Fez, fué, después de paseada 
por todas las calles do la ciudad para escar- 
miento de perjuros, clavada en una de las puer- 
tas. Este rey es el que los historiadores llaman 
Abú Debús, esto es, ¡ladre de la maza ú hombre 
de la maza, por una de hierro jiesadí-sima que 
manejaba con singular destreza en los combates. 
Mariana le llama Budcbusio, comiiañero de Abú 
Debús, cou que debieron señalarlo los cristianos. 

EDRIS I: Biug. Rey de Málaga. Fué goberna- 
dor de Ceuta y 'de Tánger, durante su juventud, 
en nombre de su hermano Yaya; mas á la muerte 
de éste, como sus hijos Edris y Hacéu fuesen 
aún muy jóvenes, los principales muslimes de 
Jlálaga decidieron elegirle rey. La jura de Edris 
tuvo lugar el año 418 de la Hegira y 1027 de 
nuestra era, año que fué de ventura para los 
malagueiíos, pues Edris, que, según es fama, fué 
sobremanera virtuoso y liumano, no sólo levanté) 
el destierro á los que le padecían de tiempos de 
su hermano Yaya y de su padre, sino que les 
devolvió todos los bienes que les habían sido 



EDRl 

confiscados. Los escritores árabes hablan con 
mucho elogio de esto príncipe, relatando que 
era tan sabio como Iinnulde y tan caritativo quo 
cada jiuma (Viernes: repartía quinientas doblas 
de oro entre los más iiecc-sitadus de sus vasallos. 
Por de.■^gracia, este principe era de un natural 
enfermizo y que le impedía ser apto para las 
grandes empresas: sin embargo, su reinado fué 
ba.->tante pró.spero, pues supo hallar (juien lo 
sustituyese dignamente, al frente de .sus ejérci- 
tos, eu la persona de liacanua ó Aben liokín. 
Eite noble nuislim fué el generalísimo de SHs 
ejércitos, asi como Jluza ben Afar su primer 
Ministro. El suceso más importante iiue tuvo 
lugar durante el reinado de Edris fué el auxilio 
prestado á Jluhamad beu Abdalá el Barceli, 
.señor de Carmona, contra ol rey do Sevilla 
Muhamad Aben Abed. Había éste puesto en 
tan duro aprieto á su enendgo, que Muhamad, 
abamiouando sus Estados, presentóse en Málaga 
á )icdir auxilio al rey Edris, á la par que man- 
daba á su hijo al .señor de Zanhaga cou la misma 
pretensión. Dierón.sela ambos, el primero po- 
niendo á su di.siiosición á liacauna con numerosa 
hueste, y el segumlo, en persona y al frente do 
no despreciable número de guerreros, y habien- 
do alcanzado sobre Ismail, hijo del sevillano, 
una brillante victoria, gracias á lien I'acanna 
pudo el líarceli volver á sus Estados. Eu el año 
■ISO de la Hegira (1039 de J. O.) falleció Edris 
ben Aly, sucediéndole su sobrino Edris ben 
Yaya. De este mismo Edris ben Alí hablan al- 
gunos historiadores, designándole con los sobre- 
nombres de Alalí y de Amir Amumenin. 

- EüKis II: Bioj. Rey de Málaga, sobrino del 
anterior. Subió al tiono en el año 1013, en que, 
habiendo sido muerto Nadja con la mayor parte 
de sus partidarios, los malagueños lo sacaron de 
la prisión en que, desde la muerte de su heruui- 
no Ilassán, le tenía aquel caudillo. Edris, una 
vez en el trono, signioudo las huellas de su tío, 
amnistió á todos los reos políticos, devolviendo 
la libertad á los presos y los bienes á los que de 
ellos habían srdo des]ioseído3. Era un príncipe 
bondado.so cuya sencillez de costumbres contras- 
taba singularmente con las ostentosas de sus 
antecesores, y habría sido un gran príncipe sin 
su debilidad de carácter, lira tan grande ésta, 
que el pobre rey, no tan sólo era el juguete de 
sus validos, sino también el de los príncipes sus 
vecinos, contándose acerca de esto anécdotas 
que, á ser ciertas, hacen jioeo honor á tal mo- 
narca. Losmal,agueños,<|Ue veían en él un padre, 
le adoraban ;pero los fieros berbeiiis y todos los 
soldados, que tachaban su debilidad de cobardía, 
execráronle, y no contentos cou tal .soberano 
decidieron desterrarle y proclamar á su ]jrimo 
iluhamad señor de Málaga. Estaba este príncipe 
prisionero; mas los africanos pusiéronle en liber- 
tail y se dirigieron con él hasta lacaiiital, donde 
contaban con numerosos partidarios. A la no- 
ticia de su llegada, los negros que guarnecían la 
alcazaba dieron también el grito de rebelión ; 
mas Edris no fué abandonado eu tan duro trance 
por su pueblo: éste en masa, como si fuese un 
solo hombre, levantóse en su ayuda y, pidiendo 
armas y vitoreando á Edris, jienetró en su pa- 
lacio. Terrible guerra civil habría piiucipíado 
entonces, si el bondadoso monarca no hubiese 
apaciguado las turbas. «Volved á vuestras casas, 
dijo á sus subditos, yo os doy gracias por vues- 
tras intenciones; pero es mi voluntad que ni un 
solo hombre perezca por mi causa. » Y, con efecto, 
ni una sola gota de sangre se derramó por él. 
Muhamad entró en Málaga y Edris salió de ella 
para ser encerrado en un castillo (1046-47). No 
permaneció, sin embargo, mucho en él. Muhamad 
era un hombre severo, casi cruel, y su gobierno, 
después del paternal que le había antecedido, se 
hizo irresistible á los de Málaga. De los mismos 
africanos había muchos descontentos, y un día 
todos se acordaron del desdichado Edris, y éste 
vióse en libertad y á la cabeza de un ejército. 
La cautividad sufrida hizo al antiguo monarca 
menos temeroso de verter la sangre de sus sub- 
ditos que lo había sido antes, y la guerra civil 
estaHó. Después de algunos encuentros, Muha- 
mad, cuyo valor nadie ha puesto en duda, púsose 
al frente de sus tropas y atacó á las de Edris; el 
resultado fué la ruina de éste. Sus principales 
partidarios se entregaron, mas aún hubo quien 
le proporcionó la fuga, y Edris pasó á África. 
Dos jeques africanos, Sacat, gobernador de Ceuta, 
y Rizcallah, que lo era de Tánger, le recibieron 



EDUA 

con los brazos abiertos, juraron obedeceilc, y 
ordenaron (jue las plegarias so dijesen en su 
nombre; mas al ¡la.so que tal hacían teniai.' 
secuestrado y sin ]iermitir que comunicase . 
otros que con ellos. Un noble africano, sabe i 
de lo que pasaba, pudo avistarse con Edris y >. 
ciric cómo los que creía sus aunaos eran - 
contrarios; y aquí nueva prueba de la debilid i 
mejor de la insensatez del malaguiño; dirige 
á Sacat y Rizcallah y les cuenta lo que le 1 
dicho, jiroduciendo de esta manera la desgru 
de un liombre que por él se había interesa ; 
Poco tiempo después ambos gobernadoies, ji; 
gando peligrosa la hospitalidad siít yéneris q 
le daban, liácenle atravesar el Estrecho, y Ei 
se refugió en Ronda. En ella permaneció al_ 
nos años, todos los que vivió Kluhamad,á ci; 
muerte, á |iesar déla oposición que le hizo 
sobrino de aquél, también llamado Edris, vol 
á ocupar el trono malagueño. En él gobei ¡ 
pacíficamente hasta su muerte, 10.'>.'i. La histoi 
de Edris II, tal como la cuenta Conde en / 
árabes oi Espafia, es com)detamentc disti: 
de la ex]inesta por nosotros de couformia 
cou Mr. Dozy y otros reputados historióg 
fos. Según Conde, Edris fué un rey batallad' 
sucesor innu'diato de Edris I (confundiénd' 
con Y'aya, hijo de éste), que subió al trui. 
gracias á ben Baccanna denotó á Nadja i 1 
eslavo, ]ieleó cou el rey de Sevilla y puso >i 
tio á su ciudad de Carmona. Cuenta expre 
mente que los negros que guarnecían la alcaza 
se sublevaron y proclamarotí á Muhamad 1 
Edris; pero añade que el pueblo, sin interv' 
ción del monarca, que estaba ausente, los t¡: 
eu la fortaleza, y ya los tenía medio rendi 
cuando llegó Edris y con promesas y amen¡i; 
consiguió (|ue los unos Luyesen y los otro> 
pasaran á su bando. Así fué abandonado Mu; 
mad y cayó en jioderde Edris, quien le pcrd' : 
la vida y le desterró á África. Después, según 
historiador, «aseguró la posesión de Algecira 
allanó las dificultades y levantamientos i; 
habían suscitado sus enemigos; ])asando en 
guida á África, tomó posesión de Tánger y C' 
ta, y todos los negros se acomodaron á su n . 
vicio y los envió á sus tierras ti no quci. 
servir en España. Estando en África, como '. 
eslavos albarqnelines, Rarikala y Secan, goli 
nadores que habían sido de Ceuta y Táng 
quisieran hacer alguna novedad, el pueblo, qi 
los aborrecía ¡jor su codicia y crueldad, en v( z 
de favorecer sus intentos les acuséi y delató ]ni- 
blicaniente ante el rey Edris diciéndole: «Muli y, 
estos eslavos que te acompañan y rodean s^u 
traidores; te sirven con falso y desleal coraz^iii: 
tratan de]ierderte y arman conjuraciones con t 
tu vida; permite que los tratemos como su ] ■ 
lidia merece;» y no fué posible libertarlos de i 
nerviosas y terribles manos del pueblo, que ¡ 
despedazó en un momento, arrebatándolos :i 
vista del rey,» etc., etc. Después de estos si; 
sos es cuando supone ocurrió el destronamici.: 
de Edris por su primo Muhamad ben Alcasiiii, 
cuando ya viejo y sin energía apenas pudo de- 
fenderse, añadiendo que murió en la prisión cu 
que el nuevo soberano le tenia encerrado. 

EDRISITAS: m. pl. Eist. Dinastía de re\ 
del Mogreb. Fueron catorce que reinaron di- 
cientos dos años y cinco meses, desde el 7 de 
rabi al anel del 172 de la Hegira (7S8 de la era 
cristiana) en cjue Edris I fué proclamado, hasta 
el mes de gimnada al anel de 375 (985) en que 
murió Hacen beu Eenum. La dominación df 
los edrisitas se extendió desde el bajo al-Ak- . 
hasta la ciudad de Oran, tuvieron por capital i - 
do sus Estados á Velily, Fez y El Bassora; .sos- 
tuvieron luchas con las dos grandes dinastías 
de los Obcidas, en Egipto y África y la de los 
Onieyas en Andalucía. En la época de mayor 
jirosperidad sus Estados se extendieron hasta 
Tremecén, mas en sus postrimerías sólo poseye- 
ron el Bassora, Asila y Alhucemas. 

EDUARDO: Biog. Conde de Saboya, apellida- 
do c? Lihtrnl. N. en Baugé (Bresse) en 8 de fe- 
brero de 12S4. II. en Geutilly, cerca de París, 
en 4 de noviembre de 1329. Era Hijo de Ama- 
deo V, llamado d Grande, y de Sibila de Bau- 
gé. Sucedió á su padre eu 132-3. Ahijado de 
Eduardo, rey de Inglaterra, figuró siempre en 
el partido de Francia. Desde la edad de veinte 
años, por voluntad de su padre, entró al servicio 
del rey Felipe el Hermoso, que para vecompensar 
su valor le hizo caballero después de la batalla de 



EDUA 

Monsén-Puelle, ganada contra los flamencos en 
1304. En 1321 Eduardo se viú atacado por el del- 
fín del Vieniiois, por Amadeo III, conde, por el 
barón de Faucigny y por Hugo, señor de Au- 
thüu; venció á los coligados, pero al año si- 
guiente sufrió nna derrota. En 1328 ayudó á 
Felipe de Valois, y poco tiempo después murió, 
dejando de Blanca de Borgoña una hija llamada 
Juana, casada con el duque de Bretaña. Juana 
reclamó la herencia de su padre, pero los sabo- 
yanos, que temían que la soberanía del país pa- 
sara á manos de una princesa que había llegado 
á ser extranjera, prefirieron á su tío Aymón. 

- Eduardo: 5ío(¡f. Duque de Güeldres. N. en 
1336. M. en 24 de agosto de 1371. Era hijo se- 
gundo de Renato II de Nassau, primer duque 
de Giieldres, y de una hermana de Eduardo VI, 
rey de Inglaterra. Sucedió á Renato III, su her- 
mano mayor. Eu vida de éste fué el jefe de los 
bronkhorst, nombre que se daba á un partido 
opiicsto al de los heckeren, favorecido por Re- 
nato III, su hermana mayor. En 1361 derro- 
tó á su hermano y le encerró en el castillo de 
Nicmburg, cerca del Issel. Durante su gobierno 
se mostró Eduardo digno del puesto que ocupa- 
ba. Inspirándose en la equidad, mantuvo el 
equilibrio entre los dos partidos y logró que no 
alterasen la tranquilidad del Estado. En 1362 
declaró la guerra á Alberto, ruward de Holan- 
da y Hainaut, por haber dado refugio á los 
heekeren. Alberto penetró poco después en 
Güeldres, donde causó grandes daños. Eduardo 
supo alcanzar la paz y casó con Catalina, hija de 
su enemigo. En 1364, Juan III, duque de Bra- 
bante y suegro de Renato III, atacó á Eduardo. 
Este expulsó del país á su enemigo. En 1371 
apoyó á Guillermo XI, duque de Juliers, en su 
lucha contra Wenceslao, duque de Luxemburgo 
y de Brabante, y aseguró el triunfo de Guiller- 
mo en una sangrienta batalla. Poco después fa- 
lleció, ya porque en dicho combate hubiese reci- 
bido una herida grave, ya (lorque pereciera á 
manos de un asesino. Muerto Eduardo recobró 
Renato III la soberanía del ducado de Güel- 
dres. 

- Eduaudo: Bioii. Príncipe de Gales, hijo de 
Eduardo VI y de la reina Felipa de Hainaut. 
N. en octubre de 1330. M. en 8 de junio de 
1376. Fué a\K\\ida.áo el Príncipe N^cgro, á causa 
del color de su armadura. Aún no había cum- 
plido dieciséis años de edad cuando su padre 
le confió el mando de la primera línea de los 
ingleses en la batalla de Creey (26 de agosto 
de 1346). Atacó á los franceses con impetuosi- 
dad tal, que los señores ingleses que le rodea- 
ban, temiendo por su vida, pidieron un refuerzo 
al rey. «Mientras viva mi hijo, respondió el 
monarca, mi socorro es ini'itil.» El Príncipe Ne- 
gro cortó por fin por el centro la línea de batalla 
de los franceses. Después de la victoria el rey 
Eduardo le dijo al mismo tiempo que le abraza- 
ba: «Hijo mío,ha- 
béis combatido 
hoy con valentía, 
y sois digno do la 
corona.» En 1355 
el Príncipe Negro 
invadió el Mccíio- 
día de Francia, y 
penetró hasta el 
Loira, mas no pu- 
do pasar el río. 
Persiguióle el rey 
Juan con 60 000 
hombres,y Eduar- 
do hubo de dete- 
nerse en las cerca- 
nías de Poitiers y 
de tomar posicio- 
nes en Mauper- 
tuis, en unas la- 
deras cubiertas de 
viñedos. A pesar 

Estatua sepulcral de sus hábiles dis- 

dc Eduardo, principe de Gales posicionesliubiera 
caído en poder del 
enemigo .si el rey de Francia se hubiese limitado 
ii observar á los contrarios durante algunos días. 
Los obispos, creyendo que jiodrían evitar la 
efusión do sangre, abrieron negociaciones entre 
los dos ejércitos. Eduardo consintió en abando- 
nar todas las couíinistas hechas desde dos años 
antes por los ingleses y en renunciar durante 
siete años á hacer la guerra á Francia. Mas 



■mí'i.':f''''mh- 







EDUA 

I cuando le exigieron que se entregara prisionero 
con cien personas de su séquito, dijo: «Nunca 
pagará Inglaterra mi rescate.» El rey Juan le 
atacó en 19 de septiembre de 1356. En esta fu- 
nesta jornada cayeron cu manos de Eduardo el 
soberano de Francia y su hijo Felijie el Atrevido. 
El vencedor recibió al monarca vencido con res- 
peto, alabó su valor, atribuyó la denota del rey 
Juan á azares de la guerra, y en su propia tien- 
da .se negó á tomar asiento delante del prisio- 
nero. Debilitado su ejército por las pérdidas de 
aquella batalla, se retiró á la Guj'eua y so apre- 
suró á marchar á Inglaterra 
con el cautivo. Después del tra- 
tado de Bretigny (1260) obtu- 
vo Eduardo la investidura del 
principado de A(pütania, eri- 
gido á su favor por su padre. 
Cubierto de gloria y (lucrido 
de sus nuevos vasallos tenía 
en Burdeos una corte brillante 
y caballeresca, cuando Pedro I, 
rey de Castilla, arrojado del 
trono por su hermano Enrique 
el Bastardo, imploró su apo- 
yo. Ávido siempre de comba- 
tes y celoso do Francia, que 
sostenía al bastardo, Eduardo 
organizó un ejército de 30 000 
hombres y entró en España 
(1367). Enrique, contra los 
consejos de Duguesclíu, pa,'!Ó 
el Ebro y atacó al príncipe 
Negro en Nájera. La debili- 
dad de don Tello, que arrastró 
en su fuga á la caballería que 
mandaba, realizó el presenti- 
miento de Dnguesclín. Don 
Tello era otro hermano bastar- 
do de Pedro I. Enrique, ven- 
cido, pudo fugarse, pero Du- 
guesclín se entregó al príncipe 
inglés, que al decir de los his- 
toriadores franceses, le salvó 
del puñal de don Pedro. Des- 
arrollóse una enfermedad contagiosa en el ejérci- 
to inglés; don Pedro se negó á cumplir las con- 
diciones del pacto ajustado con el príncipe de 
Gales, y éste, descontento, atacado del contagio 
y temiendo acaso las vicisitudes de la empresa 
comenzada, traspasó los Pirineos. Para pagarlos 
gastos de nna campaña en la que sólo había 
conquistado una gloria estéril, se vio obligado á 
exigir de .sus vasallos nuevos subsidios. Un des- 
contento general (1368) fué la consecuencia de 
estas medidas opresoras, y las quejas llegaron d 
los oídos de Carlos V, rey de Francia. Él Prín- 
cipe Negro, citado ante el Tribunal de los Pa- 
res, respondió: «Compareceré con 60 000 hom- 
bres.» Pero los tiempos habían cambiado. Fran- 
cia había recobrado las fuerzas perdidas, y esta 
amenaza quedó sin efecto. Dnguesclín recobró 
en algunos años todas las conquistas alcanzadas 
por los ingleses eu los días del rey Juan, y la 
tregua de 1375 aseguró su posesión al rey de 
Francia. Obligado á sostener susderechoscontra 
los indignos favoritos del viejo rey Eduardo, el 
Príncipe Negro regresó á Inglaterra, donde 
murió á la edad de cuarenta y seis año.s. Bl 
pueblo le lloró, y el Parlamento marchó á de- 
positar en Cantorbery el cadáver del príncipe. 
Por su valor, sus empresas, sus nobles virtudes, 
el Principe Negro fué uno de los guerreros más 
ilustres del siglo xiv Los ingleses estiman su 
memoria tanto como la de Alfredo el Grande, y 
estos dos héroes de su historia antigua son hoy 
todavía objeto de una veneración patriótica. El 
príncipe Eduardo había casado (1361 ) con Juana, 
la bellísima condesa de Kent. De dos hijos que 
nacieron de este matrimonio el primero murii) 
en temprana edad, y el segunilo reinó con el 
nombre do Ricardo II. 

-EnUARDO: Biog. Príncipe portugués, her- 
mano de Juan IV. M. después de 1642. Cuando 
Portugal, en 1640, se alzó contraía dominación 
española, el principe Eduardo, á quien los his- 
toriadores llaman también Don Duartc, hallá- 
base en Alemania sirviendo como Teniente Ge- 
neral del Imperio. Era valeroso el príncipe y 
servía al emperador como uno de sus más inte- 
ligentes generales, olvidado de que ora portugués 
y sin saber lo ijue en Portugal pasaba. Querían 
mucho á Eduardo los alemanes, porque en más 
de una ocasión había demostrado su mucho va- 



EDU.V 



75 



lor y su pericia en la guerra; por lo tanto fueron 
tristemente sorprendidos con la desagradable 
noticia de que España había reclamado la pri- 
sión de Duarte, por meiiio de los embajadores 
españoles en Viena. El pretexto que se tomó fué 
el (juerer evitar que al saber el piíncipe portu- 
gués lo que en su país ocurría fuese á auxiliar 
á su hermano con todo su talento y valor, que 
eran en verdad grandes. Cumplieron su misión 
los embajadores, y el emperador recibió mal la 
petición de España, porque Eduardo le servía 
bien y con gran utilidad del Imperio, y sobre 




Sello de Eduardo I de Inglalcrra {% de su latiiaño oriyinal) 



todo era su decidido protector el archiduque 
Leopoldo. Instaron, sin embargo, tanto los em- 
bajadores de España, que al fin se accedió, y el 
príncipe Eduardo fué preso en Ratisbona (febrero 
de 1642), llevado á Pasan y de allí á Gratz, y, 
por último, entregado á los españoles, fué tras- 
ladado á la eiudadela de Milán. El rey, su her- 
mano, gestionó mucho para alcanzar la libertad 
de Duarte, pero gestionó en vano; el pretexto de 
retenerle fué conservar rehenes que enfrenasen á 
Juan IV, puesto que por no comprometer la 
existencia de su hermauo, ó mitigaría sus deseos 
de guerra ó de continuarla la haría más huma- 
namente. No vio, empero, Eduardo el fin de la 
guerra; el desventurado y valeroso joven murió 
en su prisión. 

EDUARDO I: Biog. Rey de los anglosajones, 
hijo de Alfredo el Grande. M. en 925. A la muer- 
te de su padre (21 de octubre de 901), Eduardo 
fué reconocido rey por los withenagemots, pero le 
disputó el trono su primo Etehvaldo. Este obtu- 
vo en un principio el apoyo de los daneses del 
Norte, con los que sometió á los habitantes de 
Essex (901) y á los habitantes de Estanglia al 
año siguiente , pero el pretendiente halló la 
muerte en 906 ó 907, en una batalla dada con- 
tra Eduardo. Los daneses se sometieron y los 
nortumbrianos fueron vencidos en Tatenhal. La 
provincia de Mercia cayó también eu poder de 
Eduardo después de la muerte do su hermana 
Etelfleda, que había gobernado osta provincia 
con mucho acierto. Algunas leyes do Eduardo 
han llegado hasta nuestros días, pero no hay 
en ellas nada de notable. Le sucedió Atelstán, 
su hijo natural, nacido de las relaciones de su 
padre con la hija de un pastor. 

- Eduaudo II: Biog. Rey de los anglosajones, 




Moneda de Eduardo II 

apellidado el Mártir. N. hacia 961. M. en 18 do 
marzo do 978. Contaba quince años do edad 
CTiando sucedió á su padre Edg.nrdo en 975, il 



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EDUA 



pesar de la oposición de Klfrida, su madrastra, 
(¡lio (leseaba asegiiinr el trono á su hijo Etelredo. 
Vio ElfriJa sus espiTanza.i fallidas por efecto do 
la ra|.idez con que San Dnnstán procuró qne 
Eduardo fuera cons,if;radn; pero entonces recu- 
rrió al asesinato. Cierto día (|Ue Eduardo lialu'a 
ido á cazar in IlorseCastle, donde residía su 
madrastra, un asesino pagado por esta princesa 
le hirió con uu jiuñal en el momento en 'jne 
sobre su caliallo lielu'a el contenido de nna copa 
queElfrida le había juescntado. Inconseieute- 
mente, al sentirse herido, hizo Eduanlo un mo- 
vimiento y a]ilicó la espuela al caballo, que le 
arrastró á nn bosque, donde expiíó mutilado de 
un modo horrible. Recibió sepultura en Ware- 
haní y no ilejó heredero directo. Este lin trá- 
gico lo valió el .sobrenombre con que es conocido. 
Su .sepulcro, que al decir ilc las gentes obraba mi- 
lagro.s, vino á ser objeto de la devoción popular. 

-Emuakiiii III: Jtiori. Rey de los anglosajo- 
nes, apellidado el Coiifisor. N. en Lslip (condado i 




SrUo de Eilinmlo el Ci:a/renr 

de Oxford) hacia lOO-l M. cu .^ de cmrn ríe 10(50. 
Era hermano menor de J'Mnuuulo 11. Ironsido, 
y el más joven de los hijos de Etelredo II y 
Emnia, hija de Ricardo I, duque de Noruiandía. 
Habíase hecho odiosa á los anglosajones la me- 
moria de los hijos de Canjito el Grande, y así, á 
la muerte de Hardi-Canuto, uno ile ellos(1041), 
trataron de devolver el trono á la familia real 
sajona. Los hijos de Edmundo Ironside se ha- 
llalian relegados en el fondo de Hungría, pero 
vivían los de su tío. El conde Godwin, jefe omni- 
potente del partido nacional, temiendo el ca- 
rácter má-s impetuoso de Alfredo, el m.ayor de los 
dos, le hizo asesinar, colocó á Eduardo en el 
trono, creyendo que i>odría gobernar á nombre 
de éste, y le dio por esiios.a á su hija Edita ( Véa- 
se). Eduardo manifestó á Edita que nunca cum- 
pliría con ella los deberes del matrimonio, reso- 
luciéili funesta que hizo para siempre desgraciada 
á su esposa y originó una guerra de sucesión, 
pero por la que el rey fué canonizado y recibió 
el sobrenombre con que es conociilo. El primer 
acto de Eduardo fué marchar á Winchester para 
despojar á su madre de los tesoros, ganados y 
cosechas que poseía. Parece, aunque el hecho no 
es muy auténtico, que dirigió además contra 
ella una acusación de que se purgé) por medio de 
la prueba judicial llamada nrda/ín. Al decir de 
los historiadores ingleses. Eduardo, que había 
pasado una parte do su vida en Normaudía, y 
adoptado las costumbres de los normandos, á 
los que profesaba viva simpatía, concedió los 
favores reales á las gentes de aquel país. Esta 
parcialidad de Edu.ai-do despertéi los celos de 
Godwin y de sus hijos, que se rebelaron inútil- 
mente; luego se reconciliaron con el rej', y poco 
después falleció Godwin repentinamente, hallán- 
dose sentado d la mesa del monarca (15 de abril 
de 1053). Dos años más tarde un ejército de 
Eduardo colocó en el trono de Escocia á Mal- 
eolm, á quien había despojado de la corona el 
usurpador Macbeth. Eduardo no había decidido 




EinjA 

qnién le sucedería en el trono, al que aspiraban | 
los hijos de su hermano, el duque de Norman- i 
día, su ]>ariente, y Haroldo, hijo de Godwin. 
Gozó un reinado pacílico de veinticinco años, | 
salvo los breves condictos señalados. Inglaterra 
no había disfrutado de una calma igual desde 
lejana fecha. Eduardo, y este fué el acto más 
importante de su vida, puso en vigor un cnerpo 
de h-ye.s que, al decir de los historiadores, lialiía 
regi.lo en Inglaterra en los días de Canuto; los 
«ithenagemots óprinci|pale.s del reino CNÍgieron 
que el rey jurase mantener aquellas leyes. Ko se 
conserva texto alguno sajéiu de estos documen- 
tos legislativos, pero queda un cuerpo de leyes 
seniilatinas y romanas, otorgadas, según se cree, 
por Guillernio el Conquistador, á una Asamblea 
de los principales personajes de Inglaterra, cua- 
tro años después de su advenimiento al trono; 
el título de este Código enseña que te trataba 
de las mismas leyes cuya observación había ju- 
rado Eduardo. El texto francés que se halla en 
Ingulfo pasa jior ser el original de este monu- 
mento de la legislación inglesa, 
mas l'algravc pone cu duda esta 
opinión. Se afirma que Eduardo el 
Confesor fué el primer rey de In- 
glaterra que curó los lamparones 
por el contacto. De su tiempo da- 
ta taniluéu el uso del gran sello. 

-EnUAlíDO IV; /;¡07. Rey de 
Inglaterra, conocido por Lmig- 
.S7í«)i/,s, á causa de la longituil 
desmesurada de sus ¡licrnas. N. 
en Wéstminster en KJ do junio 
de 1239. M. en 7 de julio de 1307. 
Algunos historiadores le llaman 
Eiiuardo I, jjorque, en efecto, 
fué el iirimerode su nombre déla 
dinastía do Plantagcnet. Recibió 
de su padre, Enrique III, el du- 
cado de f'Uycna (1252), que le 
disputó Alfonso X, rey de Casti- 
lla, quien renunció á sus preten- 
siones cuando Eduardo casó con 
.su hermana. Más tarde, en 14 de 
febrero de 1254, obtuvo el seño- 
río de Irlanda, y en 18 del mismo 
mes el de todas las provincias ad- 
quiridas por Francia en los días 
cíe Juan Sin Tierra. Eduardo, 
dando desde muj' joven muestras 
de su carácter activo, intervino 
en todos los asuntos importantes: ratilicó, en 
carta dirigida al Papa Alejandro IV, la conven- 
ción relativa al reino de Sicilia firmada por el 
Pontiliecy Enrique III, y sub.scribió (1258) con 
su padre el arreglo conocido con el título Esta- 
lulos de O.e/oirl, según el cual el país debía ser 
gobernado por veinticuatro comisarios nombra- 
dos por los barones. Cuando Enrique 111(1260) 
i'ompió este compromiso, Eduardo maichó á In- 
glaterra desde la (Jnyena, donde residía enton- 
ces, y desaprobó públicamente la conducta de 
su padre. Esta disidencia entre el p.idre y el 
hijo duró algunos años, pero los dos llegaron d 
un completo acuerdo después de h.aber hecho 
Enrique un viaje d Guyena. Puesto á la cabeza 
de las tropas enviadas contra los barones, de 
nuevo sublevados, Eduardo fué hecho prisione- 
ro en la batalla de Lewes, con su hermano Ri- 
cardo. Un año más tarde logró fugarse, y en 4 
de agosto de 1265 venció en Evesham al conde 
de Léieester, que, como su hijo, encontró allí 
la muerte. Merced d este triunfo, Enrique III 
recobró la libertad y la corona. Eduardo, se 
diento siempre de 
aventuras, viendo 
restablecida la cal- 
ma en el reino de 
su padre, se di.s- 
puso d luchar al 
lado de San Luis, 
rey de Francia, 
que había empren- 
dido la última cru- 
zada: pero llegó á 
Túnez después de 
la muerte de aquel 
príncipe, y al calió 
de dos años de gue- 
rra en Oriente regresaba ;'i Europa, cuando reci- 
bió la noticia del fallecimientoile.su p.adre. Sin 
oposición fué coronado en Wéstnnnster en 1272. 
Poseedor de todas las dotes de gobierno que tal- 



Medalla de Eduardo IV 



EP-UA 

taron á su padre, reinó sin tolerar limitaciones 
de su autoridad, y acometió de frente las em- 
presas guerreras y los tiabajo.s del legislador. 
Redujo por la fuerza á los habitantes del país 
de Gales, no sin librar varios condjates, y oscu- 
reció la gloria del vencrdor mostrándose odio- 
samente cruel ron uno de losjefesmá.s valerosos 
que tuvieron los vencidos. Vacante la corona 
ue Escocia, á la que asfíiraban doce pretendien- 
tes y elegido .arbitro para decidir quién había de 
obtenerla, Eduanlo comenzó jior a-segurar las 
plazas fuertes, comprometiéndose, sin embargo, 
a devolverlas al que designara ]>aia rey: jierosu 
.soberanía pareció sin duda muy pesada y dura 
al elegido, que procuró librarse de aquella tute- 
la. Entonces Eduardo penetni en Escocia, de- 
rrotó al rey Baliol (véase), le hizo prisionero, j' 
dejando guarnición eu todas las ciudades, se 
retiró á Inglaterra llevando electro y la corona 
de Escocia. Hallábase ocupado en .su oposición 
d Francia cuando se sublevaron los escoceses: el 
jefe do éstos, Wallace (véase), el héroe délas 
montañas, el Viriato escocés, bajó alas llanuras 
y expulsó á los ingleses; pero la derrota de Fal- 
kirk impuso á su patria por segunda vez el yugo 
de Inglaterra. Ko tardó en estallar una nueva 
insurrección, mas Eduardo, con rájiidos ataques, 
reparó las derrotas que habían sufrido sus gene- 
rales, y tras dos años de porfiada lucha dejii 
sometiday asolada la Escocia. Sin embargo, con 
su crueldad comprometió los resultados de su 
valor y de su política. El suplicio del heroico 
Wallace encendió el deseo de venganza en el co- 
razón de .sus compatriotas. Armados los escoce- 
ses (1306) y elegido rey Roberto liruce (Véase), 
que reparó una primera derrota venciendo al 
conde de Pcmbroke (1307), el infatigable Eduar- 
do junti) todas sus fuerzas para una campaña 
que e-speraba que fuese decisiva, pero murii'i al 
llegar d la frontera (1307). La conquista de Es- 
cocia había llegado á .ser para Eduardo el sueño 
de nna ambición violenta. Así, si se ha de creer 
á Froissart, momentos antes de morir hizo 
Eduardo jurar d su hijo que después de su falle- 
cimiento mandaría poner su cucipo en una cal- 
dera y le liaría cocer hasta que la carne se sepa- 
rara (le los huesos, y que luego enterraría la car- 
ve y guetrdar'ta los h-uesoSj y siempre que los 
cscocíscs se rchclnran contra él reuniría sus gen- 
tes y llevaría con él los hiiesos de sti padre. Pues 
creía Jirmcmentc que mientras su sucesor poseye- 
ra sus huesos, los escoceses serían vencidos. Pero 
el heredero no cumplió lo que ¡lahía promelido , 6 
¡¡izo llevará su padre d Londres y enterrarlo 
«7i?(. La obra más sólida del reinado de Eduar- 
do I consiste en sus instituciones. Po.seía ver- 
dadero talento, y comprendía que necesitaba 
apoyar.se en alguna lia.se más sólida que su |ire- 
rrogativa. En el i'dtimo año de su reinado san- 
cionó la famosa ley titulada: StcUutc dctallagio 
non concedcndo, que atribuía al l'.ulamento el 
derecho de otorgar los im|>nestos. Por la lectu- 
ra del mismo tiocumento sabemos que en el 
reinado de Eduardo entraron los Comunes en el 
Parlamento. Inglaterra debe al mismo principe 
la creación de los Jueces de paz. Eduardo ili<i 
también útiles reglamentos al comercio, y me- 
reció por sus leyes el sobrenombre de Justinia- 
110 de Inglaterra. Sin embargo, se le censura 
con justicia porque iiersiguió, despojó y deste- 
rró tle Inglaterra d los judíos. 

-EnuAT'.no A': Biog. Rey de Inglaterra, hijo 
de Eduardo IV y de Leonor de Castilla. N. en 
Cdernarvou en 25 de abril de 1284. M. en 27 
de septiembre de 1327. Sucedió d su padre en 
1307. Hombre de cardcter débil é irresoluto, no 
poseía las condiciones necesarias para continuar 
la obra de un conquistador y cumplir la promesa 
hecha dsu padre (\'. EnrAiiDo IV), que ademds 
le había exigido un juramento: el de no levan- 
tar el destierro impuesto d un vicioso favorito, 
que habla lanzado al hijo de Eduardo IV por la 
senda de la corrupción. Eduardo V no cumplió 
ninguna de las promesas hechas al autor de .sus 
días. Llamó al desterrado favorito, le dio el tí- 
tulo de conde de Cornwall, le casó con una so- 
brina del rey, y, con escándalo del reino, le 
confuí la regencia, en tanto que el soberano pa- 
saba d Francia para casarse con la princesa Isa- 
bel, con la qne le había desposado su padre. 
El descontento público originó una .sublevación, 
y el ronde de Láucaster, primo de Eduardo, d 
la cabeza de una liga formidable, logró que el 
rey desterrara al odiado favorito. El alejamiento 



EDUA 

de éste no fué, sin embargo, una desgracia para 
el desterrado, á quien su real amigo nombró 
teniente de Irlanda y acompañó hasta la fron- 
tera, donde unió á la despedida abundantes lá- 
grimas é innumerables dones. Duró poco esta 
separación. El favorito, llamado Gáveston, á 
quien el Papa disiiensó del juramento que habia 
hecho comprometiéndose á alejar.se para siem- 
pre, regresó d la corte, y su vuelta fué la señal 
de una Hueva tempestad política. El Parlamen- 
to, dueño de la autoridad, obligó al príncipe d 
sancionar sus actos (1310). Tomás, conde de 
Láncaster, secundado por el voto público, per- 
siguió á Eduardo, que se habia refugiado en 
York con su pernioio.so amigo, se apoderó del 
último y le cortó la cabeza. Entonces Eduardo 
manifestó algún arrepentimiento, y para olvidar 
sus pesares se dispuso á invadir la Escocía con 
100 000 hombres; pero derrotado completamen- 
te en Bannockburn (25 de junio de 1-314), re- 
gresó d Inglaterra para licenciar su ejército. 
No tardó en elegir otro favorito; formóse una 
segunda liga dirigida por Tomás de Láncaster, 
qne, vencido, murió en el cadalso (1322), y el 
rey, que pretendió una vez más medir sns armas 
con los escoceses, perdió otra batalla, y, no sin 
trabajo, salvó su vida, perseguido por los con- 
trarios hasta los muros de York; creció la irri- 
tación del pueblo; un favorito de la reina fué 
desterrado; ciertas cuestiones relativas al ducado 
de Guyena proporcionaron á Isabel ocasión para 
pasar á Francia con el pretexto de negociar un 
arreglo con su hermano Carlos el Bello, y la 
reina aprovechó su ausencia para urdir un com- 
plot contra su marido. Favorecida tácitamente 
por su hermano, se dirigió al conde de Hainaut 
é hizo un llamamiento á todos los bravos caba- 
lleros que quisieran sacar la espada para de- 
fender á una reina ultrajada y correr á su lado 
los peligros de la defensa. No faltaron campeo- 
nes. Estos se embarcaron el 22 de septiembre 
de 1326, entraron en Inglaterra por el condado 
de Suffolk y vencieron d los enemigos. El rey 
apeló d la fuga, y su favorito Spcncer, que cayó 
en poder de los invasores, perdió la vida en una 
horca de r>0 pies de altura. Descubierto Eduardo 
en las montañas de Gales y llevado á Monmuth, 
fué privado de la corona por decreto del Parla- 
mento. Algunos meses después halló la muerte 
en nn horrible suplicio: dos sicarios, Gaurnay y 
Maltravers, penetrando en la cámara del rey 
cuando éste dormía, le hundieron en los intes- 
tinos un hierro hecho ascua. Cuéntase que el 
obispo de Hereford, d quien los regicida.? con- 
sultaron antes de realizar el crimen, dio esta 
respuesta ambigua; Eduardnm regcm noli-te ti- 
mcyc, honu'in esi. El reinado de Eduardo V, per- 
turbado por los desórdenes y las derrotas, no 
ofrece nada de útil ni de grande. Por razones 
análogas d las expuestas en la biografía ante- 
rior, dan casi todos los historiadores d este mo- 
narca el niímero II en la lista de los Eduardos 
reyes de Inglaterra. 

-EduaPxDO VI: Biog. Rey de Inglaterra, 
hijo de Eduardo V y de Isabel de Francia. N. 
en 13 de noviembre de 1312. M. en 21 de junio 
de 1377. La generalidad de los historiadores le 
da el número III en la lista de los royes de In- 
glaterra, porque era el tercero de los Eduardos 
de la dinastía de Pl.intagenet. Fué coronado 
Eduardo VI después de la deposición de su pa- 
dre en 24 de enero de 1357, es decir, d los 
catorce años de edad. Gobernó en un principio 
bajo la autoridad de un Consejo de regencia, si 
bien el poder era realmente ejercido por su ma- 
dre y por Mortimer, su amante. Dio á conocer 
su valor luchando contra los escoceses, á pesar 
de los esfuerzos de Mortimer para concluir un 
tratado de paz que d¡sgu.staba al pueblo. Eduar- 
do, que deseaba gobernar solo, encerró á su ma- 
dre en el castillo de Rising y ahorcó al favorito 
de esta princesa. Luego invadió la Escocia, se 
apoderó de Bcrwiek, ganó la batalla de Háli- 
down-Hill (19 de julio do 1333), y alcanzó otros 
trninfos. En seguida se preparó para apoyar con 
las armas los derechos que creía tener d la co- 
rona do Francia, como hijo de Isabel, hija de 
Felipe el Hermoso. Contando con el apoyo de 
Alenuinia y Flandcs (1339), se presentó en Frau- 
ci:v con un ejército de 50 000 hombres, dando 
asi comienzo á la guerra de Cien Años. No al- 
canzó entonces resultado alguno favorable, y 
volviendo al año siguiente con 100 000 hombres 
puso sitio á Tournai y envió un cartel do de- 



EDUA 

safio al rey de Francia, Felipe VI de Valois, 
que se negó á medir sus armas con un vasallo de 
su corona. En esta segunda campaña la escuadra 
francesa quedó completamente destruida en el 
combate de la Esclusa. Ajustáronse dos treguas, 
pero Eduardo procuró, por medio de intrigas, 
que se rompieran las hostilidades. Inquieto por 
la conservación do la Guyena, el rey de Ingla- 
terra se embarcó con 30 000 hombres, y se diri- 
gía d Burdeos cuando un viento contrario le 
llevó á las costas de Normandia. Renunciando 
á su proyecto desembarcó en Cherburgo; atra- 
vesó la Normandia destruyendo cuanto hallaba 
al paso; cruzó el Sena, engañando con habilidad 
á las tropas francesas qne le perseguían; marchó 
contra la Picardía; pasó el Somma con igual 
fortuna; se apoderó de una posición excelente 
y ganó al rey de Francia, que lo seguía de cerca, 
la batalla de Crecy (26 de agosto de 1346), 
triunfo en el que tuvo gloriosa parte el príncipe 
de Gales, hijo de Eduardo VI. El vencedor ganó 
al año siguiente la plaza de Calais. Con la vic- 
toria de Crecy creía abierto el camino hasta el 
centro de Francia; pero como guerrero inteli- 
gente procuró asegurar la posesión de la impor- 
tante plaza de Calais, y así, durante ocho años, 
pudo creerse que estaba satisfecho con las con- 
quistas citadas. Aún pareció monos ambicioso 
cuanilo rehusó los sufragios que le ofrecían para 
la elección del Imperio de Alemania. Mas en 
los días de Juau el Bueno, rey de Francia, se 
renovó la guerra en la Guj'cna, d donde marchó 
el príncipe de Gales. Los ingleses ganaron la 
batalla de Poitiers (19 de .septiembre de 1356), 
no menos decisiva que la de Crecy. El rey de 
Francia y uno de sus hijos cayeron pri.sioneros. 
Aprovechando la cautividad de Juan el Bueno 
y las revueltas del reino de éste, intentó Eduar- 
do una invasión por el Norte; penetró hasta las 
puertas de Parí.s y Reims, donde esperaba ser 
consagrado como rey de Francia, pero hubo de 
contentarse con un tratado (8 de m.ayode 1360) 
por el que adquiría la mitad de Francia. Luego 
dio d su hijo la investidura del principado de 
Aqnitania y I3 confió el gobierno de la Francia 
meriilional; mas al cabo do algunos ai5os los 
franceses vengaron sus derrotas y reconquistaron 
las provincias perdidas. Eduardo VI abandonó 
cst.is conquistas en virtud de una tregua firmada 
en 1375, y sólo conservó las plazas de Burdeos 
y Calais. No mucho más tarde murió el príncipe 
de Gales. Habían pasado los días de gloria para 
Eduardo VI, que falleció triste y abandonado. 

-Eduardo VII: Biog. Rey de Inglaterra, 
hijo de Ricardo (duque do York). N. en 1441. 
M. en abril de 14S3. Con evidente error y 
menos justificación que en los anteriores, suele 
darse d este monarca el número IV en la lista 
cronológica de los soberanos de Inglaterra. Man- 
teniendo los derechos de su familia después del 
fallecimiento de su padre y de su hermano ma- 
yor, derrotó en Mortimer-Cross á Tudor, conde 
de Penibroke, y llevando al extremo la rapidez 
de resolución de que careció el autor de sus dias, 
marchó directamente contra Londres, donde 
entró sin resi.stencia y ganó en poco tiempo el 
favor del pueblo, gracias á su juventud, su auda- 
cia afortunada y su hermosura. El ejército ven- 
cedor y el pueblo, convocados en la llanura de 
San .Juan, le dieron la corona, Eduardo, en efec- 
to, fue coronado en "VVéstminster en 20 de junio 
de 1461. El rey destronado, Enrique VI, era 
prisionero de Eduardo; pero su esposa, la enér- 
gica Margarita de Anjou, que en realidad era la 
que dirigía el partido lancasteriano, se mante- 
nía aún en el Norte, donde había reunido un 
ejército poderoso. Eduardo ca.stigü con terrildo 
severidad d los grandes que no figuraban en su 
partido, y juntando todas sus fuerzas partió 
con Warwick el Haci'dor de reyes, su poderoso 
auxiliar. Los dos ejércitos lucharon con furor en 
Tauuton. Eduardo alcanzó la victoria, no dio 
cuartel á los vencidos, y llevó al patíbulo 3G00O 
hombres. De regreso en Londres hizo que el 
Parlamento reconociera sns derechos d la coro- 
na y que ratificara su elección. Saciados su odio 
y deseos de venganza, buscó amores que su po- 
sición hacía fáciles, Warwick pasó al Continen- 
te y negoció con fortuna el casamiento do su rey 
con la princesa liona do Saboya, cuñada do 
Luis XI de Francia (1465). Do vuelta en Ingla- 
terra supo qun Eduardo VII había casado con 
Lsabel Woodville, viuda del caballero Gray. Dis- 
gustado por esta y otras causas, Warwick ofre- 



EDUA 



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cío d los de Láncaster su poderoso apoyo; pro- 
vocó el alzamiento de algunas provincias; ganó 
al duque de Clarenza, hermano de Eduardo VII; 
se puso de acuerdo ccu Margarita de Anjou, re- 
fugiada entonces en Francia, y desembarcó en 
el Sur de Inglaterra en los días en que el rey 
sofocaba una insurrección en el Norte. En poco 
tiempo vio aumentado de modo extraordinario 
su ejército, y Eduardo huyó á un puerto de 
mar, donde se embarcó. "Warwick se trasladó á 
Londres, sacó d Enrique VI de la prisión y le 
proclamó rey .solemnemente. Un Parlamento 
aprobó esta resolución y declaró d Eduardo trai- 
dor y usurpador (29 de noviembre de 1470). 
Favorecido por Carlos el Temerario, duque de 
Borgoña, desembarcó Eduardo en Inglaterra con 
nn puñado de hombres (1471), y engañando d 
Warwick con una marcha rápida, llegó á las 
puertas de Londres, que no le fueron abiertas, 
lo qne podía causar su perdición. Por fortuna 
para él, contaba con la ayuda de las mujeres y, 
según parece, con la de un número imponen- 
te de acreedores. Warwick le seguía de cerca. 
Eduardo se atrajo á su hermano, que huyó con 
una gran parte de las tropas. "Warwick (juedó 
vencido. Margarita y su hijo, que en seguida 
fué asesinado, cayeron prisioneros, y el vencedor 
buscó el olvido de las matanzas en medio de las 
fiestas y placeres. No había olvidado Eduardo 
la conducta observada en otro tiempo por el 
duque de Clarenza, y tendiéndole un lazo logró 
que fuese condenado d la última pena. Su her- 
mano le permitió elegir el género de muerte: el 
duque de Clarenza quiso morir ahogado en un 
tonel de vino de Malvasía (1478). La orgía, en 
aquel reinado, alternó siempre con los actos de 
crueldad. Eduardo, durante los preparativos de 
una guerra contra Escocia, fué atacado por gra- 
ve enfermedad y murió á los cuarenta y dos años 
de edad. Personificación de la furiosa lucha co- 
nocida con el nombre de Guerra de las dos Ro- 
sas, Eduardo VII tenía gran valor y poseía el 
instinto de la guerra, pero su alma se hallaba 
devorada por la ambición. 

-Editaedo VIII: Biog. Rey de Inglaterra. 
N. en 4 de noviembre de 1470. M. en 1483. 
Muchos historiadores le dan el número V en la 
lista cronológica do los soberanos do Inglaterra. 
Era hijo de Eduardo VII, d quien sucedió. Si 
se ha de creer d sir Tomás Moore, escritor casi 
contení pordneo, murió, como un hermano suyo, 
ahogado por orden de su tío Ricardo, que ocupó 
el trono. 

-Eduardo IX: Biog. Rey de Inglaterra, hijo 
de Enrique VIII y de Juana Seymour. Es gene- 
ralmente conocido con el nombre de Eduardo VI. 
N. en 1538. M. el 6 de julio de 1553. Discípulo 
de dos verdaderos sabios, Antonio Cookey Juan 
Cheke, vivió en los dias en que agitaba d Ingla- 
terra la reforma religiosa. Su reinado, que co- 
menzó en 1547, ofrece como carácter distintivo 
la lucha de los qne aspiraban á ejercer el poder 
durante la minoría del rey. El duque de Sóm- 
nierset, su tío, gobernó primeramente como pro- 
tector; persiguiendo el proyecto de unirá Eduar- 
do con la reina de Escocia, María Estuardo, llevó 
la guerra á los Estados de esta princesa, al ver 
que no podía vencer la oposición de los escoceses. 
Logró algunos triunfos, pero hubo de regresar d 
Londres para deshacer las intrigas de sus ene- 
migos, uno de ellos su propio hermano el lord 
almirante. Eduardo firmó, sin embargo, la sen- 
tencia de muerto de su tío, el duque de Sóm- 
nicrset, y el poder que éste había ejercido pasó 
d Dudley, duque de Northúmberland. Educado 
por decididos partidarios de la Reforma, Eduar 
do mostró gran celo por el triunfo del nuevo 
culto. Los actos de rigor que otros le imponían 
despertaban sus sentimientos de piedad. Las 
Memorias contcnipordneas hablan con admira- 
ción de su saber y do sus excelentes cualidades. 
Eduardo IX murió víctima do las viruelas. 

EDUARDO I: Biog. Rey de Portugal. N- en 
1391. M. 011 Tomar, en la Extremadura portu- 
guesa, en 9 de septiembre de 1438. Era hijo de 
Juan I y de Felipa do Láncaster, y so distinguió 
por el valor que mostró en vari.as circunstancias, 
sobre todo en África en la toma do Ceuta. Casó 
en 1428 con Leonor de Aragón, que falleció en 
1445, y ocupó el trono en 15 de agosto de 1433. 
No bien celebró su coronación, hizo reconocer 
como heredero á su hijo Alfonso, que apenas 
contaba veinte afios de edad. Para favorecer al 
infante don Juan, quinto hermano del rey y 



7S 



KllUA 



con(lestat)l(! ilc PoitiiKi»!, 1"í;i" que <^^ Pniitifice 
Eugenio IV librase del voto ilo castidiiil á los 
caballeíoa <lo Santiago y ile San Juan, á lili (le 
que en lo suei.sivo ¡nidií ran contiuer iiiatrliiio- 
nio. Hizo tiaiispriitai' con iionijia sin ejemiilo 
(1-131) el ciierpo de su padre á la iglesia de la 
Batalla, ú Itiincdial.aineiite se trasladó á Lei- 
ria y luego á Saiitaieni, donde rennici Corte», 
en las iine eonsiguiú (|ue l'neae aceptado nn Có- 
digo iiaeioual de leyes niiieas para todo el rei- 
no, pues liasta aquella époea. ¡i ejeiiililo de lu 
í|ue sueeilía en los distintos reinos de España, 
liaiiia existido una legislaci.in l'oral y de privile- 
gios varia y conl'nsa. Taniljiéii dietó reglas contra 
el lujo en los trajes y en las comidas, y so so- 
metió á estas leyes, c|nc impuso también á su 
corte. Sometió á su Consejo el proyecto de un 
desembarco en Aniea, empresa que deseaban 
acometer ¡os jóvenes de la nobleza, y vió^ divi- 
didas las opiniones ya en lo que se lercria á la 
ntilidadile aquella guerra, ya acerca de los me- 
dios de ijecutarla. El infaute don l'edio, duque 
de (.'oiniíira y segundo bermano del rey, se opuso 
con la mayor energía á la realización de tal pen- 
samiento, pero sus liermanos fueron de opinión 
contraria. Don .luán, sin inibargo, aconsejó que 
noscejecutaiasinosedispunía do una escuadra 
numerosa y de un liuen ejército. Los infantes 
don Knrii|ue, duque de Vieso y gran maestre de 
la Orden de Cristo, y don Fernando, gran maes- 
tre de la Orden de Avis, consultando siilo á su 
valor, afirmaron que bastaría un corto níuncrodo 
soldados, recor<lando la fácil y gloriosa conquis- 
ta de Ceuta, realizada por su padre. Eduardo, 
que no disponía de graiules recursos, siguió este 
ultinu) consejo, y á ello le decidió una bula pro- 
cedente de lionia, que vino á saulilieav la reso- 
lución caballeresca de sus liermanos. La reina 
Leonor, sieni|ne enemiga de don Pedro, unió sus 
esfuerzos á los de los dos infantes. Acordóse di- 
rigir contra Tánger un ejército de 14 000 hom- 
bres pró.ximameutc, mas la empresa repugnaba 
indistintameutc al pueblo, y así, en el nu)nu!Uto 
de la jiartida, sólo se disponía de unos ocho mil 
hombres para ir ala conquista de una de las ciu- 
dades nuisfuertesdcl África. Losinfantes iínriquo 
y l<"ernando se embarcaron cu '2'2 de agosto de 
1136 y aljordaron á Ceuta. Allí pasaron revista 
á sus fuerzas, pucsel ilcsonlen con que se verificó 
el emli.arque no permitió verificarlo en Europa, 
y con sorjiresa conocieron entonces su debilidad. 
Propusieron varios oficiales que .se devolvieran 
las naves áPortug.Tl para embarcar en ellas nue- 
vas tro]ias, mas los infantes juzgaron peligroso 
todo aplazamiento, que permitiría al enemigo 
preparar la defensa. Don líurique marchó por 
tierra con la mayor jiarte del ejército, y don 
Fernando se trasladó por mar á Tánger. Los dos 
hermanos formalizaron el sitio de la plaza en 23 
de septiembre. Uniéronse los africanos para de- 
fenderla, y el rey de Fez avanzó con un (jéreíto 
numeroso, que algunos escritores portugueses 
elevan d la increíble cifra de 600 000 infantes y 
80 000 jinetes. Atacados en sus fortificaciones 
los sitiadores, lucharon heroicamente y rechaza- 
ron repetidos a.saltos. No obstante, encerrados 
entre la ciudad y el ejército enemigo, viérouse 
obligados á tratar con el rey de Fez, y le ofre- 
cieron devolverle Ceuta si permitía que los por- 
tugueses se reembarcaran libremente. Aceptó la 
propuesta el africano, á condición de que uno de 
los infantes quedara en rehenes hasta la ejecu- 
ción del tratado. Don Fernando se ofreció gene- 
rosamente, y don Eniiquc pudo regresar con los 
restos del ejército portugués á Ceuta, donilo ha- 
lló á.su hermano Juan que le llevaba un refuerzo 
con.siilerable; era demasiado tanlc. Eduardo I 
censuró la conducta de los infantes, y el Con.sejo 
de Portugal decidió que no so cumpliera el tra- 
tado. Ceuta no volvió al ptider de los musulma- 
nes, y éstos retuvieron á don Fernando, á quien 
«habían recibido para responder de la palabra de 
los cristianos, y- á quien conservaron como una 
prueba de la manera como la cumplían. » Realizó 
Eduardo grandes preparativos para obtenei- por 
la fuerza de las armas la libertad de don Fer- 
nando, pero una peste que diezmó á Portugal le 
hizo desistir de tal empeiio. Para evitar el con- 
tagio se retiró al monasterio de Tomar, y allí, al 
abrir una cirt.a, segéin cuentan Garibay y Vas- 
concellos, fué repentinamente atacado por la 
peste y sucumbió pocas horas después. Por su 
testamento confiaba á doria Leonor la regencia 
del reino, y la recomendó e.\'presamente que á 
costa del Tesoro, ó á cambio de Ceuta, rescatara 



EOT'C 

al infante Fernando; nada de esto se hizo. 
Eduardo era un principe instruido y juicioso, y 
po.seia una habilidad poco común en los ejerci- 
cios de la caballería. Fué considerado un modelo 
de priiici(ies, y de él suelen decir los historia- 
dores portugueses que para ser un príncipe per- 
fecto le faltó únicamente el concur.sode mejor 
fortuna. Realmente carecióde la firme voluntad 
que caracteriza á los grandes monarcas, y aunque 
en su escudo puso estas ])alabras: Lucu it ttnt- 
pon:, faltó siem])re con sus actos al espíritu de 
esta divisa. Dejó seis hijos: Alfonso V que le su- 
cedió; don Fernando, duque do Viseo, gran 
maestre del Cristo y de Santiago y conilestable 
de Portugal; Felipe, muerto en la infancia; Leo- 
nor, casada en 1-152 con Federico III, emperador 
de Alemania; Catalina y Juana, que ca.só con 
Enrique IV de Castilla. Tuvo adem:ls un hijo 
natural llamado Juan Jlanue!. Compuso Eduar- 
do numerosas obras, por las que ocupa un lugar 
distinguido en la historia de la Literatura por- 
tuguesa, lié aquí los títulos de sus trabajos: 
O Leal Consdheiro, dedicado á la reina doña 
Leonor: contiene profundas y delicadas reflexio- 
nes moralesy políticas; Do Rcyimcnto da Ju'itcra, 
etc. ; J)a Misericordia ; Arte tic domar os Camilos; 
Conselho contra a, inlcmperanca; Consclho a scu 
irmáo I). Pairo, cuanilo este infante partió para 
Hungría,- Conselho ó Avizo csoiritual; Summaria 
para a I'rerjaeam do Condcstavd; Memorial para 
as Exerjuias del rey Jwio I; Ordem de como os Tu- 
ftntrs havido jiroceder com scu pay; Iteposta sen- 
do Principe uo Jiifaníe D. Fernando, etc. ; J)a 
liilenr/io que huhcmos Icr para nos salvar; Da 
Mancira de ler os livros; Jicgimcnto para aprren- 
dcrájogar as armas; Instruido a seus irmCios, 
cuando partieron para el África; Motivos que tevc 
para declarar guerra aos Monros;^Lcmhranco dos 
Xascimenlosdcscus. Jillios; Ohsermriio da Lúa; 
Ohservcírúo sobre ti vcrsáo de huma lingoa para 
oulra, y Da rcpartieáo do Entendimiento. 

EDUARDO BRUCE: Piuc/. Rey de Irlanda. 
M. en 1318. Cnmbali(i bravamente á favor de 
su hermano Roberto I, en las luchas que éste 
sostuvo contra los ingleses; después pretendió 
disinitarle la corona, |iero Roberto aprovechó la 
petición que le hizo una diputación irlandesa 
de que designase á un indiviiluo de su familia 
para que ocupase el trono do Irlanda, se lo pro- 
pu.so á Eduardo, aceptó é>te, y en su consecuen- 
cia marchó á la verde Erin á la calieza de cinco 
rail escoceses. Derrotó á los CDonnell, á los 
0'P)ricn, á los O'Connor y O'Neill, les hizo re- 
conocer su soberanía y .se coronó en Dundalk. 
Más tarde, disputando la .soberanía de la isla 
á los ingleses, halló ,mi muerte en la batalla (jue 
se dio cu este último punto. 

EDUARDSIA (de Eduardo, n. ]U-. ): f Bot. Ce- 
ncío de Leguniinosas amariposadas, tribu de l.as 
sofóreas. Comprende v.arias especies arliustivas 
propias de Nueva Zelaiula, con hojas alternas y 
flores axilares en racimos ó en espigas. 

EDUARDSITA(deB¿«arf?oj: f. Mincr. Mineral 
de color rojo ilc jacinto que se encuentra en Con- 
necticut. Es un fosfato de cerio, con algo de 
zircona, alúmina, sílice é indicios do pvotóxido 
de hierro. 

EDUCABLE: adj. Susceptible de educación. 

... los cachorros nacidos de padres bien en- 
señados, son tanto más edücables cuanto ni.a- 
yor es la semejanza física que tienen con sus 
padres. 

MoSL.iU. 

EDUCACIÓN (del lat. cducütlo): f. Acción, ó 
efecto, de educar. 

..., la sociedad tiene el derecho de arreba- 
tár.selos (los hijos á los padres), para salvarlos 
ella con su acertada dirección, eu su EDue.i- 
cióx cristiana y patriótica. 

Pacheco. 

- Educación: Crianza, enseñanza y doctrina 
que se da a los niños y á los jóvenes. 

Para la buena EDUCACIÓN de los hijos, es ne- 
cesario que el vínculo del matrimonio sea per- 
petuo entre los padres. 

P, Fr. Juan Márquez. 

La EDUCACIÓN de los príncipes no sufre des- 
ordenada la reprensión y el castigo. 

Saavedra Fajardo. 



EDUC 

- Educación: Cortesía y urbanidad. 

- Es un grosero sin educación, cto. 
Fernán Caiíali.ero. 

- Educación: FU. Desde el punto de vista 
más general, la educación es el cultivo físico, 
intelectual y moral de todos los seres suscejiti- 
blcs de desarrollo y perfeccionamiento. Como 
indica el sigiiiHcndo de la voz latina educare, de 
la cual se deriva la palabra educación, ésta nada 
intenta crear, sino que se limita y concreta á 
desarrollar, á poner en acción las pro]iiedades o 
las facultades contenidas en germen en nn indi- 
viduo dado. Como en la naturaleza no existe 
ningún ser vivo que no sea susceptible de modi- 
ficaciones mayores ó menores ó de perfecciona- 
mientos, puede decirse qno la educación es uni- 
versal. Todo .ser vivo se presta en grado mayor 
o menor á ser educado; mas á la palabra educa- 
ciVíít .se la ha dado un significado más estrecho 
sirviendo especialmente para expresar el sistema 
que emplearse debo para desarrollar las facul- 
tades del hombre. 

Tan íntimamente relacionadas están las ¡deas 
de edncaciém y do instrucción, que con frecuencia 
se las confunde, porniás(|ue hay entre ellas una 
diferencia que puede explicarse diciendo que la 
instnicoión es una parte de la educación, y, por 
lo tanto, la parte no puede confundirse con el 
todo. Más claro: la educación comprende el per- 
feccionamiento de las facultades morales, inte- 
lectuales y físicas del hombre, y la instrucción 
no es más que el de.s.irrollo de las facultades in- 
telectuales. Y aún hay más: la educación exige 
un equilibrio de desarrollo entre las tres facul- 
tades y un grado do desenvolvimiento que no es 
siempre el mi.snio, sino que ha do determinarse 
según la situación del cilucando: así que pued- 
ocurrir que exista un hombie bien educado y 
cuya instrucciiín sea muy limitada, y por el con- 
trario, otro muy instruido y cuya educación sea 
deficiente, por haber roto el equilibrio entre su 
facultad intelectual, física, y sobre todo moral. 
La necesidad de la educación es indiscutible; 
la naturaleza no ofrece más que primeras mate- 
rias groseras é informes, no cría más que salva- 
jes; el hombre civilizado ha sido hecho por la 
educación que, como después se dirá, es, antes 
que nada, personal. 

Mariana en su obia Del P,ey y de la inxtiti'- 
ción real, dice: «Muchas y muy buenas cosa- 
han pensado y decretado prudentes legisladon - 
para la recta organización de la república; ina.-, 
ningunas son de tanto valor como los preceptos 
para la perfecta educación de los niños.» 

Arquímedes decía: «Dadme una palanca y nn 
punto de apoyo y moveré la Tierra;» respecto á la 
cducaciíjn podría dec¡r.sc:«Dádmela y me dais ]>a- 
lanca y punto de apoyo para mover el mundo 
moral.» La educación ha sido .siempre objeto de 
altísimo interés para los pueblos, así antiguos 
como modernos. Las obras que se han escrito 
sobre la educación se cuentran por millares: toda 
la vida de nn hombre estudioso no b.astariapara 
leer una parte de ellas. Hombres eminentes eu 
ciencia y virtudes han consagrado sus desvelos 
en todas las é)iocas y países á dirigirá la juven- 
tud señalándole el camino que conduce más fá- 
cilmente á la perfección posible en lo moral y 
en lo físico. Quintiliano, Montegón, Víctor Ge- 
hant, Gall y tantos otros dignos de renombre y 
fama eternos, han convenido en la ineludible 
necesidad de cultivar las facultades humanas en 
las primeras edades, considerándolas como cam- 
po yermo y estéril, lleno de malezas y abrojos, 
ijuc sólo puede convertir.se en llorido y fructífero 
por medio del cultivo que la educación da. 

Los sistemas de educación han variado y por 
su naturaleza son eternamente variables, sino 
en esencia, ó, por mejor decir, en el fin que con 
ellos se desea alcanz.ar, en sus procedimientos, 
que obedecen á muchas j'mny diversas circuns- 
tancias que se refieren al grado de los conoci- 
mientos científicos, á la organización social, á la 
filosofía domin.ante y á las necesidades reales 
ó ficticia-s délos pueblos. En unos se dio un jire- 
dominio casi exclusivo ó la fuerza, al desenvol- 
vimiento de las formas exteriores, destinando al 
hombre á la lucha, al combate, como si la gue- 
rra fuera su estado natural, y fué esto así porque 
la guerra era entonces una necesidad, pues por 
todos se ha convenido en que fué nn medio de 
llevar la civilización. En otros se dio el predo- 
minio á la inteligencia, pretendiendo, como utó- 
picamente quería Platón , crear una repúlilica 



EDÜC 

de filósofos, y otros, por fin, anatematizan las 
pasiones, como Zenón y sus discípulos intenta- 
ron extinguir los afectos secando el corazón 
humano, fuente de los más grandes y generosos 
sentimientos y móvil de las más heroicas accio- 
nes. 

Considerada la educación de una manera ex- 
clusiva, cualquiera que sea la escuela que se 
acepte, siempre ha de resultar viciosa. Si ha de 
ser verdadera, debe cimentarse en el conoci- 
miento de todas las facultades humanas para 
desenvolverlas oportunamente y perfeccionarlas; 
de lo que lógicamente se deduce que, si ha de 
cumplir sus altos fines, menesteres que atienda 
á las necesidades de la organización y del espi- 
litu, ó, lo que es lomismo, á cultivary mejorar 
las facultades físicas, intelectuales y morales. 
En el conveniente equilibrio y la armonía nece- 
saria de los ejercicios destinados al desarrollo de 
las diversas facultades del hombre estriba el 
acierto en la resolución del difícil problema de 
la educación. Si se cultívala materia exclusiva- 
mente se embotará la inteligencia, se formará 
una genei'acióu de atletas; pero uo elevadas ca- 
pacidades que produzcan las grandes obras del 
espíritu. Si á costa de la materia se desarrolla la 
inteligencia quizá se obtenga una raza de ge- 
nios; pero, como no todos pueden serlo, no se 
oljtendrá seguramente más que una generación 
de hombres enfermizos y enclenques, no tan sólo 
de cuerpo sino también de espíritu, puesto que 
sus obras serían verdaderos desvarios de cerebros 
anémicos. Si con esmero se cultiva el organismo y 
la inteligencia, pero se olvida el sentimiento, la 
educación moral, la fuerza física é intelectual 
desarrolladas darán sus frutos; la generación así 
educada será fecunda para el mal y para el vicio. 
No hay, pues, necesidad de esforzarse en demos- 
trar la verdad antes establecida, de qxie sólo en 
una acertada y conveniente armonía en la di- 
rección y cultivo de las diversas facultades puede 
encontrarse la base de un buen sistema do edu- 
cación. 

Preciso es, además, recordar que no todas las 
facultades aparecen simultáneamente, sino de 
una manera sucesiva y gradual, en relación con 
las distintas edades, siendo este orden natural 
establecido por M. Gall un hecho de observación 
admitido como inconcuso. Las primeras mani- 
festaciones del espíritu son las que atañen á las 
facultades perceptivas; suceden á éstas las afec- 
tivas y, por último, las de reflexión, orden lógico 
que debe seguir la educación, á causa de hallarse 
establecido por la naturaleza, siendo absurdo 
pretender cultivar la semilla que no tiene con- 
diciones para germinar, á causa de no haber 
llegado á madurez el fruto que la envolvía. Es 
también necesario no prescindir del objeto de la 
educación, según los individuos. La educación 
del filósofo, por ejemplo, no ha de ser igual d la 
del artista, ni la del ingeniero ó arquitecto la 
que conviene al que profesa las sagradas letras; 
haciendo acompasados y unifoi'mes estudios pre- 
])aratorios para carreras tan diversas, necesaria- 
mente ha do obtenerse malos resultados. Entre 
las varias condiciones que van examinadas me- 
rece una atención preferentelas especiales aptitu- 
des de los individuos á quienes se dirigen los 
cuidados de la educación. La inteligencia huma- 
na ofrece en sus manifestaciones matices tan 
variados como diferencias presentan los rasgos 
fisionómicos de sus individuos. Conviene que se 
tenga en cuenta las disposiciones especiales de 
cada individuo, deducidas de las inclinaciones y 
tendencias f[uo manifiesten en sus primeros años. 
Por último, para dar cima á estas reflexiones 
generales sóbrela educación, hay que consignar, 
si([UÍora esta idea sea contraria á lo que opina la 
generalidad de la gente, que la educación no 
acaba nunca para el hombre y que debe durar 
tanto como su vida. 

Se ha dicho antes qne el fin de la educación 
es alcanzar el desenvolvimiento y perfección de 
las facultades morales, intelectuales y físicas del 
hondjre, y de esto so deduce lógicamente que la 
educación ha de ser física, intelectual y moral, 
y que liabrá que estudiar por separado cada una 
de ellas; pero antes será preciso tratar de lo que 
se llama educación personal. 

En la actualidad la educación personal pa- 
rece posterior á la educación reciliida; pero si 
liien se niira no es posterior sino simultánea, 
.lunto á lo.s conocimientos que adquiere el hom- 
bre por iniciativa ó impulso ajeno, adquiere 
otros ó desarrolla los adquiridos por impulso 



EDÜC 

propio. La naturaleza, se dijo, no ofrece más ] 
que primeras materias groseras é informes, no 
creó la naturaleza más que salvajes; el hombre 
civilizado es creación de la educación. Y ocurre : 
preguntar ahora: jsi la educación se adquiere 
por transmisión, el que transmite debería estar j 
ya educado ? pues nadie puede dar lo que no 
tiene; jy quien lo educó? La contestación se ; 
adivina después de lo expuesto. Se adquiere la j 
educación por im]nüso propio y se recibe por 
transmisión. La educación adquirida por impul- 
so propio es la llamada educación personal, que 
es algo posible, que no es un sueño, como por 
algunos se ha dicho. Si así no fuera, ¿cómo ex- 
plicar el paso desde el hombre salvaje al civili- 
zado? La educación personal se fnuda en la na- 
turaleza humana. Existen en el alma facultades 
que hacen posible la educación; una de estas 
facultades es la de estudiarse á sí mismo, y otra 
la de formarse á sí propio. Posee el hombre la 
facultad de recordar sus operaciones pasadas, 
de observar sus operaciones presentes, de apre- 
ciar sus capacidades y sus susceptibilidades di- 
versas, lo que puede hacer y lo que puede so- 
portar, conocer la medida de sus dilaceres y de 
sus penas, y asi es como aprende de una manera 
general cuál es su naturaleza y cuál es su des- 
tino. Esta facultad de conocerse es la que lo 
distingue del bruto. Mas la educación personal 
no es posible solamente porque el hombre pueda 
conocerse así mismo, sino porque puede obrar 
sobre sí, dirigirse, conducirse, cualidad sobre la 
cual está basada la responsabilidad humana. 
Tiene el hombre poder, no sólo de conocer sus 
facultades, sino de dirigirlas, de darlas impulso, 
de observar sus pasiones y de comprimirlas ó 
desarrollarlas. La educación personal tiene ne- 
cesariamente diferentes ramas que corresponden 
á las diferentes aptitudes de la naturaleza hu- 
mana; pero estas aptitudes, aunque sean diver- 
sas, están íntimamente unidas y se desarrollan 
á un mismo tiempo. El alma, que la Filosofía 
divide en varias facultades, es siempre una en 
su esencia, una en su viiia, reúne en un mismo 
acto sus diversas energías, el pensamiento, la 
sensibilidad y la voluntad; por consiguiente, al 
educarse un hombre á sí mismo es preciso que 
todos los principios de su naturaleza se des- 
arrollen á la vez. Sin embargo, como es con- 
veniente para la más fácil comprensión del asun- 
to considerarlas separadamente, se hará abstrac- 
ción de esa unidad de las facultades. 

En primer lugar la educación personal es 
moral. Cuando un hombre examina su yo, des- 
cubre dos órdenes distintos , dos especies de 
principios que es útil conocer. Encuentra deseos, 
apetitos, pasiones cuyo fin es el mismo, que no 
tienen más objeto que su placer, su interés, y 
después hrdla un principio opuesto á éste, que 
es imparcial, desinteresado, universal, un prin- 
cipio que le obliga á reconocer el derecho en los 
otros )' le impone obligaciones que á toda costa 
deben ser cumplidas, aun cuando se opongan á 
sus placeres, deseos ó intereses propios. Ningún 
hombre puede negar que dentro de él se agita 
una gran idea que está en oposición con su in- 
teré.s, y esa idea es la del deber, que claramen- 
te le dice que ha de practicar y respetarla jus- 
ticia imparcial y la benevolencia universal. Este 
principio de desinterés, al qne se llama unas 
veces razón, otras conciencia ó sentido moral, 
es nn principio real, es la facultad primera que 
el hombre debe desarrollar por la educación, 
porque de su desenvolvimiento depende el de 
las demás facultades. En segundo lugar la edu- 
cación personal es religiosa. Al examinarse el 
hombre ve en él facultades que le unen al mun- 
do exterior visible y finito, mundo que couoco 
por los sentidos, mas tand)ién halla una facul- 
tad que no se detiene ante el mundo de los sen- 
tidos, ante lo que existe en los límites del espa- 
cio y del tiempo, una facultad que busca lo 
infinito, la causa increada y que no descansa 
hasta concebir el espíritu eterno que todo lo 
comprende en sí. A esta facultad es á la que se 
llama espíritu religioso. Desarrollar este espí- 
ritu es educar religiosamente. 

La educación ])ersoiial es también intelectual. 
No es po.sible que el hombre se estudie sin que 
descubra en sí el principio intelectual, la facul- 
tad que piensa, que razona, ()ue busca la verdad 
y logra descubrirla. La inteligencia es el gi'an 
instrumento con cuya aymla llegan los honrbros 
á realizar sus deseos, es la facultad quo más 
llama su atención. Cuando piensan los hombres 



EDÜC 



79 



en perfeccionarse, su primer pensamiento es que 
deben cultivar su inteligencia y adquirir cono- 
cimientos. Se entiende por educación, no lo que 
debe ser, sino casi exclusivamente la educación 
intelectual. Para ella se fundan escuelas y cole- 
gios, y á ella se sacrifica la euseñanza morrd y 
religiosa. La inteligencia es indudablemente una 
facultad que debe ser esmeradamente cultivada, 
pero nunca debe considerársela superior al prin- 
cipio moral, pues sobre el principio moial se 
basa el desenvolvimiento del espíi-itu, y educarle 
es su fin su[)remo. Todo aquel que desee que se 
desarrolle su inteligencia debe comenzar por 
educarse moralmente. El estudio y la lectura no 
bastan para perfeccionar la razóu; hay algo que 
es anterior y superior á todo: el desinterés, que 
es alma de la virtud. Para alcanzar la verdad, 
que es el fin de la inteligencia, es preciso inves- 
tigarla con desinterés; esta es la primera y gran 
condición del progreso intelectual. La verdad 
debe aceptarse cualquiera que sean los resulta- 
dos que produzca, y con abstracción liecha del 
bien ó del mal que pueda causarnos. Sin este 
desinterés del espíritu, las grandes facultades 
naturales se extravian ó se pervierten, el genio 
se pierde y la luz de la inteligencia se apaga que- 
dando todo en tinieblas. Cuando falta el des- 
interesado amor á la verdad los argumentadores 
más sutiles se engañan al querer engañar á los 
otros y caen en las redes de sus soli.imas. Es un 
hecho muy conocido en la historia de la Ciencia 
y de la Filosofía que los hombres dotados por 
la naturaleza de una inteligencia extraordinaria 
han propagado los uiás groseros errores, y hasta 
han tratado de oscurecer esas verdades primeras 
que son la base de la virtud, de la dignidad y 
de la esperanza humanas. Por otra parte, exi^tl■n 
hombres que, uo habiendo recibido de la natura- 
leza más que una mediana inteligencia, por un 
desinteresado amor á la verdad y á sus semejan- 
tes se han elevailo iusensiblemeute á una fuerza 
y á uu desarrollo de pensamiento verdadera- 
meute notables. La cultura intelectual no con- 
siste, pues, como creen muchos, en acumular 
conocimientos, por más que esto sea muy im- 
portante; consiste principalmente en adquirir 
una fuerza de pensamiento que permita al hom- 
bre dirigirse libremente cuando necesite tomar 
una decisión en una ocasión cualquiera. Lo que 
indica esta fuerza es el poder de concentrar la 
atención, de observar con penetración y cuida- 
do, de reducir á sus elementos los asuntos com- 
plejos, de remontarse de los efectos alas causas, 
de descubrir las menores diferencias, asi como 
las menores semejanzas de las cosas, de leer en 
el presente el porvenir, y sobre todo de elevarse 
desde los hechos particulares á las leyes genera- 
les ó á las verdades universales. Este último 
esfuerzo de la inteligencia que se eleva á los 
grandes principios, constituye lo que se llama el 
espíritu filosófico y merece una educación perso- 
nal muy cuidada. 

Es también, la educación personal, social, pues- 
to que uno de sus jirincipales efectos es desarro- 
llar y purificar las alecciones que nacen iustinti- 
vaniente en el corazón humano, que unen á los 
esposos, al padre y á sus hijos, á los hermanos 
entre sí, y á los hombres en general. El desarro- 
llo de estas afecciones es una parte considerable 
de la educación personal; consiste en transl'or- 
mar el instinto en prineiiiio, la inclinación na- 
tural en verdadera simpatía, dándola un carácter 
razonable y moral. .Así, por ejemplo, el amor á 
los hijos es instintivo; mas si este amor instin- 
tivo no se convierte en un amor razonable, por 
el cual el padre desea ante todo hacer á su hijo 
bueno, noble, generoso, instruido, entonces .su 
amor no pasa de ser el cariño que los brutos 
sienten por sus hijos. 

Finalmente, la educación personal es también 
práctica, puesto que se propone como uno de sus 
fines principales la libre disposición en las accio- 
nes del hombre, ponerlo al nivel de sus empre- 
sas, habituarle á la constancia en sus proyectos 
y darle abundantes i'ecursos en la vidaordiua- 
ria, sobre todo en los accidentes imprevistos, en 
las épocas difíciles de peligros. Mas dejando esto 
punto, quedan aún dos ramas que lian sido casi 
completamente olvidadas en la educación, y qne 
en venhul no merecen tal desdén. Al estudiar 
la naturaleza humana se descubre en ella el sen- 
timiento ó la percepción de lo bello; en todos los 
hombres se halla el germen de esto sentimiento, 
y no hay facultad que sea más susceptible do 
ser educada. Es muy de notar quo los rccui'sos 



so 



ICDUC 



EDUC 



EDUO 



lino este sonliiniciito encuentra en el Universo 
son inlinitos. Siüouna peiincña paite Je la Crea- 
ci/m jiueile ai)roveiharel lionibre ¡lara procurar- 
se alimr.nto y vestlilo, niii-ntras ipic la Creación 
enti-M-a pn«:ile servir al sentimiento Je lo bello. 
]m belleza est;i en toilas partes: el Universo es 
su teniplo, y los hombres i|ue la sienten no p«c- 
lien mirar á )iaite alguna sin hallarla, 

La (lil'iisión lie lo bello en (íreeia pi'ueba ipio 
el ¡luelilo es capaz ilc gozar (le los placeres deli- 
cailos ipU! hoy se coiisiileran como priviIe;íio 
ilel menor número. ¿Y pneje neíjarse la imiior- 
taneia (pie tiene la educación >lel sentimi'-nto 
de lo belIo?jNo es liella la verdad? jXo es bella la 
¡ustieia? l'ues el ijue sepa sentir lo bello, amará 
lo venluilero y lo justo. Otra facultad tiene el 
hombre rpie debe cullivar sef;ón su capacidad, 
pero i|Ue í;eneralmente eslá muy olvidada del 
pmAilo, y es la l'aciliilad de expresar las ideas. 
Kl hombre no ha siilo creado para fjuardar su 
peu.^amicnto en .■•! Uiismo, sí para transmitirloy 
cambiarlo por medio .lela palabra, (¡ne es lo que 
mas le tli>liiii;ue de los animales. La supeiio- 
ridad del hombre sobre los otros seres no estrilia 
tanto en sus ideas cinuo en la facultad que tiene 
de manifestarl.'is. Un lionibre do un valor inte- 
lectual luás (|ue nirdiauo ]iuede aparecer sin 
valor ninguno en la sociedad, l>or dilicultad ilo 
expresión. No solanunto so adiiuiere cou una 
elocución fácil una iiilluencia sobro loa demás, 
sino que se ))resta una í;ran ayuda á la iuteli- 
ííencia damlo al pensamiento una expresión (dará 
y )ueci.sa; las coneepeioues propias llegan á ser 
más claras para el mismo iiuo luibla por el es- 
fuerzo hecho á lin do (¡ue le eulieudan los quo 
le escufdiau. 

Después do lo expuesto correspondo tratar de 
los medios que han de cniíilearso para favorecer 
la educación porsonal. Auto todo, el jírau medio 
educador, el quo los contiene en sí á todos, es (1 
¡uopósito lirnuí de sacar el mejor partido posiljle 
do las facultades ¡iropias. Una cosa es esencial 
para que la voluntad sea euéri,dca, y os la fe en 
la posibilidad ilo la educación {jcrsonal; una í'v. 
verdadera' que aspiro á algo mejor, ([uo enire- 
vea la perfección, que prometa progresos pro- 
porcionados á las energías empleadas, da alientos 
;i la voluntad. Hombres hay quo se desaniman y 
i|ue nada intentan porque tienen la idea falsa 
tli^ que la educ.-icióu sedo es jjosible por medio 
de la lectura de libros, que esto es el úni^o 
sn|nenu) y dicaz, cuando el gran libro educador 
es la naturaleza que está abierto para todos. 

Otro meilio importante de educación personal 
es ol dominio de los apetitos brutales. Para 
educar la naturaleza moral é iutebctu.al es pre- 
ciso donduar la naturaleza animal. La .sen^tiali- 
dad es un abismo en el cual .so humleu y se 
pierden un gran número de almas. El comer- 
cio con las inteligencias .superiores os también 
otro gran medio educador; la propia actividad 
es esencial para la CLlucación personal, pero el 
hombro no ha nacido para vivir sólo, es un 
ser cnnucuteniente sociable; la sociedad lo es 
tan neccsaiia como el aire ó la alimentación. 
l*or medio do los lil)ros so pone el hombre en 
relación cou las inteligencias superiores; en ellos 
los grandes hombres nos hablan, nos comunican 
sus preciosos ponsauíientos, y su alma entra eu 
el alma de sus lcctore.«. 

Mucho más pudiera dccir.so sobre la educaeiiín 
personal, mas basta cou lo dicho para tlar una 
idea general de su im|)ortaucia, im]>ortancia 
superior á la de la educaci(íu transmitida, aun 
cuanilo no sea mas que por la razón de que una 
termina en ol prinu'r cuarto de la vida á lo 
sumo, mientras que la otra no acaba sino con 
la vida del horobre. 

Pasando ahora á la educación transmitida 
que, como 3'a se lia dicho, se (.livide eu tísica, inte- 
lectual y moral, por razón de las facultades físi- 
cas, intelectuales y morales del hombre, se co- 
menzará diciendo quo la educación fí.sica coiii- 
prende cuanto atañe al desenvolvimiento orgáni- 
co, al regular ejercicio do las funciones y á eso es- 
tado de salud que hace agradable lavida. ü/ois.ía- 
jirt iit- corjioiY .s«iio hasidola constante aspiración 
de todos los grandes pensadores y filósofos ijiio 
desdo los tiempos más remotos han pretendido 
con laudable ün allanar al hombre el camino 
de la dicha. La constitución de un niño depende 
en gran ]>artc de la edad, del estado de salud, 
etc., de los que le h.iii dado el ser, dolo cual se 
deduce que, para obtener niños bien conforma- 
dos y robustos, sería preciso tener la facultad 



do poder elegir los ¡ladres. l'nedc ascgurar.seqne 
.siguiendo un cierto método de elección durante 
un determinado número de generaciones, so lle- 
garía á hacer que desopareeierun las enfermeda- 
des, los vicios de confoimacic'm, etc., que son 
naturales en ciertas familias. ICn rigor, la educa- 
ci'Jn física del hombre comienza ilesde el nio- 
nieiilo de su concepción, y á la Medicina coircs- 
poiide Ir.-izar la conduela que las mujeres deben 
.seguir durante el tiempo do la ineñez. 

En cuanto nace un niño el alimento que más 
le conviene es lakclie do su madre, pero pueden 
concurrir una multitud de causas que llagan 
deba ser preferida la de nna extraña. En general, 
y contra lo qne dice Rousseau, las madres ipie 
viven en los giamles centres de población obran 
acertadamente dando á sus liijos para quo se 
críen en el campo. La opinión general respecto 
á la alimentaeiun es rjue deben liacerse la.s co- 
midas á horas lijas; médicos hay, .sin embargo, 
i|Uo aconseian tpie ilebe liabituar>e ú los niños á 
quo coman ;i euahjuier hora y no someterlos á 
una regularidad contraria á la naturaleza, y que 
es origen de mil males eu cuanto so comete la 
menor infracción. Respecto á la clase do los ali- 
mentos deben preferirse losi|ue se produzcan en 
el país en quo so vive. El café, por ejemplo, 
muy bueno ]iara excitar la indolencia de un asiá- 
tico, no conviene á la naturaleza do un niño 
español. El uso de las bebidas espir'tuosasdebe 
pioscriliirse hasta que el cuerpo haya llegado á 
su total crecimiento. Un punto muy importante 
y muy delicado do la educacien fí.sica es el del 
coiiUti-ío. So ha rccmiocido que se veriíica entre 
las per.sonas que viven juntas y en intimo con- 
tacto un cambio do ciertos Huidos, de la misma 
manera que el calor .se iriailia entro cuerpos 
cuya temperatura es diferente, y los más ca- 
lientes comunican su calóralos menos calien- 
tes, I, os niños tienen una gran eantiilad de estos 
Huidos y no debo colocárseles al lado de perso- 
nas que por su edad les roben esos Huidos. Otro 
imnto i|ue también debe ob.servarse con cuidado 
es el de la temperatura á que debe someterse á 
los niños, y como reglageueral debe establecerse 
que use vestidos ligeros y que en la estación 
(icl invierno no debe privárseles que salgan al 
aire libre, tomando algunas ¡n'ccauciones quo 
b.astan para evitar todo peligro. lia Gimnasi.i, 
esa parte de la Higiene á la cual dieron tanta 
importancia los antiguos, y que entro los mo- 
deiiios ha estado olvidada durante mucho tieiu- 
]io, es de una inueg.able utilidad, pero relativ.a. 
Jja experiencia ha demostrado que los ejerci- 
cios corp<uab'S .son perjudiciales á las facultades 
del e»))íritu, y recíprocamente: los tebanos, que 
erau luchadores infatigables, jiasaban ]ior el 
[lueblo más estúpido deCJrecia. Los romanos no 
]iroilujeion ninguna obrado genio mientras es- 
tuvieron consagrados exclusivaiuento al ejercicio 
de la guerra. Los germanos, que se entregaban 
con exceso á ocupaciones semejantes, no tenían 
ningún conocimiento literario. Ha podido no- 
tarse también que los houilires estudiosos son 
pacíficos por lo general, sedentarios y muy ma- 
los .soldados. HüiMcio y Démostenos huyeron eu 
l.as batallas de Filipos y de Querouea. Cicerón 
no pasaba ¡jor ser muy belicoso. César fué en 
esto una excepción. Es digno de notarse que 
casi todos los grandes escritores, pintores, los 
más hábiles escultores, murieron sin dejar des- 
cendencia, ó si la tuvieron desapareció á la se- 
gunda ó tercera generación. De esto puede de- 
ducirse la necesidad de ejercitar por igual las 
facultades intelectuales y físicas del niño, pero 
siempre con moderación. Eu la piitiicra juventud 
(lefio darse la preferencia á los ejercicios corpo- 
rales, sobre todo cuando el niño anuncie una 
gran aptitud intelectual, y en el caso contrario 
convendrá dar la preferencia á los ejercicios 
itelectuales. La imaginación ejerce una gran iu- 
tlueucia sobre la economía animal; así ijue es 
muy conveniente que los niños no asistan á 
cierta clase de espectáculos ni lean cierto género 
de obras. En cuanto á las diversiones ó placeres 
(|no se les deben permitir debe darse la prefe- 
rencia á las que ejercitan el cuerpo y lijan su 
atención al mismo tiempo: las artes mecáuioas 
tienen esta doble ventaja. En los hospitales y 
en los establecimientos penitenciarios se ha ob- 
servado que ofrecen un preservativo ó nu reme- 
dio exeeleute contra la melancolía. El couoci- 
niieuto de un arte mecánico ofrece además un 
recurso c(mtia los reveses de fortuna. En ciertas 
cireunstaucias difíciles eu las que un gran poe- 



ta ó un insigne abogado pueden morirse de ham- 
bre, un hábil obrero, un ebanista por ejemplo, 
tendría un medio de ganarse la vida. Varias 
profesiones tienen el inconveniente de alterar 
hasta cierto punto la consiitución de los que las 
ejercen, y os indudable <|ue el mal se agrava si 
la ]Mofesión .se transmite de iiadres á hijos; es, 
pues, conveniente que esto no ocurra; así, por 
ejemplo, el hijo de un panadero deberá ser la- 
brador, el de un hombre de estudio deberá se- 
guir una carrera que reipiiera gran actividad 
corporal, etc. A esto se oponen las conveniencias, 
las relaciones, las facilidades sobro todo quo los 
padres encuentran jiaia dirigir á sus hijos por 
el mismo camino que ellos siguieron ; pero en 
ciertos casos, esto es, cuando so trate de deter- 
minadas profesiones, el i)adre jirudento deberá 
tener en cuenta este precepto y hacer cuanto 
esté en su mano jiara cumplirlo. En general, 
res¡tecto á la edueaciiín física, no hay más que un 
camino, el de la ob.servación, ipie es el (|ue puedo 
llevar al conocimiento de las leyes establecidas 
por la naturaleza. El conjunto de estas leves 
Ibrnia en la .actualidad una ciencia inip(utantí- 
sima, trascendental por sus efectos y de inmen- 
sas aplicaciones á los individuos y á los pueldos, 
que es la Higiene. Cabe la alta honra á la Medi- 
cina de ser la (|Ue con legítimos títulos ha cul- 
tivado este estudio, y, á impulsos de la obser- 
vación y de un severo criterio, señalado el rumbo 
que debe seguirse para preservar ala humanidad 
do los males quo la afligen. Preciso es que los 
conocimientos higiénicos se difundan y hagan 
accesibles á todas las clases de la sociedad, cui- 
dando las autoridades de que so loau por los ni- 
ños y adolescentes cartillas higiénicas, en las 
que se consignen do una manera clara y concisa 
los consejos relativos al prudente uso que debe 
hacerse de los alimentos, bebidas, ejercicio y 
asco, así como todo lo que pertenece á la sani- 
dad del domicilio, á lin de que, aprendidas en la 
infancia estas útilísimas nociones, uo se olviden 
en la edad adulta. Con esto mismo objeto acon- 
sejaban los autores que se fundaran en todos los 
pueblos, y aun en las más pequeñas aldeas, re- 
dneidüs bibliotecas donde encontrasen los obre- 
ros y agricultores lectura de buenos libros de- 
dicados á la conservación de la salud y á mora- 
lizar las clases indigentes. Convendría, además, 
propagar y fomentar los gimnasios, como ins- 
titución importantísima para desarrollar las 
fuerzas, embellecer las formas, aumentar la ac- 
tividad de todas las funciones y dar vigor y lo- 
zanía al honibie en los diversos ]>eríodos (lo su 
vida. 

Expuesto lo que debe ser la educación desde 
el punto de vista físico, se expondrá brevemente 
lo que conviene (pie sea en el .sentido intelectual. 
El célebre y nunca bien ponderado fisiólogo Gall 
estableció, en virtud de una rigorosa observación 
y de una severa lógica, quo las facultades inte- 
lectuales aparecían en el hombre de una manera 
sucesiva, á medida que iba desenvolviéndose y 
perfeccionándose el instrumento necesario para 
su manifestación. Vislúmbrase en los primeros 
albores de la vida la facultad de percibir, siendo 
las primeras nociones resultado de impresiones 
recibidas por los sentidos en presencia de los 
objetos que se .someten á su esfera de actividad. 
Los afectos se despiertan casi de una manera 
simultánea , y van adquiriendo incremento á 
]iroporeión qne se multiplican y hacen más ínti- 
m.as has relaciones de los individuos que están 
unidos por los lazos de familia. La razón, facul- 
tad la más snlilime del alma, que exige para 
ponerse en actividad nociones adquiridas por los 
sentidos y el poderoso estímulo do las afecciones 
ó sentiuiicutos, es la última en m.anifcstarse, 
hallándose cu toda su plenitud cuando el orga- 
nismo ha llegado al mayor grado de perfección 
y recibido la última mano de la naturaleza. 
Esta marcha sucesiva en las manifestaciones de 
la inteligencia, que está de acuerdo con las leyes 
deducidas do una exacta observación, no puede 
perderse de vista cuando se trata de dirigir la 
educación eu las primeras edades. Apartándose 
do ésta se invierte el orden fijado jior la natura- 
leza y se malogra estérilmente el tiempo en estu- 
dios que no están en armonía con la capacidad 
intelectual. Infiérese naturalmente que en la 
infancia es absurdo y sobrado quimérico propor- 
cionar conocimientos que exijan seria atención, 
estudios prolijos y la actividad de las facultades 
reflexiva.s. Forzoso es convencer.se do que no 
pueden cultivarse en tan tierna edad sino los 



EDUC 

idiomas, (luo exigeu priucipalrneute memoria, 
bastante lozana y vigorosa en ese período de la 
vida, y la Historia Natural y Geografía, repre- 
sentadas en objetos accesibles á los sentidos. 
Deben aprovecharse con este fin ciertos sencillos 
métodos, como el de Froebel, con cuyo auxilio 
consi"uen los niños, sin esfuerzo ni fatiga de su 
inteligencia, fijarlos en su memoria de una ma- 
nera indeleble.' Las Matemáticas, Física, Quí- 
mica, Lógica, Psicología é Historia profana y 
sagrada, son ciencias en las que no puede darse 
uirpaso sin rjue la razón intervenga decidida- 
mente y despliegue sus poderosos recursos. Estos 
estudios de segunda enseñanza se aprenden las 
más de las veces de una manera rutinaria, con- 
fiando á la memoria lo que es del terreno dé la 
razón, de lo que resulta que en edad más ade- 
lantada la educación intelectual carece de soli- 
dez, por ser su cimiento sobrado leve y delez- 
nable. Es innegable que estos primeros pasos 
dados en la Ciencia deciden del porvenir de la 
educación intelectual del hombre, como decide 
de su vida el nacer con una organización .sana y 
vigorosa y encontrar en la lactancia materna ó 
extraña los elementos de una buena nutrición. 
De nada sirve dar al cerebro de un niño ideas 
que no pueda elaborar, como sería trabajo estéril 
y hasta imprudente proporcionar á su estómago 
infantil alimento que no pueda digerir. La ley 
es en este punto idéntica, y aplicable lo misino 
á la inteligencia que á la organización; el hom- 
bre se alimenta con las sustarrcias que puede 
digerir y se instruye en las ideas que puede ela- 
borar. Fatígase el cerebro como los demás órga- 
nos y la inervación que consume en su ejercicio 
reclama el descanso para repararla conveniente- 
mente ; ley fiisiológica que no debe olvidarse 
cuando se trata de la educación intelectual de 
los jóvenes. 

Es indispensable en todo buen sistema de 
educación que no se olvido la parte que corres- 
ponde ala moral. Mayor interés tiene la socie- 
dad en contar en su seno hombres buenos y mo- 
rales que hombres vigorosos é inteligentes, 
siendo el desiderátum que sus individuos sean 
morales, inteligentes y vigorosos. La educación 
moral va unida á la religiosa. Sobre esta última 
nada ha de decirse aquí, pues siendo varias las 
religiones, claro es que varias han do ser las 
eirseñanzas. Pero independientemente de todas 
las religiones existe una moral, la moral uni- 
versal, y sobre ella sí puede tratarse. Nunca es 
más provechosa la educación moral que cuando 
se recibe en el seno de la familia, cuando las 
madres desde los primeros años de la vida de 
sus hijos hacen brotar en sus corazones senti- 
mientos generosos de veneración, respeto y amor 
á sus padres, á sus semejantes y á sí mismos. 
Toda educación moral ha de inculcar el amoral 
trabajo, que tan necesario es como elemento de 
producción y riqueza y de felicidad. Todos los 
hombres están obligados áél, porque todoshan 
recibido de la natur.aleza facultades para poner- 
las en acción, en beneficio propio y de sus seme- 
jantes. Todos, por otra parte, deben producir 
física é intelectualmente para ayudar á reparar 
lo que habitualmente consumen, y no ser una 
pesada carga á la familia y á la sociedad. El 
trabajo además ocupa útilmente el espíritu y la 
parte material de nuestro ser, preservando del 
tedio, del inllujo fascinador de las malas pasio- 
nes, y convirtiéndose do este modo en un medio 
eminentemente moralizador. La educación mo- 
ral debo enseñar y fortificar el respeto á la 
autoridad, tan enaltecida y venerada en otros 
tiempos y hoy tan amenguada y desprovista de 
la brillante aureola de prestigio que la rodeaba. 
Para hacer provechosos estos esfuerzos hay que 
comenzar la obra en el seno de la familia, res- 
tableciendo la autoridad del [ladre y apoyándo- 
la sin convertirla en odiosa tiranía ni en aiUisto 
retraimiento. Conciliable es el amor con el res- 
peto, y no excluye una á otra virtud cuando no 
so obedece exclusivamente á los impulsos del 
corazón y se oyen los consejos de una razón des- 
apasionada, inspirada sólo en la justicia. Debe 
por último acostumbrarse á los jóvenes á la viila 
del hogar, haciéndosela agradable y dulce. No 
se debe encarecer la vida de la familia, que tanto 
conduce á la felicidad del hombre. Desgraciada- 
mente, en los tiempos que corren no es la vida 
del hogar tan codiciada como en otros lo fué; 
hay hoy desvío censurable, reprensible aparta- 
miento; .se buscan placeres más bulliciosos, y 
esto relaja los vínculos de la familia, debilita 
Tomo VII 



EDUC 

los afectos, despierta las malas pasiones, halaga 
el vicio, y tiende, en una palabra, á desmorali- 
zar la sociedad. Más adelante pudieran llevarse 
estas consideraciones, pero no lo peimite la ín- 
dole de este trabajo, y basta con lo expuesto 
para dar idea clara do lo que es la educación eir 
sus tres divisiones, física, intelectual y moral. 

Con el difícil problema de la educación están 
relacionadas y se desprenden de él muchas é 
importantes cuestiones, de las qncconviene tra 
tar. Una de estas cuestiones, que ha sido motivo 
de gran controversia entre los moralistas, es la 
siguiente: ¿Bastan el padre y la madre para edu- 
car á sus hijos, ó es precisa la intervención de 
personas extrañas? No es cosa fácil contestar 
precisa y categóricameirte á esta pregunta. En 
los primeros años de la viila la madre es el lui- 
mer elemento de educación ; no sería posible 
privarla del derecho educador que tiene sobre 
sus hijos, puesto que la misma naturaleza le ha 
dado esa misión. La educación más deficiente y 
desdichada es aquella en la que no se ven hue- 
llas de la autoridad de la madre, que con su 
cariño modera las pasiones fogosas y extiende 
sobre la sociedad humana un aspecto de con- 
descendencia mutua que es todo el carácter de 
la sociedad humana. En cuanto á la marcha 
gradual de la educación , la mujer comparte en 
ella con el hombre la iniluencia que por la na- 
turaleza le corresponde. El niño crece y se Ibrnia 
en el seno de la familia, bajo la autoridad del 
padre, pero también bajo los tiernos cuidados 
de la madre, doble acción necesaria á ese lento 
y difícil desarrollo. Pero en esa división de fuir- 
ciones es preciso que cada influencia sea recono- 
cida perfectamente, por más qirc las dos cami- 
nen unidas: la del pailre como imagen de la 
autoridad; la de la madre como imagen de la 
sumisión; una grave y austera; otra dulce y 
benévola, y las dos tendiendo á preparar al niño 
á una vida común en la que el desiderátum de 
la educación será respetar la libertad de los 
otros sin sacrificarles por entero la suya. Con- 
vienen todos los autm'es en que la primera edu- 
cación corresponde de derecho á la madre; pero 
al llegar á cierta edad, que no es la infancia ni 
la juventud, la autoridad de la madre es insufi- 
ciente para calmar cierto espíritu de rebelión 
que se despierta en los jóvenes, y entonces se 
hace necesaria una autoridad extraña. Ahora 
bien, y aquí nace otra cuestión importante: 
¿dónde hallar esa autoridad? Opinan unos que, 
cuando se deja sentir en les jóvenes ese espíritu 
de independencia, es preciso que se halle en con- 
tacto con otros niños, atormentados como él por 
ese des])ert.ar de la libertad, y ya ese ejemplo será 
una poderosa represión; es decir, que para esa 
edad creen que el mejor sistemado educación es 
el de la educación en común, la que se recibe 
en los colegios. ¡Qué es la vida en común, pre- 
guntan los partidarios de este sistema, sino irn 
preludio de la vida? Para que el niño esté pre- 
parado para las virtudes del mundo, es necesario 
obligarle á vivir en el mundo, y el mundo de los 
niños no puede ser otro que el colegio. La educa- 
ción común es una preparación necesaria para las 
costumbres y las necesidades mutuas de la so- 
ciedad: arranea el egoísmo del corazón, modera 
la vanidad, destruye la cólera, la envidia y to- 
das las pasiones fogosas. Pero la educación de 
los colegios, objetan otros, tiene muchos peli- 
gros. La de los colegios corrompidos, sin duda 
alguna. Si se entrega un niño á manos merce- 
narias, no recibirá buena educación seguramen- 
te. La educación no es un tráfico, y, cuando lo 
es, es infame. 

En otros tiempos la educación de la familia, 
es decir, la educación natural, pudo bastar; pero 
ya pasaron aquellos tiem]ios, por más que la 
familia debe dirigir siempre con .su influencia y 
vigilancia la educación. Los enemigos de la edu- 
cación en común dicen que el mayor mal quo 
tiene este sistema es que por pequeña que sea 
la comunicación entre los educandos, siempre so 
transmiten con más facilidad las malas pasiones 
que las buenas por condición humana y por la 
edad; además, añaden, la educación en común 
separa á los niños de sus familias, rompe lazos 
que debe procurarse que cada vez sean más es- 
trechos, el niño se siento extraño en su casa; 
en el colegio oirá explicaciones morales, mas no 
verá ejemplos que en su casa pudiera ver, y es 
indudable (jue más educa el ejemplo que la pa- 
labra. Diíanle en el colegio quo el trabajo es 
una gran virtud, y verá trabajar á sus eondiscí- 



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pulns; pero pensará que, como él, trabajan por 
imposición, mientras que en su casa puede ver 
á sus padres que se afanan por satisfacer sus ne- 
cesidades y que por amor trabajan. La cuestión 
hasta aquí queda sin resolver, y es esto así por- 
que no so ha planteado bien, ó, mejor dicho, 
porque no hay tal cuestión, sino que la discu- 
sión nació de confundir la idea de educación 
con la de instrucción. La educación, es induda- 
ble, no puede darse en común, pues el mundo 
de los niños en nada puede compararse con 
el mundo real, y, por lo tanto, no es ni puede ser 
una preparación para la vida, ni en él, por mu- 
cha que sea la vigilancia, puede existir la mora- 
lidad que en el seno do la familia. Respecto á 
la instrucción en común, la cuestión varía do 
aspecto. Debe hacerse en todo caso á la edad en 
que ya se ha pasado algunos años de la puber- 
tad, cuando la educación moral y física están ya 
muy adelantadas, pero siempre la comunidad 
ha de ser de un reducido número de educandos, 
para que sea más directa la comunicación entro 
el maestro y los discípulos. 

Las ideas que se han expuesto al tratar esta 
última cuestión se hallan confirmadas por el 
insigne escritor D. Gaspar Melchor de Jovella- 
nos, en su Memoria sobre cdncadún púllica. La 
autoridad de Jovellanos obliga á transcribir sus 
palabras:... «Si se trata do los principios teóri- 
cos de la moral religiosa y civil, es claro quo 
pertenecen á otra edad, y que forman ¡a parto 
princijial de la enseñanza literaria. Mas si so 
trata de la dirección de las acciones y el ejercicio 
de las virtudes que se refieren á estos principios, 
siempre creerá que esta parte sea tan difícil 
cuando no inascíiuible á la disciplina de los se- 
minarios, por buena y vigilante cjue sea, como 
fácil y adecuada á la vida y educación domés- 
tica. Semejante enseñanza es más bien de hecho 
que de raciocinio, y se da más bien con ejemplos 
que con discursos. Para darla no se necesita 
ciencia ni erudición; bastan la piedad y la pru- 
dencia, dirigidas por aquel precioso interés que 
la mano de la naturaleza imprimió en el corazón 
de todos los padres; piorque no se debe olvidar 
que las verdades morales son verdades de senti- 
miento. El hombre, por decirlo así, las halla 
antes en su espíritu, las siente más bien que las 
conoce, ó las conoce y ve de una ojeada y sin 
necesidad de profundas reflexiones. Una luz 
clara ipie el Creador infundió en su corazón se 
las descubre, y una voz secreta que excitó en su 
interior se las anuncia y recuerda poderosamen- 
te aun en medio del tumulto de las pasiones. 
No es, pues, necesaria gran instrucción para en- 
señar estas verdades, y más cuando esta ense- 
ñanza ha de consistir más bien eir ejemplos quo 
en raciocinios. Pues ahora bien; la conducta 
virtuosa de un padre, de una madre, de una 
familia entera, ¿no inspirará, no enseñará estas 
virtudes, que pertenecen á la moral religiosa y 
civil, mejor que ninguna educación sistemática? 
¿No es ella la única que puede presentar vivos 
y frecuentes ejemplos de amor conyugal, de ter- 
nuia paterna, de respetoy piedad filial, de unión 
y afecto fraternal y doméstico? ¿Dónde podrán 
ser mejor inspirados el recato y decoro, la pa- 
ciencia y templanza, la frugalidad y amor al 
trabajo, á las ocupaciones honestas, y al orden y 
la i>az interior? ¿Dónde la liberalidad, la benefi- 
cencia, la compasión y las demás virtudes quo 
pertenecen á la inefable virtiul de la caridad? 
Y en cuanto á la urbanidad y policía, si el trato 
y conversación doméstica y las reglas de decoro 
y honestidad, prácticamente observadas, así en 
la conducta interior de una familia como en el 
trato de las que están unidas á ella con relacio- 
nes de parentesco, de amistad ó de política, no 
las enseñan, ¿cómo se aprenderán délos estériles 
documentos de un pedagogo ó de los imperfec- 
tos remedos de un seminario? Es esto para mí 
tan cierto, que creo que, aun aquellas virtudes 
civiles que nacen nuls bien de reflexión que do 
sentimiento, pueden ser mejor in.spiradas en la 
educación doméstica, y que si ese joven no ob- 
servare los primeros ejemidos de respeto á la 
religión y á las leyes, de amor ala constitución 
y al gobierno, do desinterés y celo político en lo 
interior do su familia y en la conducta pública 
de sus individuos, si estos ejemplos no ilnstraren 
su espíritu y grabaren en su corazón estas vir- 
tudes, mal las podrá esperar de las frías lecciones 
do la escuela. No negaré yo ¡lor eso que la igno- 
rancia y la indolencia sean los principales obs- 
táculos de la educación domestica, ni aun tam- 
il 



82 



EDUL 



F- 



jioco qno en iri^dio ile la iiidifcroncia oon que os 
liiimiln esta educación Bca grande el iiúnicio de 
los pailrcs fiuo ailolezcan de estos «chaqués. Los 
pailrivs ([Uf sean tules, no sintiendo o dcscsli- 
mando las ventaj is de la Imena educación, tam- 
poco se curaián (lo enviar sus hijos al seminario. 
«Semejante abandono cederá poco al iiiilujo de 
la instrucción púldica, la cual primero hará 
sentir la necesidad de la educación dnmé.>tica y 
después perfeccionará sus métodos. Klla es la 
i]iK', (IcNterrando la ignorancia, destruirá el jiri- 
mero do estos olistáculos. jY por qué no tum- 
l)ién el segundo? La indolencia nace tamhién do 
la ignorancia, y debe desaparecer con ella, así 
como tantos vicios que tienen en ella su primera 
raíz, l'ien .se que la ilustración no liaslará |>or 
sí sola para refrenar, y menos para extinguir, 
las pasiones que nacen con el hombre, y sólo 

ueden ceder aun influjo sobrenatural y divino. 

'ero si la instrnccii'm no hace que todos los pa- 
dres sean buenos, á lo menos hará que sean cau- 
tos; les dará á conocer cuiinto importa que lo 
parezcan á los ojos de sus hijos; les hará sentir 
mejor las tristes con.secueuciasque sus llaquezas 
y vicios ]nioden atraer sobre su familia y poste- 
ridad; les hará avergonzarse de ellas, y tal vezel 
tierno interés de su corazón, unido á las luces do 
su es]iíritu, arraneándoles del camino do las 
jiasioufs, les pondrá en el buen sendero de la 
virtud. En conclusión, los ]U'0gresos de la edu- 
cación domestica irán siempre á la par con los 
de la instrucción pública.» 

Para terminar esto artículo se transcriliirán 
estas palabras de Laureutie; «La perfección déla 
educacii'in está en la uniíin do la ciencia y do la 
virtud.» 

EDUCADOR, RA (del lat. eilucütor): adj. Que 
educa. U. t. c. s. 

EDUCANDO, DA (del lat. edíicaixlus, ger. de 
edñr'iir, educar): m. y f. Joven ó niña que en- 
tran en un colegio ó convento para ser educados. 

En el cuarto bajo afiliaba (el alcalde do ba- 
rrio.) A madre Claudia y á sus kducanDaS, ba- 
jo el genérico nombre de arlislns, etc. 

Mksonkho Romanos. 

EDUCAR (del lat. cihieürc): a. Dirigir, enca- 
minar, doctrinar. 

- EiiucAit: Desarrollar ó perfeccionar las fa- 
cultades intelectuales y morales del niño ó del 
joven ]ior medio de preceptos, ejercicio.^, ejem- 
plos, etc. 

¡Qué bien hizo 
La muerte en excusarte de que vieras 
i;n tal afrent.'i la bija i"c(ralatla 
Que EDüCASTEs aqui con tanto esmero! 
MriR.\T¡N. 

Estas niñas eran jóvenes y lindas, y habían 
sido KDl'CADAS con primor en viila (le pajiá, 
etcétera. 

Mr..soxni:o Romanos. 

- Educar: Dcs.arroUar las fuerzas físicas [lor 
medio del ejercicio, haciéndolas más aptas para 
su fin. 

-Educar: Perfeccionar, afinar los sentidos. 

Educar el gusto. 

Diccionario de la Academia. 

- Educar: Enseñar los buenos usos de urba- 
nidad y cortesía. 

EDUCCIÓN (del lat. cdiicño): f. Acción, ó 
efecto, do educir. 

EDUCIR (del lat. cdiictrc): a. Sacar una cosa 
de otra. 

EDUGK: Gcog. Jlacizo montuoso do la prov. de 
Constantina, Argelia, situado en el litoral, al 
N.O. de Boua, cu dirección del Cabo de Hierro, 
y aislado de lo.s demás macizos del país por la 
depresión que va desde la llanura de la Seybus 
al tlolfo de Stora. Su anchura entre el mar y el 
llano es de 10 ó ],") knis. , y sus puntos culmi- 
uantes el Bu-Dsidsi (1 001 m.), y el Xaiba(7iil). 
Es montaña rica en maderas y minas; entre estas 
merecen citarse lado hierro de Mokt-acl-Hadid, 
y la de cobre, zinc y plata de Ain-Barbar. 

EDULCORACIÓN: f. Farm. Acción, ó efecto, 
de edulcorar. 

EDULCORAR (de c y el h. lat. diilcorárc; del 
lat. íZiíícis, dulce): a. Farm. Endulzar con azú- 



EDWA 

car, miel ó jarabe una sustancia de sabor des- 
agradable ó insípida. 

EDULIO: C'cíi'j. anl. Monte de Espafla, uno do 
los cuatro que Tolcmco llama insignes ó más 
notaldes en dicha región. Debía de ser el Mon- 
cayo ó la sierra do Urbión ó los montes de Oca. 

EDUOS: m. pl. Geor/. ant. V. Aeduos. 

EDUSA: f. Zoo!, néncrode insectos coleópteros 
eriptopenlámeros, de la familia de los cíclicos, 
q\ic se distinguen por tener el cuerpo cubierto 
lie pelos finos, setiloimes, y presentar en sus es- 
tuches unos penachos ó meelioncitos do pelos 
liaslante espesos. Comprendo tres especies, una 
de ellas australiana. 

EDUVIGIS:/; (.1,7. Reinado Polonia. N. en 1371. 
M. en l:;!iy. Era hija de Luis el Grande, rey do 
IlungríaydePo'onia. Fué coronada en 1384, ysa- 
crificandose á la razón de Estado so casó con 
Jagellón, á pesar de estar prometida i. su primo 
Guillermo de Austria. Jagellón abrazó el cristia- 
nismo y tomó el nombre de Uladislao. Al morir 
Eduvigis dejó sus riquezas á los pobres y á la 
Universidad de Cracovia. 

EDWARDS: Geoq. Condado del est. de Illinois, 
Estados Unidos; 5 150 kms.^ y 8 600 lialiits. Si- 
tuado entre el LittleWabasIi al O. y un afluente 
pequeño del AVab.a.sh al E. Su cap. es Albión. 
!; Condado del est. de Tejas, Estados Unidos; 
;í üOO kms.2 y 300 hal>its. Sit. en una meseta de 
naturaleza caliza de la que b.ajan los primeros 
añuontes, por la izquierda del Nueces, entre 
otros el río Frío. 

- Edwauds (Jonat^ín): Biog. Teólogo anglo- 
americano. N. en '\Vindsor{Connecticut)en 1703. 
H. en 17.''.S. Estudió en Yaic, y en 1722 obtu- 
vo el ministerio sagrado. Predicador de la con- 
gregación presbiteriana do Nueva York, fué, en 
1727, nombrado instructor del Colegio de Yalc, 
y en 1720 renunció este em]deo para a.sistir á 
un tío materno, á quien sucedió cu seguida. Vi- 
vió feliz y tranquilo ejerciendo el ministerio 
sagrado, hasta que se mezcló en la conducta pri- 
vada de sus feligreses negando la comunión á 
los que eran sos|)echosos por su moralidad. Por 
esta causa salió ile Nórthamiiton, y en 1751 jiasó 
en calidad de misionero á Stóckbridge , en la 
luoviucia de Massachusetts-Bay. En 1757 alcan- 
zó la presidencia del Colegio de Nueva Jersey, 
y en 1758, en el momento en que se disponía á 
tomar posesión do su empleo, sucumbió víctima 
de las viruelas. Drjó los siguientes escritos: A 
Trcatisc c.onccrning religious affections (1746, 
en 8.°); The grcat chrixiian Doctrine of original 
sin dcfcndct, etc. (1758); History of Ilcd,cmption 
(en 8.°); Miscelíancous Obscrvations on im¡'or- 
tant thcologicul Suhjccls (Londres, 1793). 

- Edwakds (JoRt;E): Biog. Naturalista in- 
glés. N. en Westham (Essex) en 1693. JI. en 
1773. Se instruyó casi sólo, aprendió Astronomía 
y Ciencias naturales, mientras pasaba su apren- 
dizaje en casa de un comerciante; después aban- 
donó el comercio para viajar, visitó Holanda en 
1716, Noruega en 1718, y Francia en 1719, estu- 
diando en todas partes los productos de la na- 
turaleza, las costumbres de los animales, sobre 
todo las de los pájaros, los monumentos artís- 
ticos, etc. Sus dibujos y sus pinturas, en los que 
representaba á los animales muy hábilmente, 
fueron buscados por los aficionados, y el precio 
que por ellos obtuvo le ¡lermitió vivir con cierto 
lícsahogo. Des])ués de un nuevo viaje que hizo 
en 1731 á los Países Bajos y á Brabante, regresó 
á Loiulrcs, y en 1733 el Colegio de Jlédicos le 
nombró su bibliotecario. La publicación de sus 
hermosos trabajos de Ornitología y de Historia 
Natur.al le valió la medalla de oro de Copley y 
su admisión en la Sociedad Real. La obra prin- 
cipal de Edwards titúlase Historia Natural de 
los pájaros poco conocidos, obra que después con- 
tinuó con el título de Gleanings of natural His- 
tory (1763). Escribió también Ensayos (1770) y 
varias Memorias insertas en las Transacciones 
filosóficas. 

-Edwai-.ds (BiiTAN): £io¡¡r. Historiador in- 
glés. N. en Wéstbury, en el condado de Wilt, 
cu 1743. M. eu 1800. Siendo muy joven fué á 
Jamaica, donde se estableció con un tío suyo 
((uc al morir le dejó una cuantiosa fortuna. 
Llegó á ser uno de los individuos más influyen- 
tes do la Asamblea Colonial de la isla; habló con 
gran energía contra Wilbcrforcc, que pedía la 
libertad completa é inmediata de los negros de 



EDWA 

la colonia, manifeslándose entonces, lo. mismo 
que siempre, negrolilo moderado, partidario de 
la libertad, pero adoptando ciertas medidas que 
según él habían do imi)edir los peligros de la 
libertad inmediata. Negaba las crueldades do 
que se acusaba á los dueiSos de esclavos. De re- 
greso en Inglaterra fué individuo del Parlamento 
inglés, y en varias ocasiones abogó por la causa 
de los cultivadores. Escribió un gran número do 
obras, de las cuales merecen ser citadas las si- 
guientes; Jlisloria civil y comercial de las colo- 
nias inglesas en ¡as Indias oocidenlales {\7S6); 
Conducta del gobierno y de la Asamblea de la 
Jamaica (1796); Descripción histórica de la colo- 
nia francesa de Santo Domingo; Historia de la 
guerra en. las Indias occidentales (1800), obra 
de la cual no so publicaron más que tres capí- 
tulos. 

- EnwAitns (Gütilersio Federico): Biog. 
Sabio iisiólogo inglés. N. en Jamaica de padres 
ingleses eu 1776. M. en Versalles en 1842. So 
educó en Brujas, donde su padre había fijado su 
residencia. Tenía pocos años cuando ya era con- 
.servadorde la biblioteca de Brujas. Fué después 
á París para estudiar Medicina y so recibió do 
Doctoren 1814, desarrollando do una manera 
notable una tesis Sobre la infinmación del iris y 
la catarata negra, que llamó la atención do los 
prácticos y do los fisiólogos. Se estableció en 
París y al poco tiempo se dio a conocer por un 
gran número de trabajos sobre Fisiología, Pa- 
tología, Higiene, Historia Natural, Etnogra- 
fía, Física y Lingüística. En 18S2 fué elegido 
individuo de la sección de Ciencias Morales y 
Políticas del Instituto. Edwards era un erudito 
profundo y un lingüista eminente. Fundó en 
1839 la Sociedad Etnológica de Parí.s. Además 
do un gran número de obras do Medicina se le 
deben (los muy importantes y estimadas: De la 
influencia de los agentes físicos sobre la vida 
(París, 1824) y Carta á Amadeo Thierry sobre 
los caracteres fisiológicos de las razas hmnanas 
consideradas en s^ts relaciones con la Historia 
(París, 1829). En esta obra establece que las ra- 
zas tienen caracteres fijos y que pueden propa- 
garse sin apartarse notablemente del tipo pri- 
mitivo durante una serio de siglos que comprende 
casi la totalidad de los tiempos históricos. 

-EiiWARDS (Joaquín): iíioj. Banquero é in- 
dustrial chileno. N. en La Serena en 1808. JI. 
en la misma ciudad en 1869. Fué hijo del mé- 
dico inglés Jorge Edwards, que dejií, por su espí- 
ritu filantrópico, muy buenos recuerdos en el 
pueblo de Coquimbo. Educado en los Estados 
Unidos hizo, una vez terminada su educación, 
un viaje de estudio por las costas do África y el 
Oriente de América. Establecido después en 
Chile dedicó su inteligencia y actividad al fo- 
mento de la industria minera, que ha sido una 
de las más poderosas fuentes de la riqueza de 
aquel país. En Coquimbo estableció excelentes 
hornos de fundición, é hizo construir á sus ex- 
pensas un muelle. Respetado por su inteligencia 
y posición social, ocupó en el pueblo do su naci- 
miento un lugar de primera fila. Fué intendente 
de la provincia de Coquimbo y diputado de 
minas. 

-Edwards (Agustín): Biog. Banquero chi- 
leno. N. en la ciudad de La Serena el 1816. M. 
en 1879. Fué hijo de un distinguido médico in- 
glés, Jorge Edwards, que prestó muy buenos 
servicios en el Norte de Chile. Dedicado desde 
muy joven al comercio en una casa mercantil de 
Huasco, en poco tiempo adquirió los conocimien- 
tos necesarios para comerciar por su propia cuen- 
ta. Del Huasco pasó á Copiapó, donde acrecentó 
rápidamente su caudal en negocios de Banco, de 
minas y ferrocarriles, y de allí se trasladó á 
Valparaíso en 1850. En esta ciudad fundó una 
casa de banca, y prestó importantes servicios al 
comercio en una época en que estas institucio- 
nes de crédito no eran generalmente conocidas. 
Desde este año puede decirse que abrió un nuevo 
campo á las transacciones mercantiles. A su 
ejemplo se establecieron después en Valparaíso, 
en la capital y en casi todas las provincias de 
Chile, otros ]3ancos que han contribuido pode- 
rosamente al desarrollo de la riqueza nacional, 
dando numerosas facilidades á la industria y al 
comercio. Edwards ha cooperado á la fundación 
del Banco de Ossa y Compañía, del Banco de 
Bolivia y del 'Banco de San Juan, en la Repú- 
blica Argentina. En Copiapó y en Antofagasta 
abrió igualmente casas do banca, que especulan 



EDWI 

principalmente en la compra de metales. En 25 
de diciembre de 1851 cruzaba por primera vez la 
locomotora el rico territorio de Átacama, desde 
Caldera á Copiapó, y en 1854 se prolongó la línea 
hasta Pabellón, recorriendo nnaextensionde7 415 
millas. Edwards ftié el más deciilido promotor y 
el mayor accionista de aquella empresa; á íines 
de 1860 tenía 1366 acciones con un valor de 
683000 pesos. Cooperó igualmente al estableci- 
miento del ferrocarril de Coquimbo, al de Clia- 
fiaral y al de Antofagasta á las Salinas, y poseía 
los estableeimientes mineros de Copiapó y Anto- 
fagasta para el beneticio de los minerales de 
plata, y otro establecimiento de salitres en las 
Salinas, punto de término del ferrocarril de An- 
tofagasta. No limitó la esfera de sus negocios 
á la América del Sur, pues hace tiempo que se 
fundó en Liverpool la casa de consignaciones de 
Sawers Woodgate y Compañía, de la cual se 
hizo socio comanditario con el capital de medio 
millón de pesos. Edwards fué el primer especu- 
lador de cobres chilenos en Europa, y sus valio- 
sas existencias dictaron con frecuencia la ley 
al mercado inglés. Hombre de negocios, no sin- 
tió nunca la tentación de buscar medios en la 
política, aunque su brillante posición y su talen- 
to reconocido en el ramo de Hacienda le abrían 
anclio campo para servir á su país. Sin embargo, 
rehusó la cartera de Hacienda que se le ofreció 
varias veces. Elegido diputado en varios perío- 
dos legislativos, no ocupó nunca su asiento en 
la Cámara. Edwards tuvo el sobresaliente mérito 
de haberse formado por si solo; mediante sus 
perseverantes esfuerzos y la fortuna, que le ha 
sido propicia, llegó á ser el primero de los capi- 
talistas chilenos. Su capital en giro y sus bienes 
raíces excedían de veinticinco mil Iones de pesos. 
Su nombre era conocido en América y en Euro- 
pa, y su firma una de las más respetadas en el 
muudo financiero. 

-Edw.íiids (Enrique Sútkeiíland): Biog. 
Escritor inglés contemporáneo. N. en Londres 
en 1828. Comenzó sus estudios en esta ciudad y 
los terminó en París, donde permaneció muchos 
años. En 1856 marchó á Ru.sia con motivo de la 
coronación del emperador Alejandro II. De 
regreso en Londres publicó un libio. Los rusos 
en su casa. Dos veces fué enviado á Polonia como 
corresponsal del Times, y escribió sobre La can- 
iividad polaca. Después de haber seguido la insu- 
rrección en sus diferentes fases, recibió orden de 
dejar á Varsovia, marchó á San Petersburgo, 
visitó á Moscú y el Sur de Rusia, y volvió á 
entrar en Galitzia por Kiev. En 1867 publicó 
una historia de la insurrección con el título 
Prívate Jlistory of a Polish insurrcdion. Durante 
la guerra franco-prusiana fué enviado al Estado 
Mayor prusiano por el mismo periódico, y asis- 
tió á la escaramuza de Saarbrück, á la batalla 
de Sedán, al sitio de Strasburgo, y siguió al 
ejército alemán hasta Kuán y Amiéns. Su rela- 
ción, titulada Los alemanes en Francia, no vio 
la luz hasta 1874. Además, ha publicado \3. His- 
toria de la ópera, y traducido del alemán la Es- 
íadíslicade todos los países. 

EDWIN; Bíog. Rey anglo-sajón. N. hacia 596. 
W. en 633. Tres años de edad contaba cuando 
perdió á su padre, Ela, fundador del reino de 
Deira. Edilfrido, rey de Bernicia, que había ca- 
sado con la hija de Ela, usurpó el gobierno de 
sus Estados. Los vasallos de Edwin llevaron á 
éste de un modo secreto al país de Gales y el 
pusieron bajo la protección del rey bretón Cad- 
van, á quien Edill'rido declaró la guerra. Edwin 
llevó durante algunos años una vida errante, y 
al cabo se refugió en la corte do Redualdo, uno 
de los soberanos de la hcptarquía. Redualdo 
sostuvo por esta causa una guerra con Edilfi ido, 
que murió en un combate. Edwin tomó posesión 
del reino de Deira y vio reconocida su autori- 
dad por los habitantes de la Bernicia, quedando 
asi organizado el remo deNortumbria. Además, 
por la prosperidad de su gobieiiio y la superio- 
ridad de sus fuerzas militares, recibió el título 
preeminente do Orctualda, que se daba al pri- 
mero de los reyes de la hejitarquía anglo-sajo- 
na. En 624 casó con Ediherges, hija del rey do 
Kcnt, y por la influencia do su esposa, que era 
cristiana, ]iermitió que el catolicismo fuera pre- 
dicado cu su reino. Habiéndose librado del pu- 
ñal de un asesino, creyendo que debía este favor 
al Dios que adoraba su esposa, habiendo también 
vencido al pérfido Cuichelm, se convirtió al 
cristianismo, ejemplo seguido por los nobles, 



EEM 

los guerreros, los sacerdotes del paganismo y el 
pueblo. En 633 halló la muerte luchando contra 
Penda y Cadwalla, reyes sajones. Su esposa é 
hijos se refugiaron en la corte del rey de Keut. 

EDWY-.Bioff. Rey de los anglo-sajones, apelli- 
dado el Bueno. M. en 958. A la muerte de Edre- 
do, en 955, ocupó el trono, á la vez (|ue su her- 
nrano Edgardo tomaba posesión del cargo de 
virrey de la Mercia. Dos años más tarde estalló 
la guerra entre los dos hermanos, que al cabo 
convinieron que Edwy poseyera la parte Sur del 
Támesis y Edgardo la parte opuesta. Edwy ha- 
bía casado con Elgiva ó Etelgiva, á la que, con 
el pretexto de que los esposos eran parientes, 
separó Sau Dunstán del lado de Edwy, el mis- 
mo día en que fué coronado este príncipe. Elgiva 
trató más tarde de unirse con su marido, mas, 
por orden de los obispos, la cortaron las pier- 
nas y murió poco después. Edwy falleció al año 
de haberse reconciliado con su hermano. Se 
ignora si esta muerte fué natural. Edgardo lo 
sucedió. 

EECKHOUT (Geheraxd VAN DEN): Bioff. Pin- 
tor holandés. N. en 19 de agosto de 1621. M. 
en 22 de julio de 1674. Era hijo de un artífice 
platero, y fué discípulo de Rembrandt, á quien 
imitó con sumo acierto. Ejecutó un gran número 
de retratos, de gran tamaño y en pie, de extraor- 
dinario parecido y de gran colorido. Pintó igual- 
mente cuadros de historia, género á que perte- 
necen varias composiciones suyas de verdadera 
riqueza artística y bien concebidas, hermoseadas 
además con figuras muy expresivas. Sin embar- 
go, Eeohkout, imitando las cualidades de su 
maestro, copió también sus defectos, y por esta 
causa se nota en sus trabajos cierta incorrección 
en el dibujo y poca exactitud en los trajes. Sus 
principales cuadros fueron los siguientes: Jesu- 
cristo en medio de los Doctores; El AHño Jesiís en 
los brazos de Simeón ; Abraham despidiendo á 
Agar i Ismael; La continencia de Escipión; Una 
mujer quitando las pulgas á su perro; Soldados 
divertidos en un cuerpo de gtmrdia. 

- Eeckhout (Antonio van den): Bíog. Pin- 
tor flamenco. N. en Brujas hacia 1650. M. ase- 
sinado en Lisboa en 1695. Era cuñado de Luis 
Deyster, y le acompañó á Italia, donde ejecutó 
con su pariente un gran número de cuadros. 
Deyster pintaba las figuras y Eeckhout las flo- 
res y las frutas. Esta unión artística confunde á 
los dos pintores de tal modo, que es imposible 
distinguirles por el colorido, por la energía del 
pincel, y, en suma, por ninguna otra cualidacl. 
De regreso en su patria, Eeckhout compró el 
cargo de consejero-orador en el prebostazgo ecle- 
siástico; siguió trabajando con sumo ardor, y de 
este modo aumentó su reputación. Vivía feliz y 
honrado cuando sintió el deseo de viajar. Em- 
barcóse con rumbo á Portugal y desembarcó en 
Lisboa, donde sus obras fueron compradas á 
gran precio. Hombre de hermosa figura, inge- 
nioso y muy instruido, dado su tiempo, era muy 
buscado por los inteligentes, y, paseando un día 
en carroza, fué muerto de un balazo. Los auto- 
res de este asesinato no fueron descubiertos. Los 
cuadros de Eeckhout representan todos flores ó 
frutas, pero con variedad infinita; estas obras 
son muy apreciadas en Italia. 

-Eeckhout (.Iuan José): Biog. Célebre 
pintor holandés, N. en Aniberescu 1793. Siguió 
primero la profesión de joyero que abandonó á 
los veintiocho años de edad para cultivar la 
Pintura. Sus primeros trabajos le hicieron céle- 
bre y fué nombrado en 1S39 primer profesor de 
la Academia de La Haya. La mayor parte de 
los Museos de Holamla y un gran número de los 
de Bélgica y Alemania guardan alguno de sus 
cuadros. Fué notable especialmente como pintor 
de retratos. Publicó dos obras monumentales: 
Colección de retratos de artistas modernos naci- 
dos en los Países Bajos (Bruselas, 1822), y Tra- 
jes del pueblo de todas las provincias del reino 
de los Países Bajos (Bruselas, 1S27). 

EECLOO: Gcog. C. do la prov. de Flandcs 
oriental, Bélgica, sit. al N. O. de Gante, con es- 
tación en el f. c. de Gante á Brujas; 11000 habi- 
tantes. Tejidos de lana. 

EEM: Oeog. Río do la prov. do Utrecht, Ho- 
landa, formado por varias corrientes que perte- 
necen casi todas á la prov. de Gúeldres; pasa 
por Amersfoort, desdo donde es navegable, y 
desagua en el S. del Zuydorzeo. 



EFA 



83 



EENDEN (Juan van den): Biog. Compositor 
belga contemporáneo. N. en Gante en 1844. 
Después de haber estudiado en los Conservato- 
rios de Gante y de Bruselas, completó sus cono- 
cimientos en el contrapunto y en la fuga bajo 
la dilección de Fetis, y alcanzó el gran premio 
de Koma en 1869. Recorrió durante cuatro años 
Alemania, Austria, Italia y Francia jiara estu- 
diar en estas naciones á los grandes maestros 
clásicos antiguos y modernos y ganó profundo 
caudal de ciencia con sus investigaciones artís- 
tico musicales. Este artista, brillante por el po- 
der y riqueza de su instrumentación, de su me- 
lodía y de sus armonías, se distinguió en la sexta 
g('an festival de música clásica belga, donde 
dirigió 800 ejecutantes (iustrumenti.stas y can- 
tores) y dejó oir ungían oratorio, Pacquclincde 
Batiere, que afirmo su reputación. Van den 
Eeden ha publicado algunas cantatas y oratorios 
para solo, coros y orquesta; melodías, diversas 
obras para orquesta, etc., composiciones que 
forman parte del repertorio de la moderna mú- 
sica clásica nacional en Bélgica. Hace dos ó tres 
años, hacia fines de 1887, era director del Con- 
servatorio de Mons. También es caballero de la 
Orden de Leopoldo de Bélgica. 

EFA (voz africana): f. Zool. Serpiente vene- 
nosa que representa un género (Echis), de la 
familia de los vipéridos. Se distinguen las ser- 
pientes de este grupo por tener las urostegas 
dispuestas en una serie. Los demás caracteres 
son los de la víbora, si bien llama la atención la 
esbeltez relativa de sus formas. Las series de 
escamas, cuyo número varía de veinticinco á 
treinta y cuatro, se corren de la misma manera 
qxie en los cerastes. 

Las especies principales son: 

Efa común (Echis arenicola). - Especio pe- 
queña, pero muy vistosa; tiene unos O'», 60 de 
largo y de un color de arena muy variable; es 
decir, de un pardo amarillo más ó menos claro, 
con fajas, lineas y puntos irregulares de color 
pardo oscuro ó negro; las regiones inferiores son 
de un color amarillo claro, con puntos negros, 
que á veces forman fajas; la coronilla tiene una 
mancha amarillenta ó pardusca, orillada de un 
pardo oscuro, y que afecta más ó menos marca- 
damente la forma de cruz; en el centro del lomo 
se observa una serie de manchas más pequeñas, 
de forma cuadrangular ú oval, de color amarillo 
pardusco con el borde pardo oscuro, dispuestas 
en intervalos iguales; á lo largo de cada costado 
se corre una faja ondulada del mismo color que 
las manclias, orillada de pardo; en esta víbora 
se observa mucha variación en el color y los 
matices. 

Efa aquillada (Echis carinata). -Es-pccie pro- 
pia de la India, donde recibe los nombres do 
afae y kujipur. Se la considera por muchos como 
una variedad de la esiiecie anterior, pues sólo se 
distingue por el número diferente de las uroste- 
gas. La efa común tiene cuando menos ciento 
sesenta y tres; la aquillada sólo ciento cincuenta 
y tres de estas escamas. 

El área de dispersión déla efa se limita á todo 
el Norte y centro de África; en el Surliastala 
Abisinia y el Kordofán, Palestina, Arabia y Per- 
sia y hasta en la península indica. 

Es in-obable que los encantadores de serpien- 
tes se sirvan con preferencia déla efa, porque todo 
habitante del (^airo las conoce como .serpientes 
venenosas. El animal abunda en todo Egipto, y 
no solamente en el desierto sino en los pueblos; 
es frecuente en el mismo Cairo y bastante á 
menudo sucede que muerde á las personas. Lo 
primero que debe liaccr el que pase á ocupar una 
casa que durante algún tiempo lia estado .sin 
habitar, es proceder á la más exquisita limpieza 
de la misma, sin que por eso so crea asegurado 
contra la visita de estas víboras. 

Por peipieña que sea la cía os, sin embargo, 
nna víbora irascible y peligrosa. En algunas 
provincias de la India, sobre todo en la del Sind, 
se lo atribuye la mayor parte de las muertes 
causadas por las serjuentes. Los labradores eu 
particular están muy expuestos á su mordedu- 
ra. Es en extremo furiosa eu comparación á su 
tamaño, y aun cuando sólo parece pensar en la 
defensa^ se inclina siempre a clavar sus ganchos 
venenosos aun en el adversario más grande y 
fuerte. Tan luego como so creo amenazada so 
enrosca, poro no del modo nuo otras víboras, 
sino formando una especie ao media luna en 
cuyo centro coloca la cabeza en posición do ata- 



£4 



El'EC 



(juo. No |iciinanece sin ciiüjaigo quk-ta iii un 
momento, sino (jiio se ii;;ita conlinuanionte, 
jiioducieniio un lunior un;ilri;;o al (iiic cniitc-ii 
los ecrasUs. Jlicntras un lionibre u unininl se 
liallc cerca consí iva su iiosicióii do ataipic; se 
enfurece caila voz más y miicnle todo olijeto que 
se le iirescnta. También |puede saltar ¡i más de 
la mitad de la longitud de su cueipo. 

EFARIROA ú FARE: Gcoy. Puerto do la ida 
lluakine, Avchip. duTaliili, roliucsin, Occania. 

EFAT, VATE ó SANDWICH: (¡co(J. Una de las 
islas del Aieliipiélago de las Nuevas Iléljridas, 
Melanesia, Occania, sit. en el centro del í;rn|jo, 
ciitie A[ii al N. y Erroninngo al S. ;5000 lia- 
bitantos. Terreno fértil; cultivo do algodón. Su 
principal puerto, el más iniporlaiite di 1 grupo, 
se llama liavaiinah; es de rorina irregnlar, mide 
11 kms. de long. , y en general tiene demasiada 
profundidad para echar ancla. Sin embargo, en 
el fondo de la bahía hay un buen fondeadero de 
27 á 30 metros jde profundidad. V. Nn:v.\s 
Hébridas. 

EFE: f. Nombre de la letra/. 

- Vive Dios, que es doña Iiiós 
A mis ojos fría y fea; 
Si Francisca se llamara, 
Todas las EI'KS tuviera. 

Tir.so ])]• Moi.i.s.v. 

EFEBEAS [i.': tühn ): f. pl. Bul. Tribn de li- 
qúenes que comprende los géneros Eplicbc y Go- 
nioncma. 

EFEBO(deIgr. £V)r,-r,r, joven): m. HoL Género 
de liqúenes de la familia do las colem;ieeas,con 
talo negruzco, lililorme, ramoso, cespito.so, con 
gonidios grandes y agrujiados de dos en dos ó 
do cuatro en cuatro, generalmente debajo de la 
corteza, que tiene una estructura niarcailamcnte 
celulósica. Las apotccias se li:illan alojadas en 
engrosamientüs funiformes, elipsoides ó pirifor- 
mes del talo; .su ¡lartc inclusa es incolora y los 
espermogonios corresponden á tubérculos globu- 
losos ó elipsoides; sus esterimatos son sencillosy 
alargados. Este género comiueude tres especies, 
una de ellas muy e.\tendida en toda Europa. 

EFECTIVAMENTE: adv. m. Con efecto; real y 
verdaderamente. 

... que EFECTIVAMESTF, hace en el alma lo 
que e! alma en el cuerpo por su unión. 
P. Juan Eilsebio NiEniiMimitc. 

Pero yo quiero iionernie en el caso de que 
(el Ii:iuco) lojira ekectiva.mente estos uego- 
ciados de mar y tierra. 

JüVKLL.\XO.S. 

EFECTIVIDAD: f. Calidad de efectivo. 

- Eff.ctiviiiau: .Ví7. Posesión de un empico 
cuyo grado se tenía. 

Nuestro f;u:ir*l¡a de Ci)rps eu ciernes, uo pe- 
día otra coia sino la efectiviuad de su de- 
seo, etc. 

Antoxio Flores. 

- Efi;ctividati: .1/(7. La palabrap/lrf^i'rosecm- 
plea en el tecnicismo militar cu calidad de sus- 
tantivo y de adjetivo. En el primer concepto la 
palabra cfcctiro expresa el número de hombres 
inesfcntes en revista que constituyen un ejército, 
fuerza ó fracción de él; y así se dice, tal ejército, 
división, brigada, regiujiento, etc., tiene éste ó 
el otro efectivo. Empleando dicho término como 
adjetivo se une al empleo de un olicial para sig- 
nificar cosa y concepto distinto del graduado, 
reformado, etc., é indicar que se posse un em- 
pleo determinado con las prerrogativas, facul- 
tades, honores y sueldo que á él son debidos. 

Evidentemente ciertas distinciones no eran 
absolutamente menester en tiempos en que uo 
existía el afán inmoderado de alcanzar mercedes 
y recompensas cu número considerable; así es 
que eu el siglo xvi á nadie pudo ocurrir que 
existiesen otros empleos jerárquicosqueaquellos 
que cada cual hubiera de ejercer con arreglo á 
las funciones y mando que á cada cargo ó gra- 
duación eran inherentes. El grado, con el carác- 
ter distintivo y peculiar, impropio de su ver- 
dadera significación, uo era entonces aún cono- 
cido de nuestro ejército; y en su virtud tampoco 
había necesidad de establecer diferencias y bus- 
car acepciones que una organización inconvc- 



EFEC 

niente y desacertada trajo á España. Ya en el 
siglo xvii, conformo iba decayemlo nucstio po- 
der militar, fuimos teniendo en abundancia olí- 
cíales reformados, entretenidos, etc., que en 
realidad no desem|ieíiaban los funcioucs de efec- 
tividad, ó de servicios de armas correspondien- 
tes á los diver-sos empleos; y al tom^r servil- 
mente cuando apuntaba el siglo xviii las cos- 
tumbres y u.saiiza» francesas, no dejamos de acep- 
tar los oficiales graduados, introduciendo un 
nuevo y notorio eh mentó de perturbación cuyos 
efectos so sienten hoy todavía con suma inten- 
sidad en el ejército esi)ariol, y sobro todo en las 
armas de infantería y caballería, bien que para 
lo sucesivo se liayan abolido por virtud de una 
ley recienteinentc promulgada. 

Admitidos ya los oficiales graduados, que no 
desempeñaban las funciones relativas al gia<lo, 
ol cual, si daba honores y antigüedad, no otor- 
gaba beneficios cu lo que concernía al mando y 
ejercicio del cargo, comprendióse la precisión de 
u.sar el adjetivo e/cclivo para designar al jefe y oli- 
cial (¡ue servía en actividad en las lilas, cumplien- 
do las funciones de su posición jerárquica. De 
cuanto provienen las Ordenanzas y disposiciones 
dictadas eu el .siglo ]U'ecedeuto al nuestro, resul- 
ta que cu oposición á los oHciales gradnados eran 
conocidos los oficiales efectivos, así como el oli- 
cial vivo expresaba también idea contradictoria 
á la del oficial reformado, «...á ¡nincipios del 
siglo .wili ó fines del xvil, en que para corre- 
gir nuestros errores y defectos de organización, 
ilice Almirante, tuvimos la peregrina ocurrencia 
de añadir, no los vicios, sino las monstruosida- 
des de la organización francesa, copiamos tam- 
bién los grados honorarios, es decir, el ser y no 
ser, ó el aparentar, el fingir, el mentir, el imi)a- 
cientar y calmar, el premiar sin satisfacer, el dar 
dedadas de miel, introduciendo la insustancial 
puerilidad en la profesión más seria, más grave, 
más noble. Inútil es ponderar, cuando á la vista 
lo tenemos, todo lo que aquella malhadada mejo- 
ra introdujo de anómalo y perturb.ador. La deno- 
minación de graduado forzosamente había de 
traer su opuesta, la de (fcclico, la de ser efecti- 
vamente lo. que las divisas representaban. La 
voz grado perdió á su vez para siempre su signi- 
ficación y sentido recto, natural y técnico de 
escalón jerárquico; para entenderse, se introdu- 
jeron los sustantivüs empico y efectividad. La 
coni|ilicación va creeiendo... Los capitanes co- 
mandantes creados á la francesa en 1702 tuvie- 
ron grado de teuiente coronel, pero grado qne á 
la sazón era efectividad y no lo era... Kl jefe ú 
oficial vivo y efectivo parece ser, no sólo el que 
estaba en actividad en las filas, sino que ambos 
adjetivos son eu oposición á otros jefes ú oficia- 
les llamados agregados, refcrinados y graduados 
que también estaban en los cuerpos. ))f/'ic. Jiiil., 
paginas 1122 y 1123). 

La confusión que de semejante modo llegó á 
haber fué inmensa, y basta ciertamente para ad- 
vertirla en toda su intensidad examinar lo que 
respecto al orden y suce.siuu del mando en los 
cuerpos estableció el tít. XXXI, trat. II de las 
Ordenanzas del ejército de 1768. Léanse al efecto 
las prescripciones siguientes: «Art. 2.° El coro- 
nel con ejercicio de su regimiento no será man- 
dado dentro de él por brigadier alguno que tenga 
su destino en el mismo cuerpo... Art. 3.° En 
ausencia ó vacante del coronel propietario, si 
hubiese en el regimiento algún brigadier, tomará 
éste (por consideración á su carácter) el maudo 
entero del cuerpo... Art. 4." No habiendo bri- 
gadier en el regimiento, recaerá el mando por 
naturaleza en el teniente coronel con ejercicio; y 
en falta de éste en la infantería en el sargento 
mayor, á cuyo empleo he venido en declarar la 
calidad do tercer jefe, sin que el teniente coronel 
con ejercicio y el sargento mayor (cada uno en 
su caso) puedan ser mandados dentro del regi- 
miento, así eu las armas como en la mecánica, 
por reformado ni graduado alguno que tenga su 
destino en él, pues esta distinción se ha de en- 
tender limitada al solo grado de brigadier, y no 
trasciendeal de coronel... Art, 6.° Después del 
último jefe propietario de un regimiento de in- 
fantería, que es el sargento mayor, y antes de 
todo capitán sin más grado, optarán al mando 
unido de armas y mecánica, como supleuiento 
délos jefes naturales del cuerno, los reformados y 
graduados que tengan en él su destino por este 
orden: 1.° Los coroneles retirados. 2.° Los coro- 
neles gradnados. 3.° Los tenientes coroneles re- 
fuimados. 4.° Los tenientes coroneles gradnados. 



EFEC 

G.°Lossargentos mayores agregados... Art. 8. "En 
la separación de batallones ó escuadrones, si no 
hubiese jefe natural á la cabeza, tomará el man- 
do unido provisional (consiguiente á lo deter- 
minado para todo el regimiento) el olicial do 
mayor graihiacióu, y en igual el más antiguo 
entie los que tengan allí su compañía ó destino, 
aunque eu el ejercicio de su empleo sea más mo- 
derno que otros casuales... Art. 13.° El orden 
establecido para el mando de los regimientos no 
ha do alterar el regular de las escalas del .servi- 
cio del ejército, pues en éstas so han de colocar 
jior sus respectivas antigüedades los brigadieics 
sin distinción de agregados, los coroneles vivos, 
li)3 coioneles reformados, los coroneles gradua- 
dos, tengan ó no comiiafiía, y por el mismo or- 
den de tenientes coroneles vivos, reformados y 
graduados con compañía ó sin ella...» 

Posterioirncnte, luego que por virtud de las 
costumbres y de la tradición primero, por con- 
secuencia de las presc!Íi)CÍones de la Kial ins- 
trucción de 12 de julio de 1S37 unís tarde, tuvo 
vida en nuestro ejército el llamado dnalisi.io, y 
los jefes y oficiales de los cuerpos é institutos do 
escala cerrada, que fueron todos los del ejército, 
cxceiicióu hecha de las armas de infantería y 
caballería, pudieron alcanzar en las armas ge- 
nerales antes y con el nombre genérico do ein- 
jdcos de ejército y personales después, empleos 
superiores á los que les corrcsiiondía dentro de 
las escalas de sus respectivos cuerpos, se ha sus- 
citado en algunas ocasiones controversia acerca 
de si esos empleos fuera de escala debían con- 
ceiituarse como tales empleos efectivos. Para nos- 
otros la cuestión uo ofrecía dudas de ninguna 
clase, y era y es evidente que los empleos do 
ejér